Vista previa parcial del texto
¡Descarga geografia y más Apuntes en PDF de Biblioteconomía y Documentación solo en Docsity!
RECENSIONES Alfred W. CrosBy: Imperialismo ecológico. La expansión biológica de Europa, 900-1900, Barcelona, Ed. Crítica, 1988. A principios del siglo x los antepa- sados, más desde el punto de vista cul- tural que desde el estrictamente étni- co, de los actuales europeos ocupaban una pequeña parte de lo que hoy lla- mamos Europa. Diez siglos más tarde sus descendientes se extienden por la mayor parte de las regiones templadas del planeta, poseyendo algunas de sus tierras más fértiles. Este proceso de expansión, sin parangón en ninguna otra cultura, ha dado origen a una abundantísima literatura que ha inten- tado, con mayor o menor éxito, expli- car el imparable avance del imperia- lismo europeo como una consecuencia de la superioridad técnica y militar de las sociedades occidentales desde, al menos, el siglo xv1. Enfrentado a este mismo problema, el profesor A. W. Crosby parte de un enfoque bastante novedoso y renovador, abriendo un nuevo campo de investigación que, aunque no completamente inédito, puede arrojar mucha luz sobre las causas de la expansión ultramarina europea. Revista de Historia Económica Año VIL, Ns 2 - 1989 La primera novedad del libro de Crosby es de índole cronológica, de percepción del tiempo histórico. Al analizar por qué existen lo que él llama las «Nuevas Europas» (que se- rían aquellos territorios extraeuropeos cuya población es, mayoritariamente, de origen europeo: U.S.A., Canadá, Argentina, Uruguay, sur de Brasil, Australia y Nueva Zelanda) lo hace desde la perspectiva de larga dura- ción. La expansión europea no se re- duciría a las masivas emigraciones ul- tramarinas del siglo pasado, ni siquie- ra al período posterior a los grandes descubrimientos; para Crosby sería tan antigua como nuestra civilización. En efecto, si consideramos, dando por supuesto que es imposible establecer exactamente la fecha de nacimiento de una sociedad humana, que Europa se configura como tal en torno al año mil, el inicio de la expansión sería prácticamente coetáneo. Por esos mis- mos años los normandos habían ini- ciada «yacla=colonización» de>lasqislas del Atlántico Norte y, un poco más 489 RECENSIONES tarde, los cruzados, la conquista de las costas levantinas del Mediterráneo. El proceso se acelerará a partir de lo que Crosby llama «el salto de las si mas de la Pangea»; primero las «Islas Afortunadas», no sólo Canarias, tam- bién Madeira, Azores, Cabo Verde..., campo de prueba y parada obligatoria de futuras colonizaciones; después, el otro lado del Atlántico, el Nuevo Mundo; y finalmente las grandes islas del Pacífico, Australia y Nueva Zelan- da. El gran acierto de Crosby es in- cluir en un mismo proceso histórico los asentamientos vikingos en Islandia y los ingleses en Nueva Zelanda. A pe- sar de su lejanía, en el tiempo y en el espacio, formarían parte del mismo ciclo de expansión. La segunda novedad se refiere al análisis de las causas del éxito europeo en las nuevas tierras. Si el proceso de expansión se ha prolongado durante varias centurias, con niveles de desa- rrollo tecnológico muy diferentes y frente a sociedades aún más diferen- tes, las explicaciones basadas en la su- perioridad técnico-militar de conquis- tadores y colonizadores dejan dema- siadas lagunas. Crosby centra su análi- sis en la superioridad biológica, o me- jor ecológica, de las biotas europeas. El planteamiento no es totalmente no- vedoso; ya en 1972 él mismo, en The Columbian Exchange: Biological Con- sequences of 1492, había utilizado un enfoque parecido. Ahora retoma el problema, resumiendo el estado de la cuestión y abriendo nuevas vías de in- vestigación, que pueden ser muy fruc- tíferas. 490 La tesis central de Crosby es que el éxito de la colonización europea sólo es comprensible en el contexto de la superioridad de los sistemas ecológi- cos europeos sobre los ecosistemas na- tivos. El colonizador europeo avanza acompañado de animales, plantas, vi- rus..., un poderoso ejército invasor al que el hombre únicamente ha presta- do, involuntariamente en muchos ca- sos, el medio de transporte. Las plan- tas europeas se propagan a mayor ve- locidad que los colonos; tras ellas, cer- dos, vacas, caballos y ovejas crecen en rebaños semisalvajes que se adue- ñan de las praderas del Nuevo Mun- do; los agentes patógenos de origen europeo, algunos tan inocuos como el sarampión o la rubéola, diezman las poblaciones nativas llevándolas al bor- de de la extinción. Es todo un mundo que destruye a otro. Crosby hace un análisis histórico, dramático y convincente, de esta ma- sacre biológica, de la que el hombre blanco en muchos casos ni siquiera fue consciente. Es especialmente intere- sante el capítulo dedicado a Nueva Zelanda, donde la sustitución de su flora y fauna por otra de origen europeo y la contemporánea catástro- fe demográfica de la población maorí se produjo en fechas muy tardías, es- tando, por esta razón, perfectamente documentada. Un buen ejemplo de lo que debió ocurrir en períodos en los que la documentación es menos fiable. Partiendo de estos datos, Crosby elabora el concepto de imperialismo ecológico, donde el hombre aparece como un elemento más, ni siquiera el