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gustavo adolfo bequec, Ejercicios de Periodismo

Asignatura: Pragmatica y Discurso del Periodismo, Profesor: Carmen Aguirre, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 23/05/2018

andreafernanz
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INTRODUCCIÓN
Adentrarse en la vida y obra de Gustavo Adolfo Bécquer supone iniciar un viaje por un
mundo de luces y sombras, donde al final lo que queda es la sensación de haber
presenciado la historia de un hombre, que como tal, está sujeto a múltiples
contradicciones. De hecho, es precisamente esta característica la que nos permite leer
sus poemas y hacerlos nuestros, o conocer los detalles de su azarosa vida, y
experimentar los mismos miedos y alegrías que asaltaron al poeta.
Todo su mundo estará regido por un sinfín de oposiciones. Desde su postura política
conservadora salpicada de ideas progresistas y filantrópicas, hasta la alternancia de
períodos de máxima actividad y sabia pereza, pasando por un gusto musical que fluctúa
entre la ópera y las seguidillas flamencas. De todo esto serán fieles testigos no sólo sus
rimas y leyendas, sino también sus creaciones periodísticas o proyectos como la
Historia de los templos de España. Todos sus escritos dan muestra de un universo
personal dividido entre el sueño y la razón, la mujer ideal y la mujer carnal, la idea y la
palabra, la aristocracia y el pueblo, el sentimiento y la inteligencia...
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
Gustavo Adolfo nació en Sevilla un 17 de febrero de 1836, fruto del matrimonio entre
José María Domínguez Bécquer y Joaquina M.ª Bastida, no adopta estas dicotomías de
forma artificial, como muchos otros poetas del momento. Sus dudas serán siempre
auténticas y a través de la palabra tratará de lograr, a veces sin éxito, la síntesis de todos
esos contrarios. La primera confrontación importante tiene lugar cuando Bécquer,
gracias a una aspiración compartida con sus amigos de infancia, Narciso Campillo y
Julio Nombela, decide marchar a Madrid en 1854 en busca de fortuna literaria.
Para comprender el impacto que supuso su llegada a la corte debemos imaginarnos una
Sevilla luminosa, cargada de olores especiados y revestida de mil colores. Una Sevilla
muy propicia para que las inquietudes artísticas de un joven como Bécquer encuentren
inspiración constante a su alrededor. Una Sevilla en perenne estado de fiesta:
«El panorama que ofrece el real de la feria desde la puerta de San Fernando es
imposible describirlo con palabras y apenas el lápiz podría reproducir en conjunto.
Hay una riqueza tal de luz, de color y de líneas (...) Figuraos al través de la gasa de oro
que finge el polvo su llanura tendida y verde como la esmeralda, el cielo azul y
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INTRODUCCIÓN

Adentrarse en la vida y obra de Gustavo Adolfo Bécquer supone iniciar un viaje por un mundo de luces y sombras, donde al final lo que queda es la sensación de haber presenciado la historia de un hombre, que como tal, está sujeto a múltiples contradicciones. De hecho, es precisamente esta característica la que nos permite leer sus poemas y hacerlos nuestros, o conocer los detalles de su azarosa vida, y experimentar los mismos miedos y alegrías que asaltaron al poeta.

Todo su mundo estará regido por un sinfín de oposiciones. Desde su postura política conservadora salpicada de ideas progresistas y filantrópicas, hasta la alternancia de períodos de máxima actividad y sabia pereza, pasando por un gusto musical que fluctúa entre la ópera y las seguidillas flamencas. De todo esto serán fieles testigos no sólo sus rimas y leyendas, sino también sus creaciones periodísticas o proyectos como la Historia de los templos de España. Todos sus escritos dan muestra de un universo personal dividido entre el sueño y la razón, la mujer ideal y la mujer carnal, la idea y la palabra, la aristocracia y el pueblo, el sentimiento y la inteligencia...

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Gustavo Adolfo nació en Sevilla un 17 de febrero de 1836, fruto del matrimonio entre José María Domínguez Bécquer y Joaquina M.ª Bastida, no adopta estas dicotomías de forma artificial, como muchos otros poetas del momento. Sus dudas serán siempre auténticas y a través de la palabra tratará de lograr, a veces sin éxito, la síntesis de todos esos contrarios. La primera confrontación importante tiene lugar cuando Bécquer, gracias a una aspiración compartida con sus amigos de infancia, Narciso Campillo y Julio Nombela, decide marchar a Madrid en 1854 en busca de fortuna literaria.

Para comprender el impacto que supuso su llegada a la corte debemos imaginarnos una Sevilla luminosa, cargada de olores especiados y revestida de mil colores. Una Sevilla muy propicia para que las inquietudes artísticas de un joven como Bécquer encuentren inspiración constante a su alrededor. Una Sevilla en perenne estado de fiesta:

«El panorama que ofrece el real de la feria desde la puerta de San Fernando es imposible describirlo con palabras y apenas el lápiz podría reproducir en conjunto. Hay una riqueza tal de luz, de color y de líneas (...) Figuraos al través de la gasa de oro que finge el polvo su llanura tendida y verde como la esmeralda, el cielo azul y

brillante, el aire como inflamado por los rayos de un sol de fuego que todo lo rodea, lo colora y lo enciende. Por un lado, se ven las blancas azoteas de Sevilla, los campanarios de sus iglesias, los moriscos miradores, la verdura de los jardines que rebosa por cima de las tapias, los torreones árabes y romanos de los muros (...).»

(«La feria de Sevilla», El Museo Universal, 25-abril-1869).

Al ver la colorista descripción de la ciudad, no resulta extraño que tras su paso por el Colegio de Náutica de San Telmo (1846-1847), forme parte del taller de pintura de Antonio Cabral Bejarano (1850) y más tarde del de su familiar, Joaquín Domínguez Bécquer, siempre con la compañía inseparable de su hermano Valeriano. De este modo, el universo poético becqueriano ganará en matices que se reflejarán a lo largo de toda su obra.

La muerte de sus padres (José Domínguez Bécquer en 1841 y Joaquina Bastida en

  1. se verá compensada con el cariño que recibe por parte del resto de la familia, especialmente de su madrina Manuela Monehay Moreno, así como por la constante actividad de Bécquer ya sea en la pintura, la escritura o la música. Aquellos que rodearon al poeta y lo conocieron de forma más íntima, como por ejemplo Ramón Rodríguez Correa o Narciso Campillo, señalan en sus testimonios tras la muerte del escritor cómo éste destacaba en el campo del dibujo y la música. En este sentido, la infancia del poeta es muy importante porque sentará las bases de lo que serán más tarde sus escritos.

Ya se ha comentado como Gustavo Adolfo está en contacto permanente con el mundo de la pintura, gracias al número de pintores que hay en la familia (su padre, su hermano, su tío). Basta con echar un vistazo a los dibujos que aparecen en el Libro de cuentas que el joven Bécquer usa como lienzo, para comprender que el desarrollo de su vocación literaria era una más de las habilidades con las que nuestro poeta pudo alcanzar la gloria. Esta cualidad innata para el mundo de la ilustración tendrá su repercusión en el lenguaje becqueriano de las leyendas y de algunos artículos periodísticos dedicados a la crítica de arte, especialmente con el amplio y preciso uso de adjetivos sensoriales.

Otra de las destrezas becquerianas fue la música. Como muchos otros escritores, Bécquer revela un profundo conocimiento de las producciones musicales burguesas por excelencia, como son la ópera y la zarzuela. La mención de títulos operísticos y de

Bécquer siempre tuvo claro el camino poético que debía seguir, y para ello recaba toda la información necesaria desde muy joven, interesándose por la literatura europea que le llegó, entre otras vías, a través de las enseñanzas de Lista. Bécquer trata de insertarse en la línea de los poetas del sentimiento como Garcilaso, Herrera y Rioja, que crearon un lenguaje propio para la expresión del amor, pero para ello necesita nuevos modelos, como Lamartine, Musset, Byron...

De este modo, puede decirse que el sevillano destaca de forma precoz en su concepción de la literatura, pues ya es consciente de por dónde quiere que se encamine su escritura, así como también desde muy joven realiza ejercicios de creación literaria terminando o empezando obras incompletas, componiendo poemas o planificando futuras piezas teatrales. Todas las preocupaciones sobre el amor, la muerte o la inspiración literaria que una y otra vez encontramos en los textos de Bécquer ya se intuyen en unas reflexiones que el poeta hace en el libro de cuentas de su padre.

Junto con Nombela y Luis García Luna, y tras haber gastado todos sus ahorros, Bécquer se dedica a escribir biografías de diputados para Gabriel Hugelman, mientras, llevados de su iniciativa, se embarcan en distintos intentos fallidos de creación de un periódico en Madrid. Pero como muy bien dijo Larra, «escribir en Madrid es llorar», y durante el siglo XIX, si algo se imprime de forma abundante, son las publicaciones periódicas que muchas veces nacen para fallecer tras su primer número. Así pues, el nombre de Bécquer aparecerá vinculado a revistas como La España Musical y Literaria, El Mundo, El Porvenir o el Álbum de Señoritas y Correo de la Moda. De esta manera, el poeta se va haciendo un hueco en el panorama artístico madrileño. Este será un período de estrecheces económicas, y de escasas publicaciones por parte del sevillano. El autor se impregna del ambiente literario madrileño, según se deduce de la lectura del relato «Mi conciencia y yo»:

«yo estaba en el café con varios jóvenes de mi edad; se reía, se bromeaba, éste cuenta un embuste, aquél otro, todos sabemos que son mentiras y los escuchamos como si fueran verdades. Me hallaba apunto de divertirme, cuando entre el murmullo y las risas de los concurrentes percibí una carcajada.»

(«Mi conciencia y yo», Álbum de Señoritas y Correo de la Moda, 1855, vol. II, pp. 310-312 ).

Tras algunas colaboraciones ocasionales para El Museo Universal, Bécquer se convierte en el director literario de esta publicación. Dentro de sus tareas destaca la elaboración de las «Revistas de la semana», que versan sobre asuntos variados de política, cultura y sociedad; la colaboración con su hermano Valeriano en algunos cuadros de costumbres (La misa del alba, La sardinera...); algunos artículos biográficos (El duque de Rivas); varios textos que acompañan a grabados de Federico Ruiz, Jaime Serra o Francisco Ortego; un artículo de costumbres dedicado al carnaval de 1866; la fantasía Un tesoro que aparece en el Almanaque de El Museo Universal y una serie de rimas (Espíritu sin nombre, Tú y yo, Dos y uno, Saeta que voladora, Serenata, ¡La vida es sueño!, ¡No sé!).

La fama de Bécquer se va acrecentando poco a poco a través de sus publicaciones en los periódicos. Así, a su labor más conocida como periodista, se le une su faceta de narrador de leyendas, que vuelven a publicarse de forma anónima en El Español entre el 29 de marzo y el 10 de mayo de 1866, y también en el Diario de Alcoy, periódico dirigido por su gran amigo Augusto Ferrán (Los ojos verdes, La ajorca de oro, El monte de las ánimas). Es muy posible que en estas fechas Gustavo Adolfo estuviera reuniendo sus rimas para editarlas en forma de libro. Según los testimonios de Narciso Campillo y Francisco de Laiglesia, González Bravo tenía en su poder el manuscrito de las Rimas, pero debido al tumulto originado por el movimiento revolucionario que destronó a Isabel II (18 septiembre 1868), el volumen se extravió.

Como consecuencia de nuevos cambios políticos, Bécquer se halla otra vez vinculado con el Gobierno en el poder. De ahí que vuelva a obtener su cargo de fiscal de novelas, abandonando el de director de El Museo Universal al comenzar el verano. A causa de su frágil salud, viaja a Bilbao para reponerse y en septiembre del mismo año será

elegido miembro del jurado de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Lo cierto es que Bécquer estaba por entonces más preocupado por otros menesteres que los literarios, de ahí la escasez de escritos artísticos de esta época (1867-1868), con la excepción de la rima IX (Besa el aura que gime blandamente). Tras la muerte de su amigo Luis García Luna (25 diciembre 1867), Bécquer parece entender la importancia de tener reunidos sus poemas en la «colección de proyectos» Libro de los gorriones, manuscrito que más tarde utilizarán los amigos del escritor para preparar la edición de sus Obras en 1871 y

cabezas, yo moriré también y el viento llevará algún día su polvo y el mío, ¿quién sabe adónde? (...) ¡Debíamos secarnos! ¡Debíamos morir y girar arrastradas por los remolinos del viento!»

(«Las hojas secas», Almanaque Literario de la Biblioteca de Gaspar Roig, 1871).

OBRA: EL MONTE DE LAS ÁNIMAS (RIMAS Y LEYENDAS)

El Monte de las Ánimas es una de las leyendas que escribió Bécquer, publicada con dieciséis leyendas más, en el diario El Contemporáneo. La escribió el 7 de noviembre de 1861, viviendo y pensando el relato en el mismo lugar que aparece en la leyenda, en Soria. Todas sus leyendas son un conjunto de relatos en prosa, las cuales son las de mayor coherencia en cuanto a género literario, estructura, temática y envergadura, ya que Bécquer era total y plenamente en cualquiera de sus escritos. Sus leyendas son literarias, provenientes de la literatura religiosa oriental, de apólogos e historias de sucesos mágicos, que por supuesto, dan a sentir siempre extrañeza y naturalidad. Las leyendas son muy variadas. Muchas de ellas revelan la habilidad del autor para ir llevando el interés del lector de lo real a lo fantástico por medio de una referencia personal o por la evocación de un detalle histórico o de un lugar real. Combina la fantasía con el humor, la emoción y, alguna vez, la ironía, lo que manifiesta un extraordinario dominio técnico. Sin embargo, su contenido y carácter son menos originales que su estilo. Bécquer también pintó cuadros de Soria, mientras escribía sus leyendas. El Monte de las Ánimas es la que ofrece más probabilidades de basarse en alguna conseja o tradición local. Es también la más centrada en la ciudad. En todas sus leyendas, Bécquer se adapta más al lector burgués, es decir, gente con dinero que podía dedicarse a leer. El autor, se muestra subjetivo en sus leyendas, por lo tanto, da a conocer sus sentimientos. A través de contar una historia, quiere que lleguemos a comprender lo que él siente en realidad. Bécquer escoge los asuntos de las leyendas de acuerdo con la posibilidad de desarrollo de unas ideas básicas. Abunda la descripción y el relato junto con los efectos luminosos para crear la atmósfera deseada, aportando el elemento de lo misterioso y fantasmagórico. En sus leyendas se transmite siempre su mensaje ético relacionado con los problemas espirituales de la época. Se dirige a las personas de su período para recordarles la existencia de una vida trascendente y que las acciones del hombre se premian o castigan. La original prosa de Bécquer alcanza en

estas obras un grado de espontaneidad, fluidez y subjetividad más próximo a la expresión lírica, a la pura poesía, que a la narrativa.

La historia transcurre en un monte soriano, llamado Monte de las Ánimas, el día de los Difuntos. Comienza con una expedición de cazadores de ese lugar, pero ya se encuentra preparando el regreso, ya que es 1 de noviembre, día de Todos los Santos, justo antes de la terrible fecha. Así es como Beatriz y Alonso, hijos de los Condes de Borges y de Alcudiel, junto a sus padres y pajes, montados a caballo, inician el camino hacia la cacería. Alonso, que es cazador, empieza a contar una leyenda, la del Monte de las Ánimas. Al parecer, a este monte que llamaban de las ánimas pertenecía a los Templarios, que eran guerreros y religiosos a la vez. Cuando los árabes fueron expulsados de Soria, el Rey los hizo venir para defender la ciudad, lo que ofendió a los nobles de Castilla y se creó cierta hostilidad entre ellos. Entonces, se inició una profunda lucha hasta que el rey finalizó la espantosa batalla; el monte fue abandonado y en la capilla de los religiosos se enterraron los cuerpos de unos y otros. Desde entonces, cuando llega la noche de los difuntos corre la leyenda de que las ánimas de los muertos corren junto con todos los animales del monte, muertos de miedo y sin que nadie quiera permanecer ahí por esta fecha.

Una vez en casa de los Condes y reunidos junto a la lumbre, sólo Beatriz y Alonso permanecían ajenos a la conversación general, hasta que el joven rompió el largo silencio comunicándole a su prima que pronto se separarían y que antes de ello le quería regalar una joya. Beatriz le contestó que aceptar un regalo suyo podía comprometer su voluntad, y entonces Alonso le contó que era el día de todos los santos y que, por lo tanto, un día de celebración para todos. Ella, sin decir nada, aceptó el regalo y él le pidió alguna cosa suya. Beatriz estuvo de acuerdo y le dijo que en el monte de las ánimas perdió la banda azul que llevaba en la cacería, y que justamente quería regalársela. A estas palabras, Alonso, aun sintiéndose capaz de luchar contra los lobos, no era lo suficiente valiente como para ir de noche al monte y buscar aquel objeto perdido. Pero al ver una sonrisa irónica de Beatriz, se levantó, y muerto de miedo se dirigió hacia el monte en su caballo, diciéndole adiós a la hermosa. Fueron pasaron las horas hasta llegar la media noche y Beatriz no pudiendo dormir se levantó a rezar creyendo oír su nombre cuando sólo era el viento que azotaba su ventana. Así, asustada y con insomnio, oyendo las campanas de la ciudad de Soria, hasta que llegó el

Resumiendo, Beatriz es la reencarnación del mal. Bécquer tenía una idea de las mujeres reales muy negativa, es decir, era un misógino. Muestra una mujer que es instrumento del mal, es pasional, y a través de la manipulación y el engaño, provoca la desgracia del hombre. En la leyenda, la mujer usa estas armas para obtener algo para sí misma, ya que todo lo hace por su propio interés.

Personajes secundarios:

  • Los Condes de Borges y Alcudiel, los cazadores y los sirvientes de la casa donde estaban alojados Alonso y Beatriz

Se pueden destacar también algunos animales que se mencionan en la leyenda como: los perros, los lobos, los ciervos y las culebras.

  • Un objeto muy importante de la obra es la banda azul que pierde Beatriz. Parece ser que a Bécquer le gustaba mucho este color; además, Beatriz tiene los ojos azules y duerme sobre su almohada azul.

En la leyenda se establecen los siguientes temas:

Hay una conexión que encaja dos temas a la vez. Bécquer recoge el tema folclórico universal con el enfrentamiento de los templarios contra los nobles señores de Soria, y añade a la obra el carácter de la mujer, la cual engaña al hombre para conseguir sus propósitos y dominarlo. Estos dos temas van constantemente relacionados durante la obra, son los que se ven con más claridad, que son la lucha y el amor.

  • Aparece lo tradicional y el arte, con elementos como por ejemplo la iglesia que toca las campanadas a las doce de la noche para informar que es el día de todos los santos. En la obra también se pueden destacar toda clase de ruidos extraños, como, por ejemplo: el ruido de unas pisadas que sonaban sobre la alfombra de Beatriz, el crujido de la madera; el azote de los vidrios del balcón; el agua que caía sin cesar, los ladridos

de los perros, y las ráfagas del viento. Con todos estos sonidos lo que pretendía Bécquer era transmitir al lector sentimientos de miedo e inquietud.

Tiempos:

  • Tiempo histórico: La acción transcurre en la Edad Media, en el Monte de las Ánimas, en la ciudad de Soria.
  • Tiempo psicológico: La leyenda es contada por el personaje Alonso, dentro de la obra. Se podría decir que en el momento que la cuenta está recordando unos hechos que el propio personaje ya sabía. Son unos hechos que representa que son verosímiles, ya que los cuenta con todo detalle. Entonces, se produce un flash back, es decir, recuerda una historia que pasó con anterioridad a la época que ellos están viviendo.
    • Tiempo narrativo: La acción ocurre toda en un día. Desde la mañana hasta el amanecer del día siguiente.

Con respecto al narrador, la leyenda está escrita en tercera persona y tiene un narrador editor-historiador. El autor cuenta unos hechos que a él ya se los habían contado anteriormente. Al principio de la novela se ve con claridad cuando dice al principio de la leyenda: “La noche de los difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas. Su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria. (...) Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo, cuando sentía crujirlos cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.”