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Este documento proporciona una revisión exhaustiva sobre la hemorragia obstétrica, una de las principales causas de morbilidad y mortalidad materna a nivel mundial. Abarca temas como la definición, clasificación, causas, diagnóstico y tratamiento de esta complicación. Además, se enfatiza la importancia de la prevención mediante la identificación de factores de riesgo y la implementación de medidas activas durante el alumbramiento. El documento está dirigido a profesionales de la salud, especialmente enfermeras y estudiantes de enfermería materno-infantil, quienes desempeñan un papel crucial en la atención y manejo de esta emergencia obstétrica. Con una descripción detallada y evidencia científica actualizada, este documento se presenta como una herramienta valiosa para mejorar la comprensión y el abordaje de la hemorragia obstétrica, con el objetivo de reducir la morbilidad y mortalidad materna.
Tipo: Resúmenes
1 / 24
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La hemorragia postparto se define como la pérdida
hemática superior a 500 ml tras un parto vaginal o a
1.000 ml tras una cesárea.
Esta definición clásica presenta el inconveniente de la
subjetividad del clínico, quien tiende a subestimar
estas cifras. Es por ello que se hace necesario y
recomendable añadir que la hemorragia postparto es,
además de un sangrado excesivo, aquella que
repercute en la paciente y la hace presentar síntomas
y/o signos evidentes de hipovolemia.
A su vez, es necesario distinguir entre
hemorragia postparto precoz y tardía. La
hemorragia postparto precoz es aquella
que ocurre durante las primeras 24 horas
tras el parto. La tardía es la que acontece
después de 24 horas tras el parto hasta 6
semanas tras el mismo. Esta revisión se
centrará principalmente en las causas y
tratamientos de la hemorragia postparto
primaria (HPP), por ser generalmente
más grave.
Atonía Uterina
más frecuente, siendo
responsable del 80-90% de
las HPP.
Factores de riesgo:
sobredistensión uterina (por
gestación múltiple, hidramnios
o feto macrosoma),
agotamiento muscular (por
parto excesivamente
prolongado, rápido y/o gran
multiparidad),
corioamnionitis (fiebre, RPM
prolongada).
Traumas: hacen referencia a desgarros del canal genital, rotura uterina o inversión
uterina.
Desgarros/laceraciones: suponen la segunda causa más frecuente de HPP después de
la atonía uterina. Normalmente se manifiestan como un sangrado vaginal activo propio
de partos instrumentados o con episiotomía que hay que proceder a reparar mediante
sutura.
En ocasiones también pueden hacerlo como hematomas.
Los hematomas vulvares y vaginales autolimitados pueden tratarse de forma
conservadora, en caso contrario deben ser evacuados.
Si la paciente presenta dolor en flanco y signos de hipovolemia hay que sospechar un
hematoma retroperitoneal, en cuyo caso convendrá monitorizar estrictamente por si
fuese necesaria una exploración quirúrgica para identificar los vasos sangrantes.
Rotura uterina: se define como la pérdida de integridad de la pared del útero. El factor de
riego más comúnmente implicado es la existencia de una cirugía uterina previa, siendo la
cesárea con histerotomía transversa segmentaria baja la más frecuente. Otros factores
relacionados son los partos traumáticos (instrumentales, grandes extracciones, distocias)
y la hiperdinamia / hiperestimulación uterinas.
Inversión uterina: se trata de una complicación obstétrica muy poco frecuente que se
atribuye a una excesiva tracción de cordón y presión sobre fondo uterino (Maniobra de
Credé), provocando la salida del fondo uterino en la cavidad endometrial. Los principales
factores de riesgo son el acretismo placentario y el alumbramiento manual.
El diagnóstico suele ser evidentemente clínico, apareciendo una pérdida hemática
excesiva antes del alumbramiento de la placenta. Para ello pueden tomarse como
referencia los siguientes signos:
TA sistólica. Indica afección hemodinámica leve/moderada/ grave según la cifra tensional
sea 100-80/ 80-70/ 70-50 respectivamente.
Síntomas indican hemorragia.
Leve: debilidad, sudor, taquicardia.
Moderada: palidez, oliguria.
Grave: shock, fallo renal con anuria, disnea.
Si la placenta no emerge en los 30 minutos después del parto, debe sospecharse una
placenta retenida o una inserción anormal de la misma. En el primer caso se procede a
una exploración manual del útero. La extracción manual de la placenta se efectúa
introduciendo una mano enguantada en la cavidad uterina y controlando el fondo con la
otra mano. Se sigue el cordón umbilical hasta su inserción y se identifica el borde inferior
de la placenta para proceder a su separación mediante un movimiento de sierra. Cuando
se ha desprendido por completo, se tracciona de las membranas hacia el exterior
mientras que con la mano situada sobre el fondo se realiza un masaje con un
movimiento rotacional. Si esto no fuese suficiente y aún permaneciesen restos
intracavitarios, debería realizarse un legrado.
Después del alumbramiento de la placenta, ésta debe inspeccionarse cuidadosamente
para comprobar su integridad.
Se reconoce HPP verdadera cuando el alumbramiento de la placenta ya ha tenido lugar.
En estas circunstancias, la causa más habitual es la atonía uterina.
Para corregirla, el primer paso es realizar un masaje manual del útero con evacuación de los
coágulos del segmento uterino inferior. Simultáneamente se administran de forma secuencial
fármacos uterotónicos iv:
Oxitocina.
Ergonovina
Carbetocina
Misoprostol
Si tras la aplicación de masaje junto con la administración de uterotónicos la HPP no cede y
hemos descartado/ tratado otras causas distintas de la atonía (retención placentaria, desgarros
del canal genital, inversión uterina, rotura uterina), habrá que recurrir a maniobras terapéuticas
más agresivas.
La primera de estas medidas es el taponamiento uterino. Existen balones
específicamente diseñados para este propósito como es el balón de Bakri, pero si no
está disponible puede usarse una sonda-balón de Sengstaken-Blakemore. Ambos
modelos se basan en un mecanismo de actuación por compresión (se rellenan con
aprox. 500 ml de suero salino) una vez han sido introducidos correctamente a través del
canal cervical. Así mismo disponen de orificios para el drenaje sanguíneo.
Por último, antes de recurrir a la histerectomía, puede recurrirse a la plicatura. La
plicatura es una técnica que se basa en la compresión del útero mediante suturas
transmurales, siendo la más conocida y aplicada la plicatura de B-Lynch. Ésta consiste
en una sutura continua que «abraza» el útero en su longitud
El conocimiento de la existencia de factores de riesgo es de gran ayuda a la hora de prevenir
una HPP pero hay que recordar que 2/3 de los casos se dan en mujeres sin ninguno de estos
factores.
Es por ello que debemos actuar de forma sistemática y universal en la fase de alumbramiento
de todos los partos mediante una conducta activa, que puede resumirse en los siguientes pasos.
Administración de un uterotónico, siendo de elección la oxitocina.
Clampaje y sección precoz del cordón umbilical.
Tracción suave y mantenida del mismo.
Masaje uterino tras alumbramiento.