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Hepatitis Viral Aguda, Resúmenes de Fisiopatología

Hepatitis Viral AGuda fisiopatología

Tipo: Resúmenes

2021/2022

Subido el 14/03/2022

alejandra-albayero
alejandra-albayero 🇸🇻

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TEMA: HEPATITIS VIRAL AGUDA
Harrison 20 t2=702 Wash=610 Isauro=483
OBJETIVOS GENERAL
Explicar los mecanismos fisiopatológicos, correlación de los cambios morfológicos y funcionales con la
sintomatología clínica y discutir las alteraciones diagnosticas de la hepatitis viral aguda
CONTENIDOS TEMÁTICOS
1. Anatomía y funciones principales del hígado (1 no se discutirá, lo tienen que haber leído los
estudiantes)
El hígado humano es la glándula anexa del tubo digestivo de mayor tamaño. Se encuentra situado en la parte
superior derecha de la cavidad abdominal, en el espacio supramesocólico, debajo de la cúpula diafragmática,
ocupando casi la totalidad del hipocondrio derecho. La cara superior es convexa, moldeada por el diafragma, ancha
en su porción derecha y progresivamente afilada hacia la izquierda, cruzando por delante del esófago y a menudo
situándose entre el diafragma y el bazo. Es liso, de consistencia firme, de color rojizo y está rodeado de una
delgada cápsula fibrosa (cápsula de Glisson), que es la prolongación de la serosa que rodea a todos los elementos
del pedículo hepático. Presenta una gran variabilidad de volumen, dimensiones y peso. En el cadáver, su peso
oscila entre 1,200 g y 1,500 g. En el ser vivo oscila entre 2,300 y 2,500 g. En la cara superior se inserta el
ligamento suspensorio o falciforme que lo fija al diafragma. En la cara inferior hay un surco transversal por donde
penetran los elementos del pedículo hepático, un surco anteroposterior derecho (lecho de la vesícula biliar) y un
surco anteroposterior izquierdo. Estos tres surcos dividen la cara inferior del hígado en cuatro zonas: una porción
derecha (a la derecha de la vesícula biliar) o lóbulo derecho, una porción central anterior o lóbulo cuadrado (entre
el lecho vesicular y el surco umbilical con el ligamento redondo), una porción central posterior o lóbulo caudado o
de Spigel, y una porción izquierda que corresponde al lóbulo izquierdo (a la izquierda del falciforme y del ligamento
de Arantius). Los medios de fijación del hígado son las venas suprahepáticas, el ligamento falciforme, el ligamento
coronario y el epiplón menor.
El hígado aparece en el ser humano como un órgano diferenciado en estado embrionario a partir de la cuarta
semana del embarazo. Tiene su origen en un divertículo del endodermo: la parte superior origina el parénquima
hepático, y la inferior el conducto y vesícula biliar. El ordenamiento espacial de los hepatocitos va haciéndose más
y más compleja a medida que avanza el desarrollo fetal; inicialmente se asocian formando cadenas agrupadas en
torno a un eje biliar en el que coinciden capilares arteriales y portales; posteriormente aparecen estructuras más
complejas que recuerdan la estructura de una esponja. En el hígado adulto, los hepatocitos están alineados y
unidos estrechamente entre sí, creando conductos sinuosos a través de los cuales circula la sangre. La apariencia
homogénea del gado es sólo virtual. El tacto blando y su fragilidad se deben al hecho de ser un órgano muy
vascularizado (aproximadamente 1/5 de su volumen es sangre) y al poco tejido conectivo que contiene. En el
hígado coexisten tres sistemas de irrigación: dos aferentes (arterial y portal) y uno eferente (venoso). En el hígado
existen también conductos linfáticos subdivididos en superficiales y profundos. Los superficiales están situados
junto a la cápsula de Glisson, mientras que los profundos se encuentran junto a las venas hepáticas eferentes. No
hay comunicación directa entre sinusoides y capilares linfáticos, que terminan de manera ciega en tejido conectivo
adyacente.
El parénquima del hígado está organizado en placas de hepatocitos localizados en un esqueleto de células de
apoyo, las cuales se denominan células reticuloendoteliales; asimismo se encuentra organizado en lobulillos.
Por lo general, las placas de hepatocitos tienen el grosor de una sola célula y las placas individuales están
separadas entre sí por espacios vasculares, los cuales se denominan sinusoides. En éstos, la sangre proveniente
de la arteria hepática se mezcla con la sangre que proviene de la vena porta en la vía de la vena central. La masa
de células reticuloendoteliales incluye diversos tipos celulares, de los cuales los más importantes corresponden a
las células endoteliales que forman las paredes de los sinusoides, cuyo endotelio tiene grandes fenestraciones, y
el plasma que está en estrecho contacto con las células hepáticas; asimismo, hay macrófagos especializados, los
cuales se denominan células de Kupffer, anclados en el espacio sinusoidal. Las células estrelladas o lipocitos son
células almacenadoras de grasa e implicadas en el metabolismo de la vitamina A, y se localizan entre los
hepatocitos y las células epiteliales. En general sólo se observa una capa de hepatocitos entre los sinusoides, por lo
que el área total de contacto entre las células hepáticas y el plasma es muy grande. El recubrimiento endotelial de
los sinusoides tiene poros extremadamente grandes, algunos de los cuales cuentan con casi un micrómetro de
diámetro. Por debajo de esta capa, entre las células endoteliales y las células hepáticas, hay un espacio tisular
estrecho llamado espacio de Disse. Los millones de espacios de Disse se conectan a su vez con los vasos
linfáticos en los tabiques interlobulares. Debido al gran tamaño de los poros del endotelio, las sustancias del
plasma pasan libremente al espacio de Disse. Aproximadamente 30% de todas las células hepáticas corresponden
a células reticuloendoteliales, y cerca de un tercio de estas, a células de Kupffer; y el sistema reticuloendotelial
aporta sólo entre el 2 y 10% de las proteínas totales en el hígado.
2. Como se define la hepatitis viral aguda
Isauro. La hepatitis viral se refiere a la infección del hígado por un pequeño grupo de virus hepatotropos, todos los
cuales producen patrones clínicos y morfológicos similares de hepatitis aguda, aunque con capacidad variable para
inducir enfermedad crónica o fulminante, o incluso establecer el estado de portador. Asimismo, es un proceso
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TEMA: HEPATITIS VIRAL AGUDA

Harrison 20 t2=702 Wash=610 Isauro=

OBJETIVOS GENERAL

Explicar los mecanismos fisiopatológicos, correlación de los cambios morfológicos y funcionales con la

sintomatología clínica y discutir las alteraciones diagnosticas de la hepatitis viral aguda

CONTENIDOS TEMÁTICOS

1. Anatomía y funciones principales del hígado (1 no se discutirá, lo tienen que haber leído los estudiantes) El hígado humano es la glándula anexa del tubo digestivo de mayor tamaño. Se encuentra situado en la parte superior derecha de la cavidad abdominal, en el espacio supramesocólico, debajo de la cúpula diafragmática, ocupando casi la totalidad del hipocondrio derecho. La cara superior es convexa, moldeada por el diafragma, ancha en su porción derecha y progresivamente afilada hacia la izquierda, cruzando por delante del esófago y a menudo situándose entre el diafragma y el bazo. Es liso, de consistencia firme, de color rojizo y está rodeado de una delgada cápsula fibrosa (cápsula de Glisson), que es la prolongación de la serosa que rodea a todos los elementos del pedículo hepático. Presenta una gran variabilidad de volumen, dimensiones y peso. En el cadáver, su peso oscila entre 1,200 g y 1,500 g. En el ser vivo oscila entre 2,300 y 2,500 g. En la cara superior se inserta el ligamento suspensorio o falciforme que lo fija al diafragma. En la cara inferior hay un surco transversal por donde penetran los elementos del pedículo hepático, un surco anteroposterior derecho (lecho de la vesícula biliar) y un surco anteroposterior izquierdo. Estos tres surcos dividen la cara inferior del hígado en cuatro zonas: una porción derecha (a la derecha de la vesícula biliar) o lóbulo derecho, una porción central anterior o lóbulo cuadrado (entre el lecho vesicular y el surco umbilical con el ligamento redondo), una porción central posterior o lóbulo caudado o de Spigel, y una porción izquierda que corresponde al lóbulo izquierdo (a la izquierda del falciforme y del ligamento de Arantius). Los medios de fijación del hígado son las venas suprahepáticas, el ligamento falciforme, el ligamento coronario y el epiplón menor. El hígado aparece en el ser humano como un órgano diferenciado en estado embrionario a partir de la cuarta semana del embarazo. Tiene su origen en un divertículo del endodermo: la parte superior origina el parénquima hepático, y la inferior el conducto y vesícula biliar. El ordenamiento espacial de los hepatocitos va haciéndose más y más compleja a medida que avanza el desarrollo fetal; inicialmente se asocian formando cadenas agrupadas en torno a un eje biliar en el que coinciden capilares arteriales y portales; posteriormente aparecen estructuras más complejas que recuerdan la estructura de una esponja. En el hígado adulto, los hepatocitos están alineados y unidos estrechamente entre sí, creando conductos sinuosos a través de los cuales circula la sangre. La apariencia homogénea del hígado es sólo virtual. El tacto blando y su fragilidad se deben al hecho de ser un órgano muy vascularizado (aproximadamente 1/5 de su volumen es sangre) y al poco tejido conectivo que contiene. En el hígado coexisten tres sistemas de irrigación: dos aferentes (arterial y portal) y uno eferente (venoso). En el hígado existen también conductos linfáticos subdivididos en superficiales y profundos. Los superficiales están situados junto a la cápsula de Glisson, mientras que los profundos se encuentran junto a las venas hepáticas eferentes. No hay comunicación directa entre sinusoides y capilares linfáticos, que terminan de manera ciega en tejido conectivo adyacente. El parénquima del hígado está organizado en placas de hepatocitos localizados en un esqueleto de células de apoyo, las cuales se denominan células reticuloendoteliales ; asimismo se encuentra organizado en lobulillos. Por lo general, las placas de hepatocitos tienen el grosor de una sola célula y las placas individuales están separadas entre sí por espacios vasculares, los cuales se denominan sinusoides. En éstos, la sangre proveniente de la arteria hepática se mezcla con la sangre que proviene de la vena porta en la vía de la vena central. La masa de células reticuloendoteliales incluye diversos tipos celulares, de los cuales los más importantes corresponden a las células endoteliales que forman las paredes de los sinusoides, cuyo endotelio tiene grandes fenestraciones, y el plasma que está en estrecho contacto con las células hepáticas; asimismo, hay macrófagos especializados, los cuales se denominan células de Kupffer , anclados en el espacio sinusoidal. Las células estrelladas o lipocitos son células almacenadoras de grasa e implicadas en el metabolismo de la vitamina A, y se localizan entre los hepatocitos y las células epiteliales. En general sólo se observa una capa de hepatocitos entre los sinusoides, por lo que el área total de contacto entre las células hepáticas y el plasma es muy grande. El recubrimiento endotelial de los sinusoides tiene poros extremadamente grandes, algunos de los cuales cuentan con casi un micrómetro de diámetro. Por debajo de esta capa, entre las células endoteliales y las células hepáticas, hay un espacio tisular estrecho llamado espacio de Disse. Los millones de espacios de Disse se conectan a su vez con los vasos linfáticos en los tabiques interlobulares. Debido al gran tamaño de los poros del endotelio, las sustancias del plasma pasan libremente al espacio de Disse. Aproximadamente 30% de todas las células hepáticas corresponden a células reticuloendoteliales, y cerca de un tercio de estas, a células de Kupffer; y el sistema reticuloendotelial aporta sólo entre el 2 y 10% de las proteínas totales en el hígado. 2. Como se define la hepatitis viral aguda Isauro. La hepatitis viral se refiere a la infección del hígado por un pequeño grupo de virus hepatotropos, todos los cuales producen patrones clínicos y morfológicos similares de hepatitis aguda, aunque con capacidad variable para inducir enfermedad crónica o fulminante, o incluso establecer el estado de portador. Asimismo, es un proceso

necrótico-inflamatorio agudo que afecta principalmente al hígado, de etiología múltiple y con manifestaciones clínicas y morbimortalidad diferente dependiendo del agente causal. Se han encontrado diversos virus capaces de producir esta enfermedad. Hasta el momento se han identificado cinco agentes principales: virus de la hepatitis A, virus B, virus C, virus D y virus E. De éstos, el A y el E se caracterizan por producir cuadros agudos y con recuperación ad integrum de la estructura hepática, y los demás pueden evolucionar hacia la cronicidad, desarrollo de cirrosis hepática e incluso carcinoma hepatocelular. Existen otros virus condicionantes de la hepatitis y entre ellos se encuentran el citomegalovirus, el virus de Epstein-Barr, el virus de la fiebre amarilla, el herpes virus y otros conocidos como virus exóticos. Se calcula que aproximadamente el 5% de la población mundial está infectada crónicamente por el virus de la hepatitis B (VHB). Se estima que hay más de 300 millones de portadores del VHB en el mundo, de los cuales un millón pueden morir anualmente de una enfermedad hepática relacionada con dicha infección. El espectro de las manifestaciones clínicas de la infección de la hepatitis B varía según las fases aguda y crónica. Las áreas de mayor prevalencia son el sudeste de Asia, África y algunas regiones de Sudamérica. En México, la prevalencia entre donadores de sangre voluntarios es del 3%. Las principales rutas de transmisión son la percutánea (a través de la sangre o hemoderivados, así como uso de instrumentos contaminados), la sexual y la perinatal. La probabilidad de transmisión perinatal del VHB depende de la presencia del antígeno e del VHB (HBeAg), el cual es un marcador de replicación viral. El 90% de las madres positivas para HBeAg transmiten la infección a sus hijos, en contraste con sólo el 10 a 15% de madres con anticuerpos se correlacionan con disminución de la replicación viral y de infectividad. Los grupos de alto riesgo los constituyen pacientes que han recibido múltiples transfusiones de sangre y derivados, insuficientes renales con diálisis, abuso de drogas endovenosas, sexoservidoras, homosexuales y personal de salud. Harrison. La hepatitis viral aguda es una infección generalizada que afecta sobre todo al hígado. Casi todos los casos de hepatitis viral aguda se producen por uno de estos cinco microorganismos virales: virus de la hepatitis A (HAV, hepatitis A virus), virus de la hepatitis B (HBV, hepatitis B virus), virus de la hepatitis C (HCV, hepatitis C virus), microorganismo delta asociado al HBV o virus de la hepatitis D (HDV, hepatitis D virus) y virus de la hepatitis E (HEV, hepatitis E virus). Todos estos virus de hepatitis humana son virus con RNA, salvo el de hepatitis B, que tiene DNA, pero se replica igual que un retrovirus. Aunque se caracterizan por sus propiedades antigénicas y moleculares en términos clínicos todos los virus de la hepatitis producen enfermedades similares. Estas oscilan, por una parte, entre la enfermedad asintomática que pasa inadvertida y la infección aguda fulminante y letal en todos los tipos y, por otra, entre las infecciones persistentes subclínicas y la hepatopatía crónica que progresa con rapidez, con cirrosis e incluso carcinoma hepatocelular, frecuente en los tipos transmitidos por vía (HBV, H CV y HDV). Washington. Los virus hepatotrópicos son el virus de la hepatitis A (VHA), el virus de la hepatitis B (VHB), el virus de la hepatitis C (VHC), el virus de la hepatitis D (VHD) y el virus de la hepatitis E (VHE). Entre los virus no hepatotrópicos (virus que afectan indirectamente al hígado) se encuentran el virus de Epstein-Barr, el citomegalovirus, el virus del herpes, el virus del sarampión, el virus de Ébola y otros. La hepatitis vírica aguda se define por un conjunto de síntomas que pueden variar desde síntomas leves e inespecíficos hasta una insuficiencia hepática aguda o fulminante. La enfermedad puede resolverse o progresar a una hepatitis crónica, en determinados casos, o hasta una insuficiencia hepática como consecuencia de una lesión hepática necroinflamatoria difusa. La insuficiencia vírica crónica se define como el desarrollo rápido de una lesión hepática grave con encefalopatía y coagulopatía en un paciente sin hepatopatía previa, en <6 meses desde el inicio de la enfermedad aguda.

3. Características más importantes de los virus de la hepatitis viral aguda Isauro. ¿Cuáles son las características más importantes del virus de la hepatitis B? El virus de la hepatitis B tiene varias características importantes: es un virus de ADN que pertenece a la familia de los hepadnavirus, tiene 42 nm de diámetro, de forma esférica, causa ictericia en el 5 a 20% de los casos con una mortalidad del 1 a 3% y desarrollo de hepatitis fulminante en menos del 1% de los casos. La microscopía electrónica permite visualizar tres tipos de partículas. Las más abundantes son las partículas de 22nm, que pueden presentar forma esférica o de largos filamentos; antigénicamente no difieren de la proteína superficial externa o proteína de la envoltura del VHB. En una proporción de cien a mil veces menor que las esferas y túbulos, se encuentran unas partículas más grandes, de 42 nm, esféricas, con doble cubierta, que son virones íntegros del VHB. La última forma es la proteína de la envoltura del virión o antígeno de superficie del VHB (HBsAg). Este virus también produce 22 partículas subvirales en forma de filamentos y esferas que están compuestas solamente de proteínas desarrolladas. Estas partículas subvirales no contienen el genoma del VHB y por lo tanto no son infecciosas. El genoma del VHB es circular, con una doble banda parcial de ADN de aproximadamente 3,200 pares de bases de longitud. El virus de la hepatitis B consigue su economía genómica gracias a una eficaz estrategia de codificación de proteínas por cuatro genes solapados: S, C, P y X. Delante del gen S se encuentran los genes pre-S, que codifican la síntesis de los productos del gen pre-S, entre los que figuran receptores de superficie del VHB para la albúmina sérica humana polimerizada y para proteínas de la membrana hepatocitaria. La región pre-S está constituida a su vez por dos componentes: pre-S1 y pre-S2. Dependiendo de dónde se inicie el proceso de traducción del gen, pueden sintetizarse tres productos diferentes del gen HBsAg: 1) producto proteico del gen S: HBsAg; 2) región S

¿Cómo se explica la hepatomegalia dolorosa que presenta el paciente? La hepatomegalia es una condición en donde el hígado es palpable por debajo del margen costal; la hepatomegalia dolorosa se presenta en hepatitis aguda, congestión pasiva y cáncer. La inflamación es el mecanismo más importante para la producción de hepatomegalia. La hiperplasia del sistema reticuloendotelial, la cual es una reacción proliferativa hiperplásica de las células de Kupffer (macrófagos tisulares situados en los sinusoides hepáticos), contribuye al desarrollo de hepatomegalia en múltiples enfermedades infecciosas. Las células de Kupffer comprenden alrededor del 10% de la masa celular total del hígado y constituyen el mayor componente del sistema reticuloendotelial en el organismo. ¿Cuál es el mecanismo para el desarrollo de esplenomegalia presente en el paciente? A grandes rasgos podría considerarse que, en un paciente joven, las principales causas de esplenomegalia suelen ser infección, anemias hemolíticas crónicas y, con menor frecuencia, enfermedades por depósito. En los adultos se reconocen como principales causas la cirrosis hepática y las enfermedades oncohematológicas. El mecanismo principal en este caso es debido a un aumento de las necesidades funcionales del bazo por una hiperplasia del sistema linfoide como respuesta al proceso infeccioso viral.

7. Manifestaciones extrahepáticas de la hepatitis viral aguda Harrison. La lesión hística mediada por inmunocomplejos parece tener un efecto patógeno en las manifestaciones extrahepáticas de la hepatitis B aguda. El síndrome ocasional prodrómico similar a la enfermedad del suero observado en la hepatitis B aguda al parecer depende del almacenamiento de inmunocomplejos circulantes del HBsAg-anti-HBs en las paredes de vasos sanguíneos de los tejidos, lo cual activa el sistema de complemento y disminuye sus valores séricos. Los pacientes con hepatitis B crónica pueden sufrir otras enfermedades por inmunocomplejos. A veces se detecta una glomerulonefritis con síndrome nefrótico; en la membrana basal glomerular se han hallado depósitos de HBsAg, inmunoglobulinas y C3. Aunque la vasculitis generalizada (poliarteritis nodosa) ocurre en mucho menos del 1 % de los enfermos con infección por el HBV, 20 a 30% de los individuos con poliarteritis nodosa tiene HBsAg en el suero (cap. 356). En estos pacientes se ha comprobado que las arteriolas afectadas de mediano y pequeño tamaños contienen HBsAg, inmunoglobulinas y componentes del complemento. Otra manifestación extrahepática de la hepatitis viral, la crioglobulinemia mixta esencial (EMC, essential mixed cryoglobulinemia), al principio se consideró asociada a la hepatitis B. Este trastorno se caracteriza en términos clínicos por artritis y vasculitis cutánea (púrpura palpable) y serológicamente por la presencia de inmunocomplejos circulantes capaces de precipitar en frío, que contienen más de un tipo de inmunoglobulina (caps. 308 y 356). Muchos pacientes con este síndrome tienen hepatopatía crónica, pero la asociación con la infección por HBV es limitada; una proporción sustancial de pacientes tiene infección crónica por HCV, con complejos inmunitarios circulantes que contengan RNA de HCV. La glomerulonefritis por complejos inmunitarios es otra manifestación extrahepática reconocida de la hepatitis C. Los trastornos por complejos inmunitarios se han relacionado, aunque con poca frecuencia, con hepatitis A y E. En la hepatitis E, se han propuesto complicaciones neurológicas poco comunes ocasionadas por mecanismos inmunitarios, por infección directa del sistema nervioso central (SNC) o por ambas. 8. Parámetros serológicos en el diagnóstico de la hepatitis viral aguda

9. Complicaciones de la hepatitis viral aguda Una pequeña proporción de pacientes con hepatitis A sufre una recaída de la hepatitis al cabo de semanas o meses de la recuperación evidente de la hepatitis aguda. Las recaídas se caracterizan por recurrencia de los síntomas, incremento de las aminotransferasas, en ocasiones ictericia y eliminación fecal del HAV. Otra forma poco habitual de hepatitis A es la hepatitis colestásica, caracterizada por ictericia colestásica prolongada y prurito. En raras ocasiones, las alteraciones en los resultados de las pruebas hepáticas persisten durante muchos meses, incluso hasta 1 año; pero, aunque se produzcan estas complicaciones, la hepatitis A es una enfermedad que se resuelve de forma espontánea y no progresa a hepatopatía crónica. Durante la fase prodrómica de la hepatitis B aguda, aparece en 5 a 10% de los individuos un síndrome similar a la enfermedad del suero que se caracteriza por artralgias o artritis, erupción, angioedema y, en raras ocasiones, hematuria y proteinuria. Este síndrome se produce antes de que surja clínicamente la ictericia y con cierta frecuencia se diagnostica de manera errónea como enfermedades reumatológicas. El diagnóstico se establece con la concentración de aminotransferasas séricas, que casi siempre están altas, y el HBsAg en el suero. Como ya se dijo, la crioglobulinemia mixta esencial es un trastorno por inmunocomplejos que complica la hepatitis C crónica y es parte del espectro de las enfermedades linfoproliferativas por linfocitos B, que en raras situaciones evolucionan hasta transformarse en linfoma de linfocitos B (cap. 104). También se ha prestado atención a los vínculos entre la hepatitis C y los trastornos cutáneos como la porfiria cutánea tardía y el liquen plano. Se desconoce si existe algún mecanismo de tales vínculos. Por último, con respecto a la dependencia de HCV de la secreción de lipoproteína y las vías de ensamble, y de las interacciones de HCV con el metabolismo de la glucosa, la infección por HCV podría complicarse con esteatosis hepática, hipercolesterolemia, resistencia a la insulina (y otras manifestaciones del síndrome metabólico) y diabetes mellitus tipo 2. Tanto la esteatosis hepática como la resistencia a la insulina parecen acelerar la fibrosis hepática y disminuir la capacidad de respuesta al tratamiento antiviral. La complicación más temible de la hepatitis viral es la hepatitis fulminante (necrosis masiva del hígado); por fortuna es rara. Se observa de manera predominante en las hepatitis B, D y E, pero algunos casos fulminantes raros de hepatitis A ocurren más a menudo en ancianos y en personas con alguna hepatopatía crónica subyacente, que incluye, según algunos informes, hepatitis B y C crónicas. La hepatitis B comprende >50% de los casos de hepatitis fulminante y una proporción considerable de ellos está vinculada con la infección por HDV, y otros casos, con la hepatitis C crónica subyacente. La hepatitis fulminante es rara en la hepatitis C, pero como ya se dijo, complica 1 a 2% de todos los casos de hepatitis E y hasta 20% de los casos en embarazadas. Los pacientes suelen presentar signos y síntomas tempranos de encefalopatía hepática que puede desembocar en coma profundo. El hígado suele ser pequeño y el tiempo de protrombina (PT) está muy aumentado. La combinación de decremento rápido del tamaño del hígado, aumento muy rápido de la concentración de bilirrubina y prolongación marcada del PT, incluso con decremento de la concentración de aminotransferasas, junto con signos clínicos de confusión, desorientación, somnolencia, ascitis y edema, indica que el paciente sufre insuficiencia hepática con encefalopatía. Es frecuente el edema cerebral. Los episodios terminales habituales son compresión del tronco del encéfalo, hemorragia de tubo digestivo, septicemia, insuficiencia respiratoria, colapso cardiovascular e insuficiencia renal. La mortalidad es muy alta (>80% en individuos en coma profundo), pero los enfermos que sobreviven pueden experimentar una recuperación bioquímica e histológica completas. Si se localiza a tiempo un hígado de donador, el trasplante hepático puede salvar la vida a los enfermos con hepatitis fulminante. Es muy importante documentar la desaparición del HBsAg después de la recuperación clínica aparente de una hepatitis B aguda. Antes de que se dispusieran de métodos de laboratorio adecuados para distinguir entre hepatitis aguda y exacerbaciones agudas de una hepatitis B crónica (reactivaciones espontáneas), los datos disponibles sugerían que alrededor del 10% de los pacientes mantenía la positividad del HBsAg durante >6 meses desde el comienzo clínicamente evidente de una hepatitis B aguda. En la mitad de estas personas, en los años siguientes se comprobaba la desaparición del antígeno de la circulación, pero el otro 5% seguía siendo HBsAg positivo de forma crónica. Observaciones más recientes sugieren que la tasa real de infección crónica posterior a una hepatitis B aguda clínicamente manifiesta es de 1 % en adultos jóvenes, normales y con buena respuesta inmunitaria. Es posible que los cálculos más altos de antes hayan estado sesgados por la inclusión inadvertida de casos de exacerbación aguda en pacientes con infección crónica; estos individuos con positividad crónica para HBsAg antes