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historia coment, Apuntes de Pedagogía

Asignatura: Analisi de Xarxes Socials en l'ambit Educatiu, Profesor: Miguel Amorós Hernández, Carrera: Pedagogia, Universidad: UB

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 19/12/2016

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Comentario 4.1
El texto del comentario consta de cuatro breves diálogos o coloquios de los que Vives
compuso para facilitar el aprendizaje del latín en la escuela elemental. Para hacerlo
más atractivo y útil cambió los “textos” habituales de grandes autores literarios, por
diálogos vivos representando escenas que debían ser más o menos habituales para
los niños y niñas de las clases medias y artesanales del mundo urbano del siglo XVI.
Los Diálogos gozaron de enorme éxito como libro de ejercicios para el aprendizaje del
latín.
Lo que hay que hacer:
1. Resumen breve de cada uno de los diálogos.
2. Responde a las siguientes cuestiones:
2.a. Numera y cita todas las prendas de vestir que aparecen en el
diálogo 1.
2.b. Cómo define el padre del niño a la escuela.
2.c. En qué problemas y/o “peligros” se ven metidos los niños cuando
van hacia la escuela. (Las normas de buena conducta y de civilidad
indicaban que cuando fueran a la escuela o hubiesen de hacer un
recado, fueran directos, con diligencia y sin entretenerse con nadie).
3. Comenta al menos dos detalles de la vida cotidiana infantil reflejada en estos
diálogos que te hayan llamado la atención y compáralos con las costumbres
actuales de la infancia.
Colloquia, Diálogos o Ejercitaciones de lengua latina
de
Juan Luís Vives.
La traducción se ha hecho sobre la siguiente edición:
Linguae Latinae exercitatio, París, I. Foucher & V. Gualtherot, 1539
[Pg. 3] DIÁLOGO PRIMERO
Despertar matutino
Beatriz (criada), Manuel, Eusebio 6.
1. Beatriz.Jesucristo os despierte del sueño de los vicios. ¡Eh!, chicos, ¿os vais a
despertar hoy?
2. Eusebio.No sé qué me ha caído en los ojos; por eso me parece tenerlos llenos de
arena.
3. Beatriz.Esta es tu primera canción por la mañana y bien vieja. Abriré las dos hojas
de la ventana, la de madera y la de cristal, para que la luz de la mañana golpee los ojos
de ambos. Levantaos, levantaos.
4. Eusebio.¿Tan de mañana?
5. Beatriz.Está más cerca el mediodía que la aurora. Manuel, ¿quieres una camisa
limpia?
6. Manuel.No necesito nada ahora; ésta está bastante limpia; mañana cogeré otra.
Dame el jubón 7 .
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Comentario 4.

El texto del comentario consta de cuatro breves diálogos o coloquios de los que Vives compuso para facilitar el aprendizaje del latín en la escuela elemental. Para hacerlo más atractivo y útil cambió los “textos” habituales de grandes autores literarios, por diálogos vivos representando escenas que debían ser más o menos habituales para los niños y niñas de las clases medias y artesanales del mundo urbano del siglo XVI. Los Diálogos gozaron de enorme éxito como libro de ejercicios para el aprendizaje del latín.

Lo que hay que hacer:

  1. Resumen breve de cada uno de los diálogos.
  2. Responde a las siguientes cuestiones: 2.a. Numera y cita todas las prendas de vestir que aparecen en el diálogo 1. 2.b. Cómo define el padre del niño a la escuela. 2.c. En qué problemas y/o “peligros” se ven metidos los niños cuando van hacia la escuela. (Las normas de buena conducta y de civilidad indicaban que cuando fueran a la escuela o hubiesen de hacer un recado, fueran directos, con diligencia y sin entretenerse con nadie).
  3. Comenta al menos dos detalles de la vida cotidiana infantil reflejada en estos diálogos que te hayan llamado la atención y compáralos con las costumbres actuales de la infancia.

Colloquia, Diálogos o Ejercitaciones de lengua latina de Juan Luís Vives. La traducción se ha hecho sobre la siguiente edición: Linguae Latinae exercitatio, París, I. Foucher & V. Gualtherot, 1539

[Pg. 3] DIÁLOGO PRIMERO

Despertar matutino

Beatriz (criada), Manuel, Eusebio 6.

  1. Beatriz .—Jesucristo os despierte del sueño de los vicios. ¡Eh!, chicos, ¿os vais a despertar hoy?
  2. Eusebio .—No sé qué me ha caído en los ojos; por eso me parece tenerlos llenos de arena.
  3. Beatriz .—Esta es tu primera canción por la mañana y bien vieja. Abriré las dos hojas de la ventana, la de madera y la de cristal, para que la luz de la mañana golpee los ojos de ambos. Levantaos, levantaos.
  4. Eusebio .—¿Tan de mañana?
  5. Beatriz .—Está más cerca el mediodía que la aurora. Manuel, ¿quieres una camisa limpia?
  6. Manuel .—No necesito nada ahora; ésta está bastante limpia; mañana cogeré otra. Dame el jubón 7.
  1. Beatriz .— ¿ Cuál? ¿El sencillo o el doble?
  2. Manuel .—El que quieras, no me importa. Acércame el sencillo, para que, si tengo que jugar hoy a la pelota, me pese menos.
  3. Beatriz .—Esta es siempre tu costumbre: piensas en el juego antes que en la escuela.
  4. Manuel .—¿Qué dices, necia? También la escuela se llama juego 8.
  5. Beatriz .—Yo no entiendo vuestros juegos lingüísticos y sofismas.
  6. Manuel .—Dame el cinto de cuero.
  7. Beatriz .—Está roto, toma el de seda; así lo ordenó tu ayo. Ahora, ¿qué? ¿quieres los muslos 9 y las medias, puesto que hace calor?
  8. Manuel .—De ninguna forma; dame las calzas. Por favor, átamelas.
  9. Beatriz .—¿Qué? ¿Tienes brazos de heno o de manteca?
  10. Manuel .—No, pero sí cosidos con un hilo fino. ¡Huy! ¡Qué ajustadores me has dado, sin agujeta y rotos!
  11. Beatriz .—Acuérdate que ayer perdiste los nuevos a los dados. [Pg. 4] 18. Manuel .—¿Cómo lo sabes?
  12. Beatriz .—Por el resquicio de la puerta te veía yo jugar con Guzmanillo.
  13. Manuel .—Por favor, que no se entere el ayo.
  14. Beatriz .—Antes bien se lo diré yo, en cuanto me llames fea, como acostumbras.
  15. Manuel .—¿Y si te llamo ladrona?
  16. Beatriz .—Lo que quieras, con tal de que no me llames fea.
  17. Manuel .—Dame los zapatos.
  18. Beatriz .—¿Cuáles? ¿Los de correas largas o los de cortas?
  19. Manuel .—Los cerrados, por causa del barro.
  20. Beatriz .—Por causa del barro seco, que con otro nombre se llama polvo. Pero haces bien, pues en los abiertos el cordón está roto y la hebilla se ha perdido.
  21. Manuel .—Pónmelos, por favor.
  22. Beatriz .—Hazlo tú mismo.
  23. Manuel .—No puedo doblarme.
  24. Beatriz .—Ciertamente con facilidad te doblarías, pero por tu pereza te resulta difícil: ¿te has tragado una espada, como el prestidigitador aquel de hace cuatro días? ¿Estás ya tan delicado? ¿Qué harás de viejo?
  25. Manuel .—Átalos con doble lazada floja, que es más elegante.
  26. Beatriz .—De ninguna manera: se soltaría la lazada enseguida y se caerían los zapatos de los pies; es mejor o bien con doble lazada fuerte, o bien con una fuerte y otra floja. Toma la camisa y el cinto de tela.
  27. Manuel .—Precisamente ése de ninguna manera, sino el de cuero para la caza.
  28. Beatriz .—Tu madre lo prohíbe. ¿Quieres hacer todo según tu parecer? Además ayer rompiste tú la agujeta de la hebilla.
  29. Manuel .—No podía soltar la hebilla de otra forma. Dame, pues, aquél rojo de lino.
  30. Beatriz .—Toma, cíñetelo a la francesa; péinate primero con las púas ralas, luego con las espesas; ajústate el sombrero a la cabeza, no te lo eches al cogote como acostumbras, ni a la frente o a los ojos.
  31. Manuel .—Salgamos ya de una vez.
  32. Beatriz .—¿Qué? ¿Sin lavaros las manos y la cara? [Pg. 5] 40. Manuel .—Con esa preocupación tuya tan molesta hubieses matado ya un toro, cuánto más a un hombre. Da la impresión de que no vistes a un niño, sino a una novia.
  33. Beatriz .—Eusebio, trae la palangana con el jarro; echa desde bastante alto; antes de derramarla suéltala poco a poco quitando el tapón; limpia esa suciedad de los nudillos de los dedos; enjuágate la boca y haz gargarismos; frótate bien las cejas y los párpados,

para darle: verás qué juegos más bonitos. ¿No tienes hambre? ¿No has comido nada hoy? Sin duda hay más inteligencia en este perro que en aquel arriero gordo.

  1. Padre .—Mi pequeño Tulio 10 , quisiera hablar un poquitín contigo.

  2. Niño .—¿Sobre qué, padre? Pues no me puede ocurrir nada más agradable que oírte.

  3. Padre .—Tu Ruscio, ¿es animal u hombre?

  4. Niño .—Creo que animal.

  5. Padre .—¿Qué tienes tú para ser hombre y no él? Tú comes, bebes, duermes, paseas, corres, juegas: todo esto lo hace él.

  6. Niño .—Pero yo soy hombre. [Pg. 7] 19. Padre .—¿Cómo lo sabes? ¿Qué tienes tú ahora más que el perro? Pero hay esta diferencia 11 , que él no puede llegar a ser hombre y tú puedes, si quieres.

  7. Niño .—Te lo suplico, padre, haz eso cuanto antes.

  8. Padre .—Se hará, si vas a donde van animales y vuelven hombres.

  9. Niño .—Iré, padre, con muchísimo gusto; pero, ¿dónde está?

  10. Padre .—En la escuela.

  11. Niño .—Por mi parte no hay ninguna tardanza para un asunto tan importante.

  12. Padre .—Ni por la mía. Isabelita, ¿has oído? Ponle el desayuno en una cestita.

  13. Isabelita .—¿Qué pongo?

  14. Padre .—Un trozo de pan untado con mantequilla 12 , acompañado de higos secos o uvas pasas, pero de las secadas al sol, pues ésas otras pegajosas manchan los dedos y la ropa de los niños, a no ser que prefiera algunas cerezas o ciruelas amarillas y alargadas. Mete el asa en la cesta para que no se caiga.

  15. Al poner este nombre al hijo, Vives pensaría en el del gran orador romano Marco Tulio Cicerón.

  16. La idea tan elevada que Vives tenía de la educación le lleva a servirse con frecuencia de esta comparación, que resulta claramente exagerada.

  17. Este puede ser el desayuno normal de los niños en aquella época; nótese la presencia por las frutas desecadas, que muy bien podrían llegar a los Países Bajos de las tierras levantinas; unos años antes el viajero alemán J. Münzer alude a la exportación a Europa y da detalles sobre su preparación: "Así mismo, en un valle cercano al mar y habitado por los sarracenos se producen pasas en tal cantidad, que todos los años llegan a 10 ó 15 mil centenarios que son enviados a toda Europa. Las elaboran del siguiente modo: en agosto, cuando los racimos de uvas están maduros, preparan los sarracenos una lejía con cenizas de sarmientos y de otras clases de leña delgada, y durante 8 días la dejan reposar en una vasija. Al cabo de esos días hierven la lejía en una enorme caldera, y con un gran cazo de hierro con agujeros impregnan los racimos en el liquido hirviendo. Toda la parte podrida de las uvas se consume con la lejía y no colgará de los racimos. Al sacarlos, los secan al sol sobre unas matracas de junco durante 8 ó 10 días, y por fin los meten en canastos o corbos hechos de esparto y los ponen a la venta. La uva pasa se elabora también en otros muchos lugares entre Valencia y Alicante, pero las descritas son las que se llevan la palma."

[Pg. 8] DIÁLOGO TERCERO

La presentación en la escuela

Padre, niño, vecino, Filópono 13 (maestro)

  1. Padre .—Santíguate.
  2. Niño .—Jesucristo sapientísimo, guíanos a los ignorantes, Jesucristo fortísimo, guíanos a los débiles. Por favor, vecino, tú que eres un hombre ilustrado, dime quién es el que mejor enseña a los niños en esta escuela.
  3. Vecino .—El más docto, en verdad, es Varrón 14 , pero el más diligente, el más honrado y de no poca erudición es Filópono. Varrón tiene una escuela muy frecuentada,

y en casa un grupo numeroso de compañeros. Parece que a Filópono no le gustan las muchedumbres, se contenta con pocos.

  1. Padre .—Prefiero a éste. Miradlo pasear en el atrio de la escuela. Hijo, este es el lugar de formación, como un taller de hombres, y éste es el artífice de la formación. Cristo esté contigo, maestro. Descúbrete, niño, y dobla la rodilla derecha, como se te ha enseñado: ahora mantente recto. 15

  2. Filópono .—Que tu llegada sea dichosa para todos nosotros; ¿en qué puedo serviros?

  3. Padre .—Te traigo a este hijito mío, para que lo transformes de animal en hombre.

  4. Filópono .—Pondré en ello todo mi esfuerzo. Se hará: de animal se convertirá en hombre, de malo en honrado y bueno; esto, de verdad, no lo dudes.

  5. Padre .—¿Por cuánto enseñas?

  6. Filópono .—Si el niño aprovecha bien, barato; si aprovecha poco, caro.

  7. Padre .—Tu respuesta es aguda y sabia, como todo. Repartamos, pues, entre los dos esta tarea: tú enséñale con empeño, y yo compensaré con generosidad tu trabajo.

  8. El nombre Filópono, de acuerdo con su etimología griega, significa ‘amante del esfuerzo’.

  9. Como es normal en los Diálogos Vives mezcla situaciones y personajes de la antigüedad con los de su tiempo; aquí hace alusión a Marco Terencio Varrón (116-27 a. C.), el más grande erudito de Roma, que escribió una importante obra gramatical: De lingua latina.

  10. Esta preferencia del padre por Filópono responde, sin duda, a lo que Vives buscaba en la educación: no sólo la formación intelectual del niño, sino también la de los valores morales. Por otra parte, es bien posible que el propio autor se refleje en la forma de ser de Filópono como maestro: diligente, honrado, erudito y poco amante de la enseñanza masiva; en efecto, Vives prefería la educación individual, tal como él la practicó en determinadas ocasiones.

[N. del Ed.]: En el original impreso utilizado para esta edición no aparece la llamada a la nota n.º 15, con el fin de no perder su contenido en el pie de página, hemos creído conveniente introducir en el texto la llamada a dicha nota.

[Pg. 9] DIÁLOGO CUARTO

Al ir a la escuela

Cirrato 16 , Pretextato, vieja, Teresita, Titivilicio, verdulera.

  1. Cirrato.—¿Te parece que es hora de ir a la escuela?
  2. Pretextato.—Exactamente, es el momento de ir.
  3. Cirrato.—No sé bien el camino; creo que está en aquella calle próxima.
  4. Pretextato.—¿Cuántas veces has ido allí?
  5. Cirrato.—Tres o cuatro.
  6. Pretextato.—¿Cuándo empezaste a ir allí?
  7. Cirrato.—Hace tres o cuatro días, creo.
  8. Pretextato.—Pues, ¿qué? ¿No es eso suficiente para conocer el camino?
  9. Cirrato.—No, aunque vaya cien veces.
  10. Pretextato.—Yo, en cambio, incluso con una sola vez ya no me equivocaría jamás. Pero tú vas a la fuerza y caminas entre bromas, y no te fijas ni en el camino ni en las casas o en otras señales que después te avisen por dónde hay que doblar, qué calle hay que seguir. Yo observo todo esto con cuidado porque voy a gusto.
  11. Cirrato.—Este niño vive cerca de la escuela. ¡Eh!, Titivilicio, ¿por dónde se va a tu casa?
  1. Teresita.—¿Qué desgracia de Filópono? ¿Qué hombre es ese Filópono? Como si yo lo supiera. ¿Hablas de aquel que remienda los zapatos junto a la Taberna Verde 21 , o del pregonero de la calle del Gigante 22 , que cría caballos de alquiler?
  2. Vieja.—Lo sé bien: nunca sabes lo que es necesario, sino lo que no sirve para nada. ¡Qué inútil!: Filópono es el famoso maestro de edad, alto, miope, enfrente de la casa que habitamos antes.
  3. Teresita.—¡Ah! Ya me acuerdo.
  4. Vieja.—A la vuelta pasa por el mercado y compra legumbres para la ensalada, rábanos y cerezas: toma la cesta.
  5. Cirrato.—Llévanos también por el mercado de frutas.
  6. Teresita.—Por aquí iréis antes.
  7. Cirrato.—No queremos ir por ahí.
  8. Teresita.—¿Por qué?
  9. Cirrato.—Porque me mordió allí el perro de la casa del panadero; además queremos acompañarte al mercado.
  10. Teresita.—Al volver pasaré por el mercado, pues estamos lejos todavía, y compraré lo que se me ha mandado después de dejaros en la escuela.
  11. Cirrato.—Nosotros deseamos ver por cuánto compras las cerezas.
  12. Teresita.—Las compramos a seis dineros 23 la libra: pero, ¿qué te importa a ti?
  13. Cirrato.—Porque mi hermana me mandó averiguarlo esta mañana: y hay allí una vieja verdulera a la que, si le compras, sé que te venderá más barato que las otras y nos dará a nosotros o bien algunas cerezas o bien un tronco de lechuga, pues su hija sirvió antes a mi madre y a mi hermana.
  14. Teresita.—Temo que este rodeo en el camino os cueste algunos azotes.
  15. Cirrato.—En absoluto, pues llegaremos bien a tiempo.
  16. Teresita.—Vamos: me pasearé un poco, desdichada de mí que me consumo sentada en casa los días enteros.
  17. Pretextato.—¿Qué haces? ¿Solamente estás sentada sin hacer nada? [Pg. 12] 61. Teresita.—¿Sin hacer nada? De ninguna manera; hilo, hago madejas y ovillos, tejo. ¿Crees que mi vieja me consentiría estar ociosa? Maldice los días de fiesta, en los que hay que descansar.
  18. Pretextato.—¿Acaso no son sagrados los días de fiesta? ¿Cómo, pues, maldice una cosa sagrada? ¿Quiere ella precisamente abominar lo que está establecido como sagrado?
  19. Teresita.—¿Piensas que he aprendido geometría para poder explicaros estas cosas?
  20. Cirrato.—¿Qué es geometría?
  21. Teresita.—Yo no lo sé. Nosotros teníamos una vecina que se llamaba Geometría: o bien estaba ella siempre en la iglesia con los sacerdotes, o bien los sacerdotes estaban en su casa; por tanto era, según se decía, sapientísima. Pero hemos llegado al mercado de frutas: ¿dónde está, por fin, vuestra vieja?
  22. Cirrato.—Eso estaba mirando yo. Pero cómprale a ésta con la condición de darnos a nosotros algo como propina. ¡Hola!, tía, esta muchacha te comprará cerezas si nos das algunas a nosotros.
  23. Verdulera.—A mí no me dan nada; todo se vende.
  24. Cirrato.—¿No te dan tampoco esas suciedades que llevas en las manos y en el cuello?
  25. Verdulera.—Si no te vas lejos de aquí, desvergonzadillo, tus mejillas sufrirán estas suciedades.
  26. Cirrato.—¿Cómo van a sufrirlas mis mejillas, si las tienes tú en tus manos?
  27. Verdulera.—Devuelve las cerezas, ladronzuelo.
  1. Cirrato.—Voy a probar una, pues quiero comprarlas.

  2. Verdulera.—Cómpralas, pues.

  3. Cirrato.—Si me gustan, ¿por cuánto?

  4. Verdulera.—Por un dinero la libra.

  5. Cirrato.—¡Ah! están ácidas. Vieja envenenadora, vendes aquí a la gente cerezas 24 que estrangulan.

  6. Teresita.—Salgamos de aquí hacia la escuela, pues con vuestras argucias me enredaríais, y me detendríais mucho tiempo. Creo que mi vieja está ya furiosa en casa por mi tardanza. Esta es la puerta. Llamad.

  7. Cirrato significa ‘el que tiene el pelo rizado’; Pretextato, sobrenombre de algunas familias romanas, deriva de praetexta, la toga blanca con franja de púrpura que llevaban los jóvenes romanos hasta los 16 años; Titivilicio deriva de Titivilitium, que aparece en Plauto con el significado de ‘nadería’, ‘cosa sin importancia’.

  8. Cruilles, I, pp. 330-331 recoge el testimonio de Vives para demostrar la existencia de una iglesia dedicada a Santa Ana. Además recoge un acuerdo del año 1494 entre la ciudad y el cabildo eclesiástico para declarar festivo el día de la Santa. En tercer lugar aporta Cruilles una referencia de 25 de julio de 1530, según la cual se dispone hacer una estación en la iglesia de Santa Ana durante unas rogativas. Por su parte, Esclapés, p. 87, refiere así el origen de la iglesia: " Había en la Parroquia de San Lorenzo Mártir una casa, donde habitaban las Beatas de la Tercera Orden de Nuestra Señora del Carmen, las cuales en el año de 1514 compraron una casa á Juan Esteve, Mercader, que la tenía contigua à su recogimiento, por precio de 60 lib. cuyo auto recibió Juan Arbeca en el día 7 de Noviembre de dicho año 1514 de cuya casa determinaron y labraron una pequeña iglesia, como es de ver y consta por las memorias que guardan en su archivo en un libro de aquel tiempo, en donde se hallan varias notas pertenecientes à lo dicho."

  9. Aunque se trata de la Dedicación de un templo cristiano, Vives emplea el término no encaenia utilizado en Roma para esa misma fiesta, que a su vez es adaptación de la palabra griega egkainia.

  10. Boix, II, pp. 241-242, ofrece los siguientes datos sobre la localización de esta plaza: "VILLARRASA (Plaza de). Tal es el nombre celebrado de una plaza situada entre la antigua casa de Cardona, hoy fonda de la Villa de Madrid, la de los Castellvins la del Conde de la Alcudia. Así la mencionan todos nuestros historiadores y un bando de 1538, y ha conservado el nombre de esta distinguida familia. Junto á esta plaza se levanta el palacio del Excmo. señor marqués de Dos-Aguas, que se halla en el día en estado de reforma, conservando su célebre fachada de mármol, trabajada por D. Ignacio Vergara, con arreglo al plan de D. Hipólito Rovira. Aún se conserva lámina que representa esta obra suntuosa."

  11. La identificación de esta plaza la ofrece Boix, II, pp. 170-171: "Senyor de Bétera (Calle del). Ha habido en Valencia una plazuela, que se denominaba del Senyor de Bétera, según lo expresa Luis Vives, una deliberación del Consejo general de la ciudad de 26 de Abril de 1692 y otra de 30 de Mayo de 1589, y una escritura ante Crespí Perez, escribano del cabildo eclesiástico, en 26 de Abril de 1624. Esta plazuela estaba situada detrás de la casa que se conoce actualmente con el nombre de la casa vieja de Dosaguas, esquina a la calle de Libreros, y que ahora ocupa un huerto de la misma casa y una galería, que sube desde la calle de la Nave, entrando por la de Libreros. En esta plazuela vivió un impresor que se llamaba Pincelani, mencionado en una deliberación del Consejo general de 18 de Agosto de 1640, mandándole derribar una longeta ó galería que afeaba la plazuela. En deliberación de 26 de Abril de 1692 concedió la ciudad al señor de Bétera veintiocho palmos de terreno, para obrar y cerrar la plazuela con la facultad de colocar una reja, por donde se pudiera ver el jardín que trataba de montar, de modo que la plazuela dejó de existir en el expresado año 1692. En el patio de la casa vieja de Dosaguas estaban algún tiempo pintados los escudos de armas de todos los caballeros que vinieron a la conquista de Valencia, al menos de los que formaron las primeras cortes valencianas." 20bis. Sobre la identificación del maestro de Vives afirma M. Puigdollers, p. 61, nota 1: "Las escuelas que había en Valencia en los días del nacimiento de Vives eran tres: las escuelas de Valldigna, las de la Avallada y las de «Mestre Tristany", situadas estas últimas en la actual calle de las Comedias. Por la descripción que Vives hace del itinerario para llegar a la escuela de Philopono, nos inclinamos a creer fuera ésta la de «Mestre Tristany»". Por su parte, González y González, p. 102, ofrece algunos interesantes datos sobre el maestro Tristany: "Hoy sabemos que éste, luego de andar en los papeles del Santo Oficio por lo menos en 1489, 1491, 1495, 1499 y 1501, fue ejecutado en 1509. Nada impidió que el niño Joan Lluís, vástago de una familia que estaba en la mira de la Inquisición, hubiera sido llevado a