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Articulo sobre la comunicacion no verbal
Tipo: Resúmenes
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Alfredo Miguel Aguado E. U. de Educación de Palencia Universidad de Valladolid Lourdes Nevares Heredia Licenciada en Psicopedagogía
Dentro del lenguaje coloquial y, por tanto, con un significado aceptado entre la población, se entiende que comunicarse con otra persona es enta- blar una conversación, decirle o trasmitirle algo. En términos más forma- les, o si se quiere más técnicos, el Diccionario de la Lengua Española entiende por 'Comunicación': «La acción y efecto de comunicar o comu- nicarse». Y ello a su vez significa (^) «Hacer a otro partícipe de lo que uno tiene // Descubrir, manifestar o hacer saber a alguien alguna cosa // Con- versan tratar con alguien de palabra o por escrito // Trasmitir señales mediante un código común entre el emisor y el receptor».
Parece, por tanto, que la comunicación es aquello que nos permite rela- cionarnos con los demás. Para ello es necesario un código en el cual nos podamos entender. Es cierto que el código más común, el más habitual, es el lenguaje hablado (en nuestro caso, la Lengua Española) y el escrito. Sin embargo, no está claro que sea siempre el más efectivo. A este respecto, recogemos la siguiente aportación de Robbins, «...algunos estudios han demostrado que la palabra solo trasmite un 7%, aproximadamente, de la información que se comunica. Un 38 % se trasmite por el tono de voz. El 55% de la comunicación, y con mucho la mayor parte de ella, deriva de la fisiología o lenguaje corporal.» (Editorial Escuela Española, 1993: 573).
En todo proceso de comunicación intervienen unos elementos que podemos resumir en torno a cinco puntos:
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— El emisor cuenta con un mecanismo de feedback o retroalimenta- ción que le suministra respuestas sobre si se ha captado o no lo que quería decir. Esto le sirve para comprobar la eficacia del mensaje y, a la vez, para reconducir sus nuevos mensajes. — Los canales verbal y no verbal no son independientes uno de otro, sino, más bien, se complementan y son utilizados a un tiempo. — Es necesario tener en cuenta las posibles distorsiones existentes en todo el proceso; de este modo podemos analizar:
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diferentes en distintos lugares y tiempos (la estructura feudal en Europa o en Japón). La interrelación con el lenguaje se demuestra en la variedad de dialectos de las clases sociales, el tono de voz del jefe, ...
humano abarca desde la nutrición a la economía de un país. Las formas de subsistencia especializadas consisten en la división de tareas, llegándose a crear en torno a ellas un auténtico vocabulario y forma de interaccionar.
de individuos capaces de adaptarse al ambiente. Las diferencias entre sexos son importantísimas, pero no todas ellas son biológicas. Esto se comprueba al observar cómo en unas culturas es considerado como afemi- nado lo que en otras no lo es. «El habla y el sexo están vinculados de manera evidente. Si el lector lo duda, empiece a hablar como un miembro del sexo opuesto durante un rato y observe cuánto tiempo deja la gente que continúe» (Hall, 1989: 57).
sa de un determinado espacio. Si estamos lejos nos obliga a levantar la voz; si cerca, a susurrar; existen espacios donde poder hablar, leer, jugar, etc. Parece clara su relación con el resto de los SMP.
la menstruación, se ordena por edades en los colegios, las horas de las comidas...
cual somos capaces de sobrevivir. Qué duda cabe que en el momento en que dicho mecanismo pudo extenderse en el tiempo y en el espacio, gra- cias al lenguaje, supuso un gran avance; aunque no podemos olvidar el aprendizaje por imitación, sin que medien palabras.
lugares y momentos donde jugar y que, por supuesto, han ido modificán- dose con el tiempo y el lugar donde se desarrollaban, de tal modo que no comprendemos bien el humor inglés o el sutil de los orientales.
forma de vida. Las formas de defensa que ha elaborado el ser humano son infinitas tanto en número como en variedad.
adaptan sus cuerpos en consecuencia ( el cuello largo de la jirafa, el dedo pulgar en el hombre). El hombre ha ido construyendo materiales que le simplificaban la tarea o se la facilitaban.
Todos los SMP se encuentran altamente entrelazados y, sin duda, como ya hemos venido entresacando, la capacidad de comunicarnos, de relacio- narnos con los demás, es un factor importante en el proceso cultural, hasta el punto de poder afirmar que la cultura es comunicación.
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2.1. Los TRES NIVELES DE LA CULTURA
Influido por el estudio de uno de los SMP, concretamente el Tiempo, los profesores Hall y Trager llegan a la conclusión de que la cultura se establece en tres niveles, uno de ellos es el formal, otro el informal y otro el técnico. Pero ¿Qué se entiende por cada uno de estos términos?
común a todas las gentes. Por tanto es algo que se aprende por preceptos, por errores, pero sin que exista un razonamiento que lo defina (la hora del té es a las 5).
modelo que se imita, se aprende por imitación. Se reproduce mediante automatismos y muchas veces no se es muy consciente de ello (un ejemplo claro es el sexo, los aprendizajes en este tema son típicamente informales). Al intentar hacer consciente un automatismo vemos dificultada la tarea, pensemos por ejemplo en el andar o conducir un coche y observemos qué ocurre si quiero hacer conscientes todos y cada uno de mis movimientos.
o demostrar de alguna manera. Es una vía de camino único, es lógico y coherente. La forma de aprenderlo es mediante el razonamiento, la lógica. Los aprendizajes técnicos los podemos ver claramente en las relaciones profesor-alumno.
La vida entera se compone de aspectos donde son así porque sí, por tradición; otros, en cambio, son automatismos que imitamos y que no sabemos muy bien de dónde proceden; y, por último, existen aquellos otros que son lógicos y evidentes.
Sin embargo, esto no es algo inmutable, las cosas van cambiando y lo técnico con el tiempo pasa a hacerse formal; de puro lógico pasa a tomarse como un precepto. Lo formal, a su vez, llega a ser tan cotidiano que se obvia enseñarlo y poco a poco pasa a ser algo que se encuentra en el com- portamiento de las personas, pasando a ser algo aprendido por imitación y, por tanto, informal. Por último, aquello que era informal pasa a ser objeto de estudio de algún investigador y se convierte en un conocimiento técni- co. Es un circulo vicioso que va a determinar diferentes culturas.
Una vez estudiados los elementos de la cultura y los niveles de que se compone, el siguiente paso es seguir analizando hasta llegar a su mínimo exponente; de este modo, se llega a diferenciar cada componente cultural como un 'aislado', y la agrupación de aislados como conjuntos. Además, se establecen también las formas que tienen de presentarse esos conjuntos y a eso se le denomina 'pauta'. Una pauta es el plan organizativo que le da
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individuales, tratando de crear un lenguaje corporal rico y creativo pero dentro del mismo individuo.
Veamos las siguientes citas: «...comunicamos constantemente nuestros sentimientos reales por medio del lenguaje del comportamiento» (Hal1,1989: 9).
«Representamos nuestro estado de ánimo con el lenguaje corporal, no verbal» (Fast,1984: 15)
«...su campo de acción (el verbal con respecto al no verbal) es diferente. Para expresar algo que puede hacerse mediante palabras, no hay nada mejor que utilizarlas. Pero existen zonas del pensamiento y de la emoción solo tras- misibles por intermedio del lenguaje no verbal» (Schinca, 1988: 12).
Utilizamos principalmente el lenguaje no verbal para expresar sentimien- tos, emociones, estados de ánimo. En efecto, nuestro vocabulario expresa ideas, contenidos, pero es la forma de decirlo, nuestros gestos, nuestro cuer- po en conjunto el que enfatiza o niega lo expresado. Pasándonos al extremo opuesto, podemos observar cómo la falta de gestos o expresiones se asocia con alguien sin emociones, sin sentimientos. En la interpretación de James Bond, personaje que encarna a un hombre duro, sin emociones, se procura que su cara apenas se mueva, que no gesticule ni haga movimientos super- fluos. La falta de expresividad se interpreta como falta de emociones.
Si aceptamos que dentro del proceso de la comunicación, el lenguaje no verbal trata, principalmente, la trasmisión de emociones, la pregunta siguiente es: ¿lo hacemos de forma consciente o inconscientemente? No son pocos los momentos en que, de forma consciente, enviamos mensajes con nuestro cuerpo a través de signos consensuados culturalmen- te; cuando afirmamos o negamos algo con la cabeza; al apuntar con nues- tro dedo índice, etc. Pero, a nada que nos detengamos a pensar, encontra- mos infinidad de ejemplos sencillos donde emitimos mensajes de forma no consciente. Cuando estamos nerviosos nos movemos inquietos; al encontrarnos con algo que nos causa sorpresa abrimos los ojos y levanta- mos las cejas; al sentir vergüenza o timidez nos ponemos colorados; y un sin fin de ejemplos que no dejan lugar a dudas. Sin querer, de forma inconsciente, decimos algo sobre nosotros mismos con nuestros gestos, movimientos y posturas. Es, precisamente, esta forma incontrolada, no consciente, la que confie- re tanta importancia al lenguaje corporal y la que propicia su estudio como algo interesante. En términos de cultura, podemos afirmar que se trata de un nivel informal, algo que se aprende por imitación y que no. sabemos bien cómo ni cuándo lo hemos aprendido. En el momento en que intenta- mos desglosar sus elementos y conocer sus causas y por qué, estamos avanzando hacia un cambio de nivel, del informal al técnico.
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Afirmar que se hace inconscientemente no es quitarle importancia. A veces el conocimiento inconsciente es más eficaz que el consciente y no tenemos por qué traerlo a nivel de conciencia (automatismos como el escribir a máquina).
Diversas investigaciones interculturales han tratado de ahondar sobre si los gestos, posturas y movimientos, así como comportamientos y creencias que poseemos, pertenecen a lo cultural, a lo creado por el ser humano, o por el contrario, es posible que exista algo genético y biológico. La mayo- ría de nuestros comportamientos son aprendidos, un ejemplo claro es el citado con anterioridad sobre el movimiento de cabeza de arriba-abajo, cuyo significado varía dependiendo de las culturas. Sin embargo, ¿se puede afirmar que todo el lenguaje corporal es aprendido? o ¿existen ges- tos genéticos que permitan detectar una forma heredada de comunicación?
Ekman, Friesen y Sorensen (en Fast,1984: 21) realizaron investigacio- nes en culturas tan dispares como Estados unidos, Borneo, Japón, Brasil y Nueva Guinea y llegaron a afirmar que existen gestos universales. Se apo- yan en que existen «...innatos programas subcorticales que vinculan cier- tos elementos evocativos o expresiones faciales universalmente percepti- bles correspondientes a cada una de las emociones primarias: alegría, interés, sorpresa, miedo, enojo, angustia, desagrado, desprecio y vergüen- za.» (Fast,1984: 22). Según esta teoría el cerebro del ser humano está pro- gramado para adoptar determinados gestos ante emociones concretas. Así levantamos las extremidades de la boca cuando nos sentimos felices, levantamos las cejas ante una sorpresa, etc. Parece ser que pueden existir unas normas básicas heredadas y que el resto son culturales, variables en el espacio y en el tiempo y, de alguna forma, aprendidas por el individuo en sus primeros arios o en etapas avan- zadas de la vida. Esta forma de aprendizaje va a depender del nivel cultu- ral donde nos movamos y de esta forma podrá ser enseriado por preceptos, utilizando la lógica o mediante imitación. «Nuestro lenguaje no verbal, por tanto, es en parte instintivo, en parte enseriado y en parte imitativo» (Fast,1984: 23)
Hemos destacado ya la importancia de los fenómenos inconscientes y del sistema cultural en que nos encontramos para abordar la comunicación no verbal. Tanto uno como otro nos llevan a destacar, de una forma u otra, a la persona en particular. Determinados comportamientos son semejantes en un gran núcleo de población, por ejemplo un país; sin embargo, dentro de ese mismo país exis-
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Un punto importante dentro de la kinesia es cómo respondemos ante la invasión de nuestro espacio. Para poder entenderlo, fijémonos en algunos ejemplos:
Estos y otros ejemplos, denotan que existe un tratamiento, conscien- te o inconsciente, del espacio. El profesor Hall acuñó el término de Troxémica' para el estudio del espacio, y llegó a dividirlo, en relación al individuo, como si fueran burbujas que lo envuelven y lo protegen de determinadas situaciones, pero a la vez donde se permiten otras tantas actuaciones.
Distinguió entre espacio íntimo, personal, social y público, estable- ciendo dentro de cada uno de ellos dos fases, una cercana y otra lejana. Los límites entre una distancia y otra dependen de la cultura y del trata- miento que al espacio se le dé dentro de ésta y también del aspecto indi- vidual, pero básicamente el autor nos aporta algunas medidas (Hall, 1993: 143-159). En la distancia íntima la presencia de otra persona es inconfundible y la relación con el otro cuerpo es total en cuanto a los sentidos se refiere (vista, olfato, tacto,...). La fase cercana está relacionada con la vida sexual o con amistades muy íntimas como madres e hijos y buenos amigos donde se da la protección o el confortamiento; es también la distancia de la lucha (de 0 a 15 cm.). La fase lejana, con una distancia entre 15 y 45 cm. permi- te darnos las manos, tocarnos en caso de necesidad, es una distancia que tan sólo aceptamos con las personas cercanas a nosotros.
La distancia personal es aquella en que nos desenvolvemos normal- mente con otras personas, nos permite separarnos de los demás; la fase cercana (45-75 cm) está referida a reuniones informales, cócteles, etc. La fase lejana (75-120 cm.) es el límite de la dominancia física, pero todavía es cercana como para mantener una conversación.
La distancia social es la distancia donde nos relacionamos de una forma más impersonal; deja de haber dominancia aunque permite una cier- ta relación. La fase cercana (de 120 a 200 cm.) sería aquella donde elabo- ramos algún tipo de canje o cambio. La fase lejana (2-3.5 m.) corresponde a negocios más importantes. El jefe importante tendrá un despacho amplio para poder abordar cada negocio con la distancia oportuna.
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La distancia pública es aquella donde actuamos ante un público, esta- mos fuera del campo de la relación o la participación; la fase cercana (3, a 7,5 m.) se refiere a una charla, una conferencia, etc. Un sujeto puede obrar evasiva o defensivamente si se ve amenazado; la fase lejana (en torno a los 9 m.) está en relación con una distancia de seguridad, la de los políticos, los cantantes, «es la distancia que se deja automáticamente en torno a los personajes públicos» (Fast, 1984: 153).
El tratamiento que del tiempo hacemos es otro de los factores determi- nantes de la comunicación no verbal.
La premura o retardo que damos a los acontecimientos y los momentos elegidos para actuar están mandando una información que, muchas veces, es más exacta que las propias palabras.
Hacer una pausa antes de decir algo importante confiere a la frase un estado de emoción reprimida; decirlo todo deprisa y corriendo indica ner- viosismo; en un aula, decir los mensajes que pueden alterar al final de la clase, indica cierta experiencia; llamar por teléfono a altas horas de la madrugada da información sobre la importancia de la llamada; invitar a una boda el último día parece síntoma de indecisión; posar la mirada sobre alguien un tiempo más de lo debido puede ser considerado como una agre- sión y enfrentamiento; abatirse lentamente desde la mirada al resto del cuerpo es síntoma de desaliento; y un largo etcétera que no deja lugar a dudas sobre el uso del tiempo y su significado.
Deteminadas culturas asumen el tiempo como algo tangible y contable, pero existen otras donde el tiempo no pasa, o por lo menos no lo hace tan rápidamente como en la nuestra; poblaciones donde los acontecimientos de hace siglos son vividos como de actualidad, llegando incluso a matar por la pelea que tuvieron sus ascendientes varios siglos atrás.
Las posturas adoptadas en determinados momentos y las modificacio- nes de la misma, es decir el movimiento, pueden ser serial de depresión, nerviosismo, excitación, enojo o incluso una llamada de socorro. Pero al mismo tiempo, nos advierte el Dr. Birdwhistell, «Ninguna posición o movimiento del cuerpo por sí mismo tiene una significación precisa» (en Fast, 1984:112). Lo cual nos hace recordar que es el conjunto de los movi- mientos corporales, así como el contexto y la propia persona, lo que aporta el verdadero significado.
Las posturas adoptadas dentro de un grupo las podemos considerar dentro de tres facetas:
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«...la sonrisa es no sólo una manifestación de humor o de placer, sino también una justificación, una defensa y hasta una excusa.» (Fast, 1984: 62)
Sin embargo, a veces las máscaras desaparecen y entonces nos mostra- mos tal cual nos sentimos. Estas máscaras pueden caer porque encontramos un medio en el cual refugiarnos y padecer anonimato. Cuando actuamos en masa, cuando nos refugiamos en el interior de un coche, cuando tratamos con objetos o animales o tratamos a personas a las que consideramos de una escala muy inferior, no nos importa actuar de acuerdo con lo que senti- mos y muchas veces nos sirve como auténtica válvula de escape. En reali- dad lo que se ha hecho ha sido cambiar de máscara y utilizar otra como la obscuridad o el anonimato.
El enmascaramiento no impide las reacciones involuntarias, ni aquellas situaciones donde la tensión es tan grande que nos vemos forzados a esca- par. Ante situaciones difíciles temblamos, una situación de timidez nos produce sofoco, traspiramos ante una tensión acumulada.
Las defensas que levantamos a nuestro alrededor no son más que meca- nismos de defensa ante determinadas situaciones. Por tanto reportan unos beneficios que hacen difícil el desprenderse de ellas.
Ser conscientes de la existencia de estas máscaras es un paso más en la comprensión de la comunicación no verbal.
Abordar la comunicación no verbal es tratar de entender aquello que no dicen las palabras pero que es tan cierto o más que lo que éstas significan, precisamente por estar menos manipulado conscientemente.
La construcción de este nuevo alfabeto, con el que poder entender el lenguaje corporal, no es algo fácil y requiere tener en cuenta una serie de premisas.
— Cada movimiento o posición del cuerpo tiene una función, ya sea ésta adaptativa, expresiva o defensiva. Y puede que sea efectuada de forma consciente o de forma inconsciente.
— No es un alfabeto rígido, donde cada elemento se relacione de forma única con un único concepto. Las posturas y movimientos pueden reflejar emociones o sentimientos dispares.
— Debemos comprender que los movimientos pueden ser genéticos, culturales o individuales y en su lectura debemos considerar:
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— Debemos entender que nos sirve para comprender las emociones y estados de ánimo trasmitidos. Complementan y apoyan la comunicación verbal; a veces, los factores inconscientes hacen que existan contradicción entre ambos canales.
Después del enfoque relativista que hemos ofrecido, puede parecer muy arriesgado aventurar datos concretos sobre determinadas posturas y movimientos. La relatividad aludida expresa la dificultad en abordarla, pero no su imposibilidad. La existencia de profesionales al respecto avalan este criterio y no tenemos más que posar los ojos en políticos, actores, cantantes, educadores, empresarios,.., para comprender que la efectividad de la comunicación no verbal es algo tangible, y real en nuestra cultura.
Esta efectividad hace que existan profesionales que aborden el tema y aporten datos que, si bien no son concluyentes, sí pueden ser muy signifi- cativos. En este sentido, podemos citar el libro de Thiel (1991), donde se estudia una serie de ejemplos gráficos de nuestra cultura occidental.
BIBLIOGRAFÍA
Berge, Y. (1985): Vivir tu cuerpo,^ Narcea. S.A., Madrid. Equipo Editorial Escuela Española (1993): Temario de oposiciones de psicología y peda- gogía. La acción psicopedagógica en la enseñanza secundaria, Escuela Española, S.A., Madrid. Fast, J. (1984): El lenguaje del cuerpo,^ Kairos, Barcelona. Hall, E. (1989): El lenguaje silencioso, Editorial Alianza, Madrid. Hall, E. (1993): La dimensión oculta, Siglo veintiuno editores, Madrid. Redacción de Integral (1995): «El lenguaje corporal»,^ en Integral, enero de 1995, pp. 60-65. Schinca, M. (1988): Expresión Corporal, Escuela española S. A., Madrid. Thiel, E. (1991): El lenguaje corporal revela más que las palabras, Ediciones Elfos, Bar- celona.