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La relación terapéutica desde la Terapia de Esquemas, Apuntes de Psicología Clínica

La relación terapéutica dentro del Modelo de Esquemas Lic. Sofia Pazos y Dra. Maira Tiscornia

Tipo: Apuntes

2024/2025

Subido el 01/07/2026

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La relación terapéutica desde la Terapia de Esquemas
Autores de las más variadas líneas como Freud (1912), Patterson (1974), Yalom Irving
(1980) e incluso Wolpe (1969) han manifestado la notoria incidencia de la relación
terapéutica en la eficacia de los tratamientos. Actualmente, sabemos que la psicoterapia
no puede ser concebida al margen del establecimiento de una adecuada relación
interpersonal cliente – terapeuta (Sidelski, 2005) y sabemos que ésta resulta ser un buen
predictor de los resultados terapéuticos de todas las líneas psicológicas (Luborsky, 2000).
La relación que establece el terapeuta con su paciente, y aquello que puede brindarle
en ese marco, predicen alrededor del 30% de las posibilidades de mejoría (Fernández
Álvarez, 2004).
Historicamente, las corrientes psicodinámicas fueron tal vez pioneras en sacar a relucir
la importancia de la alianza terapéutica. El propio Freud (The Dynamics of Transference,
1912) planteó la importancia de que el analista mantuviera un interés y una actitud
comprensiva hacia el paciente para permitir que la parte más saludable de éste
estableciera una relación positiva con el psicoterapeuta.
Posteriormente, el concepto de alianza terapéutica ha sido incorporado por la mayoría
de las demás escuelas psicoterapéuticas, pero alejándose de la lectura transferencial y
de la neutralidad clásica defendida por el psicoanálisis. La tendencia actual apunta a la
mayor inclusión de la interacción, espontaneidad y autenticidad del terapeuta dentro de
los parámetros formales que hacen a una relación de este tipo (Corbella y Botella, 2003).
Asimismo, conceptos relacionados con la teoría de las relaciones objetales de Otto
Kernberg, explican algunas nuevas líneas cognitivas relacionadas con la importancia de
recrear relaciones interpersonales más adaptativas a través de la relación terapéutica
(Millon y Davis, 2001).
Por su parte, el movimiento humanista prestó una especial atención al papel de la alianza
terapéutica. La empatía, la congruencia y la aceptación incondicional al cliente eran las
3 características fundamentales en un terapeuta rogeriano a fin de establecer una
relación terapéutica efectiva (Rogers, 1957, citado en Corbella y Botella, 2003).
Desde la perspectiva clásica conductual se priorizaba la calidad técnica de las
intervenciones del terapeuta. Sin embargo, tras la denominada “Revolución cognitiva”,
se hizo un profundo hincapié en el interés por la relación terapéutica. Wolpe (1969,
citado en Madrid, 1986) partidario de este paradigma, se atrevió a relativizar el
tecnicismo usualmente atribuido a esta línea teórica diciendo: “Mi creencia es que la
calidad de la relación terapéutica es más fundamental que los métodos y técnicas
específicas del terapeuta…”.
De hecho, en la actualidad, la orientación cognitiva (principalmente las lineas
integrativas) considera a la alianza terapéutica como un factor medular del proceso
terapéutico (Newman, 1998; Safran, 1998, citado en Corbella y Botella, 2003).
Recientemente, las teorías cognitivo-conductuales han prestado una atención suficiente
a este punto influenciados primordialmente por terapeutas cognitivos constructivistas
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La relación terapéutica desde la Terapia de Esquemas Autores de las más variadas líneas como Freud (1912), Patterson (1974), Yalom Irving (1980) e incluso Wolpe (1969) han manifestado la notoria incidencia de la relación terapéutica en la eficacia de los tratamientos. Actualmente, sabemos que la psicoterapia no puede ser concebida al margen del establecimiento de una adecuada relación interpersonal cliente – terapeuta (Sidelski, 2005) y sabemos que ésta resulta ser un buen predictor de los resultados terapéuticos de todas las líneas psicológicas (Luborsky, 2000). La relación que establece el terapeuta con su paciente, y aquello que puede brindarle en ese marco, predicen alrededor del 30% de las posibilidades de mejoría (Fernández Álvarez, 2004). Historicamente, las corrientes psicodinámicas fueron tal vez pioneras en sacar a relucir la importancia de la alianza terapéutica. El propio Freud (The Dynamics of Transference,

  1. planteó la importancia de que el analista mantuviera un interés y una actitud comprensiva hacia el paciente para permitir que la parte más saludable de éste estableciera una relación positiva con el psicoterapeuta. Posteriormente, el concepto de alianza terapéutica ha sido incorporado por la mayoría de las demás escuelas psicoterapéuticas, pero alejándose de la lectura transferencial y de la neutralidad clásica defendida por el psicoanálisis. La tendencia actual apunta a la mayor inclusión de la interacción, espontaneidad y autenticidad del terapeuta dentro de los parámetros formales que hacen a una relación de este tipo (Corbella y Botella, 2003). Asimismo, conceptos relacionados con la teoría de las relaciones objetales de Otto Kernberg, explican algunas nuevas líneas cognitivas relacionadas con la importancia de recrear relaciones interpersonales más adaptativas a través de la relación terapéutica (Millon y Davis, 2001). Por su parte, el movimiento humanista prestó una especial atención al papel de la alianza terapéutica. La empatía, la congruencia y la aceptación incondicional al cliente eran las 3 características fundamentales en un terapeuta rogeriano a fin de establecer una relación terapéutica efectiva (Rogers, 1957, citado en Corbella y Botella, 2003). Desde la perspectiva clásica conductual se priorizaba la calidad técnica de las intervenciones del terapeuta. Sin embargo, tras la denominada “Revolución cognitiva”, se hizo un profundo hincapié en el interés por la relación terapéutica. Wolpe (1969, citado en Madrid, 1986) partidario de este paradigma, se atrevió a relativizar el tecnicismo usualmente atribuido a esta línea teórica diciendo: “Mi creencia es que la calidad de la relación terapéutica es más fundamental que los métodos y técnicas específicas del terapeuta…”. De hecho, en la actualidad, la orientación cognitiva (principalmente las lineas integrativas) considera a la alianza terapéutica como un factor medular del proceso terapéutico (Newman, 1998; Safran, 1998, citado en Corbella y Botella, 2003). Recientemente, las teorías cognitivo-conductuales han prestado una atención suficiente a este punto influenciados primordialmente por terapeutas cognitivos constructivistas

como Guidano y Liotti (1983) o Mahoney (1988). Estos han elaborado teorías referentes al desarrollo, estabilidad y cambio de las estructuras cognitivas y su conexión evolutiva con los vínculos afectivos tempranos. Tenemos entonces que las experiencias tempranas son importantes para la formación de los esquemas cognitivos, sobretodo cuando son reforzadas por experiencias posteriores, produciendo sesgos en el desarrollo. Dependiendo del tipo de apego que el sujeto recibió (ansioso, seguro, etc) será propenso a vincularse de determinada manera con los demás, incluido el terapeuta. Autores como Bowlby y Jeffrey Young han incorporado ampliamente estos conceptos en sus teorías. La relación terapéutica dentro del Modelo de Esquemas Si bien parecería ser natural el fomentar un vínculo con características especiales con un otro (paciente), muchas personas presentan ciertas dificultades - asociadas a historias complejas de apego- que les impide contribuir con que éste vínculo florezca y por tanto se afecta esa capacidad de mejoría antes mencionada. Pese a diversas críticas, la Terapia Cognitivo Conductual de los últimos tiempos, ha promovido la revalorización del constructo de la relación terapéutica, especialmente a la hora de trabajar con pacientes con historia de traumatización o con diagnósticos de Trastornos de Personalidad. Dentro del paradigma Cognitivo-Conductual, vemos que la Terapia de Esquemas ofrece un modelo que contempla y sistematiza una forma de ocuparnos de las variables asociadas al vínculo terapéutico activamente. Para esto propone no sólo una postura que se apoya en las líneas humanistas / existencialistas; sino que incluye técnicas o posturas de terapeuta que promueven la sanación del estilo vincular del paciente ya que operan como una experiencia vincular/emocional correctiva. Por ejemplo, la reparentización limitada encuentra el camino para acortar distancias entre los problemas vinculares de los pacientes, sobre todo aquellos con historias de carencias afectivas o estilos disfuncionales de crianza. Dicha reparentalización, no es un protocolo universal que se aplica de manera rígida, sino que va a ser distinta para cada paciente, y va a tener su base en identificar que necesidades básicas emocionales no fueron satisfechas en el desarrollo de esa persona. El terapeuta entonces va a prestar especial cuidado en brindar aquello que faltó en la vida de este paciente procurando proporcionarlo dentro del encuadre terapéutico. De esta forma, el paciente podrá aprender el mismo a proveerse sus necesidades de una manera más funcional en el futuro. Por otra parte, este modelo propone la confrontación empática para poder generar experiencias emocionales correctivas desde una puesta de límites basada en la empatía y el cuidado del paciente. En el caso de las personas que por ejemplo presentan rasgos de personalidad narcisistas, será esta una de las estrategias que mejor resultado tendrán en la vida del paciente. Pues el aprendizaje y aceptación de los límites estará conceptualizada desde la propia historia del paciente, mediando la comprensión y