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En este texto, el autor compartió su experiencia personal en el proceso de creación de un documental sobre la historia de españa, con énfasis en la figura de carrero blanco y la transición política. El autor describe el proceso de investigación, la selección de música y diálogo, y la importancia de capturar la emoción y el tono adecuados para transmitir la historia. Además, el autor reflexiona sobre la importancia de la libertad y la democracia en españa y la batalla por su obtención.
Tipo: Apuntes
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Periodista
UENAS tardes a todos, y muchas gracias a Francisco Oltra y Agustín Remesal por vuestra muy cálida acogida y por vuestros elogios. Si no les parece mal voy a hacer un pequeño esbozo de cómo hicimos aquel trabajo y luego, si les parece bien, hago un segundo esbozo de lo que fue el proceso político. Un pequeño análisis de lo que fue el proceso político que hemos vivido y que yo creo que, además de ser ilustrativo, es muy reconfort- ante, porque a mí me ha permitido concluir que los españoles somos capaces de sobrevivir en circunstancias deplorables; somos menos capaces de sobre- vivir a circunstancias de normalidad. Es lo que yo veo, pero desde luego cuan- do la situación es arriesgada, aquí se hacen unos ejercicios de sabiduría y de serenidad que a mí me admiran. Luego ya, cuando entramos en la normalidad, nos volvemos bastante más torpes, parece… El trabajo consistió, efectivamente, en más de cinco años, casi seis, como de investigación arqueológica realmente. El director de la serie –que es Elías Andrés– es realmente el autor de esta serie, aunque como yo soy más conocida, la amortizo yo y todo el mundo dice que es mía. No es mía, no es mía… Yo soy la subdirectora y, además, les explico: El valor de esta serie está justamente en encontrar las imágenes que estaban perdidas y los sonidos que también esta- ban perdidos. Es decir, un tramo muy reciente y completamente determinante de la historia de España, el que explica que vivamos en libertad y en democra- cia, aunque tengamos conflictos, pero el que explica nuestra forma de vida en libertad. Ese tramo de la historia, que había sido grabado y que existía y con- staba en los documentos gráficos audiovisuales, se había perdido. Esto es una realidad, no les estoy exagerando ni un “pelín”. Hubo que buscar en todo el mundo, en las televisiones extranjeras. Hay que agradecer a los alemanes, por ejemplo, que les hayamos interesado tanto en ese período, porque les aseguro que Alemania nos ha proporcionado una parte importantísima de nuestras imágenes y nuestros sonidos. Luego hubo
que buscar en archivos privados, en el archivo del Partido Comunista, porque el Partido Comunista tenía una cualidad y es que filmaba todo, absolutamente todo. Y entonces hemos podido reconstruir una historia de la oposición de izquierdas que naturalmente la televisión oficial no filmaba en aquella época, no estaban para menesteres. Y luego hubo que dar sentido a aquellos fragmen- tos. Y ése era, sobre todo, el trabajo del director, porque yo me dedicaba a otra cosa que ahora mismo les cuento. Era como si él se encontrara un jarrón roto en mil pedazos; se encontraba en la televisión de la ZDF 30 segundos de un momento histórico determinante; en la italiana, 15 segundos; en los fondos de televisión, 3 segundos, sin sonido. Entonces buscaba en Radio Nacional un sonido. Como sabíamos cómo había sucedido y cómo era la cosa, mirábamos… Esta secuencia fue así…, porque teníamos textos. Yo había hablado con gente y tal… Era así… Bien… En- tonces ya tiene un sentido. Yo me alegro muchísimo de haberlo hecho, primero porque he aprendido mucho y segundo porque la aprecio enormemente. Había una chica en tele- visión, que debía de ser familia de sordomudos, y la llamábamos mucho, porque claro, en aquellas secuencias que estaban reconstruidas ya, alguien movía los labios y decía algo, pero nosotros teníamos un sonido que procedía de otro sitio… y dice… y está diciendo… Y entonces buscábamos… ¡plash!… y lo colocábamos. Ya teníamos el momento histórico reconstruido. Y así una vez tras otra, tras otra, tras otra. De tal manera que fue un trabajo largo y min- ucioso que nos exigía, primero, un gran conocimiento previo, vamos, un gran… un suficiente conocimiento previo de los hechos y una cierta proximi- dad sentimental del momento para darle el tono emocional que nosotros creíamos saber que tuvo la circunstancia de la que nos ocupábamos. Eso tiene que ver con el montaje y también con el texto, pero fundamentalmente con el “tempo” dramático de un montaje determinado. Lo que nosotros intentamos era, una vez que nos habíamos o creíamos habernos empapado de lo que fue ese “cada momento”, no sólo el global, sino “cada momento” de la historia de España y del sentimiento con el que se vivía eso, escuchando a los protagonistas, leyendo libros, recurriendo a la prensa, editoriales, oliendo un poco el ambiente de la época. Entonces había que hacer un montaje que tuviera un “tempo” dramático determinado, es decir, que fuera “neutro”, o que fuera “angustioso”, o que fuera alegre, o que fuera ilu- sionado, o que fuera tal. Y así fue Elías Andrés –que es el director– haciendo ese montaje y yo, con mis textos, ajustando las palabras a los momentos pre- cisos en que… Esto es un poco complicado de explicar pero, por ejemplo, un ejemplo que os puedo poner, un capítulo que no me acuerdo cuál es… Empieza con la lle- gada de D. Claudio Sánchez Albornoz (que fue Presidente de la República, en el exilio y tal) a España y venía después de 40 años. Entonces nosotros teníamos la llegada, que no sé de qué televisión era, de los ingleses…, y unas
nado un comportamiento el pueblo español. Pero, en fin, éste ha sido nuestro trabajo. Yo he aprendido muchísimo, tengo que decir que yo, de la Transición, no sabía nada más que mi propia historia. Y mi propia historia no es nada, y he aprendido muchísimas cosas que ahora les explico muy por encima, que es lo siguiente… Bueno, pues he escrito ese libro que, efectivamente es muy grande, porque naturalmente las cosas que yo tenía en la cabeza eran muchas más que las que me cabían en la serie y, cada vez que grababa un guión, me decía el director –tocaba así un botón, porque yo estaba en la cabina, con mis cascos– y decía ¿por qué no escribes un libro? Porque yo hacía unos guiones muy largos y no cabían en el programa. Y entonces escribí este libro donde están todas las cosas que los personajes cuentan y que no caben en televisión, porque en tele- visión las entrevistas duran 9 segundos, 11 segundos, 20 segundos, no más, y no puedes entrar al detalle. Yo lo tenía en mis libretas y en el libro sí han cabido. No todo lo que yo tengo, pero desde luego muchas cosas, y ahí se ex- plican pues muchos matices, muchas vivencias personales, y ellos hablan con una gran sinceridad, cosa que es muy de agradecer. El otro día me preguntaba Feliciano Cid Fidalgo si es que de repente se habían vuelto todos sinceros, y yo le expliqué que era muy fácil. Primero, al- gunos eran sinceros porque lo eran y, en segundo lugar, eran sinceros porque yo sabía lo que tenían que decirme. Es decir, era imposible, era muy evidente que no me podían engañar, y entonces no me engañaban, no lo intentaban y yo se lo he agradecido en el alma, porque a fuerza de intentar, de no intentar en- gañarte y de ser sinceros, la conversación llega a adquirir un tono que tiene un enorme valor, porque ahí están hablando a “calzón quitado”… y eso tiene un valor político e histórico enorme, aparte de humano, ¿no? Bien, pues ésta es mi experiencia con el trabajo que, yo insisto, me alegro muchísimo de haber hecho, aunque me haya retirado efectivamente seis años de lo que yo llamo hacer el “buenas noches”, que es hacer programas en direc- to, pero realmente he aprendido y me ha fascinado la historia de España. Lo primero que yo vi, en mi opinión, es que la historia de la Transición es una buena historia. No es la historia de un error, ni es la historia de un fracaso, ni es la historia de una traición ni de una trampa. Digo esto porque ahora se ha puesto de moda decir que la Transición es una equivocación monumental y que todo lo que nos pasa es porque cerramos mal la Transición. De eso nada, de eso nada… La Transición se hizo muy bien. Otra cosa es que se haya ges- tionado mal el presente. Ese es otro asunto. Pero no hay que buscar en el pasa- do los errores que nos afectan en el presente, y ya explicaré por qué la transi- ción no es un error y no se cerró mal, y por qué no se podía cerrar como al- gunos proponen que debía haberse cerrado. Pero, en fin, en mi opinión, cuando comienza la transición es dos años antes de que muera Franco. Es justamente cuando se produce el atentado a Carrero Blanco. Y no tanto porque la muerte de Carrero Blanco haya sido un
golpe político importante, es decir, porque el personaje de Carrero Blanco, realmente su falta, determinara la falta de futuro del franquismo. Eso no es ver- dad. Carrero Blanco, primero, no pertenecía a familia política ninguna, tenía pocos apoyos, era un hombre muy leal a Franco, pero era un hombre solo, casi; era un marino, pero no era de familia; era próximo al Opus, pero no era del Opus exactamente; no era un tecnócrata, era mucho más reaccionario que un tecnócrata. En fin, era un hombre bastante solitario. Pero tiene una cosa la muerte de Carrero Blanco y es que supone un golpe psicológico brutal para el franquismo. Nunca hasta entonces el sistema había considerado que sus líderes, primero, estuvieran en peligro y, en segundo lugar, fueran a morir. Desde luego, la idea de que Carrero pudo ser asesinado con esa asombrosa y, yo diría, inquietante facilidad, puso dos cosas sobre la mesa: una, que el sis- tema no era todopoderoso y, dos, que Franco estaba muy viejo. Son dos cosas importantísimas que tienen una traducción no fáctica, sí psi- cológica, sí sentimental, que permite, en mi opinión, dos cuestiones: una, que los jóvenes franquistas, que eran los reformistas, Martín Villa, Enrique Sánchez de León, Gabriel Cisneros… este tipo de hombres, al estamparse el futuro con esa contundencia delante de los ojos, los jóvenes reformistas cobrarán alas. Co- braron alas, se dieron cuenta de que el futuro estaba muy próximo y que había que trabajar para él. Y los inmovilistas se enrocaron de una manera extraordi- naria, también se dieron cuenta de que el futuro estaba próximo y quisieron que el futuro pasara por sus manos, de tal manera que en el franquismo se pro- duce, recién muerto Carrero… bueno… la sustitución de Carrero… fue… bueno… una batalla a “bayoneta calada”, ¡vamos!, una batalla, pero a “bayo- neta calada”. En la serie se cuenta, y en el libro se cuenta de una manera mucho más de- terminante, fue una batalla de segundos. Es decir, era otro el Presidente de Gobierno. No iba a ser Carlos Arias, iba a ser Nieto Antúnez, porque a Franco le gustaba. Pasó la noche Franco sin dormir, llorando, Doña Carmen presion- ando, el equipo de alrededor que no quería de ninguna manera a Nieto An- túnez porque decían que “hacía a mozas”, que hacía negocios también, pero, en fin, que también señoras, aunque no creo que estaba en edad, porque tenía setenta y tantos años, pero a lo mejor lo hizo en su tiempo y no se lo per- donaron. Bueno, el caso es que no les gustaba un pelo. Y, en el último segundo, subiendo Nieto Antúnez por las escaleras de El Pardo para recibir de Franco (a “Pedrolo”, que era como le llamaba Franco)… “Quiero que seas el Presidente del Gobierno”. En ese momento entra un ayu- dante donde se encontraba Franco, que estaba, hombre, traumatizado por la muerte de Carrero, y allí mismo le dice este señor… es un granuja y un sin- vergüenza y, esto es una ruina para España y esto no puede ser, Excelencia, y… y bueno, y ¿quién?… y ¿quién?… Pues… Carlos Arias. Y entra Nieto An- túnez al despacho de Franco, entra a darle las gracias y a decirle que es un honor y que él por España lo que sea, y todo por España. Y le dicen que muchas gracias y que ha sido un placer. Y se marcha… Y se marcha y se queda
libro, Felipe González lo explica y Santiago Carrillo también, y Adolfo Suárez me lo dijo en la “tele” el otro día. No estaba previsto como fue. Había unos proyectos más o menos nebulosos, de una apertura hacia la democracia. Bueno, los reformistas es que son derrotados en toda la línea, todo el tiem- po, es decir, no levantan cabeza. Pero se produce una cuestión notable, y es que entonces la población española, que se llamaba –ustedes se acordarán de aquello– “la mayoría silenciosa”, la población española modifica el tiro. No es una población, en mi opinión –puede que me equivoque–, no es una población antifranquista, a mí me lo han dicho, en el libro está, en la “serie” está tam- bién. La oposición era muy escasa y su poder débil. Luego había la llamada “mayoría silenciosa”, que era una mayoría aparentemente apolítica. Yo diría que no era apolítica, yo creo que era más bien indiferente, creo que era más bien neutra, era una sociedad dispuesta a abrirse a las libertades europeas sin agitación, sin problemas, sin muerte, sin sangre y sin que hubiera aquí graves cambios en la estructura social. Era una estructura social que había cambiado extraordinariamente en el tiempo de Franco y que había, efectivamente, generado unas clases medias enormes, enormes, con un… digamos… un abanico alto, es decir, de media- baja, media-media y media-alta. Era casi toda España, y esa es una sociedad conservadora en lo material y políticamente más liberal porque tienen ya unos hijos, pues, probablemente más laicos, una generación universitaria que se opone constantemente a la generación anterior, contestataria y tal… De man- era que se estructura una sociedad mucho más flexible y más liberal que la es- tructura política que sobrevive todavía. Es decir, que digamos que España, en los dos últimos años del franquismo, en mi opinión, tiene una sociedad mucho más moderna que la estructura que la gobierna, que la estructura política que la gobierna. Cuando el franquismo ortodoxo vence… Y en la ley de asociaciones, que fue una batalla eterna y que, bueno, aquello fue el “non plus ultra”, hubo cinco borradores, bueno… al final, Franco decide que las asociaciones tienen que ser todas dentro del Movimiento, y entonces se apuntan los “proveeris- tas” de Maisonave, Falange Auténtica, los Tradicionalistas, la Hermandad del Maestrazgo. Y este modelo, entonces, claro, no da para más. Quiere Arias que se apunte Fraga. Y Fraga dice que muy bien, pero que su proyecto incluye un “sufragio universal” y unas Cortes elegidas y unos sindicatos libres. Y le dicen que eso es demasiado. Y Fraga no se apunta. Eso es un grave golpe para las asociaciones. ¿Qué pasa con esa ley de aso- ciaciones? Que ya se comprende que los franquistas ortodoxos no dan un paso más y la mayoría silenciosa, que es una mayoría completamente libre de opinar en su casa, es decir, no controlada, no es una…, como ahora que hay sondeos y se vota y se sabe qué opinan… que perdemos… entonces modificamos. No, la mayoría silenciosa era de verdad silenciosa. Eso significa una cosa, que cambia de opinión sin que nadie se entere y sin que nadie lo pueda evitar, porque
como nadie le ha preguntado, se produce un movimiento suave, pero sis- temático, de una población española y eso se demuestra un año más tarde, ¡vamos!, y ahora diré por qué, cuando la sociedad española, esa clase media que el franquismo había construido se aleja de esa fórmula de sistema político que era la que el franquismo ortodoxo había ganado. No se lo que hubiera sucedido si hubieran ganado la batalla, lo ignoro por completo y los futuribles no me gustan. Lo que sí sé es que la victoria de los ortodoxos del franquismo genera el alejamiento real de la sociedad española. No es esa fórmula. La ley de asociación es todo dentro del Movimiento, y ni una más, y todo lo demás fuera de la ley. Ésta no es la fórmula que los es- pañoles quieren ya en el año 74. Esto se produce en diciembre del 74. En- tonces, efectivamente, los ortodoxos ganan la batalla y la pierden porque en el momento en que muere Franco aparecen los reformistas, el primer gobierno de la monarquía, y se produce el primer toque de lo que opina “la mayoría si- lenciosa” ésta. Y se produce en el año 76 –muere Franco en el 75– hay un primer gobierno, del que puedo hablar ahora si ustedes quieren, pero por otros motivos, es decir por los sucesos terribles que se producen en nuestro país, que son muchísimos, pero se plantea a los españoles a la vuelta del vera- no, en septiembre. El 10 de septiembre presenta Adolfo Suárez un proyecto de Ley para la Reforma Política que es muy sencillo y que no es más que una llave para que unas Cortes hagan la Reforma, pero que tienen la base de sufragio universal, reconoce la soberanía popular y tiene una serie de principios que son la base de un estado liberal y democrático. Bien, ese proyecto para la Ley de Reforma Política cuenta con la petición de abstención por parte de la oposición de izquierdas, no es que estuvieran de- fendiendo con entusiasmo la abstención, pero oficialmente defendían la abs- tención. No fue una campaña de decir “vamos a la abstención” pero en fin… Contó con la oposición rotunda del franquismo ortodoxo, que bajo el lema “Franco hubiera votado no”, quieren que el proyecto de Ley de Reforma no sea aprobado ni en las Cámaras, ni por supuesto en referéndum, que era la gran piedra de toque. Bueno, pues la mayoría silenciosa no hace caso absoluta- mente de nadie y un noventa y tantos por ciento de esa mayoría silenciosa que no se movía, que no quería líos, que no milita en la oposición de izquierdas (porque la oposición de izquierdas se abstiene, obtiene un 22 % de abstención, la oposición a la tesis; a eso hay que añadir la abstención de siempre, las que no van porque no van, pero en fin un 22 % para no hacer cálculos estrechos)… El 2 % es el “Franco hubiera votado que no”, es decir el franquismo ortodoxo. Ahí se mide. Por eso yo lo digo con fundamento, el franquismo ortodoxo, que había ganado todas las batallas palaciegas y se había alzado con la bandera realmente en la gestión política de alto nivel, llegado el momento de contrastar, se encuentra con que tiene un 2 %. No, eso no es lo que los españoles quieren. Por eso yo he dicho, y sostengo, que en este período, los últimos años, la so- ciedad española da la espalda a esa fórmula de gobierno para el futuro. En
partes, envuelto en una alfombra… porque no cabía la camilla por las es- caleras. Y allí se produce una escena trágica y completamente española, pero completamente histórica, en mi opinión, que es que sacan a Franco desnudo, vomitando sangre, en aquella alfombra, por las escaleras y lo meten en una am- bulancia porque el botiquín está a un kilómetro. Y a la salida, una fila del re- gimiento… de noche… de noche, que era cerrada porque era invierno… se cuadran, ¡ras!, taconazo y saludo militar. Y en una fila. Y por ahí, por esa fila pasa un Jefe del Estado del siglo XX, desnudo, envuelto en una alfombra. Es una escena de Goya, ¿no? Bueno, pues esto es España. Es decir, esto es así, esto es así… Bueno, pues se pasa eso. Y en ese momento está la crisis del Sáhara, esta- mos a punto de entrar en guerra –hubiera sido una tragedia la guerra del Sáhara–, Hassan II nos pone literalmente la daga… aquí, mientras Franco ago- niza. El Príncipe…, políticamente no se espera de él absolutamente nada, más que sea el Jefe del Estado y que se ponga allí, expuesto como San Tarsicio y absolutamente nada más. Es una situación de una incertidumbre política brutal y se aguanta perfec- tamente. En los tiempos de la agonía de Franco, en este país no se mueve ni una mosca. Es decir, los sindicatos, con una gran sensatez, quietos; los partidos políticos, quietos; Santiago Carrillo, que tenía previsto hacer una huelga gener- al a la muerte de Franco, la desconvoca –me consta–, estaban los de Radio Es- paña Independiente, se llamaba lo de Mendezona allí… y huelga y tal… nada… huelga… nada, ni huelga, ni nada. Silencio total. Es decir, que ya desde entonces se aguanta. Pero empieza el primer gobierno de la Monarquía y aquí se producen cosas tremendas. Hay atentados de la ETA salvajes, que empieza a matar con una intensidad creciente, creciente. La izquierda había pensado que la ETA existía porque existía Franco. Luego nos fuimos dando cuenta de que, con la democracia, ETA era todavía peor, ¿no? La extrema derecha hace aten- tados en el País Vasco “a mogollón”, sin detenciones. Atentados contra libre- rías, contra cines. Se produce la matanza de Vitoria, que es un conflicto sindi- cal muy mal resuelto, donde mueren cuatro personas, y aquello puede ser un explosivo porque el Capitán General Padilla, el Capitán General de Burgos, quiere sacar los tanques a la calle en Vitoria. El Gobierno sigue diciendo que no. Es decir que las hemos pasado muy malas, muy malas, muy malas. Y hemos salido adelante. Porque la población española no ha movido un pelo, no se ha movido. Es decir, en los momentos más brutales no se ha movido. Pero no ha cambiado de opinión. Hay un período de la historia de España que va desde que Suárez presenta la Ley para la Reforma Política y viene el Referéndum, que es de diciembre a febrero, de diciembre del 76 a febrero del 77, que aquí pasa de todo, pero de todo, ¡eh!, de lo peor, de lo peor. Y la gente no cambia de opinión, esto es lo asombroso, fíjense: Presenta Suárez la Ley para la Reforma Política… que irrita extraordinari-
amente a los militares ultras, que irrita extraordinariamente al franquismo. Es un gobierno que no tiene el respaldo de los votos, no tiene nada más que el nombramiento del Rey, que es como no tener nada, porque el Rey entonces se estaba ganando el prestigio también. Es decir, no tiene nada y sucede que pre- senta la ley; que dimite el Vicepresidente para la Defensa porque iban a le- galizar los sindicatos; que Felipe González y el PSOE organizan un congreso, el XXVII Congreso en Madrid, protegido por la policía, no “vigilado”, sino protegido por la policía, con gran indignación del franquismo, naturalmente; que Santiago Carrillo da una rueda de prensa clandestina, o sea, el líder del Partido Comunista, lo nunca visto en España, da una rueda de prensa clandes- tina en Madrid, que le detienen; que secuestran al Presidente de Consejo de Estado y al Presidente del Tribunal de Justicia Militar, que son, bueno… Oriol era, pues, de una familia importantísima de los ultras y el Consejo Superior de Justicia Militar era la cúpula del ejército, era lo más granado, secuestrados por el terrorismo del GRAPO; que detienen a Santiago Carrillo, que sueltan a San- tiago Carrillo, que lo ponen en la calle. Bueno, Rosón, el Gobernador Civil, le dijo a Carrillo “no duerma usted en su casa” o “no duermas”, no sé si lo trataría de usted (supongo que de usted), “no duerma usted en su casa”. Pero dice… “si ya me han soltado”…, dice “si no lo digo por eso, es que nosotros… tiene usted vigilancia en el portal y si entra un grupo a matarles les van a deten- er. Pero si entran dos, disfrazados de oficiales, estos señores se van a cuadrar y a usted se lo ‘cepillan’. Por favor, no duerma usted en su casa”… Y durante meses no durmió en su casa. A continuación se produce el asesinato de varios estudiantes, unos por la ultra derecha; el asesinato de no sé cuántos guardias civiles, sí… de tres, y de dos policías por parte del GRAPO. Bueno, una cosa brutal. Que el país podía, verdaderamente, saltar hecho añicos. Bueno, si se repasan las hemerotecas se ve primero que la población no hizo un ruido, es decir, todo el mundo estaba serenamente aguantando el tirón, que era un tirón de los que yo creo que no se han pasado en Europa. No se han pasado, no se han pasado. El Partido Comunista hace un entierro de sus abogados en el silencio más absoluto. Ahí acuden las fuerzas políticas. Los militares aguantan los secue- stros y los asesinatos, se quedan en los cuarteles. Y salimos adelante. Después se legaliza el Partido Comunista. Se vuelve a organizar aquí un zafarrancho monumental, porque era el gran enemigo de los militares (me lo contaban el otro día Gutiérrez Mellado e Ibáñez Freirede, que son dos generales que to- davía viven: “Tenga usted en cuenta que para nosotros los comunistas eran el enemigo de la guerra y eso no se había quitado todavía”). Bueno, pues hubo palabras mayores, hubo una reunión del Consejo Superior del Ejército, pero no salieron de los cuarteles, esta es la pura realidad. Y así llegamos a las elec- ciones de 1977, donde se ejerce el voto libre y donde los españoles una vez más, esa mayoría silenciosa, votan exactamente la moderación. Votan UCD, que es el partido del Gobierno…, votan a la izquierda, al PSOE, un partido con cierta representación, y carecen de representación parlamentaria los ex-