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Este texto presenta una reseña histórica de la sociología, su consolidación en universidades a lo largo de los últimos cien años y el amplio espectro de temas que ha abordado desde la pobreza hasta el cambio tecnológico. Se discute el concepto de ciencia social y se diferencia a la sociología de otras ciencias sociales. Se analiza el papel de la sexualidad, la salud y la estructura social en la sociología. Además, se examina la perspectiva positivista y la diferencia entre ciencias sociales con vocación de generalidad y aquellas que acotan ámbitos específicos de la realidad social.
Tipo: Apuntes
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IRENE MARTINEZ SAHUQUILLO
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En lo que se refiere a la delimitación de una serie de hechos empíricos a partir de los cuales constituir un objeto formal, la primera diferencia que salta a la vista es que hay ciencias que acotan ámbitos específicos de la realidad social -<:omo la economia, la ciencia política, el derecho, etc. - y que hay otras ciencias con vocación de generalidad, como la psicología, la antropo- logía, la historia y la propia: sociología, que, no obstante, se diferencian, en primer lugar, por su campo de estudio y, en segundo lugar, por sus métodos. Así, la psicología se ocupa de cosas como la percepción, el razonamiento, la memoria, la orientación espacial etc., es decir, procesos psicológicos básicos (mientras que una subdisciplina puente entre la psicología y la sociología llamada psicología social se ocupa de cosas como actitudes, motivación, estructura y funcionamiento de los grupos etc., es decir de hechos que cabe llamar psicosociales); la antropología, por su parte, se ha dedicado tradicio- nalmente al estudio de las culturas primitivas, aunque también se ocupa de otros asuntos que convergen con la sociología (como la «cultura de la pobre- Za» en las grandes ciudades, las culturas tradicionales que subsisten en el mundo rural o las que prevalecen en los países del Tercer Mundo etc.); la his- toria, como es sabido, se ha encargado desde antiguo de relatar e interpretar los acontecimientos ya pasados (y es una fuente de información imprescin- dible para la sociología) y ésta última se ha centrado prioritariamente en el análisis e interpretación de la sociedad moderna globalmente considerada y en el análisis e interpretación de los más diversos fenómenos sociales, en el marco de una teoría sobre la sociedad. En lo que se refiere al tipo de métodos que utilizan preferentemente para abordar su objeto, las diferencias son también fácilmente localizables, aunque también existen puntos de convergencia. Así por ejemplo, la psico- logía utiliza prioritariamente la experimentación, la antropología el trabajo de campo, la historia tradicionalmente ha manejado documentos escritos sobre el pasado (y hoy en día puede trabajar con documentos audiovisuales) y la sociología utiliza, entre otros métodos, el análisis de documentos y tex- tos diversos, la encuesta (también llamada cuestionario), el análisis esiadís- tico, la entrevista etc., aunque popularmente es identificada, sobre todo, con la encuesta. Por último, también hay que tener en cuenta las diferencias de perspectiva y de vocación. En relación con estos dos últimos aspectos, y volviendo a la diferencia entre la sociología y todas las demás ciencias sociales, la sociología es, como se ha indicado, una de las ciencias que abarca un objeto más amplio -la totalidad de la realidad social (incluyendo aspectos de los que se ocu- pan ciencias más particulares; es decir, incluyendo los aspectos económico, religioso, cultural, político, científico de las sociedades)- y que, por ello,
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presenta un grado de generalidad mayor. Además, aborda todos esos hechos que, entrelazados, conforman el mundo social desde la perspectiva de la glo- balidad, partiendo del supuesto de la interrelación, esto es, de que existe una conexión interactiva entre los diversos ámbitos de la realidad social o, dicho de otro modo, que no existen compartimentos estancos en la realidad huma- na. Así por ejemplo, una determinada religión puede producir efectos en la actividad económica de una sociedad: como mostró el sociólogo alemán Max Weber en su célebre obra La ética protestante y el espíritu del capi- talismo (1904-1905), el protestantismo generó un espíritu capitalista que, a su vez, desencadenó el primer capitalismo industrial en Europa y América, mientras que otras religiones, como el hinduismo, el confucianiamo o el budismo no sólo no generaron espíritu de empresa, sino que lo inhibie- ron 1. Por lo tanto, desde la perspectiva de la sociología, unos ámbitos de la realidad social influyen en otros, de tal manera que la economía puede tener consecuencias religiosas, éticas, culturales y sociales y al revés y, en suma, los fenómenos religiosos. artísticos, técnicos, económicos, éticos, políticos etc. no se dan por separado sino que forman una tupida red de inte- rrelaciones significativas que el sociólogo tiene vocación de descubrir. Por lo tanto, ya tenemos una característica distintiva del pensamiento sociológico o, como lo llamaba el sociólogo americano C. Wright MilIs, la «imagiruu:ión sociológica»: que contempla las cosas desde la perspectiva de
entre unos hechos sociales y otros, de tal manera que no se pierda la visión del «bosque». Aunque el sociólogo pueda, a efectos de la investigación, fijar su atención en un grupo de árboles, por seguir con la metáfora, e indagar en sus propiedades como hecho específico que puede tener una lógica especí- fica (por ejemplo, un movimiento social, una ideología, un problema social etc.), no se olvida de que ese fenómeno ocurre en un marco sociohistórico determinado y en interdependencia con otros hechos sociales que requieren ser tomados en cuenta para ofrecer una interpretación satisfactoria del fenó- meno. Consiguientemente, aunque sea en un segundo plano, en los estudios sociológicos el «bosque» siempre está presente. Así pues, y en comparación con la economia, la sociología no abstrae de la realidad social un tipo de hechos, en el caso de la otra ciencia mencio- nada, los hechos económicos, para una vez aislados esos hechos, dedicarse a descubrir su lógica interna (la lógica del mercado) y a explicarlos como si de una realidad independiente se tratara; la sociología no fija su atención en una sola clase de hechos, sino que intenta abarcar con su mirada la totali-
1 Estas tesis fueron desarrolladas por Max Weber en sus diversos eswdios sobre las religiones. especialmente en su conocida obra lA ética protestQllJe y el espíritu del capilalismo incluida con otros estudios en Ensayos sobre sociología de la religión, 3 tomos, Madrid, Tauros, 1987.
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1 c. Wright Mills: lA imaginación sociológica, México, FCE 1961. p.S8.
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talismo no es una etapa necesaria en el desarrollo de la humanidad entera, intentará mostrar Max Weber, sino el producto un tanto azaroso de la acción del hombre occidental el cual, por una serie de acontecimientos his- tóricos, entre ellos la Reforma Protestante, fue racionalizando su compor-
política, fue ganando en racionalidad, en productividad, en eficacia. La ciencia, según su interpretación, juega un papel muy importante en el proceso de modernización de la economia y la sociedad emprendido por Occidente, pero no le concede el lugar supremo que le había concedido el
Vilfredo Pareto (1848-1923), un sociólogo italiano de la época, ejem- plifica mejor que nadie el espíritu sombrío que se ha adueñado de los intelectuálésen el fin de siglo. Por un lado, es continuador del Positivismo, una de las principales corrientes de pensamiento del siglo XIX (cuyo máxi- mo heraldo es el ya mencionado Auguste Comte), toda vez que defiende que la sociología debe ser una ciencia positiva basada en la observación de los hechos, no en la especulación. Pero, por otro, se desmarca de la filoso- fía positivista de la historia, negando que ésta se rija por una ley de pro- greso. La historia, para él, es un drama con un mismo argumento: la domi- nación de las masas por la élite política y la sustitución de Unas éliiés por otras. Además de negar el progreso, Pareto se aleja de toda concepción racionalista del ser humano y el acontecer social; la sociedad, a sus ojos,
¡...~;'tituyen su trama. La sociología debe ocuparse, por tanto, de desvelar esos ?;~~~:,J~ctores ilógicos, no de anunciar un supuesto principio que hace avanzar a -:"¡;'i las sociedades. Su misión y objeto han cambiado, como es patente, de ';forma ostensible. .,,.,;;P~ro Pareto tiene menos importancia para el desarrollo de la sociología
ilano de figuras tan relevantes para la historia de esta disciplina como :ii'!;uies,Weber y Simmel, en Alemania, y Durkbeim, en Francia, donde ,.ponsolida un modo de pensar y de investigar sociológicos que orienta- ';labor de los sociólogos durante varias décadas. Son estos autores los :,más se preocupan por definir el objeto de la sociología, delimitar el ¡~,?de la nueva ciencia, distinguiéndola de otras ciencias sociales, ¡ollar una metodología propia para esta disciplina y, asimismo, por ~er interpretaciones globales de lo que interesa a todos los sociólo- ~icos: el tránsito de la sociedad tradicional a la sociedad moderna
sociología propiamente dicha, con UÍI objeto y un método definidos, es la época de finales del siglo pasado (la última década) y principios de éste (dos primeras décadas). En ese periodo histórico los grandes sociólogos clásicos como Durkheim Francia o Weber en Alemania intentaron la dura tarea de fundamentar la nueva ciencia, ya despojada de su manto mosófico, además de continuar la labor emprendida por los Padres Pre- cursores de interpretar el proceso de cambio que había dado lugar al mundo moderno y de caracterizar a la nueva sociedad diagnosticando, también, algunos de sus males. El contexto intelectual en que tiene lugar esta magna tarea es, conviene aclarar, netamente distinto al que vivieron los Precursores. En la época del cambio de siglo el optimismo racionalista de Ilustrados y Positivistas ha cedido ante un negro pesimismo sobre la supuesta inmensa potencialidad de la Razón o la viabilidad de un progreso indefinido y la ciega confianza en la ciencia se ha debilitado. Hay, pues, un cambiu generacional; los descendientes de los positivistas, evolucionistas y materialistas del siglo XIX ya no tienen esa fe desmedida en la ciencia y ,el progreso, han descu- bierto la irracionalidad que late por debajo de la capa de racionalidad en el hombre (Freud, como se sabe, es el científico que descubre las fuerzas irra- cionales que gobiernan la conducta humana), y han abandonado la idea de necesidad histÓrica; existe evolución, pero ello no quiere decir que la his-
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sociólogo debe fijarse no en las manifestaciones individuales de hechos sociales como, digamos, una creencia, una práctica nupcial o de natalidad, sino en su presencia en un grupo o en Una sociedad. No es indagando en el alma de un individuo sino indagando en el «alma colectiva» como el soció- logo debe extraer el material para su análisis. Y como ese «alma» se mani- fiesta en cosas tan externas como el crecimiento de las ciudades y se puede recoger en medidas tan objetivas como las tasas de natalidad o de suicidio, Durkheim concluye que tiene existencia propia. De esta concepción realista y positivista del objeto de la sociología se siguen consecuencias metodológicas de gran importancia. En primer lugar, el sociólogo ha de separar cuidadosamente la dimensión individual del hecho social (cómo éste se manifiesta en un individuo específico) de la dimensión propiamente social o colectiva, dimensión que puede ais- larse objetivamente por medio de procedimien tos como los estadísticos. En segundo lugar, el sociólogo ha de tener la disposición de contemplar esos hechos como si fueran «cosas». La regla tan conocida de Durk-
nueva perspectiva de lo que debe ser el quehacer del sociólogo, el cual, en lugar de construir sus teorías sólo con conceptos (como hicieron, pese a su pretensión científica, Comte y Spencer), debe disciplinar su labor acudiendo a los hechos observables que, como en las ciencias natu- rales, deben ser tomados como «datos» a partir de los cuales descubrir
sociológico perderá en subjetividad y alcanzará la objetividad exigible a toda ciencia. En conclusión, Durkheim inicia una línea realista (en oposición a nomi- nalista o individualista) y positivista en sociología que insiste en el carácter
explicados pot hechos individuales (o psicológicos), sino por otros hechos sociales. Su estudio célebre El suicidio (1897) es una muestra redonda de esa forma de plantear el estudio de los hechos sociales. Además, su pers- pectiva conduce a centrar la atención en hechos «cristalizados», estableci- dos socialmente y susceptibles de ser estudiados por procedimientos obje- tivos. Por eso, la sociología es, para Durkheim, la ciencia de las instituciones, ya que las instituciones son los hechos sociales cristalizados, que los individuos se encuentran ya establecidos, «constituidos», al nacer, de manera que éste se va a ver moldeado por ellas y su comportamiento tendrá que sujetarse quiera o no a sus imperativos. El individuo, en suma, es producto de la sociedad y es de ésta de donde nacen la moral, la religión y hasta las categorías con las que aprehendemos el mundo, así como las demás instituciones que constriñen y orientan nuestra acción. Para com- prender dicha acción, por tanto, la sociología deberá ocuparse de esos
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delincuencia, suicidio, divorcio, alcoholismo, mediante medias, porcen- tajes, correlaciones etc.). De esta manera, DurkheiriJ. se opone a los que piensan que los hechos humanos son subjetivos e interiores y que, por tanto, no se pueden estudiar como se estudian los hechos de la naturaleza. Durkheim es partidario, como todos los positivistas, de la unidad métodica de todas las ciencias, es decir, no piensa que las ciencias sociales sean esencialmente distintas a las natu- rales por estudiar hechos humanos en lugar de químicos, físicos o biológi- cos. Por supuesto, Durkheim no ignora que los hechos sociales se diferen- cian de los anteriores en que tienen un componente especialmente escurridizo: el significado subjetivo, pero piensa que incluso hechos socia- les inmateriales como las creencias o los sentimientos son susceptibles de ser estudiados objetivamente. Uno de los objetivos del sociólogo francés es el de diferenciar nítida-
cología. Por ello, establece que el objeto de la sociología no es la psique individual, no son los estados psicológicos individuales, sino los colectivos. A diferencia del hecho psicológico, que es interno, subjetivo e individual, el
terística definitoria, que es la coerción, esto es, la propiedad de imponerse al iodividuo, de tal manera que éste no es capaz de sustraerse a su influjo. Así por ejemplo, el individuo no tiene más remedio que aprender una len- gua (un hecho colectivo e independiente de su conciencia individual), que
sentir de acuerdo Con unos patrones de sentimiento ( ejemplo: el romanti-
códigos imperantes (la caballerosidad, la solidaridad, la sumisión al supe- rior etc.). Por ello, Durkheim define los hechos sociales como «maneras de obrar,
partidarios de un <<individualismo metodológico», es decir, de los que pro- pugnan que la sociedad no es más que el resultado de multitud de acciones individuales y que, por lo tanto, hay que descubrir los motivos individuales que mueven a los actores a actuar para entender lo que acontece en el mundo social. Su postura, por el contrario, puede calificarse de <<realista sociológica», ya que se basa en el supuesto de que la sociedad no es sim. plemente la Suma de individuos, sino que tiene una «realidad sui géneris» muy distinta de los hechos individuales que la forman'. Por lo tanto, el
4 Durkheim, E.: Úl.s reglas dd método sociológico, Madrid. Ak:.al, 1978, p.36. , tbid., p.39.
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hechos supraindividuales -sean de índole eminente mente espiritual (reli- gión, moral, conocimiento) o eminentemente material (densidad social, división del trabajo, economia)- que configuran una forma de sociedad y unas maneras de pensar y obrar socialmente condicionadas. El énfasis, como se ve claramente, está puesto en la realidad Institucional objetiva y no en los hechos individuales.
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b) La propuesta de Max Weber: la «acción social», objeto de una sociología comprensiva.
El sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) no elaboró su propuesta metodOlógica en un campo abonado por el positivismo, sino en otro con- texto intelectual, el alemán, donde había una disputa sobre si se podía hacer ciencia sobre la sociedad o, por el contrario, como sostenían algunos, las lla- madas «ciencias del espíritu» no podían tomar el camino emprendido por la ciencia natural porque su objeto, los fenómenos históricos o culturales, eran de carácter individual e irrepetible y, por lo tanto, no se podían esta- blecer ni leyes ni regularidades ni utilizar conceptos generales. Max Weber sí considera, frente a los historicistas, que se puede hacer una ciencia sobre la sociedad, pero discrepa de los positivistas o naturalistas en su postura metodológica: la sociología no es un mismo tipo de ciencia que la
que tienen sentido. Es evidente que un hecho natural no es intencional ni tiene un sentido -{)curre por causas mecánicas-- pero los hechos humanos siempre tienen un significado para los actores que los llevan a cabo. Por ello, el punto de partida del sociólogo alemán es que la sociología es una ciencia específica (y de distinto carácter de la ciencia físiconatural), una ciencia
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«comprensiva» que tiene en cuenta un hecho básico; que la realidad social es producida por individuos que experimentan, interpretan y actúan de una
La sociología, por consiguiente, si ha de ocuparse de la realidad social, no puede olvidar que dicha realidad es el resultado de las acciones indivi- duales que la producen y que, en definitiva, para explicar un hecho o entra- mado social (por ejemplo, el capitalismo racional de Occidente, que es el asunto que más le interesa explicar), hay que indagar en el contexto de significado en el que unos actores (los burgueses capitalistas) desarrollaron un tipo de acción (trabajo metódico e incesante) con unos motivos determi- nados (la realización de un plan divino en la tierra) y con unas consecuen- cias no intencionadas (la primera acumulación capitalista). Es decir, la tarea fundamental de la sociología es la reconstrucción de un contexto de significado (la cultura burguesa protestante) a partir de la cual se pueda explicar un determinado lÍpo de conducta que, al difundirse, originó un proceso de cambio social y económico que es el que daría lugar al naci- miento del capitalismo industrial. Esa es precisamente la tarea que Weber, como todos los sociólogos clásicos, interesado en interpretar el proceso de constitución de la sociedad moderna capitalista, se propone y ejecuta en su obra sustanlÍva, en especial La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904-1905). La concepción del objeto y, a partir de éste, del método y fines de la sociología es, como se ve, netamente distinta a la de Durkheim (aunque ambos aspiraran a interpretar una misma cosa; la génesis y desarrollo de la sociedad industrial). Para Weber, la sociedad no lÍene una entidad real; la sociedad es el nombre que damos a un conglomerado de individuos y al
cias que estos individuos por separado no eran capaces de prever. La posi-
los individuos que la conforman) o «individualista metodológica» (para explicar hechos sociales no se puede prescindir de las intenciones o motivos individuales que los originaron). Es lógico que, desde esta postura, Weber sostenga que el objeto de la sociología es la acción social, acción que es
truyendo el sentido subjetivo enlazado a ella por los sujetos protagonistas de ¡a misma. No obstante, hay que hacer notar que el hecho de que Weber, a diferencia de Durkheirn, dé una importancia primordial al componente subjetivo de la
poco científica. En primer lugar, se puede hacer ciencia objetiva y rigurosa referida a productos subjetivos (por ejemplo, algo tan subjelÍvo como las actitudes se pueden medir). En segundo lugar, la sociología se ocupa, tam-
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la escuela que rivalizó con el estructural-funcionalismo, ya que los miem- bros de la Escuela de Frankfurt (T. W. Adorno, M. Horkheimer, etc.) eran los adversarios más combativos de toda concepción positivista de cien- cia. Para, Theodor W. Adorno (1903-1969), el principal exponente de esta escuela, la sociología que arrancaba en Durkheim y que los funciona- listas continuarou, conducía al estudio de fenómenos sociales particulares desligados los unos de los otros y además servía ideológicamente para legi- timar el orden social. Su propuesta, la Teoría Crítica, en cambio, tenía como objetivo captar la totalidad, no descomponerla en fenómenos singu- lares y, además, conlribuía a criticar, a deslegítimar el «siste!llll», al desvelar la lógica oculta del mismo. Curiosamente, y a pesar de estar pensada como una <<alternativa» al estructural-funcionalismo, la Teoría Crítica compartía con su rival una misma orientación «realista ociológica» que concede prio- ridad al todo social, al «sistemID>,el cual parece funcionar con una lógica propia, a la que han de sujetarse los individuos. Por supuesto, también surgieron corrientes teóricas en la sociología de entreguerras y de postguerra que adoptaron una postura «nominalista» fren- te a la sociedad o «individualista metodológicID>. Así por ejemplo, el con- ductismo de George lL Homans (1910-1989) es una manifestación a la vez de atomismo o individualismo (el objeto de la sociología es la conducta; para entender la conducta hay que conocer las leyes psicológicas que expli- can la conducta del sujeto) y de naturalismo. Desde otra perspectiva teórica totalmente distinta, la fenomenología introducida en la sociología por el auslriaco discípulo de Husserl, Alfred Schütz (1899-1959), inauguró una nueva manera de analizar la acción social con los supuestos básicos de Weber y las herramientas filosóficas de la mencionada escuela de pensa- miento. El punto de partida es que el mundo social es el mundo de la acción significativa y que, para comprenderlo, hay que conocer previamente los mecanismos mediante los cuales los sujetos otorgan sentido a su acción y comprenden la acción de los demás. Posteriormente, los sociólogos P. Ber- ger y T. Luckmann en la conocida obró La construcción social de la reali- dad (1967) también considerarán que una de las tareas fundamentales de la sociOlogía es analizar los procesos mediante los cuales los sujetos, en inte- racción, construyen simbólicamente una realidad, le dan significado y ac- túan conforme a éste. Para estos autores, las posturas de Durlcheim y Weber Son conciliables ya que la sociedad posee, como afirmaba el primero, una facticidad objetiva, pero, al mismo tiempo, tal y Como afirmaba el segundo, la sociedad está construida por una actividad que expresa un significado subjetivo'. La sociOlogía, pues, debe ocuparse de ambas dimensiones.
1968.p.35.^7 Berger,^ P. y Luckmann,^ T.:^ La construcción social de la realidad,^ Buenos^ Aires,^ AmolTOrtu.,
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Por último, y sin pretender agotar todas las orientaciones teóricas (de las que se hablará con detalle en otro capítulo), hay otra escuela que ha gozado de gran prestigio en los últimos aü9s y que también adopta una óptica indi- vidualista metodológica: me refiero a las teorías de la acción racional (también llamadas de la elección racional). Los autores de esta corriente par- ten del supuesto de que la vida social se rige no por algún principio que tras- ciende a los individuos que la forman sino por el principio de que los suje- tos que integran una colectividad buscan realizar deseos, necesidades y valores y en cada situación eligen un curso de acción que, a sus ojos aunque no necesariamente a los de un observador imparcial, es el que mayor «uti- lidad» les reportará. En el centro de atención están, pues, los mecanismos de decisión, de elección, que hacen que los individuos se inclinen por un curso u otro de acción. Como se ve, el «objeto formal» de la sociología depende estrechamente de la visión que de la sociedad tienen las distintas escuelas y corrientes sociológicas y del foco de atención, de que éste ilumine más a las esfruciu- ras sociales (pasando por encima de los individuos) o a los sujetos y su
conjunto, como dijimos antes, el bosque, y el objetivo es captar la totalidad;
sistémicos (cuando descansan sobre el concepto de estructura o sistema) y, en otros, hoUstas (cuando pretenden dar cuenta de los principios con los que opera una sociedad o una civilización). En el segundo caso, la mirada se centra en los que hacen los individuos, en los procesos microsociales que hacen emerger. un tipo de orden social. En algunos enfoques, además -los enfoques cognitivos-, el sociólogo se centra en una cuestión básica: cómo los hombres construyen la sociedad día a día en un proceso constante de alribución (o retirada) de significados a las instituciones que la forman, que dependen, para su supervivencia, de que los individuos les otorguen sen- tido y legitimidad, además de otros mecanismos más drásticos como la imposición por la fuerza. Lo que está claro es que, tanto si adoptamos una perspectiva holista o individualista, macrosociológica o microsociológica, lo que no podemos olvidar es el doble componente de la realidad social: el subjetivo y el objetivo. La sociedad está compuesta de sujetos pero, además, existen en ella otros factores que trascienden a los individuos, factores que, como los sistemas de normas o de valores, las formas de organización econó- mica y política, las presiones demográficas y medioambientales etc. cons- utuyen un mundo de «facticidades» que condicionan la acción indivi- dua!. La sociología no puede prescindir del sujeto (aunque algunos modelos teóricos lo supeditan enteramente al Sistema), pero tampoco puede disolver los hechos sociales en mera subjetividad. Los hechos
sociales, en cuanto que son resultado de la acción colectiva, rebasan al individuo y acaban obedeciendo una lógica transindividual, colectiva. Esto último se manifiesta claramente en un hecho que los sociólogos lla-
elevado de personas toman la misma decisión que, individualmente, puede ser racional (por ejemplo, estudiar una carrera con salidas profesionales prometedoras), el resultado será desastroso e imprevisto (si todos eligen la misma carrera, ésta acabará saturándose y conducirá al paro a muchos de sus titulados). La lógica de lo colectivo no es la misma, pues, que la lógi- ca individual, porque las acciones individuales agregadas dan lugar a fenómenos que ni son intencionados ni están bajo el control de cada suje- to por separado.
viduos y sus acciones o interacciones hasta los productos más impersonales y objetivos de ese enorme número de acciones entrelazadas que integra la vida social, cosas tan «objetivas» como el mercado de trabajo, el Estado o la tecnología. Por ello, a pesar de la diversidad de enfoques que existen en. esta disciplina, se puede encontrar una unidad de propósito: explicar en alguno de los planos o dimensiones lo que acontece en el mundo social. Hay de hecho líneas teóricas en la actualidad que han intentado superar las viejas dicotomías (como la de nominalismo-realismo) mostrando cómo es posible integrar acción y estructura en un mismo modelo. En todo caso, lo que parece claro es que, volviendo a Durkheim, no se puede dudar de la realidad de los hechos sociales y tampoco se puede iguorar que, volviendo a Weber, los siguificados subjetivos de las acciones son un elemento insos- layable en toda investigación sociológica. Que esté en un primer plano una u otra dimensión de la realidad social no implica que se esté olvidando la otra y, de la misma manera, que el plano de análisis sea eminentemente
lidad diferente. Ni podemos hablar de los actores y de las acciones sin echar mano de conceptos que les trascienden, Como señala Mandelbaum', ni resulta posible dar plena cuenta de los macrofenómenos sociales sin remitirlos a microsituaciones, como mantiene R. Collins'. La realidad social en sus múltiples dimensiones y niveles está, en fin. en el fondo de toda indagación sociológica.
B Mandelbaum, M.: «Hechos sociales», en Ryan. A.: Filosofia eh la explicad6n social, México, FCE. 1976. pp.166-186..
(1981).pp.984-1014.^9 Collins,^ R.:^ ((Da^ the microfoundations^ of mactosociology».^ American^ Jou.maJ o/ Sociology^86
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inglés John Stuart Mill, en el que éste formula la posición metodológica que
«Las leyes de los fenómenos sociales no son ni pueden ser otra cosa que las leyes de las acciones y pasiones de los seres humanos unidos en el esta- do social. Los hombres siguen siendo hombres en un estado de sociedad; sus acciones y pasiones obedecen a las leyes de la naturaleza humana indi- vidual. Cuando se reúnen, los hombres no se convierten en otro tipo de substancia con propiedades diferentes, igual que el oxígeno y el hidrógeno
propiedades que las derivables de (y reductibles) a las leyes de la naturaleza del hombre individual.»
TEXTO 2: Fragmento de la obra del conde Henri de Saint Simon
«Pues la sociedad no es una simple aglomeración de seres vivos cuyas acciones, independientes de toda finalidad, no tienen otra razón que la arbi- trariedad de las voluntades individuales, ni más resultados que los acciden- tes efímeros o sin importancia. La sociedad es, por el contrario, una verda-
marcha del conjunto.».
Atomismo (social). Idea de la sociedad como un compuesto cuyas unidades mínimas son los individuos. Se contrapone a holismo, esto es, a la idea de la sociedad como un
f, ,
ción de un estadio final y definitivo. Explicación teleológica es aquella que da cuenta de los sucesos por los fines a los que supuestamente tienden. TIpo ideal. Esta categoría, elaborada por Weber, se refiere a un modelo de un sector de la realidad (un actor social, una institución, una cosmovisi6n, una forma económica etc.) que se construye seleccionando e intensificando sus características esenciales y los rasgos pertinen- tes para el problema que el investigador está tratando de resolver. Weber construyó, para expli- car la génesis del capitalismo. distintos tipos ideales, como el tipo ideal de bmgués protestante (basado en el modelo de Benjamin Franklin), el tipo ideal de ética económica capitalista, el tipo ideal de protestantismo ascético, el tipo ideal de burocracia moderna. etc. Variable. Las variables Son las unidades en las que se puede dividir un campo o tema de investigación ( por ejemplo, son variables en demografía la monalidad, la natalidad, la nupcialidad, el sexo, la edad, etc. ) y se refieren a componentes observables de la realidad que se estudian no aisladamente sino en relación unas con otras, de manera que se pueda. detenninar si la variación en una de ellas detennina la variación de Otra U otras con el fin de establecer las correlaciones y delenninar si existe relación causal (si una es causa de Ja otra). En toda investigación hay que definir las variables, pues la realidad sólo se puede eSlUdiar empíricamente a partir de sus eIememos observables.
ALExA.NnER, 1. c., «La centralidad de los clásicos» en Giddens, A.: lA Teoría social hoy, Madrid, Alianza, 1990, pp. 22-90. BaTRÁN, M., La realidad social, Madrid, Tecnos, 1991. MlLLS, C. W., lA imaginaci6n sociológica, México, F.C.E., 1979. NISBET, R., La formaci6n del pensamiento sociológico, 2 vols., Buenos Aires, Amorrortu, 1969.
CIENCIA; CONCIENCIA y SOCIEDÁD
IRENE MARTfNEZ SAHUQVILLO
Aunque la sociología es una ciencia reciente y el discurso sociológico acerca de la sociedad no ha hecho su aparicición hasta la época moderna, el conocimiento y la reflexión sobre la sociedad existen desde antiguo: los hombres han vivido siempre en sociedad y para formar parte de una socie- dad e integrarse en ella es preciso conocer algunos de sus mecanismos básicos así como sus «reglas del juego». Ello no implica elaborar una teoóa sobre la sociedad; generalmente los conocimientos que se tienen sobre el mundo social son de carácter preteórico, esto es, eminemente prácticos. Para desenvolverse en la sociedad el individuo tiene que poseer conoci- mientos útiles sobre leyes, usos, normas de comportamiento o hábitos que guían la acción social en cada medio y adoptar de forma más o menos consciente esos códigos de conducta que le permiten participar en una vida social cuya trama encuentra ya diseñada desde el momento de su naci- miento. La conciencia de la dependencia del individuo con la sociedad es un hecho básico. El hombre se sabe un ser que depende para su subsistencia física y psicológica de la sociedad que le rodea; toda su vida transcurre en un marco social, que implica normas y significados compartidos con otros
obtener beneficios de las situaciones de interacción. Aunque el individuo busque conseguir el máximo interés para sí mismo, lo que no puede dejar es