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106 LOS CONTENIDOS DE LAS MENTES INFANTILES Que la mejor preparación para la escuela que los padres pueden der a sus hijos es familiarizacles con los objetos naturales, especia mente con a visión y los sonidos del campo, y con la conversación rel ativa al mist o enviarlos a jardines de infancia buenos e higiénicos, que no siempre coin con los que están más de moda. 3. Todo alumno de la normal de magisterio en el curso de su fo n ción, y todo maestro al comenzár el curso con una nueva clase 0 AI nueva localidad, a fin de estar seguro de que sus esfuerzos. no serán ES tos, debería explorar cuidadosamente sección por sección las mentes ol no on todo el tacto e ingeniosidad que pueda dominar o adquirir, para detel exactamente qué es lo que el niño conoce. rma- ás comunes en los niños de una determinada locali- adquiridos, mientras que los más raros son Jos ñ yde: que se adquieren más tarde. En la enseñanza puede ones e ess orde ; j imero $ ieren las atural, y emplo, primero se adqu y . es el orden natural, y que, por €) s ananas y después el trigo (ctr. Tabla 1). Pero este orden sufre grandes cambios sesán sean los cambios ambientales, por lo que los resultados de a esplora ión de la mente infantil realiza do lugar no puede: da en un determina rati a s para los de otro lugar, excepto en unas comparativamente escasas esfera: conceptuales. 4. Los conceptos Mm dad son los primeros en ser 7. LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO (1884) por William James William James (1842-1910) imprimió en la psicologia norteamericana posterior el sello de su psicologia funcionalista y pragmática. Fue el gran maestro de la primera generación de psicólogos americanos y el pionero de los laboratorios psicológicos en este país. Sus clases de psicologia en la Universidad de Harvard y su libro «Principios de psicologia» (1890) contri- buyeron decisivamente a la formación de una psicología funcionalista americana. El texto que presentamos apareció primeramente en 1884 con el título «Algunas omisiones de la psicología introspectiva». Después fue ampliado y pasó a formar parte del libro «Principios de psicología» (1890) con el titulo «La corriente del pensamiento». Transcribimos casi integro el capitulo de dicha obra, Este Capitulo supone un ataque a la psicología introspeccionista por olvidar un becho básico de la vida priquica: su fluir continuo. Esta oposición va acompañada de una descripción casi fenomenológica del pensamiento que se ba hecho tan famosa en la literatura psicológica que no merece más comentario. W. James no fue experimentalista, y su psicología es una psico- logía de transición entre la filosófica y la psicológica, pero contiene muchas intuiciones futuras, tales como la doctrina del hábito, la teoría de las emocio- nes, la psicología del sí mismo, etc... Ciñéndonos a este texto, el lector encontrará una anticipación de la futura psicología de la Gestalt en sus párrafos sobre el carácter totalitario y global de la conciencia. BIBLIOGRAFIA: Los principales obras psicológicas de James, además de «Principios de psicología» (1890), son su «Compendio de psicología» (1892), «Psicología pedagógica» (1899), «Las variedades de la experiencia religiosa» (1902), y «Ensayos y recensiones» (1920). Para una bibliografía más completa, véase BURKHARDT (1975-88) y PILLSBURY (1911). Como ín- troducciones son interesantes las de ALLEN (1967), BARZUN (1986), BJORK (1983, 1988), CORTI (1976), FEINSTEIN (1987), MYERS (1986), PERRY (1948) y RECK (1967), 108 1A CORRIENTE DEL PENSAMIENTO Ahora damos comienzo a nuestro estudio de la mente desde dentro. La “mayor parte de los libros empiezan con los hechos mentales más simples, las sensaciones, y proceden sintéticamente, construyendo ca s esta do superior a partir de los inferiores. Pero esto implica un abandono del método empírico de investigación. Nadie tuvo nunca una simple sensación en cuanto tal. La conciencia desde el momento de nuestro nacimiento, es conciencia de una fecunda multiplicidad de objetos y relaciones, y las que llamamos simples sensaciones son resultados de la atención discriminativa, muy frecuentemente llevada a extremos muy altos. Es asombroso el estrago causado en la psicología cuando se admiten presupuestos al principio aparentemente inocentes, pero que llevan en su interior ciertos fallos. Posteriormente estas consecuencias nocivas se desarrollan y Jlegan a ser irremediables al quedar insertas en la totalidad del entramado de la obra. La noción de que las sensaciones, al ser las cosas más simples, son las primeras que deben ser consideradas por la psicología, es una de estas suposiciones. Lo único que la pico ogía tiene derecho a postular desde el principio es precisamente el hecho del pen 4 miento, y este hecho tiene que ser examinado y analizado en ames gar. Si después resulta que las sensaciones están entre los elementos del pensa- miento, éstas no saldrán peor paradas que en el caso de haberlas presupuesto rincipio. . FIG era nosotros, encuanto psicólogos, el hecho primero _ a se da alguna clase de pensamiento. Uso la palabra pensamiento (*] ia ing”), conforme a lo que dijimos anteriormente, para designar indiscrimina lamente toda forma de conciencia. Si en inglés se pudiera decir piensa lo mismo au se dice "Hlueve” o 'sopla”, entonces estaríamos afirmando este hecho de de manera más simple y sin apenas postular nada. Como esto no es posible, debemos decir simplemente que el pensantiento marcha. CINCO CARACTERES DEL PENSAMIENTO 1 pensamiento? Inmediatamente advertimos cinco carac: ¿Cómo marcha el 5 | proceso, que deberán ser tratados de un modo general teres importantes en € en este Capítulo: 1) Todo pensamiento tiende a formar parte de una conciencia personal. 2) Dentro de cada conciencia personal, el pensamiento siempre está cambiando. 3) Dentro de cada conciencia personal, el pensamiento es continuo. 4) El pensamiento siempre parece tratar con objetos independien- tes de él. 5) El pensamiento se imeresa por algunas partes de estos objetos con exclusión de las demás, y las recibe o las rechaza, en una palabra, escoge de entre las mismas. WILLIAM JAMES 109 Al considerat sucesivamente estos cinco puntos tendremos que incutrir en medias res y usar términos psicológicos que sólo en los últimos Capítulos podrán ser definidos de modo más adecuado. Pero todo el mundo sabe más o menos lo que estos términos significan; y ahora los vamos a utilizar en este sentido aproximativo y popular. Este Capítulo es como un primer boceto al carbón de un pintor sobre el lienzo, y por eso no contiene muchas sutilezas, 1) El pensamiento tiende a formas personales Cuando digo todo pensamiento forma parte de-una conciencia personal, "conciencia personal” es uno de los términos en cuestión. Su significado nos es conocido siempre y cuando no se nos pida una definición del mismo, pero dar una explicación exacta de él es una de las tareas filosóficas más difíciles. En el Capítulo siguiente afrontaremos esta tarea; ahora bastarán unas palabras introductorias. En esta habitación —digamos, en esta sala de conferencias— hay una multitud de pensamientos vuestros y míos, de los que unos guardan una mutua coherencia y otros no. Estos pensamientos tienen por sí solos tan poca entidad e independencia recíproca como pertenencia mutua conjunta. No son ni lo uno ni lo otro: ninguno de ellos es algo separado, pero cada uno está conectado con otros y no con los restantes. Mi pensamiento está unido a mis restantes pensamientos, y tu pensamiento a los tuyos. No dispo- nemos de medios que nos garanticen la existencia cierta de un mero pensa- miento, de un pensamiento que no sea de nadie, en algún lugar de la babita- ción, ya que no hemos tenido munca la experiencia de algo semejante. Los únicos estados de conciencia con los que nosotros tratamos de un modo natural son-los que se encuentran en las conciencias personales, mentes, sí mismos (*), yos y tus particulares concretos. Todas estas mentes guardan sus propios sentimientos pata sí. No hay ningún tráfico o comercia entre ellas. Ningún pensamiento entra dentro del campo de la visión directa de otra conciencia personal que no sea la de uno mismo. El aislamiento absoluto, el pluralismo irreductible son ley. Parece como si el hecho psíquico elemental fuera no cl pensamiento o este persa- miento o ese pensamiento, sino mi pensamiento, y que todo pensamiento es algo poseído. Ni la contemporaneidad, ni la proximidad espacial, ni la seme- janza de cualidad o contenido son capaces de fundir los pensamientos separados por esta barrera de pertenecer a mentes personales diferentes, Las grietas existentes entre estos pensamientos son las grietas más absolutas de la natura- leza. Todo el mundo reconocerá que esto es verdad, siempre y cuando se insista únicamente en la existencia de algo que corresponda al término "mente personal”, sin presuponer nada acerca de su naturaleza particular. En estas condiciones, el dato inmediato de la psicología debería ser el sí y N. del Traductor: El original inglés utiliza la palabra 'self'. Para distinguirlo del 'yo freudiano, lo traducimos por 'sí mismo”, ya que se trata de un yo fenoménico, del sentimiento o concepto de uno mismo, sin ninguna otra connotación. 112 LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO insistir es éste: que ningún estado, una vez desaparecido, puede recurrir y ser idéntico a lo que era antes. oo Ahora estamos viendo, ahora oyendo; ahora razonando, ahora queriendo; ahora amando, ahora odiando; y sabemos que nuestras mentes pueden ocuparse alternativamente en centenares de otras actividades. La meta de la ciencia es siempre la de reducir lo complejo a lo simple; y en la ciencia psicológica tenemos la celebrada 'teoría de las ideas”, la cual, admitiendo la gran diferencia existente entre todas las que podríamos llamar condiciones toncretas de lá "mente, intenta mostrar que esta diferencia es el efecto resultante de las variaciones en la combinación de ciertos elementos simples de la conciencia los cuales siempre permanecen idénticos. Estos áromos o moléculas mentales son lo que Locke llamó ideas simples”. Algunos de sus sucesores sostuvieron que las únicas ideas simples eran las sensaciones estrictamente tales. Sin embargo, ahora no nos interesa ver cuáles pudieran ser esas ideas simples. Basta con que ciertos filósofos hayan creído poder ver debajo de las aparien- cias de la mente —teoría de la disolución de las apariencias de la mente—, hechos elementales de cualquier. clase, los cuales permanecen incambiables en medio de flujo. La idea de estos filósofos ha sido poco cuestionada porque a primera vista nuestra experiencia ordinaria parece corroborarla plenamente. Por ejem- plo, ¿no son siempre idénticas las sensaciones que tenemos de un mismo objeto? La misma tecla de piano, golpeada con la misma fuerza, ¿no nos hace oír el mismo sonido? ¿No nos da un mismo césped el mismo sentimiento de verde, un mismo cielo el mismo sentimiento de azul, y no tenemos la misma sensación olfativa siempre que aplicamos nuestra nariz al mismo frasco de colonia? Parece un sofisma metafísico responder negativamente; y, sin embargo, considerándolo atentamente, vemos que ko hay ninguna prueba de que una misma sensación corpórea se repita dos veces. Lo que se repite es el OBJETO. Oímos una y otra vez la misma rota; vemos la misma cualidad de verde u olemos el mismo perfume objetivo o experimentamos la misma especic de dolor. Las realidades concreras y abstrac- tas, físicas e ideales, en cuya existencia permanente nosotros creemos, parecen estar presentándose constantemente a nuestros pensamientos, y en nuestro descuido, nos llevan a suponer que nuestras “ideas” de ellas son siempre las mismas. Cuando lleguemos al Capítulo de la percepción veremos cuán inve- terado es nuestro hábito de prestar atención a las sensaciones en cuanto actos subjetivos, y utilizarlas simplemente como piedras miliarias para el conoci- miento de las realidades cuya presencia ellas revelan. El césped situado al , btro lado de mi ventana me parece el mismo cuando da el sol y cuando está en la sombra, y, sin embargo, un pintor, para producir el mismo efecto sensible real, tendría que” pintar vna parte de él en marrón oscuro y la otra en amarillo claro. Por lo general no prestamos atención a los modos diversos en que una misma cosa aparece, suena y huele desde distancias diferentes y en circunstancias distintas. Lo único que nos importa es asegurarnos de la y É : WILLIAM JAMES 113 igualdad de las cosas, y probablemente consideramos como más o menos idénticas a todas aquellas sensaciones que nos garanticen dicha igualdad. Ésto es lo que quita valor, en cuanto prueba fácrica, al testimonio precipitado de la identidad subjetiva de las distintas sensaciones. Toda la historia de la sensación es un comentario sobre nuestra incapacidad para decir si dos sensa- ciones recibidas aparte son exactamente iguales. Lo que llama nuestra atención, mucho más que la cantidad o cualidad absolutas de una determinada sensación, es la razón o cociente entre ella y las demás sensaciones del momento. Cuando todo es oscuro, una sensación no tan oscura nos hace ver blanco al objeto. Helmholtz estima que el mármol blanco pintado en un cuadro que representa una vista arquitectónica 2 ta luz de la lúna, es, a la luz del día, de diez mil a veinte mil veces más clara que el mármol real visto a la luz de a luna (6). Una diferencia como ésta no pudo ser aprebendida sensiblemente. Tuvo que ser inferida de una serie de consideraciones indirectas. Hay hechos que nos hacen creer que nuestta sensibilidad está cambiando todo el tiempo, de forma que un mismo objeto no puede darnos después la misma sensación, La sensibilidad a la luz es máxima cuando por primera vez el ajo es expuesto a ella, y luego se debilita con sorprendente rapidez. Un sueño de una larga noche hará que después, al despertar, se vean las cosas dos veces más claras que tras un simple descanso producido por un cerrar de ojos durante el día (7). Sentimos las cosas de modo diferente según estemos adormilados o despiertos, hambrientos O llenos, descansados o cansados; de distinta manera por la noche y por la mañana, en verano y en invierno, y, sobre todo, en la infancia, madurez y vejez. Pero no dudamos nunca de que nuestros sentimientos nos revelan un mismo mundo, con las mismas cualidades sensi- bles. Las diferencias de la sensibilidad se ven mejor cuando se consideran las diferencias impuestas por la edad a nuestras emociones referentes a las cosas, o cuando tenemos distintos estados de ánimo orgánicos. Lo que era claro y excitante se hace cansino, monótono e inútil. El canto del pájaro es tedioso, la brisa fúnebre, el cielo triste. A estas hipótesis indirectas de que muestras sensaciones, siguiendo las mutaciones e apacidad emocional, siempre se hallan sometidas a un cambio esencial, hay que añadir otra consideración basada en lo que tiene que acontecer a el cescbro. Toda de ción corresponde a una determinada acción cerebral, Para que fuera posible el retorno i por segunda vez en un cerebro no de una misma sensación, ésta tendría que producirse modificado. Pero como esto, estrictamente hablando, es fisiológicamente imposible, también e imposible un sentimiento inmodificado, ya que a toda modificación cerebral, por Sequesa que ses, tiene que corresponder un cambio de idéntica magnitud en el sentis miento al cual sirve el cerebro. “Todo esto sería verdad si las sensaciones viniesen a nosotros puras y simples, y no combinadas en “cosas”. Pero también entonces, habría que confesar gue, a pesar de que pudiéramos decir que nuevamente tenemos la misma sensación, ello no sería exacto en a dias y que todo lo que era válido para el río de la vida, podría aplicarse al e amino elemental. Podríamos decir con Heráclico que no descendemos dos veces por la misma corriente. (6) Poputare Wissenschafuliche Vortrigo, Drittes Hefc (1876), p. 72. (7) Fick, en Hanep. d. Physiol, Bd. 111, Th. 1, p. 225 de Hermana 114 LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO Pero sí resulta tan fácil mostrar que carece de base la suposición de que las "ideas simples de la sensación" recurren en forma inmutable, ¡cuánto más infundada es la suposi- ción de que son inmucables las masas moyores de nuestro pensamiento! Porque resulta obvio y patente que muestro cstado mental no es nunca cl mismo que antes. Todo pensamiento relarivo a un determinado hecho es, estrictamente hablan- do, algo único. Cuando vuelve a presentarse un mismo hecho, /Cnemos que pensar en él de una manera nueva, verlo desde un ángulo diferenic, aprehenderlo con relaciones distintas a las de la última vez. Y el pensamiento por cl cual lo conocemos es el pensa- miento de élcon-esasrelaciones, un pensamiento coloreado por la conciencia de toda ese contexto oscuro. Frecuentemente mos sorprenden las extrañas diferencias en nuestras sucesivas apreciaciones de una misma cosa. Nos asombramos de cómo pudimos opinar como lo hicimos el mes pasado acerca de un determinado asunto. Hemos descartado la posibilidad de ese estado mental, no sabemos cómo. De un año a otro vemos las cosas a una nueva luz, Lo que era irreal se ha hecho real. Y lo que era emocionante ahora es insípido, Los amigos de cste mundo a los cuales apreciábamos, sc han hundido en las sombras, las mujeres, en omo tiempo tan divinas, las estrellas, los bosques y las aguas qué aburridos son ahora; las jóvenes que teaían un aura de infínitud, en cl presente, son existencias difícilmente distinguibles; los cuadros son tan vacios; y en cuanto a los Kíbros, ¿qué era lo que nos hacía encontrar tan misteriosamente significativo a Goethe o tan sólido a John Mi? En lugar de todo esto, el trabajo, el trabajo es más estimulante gue nunca; y más pleno y profundo el significado de las obligaciones y de los bienes ordinarios, Pero lo que aquí nos sorprende con tanta fuerza a escala más visible, también está presente en todas Jas escalas, hasta en cl tránsito imperceptible de la perspectiva de una hora a la de la siguiente. La experiencia nos vuelve a moldear en cada momento, nuestra reacción mental 2 una determinada cosa es en realidad una resultante de la totalidad del mundo hasta la fecha, Hay que recurrir nuevamente a la analogía de la fisiología cerebral para corroborar nuestra idea Nuestros Capítulos ameriores nos han enseñado a creer que, mientras pensamos, nuestro cerebro está cambiando, y que, como la aurora boreal, con cada latido del cambio cambia todo su cquilibrio interno, La naturaleza precisa del cambio y en un determinado momento depende de muchos factores, Entre ellos puede estas el cstado accidental de nutrición o suministro sanguíneo local. Pero así como uno de ellos ciertamente es la influencia de los objetos externos sobre los órganos de los sentidos durante el momento, así otro es ciertamente la susceptibilidad especial a la que ha sido abandonado el órgano por todo lo que ha ecurtido en el pasado, Todo estado cerebral cstá determinado en parte por la naturaleza de esta entera sucesión del pasado. Alvera ésta en cualquiera de sus partes, y el estado cerebral tendrá que scr algo diferente. Todo estado cerebral presente es un registro en_el que el ojo de la Ommnisciencia podría leer toda la historia anterior de su propietario. Por consiguiente, está fuera de la cuestión el que pueda recurrir un estado cerebral total con idénticas características; quizá recurra algo similar; pero suponer que él recurre sería equivalente a la absurda admisión de que todos los estados intermedios entre sus dos apariciones habían sido puras no entidades, y que después de su tránsito el órgano era exactamente cl mismo de antes. Estoy seguro de que esta manera concreta y total de considerar a los cambios de la mente es la única verdadera, por difícil que resulte el detallarla, Si hay algo que parezca oscuro con respecto a ella, irá aclarándose a medida en que avancemos. Mientras ranto, si esto es verdad, también tendrá que serlo el que no hay dos 'ideas' idénticas, que es la proposición que comenza- mos a demostrar. Esta proposición es más importante de lo que parece a primera vista. Porque nos impide seguir obedientemente las huellas de la escuela Lockeana y Herbartiana, escuelas que han ejercido una influencia casi limitada en Alemania y también entre nosotros. No hay duda de que suele ser conveniente formular los hechos mentales de un modo atomista y tratar a los estados superiores de conciencia como si fueran compuestos de ideas WILLIAM JAMES 115 simples incambiables. Muchas veces es conveniente considerar a las curvas como si estuvieran compuestas de pequeñas líneas rectas, y A la electricidad y fuerza nerviosa como si fueran fluidos. Pero nunca hay que olvidar que estamos hablando simbólicamente, y que en la naturaleza no hay nada que corresponda a nuestras palabras. Una idea” o 'Vorstellung' que exista perma: nentemente y que, a intervalos periódicos, haga su aparición ante las candilejas de la conciencia, es una entidad tan mitológica como el As de espadas. 3) Dentro de cada conciencia personal, el pensamiento es sensiblemente continuo Sólo puedo definir a lo continuo” como aquello que no tiene brechas, roturas o divisiones. Ya he dicho que la brecha existente entre dos menes es quizá la mayor brecha de la natutaleza. Las únicas grietas que pueden concebirse dentro de una meme singular serían o bien interrupciones, lapsus temporales durante los cuales se esconde la conciencia para después volver nuevamente a la existencia; o bien rupturas en la cualidad, o contenido, el pensamiento, tan abruptas que el segmento siguiente: no tendría ninguna conexión con el precedente. La proposición de que, dentro de cada conciencia personal, el pensamiento siente una continuidad significa dos cosas: 1. Que incluso allí donde hay una interrupción o lapso temporal, la conciencia se siente vinculada a la conciencia precedente, como a otra parte de un idéntico sí mismo. 2. Que los cambios de un momento a Otro en la cualidad de la con- ciencia no son nunca absolutamente abruptos. Ñ ' En primer lugar consideraremos a los lapsos temporales por ser los más simples. Comencemos por aquellos que pasan desapercibidos incluso para la i lencia. e páginas anteriores hablamos de la existencia de estos. lapsos y de que podían ser más numerosos de lo que ordinariamente se supone. i conciencia no es consciente de ellos, no puede sentirlos como interrupciones. En la inconsciencia producida por el óxido nítrico y otros anestésicos, en la de la epilepsia y el desmayo, los límites rotos de la vida sensorial pueden encontrarse y afluir por encima de la hendidura, como los sentimientos del espacio de las márgenes opuestas del "punto ciego” se encuentran y confluyen, por encima de esa interrupción objeriva, en la sensibilidad del ojo. Tal con- ciencia, prescindiendo de lo que le pueda parecer al psicólogo que la observa, para ella misma no es algo dividido. Se siente sin fisuras; un día suyo de vigilia es sensiblemente una unidad tan larga como la duración de ese día, en el sentido en que las horas son unidades, es decir, como algo cuyas partes están unas detrás de otras, sin ninguna substancia ajena que se interfiera entre ellas. Esperar que la conciencia sienta como hendiduras las interrupciones objetivas de su continuidad sería lo mismo que esperar que el ojo sintiera 118 LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO difícil encontrar en la conciencia concreta del hombre un sentimiento tan Hl do al presente que no contuviera ningún resta de lo que le había precedido. Aquí, nuevamente, va en contra de nuestra percepción de la verdad. Nosotros denominamos simplemente nuestros pensamientos, cada uno en función de su objeto, como si cada uno conociera su propio objeto y nada más que eso. Lo que en realidad conoce es la cosa denominada, quizá junto con otras mil cosas oscuras. Debería ser nombrado de acuerdo con todas ellas, pero no lo es nunca... Estas diferencias en la velocidad del cambio constituyen el fundamento de la distinción que ahora vamos a considerar, Cuando el cambio es lento, somos conscientes del objeto de nuestro pensamiento de un modo relativa- mente reposado y estable. Cuando el cambio es rápido, tenemos conciencia de un paso, de una relación, de un tránsito desde él, o ente él y otra cosa. Cuando de hecho adoptamos una visión general de la maravillosa corriente de nuestra conciencia, lo primero que nos sorprende es esta marcha diferente de sus distintas partes, Al igual que la vida del pájaro, la conciencia parece hecha de una alternativa de vuelos y paradas. El ritmo del lenguaje expresa esto mismo, ya que todo pensamiento está encerrado en la sentencia y ésta en el período, Los lugares de reposo suelen ser ocupados por ciertas clases de imaginaciones sensoriales, cuya peculiaridad consiste en poder mantenerse en la mente por un tiempo indefinido y ser contempladas sin cambios; los lugares del vuelo están repletos de pensamientos de relaciones estáticas o dinámicas, las cuales en su mayor parte afectan a las cosas contempladas en los períodos de relativo descanso. Llamemos a los lugares de reposo "partes substantivas' y a los de vuelo "partes transitivas? de la corriente del pensamiento. Entonces resulta que el fín principal de nuestro pensamiento es llegar a otra parte substanriva distinta de la que hemos sido desalojados. Y podemos decir que la principal utilidad de las partes transitivas es la de llevarnos de una conclusión substantiva a otra. Ahora bien, introspectivamente es muy difícil ver las partes transitivas en lo que realmente son. Si no son otra cosa que vuelos hacia una conclusión, detenerlas para observarlas antes de llegar a ella, es en realidad aniquilarlas. Mientras que si esperamos a la conclusión, entonces ésta las excede tanto en vigor y estabilidad que las eclipsa y absorbe totalmente en su resplandor. Que alguien intente cortar un pensamiento por la mitad y mirar a su sección, y verá lo difícil que es la observación introspectiva de los trechos transitivos. La embestida del pensamiento es tan impetuosa que casi nos lleva a la conclusión sin que hayamos podido detenerlo. O si somos lo suficien- temente ágiles y conseguimos detenerlo, dejará inmediatamente de ser lo que es. Como el cristal de un copo de nieve en la cálida mano deja de ser cristal y se convierte en gota de agua, así en lugar de captar el sentimiento de relación en su marcha a la meta, vemos que bemos atrapado algo sustantivo, “de ordinario la última palabra pronunciada, de un modo estático, y cuya función, tendencia y significado particular en la frase, se han evaporado por completo. En estos casos, intentar el análisis introspectivo es lo mismo que agarrar la punta de una rueca para coger el movimiento, o querer mover la llave del gas con la suficiente rapidez como para ver cómo es la oscuridad, WILLIAM JAMES 119 Y el desafío a producir estos estados transitivos, que sia duda los psicólogos escépticos lanzarán a todos los defensores de su existencia, es tan poco noble como el tratamiento que da Zenón a los defensores del movimiento, cuando pidiéndoles que señalen el lugar en donde está da flecha al moverse arguye la falsedad de sus Jesis Basándose en su incapacidad para spuesta inmediata a tan absurda pregunta. . . A Los resultados de esta dificultad introspectiva son funestos. Sl es tan difícil asegurar y observar las partes transitivas de la corriente, el pensa. miento, entonces el gran desatino al que están expuestas todas a escu ys de pensamiento es el de no poder registrarlas e insistir demasia: o en Es partes más substantivas. ¿No estuvimos hace un momento En pel ie ignorar todo sentimiento trans ivo entre el silencio y el pues, y cons cra a su frontera como a una especie de hendidura mental? ora bie y ignorancia ha seguido dos vías en el curso de la historia. Unos pensadores han incidido en el sensacionalismo. Incapaces de poner sus manos sol e dos toscos sentimientos correspondientes a Jas innumerables relaciones: y conez on. entre los hechos mundanos, no hallando ninguna modificación su pjetiva verbal que reflejara dichas relaciones, la mayoría negó la existencia le los, sen mientos de relación, y muchos de ellos, como Hume, han ido más jo ñ han negado la realidad de la mayor parte de las relaciones, tanto fa < la mente, como dentro de ella. Los estados substantivos, las sensaciones y sus copias y derivados, yuxtapuestas como las fichas de dominó en eo eo en realidad separadas, todo lo demás es pura ilusión verbal; tal « A sión de esta teoría (10). Los intelectualistas, por su pe, ap As de abandonar la realidad de las relaciones extra mentem, pero pe ién cp de señalar ningún sentimiento substantivo distinto en el cual ers conoc das, han negado también la existencia de estos sentimientos. co, a Legs o a una conclusión opuesta. Las relaciones tienen que conocerse, leen, 2 go que no es sentimiento, ni modificación mental continua y cons sana el tejido subjetivo del que están hechas las sensaciones y demás * ados substantivos. Estas relaciones son conocidas por algo a está en > ano totalmente distinto, un Acto Puro” del Pensamiento, Intelecto o azó non mayúscula, ya que significan algo indeciblemente superior a to sensible. _. Pero, desde nuestro punto de vista, tanto los sensacionalistas como los intelectualistas están equivocados. Si es que bay cosas tales tomo Os soni mientos, entonces tan seguro como en la naturaleza se dan rel aciones e re los objetos, y todavía con mucha más seguridad, hay sentimientos mediante los que estas relaciones son conocidas. No hay en el lenguaje humano ri conjunción o preposición, y apenas ninguna frase adverbial, orme sinté ica o inflexión de voz, que no expresen aspectos de la selación entre los principales objetos de nuestro pensamiento, cuya existericia nOSolYoS sentimos en 10) Por ejempl nsa una O de ideas distintas, más O menos rápidas en su suce sapidez por el número que atravie: and Will, p. 29). á i siente continua, sino , lel pensamiento no es una corriente c . o sión, pudiéndose medir su sa la mente en un momento dado» (Bain, Emotions 120 LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO momento dado. Si hablamos objetivamente, son las relaciones reales las que aparecen reveladas; “si lo hacemos subjetivamente, es la corriente del pensa- miento la que las empareja dándoles una coloración interior propia. En ambos casos, las relaciones son innumerables, y ningún lenguaje humano puede hacer justicia a todos sus matices, Deberíamos hablar de un sentimiento del y, un sentimiento del sí, o del por, exactamente lo mismo que decimos un sentimiento del azi o del frio. Pero no lo hacemos: tan inveterado se ha hecho nuestro hábito de retonocer únicamente la existencia de las partes substantivas, que el lenguaje casi se niega a plegarse a cualquier otro uso. Los empiristas siempre han estado bajo la influencia de estas relaciones cuando suponen que siempre ha de darse la correspondiente cosa separada allí donde haya un nombre distinto; y con razón han negado la existencia de la turba de entidades abstractas, principios y fuerzas en cuyo favor no pudiera aducirse otra evidencia distinta de ésta. Pero no han dicho nada acerca del error contrario, del cual hablamos en el Capítulo VIII, de suponer que no puede existir ninguna entidad cuando no hay ningún nombre. Debido a este error, han sido eliminados a sangre fría todos los estados psíquicos mudos o anónimos; o, en caso de ser reconocidos, han sido denominados de conformidad con la percepción substantiva a la que conducían, como pensamientos "acerca de* éste o aquel objeto, englobando la estólida palabra acerca de” en su monótono sonido a todas sus delicadas características. De este modo, se ha dado una continua y progresiva acentuación y separación de las partes substantivas. Una vez más miremos al cerebro. Creemos que el cerebro es un órgano cuyo equilibrio interno siempre está en estado de cambio, y que el cambio afecta a todas sus partes. Sus palpitaciones son indudablemente más violentas en unos lugares que en otros, su ritmo más rápido en este momento que en aquél. Como en un caleidoscopio que gira con la misma velocidad, aunque las figuras están en continua reorganización, hay instantes en los que la transformación parece minúscula e intersticial y casi ausente, que luego van seguidos de otros en los que se dispara con mágica rapidez, de modo que formas relativamente estables alternan con otras que no podrían ser distin- guidas por nosotros si las viéramos de nuevo; del mismo modo, dentro del cerebro, la perpetua organización tiene que levar a formas de tensión relativa- mente largas, mientras que, en cambio, otras simplemente vienen y pasan. Pero si la conciencia corresponde al hecho de esa reorganización, ¿por qué, dado que ésta no se detiene, tendría que cesar la conciencia? Y si una prolon- gada reorganización lleva consigo una clase de conciencia, ¿por qué una rápida reorganización no debería de producir otra' clase de conciencia tan peculiar como la reorganización misma? Las conciencias prolongadas, si son de objetos Simples, las llamamos 'sensaciones” o 'imágenes', según sean vívidas o tenues; si de objetos complejos, las llamamos *perceptos' cuando son vívidas, 'pensa- mientos” cuando son débiles. Para las conciencias veloces sólo disponemos de los nombres de "estados transitivos” o "sentimientos de relación” anterior- mente utilizados... WILLIAM JAMES 121 Sentimientos de tendencia Pero hay otros estados no denominados, o: cualidades de estados que son tan importantes y tan cognitivos como los estados transitivos, y que han sido muy poco reconocidos por las filosofías sensacionalistas e intelectualistas. La filosofía mental sensacionalista es incapaz de dar con estos sentimientos, la intelectualista descubre su función cogitiva, pero niega la participación en su producción a todo aquello que tenga que ver con el sentimiento, Algunos ejemplos servirán para aclarar cómo son estos procesos psíquicos inarticulados producidos por las excitaciones que surgen y se desvanecen en el cerebro. Supongamos que tres personas sucesivas nos dicen “espera”, "escucha”, 'mira”, Nuestra conciencia se sumerge en tres diferentes actitudes de expecta- ción, aunque en ninguno de los casos tenga frente a sí a ningún objeto definido. Aparte de las diferentes actitudes corpóreas reales, y de las imágenes reverbertorias de las tres palabras, probablemente nadie negará la existencia de una afección consciente residual, un sentido de la dirección por donde va a venir-una impresión, aunque todavía no se haya producido ninguna impresión positiva. Pero no disponemos de otros nombres como no sea de los de "escucha', "mira? y "espera. Supongamos que intentamos recordar un nombre olvidado. El estado de nuestra conciencia es peculiar, Hay en ella un lapso; pero no un mero lapso. Es un lapso intensamente activo. En él hay una especie de fantasma del nombre que nos lleva hacia una determinada dirección, que en un momento dado nos hace sentir su proximidad, y a continuación nos deja hundirnos sin conseguir el término tan amhelado, Sí se nos proponen nombres falsos, este lapso singularmente definido actúa inmediatamente para negarlos. No se ajustan a su molde. Y el lapso de una palabra no es sentido como el de otra, a pesar de parecer necesariamente vacíos de contenido cuando se los describe como tales. Cuando intento en vano recordar el nombre de Spalding, mi conciencia es muy distinta a cuando intento recordar el de Bowles. Aquí algunas personas ingeniosas dirán: ¿Cómo pueden ser diferentes ambas conciencias cuando no hay términos que podrían hacerlas diferentes? Dado que los esfuerzos por recordar son vanos, lo único que hay es el mero esfuerzo vacío. ¿Cómo puede ser diferente en ambos casos? Tú los haces parecer diferentes llenándolos prematuramente con distintos nombres a pesar de que, por hipótesis, éstos todavía no han llegado. Atengámonos a los dos esfuerzos, tal como són, sir nombrarlos de acuerdo con hechos no existentes, y entonces seremos totalmente incapaces de designar algo en lo que puedan diferir, Designar, verdaderamente sólo podemos designar la diferencia mediante los nombres de los objetos que todavía no están en la mente. Lo cual significa que nuestro vocabulario psicológico es totalmente inadecuado para nombrar las diferencias existentes, incluso cuando éstas son tan grandes como en este caso. Pero la ausencia de un nombre es compatible con la existencia. Hay innumerables conciencias de variedad, ninguna de las cuales tomadas en cuanto tales tiene nombre, pero todas ellas son diferentes unas de otras. Lo corriente es suponer que todas ellas son lapsos de conciencia, y por tanto, constituyen un mismo estado. Pero el sentimiento de ausencia es fodo coelo distinto de 124 LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO fuerte de la d, ya que en ambos casos sus procesos se hallan en cierta medida despiertos... “Ugo análogo ocurre con los 'sobreronos' de la música. Diferentes instrumentos “dan la misma mote” pero cada uno en una voz difereme, ya que dan más de una nota, a saber, Vallas armónicas superiores a ella, las cuales difieren de un instramento a orro. No son Sidas por separado en el oído; se mezclan con la mora fundamental e impregnan y Slteran el efecto psíquico de los procesos que están en su punto culminante, Usemos las palabras 'sobretono psíquico”, impregnación o “franja” para designar a la influencia de un débil proceso cerebral sobre nuestro pensamiento cuando le hace caer en Ja cuenta de objeros y relaciones muy oscuramente percibidos. Si entonces consideramos la función cognitiva de los diferentes estados mentales, podemos estar seguros de que la diferencía entre los que son mera familiaridad” y los que son “conocimiento de' es reducible casi enteramente a la ausencia o presencia de franjas o sobretonos psíquicos. El conocimiento de una cosa es conocimiento de sus relaciones. La familiaridad con ella consiste ónicamente en la escueta impresión causada por ella. De la mayoría de sus relaciones sólo tenemos conciencia en la forma naciente Doscura de una franja” de afinidades no articuladas con ella, Y antes de pasar al tema siguiente, debemos decir algo de este sentido de afinidad, dado que es una de las caracte- rísticas más interesantes de la corriente subjetiva. En todo muestro pensamiento voluntario hay algún tema o tópico en torno al cual giran todos los miembros del pensamiento. La mitad de las veces este tema es un problema, Ea vado que no podemos llenar con un cuadro, palabra o frase dererminadas, pero que, da domo antes dijimos, influye en nosotros de un modo intensamente activo y determi hadamente psíquico. Cualesquiera que sean las imágenes y frases que pasan por delante de nosotros, sentimos su relación Con este doloroso vacío, Llenario es la tarea de muestro pensamiento, Algunas imágenes nos acercan a su consumación, Otras son negadas por irrelevantes. Todas nadan en una franja de relaciones sentidas cuyo término es ese vacío que acabamos de mencionar, O, en lugar de esos vacíos bien definidos, podemos Nevar simplemente dentro de nosotros una especie de interés. Entonces, por vago que éste sea, actuará del mismo modo, arrojando un manto de afinidad sentida sobre las representaciones entrantes en la mente que se acomaden a él y tiñendo con el sentí- miento de tedio o discordia a todas aquellas que no le interesen. Entonces, la relación com nuestro coma de interés es ftanja, especialmente la relación de armonía y de discordia, de apoyo su obstaculización del tema. Cuando se da el sentimiento de apoyo, nos sentimos 'muy bien', con el senti- miento de obstaculización estamos insatisfechos y perplejos y buscamos Otros pensamientos. Alora bien, lodo pensamiento cuya ffanja nos permita sentimos 'bien”, es un miembro aceptable de muestro pensamiento, prescindiendo de cuál sea su naturaleza. Con tal de que solamente sintamos que ese pensamiento tiene un lugar ca el esquema de relaciones en el cual se halla el toma interesante, eso es totalmente suficiente para convertirlo en ina porción relevante y adecuada de nuestro tren de ideas. Porque lo importante acerca del tren del pensamiento es su conclusión. Eso es el significado, o como decimos, el tema del pensamiento, Eso es lo que permanece cuando todos los demás miembros se han desvanecido de la memoria. De ordinario esta conclusión Ss una palabra o frase o imagen particular, o una actitud o resolución práctica, surgida para resolver un problema o Jlenar un vacío preexistente que nos preocupaba, o bien surgida accidentalmente en el sueño, En ambos casos, está fuera de los demás segmentos de la corriente por razón del interés particular a él vinculado. Este interés, lo detiene, lo convierte en una especie de crisis cuando viene, centra la atención en él y hace que lo tratemos de un modo substantivo. Las partes de la corriente que anteceden a estas conclusiones substantivas no son sino medios para lHegar a ellas, y, siempre que se llegue a la misma conclusión, los medios pueden ser tan mutables como uno quiera, porque el 'significado, de la corriente seguirá o el mismo. ¿Que más den los medios? «Quimporte le Hlacon powrvu quíoz dí Pioresse?». (¿Qué importa el frasco con tal que se tenga la embriaguez?) La relativa falta de importancia de los medios se ve también en el hecho de que cuando se tiene la conclusión, siempte se olvida la mayor parte de los pasos precedentes. Cuando hemos enunciado una proposición, taras, veces podemos recordar un poco después nuestras palabras exactas, aunque podamos expresaila con bastante facilidad con otras palabras distintas... WILLIAM JAMES 125 Si conocemos Inglés y Francés, y comenzamos a decir una frase en Francés, todas las demás palabras vendrán en Francés y difícilmente dircinos algunas en Inglés. Y esta inucua afinidad entre las palabras francesas no es algo que sólo opere mecánicamente como una ley del cerebro, sino algo que nosorros sentimos en ese momento. Nuestro conocimiento. de una frase francesa que acabamos de oír no desciende tanto que care amos de una conciencia de la unión linglística de esas palabras. Nuestra atención difíc Siente puede vagar tanto que no detecte el cambio cuando de repente se introduce una Palabra inglesa, Este vago sentimiento de pertenencia 2 un mismo lenguaje es la mínima Franja que puede acompañar a las palabras. De ordinario, la vaga percepción de que las palabras oídas pertenecen al mismo lenguaje y al mismo vocabulario especial de ese Eenguaje, y de que la secuencia gramatical nos es familiar, equivale en la práctica a admitir e TO, que oímos tiene sentido. Pero si se introduce una palabra extranjera poco común eiopieza la gramática o aparece de repente algún término de algún vocabulario incon- Gruente, tal como "ratonera a “cuenta del fontanero” en una ciscusión filosófica, la ermoncia estalla. por así decirlo; la incongruencia provoca un choque en nosotros, y desaparece nuestro sentimiento somnoliento. En estos casos, el sentimiento de racionaliciad parese algo negativo, más que positivo, y consiste en la meta ausencia de choques o de Pentimientos de discordia entre los términos del pensamiento. “Tan. delicado e incesante es este reconocimiento por parte de la mente de la mera adecuación de las palabras pronunciadas conjuntamente, que el más leve error de lectura, o “casualidad” en lugor de 'causalidad”, "perpetuo" en lugar de 'percepto”, será neatamente cortegido por un oyente cuya atención esté tan relajada que no tenga ni idea del significado de la sentencia. Ala imersa, si las palabras pertenecen al mismo vocabulario y si la estructura aramatical es incorrecta, sentencias ceremtes totalmente de significado pueden ser prono: Ae buena fe y pasar inedvertidas. Ejemplo de esto son los discursos en las reunío: oc de oración, los cuales repiten la misma colección de frases hechas, y también o séneros de escritos a tanto le línea y frases retóricas de los periodistas. «Los Pájaros llenaban las copas de los árboles con sus cantos mañaneros, haciendo el aire Pámedo, fresco y placentero» es una frase que recuerdo haberla leído una vez en ue repone sobre unos ejercicios arléticos en el "Jerome Park. Probablemente fue escrito oleniemente por el periodista precipitado y leído sin crítica por muchos lectores... Aquí podemos hacer una pausa. El lector ve ahora la poca o ninguna importancia de la estofa mental y de la cualidad de las imágenes que acompa- ñan a su pensamiento. Las únicas imágenes intrínsecamente importantes son las paradas, las conclusiones substantivas, provisionales o finales del pensa- miento, En el resto de la corriente, los sentimientos de relación son el todo, y los términos relacionados casi nada. Estos sentimentos de relación, estos sobretonos psíquicos, halos, impregnaciones O franjas extendidas alrededor de los términos, pueden ser idénticos en sistemas de imágenes muy diferentes. Un diagrama puede servir para acentuar esta indiferencia de los medios mentales cuando el fin es el mismo. Sea Á una experiencia con la que comienzan varios pensadores. Sea Z la conclusión deducida por medio de la razón. Uno llega a la conclusión por una vía; otro por otra; uno sigue un curso de imágenes verbales inglesas, otro de alemanas; en uno predominan las imágenes visuales; en Otro las táctiles. Unos trenes están teñidos de emociones, otros no; unos son muy cortos, sintéticos y rápidos, otros llenos de duda y rotos en muchos pasos. Pero cuando los penúltimos, términos de todos los trenes, diferentes inter se, finalmente terminan en la misma conclu- sión, decimos con razón que todos los pensadores habían tenido substancial mente el mismo pensamiento. Probablemente ellos se asombrarían mucho si pudieran entrar en la mente de su vecino y ver la enorme diferencia existente entre las imágenes de aquél y las suyas. 126 LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO Figura 28 * * Esto es todo lo que tengo que decir acerca de la sensible continuidad y unidad de nuestro pensamiento, comparada con la aparente discontinuidad de las palabras, imágenes y otros. En medio de sus elementos substantivos hay una conciencia 'transitiva”, y las palabras e imágenes están 'franjeadas” y no son tan discretas como a un observador descuidado le pudiera parecer, Pasemos ahora al siguiente apartado de nuestra descripción de la corriente del pensamiento. 4) El pensamiento humano aparece versando sobre objetos independientes; esto es, es cognitivo, o posee la función de conocer Para el Idealismo Absoluto, el Pensamiento infinito y sus objetos son una misma cosa. Los objetos existen porque son pensados. Si hubiera en el mundo un pensamiento humano en solitario, no habría ninguna razón para presuponer algo más respecto a él. Todo lo que podría tener ante sí sería su visión, estaría allí, en se "all, o luego, en se luego”; y nunca surgiría la pregunta sobre la existencia o no existencia de un duplicado extramental de él. La razón por la que todos creemos que los objetos de nuestros pensa- mientos tienen dentro de nosotros una existencia duplicada es porque hay muchos pensamientos humanos, cada uno de ellos con los seismos Objetos, como no podemos menos de suponer. El juicio de que +ei pensamiento tiene el mismo objeto que su pensamiento es lo que le lleva al psicólogo a decir que mí pensamiento conoce una realidad exterior. El juicio de que mi pensamiento pasado y mi pensamiento presente versan sobre el mismo objeto es lo que me hace sacar el objeto y proyectarlo mediante una especie de triangulación, a una posición independiente desde donde pueda aparecer a ambos. De modo que el fundamento de nuestra creencia en realidades fuera del pensamiento es la Identidad de una multiplicidad de apariencias objeti- vas (11). En el Capítulo XII trataremos nuevamente del juicio de identidad, e Con vistas a mostrar que la cuestión de si la realidad es o no extra- mental probablemente no se planteará cuando no haya experiencia repetida de lo mistro, tomemos el ejemplo de una experiencia totalmente sin prece- .(11) Si solamente una persona ve una aparición consideramos a ésta como una alucinación. Si la ven más de una, comenzamos a pensar la posibilidad de una presencia externa real, WILLIAM JAMES 127 dentes, por ejemplo, un nuevo sabor en la garganta. ¿Se trata de una cualidad subjetiva del sentimiento o más bien de una cualidad objetiva sentida por nosotros? Én ese momento ni siguiera nos planteamos la cuestión. Pero si un médico después de escuchar nuestra descripción nos dice: «bien, ahora ya sabes lo que es el ardor de corazón», entonces se convierte en cualidad existente extra mentem tuam que, tú, por tu parte, has comprendido y apre- hendido. Los primeros espacios, tiempos, cosas, cualidades experimentados por el niño aparecen probablemente como el primer ardor de pecho, exacta- mente de la misma manera, como simples seres, ni dentro ni fuera del pensa- miento. Pero después, cuando tiene otros pensamientos y hace repetidos juicios de identidad entre sus objetos, el niño comprueba en sí mismo la noción de realidades, pasadas y distantes, y también presentes, que no pueden ser poseídas ni engendradas por ningún pensamiento, pero sin embargo tados las pueden contemplar y conocer. Este, como dijimos en el Capítulo anterior, es el punto de vista psicológico, el punto de vista relativamente acrítico y no idealista de toda ciencia natural, más allá del cual no puede ir este libro. Una mente que se haya hecho consciente de su propia función cognitiva desempeña el papel de lo que hemos llamado "el psicólogo” de sí misma. No sólo conoce las cosas que aparecen delante de ella, además sabe que las conoce. Este estado de condición reflexiva es, más o menos explícitamente, nuestro estado mental adulto habitual. Pero no puede ser considerado como primitivo. Primero tiene que venir la conciencia de los objetos. Parece que caemos en esta condición primordial cuando nuestra conciencia es reducida al mínimo por la inhalación de anesté- sicos o por un desvanecimiento. Muchas personas atestiguan que, en un determinado estadio del proceso anestésico, los objeros todavía les son cono- cidos aunque hayan perdido el pensamiento de sí mismo. Sin embargo, muchos filósofos sostienen que la conciencia refleja del -sí mismo es esencial para la función cognitiva del pensamiento. Defienden que un pensamiento, para conocer algo, tiene que distinguir expresamente entre la cose y su propio sí mismo... Esta es una suposición totalmente gratuita, y na hay el más leve indicio de razón para suponer su verdad. De la misma forma yo podría pretender que no puedo soñar sin soñar que estoy soñando, jurar sin' jurar que estoy jurando... Para concluir, al conocer, el pensamiento puede discriminar entre su objeto y él mismo, pero esto no es necesario. Hemos utilizado la palabra Objeto. Abora debemos decir algo sobre el uso más adecuado de este término en la psicología. En el lenguaje popular, la palabra objero es comúnmente entendida sin referencia al acto del conocimiento, y se la considera como sinónimo de sujeto individual de existencia. Así, si te preguntan cuál es el objeto de la mente cuando dices Colón descubrió América en 1492”, la mayoría responderá "Colón' o América”, o, a lo sumo, "El descubrimiento de América”, Nombra- € 130 LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO ahora de una clase, ahora de otra, por el acento diferente que damos a los distintos golpes. El ritmo más simple es el doble, tic-tác, tic-tác, tic-tác. Los puntos dispersos de una superficie son percibidos en filas y grupos. Las líneas separadas son percibidas en diversas figuras. La ubicuidad de las distinciones mentales, éste y ése, aquí y allí, abora y luego, es resultado de poner ese mismo énfasis selectivo en las diversas partes del espacio y del tiempo. Pero hacemos mucho más que acentuar cosas y unir algunas y mantener separadas a otras. En realidad ¡gmoramos la mayor parte de las cosas que están delante de nosotros. Veamos cómo ocurre esto. Comenzando por la base, ¿qué son nuestros sentidos sino órganos de selección? De entre el infinito caos de movimientos que, como la física nos enseña, constituyen el mundo externo, cada órgano sensorial escoge aquéllos situados dentro de ciertos límites de velocidad. Responde a ellos, pero ignora a los restantes de un modo tan completo que es como si no existieran. Así acentúa los movimientos particulares de forma para la cual no parece haber ninguna rezón válida; porque, como dice Lange, no hay razón para pensar que la hendidura existente en la naturaleza entre las ondas sónicas más superiores y las ondas caloríficas más inferiores, sea una hendidura tan abrupta como la que separa a nuestras sensaciones; ni que la diferencia entre los rayos violeta y ultravioleta tenga algo que se parezca a la importancia objetiva representada subjetivamente por la distancia existente entre la luz y las tinieblas. Partiendo de eso que, de suyo, es un continuume indistinguible y hormigueante, desprovisto de distinciones o énfasis, nuestros sentidos cons- truyen, fijándose en este movimiento e ignorando aquel otro, un mundo lleno de contrastes, de acentos fuertes, de cambios abruptos, de luz y sombras pintorescas. Si las sensaciones que recibimos de un determinado órgano se basan en una selección determinada por la configuración de las terminaciones del órgano, la atención por su parte, escoge como dignas de ser observadas sólo a unas pocas de entre las muchas sensaciones a su alcance, y suprime todas las restantes. La Optica de Helmholtz no es mucho más que el estudio de las sensaciones visuales nunca concienciadas por el común de los mortales, puntos negros, muscoe volitantes, post-imágenes, irradiación, franjas cromáticas, cambios marginales de color, imágenes dobles, astigmatismo, movimientos de acomodación y de convergencia, rivalidad retinal y oros muchos. Si no tenemos un entrenamiento especial, ni siquiera somos capaces de reconocer sobre cuál de nuestros ojos está incidiendo una imagen, La mayoría de los hombres ignoran este hecho hasta tal punto que es posible que durante muchos años padezcan de ceguera de un ojo y no caigan en la cuenta de ello. Helmholtz dice que sólo advertimos aquellas sensaciones que son para nosotros signos de cosas, Pero, ¿qué son las cosas? Nada, como veremos abundantemente, como no sean grupos especiales de cualidades sensíbies que para nosotros tienen un Ínterés práctico O estético, y que por eso les damos nombres substantivos y exaltamos su 'status' exclusivo de independencia y dignidad. Pero de suyo, aparte de mi interés, un remolino de polvo en un día de viento es algo tan individual y tan digno de un nombre individual como mi propio cuerpo. Ñ Y entonces, ¿qué es lo que ocurre a las sensaciones nuestras de cada cosa particular? La mente nuevamente las selecciona, Escoge a algunas de ellas para que representen la WILLIAM JAMES 131 cosa con mayor verdad, y considera a las restantes como aspectos externos modificados por las condiciones del momento, Así digo que mi mesa es cuadrada, en virtud de una sola de entre las infinitas sensaciones retinales que ella me proporciona, entre las cuales están las sensaciones de dos ángulos obtusos y dos agudos; pero a estas últimas las Hamo efectos de la perspectiva y digo que la verdadera forma de la mesa son los cuatro ángulos rectos, y erijo al arríbuto de la cuadratura en la esencia de la mesa, por razones estéticas de mi fuero interno. De modo similar, la forma real del circulo es la sensación que da cuando la línea de visión es perpendicular a su centro —todas las" demás sensaciones son signos de esta sensación. El sonido real de un cañón es la sensación recibida en el oído cuando aquél está muy cerca. El color real del ladrillo es la sensación producida cuando el ojo mira de frente desde un punto cercano, fuera del sol pero tampoco en la oscuridad; en otras circunstancias recibimos sensaciones de color que sólo son signos de él —entonces vemos que nos parece más rosado u oscuro de lo que es en realidad—. El lector no conoce ningún objeto que no se lo represente a sí mismo en una determinada actitud típica preferente, a una distancia característica, o con algún tinte predominan- te, etc, etc, Pero todas estas características especiales, que en su conjunto constituyen para nosotros la objetividad auténtica de la cosa y son contrastadas con lo que llamamos las sensaciones subjetivas en un momento dado, son metas sensaciones idénticas a estas últimas. La mente escoge de acuerdo con sus conveniencias y decide la sensación particular que será considerada como más válida y real que todas las demás. De modo que la percepción implica una doble elección. De entre todas las sensaciones presentes, atendemos principalmente a aquellas que son signos de las ausentes; y de entre todas las asociaciones ausentes sugeridas por aquéllas, volvemos a seleccionar a unas pocas para que substituyan a la realidad objetiva par excellence. No podemos encontrar un ejemplo más exquisito de esta actividad selectiva. Esta actividad sigue actuando sobre las cosas así dadas en la percepción. Un pensamiento empírico de una persona dependerá de las cosas por ella experimentadas, pero, a su vez, éstas serán determinadas en gran parte por sus hábitos de atención. Quizá haya tenido delante de mí a una cosa miles de veces, pero si no la he observado, no puedo decir que entre a formar parte de la experiencia. Todos nosotros vemos miles de moscas, polillas, escarabajos, pero ¿a quién de nosotros, exceptuado el entomólogo, nos dicen algo? Por otra parte, algo experimentado una sola vez en la vida, puede dejar una experiencia indecible en la memoria. Supongamos que cuatro hombres hacen un viaje a Europa. Uno volverá a casa con sólo impresiones pintorescas —trajes y colores, parques y vistas y obras de arquitectura, cuadros y estatuas—; para un segundo, todas estas cosas serán algo inexistente; y su lugar será ocupado por precios, poblaciones, obras de desagúe, instalaciones de puertas y ventanas y otras estadísticas útiles. El tercero datá un informe exhaustivo de los teatros, restaurantes y bailes públicos, y nada más; mientras que el cuarto puede haberse visto tan sumido en sus propias producciones subjetivas que sea incapaz de decir otra cosa que los nombres de los sitios por donde han pasádo. Todos han seleccionado, de entre una misma masa de objetos presentados, aquellos que se acomodaron a su interés privado y en función del mismo han construido su experiencia. Sí ahora, dejando la combinación empírica de objetos, preguntamos cómo se las arregla la mente para conectarlos racionalmente, de guevo vemos que la selección es omnipotente. En un Capítulo posterior veremos que todo Razonamiento depende de la capacidad que tiene la mente de descomponer 132 LA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO en partes a la totalidad del fenómeno sobre el que está razonando, y seleccio- nar aquella parte que en una determinada emergencia pueda llevar a la conclu- sión más adecuada. Otro predicado necesitará otra conclusión y la elección de otro elemento. El hombre de genio es aquel que siempre tiene su arma en el momento preciso y con ella toca al elemento preciso —- razón”, si la emergencia es teórica; "instrumento si es práctica—. Por ahora me contento con esta simple afirmación, pero ella es suficiente para mostrar que el Razo- namiento no es más que otra forma de actividad selectiva de la mente. Si ahora pasamos a su departamento estético, nuestra ley todavía es más obvia. El artista selecciona notoriamente sus obras, rechazando todo tono, color, forma que no armonizan entre sí ni armonizan con el propósito principal de la obra, Esa unidad, armonía, 'convergencia de caracteres”, como la Hama el Sr; Taine, que da a las obras de arte una superioridad sobre las obras de la naturaleza, es totalmente debida a la eliminación. Todo tema natural servirá, con tal de que el artista sea lo suficientemente ingenioso como para acentuar como característico algún rasgo, y suprimir todos los accidentales que no concuerden con él, Ascendiendo todavía un poco más, Hegamos al plano de la Etica, en donde la elección reina como suptema soberana. Todo acto carece de cualidad ética a no ser que sea escogido de entre otros muchos igualmente posibles, Sostener los argumentos en favor del recto proceder, y mantenerlos siempre delante de nosotros, suprimir nuestros deseos de rutas más floridas, mantener sin titubeos los pies sobre el sendero duro, éstas son energías éticas caracte- rísticas. Pero hay algo más; porque éstas sólo tratan de los medios para conseguir intereses ya sentidos como supremos pot el hombre. La energía ética par excellence debe ir más lejos y seleccionar, de entre otros muchos igualmente coercitivos, aquel interés que llegará a ser supremo después. Esta cuestión es de máxima gravedad, ya que de ella depende toda la carrera de un hombre. Cuando debate: ¿cometeré este crimen?, ¿elegiré esta profesión?, ¿aceptaré ese puesto o me casaré con esa fortuna?, su opción realmente versa Sobre uno de entre los varios caracteres futuros igualmente posibles. Lo que llegará a ser viene determinado por la conducta de ese momento. Schopen- hauer, quien refuerza su determinismo con el argumento de que, dado un determinado carácter fijo, sólo es posible una reacción en unas determinadas circunstancias, olvida que, en estos momentos éticos críticos lo que conscien- temente parece estar en cuestión es la complexión del carácter. El problema no es tanto el de qué acto decidiremos hacer, cuanto el de qué ser decidire- mos hacernos. Por tanto, repasando lo que llevamos dicho, vemos que la mente es en todo momento un teatro de posibilidades simultáneas. La conciencia consiste “ én la comparación de estas posibilidades, la selección de unas, y la supresión del resto gracias a la agencia reforzante e inhibidora de la atención. Los productos mentales superiores y más elaborados son filtrados de los datos escogidos por la facultad superior de entre toda la masa ofrecida por la facultad inferior; masa que, a su vez, fue cribada a partir de unz cantidad todavía mayor de materiales más simples, y así sucesivamente. Dicho brevemente, WILLIAM JAMES 133 la mente trabaja sobre su bloque de piedra. En cierto sentido, la estatua estuvo allí desde la eternidad. Pero había otras diferentes además de ella, y al escultor sólo hay que darle las gracias por haber separado a ésta del resto. De la misma forma, el mundo de cada uno de nosotros, por distintas que puedan ser muestras visiones de él, está en su totalidad contenido en el caos primordial de sensaciones, que dio la simple materia del pensamiento a todos nosotros indiferentemente. Si queremos, podemos con nuestros razonamientos retrotraer las cosas hasta esa continuidad negra e inarticulada de espacio y nubes móviles de enjambres de átomos que la ciencia llama único mundo Teal. Pero el mundo que nosotros sentimos y vivimos será siempre aquel mundo construido por nuestros antepasados y por nosotros mediante lentos golpes acumulativos de elección, lo mismo que los escultores, es decir, recha- zando simplemente porciones del material dado. ¡Otros escultores, otras estatuas de esa misma piedra! ¡Otras mentes, otros mundos a partir de ese mismo monótono e inexpresivo caos! Mi mundo no es más que uno de entre los millones de mundos igualmente posibles, igualmente reales para todo aquel que sea capaz de abstraerlos. ¡Qué diferentes tienen que ser los mundos de la conciencia de la hormiga, de la jibia o del cangrejo! Pero en mi mente y en vuestra mente, las porciones rechazadas y las porciones seleccionadas de la materia primordial del mundo son en gran medida las mismas. La raza humana, en cuanto totalidad, coincide grande- mente en lo que respecta a qué es lo que va a ser observado y denominado, y qué es la que no lo será y, de entre las partes observadas, hacemos una selección muy similar de aquellas que acentuaremos y preferiremos, o bien de las subordinadas y desechadas. Pero se da un caso totalmente extraordi- nario en el que jamás hemos sabido que dos persomas hagan una misma elección. Todos dividimos en dos mitades la totalidad del universo, y ponemos todo nuestro interés en una de ellas; pero esta línea divisoria es trazada por lugares diferentes. Cuando digo que estas dos mitades son denominadas con los mismos nombres, y que éstos son «mio» y «no mío», respectivamente, creo que todos comprenderán lo que quiero expresar. El interés totalmente único que cada mente humana siente por aquella porción del mundo creado que puede ser llamada «yo mismo» o «mio», puede ser un enigma moral, pero sín embargo es un hecho psicológico fundamental. Ninguna mente humana puede tomarse el mismo interés por el «mí» de su vecino que por el suyo propio. El mi del vecino pertenece, al igual que todas las demás cosas, a una masa extraña, que contrasta enormemente con el propio «mito. Incluso el gusano que pisamos, como -dice Locke en alguna parte, compara su sí mismo doliente con el resto del universo, aun sin tener una clara noción de sí mismo y de todo lo que pueda constituir el universo. Para mí:el gusano es una simple parte del mundo; pero para él soy yo quien es la simple parte. Todos dividimos el Cosmos por una línea diferente. Descendiendo ahora a algo más concreto que este esbozo general, en el Capítulo siguiente vamos a tratar de la psicología de esta conciencia de sí mismo.