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Seguín, C.A. (1969) Pautas para la Elaboración de la Anamnesis (Modificado por el autor) La anamnesis La principal preocupación al obtener una “buena” anamnesis es la de conocer al paciente historiado como a un ser humano, como a un individuo que tiene una biografía en la cual se encuentran, en medio de otros datos tanto o más importantes, los síntomas y las enfermedades. Si revisamos las obras de semiología más conocidas, encontramos una variedad de puntos de vista y una serie de consejos sobre los que la anamnesis debe ser y contener. En ellos, sin embargo, se toma casi exclusivamente en cuenta lo que pudiera valer como “antecedente psicológico”. Recomendamos recordar siempre que el paciente es un ser humano al que debemos comprender y tratar como tal y adoptaremos con ello una actitud justa en la evaluación. El interrogatorio como una vivencia Debemos, decir que del primer contacto depende, en la mayoría de los casos, el futuro de la relación psicólogo – paciente, que es a su vez, decisiva para el éxito del tratamiento. Debemos tener y demostrar un auténtico interés por el enfermo como persona humana (no nos cansaremos de repetirlo). Muchas veces unos minutos de conversación “superficial” intercalada durante el interrogatorio, en conexión con el trabajo del paciente, su lugar de nacimiento, su deporte favorito o los estudios de sus hijos; hacen el milagro de cambiar a un ser desconfiado, reciente y casi hostil, en uno sonriente, hablador y franco. Es fácil observar esas transformaciones y, cuando ellas ocurren, podemos estar seguros de que hemos tenido un buen comienzo y de que hay muchas probabilidades de éxito, la confianza, la sincera cooperación, la fe del paciente, hacen más por el éxito del tratamiento que una perfecta prescripción que no se cumple o se sigue negligentemente y sin confianza. Si el psicólogo ha sido capaz de obtener el rapport del paciente, si este ha sentido que tiene en frente, no a un preguntón impersonal, sino a un amigo, cederá a la necesidad experimentada por todo ser humano de “franquearse” y dará salida a la presión que sus preocupaciones han estado manteniendo. Nos dirá muchas veces, en medio de lágrimas, su “secreto” y al hacerlo, si encuentra en su interlocutor la actitud justa, se sentirá enormemente tranquilizado “como si se hubiera quitado un peso de encima”. Sentimientos de culpa, tendencias agresivas contenidas, temores sobrevalorados, al ser expuestos y “vividos” frente a un observador humano y comprensivo, perderá su fuerza y el paciente se sentirá realmente liberado. Es la conocida “catarsis” de tan decisivo afecto favorable. Si se produce, basta muchas veces para que un ser que viniera a vernos deprimido y angustiado, abandone la entrevista “cambiado” por la descarga de presiones emocionales hasta entonces contenidas. La técnica del interrogatorio Al acercarnos al paciente, debemos saber claramente qué lo que vamos a preguntar y para ello necesitamos un plan perfectamente definido. Establecemos ante todo lo que por medio del interrogatorio queremos obtener. Ello es, por su puesto, en conjunto de datos que nos permitan orientarnos en el diagnóstico del “problema actual”. Algunos de esos datos se refieren a los “antecedentes patológicos” pero, al lado de ellos, hay muchos otros que se refieren al paciente en sí, al paciente como una totalidad. Los temas básicos alrededor de los girará nuestro interrogatorio serán:
castigos? ¿Quién lo engreía más? ¿A quién quería más? (el paciente): ¿a su padre o a su madre? Generalmente la respuesta es aquí: “A ambos”. Debe insistirse con una sonrisa: “si claro, pero hay una pequeña diferencia”. Si la ha habido ¿por qué? ¿A quién prefería su madre? ¿su padre? Generalmente la respuesta es, como anteriormente, “A nadie”. Una sonriente insistencia nos permitirá rectificar el dato. j. ¿Cómo se llevaba usted con sus hermanos? Rivalidades, rencillas, apegamiento: ¿a cuál prefería? ¿por qué? k. ¿Estaba usted contento en su casa? Esto nos permite obtener una versión sintética de la situación y sobre todo de la reacción del paciente ante esa situación. l. ¿Cómo se llevaban sus padres? Rencillas, celos, dificultades de toda clase y su repercusión sobre el paciente. NIÑEZ Con esta sección comenzamos a conocer al enfermo es su evolución psicobiológica. a. ¿Qué clase de niño era usted? Tímido, agresivo, juguetón, obediente, rebelde, caprichoso, etc. b. Datos de la evolución. ¿Embarazo y parto normales? ¿Alimentación al pecho?, ¿artificial? ¿por qué? Fecha del destete y reacción a él. En relación a esto debe suscitarse también una conversación que nos informe sobre gustos y costumbres particulares, especialmente en cuanto a la alimentación. ¿Peculiaridades y preferencias? ¿Rechazo de alimentos? Reacción de la familia. c. Datos del desarrollo psicosomático ¿A qué edad caminó? ¿A qué edad habló? ¿Enfermizo? d. Síntomas neuróticos Para averiguarlos debe usarse cierta técnica. Las preguntas corrientes provocarían negativas o respuestas vagas. He aquí lo que aconsejamos: ¿Hasta qué edad se orinó en la cama? Alrededor de este tema averiguar la manera cómo el control de la eliminación fue obtenido. ¿Ha tenido pesadillas? Terrores nocturnos y reacción de los padres ante ellos. ¿Hasta qué edad se chupó el dedo? ¿Se comió las uñas? ¿Ha tenido pataletas? ¿Con qué motivo? ¿Masturbación infantil? ¿Fantasías sexuales? ¿Otras particularidades? EDUCACIÓN a. ¿A qué edad se fue al colegio? Alrededor del tema debe permitirse también una pequeña conversación. Al ir a la escuela el niño enfrenta por primera vez la realidad “social”. Fuera del ambiente familiar, debe realizar su primera real adaptación. Sus reacciones son, pues, importantísimas. Si ellas no quedan definidas en el curso de la conversación, debe aclararse: b. ¿Le gustaba ir a la escuela? ¿Por qué? c. ¿Tenía muchos amigos? ¿A qué jugaba? ¿Tenía tendencia a ser el líder o a seguir a los otros? Investíguese las características de la reacción social. d. ¿Término la instrucción primaria? ¿A qué edad? Si no lo hizo ¿por qué? Sígase paso a paso la historia educacional (instrucción media, universidad), precisando fechas. He aquí algunas preguntas complementarias: ¿Qué materias prefería? ¿Por qué? ¿Qué hubiera querido ser? ¿Por qué? e. ¿Ha seguido estudiando después de haber abandonado el colegio? TRABAJO Sígase la biografía del enfermo averiguando en una secuencia natural, las actividades seguidas al abandonar los estudios. a. ¿Cuál fue su primer trabajo? ¿Le gustaba? ¿Por qué lo eligió? ¿Cuánto tiempo estuvo en él? ¿Por qué lo abandonó? Averiguase lo mismo de las sucesivas ocupaciones del
paciente hasta la actualidad. Investíguese las condiciones de trabajo (enfermedades profesionales). b. ¿Le gusta su trabajo actual? ¿Por qué? c. ¿Está usted, contento en él? ¿Por qué? d. ¿cuáles son sus aspiraciones? e. ¿Cuánto gana actualmente? ¿Está contento con su salario? Coméntese aquí cordialmente las condiciones de vida. Investíguese la actitud del sujeto frente a ellas; preocupaciones económicas, tensiones emocionales, traumatismos psíquicos, etc. En esta forma hemos hecho, en realidad, una pequeña biografía del paciente. Lo hemos seguido paso a paso desde su infancia hasta el momento en que lo vemos por primera vez ya que la vida familiar, la educación y el trabajo son las etapas fundamentales de la evolución individual. Hay algo, sin embargo, que debemos tener presente y que muchas veces se desliza entre los otros datos, si no estamos preparados a tomarlo en cuenta: los cambios de residencia del paciente. CAMBIOS DE RESIDENCIA El conocimiento de ellos, aparte de suministrarnos datos importantes sobre los ambientes biológicos en los que el paciente ha vivido y su relación con el presente o antigua patología (zonas palúdicas, enfermedades tropicales, paso de la altura a la costa, etc.), nos ofrecen otra información igualmente importante. Para obtenerla, no olvidemos las siguientes preguntas: a. ¿Cuándo salió usted, por primera vez de su lugar natal? b. ¿Por qué hizo ese viaje? Ellos nos da datos preciosos sobre la personalidad en su relación al medio. c. ¿Cómo le fue en su nueva residencia? Cuya respuesta nos informa sobre la capacidad de adaptación del enfermo a situaciones y ambientes nuevos. Estas preguntas deben repetirse si el paciente ha cambiado más de una vez de residencia. Entremos luego a investigar otros aspectos de la vida del ser humano que tenemos delante. Para ello el orden del interrogatorio es importante. Aconsejamos el siguiente que la experiencia nos ha demostrado válido. ACCIDENTES Y ENFERMEDADES Comenzamos por la averiguación de los accidentes ocurridos y damos a ellos más importancia que el considerarlos solamente desde el punto de vista de sus defectos sobre la salud. Los modernos conocimientos sobre la “predisposición a accidentarse” o el “hábito de accidentarse” nos preparan para conocer tipos de personalidad en la que los accidentes no ocurren “por accidente”, sino que tienen una razón de ser enraizada en las características personales mismas. Averiguamos pues, en relación con cada uno de los accidentados; condiciones de ocurrencia, especialmente en relación al momento psicológico en el que tuvieron lugar; reacciones ante ellos, invalideces, etc. Pasamos luego al interrogatorio sobre las enfermedades padecidas durante toda la vida. El se diferencia del corriente en que se da importancia, no sólo a los procesos patológicos que “ha sufrido” el paciente, sino a su reacción a ellos, a su actitud frente a las adaptaciones a que obligaron. No necesitamos insistir en la importancia de ello para el estudio de la personalidad en acción. Por supuesto que no nos contentaremos con los nombres de las enfermedades, sino que tratamos de obtener cuadros sintomatológicos claros. En los enfermos hombres terminamos esta parte con la averiguación de datos concernientes a las enfermedades venéreas, lo que nos prepara el camino para entrar fácilmente en la investigación siguiente:
correspondiente sobrecarga emotiva, que es la que produce una serie de síntomas. Sin negar la dinámica más profunda de estas reacciones, sobre la que ahora no podemos detenernos, podemos afirmar que muchas de las neurosis de los adolescentes – neurosis generalmente clasificadas por el médico como amnesias, “debilidad”, “trastornos del crecimiento”, etc., y tratados como fósforo, calcio, hierro y vitaminas, los amén de consejos a admoniciones que naturalmente agravan el problema- con debidas al mecanismo expuesto y desaparecen con la más superficial de las psicoterapias que puede hacerse, inclusive, durante la entrevista anamnésica. Debemos tratar de averiguar, cómo comenzó el paciente a masturbarse, frecuencias de las prácticas, fantasías que la acompañaban y tiempo de continuación. No preguntemos nunca: ¿Hasta cuándo se masturbó? sino: d) ¿Se masturba todavía algunas veces? Lo que, no sólo nos dará la respuesta justa, sino que nos informará sobre la actitud actual del paciente frente a esa practica. En caso de una respuesta afirmativa investigamos detalles: la próxima pregunta debe hacerse también en la forma siguiente: e) ¿Fue su primera relación sexual con un hombre o con una mujer? Es la mejor manera de proyectar la confesión de prácticas homosexuales. Si la respuesta es “con una mujer” se puede insistir: ¿Había tenido usted prácticas con hombres? ¿Las ha tenido usted después? En caso afirmativo, averiguar detalles. f) ¿Cuándo tuvo usted su primera relación sexual? ¿Con quién fue? (prostituta, enamorada, sirviente, etc. ¿Cómo fue? (impulsado por amigos, por propia iniciativa, seducido, etc.) ¿Qué le pareció? g) ¿cómo ha continuado usted sus prácticas sexuales? Desde aquí hay oportunidad para una conversación en la que el enfermo describa su historia sexual hasta la fecha. Anótese características de ella; sobre bases comerciales, sentimentales, de aventuras pasajeras, affaires más o menos serios, etc. h) ¿cómo son ellas en la actualidad? Lo que nos permite preguntar: ¿Es usted muy excitable sexualmente? ¿Cada cuánto tiempo tiene usted relaciones sexuales? Y luego la investigación de todos datos concernientes a variables sexuales y problemas en conexión con el acto mismo (eyaculación precoz, importancia, etc.) ¿Cómo se siente usted después de cada relación sexual? La práctica nos ha enseñado el dejar para una segunda parte un diferente enfoque del interrogatorio que completará los datos ya obtenidos Ha causa de nuestra educación y ambiente socio- sexual, que actualizan mecanismos muy bien estudiados por los psicoanalistas, nuestros hombres separa, más o menos definidamente, dos tipos de mujeres: la que se ama “espiritualmente” y la que se desea. Esa aberración en cuyo estudio no podemos entrar ahora, nos obliga a dividir el interrogatorio en dos partes. La primera es la ya descrita. Vamos a entrar en la segunda. a) ¿Ha sido usted muy enamorado? Ello nos descubrirá las características de la personalidad en su relación con el otro sexo: tímido, Don Juan, voluble, persistente, insatisfecho, etc. b) ¿Cuál ha sido su primer amor? ¿Por qué se enamoró? ¿Cuánto tiempo duro ese episodio? ¿Hasta dónde llegaron en sus relaciones? ¿Por qué y cómo terminaron? Reconstrúyase en lo posible este episodio, que es siempre importante. c) ¿Otros amores? Iguales preguntas, que nos darán una idea clara de la manera cómo el enfermo encara este aspecto de su vida, así como los traumatismos emocionales que pudieran haber ocurrido y la reacción a ellos. d) Matrimonio. En el curso de este interrogatorio se llega, si el paciente es casado, a tocar el tema de su matrimonio. Es interesante averiguar en este caso, con más detención que en los demás, los detalles del proceso. ¿Cómo conoció a la mujer que fue su esposa? ¿Por qué le gustó? ¿cuánto tiempo la enamoró? Y una pregunta fundamental. e) ¿Por qué se casó? La respuesta de este interrogante es sorprendentemente fructífera en información relacionada, no sólo con el matrimonio en sí, sino
con la personalidad del enfermo. Desde el que nos responde: “Porque quería a mi novia” hasta el que confiesa “Me obligaron a hacerlo”, pasando por el que afirma: “Necesitaba alguien que me cuidara”, casi cada individuo tiene su razón para haber dado paso tal fundamental en su vida. f) ¿se pelea usted mucho con su esposa? No caigamos en el error, tan común, de interrogar: ¿Cómo se lleva usted con su señora? porque la respuesta obligada será “Bien”. Planteada la pregunta en la forma que propugnamos nos permite obtener datos mas ciertos. Avejíguense las causas de los disgustos, la importancia de ello, etc., hasta llegar a un concepto claro acerca de la real situación familiar. Dejamos hablar al paciente de sus problemas y demostremos simpatía por ellos. g) ¿Tiene usted hijos? Si no, ¿Por qué? ¿medidas anticoncepcionales? ¿cuáles? En caso de respuestas afirmativas ¿Cuántos? Obténgase detalles acerca de los embarazos, partos, abortos, así como de la evolución de los hijos hasta la actualidad. h) ¿cómo se siente usted sexualmente con su esposa? Nos lleva a averiguar acerca de desarmonías sexuales. ¿Frigidez? ¿Falta de satisfacción sexual? ¿Variantes sexuales? i) ¿Tiene usted aventuras fuera de su matrimonio? Sea afirmativa o negativa la respuesta, interróguese: ¿Por qué? Trátese de obtener una idea clara de lo que esas aventuras significan, las preocupaciones que emanan, etc. j) ¿Qué piensa usted de las mujeres? Esta pregunta final nos da la oportunidad de conocer la actitud del enfermo frente al otro sexo, índice tan importante de la personalidad. B. Las dificultades de esta parte del interrogatorio frente a las mujeres no son mayores si él es bien conducido. Generalmente, para “romper el hielo”, comenzaremos con una pregunta clave: a) ¿A qué edad comenzó usted a menstruar? A las mujeres por lo general, les agrada explayarse sobre los detalles de su función menstrual. Continúese: b) ¿Estaba usted preparada o se asustó cuando se le presentó por primera vez? De esta manera entramos, de una manera natural, en la investigación de la sexualidad infantil. Si la paciente no estaba informada acerca de la menstruación, preguntamos: ¿No sabía nada respecto al sexo antes? Si ya lo estaba ¿Cómo lo supo? Insistiendo luego sobre las preguntas enunciadas respecto a la sexualidad infantil en el interrogatorio de los hombres. c) ¿Cómo ha sido su menstruación? Avejíguense caracteres de cronología y presentación. Si la paciente es soltera, avejíguese sobre períodos de amenorrea. Ello nos dará una impresión clara si observamos turbación, enrojecimiento, duda, ante una negativa, no insistamos. Preguntamos luego benévolamente: d) ¿Ha tenido muchos enamorados? Siempre los ha tenido. e) ¿Cuándo tuvo el primero? Continuase el interrogatorio sobre la pauta ya trazada. En un gran porcentaje de los casos, dadas las condiciones ya establecidas, la enferma habla más o menos francamente y confiesa su exploración en el campo psicosexual. Si no lo hace pueden usarse algunas preguntas que, hechas a tiempo, nos brindarán información. Una de ellas es: ¿Es usted afectuosa o fría? Si hay resistencia manifiesta a responder, tomaremos una actitud considerada: Perdóname que insista en estas preguntas, pero son necesarias para comprender perfectamente su caso. Usted sabe que muchas veces un detalle hasta para orientar un diagnóstico. Naturalmente que si usted prefiere no hablar de ello... si la paciente prefiere “no hablar de ello” podemos estar seguros de que “hay algo” de lo que no quiere hablar y lo tendremos en cuenta. Si la paciente es soltera: f) ¿Tiene usted enamorado ahora? Se repite el interrogatorio ya explicado. Si es casada, se investiga como en el caso de pacientes hombres, las características del proceso hasta el casamiento, repitiendo la pregunta: g) ¿Por qué se casó? Luego nos será fácil seguir: h) ¿Cómo la impresionó la noche de bodas? Continuando luego con una conversación que nos lleve al conocimiento de los detalles, incluidos en los párrafos m, n y ñ del interrogatorio masculino. En el caso de infelicidad
e) ¿Qué hacen sus hijos? Importante para apreciar proyectos, esperanzas, preocupaciones, resentimientos, etc. este grupo de interrogantes deben dejarnos con una clara idea sobre la vida actual del paciente en todo su valor Psicosocial. ACTITUD FRENTE AL PROBLEMA He aquí un tópico que el examinador olvida casi siempre y que nos parece de fundamental importancia. La actitud del paciente ante su dolencia es decisiva, no solo para el conocimiento de su personalidad y para el diagnóstico, sino para la conducción y el éxito de tratamiento. Preguntemos: a) ¿A qué cree usted que se debe su problema? Las respuestas a este interrogatorio son realmente ilustrativas. Posiblemente nada hay que nos diga más sobre los conceptos del paciente acerca de su esquema corporal, sobre sus creencias, temores, supersticiones, etc. () constituyen su versión del problema, quizás más importante, desde muchos puntos de vista, que la del examinador. b) ¿Cómo cree usted que podría curarse? Ello nos permite completar las informaciones ya obtenidas y nos descubre mucho de la actitud del paciente c) ¿Qué hará usted cuando se cure? He aquí una pregunta, sugerida por Alfredo Adler, que creemos interesante. Adler asegura que, considera la enfermedad (él se refiere a la enfermedad nerviosa, pero en nuestra opinión ello puede hacerse extensivo en parte a todas las enfermedades) como una huída frente a los problemas que la realidad plantea, la respuesta a esa interrogante generalmente nos indica precisamente lo que el paciente no quiere hacer, de lo que está huyendo La experiencia nos ha confirmado ampliamente ese punto de vista. Es de todos los días escuchar de la boca de los que padecen de neurosis de renta: “Lo que haría es volver a trabajar inmediatamente”, por ejemplo. SUEÑOS Indispensable complemento según nuestra opinión, de una anamnesis bien conducida es una investigación de los sueños del paciente. Muy a menudo el relato de esos sueños nos provee de una inapreciable información sobre sus preocupaciones, complejos y actitudes. Preguntamos: a) ¿Duerme usted bien? Si no, ¿por qué? b) ¿Tiene usted pesadillas? En caso afirmativo, hágase que el paciente les relate y anótese, si es posible, sus propias palabras. c) ¿Sueña usted? Muchas veces la respuesta es negativa. Hay una resistencia inconsciente a recordar sueños ante el médico. Insistamos: ¿Nunca? Generalmente, de esa manera, obtenemos datos. Algo que ocurre muy a menudo es que el paciente nos responda: “sueño, doctor, pero no recuerdo qué Insistamos también “¿No recuerda ningún sueño?” ¿Ninguno? “cuénteme cualquiera”. Es muy raro el caso en el que no hemos podido obtener el relato y, cuando más trabajo nos ha costado, más interesante el sueño obtenido. Con esto hemos terminado el interrogatorio, que, si ha sido bien conducido nos dará una idea clara de la personalidad en sus relaciones con el ambiente y nos permitirá encarar, con las otras partes de la historia clínica, el diagnóstico, el pronóstico, y la terapéutica en función del hombre como tal. () Teniendo en cuenta, por supuesto, los conceptos freudianos. Véase la obra original Sigmund Freud: LA INTERPRETACIÖN DE LOS SUEÑOS (traducción de Luis López Ballesteros, publicada primero en España por la biblioteca Nueva, ha sido reimpresa en la Argentina Biblioteca de Psicología contemporánea, Edit. Americana, Buenos Aires, 1943, tomos VI y VII y toda la abundante literatura al respecto.