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leptospirosis resumida, Esquemas y mapas conceptuales de Fisiopatología

excelente y bueno, y será de gran ayuda a quien lo adquiera

Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

2020/2021

Subido el 23/11/2021

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Enfermedades infecciosas
PARTE 8
208 Leptospirosis
Rudy A. Hartskeerl, Jiři F. P. Wagenaar
La leptospirosis es una enfermedad zoonótica de importancia mundial
cuyo evidente resurgimiento se ilustra en los brotes recientes en todos los
continentes. La enfermedad se debe a especies patógenas de Leptospira y se
caracteriza por una amplia variedad de manifestaciones clínicas, que van
desde la infección asintomática hasta la fulminante y letal. En su forma
leve, la leptospirosis puede manifestarse con síntomas inespecífi cos, como
fi ebre, cefalea y mialgia. La leptospirosis grave, caracterizada por ictericia,
disfunción renal y diátesis hemorrágica, a menudo se denomina síndrome
de Weil. Con o sin ictericia, la hemorragia pulmonar grave se reconoce
cada vez más como una forma de presentación de la enfermedad grave.
ETIOLOGÍA
Las especies Leptospira son espiroquetas de la orden Spirochaetales y la
familia Leptospiraceae. Antes, el género Leptospira incluía dos especies: la
L. interrogans patógena y la L. bifl exa, de vida libre, ahora llamadas L. inte-
rrogans sensu lato y L. bifl exa sensu lato, respectivamente. En la actualidad
se han descrito 22 especies de Leptospira de estado patógeno (10 especies),
207e Treponematosis endémicas
Sheila A. Lukehart
Éste es un capítulo electrónico que se encuentra disponible en
http://www.mhhe.com/harrison19e
Las treponematosis endémicas son enfermedades crónicas que se transmi-
ten por contacto directo, casi siempre durante la infancia, y como la sífi lis,
pueden causar manifestaciones tardías graves años después de la infección
inicial. Estas enfermedades se producen por organismos muy relacionados
con Treponema pallidum subespecie pallidum, el agente etiológico de la
sífi lis venérea (cap. 206). La frambesia, la pinta y la sífi lis endémica se dis-
tinguen de la sífi lis venérea por su modo de transmisión, edad de contagio,
distribución geográfi ca y manifestaciones clínicas. Sin embargo, existe
cierta superposición de los factores de cada una. Por lo general, la frambe-
sia prolifera en las zonas tropicales húmedas de varias regiones, la sífi lis
endémica se encuentra sobre todo en climas áridos y la pinta se localiza en
focos templados en América. Por lo general, estas infecciones se limitan a
áreas rurales de países en desarrollo y se observan en los países desarrolla-
dos sólo entre los inmigrantes recientes de regiones endémicas.
más fuerte en personas sin infección por VIH y en quienes sí la presen-
tan, pero reciben tratamiento antirretroviral eficaz.
INMUNIDAD A LA SÍFILIS
La rapidez de la aparición y la evolución de la resistencia adquirida a T.
pallidum después de infección natural o experimental depende de la mag-
nitud del estímulo antigénico, el cual a su vez obedece al tamaño del inóculo
infectante (cantidad de microorganismos) y la duración de la infección
antes del tratamiento. Se considera que tanto la reacción humoral como la
celular tienen importancia central para la aparición de inmunidad y para
la cicatrización de las lesiones tempranas. La infi ltración celular, sobre
todo por linfocitos T y macrófagos, genera un entorno de citocinas TH1
compatible con la eliminación de microorganismos por parte de los ma-
crófagos activados. Los anticuerpos específi cos intensifi can la fagocitosis,
que es indispensable para la destrucción de T. pallidum mediada por ma-
crófagos. Algunos datos recientes revelan variación antigénica de la pro-
teína TprK, que quizá permita la persistencia de la infección y determine
cierta susceptibilidad a la reinfección por otra cepa. Estudios comparati-
vos del genoma detectaron algunas variaciones de secuencia entre las ce-
pas de T. pallidum. Las cepas pueden diferenciarse por medio de métodos
de tipifi cación molecular y se está estudiando una correlación potencial
entre el tipo molecular y las manifestaciones clínicas.
si se le aplicó tratamiento con penicilina en el tercer trimestre o si es
difícil vigilar de modo seriado al niño. El LCR debe estudiarse para ob-
tener valores de referencia antes del tratamiento. La penicilina es el
único fármaco recomendado para tratar la sífilis en lactantes. En las
guías de 2010 de los CDC se incluyen recomendaciones específicas
para tratar a lactantes y niños de mayor edad.
REACCIÓN DE JARISCHHERXHEIMER
Al comenzar el tratamiento contra la sífilis puede surgir una reacción
impresionante, aunque por lo regular benigna, que comprende fiebre,
escalofríos, mialgias, cefaleas, taquicardia, taquipnea, aumento del re-
cuento de neutrófilos circulantes y vasodilatación con hipotensión leve.
Se cree que esta reacción es una respuesta a las lipoproteínas liberadas
por T. pallidum en fase de muerte. La reacción de Jarisch-Herxheimer
aparece en cerca de 50% de los pacientes con sífilis primaria, en 90% de
los que tienen la enfermedad secundaria y en una proporción menor de
aquéllos con enfermedad en etapa ulterior. El cuadro clínico se reduce
en un lapso de 12 a 24 h. El eritema y el edema de las lesiones mucocu-
táneas se acentúan en los sujetos con sífilis secundaria. Es necesario
advertir a los pacientes sobre la posible aparición de estas molestias y
que pueden tratarse de manera sintomática. Para atender esta respues-
ta, que es leve y transitoria, no se necesitan esteroides ni otros antiinfla-
matorios.
VIGILANCIA DE LA RESPUESTA AL TRATAMIENTO
La eficacia de las medidas terapéuticas debe valorarse por medios clí-
nicos, al tiempo que se vigila que el título determinado mediante VDRL
o RPR disminuya a la cuarta parte (p. ej., de 1:32 a 1:8). Los individuos
con sífilis primaria o secundaria deben valorarse seis y 12 meses des-
pués de recibir tratamiento, y las personas con sífilis latente a los seis,
12 y 24 meses. Se recomienda una revisión clínica y serológica más
frecuente (tres, seis, nueve, 12 y 24 meses) en aquéllos con infección
concomitante por VIH, sin importar la fase en que se encuentre la sífilis.
Después del tratamiento correcto de la sífilis primaria o secundaria
seropositiva, en su primer episodio, disminuyen poco a poco los títulos
de VDRL o RPR y se vuelven negativos a los 12 meses en 40 a 75% de
los casos primarios seropositivos y en 20 a 40% de los casos secunda-
rios. Los individuos con infección por VIH o antecedente de algún
cuadro previo de sífilis tienen menos probabilidad de perder la reacti-
vidad en las pruebas de VDRL o RPR. La velocidad de decremento de los
títulos serológicos parece ser menor y los fracasos terapéuticos defini-
dos con la serología son más frecuentes en pacientes con infección por
VIH que entre quienes no la presentan. Sin embargo, es posible que el
tratamiento antirretroviral eficaz reduzca estas diferencias. Hay que
pensar en repetir el tratamiento si las respuestas serológicas no son
adecuadas o si persisten o reaparecen los signos clínicos. Es difícil dife-
renciar el fracaso terapéutico de una reinfección, por lo que es indis-
pensable estudiar el LCR y administrar tratamiento de la neurosífilis si
hay anomalías; pero si éste es normal, se administran medidas contra la
sífilis latente tardía. Una minoría de pacientes que recibe tratamiento
por sífilis temprana experimenta un aumento de la concentración de
una dilución en los primeros 14 días después del tratamiento; sin em-
bargo, este aumento no repercute en el resultado serológico a los seis
meses del tratamiento. A menudo los individuos con sífilis latente tar-
día al inicio tienen títulos bajos de VDRL o RPR y algunos no tienen la
disminución cuádruple después de recibir penicilina. En estos pacien-
tes no está justificado repetir el tratamiento, salvo que aumente el títu-
lo o aparezcan signos y síntomas de sífilis. Las pruebas treponémicas
pueden seguir siendo positivas a pesar de tratar la sífilis seropositiva,
por lo que estos estudios no sirven para vigilar la respuesta al trata-
miento.
La actividad de la neurosífilis (sintomática o asintomática) guarda
una mejor relación con la pleocitosis en el LCR y tal variable constituye
el índice más sensible de respuesta al tratamiento. El análisis del LCR
debe repetirse cada seis meses hasta que el recuento celular sea nor-
mal. La pleocitosis en el LCR disminuye a valores normales después de
tres a 12 meses en personas tratadas de manera adecuada que no
tengan infección por VIH. La persistencia de pleocitosis leve en perso-
nas infectadas por VIH quizá se deba a la presencia de éste en el LCR; a
veces es difícil distinguir entre esta situación y la ineficacia terapéutica.
Los niveles altos de proteínas en el LCR disminuyen con más lentitud y
el título de VDRL en dicho líquido disminuye poco a poco en el trans-
curso de varios años. En personas tratadas por neurosífilis, una reduc-
ción a la cuarta parte del título de RPR en suero guarda una relación
positiva con la desaparición de las anomalías del LCR; esta relación es
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Enfermedades infecciosas

PARTE 8

Leptospirosis Rudy A. Hartskeerl, Jiři F. P. Wagenaar

La leptospirosis es una enfermedad zoonótica de importancia mundial cuyo evidente resurgimiento se ilustra en los brotes recientes en todos los continentes. La enfermedad se debe a especies patógenas de Leptospira y se caracteriza por una amplia variedad de manifestaciones clínicas, que van desde la infección asintomática hasta la fulminante y letal. En su forma leve, la leptospirosis puede manifestarse con síntomas inespecíficos, como fiebre, cefalea y mialgia. La leptospirosis grave, caracterizada por ictericia, disfunción renal y diátesis hemorrágica, a menudo se denomina síndrome de Weil. Con o sin ictericia, la hemorragia pulmonar grave se reconoce cada vez más como una forma de presentación de la enfermedad grave.

ETIOLOGÍA Las especies Leptospira son espiroquetas de la orden Spirochaetales y la familia Leptospiraceae. Antes, el género Leptospira incluía dos especies: la L. interrogans patógena y la L. biflexa, de vida libre, ahora llamadas L. inte- rrogans sensu lato y L. biflexa sensu lato, respectivamente. En la actualidad se han descrito 22 especies de Leptospira de estado patógeno (10 especies),

207e

Treponematosis endémicas Sheila A. Lukehart

Éste es un capítulo electrónico que se encuentra disponible en http://www.mhhe.com/harrison19e

Las treponematosis endémicas son enfermedades crónicas que se transmi- ten por contacto directo, casi siempre durante la infancia, y como la sífilis, pueden causar manifestaciones tardías graves años después de la infección inicial. Estas enfermedades se producen por organismos muy relacionados con Treponema pallidum subespecie pallidum, el agente etiológico de la sífilis venérea (cap. 206). La frambesia, la pinta y la sífilis endémica se dis- tinguen de la sífilis venérea por su modo de transmisión, edad de contagio, distribución geográfica y manifestaciones clínicas. Sin embargo, existe cierta superposición de los factores de cada una. Por lo general, la frambe- sia prolifera en las zonas tropicales húmedas de varias regiones, la sífilis endémica se encuentra sobre todo en climas áridos y la pinta se localiza en focos templados en América. Por lo general, estas infecciones se limitan a áreas rurales de países en desarrollo y se observan en los países desarrolla- dos sólo entre los inmigrantes recientes de regiones endémicas.

más fuerte en personas sin infección por VIH y en quienes sí la presen- tan, pero reciben tratamiento antirretroviral eficaz.

INMUNIDAD A LA SÍFILIS

La rapidez de la aparición y la evolución de la resistencia adquirida a T. pallidum después de infección natural o experimental depende de la mag- nitud del estímulo antigénico, el cual a su vez obedece al tamaño del inóculo infectante (cantidad de microorganismos) y la duración de la infección antes del tratamiento. Se considera que tanto la reacción humoral como la celular tienen importancia central para la aparición de inmunidad y para la cicatrización de las lesiones tempranas. La infiltración celular, sobre todo por linfocitos T y macrófagos, genera un entorno de citocinas T (^) H 1 compatible con la eliminación de microorganismos por parte de los ma- crófagos activados. Los anticuerpos específicos intensifican la fagocitosis, que es indispensable para la destrucción de T. pallidum mediada por ma- crófagos. Algunos datos recientes revelan variación antigénica de la pro- teína TprK, que quizá permita la persistencia de la infección y determine cierta susceptibilidad a la reinfección por otra cepa. Estudios comparati- vos del genoma detectaron algunas variaciones de secuencia entre las ce- pas de T. pallidum. Las cepas pueden diferenciarse por medio de métodos de tipificación molecular y se está estudiando una correlación potencial entre el tipo molecular y las manifestaciones clínicas.

si se le aplicó tratamiento con penicilina en el tercer trimestre o si es difícil vigilar de modo seriado al niño. El LCR debe estudiarse para ob- tener valores de referencia antes del tratamiento. La penicilina es el único fármaco recomendado para tratar la sífilis en lactantes. En las guías de 2010 de los CDC se incluyen recomendaciones específicas para tratar a lactantes y niños de mayor edad.

REACCIÓN DE JARISCHHERXHEIMER Al comenzar el tratamiento contra la sífilis puede surgir una reacción impresionante, aunque por lo regular benigna, que comprende fiebre, escalofríos, mialgias, cefaleas, taquicardia, taquipnea, aumento del re- cuento de neutrófilos circulantes y vasodilatación con hipotensión leve. Se cree que esta reacción es una respuesta a las lipoproteínas liberadas por T. pallidum en fase de muerte. La reacción de Jarisch-Herxheimer aparece en cerca de 50% de los pacientes con sífilis primaria, en 90% de los que tienen la enfermedad secundaria y en una proporción menor de aquéllos con enfermedad en etapa ulterior. El cuadro clínico se reduce en un lapso de 12 a 24 h. El eritema y el edema de las lesiones mucocu- táneas se acentúan en los sujetos con sífilis secundaria. Es necesario advertir a los pacientes sobre la posible aparición de estas molestias y que pueden tratarse de manera sintomática. Para atender esta respues- ta, que es leve y transitoria, no se necesitan esteroides ni otros antiinfla- matorios.

VIGILANCIA DE LA RESPUESTA AL TRATAMIENTO La eficacia de las medidas terapéuticas debe valorarse por medios clí- nicos, al tiempo que se vigila que el título determinado mediante VDRL o RPR disminuya a la cuarta parte (p. ej., de 1:32 a 1:8). Los individuos con sífilis primaria o secundaria deben valorarse seis y 12 meses des- pués de recibir tratamiento, y las personas con sífilis latente a los seis, 12 y 24 meses. Se recomienda una revisión clínica y serológica más frecuente (tres, seis, nueve, 12 y 24 meses) en aquéllos con infección concomitante por VIH, sin importar la fase en que se encuentre la sífilis. Después del tratamiento correcto de la sífilis primaria o secundaria seropositiva, en su primer episodio, disminuyen poco a poco los títulos de VDRL o RPR y se vuelven negativos a los 12 meses en 40 a 75% de los casos primarios seropositivos y en 20 a 40% de los casos secunda- rios. Los individuos con infección por VIH o antecedente de algún cuadro previo de sífilis tienen menos probabilidad de perder la reacti- vidad en las pruebas de VDRL o RPR. La velocidad de decremento de los títulos serológicos parece ser menor y los fracasos terapéuticos defini- dos con la serología son más frecuentes en pacientes con infección por VIH que entre quienes no la presentan. Sin embargo, es posible que el tratamiento antirretroviral eficaz reduzca estas diferencias. Hay que pensar en repetir el tratamiento si las respuestas serológicas no son adecuadas o si persisten o reaparecen los signos clínicos. Es difícil dife- renciar el fracaso terapéutico de una reinfección, por lo que es indis- pensable estudiar el LCR y administrar tratamiento de la neurosífilis si hay anomalías; pero si éste es normal, se administran medidas contra la sífilis latente tardía. Una minoría de pacientes que recibe tratamiento por sífilis temprana experimenta un aumento de la concentración de una dilución en los primeros 14 días después del tratamiento; sin em- bargo, este aumento no repercute en el resultado serológico a los seis meses del tratamiento. A menudo los individuos con sífilis latente tar- día al inicio tienen títulos bajos de VDRL o RPR y algunos no tienen la disminución cuádruple después de recibir penicilina. En estos pacien- tes no está justificado repetir el tratamiento, salvo que aumente el títu- lo o aparezcan signos y síntomas de sífilis. Las pruebas treponémicas pueden seguir siendo positivas a pesar de tratar la sífilis seropositiva, por lo que estos estudios no sirven para vigilar la respuesta al trata- miento. La actividad de la neurosífilis (sintomática o asintomática) guarda una mejor relación con la pleocitosis en el LCR y tal variable constituye el índice más sensible de respuesta al tratamiento. El análisis del LCR debe repetirse cada seis meses hasta que el recuento celular sea nor- mal. La pleocitosis en el LCR disminuye a valores normales después de tres a 12 meses en personas tratadas de manera adecuada que no tengan infección por VIH. La persistencia de pleocitosis leve en perso- nas infectadas por VIH quizá se deba a la presencia de éste en el LCR; a veces es difícil distinguir entre esta situación y la ineficacia terapéutica. Los niveles altos de proteínas en el LCR disminuyen con más lentitud y el título de VDRL en dicho líquido disminuye poco a poco en el trans- curso de varios años. En personas tratadas por neurosífilis, una reduc- ción a la cuarta parte del título de RPR en suero guarda una relación positiva con la desaparición de las anomalías del LCR; esta relación es

Leptospirosis

CAPÍTULO 208 Leptospira idonii

Leptospira inadai

Leptospira broomii

Leptospira fainei

Leptospira wolffii

Leptospira licerasiae

Leptospira santarosai

Leptospira alexanderi

Leptospira weilii

Leptospira borgpetersenii Grupo B

Patógenas

Intermedias

Saprofíticas

Leptospira borgpetersenii

Leptospira noguchii

Leptospira alstonii

Leptospira kmetyi

Leptospira interrogans

95 Leptospira kirschneri

40

48 59

54

92 77

34

29

89

99

91

69

93

100

94

87

34

60

82

Leptospira vanthielii

Leptospira wolbachii

Leptospira biflexa

Leptospira terpstrae

Leptospira meyeri

Leptospira yanagawae

Leptonema illini

intermedio (cinco especies) y no patógenas (siete especies) con base en el análisis filogenético y de virulencia (fig. 208-1). Ya se publicaron las secuencias genómicas de cinco especies Leptospira (L. biflexa, L. interrogans, L. santarosai, L. borgpetersenii y L. licerasiae) y no hay duda que la disponibilidad de las secuencias genómicas de una amplia variedad de cepas Leptospira permitirán comprender mejor la pa- togenia de la leptospirosis. Sin embargo, la clasificación por diferencias serológicas es la más útil para fines clínicos, diagnósticos y epidemiológi- cos. Las especies patógenas de Leptospira se dividen en serotipos según su composición antigénica. Más de 250 serotipos conforman los 26 serogru- pos. Las leptospiras son microorganismos helicoidales, delgados, muy mó- viles con extremos en gancho y dos flagelos periplásmicos, con extrusio- nes polares de la membrana citoplásmica que permiten la movilidad (fig. 208-2). Estos microorganismos miden 6-20 μm de largo y cerca de 0.1 μm

de ancho; captan poco la tinción, pero pueden verse al microscopio en campo oscuro y después de la tinción de tejidos por impregnación con plata. Las leptospiras necesitan medios y condiciones especiales para pro- liferar; pueden pasar semanas o meses para que los cultivos se vuelvan positivos.

EPIDEMIOLOGÍA

La leptospirosis tiene distribución mundial, pero es más frecuen- te en las zonas tropicales y subtropicales porque el clima y las malas condiciones de higiene favorecen la supervivencia y distri- bución del patógeno. En muchos países, la leptospirosis es un problema subestimado. La mayoría de los casos ocurre en varones, con una inciden- cia máxima en el verano y otoño en ambos hemisferios, norte y sur, y du- rante la estación lluviosa en los trópicos.

FIGURA 2081. Diferenciación de especies de Leptospira patógenas, intermedias y no patógenas (saprofíticas) por análisis filogenético molecular con base en el gen rrs, e incluye la especie potencialmente nueva Leptospira borgpetersenii grupo B y la especie saprofítica Leptospira idonii. La barra de escala indica la tasa de sustituciones por par de bases. (Figura preparada y proporcionada por el Dr. A. Ahmed, KIT Biomedical Research, Amsterdam, The Netherlands.)

Leptospirosis

CAPÍTULO 208

Escala temporal aproximada Semana 1 Etapa aguda (^) convalecienteEtapa

Convaleciente dispersador

Respuesta normal

fiebre

Descenso de títulos Tratamiento temprano a velocidades variables

Leptospiremia Leptospiruria e inmunidad

Anamnésico

Tardío

Hospedador reservorio

Uveítis ¿nefritis intersticial?

2 3 4 meses-años años

Periodo de incubación

Inoculación

Leptospiras presentes en Sangre LCR

LCR

1 2 3 4 5

Orina

Sangre

Orina

Títulos de anticuerpos Alto Bajo “Negativo”

Pruebas de laboratorio

Cultivo

Serología

Fases

2-20 días

diseminación. Las plaquetas se agregan en el endotelio activado en los pul- mones humanos, en tanto que el examen histológico revela edema de las células endoteliales activadas, pero sin evidencia de vasculitis o necrosis. Se ha demostrado el depósito de inmunoglobulina y complemento en el tejido pulmonar afectado por hemorragia pulmonar. Las especies de Leptospira tienen una estructura típica con pared celu- lar y doble membrana que alojan diversas proteínas relacionadas con la membrana, incluido un número alto inusual de lipoproteínas. La capa de peptidoglucano se localiza cerca de la membrana citoplásmica. El lipopo- lisacárido (LPS) de la membrana externa tiene una estructura inusual con una potencia endotóxica relativamente baja. Las leptospiras patógenas contienen diversos genes que codifican proteínas participantes en la moti- lidad, en la adhesión celular hística y en la invasión que representan factores de virulencia potenciales. Muchas de éstas son proteínas de la membrana externa (OMP, outer-membrane proteins) expuestas en la superficie. Hasta ahora, el único factor de virulencia de las leptospiras que satisface los pos- tulados moleculares de Koch es loa22, que codifica una proteína expuesta

en la superficie con función desconocida. Sin embargo, el gen no se limita a las especies patógenas de Leptospira. La inmunidad contra Leptospira depende de la producción de anticuer- pos circulantes contra LPS específicos de un serotipo. No se sabe si otros antígenos tienen una función importante en la inmunidad humoral pro- tectora. Además, es posible que la inmunidad no esté limitada a las res- puestas de anticuerpos; ya se demostró la participación del receptor 2 semejante a toll (TLR2, toll-like receptor 2) de la inmunidad innata y las vías de activación de TLR4 para controlar la infección, mientras que en el ganado vacunado una respuesta inmunitaria mediada por células se rela- ciona con la protección. Es probable que varias proteínas expuestas en la superficie medien las interacciones entre leptospira y la célula hospedadora, y estas proteínas son posibles componentes de vacunas. Aunque los estudios de modelos animales muestran que varias OMP relacionadas con virulencia putativa tienen distintos grados de eficacia de vacuna, no está claro si tales proteí- nas inducen grados aceptables de inmunidad esterilizadora.

FIGURA 2084. Hemorragia pulmonar grave en la leptospirosis. Ilustración izquierda: radiografía torácica. Ilustración derecha: aspecto macroscópico del lóbulo pulmonar inferior derecho en una necropsia. Este paciente, un niño de 15 años de edad de la ciudad de Iquitos, en la amazonia peruana, murió varios días después de la aparición de una enfermedad aguda, ictericia y hemoptisis. El hemocultivo produjo Leptospira interrogans serotipo Copenhageni/Icterohaemorrhagiae. (Adaptado con autorización de E Segura et al.: Clin Infect Dis 40:343, 2005. © 2005 por Infectious Diseases Society of America.)

FIGURA 2083. Naturaleza bifásica de la leptospirosis e investigaciones relevantes en distintas etapas de la enfermedad. Nótese que ya se documentó un pe- riodo de incubación de hasta un mes. Los especímenes 1 y 2 para serología son muestras de suero en la fase aguda; la muestra 3 es una muestra sérica de la fase conva- leciente que podría facilitar la detección de una respuesta inmunitaria tardía; los especímenes 4 y 5 son muestras séricas de seguimiento que proporcionan información epidemiológica, como el presunto serogrupo infectante. LCR, líquido cefalorraquídeo. (Reimpreso según la adaptación de PN Levett: Clin Microbiol Rev 14:296, 2001 [de LH Turner: Leptospirosis, BMJ 1:231, 1969] con autorización de la American Society for Microbiology y el BMJ Publishing Group.)

Enfermedades infecciosas

PARTE 8

MANIFESTACIONES CLÍNICAS

Aunque la leptospirosis es una enfermedad que puede ser letal, con hemo- rragia y falla de múltiples órganos como manifestaciones clínicas distintivas, se cree que la mayoría de los casos es relativamente leve y se manifiestan por inicio súbito de una enfermedad febril. El periodo de incubación ha- bitual es de una a dos semanas, pero varía entre uno y 30 días. (La figura 208-3 indica un intervalo un poco distinto, pero ya se documentó un pe- riodo de incubación de hasta un mes.) La leptospirosis por lo general se describe como bifásica. La fase leptospirémica aguda se caracteriza por fie- bre tres a 10 días, durante los cuales el microorganismo puede cultivarse de la sangre. Durante la fase inmunitaria, la resolución de los síntomas puede coincidir con la aparición de anticuerpos y es posible cultivar las leptospiras de la orina. La diferencia entre la primera y la segunda fases no siempre es clara; los casos más leves no siempre incluyen la segunda fase, y la enfermedad grave puede ser monofásica y fulminante. Ya se refutó la idea de que los síndromes clínicos distintivos se relacionan con serogru- pos específicos, aunque algunos serotipos tienden a causar una enferme- dad más grave que otros.

Leptospirosis leve La mayoría de los pacientes es asintomática o sólo padece una enfermedad leve y no busca atención médica. Con frecuencia se encuentra evidencia serológica de una infección pasada no evidente en personas expuestas, pero que no se enfermaron. Por lo general, la leptos- pirosis sintomática leve se manifiesta como una enfermedad semejante a la gripe de inicio súbito con fiebre, escalofrío, cefalea, náusea, vómito, dolor abdominal, sufusión conjuntival (enrojecimiento sin exudado) y mialgia. El dolor muscular es intenso y afecta en particular las pantorrillas, espalda y abdomen. La cefalea es intensa, localizada en la región frontal o retroor- bitaria (semejante a la del dengue), a veces acompañada de fotofobia. Es posible que haya meningitis aséptica, más frecuente en niños que en adul- tos. Aunque la Leptospira puede cultivarse del líquido cefalorraquídeo (LCR) en la fase temprana, la mayoría de los casos tiene una evolución benigna con respecto al sistema nervioso central; los síntomas desapare- cen en unos cuantos días, aunque pueden persistir por semanas. La exploración física puede incluir cualquiera de los hallazgos siguientes, ninguno de los cuales es patognomónico de leptospirosis: fiebre, sufusión conjuntival, inyección faríngea, sensibilidad muscular, linfadenopatía, exan- tema, meningismo, hepatomegalia y esplenomegalia. Si existe, el exantema a menudo es transitorio; puede ser macular, maculopapular, eritematoso o hemorrágico (petequial o equimótico), y puede diagnosticarse de manera errónea como tifo de los arbustos o una infección viral. La auscultación pul- monar puede revelar estertores y puede haber ictericia leve. La evolución natural de la leptospirosis leve casi siempre conduce a la resolución espontánea en siete a 10 días, aunque se han documentado sín- tomas persistentes. En ausencia de un diagnóstico clínico y tratamiento antimicrobiano, la tasa de mortalidad de la leptospirosis leve es baja.

Leptospirosis grave Aunque es probable que el inicio de la leptospirosis grave sea semejante al de la forma leve, la enfermedad grave a menudo evoluciona con rapidez y se acompaña de una mortalidad que varía de 1 a 50%. Las tasas de mortalidad más altas se relacionan con edad >40 años, alteración del estado mental, insuficiencia renal aguda, insuficiencia respi- ratoria, hipotensión y arritmias. El cuadro clínico típico, a menudo llamado síndrome de Weil, consiste en la tríada de hemorragia, ictericia y nefropatía aguda. Los pacientes mueren por choque séptico con falla de múltiples órga- nos y complicaciones hemorrágicas graves, que por lo general afectan los pulmones (hemorragia pulmonar), tubo digestivo (melena, hemoptisis), aparato urogenital (hematuria) y piel (petequias, equimosis y hemorragia en los sitios de punción venosa). La hemorragia pulmonar (con o sin icte- ricia) ahora se reconoce como un problema de salud pública extendido, se manifiesta con tos, dolor torácico, dificultad respiratoria y hemoptisis que puede no ser evidente hasta que el paciente está intubado. La ictericia se observa en 5 a 10% de todos los pacientes con leptospiro- sis; puede ser intensa y dar un tono anaranjado a la piel, pero casi nunca se relaciona con necrosis hepática fulminante. La exploración física puede revelar crecimiento y sensibilidad hepáticos. La nefropatía aguda es frecuente en la enfermedad grave, se presenta después de varios días de enfermedad y puede ser oligúrica o no oligúrica. Las alteraciones electrolíticas típicas incluyen hipopotasemia e hiponatre- mia. La pérdida de magnesio en la orina es un fenómeno único de la ne- fropatía por leptospiras. La hipotensión se relaciona con necrosis tubular aguda, oliguria o anuria; exige reanimación con líquidos y a veces trata- miento vasopresor. La hemodiálisis puede salvar la vida; por lo general la función renal se normaliza en los sobrevivientes.

Otros síndromes consisten en pancreatitis (necrosante), colecistitis, afectación del músculo esquelético, rabdomiólisis (con aumento modera- do de la creatina cinasa sérica) y manifestaciones neurológicas que inclu- yen meningitis aséptica. La afectación cardiaca a menudo se refleja en el electrocardiograma como cambios inespecíficos en ST y la onda T. Las al- teraciones de la repolarización y las arritmias se consideran factores de pronóstico adverso. Hay descripciones de miocarditis. Las complicaciones hematológicas raras incluyen hemólisis, púrpura trombocitopénica trom- bótica y síndrome hemolítico urémico. Los síntomas de largo plazo después de la leptospirosis grave son fatiga, mialgia, malestar y cefalea, y pueden persistir por años. Una secuela reco- nocida de la leptospirosis es la uveítis autoinmunitaria, la cual puede vol- verse crónica.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico clínico de la leptospirosis debe basarse en un antecedente de exposición pertinente combinado con cualquiera de las manifestacio- nes diversas de la enfermedad. Los viajeros que regresan de zonas endémi- cas casi siempre tienen antecedente de actividades recreativas en agua dulce u otro contacto mucoso o percutáneo con aguas superficiales o suelo contaminados. Entre los sujetos que no hicieron un viaje, debe explorarse algún antecedente de contacto recreativo con agua y riesgos laborales, que incluyen el contacto directo o indirecto con animales (véase “Epidemiolo- gía”, antes). Si bien los hallazgos bioquímicos, hematológicos y urinarios en la lep- tospirosis aguda son inespecíficos, ciertos patrones pueden sugerir el diag- nóstico. Los resultados de laboratorio casi siempre muestran signos de una infección bacteriana, incluida leucocitosis con desviación a la izquierda y aumento de los marcadores de inflamación (proteína C reactiva y veloci- dad de eritrosedimentación). La trombocitopenia (recuento plaquetario ≤100 × 109 /L) es frecuente y se relaciona con hemorragia e insuficiencia renal. En la enfermedad grave puede haber signos de activación de la coa- gulación, que van desde anomalías limítrofes hasta trastornos graves com- patibles con DIC, definida por los criterios internacionales. La leptospirosis siempre afecta los riñones. Los hallazgos relacionados van de cambios en el sedimento urinario (leucocitos, eritrocitos y cilindros hialinos o granu- lares) y proteinuria ligera en la enfermedad leve, a insuficiencia renal e hiperazoemia en la forma grave. La insuficiencia renal hipopotasémica no oligúrica (véase “Manifestaciones clínicas”, antes) es característica de la leptospirosis temprana. La concentración de bilirrubina sérica puede ser alta, pero el incremento de aminotransferasa y fosfatasa alcalina casi siem- pre es moderado. Aunque no son frecuentes los síntomas clínicos de pan- creatitis, la concentración de amilasa a menudo es alta. Cuando aparecen síntomas de meningitis aséptica, el examen del LCR muestra pleocitosis, que va de unas cuantas células a >1 000 células/μL, con predominio de po- limorfonucleares. La concentración de proteína en el LCR puede ser alta; la de glucosa es normal. En la leptospirosis grave, las anomalías pulmonares radiográficas son más frecuentes de lo que podría esperarse con base en la exploración física (fig. 208-4). El hallazgo radiográfico más frecuente es un patrón alveolar bilateral en parches que corresponde a hemorragia alveolar dispersa. Estas alteraciones afectan sobre todo los lóbulos inferiores. Otros hallazgos in- cluyen densidades pleurales (representan zonas hemorrágicas) y atenuación difusa en vidrio despulido, típica del síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (ARDS, acute respiratory distress syndrome). El diagnóstico definitivo de la leptospirosis se basa en el aislamiento de la bacteria, en un resultado positivo en la reacción en cadena de la polime- rasa (PCR, polymerase chain reaction) o en la seroconversión o aumento del título de anticuerpo. En casos con evidencia clínica sólida de infección, se necesita un solo título de 1:200 a 1:800 (depende de que el caso ocurra en una zona poco endémica o muy endémica) en la prueba de aglutina- ción microscópica (MAT, microscopic agglutination test). Lo preferible es detectar un aumento de cuatro veces o más en el título entre las muestras séricas de la fase aguda y la convaleciente. Por lo general, los anticuerpos no alcanzan cifras detectables hasta la segunda semana de la enfermedad. La respuesta de anticuerpos puede alterarse con el tratamiento antibiótico temprano. Los procedimientos serológicos estándar son la MAT, que emplea una batería de cepas vivas de leptospira, y el enzimoinmunoanálisis de adsor- ción (ELISA, enzime-linked immunosorbent assay), que emplea un antíge- no muy reactivo. Por lo general, la MAT está disponible sólo en labo- ratorios especializados; se usa para determinar el título de anticuerpos y para la identificación tentativa del serogrupo de leptospira implicado, y cuando se cuenta con información epidemiológica de fondo, el seroti-