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Asignatura: historia ciencia y profesion, Profesor: Alberto Rosa, Carrera: Psicología, Universidad: UAM
Tipo: Apuntes
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"NUESTRA CONCLUSIÓN.- ¿Cómo estos dos puntos ['los seres humanos difieren por la forma en que están constituidos' y 'las diferencias de entrenamiento precoz hacen al hombre aún más distinto'] explicarán los así llamados hechos de la herencia del talento o de las características mentales? Consideremos un caso hipotético. He aquí dos niños: uno de 7 años, el otro, de 6. El padre es un pianista muy talentoso; la madre, pintora retratista de nota. El primero tiene manos grandes y fuertes, pero con dedos largos y flexibles (es un mito el que todos los artistas tengan dedos largos, ahuesados y delicados). El hijo mayor presenta el mismo tipo de mano. El padre quiere a su primogénito, la madre al segundo. Pronto empieza el proceso de "modelarlos a semejanza". La sociedad está educada sobre la base de modelar los jóvenes que amamos según lo hemos sido nosotros mismos. En este caso el mayor se convierte en un extraordinario pianista, en tanto el más pequeño sólo llega a ser un pintor mediocre. Esto en cuanto a los diferentes aprendizajes o inclinaciones en la juventud. ¿Pero qué podemos decir acerca de las estructuras distintas? Repárese en lo siguiente. En circunstancias ordinarias, un riguroso entrenamiento musical no hubiese bastado para convertir en pianista destacado al hijo menor -sus dedos no eran suficientemente largos ni bastante flexible la configuración muscular de la mano. Empero, inclusive aquí dejemos ser cautelosos: el piano es un instrumento estándar, para el cual es indispensable cierto alcance digital y manos y muñecas fuertes. Mas supongamos que el padre prefiriese al menor de sus hijos y hubiera dicho: "Quiero que sea pianista y voy a intentar un experimento. Sus dedos son cortos, nunca tendrá una mano flexible; haré fabricar, pues, un piano especial, con teclas estrechas, de suerte que no obstante su deficiente envergadura, la mano resulte adecuada; proyectaré otro sistema de palancas para las teclas, de modo que no se requiera fuerza particular ni flexibilidad alguna". Quién sabe si en estas condiciones el hijo menor no se habría convertido en el primer pianista del mundo. Tales factores, en especial los relativos al entrenamiento, han sido enteramente descuidados en el estudio de la herencia. Carecemos de hechos que permitan confeccionar estadísticas sobre la herencia de tipos especiales de conducta, y hasta que el estudio del infante humano no los verifique, todos los datos concernientes a la evolución de las diversas formas de conducta humana y a la eugenesia sólo han de aceptarse con la mayor prudencia. Nuestra conclusión es, pues, que no poseemos testimonios cabales de la herencia de aquellos rasgos. Tendríamos plena confianza en el futuro de un niño sano, normal y criado con cariño, aunque procediese de una larga ascendencia de tramposos, asesinos, ladrones y prostitutas. ¿Quién dispone de testimonios en contra? Todos los años, muchos y muchos miles de jóvenes, nacidos de padres morales y severos y en hogares normales, se descarrilan, roban y se prostituyen, a causa de uno u otro accidente en su educación. Otros tantos miles de hijos de truhanes crecen para convertirse en truhanes, debido a que en semejantes ambientes no podría ocurrir de otro modo. Pero si se adopta a un niño de ascendencia reprobable y éste se descarrila, se citará este hecho a guisa de prueba irrefutable de la herencia de la perversidad moral y de las tendencias criminales. En toda nuestra civilización, no ha habido por cierto dos docenas de casos cuyas historias se hayan conservado con suficiente pulcritud como para que podamos derivar tales conclusiones -pese a la opinión contraria de los estudiosos de las reacciones mentales, de Lombroso, y de todos los criminalistas. En realidad, jamás se cría a los hijos adoptivos como a los propios. No podemos utilizar las estadísticas basadas en observaciones recogidas en instituciones de beneficencia y asilos de huérfanos. Basta ir allí y trabajar un tiempo para ver que carecen de valor, y decimos esto sin intención de menospreciar la labor que realizan tales organizaciones. Ahora desearíamos avanzar otro paso y decir: 'Dadnos una docena de niños sanos, bien formados y un mundo apropiado para criarlos, y garantizamos convertir a cualquiera de ellos, tomado al azar, en determinado especialista: médico, abogado, artista, jefe de comercio, pordiosero o ladrón, no importa los talentos, inclinaciones, tendencias, habilidades, vocaciones y raza de sus ascendientes'. Lo confesamos: rebasamos lo hasta hoy establecido por nuestras experiencias, pero también lo han hecho así durante miles de años los defensores de la parte contraria. Por supuesto, de efectuarse este experimental, deberíamos ser nosotros quienes habríamos de especificar la forma de criarse a los niños y el tipo de mundo en el cual habitarían". WATSON, J. B. (1929, Behaviorism. New York, W. W. Northon & Co. Vers. cast.: El conductismo. Buenos Aires, Editorial Paidós, 1972, 4º edic. (pp. 107-108).