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Asignatura: lexicografia, Profesor: Rosarillo Guillen, Carrera: Filología hispánica, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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TEMA 1: La semántica, definición y relaciones con otras disciplinas.
1. El signo lingüístico (Hjelmslev):
Plano del Contenido
Léxico - Semántica
Morfosintaxis
Plano de la Expresión Fonología
En el estudio del plano del contenido se establece una frontera metodológica en cuanto a los límites de aplicabilidad, que es bastante útil en la práctica. En este sentido, las unidades del contenido se organizan en cada lengua según una doble estructuración o visión del mundo.
Hay una primera clasificación según la cual la realidad designada, queda referida a través de un conjunto de unidades léxicas. De modo que, cada unidad posee una oposición a las demás, es decir, cada unidad tiene un contenido semántico o valor diferencial propio. Esta parcela, muy conectada al ámbito designativo (referente extralingüístico), constituye el objeto específico de esta materia. Actualmente, ha venido a añadirse la pragmática que estudia la relación del signo con los usuarios que lo interpretan.
Existe también, una segunda estructuración del contenido lingüístico, que se caracteriza por ser más abstracta, y que sobre las bases de las unidades de la primera estructura, les da una forma según la cual, se establecen unas categorías gramaticales de contenido morfológico y de relaciones sintagmáticas. A este dominio pertenece el estudio de la morfología y la sintaxis.
Cada una de estas partes, no son independientes, pues existen conexiones entre ellas y fundamentalmente, la conexión entre morfología y lexicología, en lo concerniente a la formación de palabras, a la caracterización y a la definición de las unidades léxicas. Así pues, el objetivo de la semántica lingüística es el estudio d los significados lingüísticos. Y su campo de investigación queda reducido al contenido semántico de los signos lingüísticos, sean estos: léxicos (de ahí el nombre de semántica léxica), sean sintagmáticos ( a eso se le llama semántica oracional, o sean discursivos (conocida como semántica textual o del discurso).
Por otro lado, la semántica, la lexicología y la lexicografía, aunque están relacionadas, constituyen tres partes de la lingüística perfectamente diferenciadas desde el punto de vista metodológico.
2. Relaciones con otras disciplinas:
Lexicología- Semántica Morfología- Sintaxis
-Abierto
-Número creciente
-Difícil estructuración
-Significado absoluto
-Cerrado
-Número reducido
-Fácil estructuración
-Significado relativo
En primer lugar, decir que la morfología se ocupa de estudiar las formas gramaticales. Y la sintaxis estudia el empleo funcional y distribucional de esas unidades, a las cuales ya se les ha dado una categoría gramatical.
Por otro lado, la lexicología , estudia las formas léxicas de significación del vocabulario, es decir, las relaciones que existen entre las palabras de una lengua dada en un momento determinado. Aborda pues, el problema de la interdependencia que se establece entre la lengua y la sociedad que la utiliza. Y la semántica se ocupa de estudiar los problemas de forma y de contenido semántico. Analiza también las estructuras que se crean entre las unidades léxicas de una lengua dada. La semántica se ocupa del estudio de las palabras desde el punto de vista de su naturaleza, al igual que de sus significados, los cambios de significado y las causas que dan lugar a esos cambios.
Las características señaladas en la tabla, son diferencias metodológicas y es importante diferenciarlas para conocer el objeto de estudio. Pero no debemos olvidar, que hay una constante interrelación entre ambas materias, puesto que, a veces, encontramos estructuras gramaticales que para nosotros son incomprensibles, pues desconocemos su significado.
2.2. Las conexiones entre lexicología-semántica y morfosintaxis son:
Observamos que a la hora de combinar y distribuir las unidades, no solo hay que tener en cuenta los elementos formales de concordancia (sintaxis), sino también una serie de rasgos que no son ni puramente sintácticos, ni semánticos. Estos sirven para agrupar las palabras a la hora de construir un significado. Debida a tales combinaciones, por su frecuente uso, se llegan a aceptar.
Por su parte , la semántica psicológica trata de explicar cómo y por qué se comunican los hombres con el exterior. Investigando los hechos psicológicos que determinan el modo en que las personas aprenden y utilizan la lengua. Mecanismos psíquicos que se establecen entre hablante y oyente cuando se comunican.
El vínculo con la sociolingüística se observar al comprobar que el lenguaje es el elemento de comunicación que conforma una comunidad. De modo que, el aspecto social interviene en el proceso comunicativo. La sociolingüística se interesa por los factores sociales y funcionales de una lengua, sirviéndose de métodos elaborados en sociología. O sea, se ocupa de estudiar los rasgos diferenciales dentro de una sociedad.
La etnolingüística trata de conocer las diferencias entre culturas o épocas históricas, es decir, la relación entre las lenguas y los períodos históricos.
Y por último, el enlace entre pragmática y semántica está, en que la pragmática al estudiar el significado de algunos enunciados, descubre una serie de problemas que la semántica no puede resolver. Hay más en el significado que en las condiciones verdaderas. Se pasa a abordar el significado atendiendo al proceso de la comunicación, en definitiva, al estudio semántico se le añade la pragmática. Y el enfoque presentado, está relacionado con estas premisas:
Vemos que no se puede reducir la semántica a la lingüística, pues intervienen diversos factores como son los hablantes, la intención comunicativa, el lugar y el tiempo, etc. En ellos se descubre el sentido completo del enunciado. Así pues, tenemos por un lado el contenido semántico, que está codificado desde el punto de vista lingüístico y por otro lado, tenemos una información pragmática que permite al destinatario conocer la intención del interlocutor.
De acuerdo con este planteamiento, la distancia que media entre la intención del emisor y el significado de la expresión que ha utilizado da la medida de lo implícito. Es decir, las explicaciones las obtenemos gracias al contexto. El cual incluye todos los datos relevantes sobre los conocimientos del mundo, la particularidad del hablante y sobre las suposiciones que permiten la comprensión de los enunciados. Así pues, tenemos que tener en cuenta para interpretar un enunciado, los aspectos lingüísticos y los extralingüísticos. A los que Grice denomina “implicaturas” y que la lingüística denomina “contenidos implícitos”.
TEMA 2: El signo lingüístico: variantes e invariantes del contenido.
(AMPLIAR POR EL CAPÍTULO 3 – El significante – de GUTIÉRREZ ORDÓÑEZ)
La relación de contenido entre sgte y sgdo oponen dos tendencias diferenciadas (en referencia al signo lingüístico). Esto es lo que conocemos como monismo o pluralismo.
El monismo se apoya en la imagen de Saussure de la hoja de papel en que las dos caras constituyen un todo indisoluble. Desde un punto de vista biunívoco. Defiende que habrá tantos significantes para significados, como significados haya.
Por otro lado, el pluralismo admite la posibilidad de que una expresión puede estar asociada a varios contenidos. Defiende, por tanto, que una expresión puede estar asociada a varios
significados. Desde una perspectiva estructural, el pluralismo habla del principio de consustancialidad cuantitativa, es decir, tantos significados como significantes. (Trapecio de Heger).
Para defender el monismo, se proponen reglas no sólo léxicas sino también sintagmáticas.
TEMA 3: La ambigüedad. Polisemia y homonimia. Sinonimia y antonimia.
1. La ambigüedad:
La ambigüedad se define como la secuencia de signos a la que, fuera de todo contexto, es posible asignar dos o más interpretaciones distintas. Es un hecho de significación y no de designación ni denotación. La ambigüedad se genera siempre en la homonimia o la polisemia.
Cada término o signo lingüístico tiene un significado (contenido) propio que, proyectado en una secuencia, relacionados unos con otros, constituyen un conjunto capacitado (dotado) de significado común ajeno al significado individual de cada término (cada secuencia se refiere a una realidad determinada, particular).
La significación se aplica a la totalidad del enunciado. La denotación y significación son lingüísticas. La connotación es extralingüística.
No todos los enunciados ambiguos son semejantes en naturaleza. Tenemos ambigüedades fónicas, ambigüedades sintagmático-sintácticas, ambigüedades sintagmático-semánticas y ambigüedades léxicas.
- Ambigüedad fónica: Expresiones que comparten articulación pero presentan diferencias fonológicas. Es habitual en zonas de variedad dialectal. Ej. :
Me voy de casa – Gente de mente
Me voy de caza – Gente demente
- Ambigüedad sintagmático- sintáctica: dos o más secuencias idénticas, desde el punto de vista fonológico y léxico, presentan una ambigüedad si alguno de los sintagmas puede contraer más de una función sintáctica. Ej. :
(Él) llegará el día de Navidad (CCT) – Se lleva la minifalda (SUJ.)
(En diciembre) llegará el día de Navidad (SUJ.) – Se lleva la minifalda (CD)
- Ambigüedad sintagmático-semántica: presenta una misma descripción fonológica y sintáctica y la ambigüedad se halla en la duplicidad (doble sentido) de naturaleza semántica. Ej. : “La elección del alcalde” – El alcalde elige o es elegido. - Ambigüedad léxica: la homonimia de una palabra puede ser la responsable de la ambigüedad de ciertas construcciones. Ej. : Le gusta la heroína; Los gatos son caros; Hacen curas a los animales. En este caso, por tanto, la ambigüedad se halla en la homonimia.
Otros ejemplos de ambigüedad léxica, con respecto a este asunto, son muchas palabras que tiene más de un significado (acepción) o parece que cambian de significado en virtud del contexto en que se usan. La diferencia de significados es, en ocasiones, evidente, como por ejemplo, sucede
Homónimos homógrafos : palabras que aun con la misma escritura difieren en su significación. Es el caso de “Haya” de árbol y “Haya” del verbo haber.
Añadir, que Gutiérrez Ordoñez propone una serie de pruebas para la distinción de los homónimos, utilizando como base La Semántica de Ullmann:
Por ejemplo: Bajo, presenta distintos significados en un diccionario y también distintas categorías gramaticales en cada uno de ellos. Vemos, que como verbo indica “bajar”; como adjetivo “poca altura”; como preposición “lugar inferior”; y como nombre “dobladillo” o “instrumento musical”.
Por ejemplo: “Bajar”; yo bajo, tú bajas, él baja…
Por ejemplo: “El clave” (instrumento) y “La clave” (código secreto). O “Celo” (cuidado) y “Celos” (Sospecha de cuernos).
Por ejemplo: El verbo “confiar”, que tiene dos visiones. Poner algo al cuidado de alguien, se construye con CD, “Te confío la gestión”. Y depositar la confianza o esperar, se construye con la preposición en y es C. Reg., “confío en que llegue pronto”.
La aplicación de estos criterios arroja como resultado que hay muchas más palabras diferentes de la que los diccionarios pueden considerar como tales. Esto supone una novedad en la manera de catalogar y concebir las palabras. Sin embargo, G. Ordoñez piensa que sigue habiendo palabras que no pueden diferenciase con arreglo a ninguno de estos criterios. Es el caso de la palabra “Delfín”, que significa o bien cetáceo o bien primogénito del rey de Francia. Estos son los llamados homónimos absolutos , que son palabras iguales con significados totalmente distintos.
Por ejemplo: “La vela”, encontramos vela de barco, de cera, conjuntos de piezas de lana y pasar la noche con un difunto (“velar”). Exactamente igual con “pez” y con “lengua”. En el caso de Haya (árbol), Haya (verbo haber), Aya (criada) y Halla (verbo hallar). Los dos primeros son homógrafos, los dos segundos homófonos. Y todos homófonos entre sí.
3. La polisemia:
Polisemia viene del griego “ polys ” que significa “muchos semas”. Y se define como el fenómeno por el que una misma palabra, con un solo origen, puede tener sentidos (significados) diferentes. Cuyo funcionamiento morfológico y sintagmático no varía, es decir, no cambia su
categoría gramatical ni las funciones sintácticas que puede desempeñar. Se trata de una palabra que ha llegado a tener por razones contextuales, la mayoría de las veces, distintos significados pero que son acepciones de la misma.
En el diccionario, las palabras polisémicas tienen una sola entrada (porque se trata de una sola palabra) y se van enumerando los distintos significados que ha ido recogiendo a lo largo de su evolución. Los significados se relacionan todos entre sí, y hay una “lógica” que explica todas sus acepciones.
La polisemia es un fenómeno que afecta a la economía del lenguaje, ya que si una palabra no pudiera ser usada con distintos sentidos, el número de palabras que tendría que memorizar el hablante sería inmenso. A. R. Fernández en su libro Introducción a la semántica , dice textualmente: “Las nuevas significaciones se crean (entre otras formas) por connotación, superponiendo al significado primitivo valores subjetivos fundados en la analogía o similitud del tipo que sea”.
Esta idea de Fernández se relaciona con que escribe Pierre Guiraud en su obra La Semántica , cuando habla de la creación semántica. Dice: “La lengua dispone de varios medios para la creación semántica, entre ellos están: la onomatopeya, los préstamos, la derivación y composición, y por último, la transferencia de sentido. La cual consiste en designar un concepto por un nombre que pertenece a otro, para lo que mueve la similitud de forma, de color o de función existente entre varios objetos”.
3.1. Causas de la polisemia:
Como hemos dicho, la polisemia es el resultado de la diversificación de una palabra. Las causas o fuentes que pueden estar detrás de esta diversificación son sistematizadas por Ullmann en el capítulo 7 de su obra La Semántica de 1962. Y son las siguientes:
1º Designación de nuevos objetos :
Uno de los casos más comunes es este, también llamado “cambio de aplicación”, y es aquél en que un término ya existente se aplica a una realidad de nueva aparición. Pero todos tienen afiliación de significados. Esto es lo que ocurre por ejemplo con la palabra “Pluma”.
2ª Especialización en un ámbito :
En estrecha relación con los cambios de aplicación de nuestras palabras, se encuentra la especialización de estas en un medio social determinado. En este sentido tenemos ciertos vocablos que en la lengua común tienen un sentido general y estos son empleados en distintos ámbitos especializados (profesiones, grupos sociales, etc.) con otros más restringidos. Por ejemplo: “Operación”.
3º Cambios semánticos :
Los diferentes campos de la técnica han desarrollado, a partir de un significado de base, nuevos significados especializados, propios. La elipsis constituye, junto con la metáfora, la metonimia y la etimología popular, uno de los mecanismos de cambio de significado del léxico de una lengua.
Mediante usos figurados se producen algunos cambios semánticos como ocurre con la metáfora y la metonimia. La metáfora y la metonimia cambian el significado de una palabra al verse atraída por una esfera conceptual diferente. Ejemplo: Las distintas acepciones de “Ojo”.
signos que pertenecen al acervo lingüístico de los hablantes”. (La lengua como sistema, discurso, sin partes).
4.1. Sinonimia:
Se dice que dos o más términos son sinónimos si tienen el mismo significado, es decir, la sinonimia consiste en la igualdad de significado entre distintos significantes. De modo que, la sinonimia puede ser total o absoluta, o parcial.
La sinonimia absoluta se da cuando hay identidad de significado, intercambiable en todos los contextos. Por ejemplo: “viento” y “aire”.
La sinonimia parcial se produce cuando hay similitud o semejanza de significado. Por ejemplo: “pelo” y “cabello”.
Sin embargo, lo que todos los semantistas se preguntan es si existe realmente la sinonimia. Pues en principio, esta caracterización no resulta complicada, pero cuando se analizan casos concretos se hace difícil decidir si dos palabras son sinónimas, ya que el significado se presenta como una realidad multifacética.
Por ejemplo: La palabra “coche” en España y la palabra “carro” en Hispanoamérica. Ambas tienen el mismo significado, pero la zona geográfica evoca situaciones distintas, por lo que las sustituciones de una por otra restarían naturalidad a la expresión resultante a uno y otro lado del Atlántico.
Lo mismo sucede con “bajar” y “descender”, no presentan diferencias de significado notable pero en distintos contexto se observan variaciones de significado. Como en “el hombre desciende del mono”. Otro ejemplo similar sería “aceitunas” y “olivas”, “nos pone unas aceitunas= olivas”, pero no en “aceite de oliva”.
Estos ejemplos ponen de manifiesto la existencia de tres grandes problemas para la noción de sinonimia como identidad de significado:
1. Problema de las diferentes dimensiones de significado. Como en “coche” y “carro”, que varían según la dimensión geográfica.
2. Problema de la no identidad de todos los significados de dos o más palabras. Sería el caso de las diferentes acepciones como en “bajar” y “descender”.
En vista de todas estas particularidades nos hemos cuestionado sobre la existencia real de la sinonimia, con respecto al tema existe un amplio debate entre los lingüistas. Algunos creen que no hay dos palabras que compartan por completo su significado. En consecuencia niegan la posibilidad de que existan sinónimos absolutos. Unas opiniones son:
En la semántica , las compatibilidades dependen de razones lingüísticas. De manera que por razones lingüísticas la expresión “los caninos de los elefantes” sería errónea, y “la defunción del escarabajo” también ya “defunción” es un término ligado al ser humano.
Sin embargo, en el caso de la pragmática son motivos externos, experiencias de lo real, los que impiden la coexistencia o la co-aparición de los términos como sinónimos. Por ejemplo: aunque “anteojos” y “gafas” son sinónimos, es más común el uso de “gafas”. Y lo mismo con “cólico nefrítico” frente a “cólico renal”.
Ordóñez, a pesar de considerar ambos aspectos, es de la opinión de que aunque no sean muchas las palabras sí que existen los sinónimos absolutos. Y señala: “cárcel y prisión”; “malaria y paludismo”; “desertor y prófugo”; “marido y esposo”; etc.
Apoyándose en otras teorías nos dice también, que los signos pertenecientes a distintos niveles de lenguaje: diatópico (geográficas), diastrático (culto o coloquial) y diafásico (uso de un registro según el contexto), presentan una situación un tanto delicada.
Concepción Otaola en su libro Otaola, lexicología y semántica léxica dice que la sinonimia puede darse entre unidades de distintos niveles:
Según consideran algunos semantistas la antonimia puede interpretarse en un sentido bastante amplio:
Las diferentes interpretaciones que se han hecho de algún modo han llevado a las diversas clasificaciones que hacen los semantistas de la antonimia. Aunque todas estén relacionadas entre sí:
1. Se habla de antónimos complementarios o complementariedad , que consiste en que la afirmación de un término implica la negación de otro y viceversa. Por ejemplo: macho/hembra, vivo/muerto, verdadero/falso, virtual/real, etc. 2. Los antónimos contrarios o contrariedad , la característica de los opuestos de esta clase es que entre ellos existe gradación. Por ejemplo: joven/viejo, grande/pequeño, fuerte/débil, alto/ bajo, euforia/abatimiento, etc. 3. Inversión (otros hablan de antónimos propiamente dichos), se trata de términos que se presuponen recíprocamente. Por ejemplo: padre/hijo, comprar/vender, etc.
Para algunos autores la inversión no sería un caso de relación antinómica, pues el antónimo no es otra cosa que la negación del significado de un término positivo, es decir, el término no es “no padre”.
Sin embargo, Manuel Álvarez Ezquerra dice que: “un tipo especial de antonimia, es aquella en la que una palabra no existe sin un contrario, ya que lo nombrado por ella así lo exige”. Este tipo de relaciones se dan en los nombres de parentesco, también se encuentran en otros ámbitos como: “cazador y presa”.
4. Otros hablan de antónimos reversos u opuestos direccionales , es decir, tipos de oposiciones binarias basadas en un movimiento (figurado) en direcciones opuestas a partir de un punto dado. Indican pues un movimiento que conduce a un cambio de estado en direcciones opuestas, por ejemplo: subir/bajar, ir/venir, entrar/salir…
Al igual que sucedía con la sinonimia, los antónimos también pueden ser absolutos o parciales. Los antónimos absolutos , son aquellos que coinciden en todas las oposiciones. Serían palabras mono sémicas. Ej.: Siempre/nunca, juventud/vejez, antes/después…
Los antónimos parciales , son la gran mayoría, pues las palabras suelen tener más de una acepción. Y puede que la relación se establezca en una de ellas. Ej.: Libre/ocupado, libertino/ casto…
Por otro lado, la lengua no siempre dispone de un término léxico que se oponga a otro, por lo que se recurre a un procedimiento gramatical como es el uso de la negación, serían los llamados antónimos gramaticales. Por ejemplo: No/ in-/ dis-/ des-… Culpar- Disculpar; Hacer- Deshacer; Existencia- Inexistencia…
TEMA 4: Los cambios léxico-semánticos: Metáfora y metonimia.
El cambio léxico-semántico se define como el cambio lingüístico experimentado en la evolución histórica del componente léxico-semántico de un idioma.
Se denomina cambio léxico , al cambio de la palabra habitualmente usada para designar ese concepto o noción. Es decir, cambia el significante pero se mantiene el significado. Esto ocurre en los casos de tabú y eufemismo.
Y el cambio semántico es, o bien la modificación del significado de una palabra mediante la ampliación de los usos a otros conceptos similares. Este es el caso de la metáfora. O bien la reducción o restricción de los usos, hablaríamos por ejemplo de la metonimia.
Son muchas las causas que pueden originar los cambios léxico-semánticos según los semantistas, lo que parece cierto es que estos cambios no tienen lugar en las palabras aisladas, sino en las palabras o unidades léxicas como miembros de un campo semántico.
La desviación individual es una de las causas más probables de del cambio. Esta desviación viene motivada a veces por errores que se repite, por ejemplo el constante uso del verbo “prometer” que significa “asegurar la certeza de lo que se dice”, como “asegurar” que significa “afirmar lo que se refiere”. O por ejemplo el verbo “detener” que significa “retener y ejercer ilegítimamente un poder”, por “ostentar” que significa “mostrar, hacer patente algo, hacer gala de grandeza”.
Los cambios también pueden producirse por necesidades expresivas de ironía, juegos de palabras, de prestigio social, etc. Muchas veces basados en la analogía.
Independientemente de esto, las causas de los cambios léxico-semánticos pueden ser:
- Causas lingüísticas : En este caso, las asociaciones que las palabras contraen el habla favorecen el cambio. Hay dos tipos de cambios:
Por ejemplo: el verbo “hacer” cuando se usa como impersonal (hace frío, calor…), pues esa estructura se extiende en “hace sed, hambre, sueño…”. Expresiones usadas en el español de américa, que se basa en sustituir “tener” por “hacer”. Otro ejemplo: muchos verbos se generalizan como auxiliares, como el verbo “ir” o el verbo “coger”. Expresiones como “fue y se
La retórica tradicional clasificaba la metáfora entre los tropos, que eran figuras por medio de la cuales se hace que una palabrea tome un significado que no es propiamente el significado preciso de esa palabra.
La teoría de los tropos se remonta a Aristóteles quien los trata en su Poética. Para Aristóteles la metáfora era “la transparencia del nombre de una cosa a otra”. La consideraba uno de los elementos retóricos fundamentales.
Esta figura constituía uno de los elementos base del estilo literario frente al lenguaje ordinario, es el llamado “lenguaje figurado” como elemento retórico. Los retóricos concebían la metáfora como un desvío, como una modificación de la expresión original o normal.
Estas primeras anotaciones, más o menos esquemáticas, se encuentran en M. Bréal y otros semánticos que vieron en la metonimia, sinécdoque y metáfora. Estas ideas han ido evolucionando por medio de otros semantistas como Stern y Ullmann. Este último distingue en los cambios semánticos dos categorías: cambio por semejanza de nombre y cambio por semejanza de sentido.
Un ejemplo de semejanza de nombre, donde un objeto recibe el nombre de otro, porque el hablante observa semejanza entre ambos. Como “ratón” (ordenador) o “paso de cebra” (rayas).
Ullmann cita a Aristóteles para hablar de la importancia de la metáfora como una gran fuerza creadora del lenguaje, y no sólo en el caso de los textos literarios. La metáfora se encuentra ligada a la textura del habla humana y se puede ver en varios aspectos. Es un factor capital de motivación, eran fuente de sinonimia y polisemia, también la metáfora es un escape para emociones intensas, y llenan la lengua de vocabulario.
Ullmann reconoce cuatro grupos principales de metáforas , basándose en estas semejanzas, pues casi todos los semantistas se basan en esta clasificación aunque saquen subgrupos de ellas.
En la metáfora juega un papel fundamental la función connotativa, la particularidad de una metáfora consiste en unir una denotación marcada por un proceso de selección sémica a una connotación psicológica obligada.
En la 2ª mitad del siglo XX, desde un enfoque lingüístico, específicamente desde la semántica de Michel Le Guern ( La Sémantique de la métaphore et de metonymie, 1977, Larousse, París), se analiza las semejanzas entre los dos términos involucrados en una metáfora, comparando los
rasgos sémicos de cada uno. Para especificar así, rasgos comunes y no comunes. Su hipótesis es que en la metáfora se produce una alteración de la organización sémica del lexema.
Además, Le Guern identifica, al igual que otros lingüistas, la metáfora con una comparación no expresada que se basa en una semejanza. Decía que el proceso metafórico se genera a través de una comparación (un “como sí”). Hay una reducción sintáctica del discurso lineal, junto a una reducción sémica que deja sin funcionar algunos rasgos. Ej: “Tus dientes son como perlas nacaradas”.
En esta 2ª mitad de siglo, la función de persuasión es la que más ha destacado dentro de los estudios sobre la argumentación y el análisis del discurso. Estos estudios relacionan la metáfora con contextos particulares de uso, y se tiene en cuenta su dimensión ideológica.
3.2. La metáfora en la prensa escrita:
La prensa escrita es un medio de comunicación de masas, porque como institución pone en circulación bienes simbólicos que son regulados ideológicamente. Pero también se ha transformado, en los últimos años, en un factor social y político capaz de afectar al proceso de toma de decisiones en el sistema político. Gracias a la influencia que pueden ejercer al tratar determinados temas desde ciertas perspectivas. Y los artículos de opinión pueden llegar a dañar la imagen de políticos, celebridades, etc.
Los periodistas utilizan a menudo la metáfora como estrategia para categorizar personas, hechos, procesos, y, sobretodo, para tratar determinados puntos de vista. Las expresiones metafóricas que utilizan son muy interesantes, pues las analogías que con ellas establecen, pueden verse como un reflejo del contexto social e ideológico que envuelve al individuo y a su comunidad.
Cuando se usa una metáfora siempre parte de una idea real que se asemeja a otra. Suelen aparecer en los titulares, en frases cortas, eliminando el verbo. Ej: “El automóvil cuesta bajo”. Y muchas de las metáforas de estos textos, están relacionadas con lo bélico. También son frecuentes las aplicadas a conflictos políticos sociales, la competición y rivalidad política encuentra analogías en el mundo del deporte, especialmente los de carácter violento. Ej: “Un peso pesado del socialismo” o “Desmarcarse de ZP”. El periódico se sirve de metáforas intratextuales, es decir, usan términos propios de otros contextos en distintas esferas temáticas. Como la naturaleza, la estrategia del juego, el campo del espectáculo, e incluso la relación alumno-profesor.
Trasposición que consiste en la designación de un objeto con el nombre de otro, con el que el primero mantiene, en razón de su significado, una relación externa y diferencial. En concreto las distintas relaciones y por tanto trasposiciones de significado que se manifiestan cuando entra en funcionamiento el mecanismo de la metonimia son entre otras:
todos los semantistas se basan en la clasificación de tabús que hizo Ullmann. El cual, atendiendo a la motivación psicológica de las personas, crea 3 grupos:
Otro campo de palabras relacionado con este tipo de tabús son aquellos que aluden a defectos físicos o mentales, así como a los nombres de acciones criminales. Por ejemplo: Invidente (ciego); Malo de los nervios (loco); Interrupción del embarazo (aborto), etc.
Además de los eufemismos, otras veces se recurre a nombres técnicos para evitar la palabra tabú. Por ejemplo: Heces fecales (caca); Gastroenteritis (diarrea), etc.
En la misma línea de Ullmann, encontramos la opinión de A. Raimundo González y otros en su libro Introducción a la Semántica clasifican el tabú lingüístico dentro de las causas psicológicas del cambio semántico. Y de una manera menos extensa también coinciden en la clasificaión de los tabúes.
El tabú lingüístico nos ha llevado a hablar irremediablemente, del eufemismo lingüístico. Este se define como una manifestación suave o decorosa de ideas, cuya recta y franca expresión sería dura o mal sonante.
Lo contrario al eufemismo es lo que se conoce como disfemismo que la Academia define como: “Modo de decir que consiste en nombrar una realidad con una expresión peyorativa o con intención de rebajarla de categoría, en oposición a eufemismo”. Todo esto en la lengua hablada, que por sus características juega un papel muy importante en el campo del eufemismo lingüístico
Como hemos dicho en otra ocasión, la característica más importante del fenómeno eufemístico es su inestabilidad temporal y espacial. Esto lo vemos como fenómeno principalmente social, aunque hay palabras que se pueden pronunciar en determinadas ocasiones, estas mismas no son utilizadas en otros contextos. Al igual que existen términos tabúes que lo son para algunas
clases sociales, épocas o zonas geográficas, y para otras no. En definitiva, el que una palabra sea eufemística es un hecho relativo.
Una palabra puede ser tabú dependiendo de varios factores. Miguel Casas Gómez dice: “El eufemismo conlleva unas consecuencias, sobre todo lingüísticas, en cada una de sus áreas. Como son el nivel léxico, fonético y fonológico”. En el nivel léxico habría que distinguir dos fases:
BLOQUE 2
TEMA 5 : Norma y léxico. El neologismo.
En primer lugar, vamos a definir el léxico como el conjunto de unidades de una lengua
Pero como todos saben, cada uno de esos individuos ni posee, ni conoce, ni emplea de la misma manera ese caudal léxico. El vocabulario como hemos dicho, es el conjunto de términos léxicos que emplea el hablante para comunicarse. Su vocabulario queda manifiesto y comprobable en el conjunto de textos orales y escritos que dan lugar a sus realizaciones lingüísticas. No olvidemos que es más reducido el vocabulario que se suele emplear, que el léxico que se conoce. Se dice que el léxico que comprendemos y el que utilizamos son dos realidades distintas. En el primer grupo, suele haber abundancia, mientras que en el segundo caso se da la escasez.
En resumen, y redundando en lo anterior, el léxico es pues el conjunto de términos lexicales que un individuo lingüístico posee como oyente o como lector. Es decir, que capaz de interpretar, mientras que por el vocabulario se entiende: la parte de ese léxico que ha pasado a ser actualizado lingüísticamente. De modo que el individuo es capaz de actualizarlo.
Casi todos los lingüistas se basan en la teoría de Coseriu en cuanto a la norma, dicen: “Quen dice norma lingüística, dice modelo de realización acreditado por el uso”. La lengua es un sistema de oposiciones funcionales, la norma es lo que solemos hacer con ese sistema, con lo que la “costumbre” autoriza. Lo cual indica que la norma es más estrecha que el sistema.
La existencia o inexistencia real de una unidad léxica posible desde el punto de vista del sistema es un hecho de norma. Añadir que esa norma de prestigio se incumple en ciertas ocasiones.
1. Impropiedades léxicas:
Consisten en el empleo de ciertos vocablos con significados o matices significativos que no le corresponden. Estas impropiedades según Gómez Torrego, se cuelan mucho en los medios de comunicación.