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Este documento analiza la obra de josé lezama lima, escritor cubano cuya producción literaria se centra en la exploración de la identidad americana y su relación con la cultura europea. El autor reelabora materiales mediante un barroquismo metafórico y plantea a la literatura como una segunda naturaleza. Lezama lima busca definir un espacio gnóstico americano, abierto al conocimiento universal, y explora personajes y mitos que representan la metamorfosis y la relación entre europa y américa.
Tipo: Apuntes
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Anales de Literatura Hispanoamericana ISSN: 0210- 1999, 28: 765-
AMALIA ¡MESTA CÁMARA Facultad de Filosofia y Letras - UBA Facultad de Ciencias Humanas - UNRC
Nuestra propuesta es leer La expresión americana en la textualidad del Barroco americano. Esta reúne cinco conferencias dictadas en enero de 1957 en el Centro de Altos Estudios de La Habana. En ellas se trata de una refle- xión sobre la Historia del Arte en América Latina. Qué piensa Lezama cuan- do piensa cómo se expresa América. Piensa el continente, en primer lugar como una unidad surgida del choque o del encuentro entre lo español y lo europeo con lo americano. Podemos leer los textos en relación con otros textos de la sociedad colo- nial que preside un letrado criollo. Lezama Lima se plantea una literatura y un arte hispanoamericano de rasgos propios en el concierto de la Cultura y el Arte universal. La expresión americana nos lleva de inmediato a otro texto fundador de los textos que piensan esa misma cuestión en el marco de nues- tra crítica: «Seis ensayos en busca de nuestra expresión» del maestro Pedro 1-lenriquez Ureña1, escritos en 1928, en los que manifiesta una preocupación más ceñida a lo historiográfico y su mirada está centrada en la investigación y la reflexión, en vistas de la organización de una Historia de la Literatura Hispanoamericana, pero que sin embargo, posee puntos de contacto con Lezama Lima. ¡-¡enríquez Ureña piensa, como el cubano, que hay en la época de la con- quista, en las Crónicas, cuando se constituye una nueva sociedad, una fabula- ción primera que organiza una imagen de América y que ocurre en una pri-
Vid. Pedro Henríquez Urdía. Obra Crítica.
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Amallo Iniesla Cántaro (^) José Lezama Lima. Cuentones de lo escritura americano
mera confluencia. Henríquez Urefla y Lezama se plantean el problema de la originalidad. En ello caben las relaciones entre el nacionalismo, el regiona- lismo americano y el cosmopolitismo, conjunto de problemas que nos permi- te analizar y pensar nuestra literatura, una posible historia de la literatura y una historia de nuestra cultura. Este problema de pensar lo propio, supone partir de una literatura o un conjunto de textos relacionados con un lenguaje que genera distintas expe- riencias discursivas. Recogemos la cuestión de la transformación de los géne- ros en América a partir de aquéllos que tenían ya tradición en España. Henríquez Ureña encuentra el nacionalismo de nuestra cultura y nuestra literatura a partir de la sociedad nueva y desde la lectura que ya había hecho la cultura europea de las culturas precolombinas; lo plantea en un momento en que hay un significativo interés por las culturas americanas; no niega esta tradición que circula por los intersticios de nuestros textos y de nuestra cul- tura. El critico dominicano al responder a la cuestión de América, como Lezama, se refiere a América como un continente para el futuro, como una utopía, retomando ciertas utopías iniciales. De modo que, la trabaja desde la sociedad nueva, esto es, el momento en que América comienza a reconocerse a si misma a partir de una fabulación europea o de ésta «invención», como la llama E. Ocorman, pero indudable- mente la sociedad barroca es la que está en nuestro origen; cuestión en que cotncide con Lezama Lima. Para éste, se trata de un transplante del Renacimiento europeo y espe- cialmente del Barroco español que resucitan y se renuevan en América. No obstante, la idea de Lezama es que el Arte y la poesía moderna residen en América. Henriquez Ureña y él no se plantean del mismo modo el problema del lenguaje, que era una de las discusiones en el momento en que se publi- can los Seis ensayos. Dice el estudioso Henríquez Urefla:
«No hemos renunciado a escribir en español y nuestro problema de la expresión original y propia comienza ahí». Estamos ante el problema de una lengua que haya surgido de su experiencia histórica y afirma: «Cada idioma es una cristalización de modos de pensar y de sentir y cuando en él se escribe se baña en el color de su cristal. Nuestra expresión necesitará doble vigor para imponer su tonalidad sobre el rojo y el gualda. Trocaremos en arcas de tesoros la modesta caja donde ahora guardamos nuestras escasas
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Amalia Iniesta Cámaro (^) José Lezama Lima. Cuesiiones de la escritura americana
Sus saberes han de constituirse de comuniones y de religaciones, para alcanzar «el absoluto saber leal» o el signo del paraíso. Presiente fundar —en América cada gesto ondulante es fundador— para seguir su impulso cognos- citivo. En «Complejo y complicado» opone el poeta ángel al poeta demonía- co2. Funda, claro está, otra Poética desde los «Orígenes». Elabora Lezama una irnagineria mágica para toda una comunidad; su tra- bajo se piensa social e histórico y se vuelve políticamente descolonizador. América nuestra y de otros pensadores, infaltable y esencial José Martí. Indaga Lezama e intenta descubrir relaciones ontológicas de lo hispanoa- mericano y de lo cubano; cuyo ejemplo lo constituye la antología de poetas cubanos y sus estudios al respecto. Nuestro ensayista aísla, reduce y muestra ante los grandes sistemas esté- ticos nuestros propios valores; de donde el ejemplo ineludible es la creación poética de Julián del Casal. Estudiar América y su producción artística supone deshacernos de lo europeo, jamás de lo español; nada seria nuestro Barroco sin la lengua poé- tica de Góngora y Quevedo. Nos lleva hacia el «potens» que supone completar una obra maestra ape- nas bosquejada —se trata de adivinar y suplir a partir de una imprecisa for- ma, las que pudieron ser. En cuanto a las modalidades en que trabaja los textos en cuestión, Leza- ma Lima reelabora los materiales mediante un barroquismo metafórico — tantas veces señalado por la crítica de su obra de creación y de pensamiento. No usa los códigos retóricos clásicos; emplea en su narrativa figurada una elíptica constante y consciente, cuyo resultado es un enredo en la lectura de criptogramas que se aparecen sin sentido. Provoca el poeta asombro y desconcierto hasta en el crítico y el estudio- so. Así, los ensayos se encuentran atestados de comentarios, referencias cul- turales por momentos indescifrables, figuraciones conceptuales, entre otras. Están en su proceder también devorar y parodiar el patrimonio de las gran- des culturas. Su modo de exposición de las ideas se vuelve extremadamente «complejo y complicado». En sus escritos no existe en apariencia ni una lógi- ca expositiva ni una causalidad argumental. En general, el ensayo lezamali- meano carece de notas o indicaciones de fuentes; en su lugar, las referencias y citas se hallan intrincadas al punto de comprometer la legibilidad del texto.
2 Ver Tratados en La Habana, op. cii.
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Amalia Iniesto Cámara José^ Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
Los conceptos se aparecen como en redes relacionales y se manifiestan, «sub especie metaforica». En cuanto al lenguaje se apropia de otros y produ- ce extrañamiento a través de procedimientos como el de arruinar convencio- nes consagradas, descalificar a la autoridad para componer su discurso; actúa en definitiva con cierta rebelión. Emplea un contrapunto de imágenes que captamos como lectores sólo mediante asociaciones que persigan su tejido de imágenes, desde nuestra libertad receptiva. Los ensayos de Lezama poseen un rasgo fragmentario. La actividad del texto ideológico y poético es significativa y se hace complementaria. En rigor, la práctica poética y la teoría se funden y se consultan. El pasado se vuelve fuente de inspiración que abre caminos hacia la ima- gen; Lezama construye el Ars Imago, que trasciende lo circunstancial y lo destructivo. El gran poeta cubano trabaja en su Poética el logos de la imagi- nación y la pregunta sería Cómo imagina Lezama cuando iluagina. Concibe la metáfora del discurso en relación con el mundo y el lenguaje como memo- rIa. Esto es, la memoria funciona para él como «ausencia de contenidos y pre- sencia de relaciones». Emplea la metamorfosis como un juego que ha de rea- lizarse solamente en el reconocimiento. Para Lezama, la imagen en el poema y la memoria resisten el flujo tem- poral y se abren en sucesivas metáforas, especialmente la memoria ancestral —y todo lo que ello conlíeva en América— actúa como un poder imaginan- te. Así por ejemplo, en «Sucesivas y coordenadas» intenta explicar el naci- miento de los mitos como la hipérbole que nace de la memoria para iluminar e intensificar lo real3. Invoca el poeta en «Enemigo rumor» una imagen del esplendor, que se aparece como nostalgia; ese esplendor alude a la vez al espacio americano y al espacio insular que es de carácter mítico para él: lo insular como la imagen de la isla afortunada que aparece en Paradiso «la imagen renacen- tista de la Isla americana». Estamos ante el espacio de la gran reconci- liación en que ocurriría la identidad entre el mundo de la gnosis y el mun- do de laphysis. Se ilumina Lezama de nuestros exiliados de la guerra civil que fueron a Cuba; recordamos a Juan Ramón Jimenez en su Coloquio con él y la condi- ción de la insularidad, y a Maria Zambrano; se iluminan de ellos como Cuba,
3 Ver Tratados en La Habana, op. cit.
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Amalia ¡nieva Cámara José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
los conjuros tribales». Y plantea a la Literatura como una segunda natura- leza que se caracteriza por lo «incondicionado» e «hipertélico». Dice: «Hay inclusive como la obligación de devolver la Naturaleza perdida. De fabricar naturaleza, no de recibirla como algo dado. La literatura, es sobrenaturale- za». La imagen es un modo de modificar la realidad, de sustituirla. La Litera- tura es pues, un principio de libertad creadora y de algún modo la obra poé- tica de Lezama es un intento por gozar de esa plena libertad. Así, imágenes trepando y enredándose para alcanzar lo absoluto, transfiguración constante, única e inesperada, invención de mundos, los interminables desenvolvimien- tos verbales, el orden que se hace vértigo y se vuelve fijo, obra que se expan- de y se concentra, versos plenos de acumulación y sedimentación, trama que subyace en textum de diverso origen, poemas que crean conexiones infinitas, prosas que proponen lecturas múltiples e imaginativas —de imágenes— movimientos sucesivos que provocan en su textualidad dispersión y reen- cuentro, frases que iluminan travesías imprevisibles, obra, en fin, sujeta y liberada a la «ley de los torbellinos». La escritura lezamalimeana es siempre poética, aún, claro está, en la pro- sa narrativa y teórica. Obra de gran autonomía que juega con la ruptura de la causalidad por medio de lo que el mismo poeta denomina «vivencia oblicua» y alli penetra la excepción y la originalidad del ser creativo, Y lo dice: «Como si un hombre, sin saberlo, al darle vuelta al conmutador de su cuarto inaugurase una cascada en el Ontario». «Mejor que sustituir, restituir», recuperar, devolver, desatar nuevas imá- genes, para devolver al hombre su naturaleza perdida. El poeta cubano «invenciona» el mundo a cada paso, halla las relaciones «entre el absurdo y la gravitación, esto es, entre las coordenadas el «súbito» de la imagen y la «extensión» que despliega. Lezama define el acto poético de esta manera: «toda realidad poética desencadena una reacción de irrealidad que pretende volver a reencarnar la realidad». «Respiro la niebla! de deshojar fantasmas» un cuerpo gravitante —la imagen— que engendra eternamente otras nuevas. «Todo lo fundamental que ha hecho el hombre, ¿no lo ha hecho en fun- ción de la imagen?» Y en otro pasaje: «mi trabajo oscuro es mi poesía y por su parte — prosigue Lezama— «mi obra puede considerarse una penetración en mi oscuro». Concibe «la poesía como ente de razón fundado en lo irreal», como «un arte incomprensible, pero razonable».
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Amalia Atiesta Cámara (^) José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
Esto es, el cubano busca, indaga, penetra, se aventura en lo imaginario y en lo posible de imaginarse, hasta imaginar el Ser perdido, llega al sentido de la fundación de aquella «increada forma de lo imaginado». Dice Lezama respecto de la creación en un ensayo: «No es un lujo de la inteligencia zar- par unas naves para contemplar unas arenas no holladas» y advierte con fuerza «que nuestra demoníaca voluntad para lo desconocido tenga el tama- ño suficiente para crear la necesidad de unas islas y su fruición para llegar a ellas». Otro concepto significativo en Lezama es lo que él denomina espacio gnóstico americano, esto es, pretende definir un ámbito cultural abierto al conocimiento universal, dice: «podemos acercarnos a diferentes estilos siempre que pongamos allí nuestros símbolos» y sugiere como programa «es necesario crear en el americano necesidades que levanten sus activi- dades a una gozosa creación». Se trata de un espacio de conocimiento abierto a la fecundación o a la «recepción de los corpúsculos generatri- ces». La fundación del espacio gnóstico americano, no significa negar las raí- ces ancestrales y en uno de esos viajes prodigiosos de Lezama, Quevedo y Góngora se encuentran en Hispano América con lo popular y dan a luz un nuevo modelo de hombre. Dice: «... por lo americano, el estoicismo queve- diano y el destello gongorino tienen soterramiento popular. Engendran un criollo de excelente resistencia para lo ético y una punta fina para el habla y la distinción de donde viene la independencia». América como «horno transmutativo de la asimilación», dispuesto al saboreo, banquete, al festín, a la devoración y a la voracidad por armar un campo semántico. La antinomia deviene mestizaje de sangres, de culturas. El germen espa- ñol crea en América actos y modos de vida, un tipo humano singular, corno si Góngora y Quevedo se completaran en América, para que aquel espacio castellano en Indias, engendrase nueva vida. El espacio gnóstico americano se hace propicio para el encuentro de una imagen barrocamente nueva en la imaginación americana, espacio que revi- taliza el verso gongorino y la sátira quevediana, mundo de encuentro de savias. El proyecto de Lezama es dibujar una forma en mutación y para lograrlo recurre a personajes de la historia americana que son paradigmas de la meta- morfosis diabólica y se puede trazar una línea que comenzarla en Moctezu- ma, el indio Kondori y el Aleijadinho para pasar luego al reino de Sor Juana,
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Amalia Iniesta Cámara (^) José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
De modo que esta resignificación de la historia, para Lezama, reside en la articulación de las «Eras imaginarias», establecer las diversas eras donde la ¿Mago «se impuso como historia» y sostiene que toda cultura crea un tipo de imaginación. Convocamos ciertos conceptos de un texto de Lezama, titulado «Las eras imaginarias», publicado en 1971. «El goce profético de la resurrección» está en el centro de su concepción en dicho ensayo, en la sección denominada «A partir de la poesía», en que explica las eras. La Expresión Americana sería el cierre, precisamente, el que da finalización a estas eras, dado que la última que concibe Lezama es la «era americana». La primera es la «filogeneratriz» es la era del origen, la del misterio, donde reside el principio primigenio de la creación al cual hay que llegar para penetrar el sentido del ser y el sentido de la poesía. Es la era prelógi- ca, anterior al alfabeto y a la explicación causal, expresa un mundo mitico mitológico y cosmogónico, se recogen en ella los rasgos de lo oracular y lo tribal. Cuando Lezama construye la expresión americana utiliza este momento primero, se encamina hacia esa materia prima de la poesía hispanoamericana que sc halla en el Popo1 Vuh; éste es un texto que no es virgen, que es ya un resultado. De todos modos, el cubano, al partir del Popol Vuh ve cómo se construye esa transformación a lo largo del tiempo, a través de una serie de imágenes, por una parte el predominio del espíritu del mal y, por otra, lo reencuentra en otras expresiones americanas. Sin embargo, lo diferencia por el carácter contaminado de este texto, que él considera como un enriqueci- miento porque en él conviven los mitos, la cosmogonía primigenia —la qui- ché— pero ya aparece en contrapunto con otras experiencias traídas de Euro- pa, con otros mitos, tanto los del mundo clásico como los que estaban presentes en las concepciones de la cultura y de la religión, en este caso los jesuitas, puesto que ellos fueron los que transcribieron el Popol Vuh. Si por un instante apelamos a Paradiso, recordamos que para el perso- naje de José Cemí, el narrador toma de aquella materia primera, en la cual confluye la naturaleza tropical y los restos de una cosmogonia o de los mitos de los primitivos habitantes de Cuba. Semí es el huracán y es una figura, que a su vez retoma Lezama del libro de Femando Ortiz del mismo nombre: Huracán. De modo que la autoctonia americana es un resultado y allí está presen- te el impulso constante del hombre americano; los origenes americanos están planteados en cada actualización o en cada era, así, el hombre anieri-
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Amalia Iniesta Cámara José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
cano debe desentraliarse o compenetrarse de los elementos que se han ido creando. Para Lezama Lima el vinculo entre lo primigenio y lo americano está en la base de la comprensión de la escritura y de la cultura actual. Y en ese punto reside lo que él llama «la era de la plenitud desde la pobreza» el comienzo de este poetizar americano. Para Lezama la pobreza es el símbolo de todo origen y quien representa por antonomasia esta cuestión es para él José Martí. En la base del pensamiento de Lezama se encuentra esa carencia de tra- dición y de allí esa necesidad de recuperarla, ese sentimiento tan americano de desamparo y desarraigo. Interesa la experiencia de lectura que hace Martí, de la poesía europea, pero especialmente la de la tradición literaria española: para este trabajo, los lazos del gran poeta con el barroco, con Gracián y Santa Teresa y con la poe- sía popular. Martí supone un sentido de renovación, de resurreción de un pasado, de una tradición. Para Lezama, volverse hacia el mundo y hacia la ¿mago americana signi- fica penetrar en lo fundamental y originario pero desde esa mirada retros- pectiva de quien guarda en si las imágenes de lo ya recorrido —Europa y las eras imaginarias anteriores, confundiéndolas con la experiencia actual de nuestra escritura americana. La segunda era imaginaria es para él lo thanático, que sitúa en la cultura egipcia; es la primera vez que surge el lazo entre la vida y la muerte ligados a una eternidad. Resucita la idea de la resurrección y de la trinidad. La ter- cera es la de lo órfico y lo etrusco, en que se condensa una imagen de lo cavernario, de las tinieblas infernales, del descenso a las profundidades de lo oscuro de la tierra pero buscando un ascenso hacia la luz. Recordemos que Lezama tiene otros ensayos sobre lo órfico y lo etrusco y su significación. La cuarta es la era de los Reyes, como metáforas y toma muy distintas experiencias históricas desde los Césares, los merovingios, los chinos, pero lo que nos interesa es que en ella introduce a los Incas. En los reyes se conden- san relaciones, vínculos, modos de relación entre lo popular y el poder, Alfonso el Sabio es un ejemplo de ello. En América, el franciscano Fray Ber- nardino de Sahagún es equiparable a la acción del rey en su magna Historia de las Cosas de la Nueva España. En otro personaje fundamental en la relación España-América, el Inca Garcilaso de la Vega, aparecen estas ¡mago que pueden organizarse desde dis- tintas perspectivas: desde la momia que el Inca toca hasta los jardines de oro,
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Amalia Iniesta Cámara José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
De modo que el paisaje y las culturas absolutamente diferentes provocan en el mundo europeo y en el hombre europeo a la fantasía y a la razón. Para Lezama el primer signo de una ¡mago, de una experiencia ameri- cana que se condensa en una ¡mago o que moviliza la imaginación aparece en el Diario de Colón, en el cual —en una descripción— Colón, pretende insertar a la naturaleza como en un tapiz medieval. En este punto volvemos a relacionar lo expresado por Lezama con el texto de Henriquez Ureña en que interpreta el sentido del escrito de Colón y la lectura que éste hace de América a través de las imágenes europeas. Para él, la luz enceguecedora del trópico se mezcla con los mitos exóticos y los propios en los europeos que son los mitos greco-latinos y orientales, lo que Lezama denomina «La imaginación de Kublai-Kan» que impregna la relación con el mundo ame- ricano generando nuevas ¡mago donde resucitan, a la vez, la cultura euro- pea y americana. El ve en Hernando de Soto —conquistador de la Florida y buscador de la fuente de la juventud— como el genitor de la imagen, una imagen que culmina en Martí, como dice el poeta: «Es Martí el hombre que muere en la imagen y que por eso gana la sobreabundancia de la resurrección». Y esto lo piensa de ese modo porque ambos fueron enterrados y desenterra- dos, a lo que le atribuye Lezama sentido de plenitud; ausencias que se vin- culan con otras del romanticismo, y con ello digo del destierro, como Fray Servando. Cuando Lezama se ocupa de las etapas de la cubanidad, destaca la figu- ra del Padre Varela, del cual dice que ftie uno de los primeros cubanos que les ha enseñado a pensar, uno de los constructores de la cubanidad y aquí qui- siera traer el interés de nuestro ensayista por los poetas de su patria al selec- cionar textos y autores para una antología a la cual dedica un estudio con- cienzudo. De modo que hay un primer momento de choque entre americanos y europeos que se dan en esta fusión de imágenes a que nos acabamos de referir. Finalmente, volvemos a la expresión americana para trabajar distintas cuestiones que hemos indagado a lo largo de este breve estudio acerca de la escritura hispanoamericana en su manifestación literaria y artística. Para Lezama Lima, la expresiónamericana se produce realmente con el hom- bre barroco, con el señor barroco, es allí donde el barroco se traslada a América y resurge recuperando todas sus posibilidades creativas en los más diversos órde- nes: la vestimenta, los muebles, la comida y, en especial, la curiosidad.
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Amalia iniesta Cámara José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
La expresión americana^4 nos oftece una visión señorial de nuestro mun- do a través de una mirada que todo lo ve distante y que regocijándose en la proliferación sensual, barroca, parte de una exhuberante grandeza propia y encuentra su destino en la grandeza universal. Se hace significativa la prime- ra frase de la obra «sólo lo difícil es estimulante». Es la dificultad para lle- gar a la esencia de ese mundo, su secreto. En el Barroco de la arquitectura y de la ornamentación es donde se reco-
tintas experiencias, si bien ha de resaltar la obra de dos artistas que presenta como claros ejemplos del barroco americano en sus dos vertientes, hispano indígena e hispano negroide: el indio Kondori y el Aleijadinho. Muestra Lezama en su texto, con sumo detenimiento, el trabajo arqui- tectónico del indio en la edificación de la Compañía de Jesús en las simu- las barrocas, en la gran tradición que remataría en el Barroco, en el cual el quechua logra insertar los símbolos incas del Sol y la Luna, de abstractas elaboraciones, de sirenas incaicas, de grandes ángeles cuyos rostros de indios reflejan la desolación de la explotación minera, según explica el cri- tico. Luego compara su trabajo con el del barroco europeo y lo encuentra superior Afirma que Kondori había estudiado con delicadeza y continuidad alucinante las plantas, los animales, los instrumentos metálicos de su raza y encontraba que podía formar parte del cortejo de los símbolos barrocos en el templo. Trabaja en abstracción soles incaicos, cuya opulenta energía se vuelca sobre una sirena con quejumbroso rostro mitayo y tañe una gui- tarra de su raza. Lo pone en el tratamiento de la forma al mismo nivel que los europeos. Y explica Lezama: «gracias al heroísmo y conveniencia de sus símbolos, precisamos que podemos acercarnos a las manifestaciones de cualquier esti- lo, sin acomplejamos ni resbalar, siempre que insertemos allí los símbolos de nuestro destino y la escritura con que nuestra alma anegó los objetos». El Alejadinho se opone a los modales estilísticos de su época, impuso los suyos, inunda con sus obras Ouro Preto con las esencias feudales del funda- dor, del que hace una ciudad, la prolonga, le traza murallas, le distribuye la gracia, la llena de torres y agujas, de canales y fogatas. Es la prueba de quien
Dc La expresión americana, consultamos principalmente para este trabajo «La curio- sidad barroca» que completamos con las otras conferencias que contiene el texto: «El roman- ticismo y el hecho americano», «Nacimiento de la expresión criolla» y «Sumas criticas del americano>,.
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Amalia Iniesta Cámara (^) José Lezama Lima. Cuesiiones de la escritura americana
noticias del Inca Garcilaso, tomada de las islas de Barlovento. Ese señor barroco exige una dimensión: la de su gran sala, por donde entona la fiesta, precisamente la fiesta barroca. Define Lezama el barroco como el arte de la Contra Conquista, en el jue- go de apreciarlo como el arte de la Contra Reforma. Lezama en el barroco europeo encuentra acumulación sin tensión y asi- metría sin plutonismo; a diferencia de aquél, su apreciación del Barroco ame- ricano se caTacteriza por una tensión —que él ejemplifica desde la arquitec- tura con la portada de la catedral de Puno o con la Basílica del Rosario de Puebla, en quejuegan las reminiscencias indígenas y, de pronto, el arte góti- co; en que se busca una forma unitiva y un plutonismo que quema los frag- mentos y los empuja ya metamorfoseados hacia su final—. Esto es, Lezama explica la presencia del Señor Barroco en medio de una arquitectura escenográfica. El Barroco americano abarca hasta el siglo XVIII y el ensayista lo carac- teriza como amistoso de la Ilustración y estudia en ese contexto las figuras de Sor Juana, de Carlos de Sigtienza y Góngora y de H. Domínguez Camar- go. En ellos se manifiesta ese afán de conocimiento, tanto a través de sus lec- turas como a través de los intereses de su producción. Destacan los cuatro mil volúmenes de la biblioteca de la Décima Musa en
que contó con «preciosos y exquisitos instrumentos matemáticos y musica- les», que luego aprovecharía para su «Primero Sueño». Todo ello le lleva al conocimiento universal y científico que le acerca a la Ilustración. En SigUen- za ocurre otro tanto, y muestra Lezama a este creador centrado en el trabajo sobre el lenguaje y la apetencia de fisica o astronomía. Se refiere a él como una figura de una curiosidad barroca, como Sor Juana, con la pompa de un verbo culto y, en este último, de cuidadoso espíritu cientificista y ejemplifi- ca con el «Manifiesto filosófico contra los cometas» o «La libra astronómi-
ca». En este autor personifica el cubano al Señor Barroco: se impregna de sus maneras, en él se redondea la nobleza, el disfrute, la golosina intelec- tual y se halla instalado en un paisaje que ya le pertenece. Lo destaca, pues, como el arquetipo de señor barroco en figura y aventura, y dice «ni aun en la España de sus días, puede encontrarse quien le supere en el arte de dis- frutar un paisaje y llenarlo de utensilios artificiales, métricos y voluptuo- sos». Para el crítico, el gongorismo americano rebasó su contenido verbal para constituir el desenvolvimiento cotidiano del Señor Barroco.
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Amalia Iniesta Cámara José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
Explica Lezama Lima que en esa cercanía a la Ilustración se particulari- zó nuestro barroco, como en los intentos de falansterio y de paraíso de los jesuitas del Paraguay. Recuerda el eco hispánico, el gongorismo, que destaca en América por sus intenciones de vida y poesía, de crepitación formal y de un contenido plutónico que va contra las formas, que reaparecen en el colombiano Her- nando Domínguez Camargo. En él destaca el signo muy americano del gongorismo, que esta vez aparece como una apetencia de frenesí innovador, de rebelión desafiante, de orgullo desatado, que lo lleva —dice-— a excesos luciferinos y explica «por su intento de destruir el contorno para domesticar una naturaleza verbal». Luego muestra un poema que juzga aun no bien estudiado en su carga de lenguaje, conocido como el anónimo aragonés del
Camargo y afirma que ofrece mayor destreza verbal. Sintetiza la idea «con su lenguaje de diedros rebajados, de cepilladas cornisas.., liquido vidriado y pulpa plateresca...». En este poeta vuelve al saboreo del vivir, y a la idea de que lo que en América revive es el disfrute del mundo, «de un mundo que tiene su finali- dad en Dios» y organiza el banquete barroco: la prolífica descripción de fru- tas y mariscos. En un juego a su vez barroco, Lezama intenta reconstruir, con platerescos asistentes de uno y otro mundo, una de esas fiestas regidas por el afán dionisíaco y dialéctico. De Dominguez Camargo va hacia Lope de Vega; luego aparecen Sor Jua- na, Pr. Plácido de Aguilar y salta de pronto a Leopoldo Lugones. Va pues del Barroco a la edad de oro, para demostrarnos que en nuestros días aquel Barroco se hace imprescindible. Si en torno del banquete hay una dimensión que nos corresponde, la del Sueño, en Sor Juana alcanza su plenitud y la plenitud del idioma poético en sus días, dice.: «es la primera vez que una figura americana alcanza un lugar de primacía, en el reinado de Carlos II en que asoma la recíproca influencia americana sobre lo hispánico». Destacamos que Lezama hace un estudio muy detenido de Primero Sue- ño y que luego lo relaciona con el poema de Gorostiza, «Muerte sin fin», res- pecto de ambos se refiere a que comparten un «dilettantismo» intuitivo y una dimensión que, según él, solo puede ser superada por culturas más antiguas y maduras, capaces de perspectivas poéticas más complicadas. En ese mismo sentido estudia el auto sacramental sorjuanino, Divino Nar- ciso, cuya loa relaciona mitos pre-cortesianos con creencias católicas, como
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Amalia Iniesta Cántara José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
disfrute no está en el goce de las golosinas de la inteligencia o del gusto, sino en la doma; no alcanza aquel disfrute porque se ha establecido un vacío, que tiene que fundar un dominio verbal y terrenal, para volver a lle- narlo. De modo que de la abundante textualidad lezamalimeana, hemos ensaya- do deshilar los intrincados y sinuosos caminos de su pensamiento universal y americanista. Penetrar su creación de palabras, perseguirle a través de su ima- ginación, en esa organización del nuevo orden de los signos, dejarnos mara- villar por las ¡mago que propone para pensar América. Transitar los concep- tos que crea para conformar su sistema poético: !a hipertelia, el súbito, la extensión, el po/em, la vivencia oblicua, la poesía como salvación, la sobre- naturaleza. Los ensayos de Lezama trazan un saber múltiple y difuso y se abren en una proliferación de relaciones: literarias, filosóficas, históricas, mitológicas, a través de una palabra que se vuelve culta, popular, clásica y actual y se mueve en su texto y retumba, se enumera, se persigue, inquiere, salta, se ah- tera, serpentea, redondea, juega barrocamente, prende y se desprende, apare- ce y se oculta. Hemos intentado seguirle devotamente como lectores, puesto que de ese modo descubrimos cada vez nuevas tramas posibles para entender nuestra preocupación como estudiosos de la literatura hispanoamericana, una escritu- ra genuina. Esta se conduce a trabajar los textos en su tendencia barroca. Surcando las huellas del pensador cubano intentamos incorporar la pre- gunta por el gran texto americano en su complejo entramado cultural. Vol- viéndose sobre sus propios pasos hispanoamericanos para descifrar Nuestra América, en la expresión épica-narrativa, poética y dramática a través de los personajes que la habitaron desde sus orígenes: indio, conquistador, funcio- nario, el buscador del camino de Eldorado. Escribir a América, trazar su fisonomía, requiere de una escritura asenta- da en el ser americano, ése que se ha ido formando desde la Conquista y la Colonia y que ha recogido y mixturado diversos universos culturales, lin- gúisticos, religiosos y libertados que la configuran. Escribir un texto americano en que caben una pluralidad de voces de dis- tinta procedencia, —si bien la transitan interiormente las indígenas y cami- nan su piso superior el español de la conquista y el más refinado de la Colo- nia—. Una lengua que carga una naturaleza y un paisaje cultural y un tratamiento de esa materia lingúistica que indaga travesías mediante la profu- sión de versos y de figuras.
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Amalia Iniesta Cámara (^) José Lezama Lima. Cuestiones de la escritura americana
Para Lezama —y para nosotros— el momento decisivo del modo de ser americano reside en la época virreinal, cuando nace la sociedad nueva de ¡-lenriquez Ureña, que se prolonga hasta el XVIII. En ella busca reconocer la secreta continuidad de las culturas autóctonas bajo las formas elaboradas del barroco español. Esta es la tendencia que estamos abocados a profundizan Señor Barroco que aparece en relación con una arquitectura religiosa que conjuga con naturalidad un mundo cristiano, virreinal, hispánico, sumamen- te acomodado y rodeado de abundancia y refinamiento. El, nos lleva al pro- pio Lezama que aún en el siglo XX, es paradigma de aquel Señor que él sitúa en pleno siglo XVII. Si por un momento ensayo la composición de un retrato de José Lezama Lima en el juego de una serie de fotografias y escritos que tengo sobre el pupitre, encuentro: un hombre grueso, moreno, de cabello rizado —diría cari- beño— de rasgos firmes y sonrisa amplia e infantil, vestido de camisa blan- ca y mirada echada hacia la lejanía... Todo él posee el tipo de un ser pensante y al tiempo tierno y gozador; que vinculo con aquel hombre de gran apetito, gozador de la totalidad de la vida, devorador, sensual, centroamericano... Por los escritos sabemos que fue hombre de la cubanidad, del tabaco y del profundo compromiso; se ha preocupado por estudiar a los poetas y a los pin- tores de Cuba. Se le han hecho innumerables entrevistas, ha escrito poemas y artículos aparecidos en publicaciones periódicas de la isla, de hondo com- promiso intelectual, cultural y político (de entre éstos recordemos «El 26 de julio: imagen y posibilidad» de 1968 y «Ernesto Guevara comandante nues- tro» del mismo año). Las revistas de suma significación: Revista de Avance, Espuela de Plata y la del grupo Orígenes, centro de la cultura liispanoamerí- cana, rodeado de sus amigos: el pintor Mariano, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Eliseo Diego y el padre Gaztelu. Mi compatriota Julio Cortázar, desterrado en París, quien tuvo el honor de corregir la segunda edición de Paradiso, en su evocación, dice del cuba- no, que lo recuerda en su casa de la calle Trocadero, 12, piso bajo, donde la plenitud del universo lo esperaba «en el profundo sillón y en los anillos de humo de su tabaco», un Lezama, al que de «su mano hallamos al hombre interior e íntimo, de enorme soledad en su destierro cubano; hombre de lar- gas tertulias de tabaco y amistad, mundo de momentos de la cultura univer- sal en un concilio prodigioso de santos, filósofos, místicos y alquimistas, hombre de pausas de respiración asmática, hombre generoso y de voz pro- funda...».
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