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Asignatura: Introduccion a la psicologia, Profesor: Jose Maria Arana, Carrera: Psicología, Universidad: USAL
Tipo: Apuntes
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CAPÍTULO 8
gradezcamos por la memoria. No le prestamos atención, a menos que fun- cione mal. Pero es nuestra memoria la que registra el tiempo y define nuestra vida. Es nuestra memoria la que nos permite reconocer a nuestra familia, hablar nuestro idioma, volver a casa y encontrar el ali- mento y el agua. Es nuestra memoria la que nos permite disfrutar una experiencia y luego revi- virla mentalmente para volver a disfrutarla. Son nuestros recuerdos compartidos los que nos unen como irlandeses o australianos, como ser- bios o albaneses. Y nuestros recuerdos en oca- siones nos incitan a pelear contra aquellos cuyas ofensas no podemos olvidar. En gran medida, uno es lo que recuerda. Sin la memoria, el almacén en el que se acumula el aprendizaje, no podríamos saborear los momen- tos felices vividos, no sentiríamos culpa o enojo ante los recuerdos dolorosos. En lugar de esto, viviríamos continuamente en el presente y cada momento sería nuevo. Pero cada persona sería un extraño, cada idioma sería extranjero, cada tarea –vestirse, cocinar, andar en bicicleta– repre- sentaría un desafío. Incluso usted sería un extra- ño para usted mismo sin el sentido continuo de su yo que va desde su pasado lejano hasta el pre- sente momentáneo. “Si se pierde la capacidad de recordar, no hay vida”, sugirió el investigador y
neurobiólogo James McGaugh (2003). “Sería lo mismo ser un nabo o un repollo”.
El fenómeno de la memoria
PARA UN PSICÓLOGO, la memoria es el aprendi- zaje que persiste a través del tiempo, la informa- ción que se ha almacenado y puede recuperarse. El estudio de los extremos de esta función ha ayudado a los investigadores a entender su fun- cionamiento. A los 92 años, mi padre sufrió un accidente isquémico transitorio que produjo un solo efecto peculiar. Su personalidad afable per- maneció intacta. Seguía activo como antes. Nos reconocía y al mirar las fotos del álbum familiar podía recordar los detalles de su pasado. Pero perdió gran parte de la capacidad que tenía para almacenar recuerdos nuevos de conversaciones y episodios cotidianos. No podía decirme qué día de la semana era. Aunque se le contó varias veces acerca de la muerte de su cuñado, demos- traba sorpresa cada vez que escuchaba la noticia. En el otro extremo están las personas que obtendrían una medalla de oro en las olimpía- das de la memoria, como el periodista ruso, Shereshevskii, o S, quien sólo necesitaba escu- char mientras otros periodistas tomaban notas (Luria, 1968). Mientras que usted y yo podría- mos repetir una serie de hasta 7 dígitos, o 9 como máximo, S podía repetir hasta 70 dígitos o palabras, siempre que se los leyeran cada tres segundos en una habitación en silencio. Además, podía recordarlos con la misma facili- dad hacia adelante que hacia atrás. Su precisión era infalible, aun cuando le pedían que recorda- ra una lista hasta 15 años después, tras haber memorizado centenares de otras listas. “Sí, sí”, podía recordar. “Era una serie que me diste una vez cuando estábamos en tu departamento… Tú estabas sentado a la mesa y yo en la mecedora… Tú usabas un traje gris y me mirabas así…”.
© The New Yorker Collection, 1992,Robert Mankoff de cartoonbank.com.Todos los derechos reservados. “Camarero, quisiera hacer un pedido, pero si ya comí, tráigame la cuenta”.
:: memoria persistencia del aprendizaje a través del tiempo mediante el almacenamiento y la recuperación de la información.
1. Primero grabamos información para ser recordada como una memoria sensorial veloz. 2. A partir de ésta, procesamos la información en un depósito de memoria a corto plazo , donde la codificamos mediante el ensayo. 3. Finalmente, la información se instala en la memoria a largo plazo , desde la cual la recu- peramos.
Aunque se trata de un modelo de importancia histórica y de sencilla utilidad, este proce- so de tres pasos resulta limitado y falible. En este capítulo, utilizamos una versión modifi- cada del modelo de procesamiento de la memoria en tres etapas (FIGURA 8.2). Este mode- lo actualizado incorpora dos conceptos nuevos importantes:
La capacidad de la memoria activa es diferente en todas las personas. Imagine que le muestran una letra del abecedario, luego le hacen una pregunta simple, luego le muestran otra letra y le formulan otra pregunta, y así sucesivamente. Aquellos individuos que logran recordar la mayor cantidad de letras a pesar de las interrupciones tienden a demostrar en la vida diaria un mayor nivel de inteligencia y un mejor mantenimiento de la concentración en las tareas (Kane y cols., 2007; Unsworth y Engle, 2007). Al ser convocados en distintos momentos para verificar su nivel de recuerdos, estas personas poseen menos probabilida- des de informar una distracción mental de su actividad presente. Ahora utilicemos nuestro modelo actualizado para observar con más detenimiento el pro- ceso mediante el cual se codifica, almacena y recupera la información.
Ingreso del estímulo sensorial
La memoria sensorial registra la información que ingresa y permite que su cerebro capture en un momento fugaz un montón de rostros.
Prestamos atención a estímulos importantes o nuevos y los codificamos, en este caso una cara enojada entre la multitud.
Si mirásemos este rostro un rato (repaso), o si estuviéramos bastante molestos por esto (considerado “importante”), lo codificaríamos para un almacenamiento de largo plazo, y podríamos, una hora después, estar en condicione de recordar una imagen de la cara.
Atención a la información importante o nueva Codificación
Codificación Recuperación
Memoria a largo plazo
Memoria sensorial
Memoria activa/a corto plazo
PROCESAMIENTO INCONSCIENTE
Acontecimientos externos
Bob Daemmrich/The Image Works
Bob Daemmrich/Image Works
Frank Wartenberg/Picture Press/Corbis
Esquema modificado del modelo de procesamiento de la información en tres etapas El modelo clásico en tres etapas de Atkinson y Shiffrin nos ayuda a pensar en la manera en la que se proce- san nuestros recuerdos; pero hoy en día, los investigadores reconocen otras formas en las que se forman los recuerdos a largo plazo. Por ejemplo, cierta informa- ción se filtra en nuestra memoria a largo plazo a través de una “puerta trasera”, sin que prestemos atención consciente. Y ya que es tanto el procesamiento activo que ocurre en el estadio de la memoria a corto plazo, actualmente se suele preferir el concepto de memoria activa.
:: memoria sensorial registro inmediato y breve de la información sensorial en el sistema de la memoria. :: memoria a corto plazo memoria activada que retiene algunos elementos durante un perí- odo corto, como los siete dígitos de un número de teléfono al marcarlo, antes de almacenar la información o perderla. :: memoria a largo plazo almacenamiento relativamente permanente e ilimitado en el sis- tema de la memoria. Incluye conocimientos, habilidades y experiencias. :: memoria activa concepto que deviene de una nueva comprensión de la memoria a corto plazo; se concentra en el procesamiento cons- ciente y activo de la información auditiva y visuoespacial entrante, y de la información recu- perada de la memoria a largo plazo.
Ahora lo sabe Las personas que habían visto esta imagen completa tuvieron, 17 años más tarde, mayores probabilidades de reconocer el fragmento de la Figura 8.1.
:: procesamiento automático codificación inconsciente de información incidental como el espacio, el tiempo y la frecuencia y de la infor- mación conocida, como los significados de las palabras.
La codificación: incorporar la información
2: ¿Qué información codificamos automáticamente? ¿Qué información codificamos con esfuerzo y cómo influye la distribución de la práctica en la retención?
Cómo codificamos
Cierta información, tal como el camino que tomó para ir a su última clase, se procesa con gran facilidad, para liberar al sistema de memoria y permitirle concentrarse en eventos menos familiares. Pero para retener información nueva, tal como el nuevo número de celu- lar de un amigo, es necesario prestar atención y hacer un esfuerzo.
Procesamiento automático
Gracias a la capacidad del cerebro de realizar actividades simultáneas (para el procesamien- to paralelo), ejecutamos gran cantidad de tareas sin participación de la atención consciente. Por ejemplo, es posible procesar automáticamente sin esfuerzo consciente información acerca de los siguientes aspectos:
.ocitámotua ne esritrevnoc edeup odazrofse otniemasecorp lE. Al principio, tal actividad requiere esfuerzo, pero con suficiente práctica también lograría hacerlo de manera más automática. Son muchas las habilidades que desarrollamos de esta manera. Aprendemos a conducir, a enviar mensajes de texto, a hablar un nuevo idioma, todo con gran esfuerzo al principio y luego en forma más automática.
¿De qué manera ha empleado las tres partes de su sistema de memoria (codifica- ción, almacenamiento y recuperación) para aprender algo nuevo hoy?
La memoria incluye (por orden alfabético) a la memoria a largo plazo, la memoria sensorial y la memoria activa/a corto plazo. ¿Cuál es el orden correcto de estos esta- dios de la memoria?
Las respuestas a estas preguntas se hallan en el Apéndice B, al final del libro.
Algunas investigaciones posteriores revelaron más aspectos acerca de la manera en la que es posible establecer recuerdos durables. Parafraseando a Ebbinghaus (1885), quienes aprenden muy rápido también olvidan muy rápido. Retenemos mejor la información cuan- do el repaso se distribuye a lo largo del tiempo (como cuando aprendemos los nombres de nuestros compañeros de clase), un fenómeno denominado efecto de aprendizaje espacia- do. Durante el último siglo, se llevaron a cabo más de 300 experimentos que revelan los beneficios del aprendizaje espaciado (Cepeda y cols., 2006). La práctica intensiva (estudiar apresuradamente) redunda en el aprendizaje rápido a corto plazo y genera un sentimiento de confianza. Pero el estudio distribuido a lo largo del tiempo asegura una mayor memoria a largo plazo. Según Doug Rohrer y Harold Pashler (2007), una vez que se ha estudiado lo suficiente como para dominar el tema, continuar estudiando resulta ineficaz. Es mejor pos- tergar ese tiempo de repaso: repasar al día siguiente si se necesita recordar la información 10 días más tarde, o un mes después si se necesita recordarla 6 meses más tarde. En un experimento que duró 9 años, Harry Bahrick y tres miembros de su familia (1993) practicaron traducciones de palabras de una lengua extranjera una cantidad determinada de veces, a intervalos que oscilaban entre los 14 y los 56 días. El resultado obtenido fue cohe- rente: cuanto más espaciadas habían sido las sesiones de práctica, mejor fue la retención hasta unos 5 años más tarde. La deducción práctica: repartir el aprendizaje –a lo largo de un semestre o un año, en vez de en plazos más cortos– no sólo ayuda en los exámenes finales, sino que aumenta la retención de la información para toda la vida. Ejercitar el material pre- viamente aprendido mediante la repetición de preguntas y respuestas también resulta de uti- lidad; éste es un fenómeno que Henry Roediger y Jeffrey Karpicke (2006) denominaron efec- to examen , a lo que agregan: “los exámenes son una forma muy eficaz de mejorar el aprendizaje; no sólo de evaluarlo”. En uno de los estudios que llevaron a cabo, los estudian- tes lograron recordar el significado de 40 palabras en idioma swahili aprendidas con ante- rioridad con mucha más eficacia si se las evaluaba repetidamente que si se invertía el mismo tiempo en volverlas a estudiar (Karpicke y Roediger, 2008). Y éste es otro aspecto que vale la pena recordar: el aprendizaje espaciado y la autoevaluación superan a la práctica inten- siva (estudio apresurado). Otro fenómeno, el efecto de la posición seriada , ilustra también los beneficios del repa- so. Como ejemplo cotidiano, imagine que es su primer día en un empleo nuevo y su direc- tor le presenta a sus compañeros de trabajo. A medida que conoce a cada uno, usted repite (repasa) todos sus nombres comenzando desde el principio. Para el momento en el que haya conocido a la última persona, usted habrá pasado más tiempo repasando los primeros nom- bres que los últimos; de esta manera, al día siguiente probablemente recordará con más faci- lidad los nombres de las primeras personas que conoció. Además, el aprendizaje de los pri- meros nombres puede interferir con el aprendizaje de los últimos. Los experimentadores han demostrado el efecto de la posición seriada mostrándole a los participantes una lista de elementos (palabras, nombres, fechas e incluso olores) y de inme- diato les pidieron que los repitieran en cualquier orden (Reed, 2000). Al esforzarse por recordar la lista, las personas solían recordar mejor el último y el primer elemento que los
:: efecto de aprendizaje espaciado tenden- cia a distribuir el estudio o la práctica para con- seguir una mejor retención en el largo plazo que la conseguida mediante una práctica o un estudio más intensivo.
:: efecto de la posición seriada nuestra ten- dencia a recordar mejor el primer y el último elemento de una lista.
“La mente es lenta en desaprender lo que le llevó mucho tiempo aprender”. Séneca, filósofo romano (4 a.C.-65 d.C.)
80
90%
60
70
50 40 30 20 10 0
Porcentaje de palabras recordadas
1 Posición de la palabra en la lista
2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 1 2
Recuerdo inmediato: se recuerdan mejor las últimas
Recuerdo tardío: sólo se recuerdan bien las primeras (efecto de primacía)
El efecto de la posición seria- da Inmediatamente después de que el primer ministro australia- no Kevin Rudd le presente a esta larga fila de funcionarios al pre- sidente de Afganistán Hamid Karzai, el presidente Karzai pro- bablemente recuerde mejor los nombres de las últimas personas, pero más tarde, es más seguro que recuerde mejor los nombres de las primeras personas que conoció (De Craik y Watkins, 1973).
AP Photo/Musadeq Sadeq. Pool
- Aquí tenemos otra frase sobre la cual luego le haré preguntas: El pez atacó al nadador. •
:: codificación visual codificación de imáge- nes visuales. :: codificación acústica codificación del soni- do, especialmente el de las palabras. :: codificación semántica codificación del significado, que incluye el significado de las pala- bras.
que están en el medio (FIGURA 8.6). Tal vez como los últimos elementos todavía están en la memoria activa, las personas los recuerdan de manera especialmente rápida y sin errores ( efecto de recencia ). Pero después de un rato, después de haber distraído la atención de los últimos elementos, su recuerdo es mejor para los primeros elementos ( efecto de primacía ). A veces, sin embargo, el repaso no resulta suficiente para almacenar nueva información y recordarla más tarde (Craik y Watkins, 1973; Greene, 1987). Para comprender la razón de que esto ocurra, necesitamos conocer más acerca del mecanismo mediante el cual codifica- mos la información para procesarla y convertirla en memoria a largo plazo.
Qué codificamos
3: ¿Qué métodos de procesamiento intencionado colaboran en la formación de recuerdos?
El procesamiento de la información sensorial es como clasificar el correo electrónico. Algunos mensajes se descartan en el acto. Otros, los abrimos, los leemos y los retenemos. Procesamos la información codificando su significado y su imagen, u organizándola men- talmente.
Niveles de procesamiento
Cuando procesamos información verbal para almacenar, por lo general codificamos su sig- nificado, asociándolo con algo que ya sabemos o imaginamos. Escuchar “vello” o “bello” depende de cómo el contexto y nuestra experiencia nos ayudan a interpretar y codificar los sonidos. (Cabe recordar que nuestros recuerdos activos interactúan con nuestros recuerdos a largo plazo). ¿Puede reproducir la frase acerca del agresor presentada al principio de este capítulo? (“El rebelde enfurecido arrojó…”). Tal vez, al igual que los participantes de un experimento de William Brewer (1977), recuerde la frase del agresor según el significado que codificó cuan- do la leyó (por ejemplo, “El rebelde enfurecido arrojó la piedra por la ventana”), en lugar de cómo estaba escrita (“El rebelde enfurecido arrojó la piedra contra la ventana”). En referen- cia a este tipo de recuerdos, Gordon Bower y Daniel Morrow (1990) comparan la mente humana con un director de teatro, quien, cuando recibe un guión, imagina toda la puesta en escena de la obra. Cuando más tarde nos preguntan qué escuchamos o leímos, no recorda- mos el texto literalmente, sino lo que codificamos. De la misma manera, cuando estudia para un examen, usted puede recordar los apuntes que tomó sobre un artículo, más que el ar- tículo en sí mismo. ¿Qué tipo de codificación cree que conduce a recordar mejor la información verbal? ¿La codificación visual de las imágenes? ¿La codificación acústica del sonido? ¿La codifica- ción semántica del significado? Cada uno de estos niveles de procesamiento posee un sis- tema propio a nivel cerebral (Poldrack y Wagner, 2004) y todos son útiles. Por ejemplo, la codificación acústica aumenta la capacidad de recordar y la verosimilitud de los aforismos que riman. Por lo tanto, decir que “Lo que la sobriedad oculta, el alcohol lo revela” parece más exacto que “lo que la sobriedad muestra, el alcohol lo revela” (McGlone y Tofighbakhsh, 2000). El alegato propuesto por el abogado Johnnie Cochran frente al jurado en el juicio a O. J. Simpson –“Si el guante no se ajusta a la mano, deben absolverlo”– fue recordado más fácilmente que si Cochran hubiera dicho “Si el guante no se ajusta a la mano, ¡deben decla- rarlo inocente!”. Para comparar la codificación visual, acústica y semántica, Fergus Craik y Endel Tulving (1975) les mostraron una palabra a un grupo de personas. Luego les formularon una pre- gunta que requería que procesaran las palabras 1) visualmente (el aspecto de las letras), 2) acústicamente (el sonido de las palabras), o 3) semánticamente (el significado de las pala- bras). Para experimentar la prueba, conteste rápidamente las siguientes preguntas:
Muestra de preguntas para promover el procesamiento Palabra Sí No
recordamos bien las palabras. Este fenómeno se denomina efecto de autorreferencia (Symons y Johnson, 1997; Wagar y Cohen, 2003). Por eso, es ventajoso emplear tiempo para encontrar un significado personal a lo que estamos estudiando. La información consi- derada “importante para mí” se procesa más profundamente y permanece más accesible en la memoria.
Codificación visual
¿Por qué razón nos esforzamos para memorizar fórmulas, definiciones y fechas y sin embargo, podemos describir fácilmente dónde estuvimos ayer, con quién estuvimos, dónde nos sentamos y qué llevábamos puesto? Una diferencia es la mayor facilidad para recordar imágenes visuales. Nuestros primeros recuerdos, quizá sobre algo que pasó cuando tenía- mos 3 o 4 años, incluyen imaginería visual. Recordamos mejor las palabras concretas, que podemos representar en imágenes, que las que son abstractas, es decir, las que son difíciles de representar con imágenes. (Cuando le pida más adelante que recuerde tres de estas pala- bras: máquina de escribir , vacío , cigarrillo , inherente , fuego , proceso , ¿cuáles recordará con más probabilidad?). Si aún recuerda la frase sobre el rebelde que arroja la piedra, probable- mente sea no sólo por el significado que codificó, sino también porque con la frase podía armar una imagen visual. La memoria para los sustantivos concretos, como “cigarrillo”, es facilitada por ambas codificaciones, semántica y visual (Marschark y col., 1987; Paivio, 1986). Dos códigos son mejores que uno. Gracias a la duración de nuestras imágenes más vívidas, recordamos nuestras experien- cias mediante instantáneas mentales de los mejores o los peores momentos: el mejor momento de placer o alegría y el peor momento de dolor o frustración (Fredrickson y Kahneman, 1993). Recordar los hechos importantes y olvidar los triviales puede explicar el fenómeno denominado retrospección de color rosa (Mitchell y col., 1997): las personas tien- den a recordar acontecimientos como las vacaciones en un campamento de manera más positiva que como las evaluaron en ese momento. De su visita a Disneylandia recuerdan más las atracciones, la comida y los juegos que el calor agobiante y las largas colas. La imaginería es la base de muchas estrategias mnemotécnicas (de mnemotecnia , deri- vado del vocablo griego para “memoria”). La mnemotecnia fue desarrollada por los antiguos estudiantes y oradores griegos como ayuda para recordar fragmentos y discursos largos. Otros recursos mnemotécnicos incluyen los códigos acústico y visual. Por ejemplo, el siste- ma de palabras clave requiere que primero memorice una canción ( jingle ): “ A la una, la aceituna; a las dos, dice adiós; a las tres, del revés; a las cuatro entra el pato; a las cinco da un brinco; a las seis no paséis”. Sin mucho esfuerzo, pronto usted podrá contar con pala- bras clave en lugar de números: aceituna, pato, brinco … y luego asociar visualmente estas palabras con los elementos que quiera recordar. Ahora está preparado para desafiar a cual- quiera a que le dé una lista de almacén para recordar. ¿Zanahorias? Imagine zanahorias con aceitunas. ¿Leche? Piense en una botella de leche diciendo adiós. ¿Servilletas de papel? Imagine un paquete de servilletas de papel al revés. Piense en “ aceituna, adiós y del revés ” y verá sus imágenes asociadas. Con pocos errores (Bugelski y col., 1968), usted estará en condiciones de recordar los elementos en cualquier orden y nombrar cualquier elemento. Los memoristas expertos conocen el poder de estos sistemas. Un estudio realizado sobre los mejores memoristas en el Campeonato Mundial de Memoria demostró que estas personas no poseían una inteligencia excepcional, sino una capacidad superior en el uso de estrategias mnemotécnicas espaciales (Maguire y col., 2003).
Organización de la información para su codificación
Los recursos mnemotécnicos ayudan también a organizar el material para su recuperación posterior. Cuando el párrafo de Bransford y Johnson sobre el lavado de ropa cobró sentido, pudimos organizar mentalmente sus frases en una secuencia. Procesamos la información con más facilidad cuando la organizamos en unidades o estructuras significativas.
luego deje de mirarla y trate de reproducir lo que vio. ¿Es imposible, verdad? Pero usted puede reproducir fácilmente la segunda línea, que no es menos compleja. Asimismo, segu- ramente encontrará la línea 4 mucho más fácil para recordar que la línea 3, aunque ambas contienen las mismas letras. Y podrá recordar la sexta línea mejor que la quinta, aunque las dos están formadas por las mismas palabras.
:: imaginería imágenes mentales; es útil en el procesamiento intencionado, sobre todo cuan- do se combina con la codificación semántica. :: mnemotécnica ayudas para memorizar, especialmente las técnicas que utilizan recursos de imaginería visual y de organización.
Tal como demuestra este ejercicio, recordamos más fácilmente la información cuando podemos organizarla en unidades o fragmentos significativos. La fragmentación sucede de manera tan natural que la damos por supuesta. Si usted habla su lengua materna, el espa- ñol, puede reproducir perfectamente los 150 segmentos o más de líneas que forman las pala- bras en las tres frases del ítem 6 de la Figura 8.8, lo que sorprendería a alguien sin conoci- mientos del idioma. Es también sorprendente la capacidad de alguien que sabe hablar chino, que con mirar la FIGURA 8.9 logra reproducir todos estos ideogramas; o los expertos en ajedrez, quienes, después de mirar 5 segundos el tablero durante un juego, pueden recordar las posiciones exactas de la mayoría de las piezas (Chase y Simon, 1973), o de un jugador de baloncesto universitario que, luego de mirar durante 4 segundos un partido de baloncesto, puede recor- dar las posiciones de los jugadores (Allard y Burnett, 1985). Todos recordamos mejor la información cuando podemos organizarla en conjuntos significativos para nosotros. La fragmentación puede emplearse también como una estrategia mnemotécnica para recordar el material desconocido. ¿Desea recordar los colores del arco iris? Piense en VIVA- RAN ( v erde, í ndigo, v ioleta, a marillo, r ojo, a zul, n aranja). Para recordar los nombres de los cinco grandes lagos norteamericanos, sólo tiene que pensar en la palabra HEMOS ( H uron, E rie, M ichigan, O ntario, S uperior). En cada caso, fragmentamos la información en una forma más conocida y creamos palabras (denominadas acrónimos ) a partir de las primeras letras de los términos por recordar.
ción no sólo en fragmentos, sino también en jerarquías compuestas por unos pocos concep- tos amplios que están divididos y subdivididos en conceptos y hechos más acotados. Este capítulo, por ejemplo, pretende no sólo instruirlo acerca de los aspectos más elementales de la memoria, sino también ayudarlo a organizar esos aspectos alrededor de principios más abarcativos, tales como codificación; subprincipios como procesamiento automático e inten- cionado ; y conceptos aún más específicos, como significado, imaginería y organización (FIGURA 8.10).
Efectos de la fragmenta- ción sobre la memoria Cuando organizamos infor- mación en unidades significa- tivas, como letras, palabras y frases, la recordamos con más facilidad (de Hintzman, 1978).
Fragmentos Jerarquías
Significado Imaginería Organización
Codificación (automática o intencionada)
La organización beneficia a la memo- ria Cuando organizamos palabras o con- ceptos en grupos jerárquicos, como está ilustrado aquí con conceptos de este capí- tulo, los recordamos mejor que cuando los vemos presentados en forma aleatoria.
Un ejemplo de frag- mentación para aque- llos que leen chino Después de mirar estos caracteres, ¿puede repro- ducirlos exactamente? Si lo consigue, usted sabe chino.
- Cuando tratamos el tema de la codi- ficación de la imaginería, le di seis palabras sobre las que les preguntaría más tarde. ¿Cuántas de estas palabras puede recordar ahora? De todas ellas, ¿cuántas tienen un alto grado de ima- ginería y cuántas tienen poca imagine- ría? (Puede verificar su lista con las seis palabras que aparecen invertidas a continuación.) •
Máquina de escribir, vacío, cigarrillo,
inherente, fuego, proceso
También tenemos una memoria impecable, aunque efímera, para los estímulos auditivos, denominada memoria ecoica (Cowan, 1988; Lu y col., 1992). Imagínese a usted mismo en una conversación, mientras dirige su atención a la televisión. Si su interlocutor, un poco aburrido, le pregunta “¿qué acabo de decir?”, usted recuperará lo último que dijo desde la cámara ecoica de su mente. Los ecos auditivos tienden a persistir durante 3 o 4 segundos. Los experimentos llevados a cabo sobre la memoria icónica y la memoria ecoica nos han ayudado a comprender el mecanismo del registro inicial de la información sensitiva en el sis- tema mnémico.
La memoria activa/a corto plazo
5: ¿Cuál es la duración y la capacidad de la memoria a corto plazo y a largo plazo?
De la enorme cantidad de información que registra nuestra memoria sensorial, destacamos sólo una parte con nuestra atención. También recuperamos información de almacenamien- to a largo plazo para mostrarla “en pantalla”. Pero, a menos que nuestra memoria activa codifique esa información de manera significativa o la repase, desaparece rápidamente del almacenamiento a corto plazo. En el tiempo que transcurre entre buscar un número telefó- nico y marcarlo, el recuerdo de ese número puede evaporarse. Para saber a qué velocidad desaparece la memoria a corto plazo, Lloyd Peterson y Margaret Peterson (1959) les pidieron a algunas personas que recordaran grupos de tres consonantes, como CHJ. Para evitar el repaso de las letras les solicitaron que comenzaran por 100 y contaran en voz alta de a tres hacia atrás. Después de 3 segundos, las personas recordaron las letras sólo la mitad de las veces; después de 12 segundos, casi no las recor- daban (FIGURA 8.12). Sin un procesamiento activo, los recuerdos a corto plazo tienen una duración limitada. La memoria a corto plazo no sólo está limitada por la duración, sino también por la capa- cidad, y por lo general almacena sólo alrededor de siete ítems de información (más o menos dos). George Miller (1956) denomina a esta capacidad de recordar El mágico número siete, más o menos dos. No resultó sorprendente que cuando algunas compañías telefónicas comenzaron a pedir que los usuarios marcaran un código de área de tres dígitos además de un número de siete dígitos, muchas personas comentaran que tenían problemas para rete- ner el número recién buscado. Nuestra memoria a corto plazo retiene un poco más fácilmente los dígitos al azar (como los de un número de teléfono) que las letras aleatorias, que algunas veces tienen sonidos similares. También retiene un poco mejor lo que escuchamos que lo que vemos. Tanto los niños como los adultos tienen recuerdos a corto plazo para casi todas las palabras que pue- den decir en dos segundos (Cowan, 1994; Hulme y Tordoff, 1989). En comparación con la pronunciación de las palabras en inglés, lleva más tiempo articular las señas del sistema de
90% 80 70 60 50
10
40 30 20
0
Porcentaje de participantes que recordaron las consonantes
3 Tiempo en segundos entre la presentación de las consonantes y el recuerdo (sin que se pueda repasar)
6 9 12 15 18
Declive rápido sin repetición
Declive de la memoria a corto plazo A menos que se repase, la infor- mación verbal se olvida rápidamente (de Peterson y Peterson, 1959; véase también Brown,1958).
:: memoria ecoica memoria sensorial momentánea de los estímulos auditivos; aunque prestemos atención a otras cosas, los sonidos y las palabras se pueden recordar al cabo de 3 o 4 segundos.
- El Mágico Número Siete significó una contribución de la psicología a una interesante lista de sietes mágicos –las siete maravillas del mundo, los siete mares, los siete pecados capitales, los siete colores primarios, las siete notas musicales, los siete días de la semana–, siete mágicos sietes. •
lenguaje de señas estadounidense. Y probablemente, la memoria a corto plazo puede rete- ner menor cantidad de señas que palabras pronunciadas (Wilson y Emmorey, 2006). Sin repasar, la mayoría de las personas logramos retener sólo cuatro segmentos de infor- mación en la memoria a corto plazo (p. ej., letras agrupadas significativamente como BBC, FBI, KGB, CIA) (Cowan, 2001; Jonides y col., 2008). Suprimir el repaso diciendo “ el, el, el ” mientras se escuchan dígitos aleatorios también reduce la memoria a aproximadamente cua- tro elementos. El principio básico: en cualquier momento dado, podemos procesar de modo consciente sólo una cantidad muy limitada de información.
La memoria a largo plazo
En la novela de Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata , Sherlock Holmes presenta una teoría popular sobre la capacidad de la memoria:
Creo que la mente humana es originalmente como un pequeño altillo vacío donde usted puede acumular los muebles que quiera… Es un error pensar que esa pequeña habitación tiene paredes elásticas que se pueden estirar sin límite. Llega un momento en el que para agregar más conocimientos hay que olvidar algo que ya se sabía. A diferencia de lo que creía Sherlock Holmes, nuestra capacidad para almacenar recuer- dos a largo plazo es básicamente ilimitada. Nuestros cerebros no son como altillos en los que no se pueden introducir objetos nuevos a menos que se desechen algunos de los viejos. Este hecho lo ilustran vívidamente aquellos que han tenido logros memorísticos extraor- dinarios ( CUADRO 8.1 ). Un ejemplo es el caso de las pruebas realizadas en los años noven- ta por el psicólogo Rajan Mahadevan. Ante una serie de 10 dígitos de los primeros 30. dígitos del número pi, y después de unos segundos de procesamiento mental, Rajan podía seguir la serie a partir de allí y disparar los números como si fueran tiros de una pistola (Delaney y col., 1999; Thompson y col., 1993). También era capaz de repetir 50 números al azar, hacia atrás. Afirmaba que no se trataba de un talento heredado y que cualquiera podría aprender a hacerlo. Pero dada la influencia genética en tantos rasgos humanos y, sabiendo que el padre de Rajan había memorizado las obras completas de Shakespeare, uno no puede menos que dudar. Debemos tener en cuenta que muchos fenómenos psicológicos, entre ellos la capacidad de la memoria, pueden estudiarse mediante diferentes niveles de análisis, incluido el aspecto biológico.
R.J. Erwin/Photo Researchers
El picapinos En el reino animal, un con- trincante para el campeón de la memoria sería el picapinos, que durante el invier- no y comienzos de la primavera puede localizar hasta 6.000 escondites de piño- nes enterrados (Shettleworth, 1993).
- Pi en el cielo: cuando se publicó este libro, el récord mundial para memori- zar decimales del número pi pertenecía al japonés Akira Haraguchi, quien en 2006 recitó los primeros 100.000 dígi- tos correctamente ( Associated Press , 2006). •
A continuación se enumeran algunos de los récords actuales de las competencias mundiales de memoria, hasta el 2008: Concurso/Descripción
Memorización rápida de barajas Memorización de un mazo de 52 barajas en el menor tiempo posible.
Barajas en una hora Memorización de la mayor cantidad de barajas posible en una hora (52 puntos por cada mazo correcto; 26 puntos con un error)
Memorización rápida de números Memorización de la mayor cantidad de números al azar en 5 minutos
Nombres y rostros Memorización de la mayor cantidad de nombres y apellidos posible es 15 minutos luego de visualizar tarjetas con rostros (1 punto por cada nombre o apellido deletreado correctamente; 1 / 2 punto por cada nombre bien pronunciado pero mal deletreado)
Dígitos binarios Memorización de la mayor cantidad de dígitos binarios (101101, etc.) posible en 30 minutos al visualizar filas de 30 dígitos Fuentes: usamemoriad.com y worldmemorychampionship.com
Récord
26 segundos
1.404 puntos
396 dígitos
181 puntos
4.140 dígitos