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Libro V Herodoto, Apuntes de Historia

Asignatura: Historia Antigua, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

Antes del 2010

Subido el 07/10/2008

sandra.sanchezsanz1
sandra.sanchezsanz1 🇪🇸

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HERÓDOTO, libro V. Antecedentes de las Guerras
Médicas.
1.- Resumen (desde el capítulo 28).
Aristágoras ocupa la tiranía de Mileto en ausencia de Histeo, que se encuentra en
Susa ante la presencia del Gran Rey, Los aristócratas naxios, desterrados por la
democracia que se había instaurado en la isla, acuden a él para pedirle ayuda.
Aristágoras va con ellos a Naxos dispuesto a destruir el régimen democrático, pero
fracasa.
Al volver a Mileto, Aristágoras teme ser destituido por los persas por su fracaso.
Entonces toma la determinación de sublevar Mileto, extendiéndose la rebelión por
toda Jonia, donde se va derrocando a los tiranos y se instauran democracias.
Aristágoras se dirige a Esparta para pedir apoyo a la sublevación, pero Cleomenes
se lo niega.
El hilo de la narración se interrumpe con digresiones, entre las que destaca la
narración sobre la historia de Esparta y la narración sobre la historia de Atenas,
que acaba justo en el momento en que Aristágoras se dirige allí para pedir ayuda.
Los atenienses acceden y envían naves a Mileto. Una vez reunidos los aliados,
Aristágoras ordena una expedición a Sardes. Se apoderan de la ciudad, que es
incendiada.
En la batalla de Éfeso los jonios son derrotados. Es entonces cuando los
atenienses se marchan y desentienden de la lucha en Jonia.
Se unen a la revuelta Bizancio y las ciudades cercanas, así como Chipre y Caria.
Darío, el rey persa, al enterarse de lo sucedido en Sardes, jura odio eterno a los
atenienses. Histeo convence al rey para que le permita regresar a Mileto fingiendo
que va a sofocar la rebelión.
En la batalla de Salamina Chipre, que es derrotada, vuelve al sometimiento bajo
los persas.
Finalmente, con las campañas de generales persas en Asia menor carios y
milesios son derrotados. La rebelión es sofocada.
Aristágoras huye a Tracia, donde muere.
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HERÓDOTO, libro V. Antecedentes de las Guerras

Médicas.

1.- Resumen (desde el capítulo 28).

Aristágoras ocupa la tiranía de Mileto en ausencia de Histeo, que se encuentra en Susa ante la presencia del Gran Rey, Los aristócratas naxios, desterrados por la democracia que se había instaurado en la isla, acuden a él para pedirle ayuda. Aristágoras va con ellos a Naxos dispuesto a destruir el régimen democrático, pero fracasa. Al volver a Mileto, Aristágoras teme ser destituido por los persas por su fracaso. Entonces toma la determinación de sublevar Mileto, extendiéndose la rebelión por toda Jonia, donde se va derrocando a los tiranos y se instauran democracias. Aristágoras se dirige a Esparta para pedir apoyo a la sublevación, pero Cleomenes se lo niega. El hilo de la narración se interrumpe con digresiones, entre las que destaca la narración sobre la historia de Esparta y la narración sobre la historia de Atenas, que acaba justo en el momento en que Aristágoras se dirige allí para pedir ayuda. Los atenienses acceden y envían naves a Mileto. Una vez reunidos los aliados, Aristágoras ordena una expedición a Sardes. Se apoderan de la ciudad, que es incendiada. En la batalla de Éfeso los jonios son derrotados. Es entonces cuando los atenienses se marchan y desentienden de la lucha en Jonia. Se unen a la revuelta Bizancio y las ciudades cercanas, así como Chipre y Caria. Darío, el rey persa, al enterarse de lo sucedido en Sardes, jura odio eterno a los atenienses. Histeo convence al rey para que le permita regresar a Mileto fingiendo que va a sofocar la rebelión. En la batalla de Salamina Chipre, que es derrotada, vuelve al sometimiento bajo los persas. Finalmente, con las campañas de generales persas en Asia menor carios y milesios son derrotados. La rebelión es sofocada. Aristágoras huye a Tracia, donde muere.

2.-Contexto histórico.

Grecia Clásica: Griegos y persas

La época clásica es el periodo cronológico entre las Guerras Médicas (ca. 500-479 a C.) y el reinado de Alejandro Magno (336-323 a.C.) en razón a que durante dicho periodo florecieron las manifestaciones culturales más grandes del espíritu creador griego.

EL IMPERIO PERSA.

Las conquistas persas:

A lo largo de su proceso histórico los persas construyeron un inmenso imperio que

se extendía desde el Océano Índico al Cáucaso y desde Asia Central al Mediterráneo. Por el contrario, en Gracia existían diversas etnias con estados de pequeña dimensión. Entre estos dos mundos tan diversos se encontraba el reino de Lidia, con abundantes riquezas y una situación privilegiada en las rutas comerciales entre Oriente y Occidente. Este reino fue objeto de ambición, entre otros, de medos y persas. La paz del 585 a.C. situó en el río Halís el límite entre ambos reinos. Cuando Ciro (559.529) subió al trono de Persia, los días del reino de Lidia como estado independiente estaban contados. En el 546 a,C., Sardes, capital del reino, cayó en poder persa y su rey Cresón fue hecho prisionero. Pocos años después fueron sucumbiendo progresivamente las ciudades griegas de Asia Menor, el reino de Babilonia y la región sirio-palestina. Para los griegos de Asia Menor el nuevo dominio no supuso un gran quebranto, la instrumentación del dominio persa creaba en le animo de los griegos la amarga sensación de que habían perdido las cuotas de autonomía que aparentemente creían disfrutar con los lidios. Pero esa pérdida real de autonomía política estaba atemperada y compensada con la ausencia de impedimentos en el desarrollo económico, que les brindaba la unidad política de un gran espacio geográfico surcado por grandes vías imperiales y la unidad monetaria establecida por Darío.

Organización del imperio:

A la muerte de Ciro, su hijo Cambises (529-522) extendió hasta Egipto las conquistas persas. Su sucesor Darío I (522-486) se enfrentó a la ingente tarea de organizar un inmenso imperio falto de cohesión política y de un diseño administrativo que le diese unidad y eficacia.

El gobierno central.- la institución monárquica y la base ideológica que la sustentaba, constituía uno de los elementos integradores más eficaces. El Gran Rey, como representante en la tierra de Ahura Mazda, era dueño de todas las

conquista de Rodas fue cosa de días. El consejo de la federación jonia, acordó

hacer un último esfuerzo y jugar su baza decisiva en una batalla naval. Cerca de la isla de Lade, la flota griega sufrió una completa derrota (495 a.C.). Al año

siguiente, Mileto, núcleo de la resistencia, fue tomado al asalto y sus supervivientes, deportados al interior de Mesopotamia.

Causas de la sublevación .- la profunda aspiración de los griegos a la libertad hizo que se encendiera la chispa de la sublevación tan pronto como se tomó conciencia de que la libertad disfrutada por los griegos continentales había permitido a algunos de ellos conseguir instituciones políticas más igualitarias y menos opresivas. Es significativo a este respecto que cuando Aristágoras renunció a la tiranía, el régimen que se impuso fue el “isonómico”, esto es, un sistema político que otorgaba al pueblo una participación más activa en el gobierno de la comunidad.

Decadencia de Jonia. - Durante seis años, los griegos de Asia Menor mantuvieron su independencia con valor desesperado, pero una vez que se puso en marcha la maquinaria militar persa, todas las ciudades griegas, una tras otra, fueron reducidas a la obediencia. Todo volvía a la situación anterior. Los griegos de Asia Menor, antes tan desarrollados y cultos, fueron perdiendo su importancia intelectual en el concierto de los estados griegos.

LA EXPEDICIÓN DE DARÍO

Grecia continental en vísperas de la guerra:

La campaña de Mardonio en Tracia .- Darío comprendió que la cuenca del Egeo formaba una unidad geopolítica. No se podía controlar Egipto, el Bósforo y Asia Menor si no se conquistaban las tierras continentales y las islas griegas. En el verano del 492 a.C., Mardonio, yerno de Darío, marchó contra Grecia por tierra y por mar. El ejército de tierra se apoderó de Tracia y Macedonia. Pero la flota persa, después de conquistar la rica isla de Tasos, naufragó en las proximidades del promontorio Atos. Persia había tomado posiciones en tierras tracias y tenía con ello un punto de apoyo inmejorable para lanzar futuras expediciones de castigo contra atenienses y eretrios y para dar cobertura militar a Hipias en su intento de restablecer en Atenas una tiranía obediente a los persas. Cuando al poco tiempo Darío I envió embajadores a todas las ciudades griegas para pedirles “la tierra y el agua” en señal de sumisión, el desconcierto de todos los estados griegos fue enorme, no fueron pocos los estados que se plegaron a la demanda. Al decir de Heródoto, sólo Esparta y Atenas se negaron.

Esparta .- Esparta retenía una cierta capacidad de maniobra en política exterior. Su posición hegemónica dentro de la Liga del Peloponeso estaba fuertemente consolidada.

Atenas .- Su situación era más compleja. En el 492 fue elegido arconte

Temístocles, que encontraba sus apoyos políticos en el grupo de los thetes (el sector social más deprimido). Comprendió mejor que nadie la imperiosa necesidad

que tenía Atenas de convertirse en una potencia marítima. Durante su arcontado se inició la fortificación de El Pireo y se adecuaron los puertos, y se construyó una

flota poderosa. El grupo social de los thetes era ferviente partidario de la lucha ofensiva contra Persia, teniendo en cuenta que Atenas necesitaba controlar los Estrechos para ampliar su ámbito comercial. El contrapeso a este sector social lo constituían los terratenientes y hoplitas, dirigidos por Milcíades, antiguo tirano de Quersoneso, que había huido de allí tras la invasión persa. También eran partidarios de la lucha contra el invasor, pero, deseosos de salvaguardar sus fincas, preferían la guerra defensiva. Tanto unos como otros consideraban que era necesario aunar todos los esfuerzos en defensa de Atenas y del mundo griego y eran conscientes de que la invasión persa podía suponer el fin de la democracia.

La campaña persa del 490

Conquista de las Cícladas .- En el 490 los persas se hicieron a la mar desde sus

posiciones en Cilicia, bajo el mando de Datis y de Artafernes, Hipias, el tirano desterrado de Atenas, les acompañaba e informaba. La flota puso rumbo a las

Cícladas y, tras tomar la isla de Naxos, recaló en Delos. Allí Datis realizó una ofrenda a Apolo, seguramente con la intención de sembrar la confusión entre los

griegos e impedir que todos ellos tomaran la decisión de combatir a los persas. Después, la flota se dirigió a la isla de Eubea. La ciudad de Caristo capituló y

Eritrea fue tomada al asalto y sus habitantes deportados a Susa.

Maratón : por consejo de Hipias, el ejército persa desembarcó en la llanura de Maratón. A propuesta de Micíades, la asamblea popular votó un decreto que ordenaba atacar al enemigo con todas sus fuerzas. Sabían que la ayuda espartana tardaría en llegar: los espartanos estaban celebrando las fiestas de la Karneia y no podían poner en movimiento su ejército hasta la llegada del plenilunio. Los atenienses se encontraban solos, con el pequeño destacamento de la fiel ciudad de Platea. Mandaban la tropa estrategos como Milcíades, Arístides y Temístocles. Excelentes militares conocedores de las tácticas persas y del punto débil de su ejército: la imposibilidad de realizar maniobras colectivas en un terreno difícil. El ejército griego se apostó en las alturas que se abrían a la llanura, en un estrecho desfiladero en donde la caballería persa sólo podía maniobrar con dificultad. Durante varios días ambos ejércitos permanecieron expectantes guardando sus posiciones, los persas no podían dilatar la espera sin correr el riesgo de que las tropas espartanas se uniesen a las atenienses y, en consecuencia, fueron los primeros en moverse. Datis dejó al grueso de sus tropas bloqueando a los griegos y embarcó a un grupo de élite para caer sobre la desguarnecida Atenas. La maniobra persa

desencadenó el ataque. Los griegos iniciaron un movimiento envolvente con las

aumento de puestos de trabajo. La creación de la flota supuso, por consiguiente

un fortalecimiento de la clase social de los thetes. Su voto mayoritario en defensa de posturas democráticas radicales se dejó sentir en la asamblea.

LA CAMPAÑA DE JERGES

Jerges en Grecia:

Las Termópilas: l as tropas enviadas a Tesalia se replegaron y ocuparon el

desfiladero de las Termópilas, un paso angosto entre las montañas y el mar. Allí se estblecieron las tropas espartanas bajo el mando de Leónidas, y una nueva línea defensiva integrada por 3100 peloponesios, mientras la flota aliada, apostada en el Cabo Artemision les daba protección.

La Batalla del cabo Artemisión: Jerges dio un rodeo para atacar al ejército griego por la espalda. Cogido por sorpresa, Leónidas, para permitir una retirada en orden del grueso del ejército griego, tomó la decisión de entretener a los persas, sacrificando su propia persona y la de un contingente lacedemonio de 300 ciudadanos espartanos, que combatieron hasta la muerte. Mientras, la flota abandonaba las posiciones del cabo de Artemision hacia el sur.

Evacuación de Atenas: r otas las defensas de las Termópilas que cerraban las rutas de la Grecia central, las fuerzas aliadas se concentraron en el istmo de Corinto. El resto del territorio Griego quedó a merced de los persas, que aplicaron una política de represión o de tolerancia, según el comportamiento de los distintos estados. El próximo objetivo era Atenas. Temístocles utilizó su ascendencia ante el pueblo para tomar una serie de medidas: todos los hombres útiles fueron movilizados; se levantaron los ostracismos; se llamó a los exiliados; mujeres, niños, ancianos y bienes fueron evacuados a la isla de Salamina. Cuando los persas encontraron en Atenas encontraron una ciudad prácticamente desierta.

Salamina: e n la región del consejo hubo grandes discrepancias, Temístocles y los atenienses, que aportaban la mitad de los barcos, impusieron la estrategia de apostar la flota frente a la Isla de Salamina. La flota persa encerró a la escuadra griega en el estrecho canal e impaciente por obtener una decisiva victoria comenzó a moverse por los dos lados del islote de Psitalía. En el momento del coche la escuadra griega realizó un movimiento envolvente de los navíos persas empujando a los barcos persas unos contra otros. Jerges, desde tierra, hubo de completar impotente el desastre de la flota persa, que perdió en el combate 200 naves.

La campaña de Mardonio: e l gran rey emprendió el camino del regreso. En Grecia quedaba Mardonio con un formidable cuerpo de ejército reformado con contingente griegos reclutados tras el paso de las Termópilas. Con estas fuerzas

podía controlar y dominar toda la Grecia central hasta el istmo de Corinto y

mantener capacidad militar para proseguir la guerra.

Estrategias contrapuestas: l as ciudades del Peloponeso que estaban levantando a toda prisa un muro de contención en el Istmo, deseaban que la flota aliada tratase de impedir cualquier desembarco enemigo tras las líneas griegas. Por el contrario, atenienses, megarenses, ciudadanos de Platea y Eginetas eran partidarios de librar batalla en Grecia central. No hubo manera de lograr un acuerdo. Con la llegada de la primavera del año 479, Mardonio aumentó la presión sobre los atenienses para empujarlos a romper la alianza con los espartanos y aceptar una segunda propuesta de paz. Las fuerzas persas devastaron de nuevo el Ática y la población hubo de buscar una vez más refugio en Salamina. Atenas, por su parte, presionó sobre sus aliados. En unión de las ciudades de Mégara y Platea, envió emisarios a Esparta con la amenaza de aceptar la paz de Mardonio si el ejército aliado no salía a combatir a los persas. Los éforos espartanos se decidieron finalmente a intervenir y enviaron un poderoso ejército bajo el mando de Pausanías.

Platea: c uando Mardonio supo que el ejército del Peloponeso se había puesto en práctica se replegó rápidamente a tierras beocias, a la llanura del Asopo (entre Platea y Tebas). El ejército griego bordeaba la llanura. 10 días se perdieron en maniobras de adaptación al terreno. Mardonio decidió pasar a la ofensiva. En el primer impulso, superó la primera línea. La suerte de la batalla la decidió finalmente el coraje de la falange espartana y Tegea. La muerte de Mardonio en el combate provocó la desbandada general del ejército persa. El ejército aliado logró penetrar en Tesalia. Toda la Grecia continental quedaba liberada.

Mícale: l a batalla de Platea fue una gran victoria terrestre, pero la flota persa aún operaba en el Egeo. Tras la batalla de Salamina, la flota aliada procedió a la liberación de las Cícladas. Hasta la base de Delos, lugar de estacionamiento de la escuadra griega llegaron emisarios de Samos, pidiendo la liberación de las ciudades Jonias, dispuestas a la insurrección. La escuadra griega puso rumbo a Samos, mientras la persa, en desventaja, buscó refugio en las costas de Asia menor en el cabo de Mícale, frente a la Isla de Samos. Los griegos, desembarcaron en la costa y tomaron al asalto las posiciones enemigas. Los persas, viéndose derrotados, incendiaron las naves. Tras la victoria de Mícale, los aliados se dirigieron al Helesponto, apoderándose de la ciudad de Abido. Los peloponesios, considerando cumplidos los objetivos de guerra, regresaron a su bases griegas, mientras las naves atenienses proseguían operando en la zona para tratar de controlar en beneficio propio una región sumamente estratégica. Las operaciones dieron como fruto la captura de la ciudad de Sestos.

LOS GRIEGOS DE OCCIDENTE: HÍMERA

3.- Análisis de Términos.

La narración de Heródoto sobre la sublevación jónica está plagada desde el

principio de mala voluntad hacia los autores de la insurrección, sobre todo contra Aristágoras , a quien convierte en un personaje ambicioso e intrigante, cuando, en

la historiografía moderna -y admitiendo el oportunismo de Aristágoras, que decidió sacar de la sublevación el máximo provecho personal-, se tiende a relacionarlo

con el partido democrático que existía en las comunidades griegas de Asia Menor, contrario a las tiranías afectas a los persas.

Sin embargo, en el capítulo 36 Heródoto señala que Aristágoras “mantuvo un cambio de impresiones con sus partidarios”. La referencia a unos conspiradores en este pasaje hace suponer que la sublevación jonia había sido fraguada con anterioridad a la expedición contra Naxos, pero esta hipótesis es indemostrable y lo único que puede afirmarse del relato es su poca consistencia general, motivada principalmente por el carácter oral de las fuentes que debió de utilizar para la narración del levantamiento jonio. Lo que sí parece indudable es que, tras el fracaso de Naxos -y admitiendo como cierto el relato de Heródoto- Aristágoras no habría conseguido arrastrar a toda Jonia en una revuelta concebida para salvaguardar sólo sus intereses personales. La sublevación debió de ser preparada con anterioridad a la expedición contra los naxios (que, precisamente, habría de ser el primer acto de la revuelta) y Aristágoras además sería su caudillo, sin ser ciertas las acusaciones de Heródoto sobre los móviles personales del epítropos de Mileto.

Aristágoras, en palabras de Heródoto, “fingió abolir la tiranía” en Mileto y estableció la isonomía , es decir, la igualdad de derechos civiles y políticos de los ciudadanos. Este concepto era la consigna política que más escuetamente expresaba el carácter propio de la democracia, y era el término utilizado para designar un régimen democrático antes de que el concepto “democracia” se generalizase,

Al prepararse la sublevación aparece la figura de Hecateo de Mileto , que aconseja a los jonios que no emprendieran una guerra contra el Gran Rey: se trata del famoso geógrafo y viajero milesio que vivió en la segunda mitad del siglo VI a. C. y los dos primeros decenios del V. Fue uno de los primeros prosistas jonios y compuso, entre otras obras, una periegesis , o “viaje alrededor del mundo conocido”, donde trataba de Europa, Asia, Egipto y Libia. El viaje que realizó por tierras del Imperio persa le permitía conocer el potencial de Darío, pero posiblemente esta intervención de Hecateo en el contexto de la sublevación jonia fue creada ex eventu por la tradición popular. Aristágoras, cuando pretende convencer a Cleómenes para que le ayude en la sublevación, le muestra “una lámina de bronce en la que figuraba grabado un mapa”. Esto debía constituir por estas fechas una novedad para los sencillos espartanos. En Grecia, los mapas de la tierra aparecieron en la primera mitad del siglo VI a. C. Según la tradición el filósofo Anaximandro de Mileto “fue el primero que se atrevió a representar la tierra habitada en una lámina de metal”. No obstante, es muy probable que el mapa que Aristágoras llevó a Esparta fuera el

sus desventuras mediante coros trágicos (con ellos no veneraban a Dionisio,

sino a Adrasto). Clístenes, por su parte, asignó los coros a Dionisio y el resto del ritual a Melanipo”. Este pasaje indica la existencia en Sición, a comienzos del

siglo VI a. C., de una forma dramática en el culto a un héroe. Clístenes, que no podía suprimir esas ceremonias sin desagradar al pueblo, las asignó al culto de

Dionisio, celebrándose mediante coros trágicos, con cantos, danzas y diálogos para exponer un tema mítico.

Siguiendo con la narración sobre Atenas, al hablarnos del conflicto con calcideos y beocios, Heródoto menciona a los clerucos , quienes los atenienses dejan en gran número establecidos en Eubea: estos eran ciudadanos pobres que recibían un lote de tierra ( kleros ), que solía ser suficiente para sustentarse como hoplitas, en territorios sometidos y confiscados a los primitivos habitantes, constituyendo guarniciones permanentes de la ciudad que los enviaba. Este especial tipo de colonización fue utilizado principalmente por Atenas en tiempos de su expansión imperial. En las cleruquías los colonos conservaban su ciudadanía originaria y no constituían comunidades independientes, estando sujetos a los deberes militares de los ciudadanos. Con este tipo de colonias se ayudaba a los necesitados, previendo su descontento, y a la vez se aseguraba una posición o dominio exterior.

Por último, y dentro de las instituciones atenienses, Heródoto nos dice que Aristágoras propone la intervención de Atenas en la sublevación “en presencia del pueblo” , esto es, ante la asamblea popular o ecclesía , organismo integrado por todos los ciudadanos y que representaba el poder soberano fundamental. En Atenas su convocatoria corría a cargo del Consejo o bulé.

4.- Tipo de Texto.

Es una obra historiográfica, y por ella Heródoto es conocido como padre de la

historiografía. La historiografía es el registro escrito de lo que se conoce sobre las vidas y sociedades humanas del pasado y la forma en que los historiadores han

intentado estudiarlas. Heródoto utiliza por vez la palabra historia con el significado de ‘lo investigado’. En

el proemio de las Historias, el autor indica el objeto del texto, que no es otro que mostrar el resultado de una investigación con la finalidad de que determinados acontecimientos (en este caso, los conflictos bélicos entre los griegos y los bárbaros) no queden en el olvido, perpetuando así en la memoria de los hombres su pasado. Tres siglos más tarde, Aristarco de Samotracia, director de la Biblioteca de Alejandría, le dio el título por el que es conocida.

Las Historias de Heródoto constituyen, dentro de la prosa griega, el mejor ejemplo

de composición literaria abierta; es decir, no opera de modo rectilíneo, sino que intercala todo tipo de retardaciones y digresiones en el argumento central ( logoi ),

con el fin de añadir información sobre la geografía, el pasado y modos de vida, en las cuales hace verdaderos estudios etnográficos y habla de la historia propia de

cada región. Este rasgo lo comparte con la Ilíada.

Pese a su inclinación científica, propia de los pensadores jonios, la forma de narrar de Heródoto se acerca a formas propias de la épica al introducir el aspecto mítico.

Las fuentes usadas son, en su mayoría, de carácter oral, pero también contó Heródoto con su propia observación de las tierras sobre las que escribe, con la lírica griega, las inscripciones, los documentos administrativos y la literatura histórica de su época, especialmente la obra del historiador del siglo VI a.C. Hecateo de Mileto. En las Historias, lo legendario y mitológico aparece claramente distinguido respecto de los hechos verdaderos, si bien su autor no pudo prescindir siempre del componente religioso. Al ser la primera obra griega en prosa de la que se tiene noticia, su estilo no puede ser sino arcaico y simple, aunque al tiempo claro y sencillo. Escrita en dialecto jonio, su difusión en la cultura griega fue inmediata.

En la obra, el desarrollo de la civilización se presenta como un movimiento inexorable hacia un gran enfrentamiento entre Persia y Grecia, consideradas los

dos centros, respectivamente, de las culturas orientales y occidentales.

En la cosmovisión de Heródoto emergen claros referentes homéricos; la

fascinación por las figuras de los grandes hombres –fuesen del bando derrotado o vencedor– se repite a lo largo de su obra. Tampoco se olvidó de reflejar el

sentimiento (pathos) y las relaciones establecidas entre los hombres y la divinidad; en el estilo descriptivo de sus textos tampoco faltaron narraciones novelescas de

amor, traiciones o ambiciones como las de Creso, Cambises o Ciges.

Bibliografía:

  • Heródoto, Historias, libros V-VI , traducción y notas de Carlos Schrader,

Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1981.

  • ROLDÁN HERVÁS, J.M., Historia de Grecia Antigua, Salamanca, 2005.
  • NAVARRO, F., Grecia (I) , Enciclopedia de Historia Universal de el País,

Madrid, 2004.

  • “Heródoto, padre de la Historia”, Historia National Geographic, nº 30, pág.
  • " Historias de Heródoto," Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2007.
  • “Heródoto”, Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2007.
  • “Historiografía”, Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2007.