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Los adolescentes toman el poder, Transcripciones de Psicología Clínica

Los adolescentes toman el poder

Tipo: Transcripciones

2020/2021

Subido el 12/07/2021

lucia-paschetta
lucia-paschetta 🇦🇷

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Cuando los adolescentes toman el poder.
Un caso de violencia filio-parental.
Lorena Bertino Menna *
Roberto Pereira Tercero **
Resumen
El presente trabajo recoge un caso clínico que se encuadra dentro del nuevo perfil de
violencia filio-parental. El objetivo del mismo es delinear los aspectos básicos que
aparecen con frecuencia en estos modelos familiares. Para ello se describe el motivo de
consulta, la definición del problema por cada uno de los miembros, la evolución del
síntoma, la historia de la familia, y los ejes básicos utilizados en la intervención.
De modo paralelo a la descripción del caso, se profundiza en las variables que inciden
en la aparición y el mantenimiento de esta problemática en la familia.
Palabras clave: violencia filio-parental, adolescencia, secreto, fusión y jerarquía
familiar.
* Licenciada en Psicología. Psicoterapeuta de Familia y Pareja. Coordinadora de Euskarri: Centro de
Intervención en Violencia Filio-Parental perteneciente a la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar
(EVNTF).
** Médico Psiquiatra. Director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar y Euskarri: Centro de
Intervención en Violencia Filio-Parental. Correspondencia: [email protected]
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Cuando los adolescentes toman el poder. Un caso de violencia filio-parental.

Lorena Bertino Menna * Roberto Pereira Tercero **

Resumen

El presente trabajo recoge un caso clínico que se encuadra dentro del nuevo perfil de violencia filio-parental. El objetivo del mismo es delinear los aspectos básicos que aparecen con frecuencia en estos modelos familiares. Para ello se describe el motivo de consulta, la definición del problema por cada uno de los miembros, la evolución del síntoma, la historia de la familia, y los ejes básicos utilizados en la intervención.

De modo paralelo a la descripción del caso, se profundiza en las variables que inciden en la aparición y el mantenimiento de esta problemática en la familia.

Palabras clave : violencia filio-parental, adolescencia, secreto, fusión y jerarquía familiar.

  • (^) Licenciada en Psicología. Psicoterapeuta de Familia y Pareja. Coordinadora de Euskarri: Centro de Intervención en Violencia Filio-Parental perteneciente a la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar(EVNTF).

** (^) Médico Psiquiatra. Director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar y Euskarri: Centro de Intervención en Violencia Filio-Parental. Correspondencia: [email protected]

Summary

This article describes a clinical case included in the new profile of violence against parents (VAP). The purpose of this work is to specify the basic aspects that frequently appear in these family models. With this aim, it is described the consultation motive, the problem definition (according to all the members in the family), the symptom evolution, the family history and the basic working strategies used in therapy.

In addition to the clinical case description, the article deals with the causes of the appearance and maintenance of this family disorder.

Key words: violence against parents, adolescence; hierarchy, fusion and family secrets

años la edad media de inicio. Todos los estudios destacan la adolescencia como período crítico para la manifestación de tales comportamientos (Pérez y Pereira, 2006).

La violencia filio-parental, se define como el conjunto de conductas reiteradas de agresiones físicas -golpes, empujones, arrojar objetos-, verbales -insultos repetidos, amenazas- o no verbales -gestos amenazadores, ruptura de objetos apreciados- dirigidas a los padres o adultos que ocupan su lugar (Pereira, 2006). No se encuadran en esta definición las agresiones ocasionales sin antecedentes previos y que no se repiten. Esto excluye, de manera casi generalizada el parricidio, el cual que presenta características específicas.

Tampoco se incluyen en este modelo las agresiones sexuales a los padres y los asaltos premeditados con armas letales -por considerarse de un perfil diferente-, así como la violencia acontecida en un estado de disminución importante de la consciencia -autismo o retraso mental grave- y que no se repite cuando éste remite: agresiones en el curso de intoxicaciones, de trastornos mentales orgánicos, de trastornos del curso o contenido del pensamiento, etc.

Asimismo se excluyen a aquellos adolescentes que reaccionan al ser víctimas de abusos sexuales o tratos vejatorios, a quienes actúan como protección de otro miembro de la familia que está siendo agredido o a quienes, habiendo sufrido maltrato o abuso en la infancia, devuelven este comportamiento cuando se invierten los papeles y son ellos los cuidadores de sus padres: retaliación. Todas ellas se encuadrarían en los modelos “tradicionales” de violencia filio-parental.

Las conclusiones que se exponen a continuación se centran sobre el nuevo perfil – responsable del citado incremento- y se encuadran en la revisión de estudios preliminares y la experiencia clínica obtenida del trabajo terapéutico con familias en donde han ocurrido episodios de este tipo.

De todos modos, si bien el ejercicio de la violencia no responde a una sola causa, sino que conforma un fenómeno complejo, multifacético y pluricausal que sólo resulta comprensible desde un modelo ecológico que considere tanto variables intra-personales como aspectos del funcionamiento familiar, influencias culturales y comunitarias (Crittenden, 2002), el interés central del presente trabajo es brindar, con una ejemplificación de un caso clínico, una explicación, seguramente provisional, sobre las variables familiares que inciden en la aparición y el mantenimiento de este nuevo perfil de violencia filio-parental.

Presentación del caso

Consulta una familia compuesta por Clara, la madre (45años); Gorka, hijo mayor ( años), Aitor, hijo menor (13 años) e Iñaki, el padre, (47 años).

En el hogar convive la madre con los dos hijos desde que la pareja conyugal se separó (cuatro años antes de realizar la consulta). En la actualidad, prácticamente ninguno de los miembros de la familia mantiene contacto con el padre.^4

La demanda de terapia familiar es realizada por la madre a raíz de las agresiones recibidas por parte de su hijo mayor. A la cita acuden ésta y sus dos hijos.

T: (dirigiéndose a los hijos) entonces, ¿ella también rompió muebles? M: Sí. Pues eso, muebles mellados de golpes T: ¿Y desde cuándo pasa esto? M: El detonante más fuerte yo creo fue, quizá mea culpa al 100%, que intenté obligarle a ir a casa de su padre a pasar el fin de semana y él decía que no y le pegué. Seguido empezó a gritar, a insultar, a tirar a nivel sentimental donde más daño me podía estar haciendo y en un momento de rabia le llamé hijo puta. A los 5 minutos le pedí disculpas llorando como una Magdalena... A partir de ahí se le quedó grabado porque ha sido constante el decirme “porque tú me has llamado... “

La madre inicia su descripción comentando que el problema es que su hijo mayor y ella “se quieren con locura” y establece una relación entre esto, el temperamento de cada uno y las agresiones.

Ante la solicitud de mayor definición sobre “este quererse”, Clara relata que estaba presente desde que su hijo era pequeño y que, desde entonces, mantenían una relación especialmente estrecha:

“... Yo con Gorka siempre he tenido una relación muy especial, me contaba absolutamente todo lo que hacía, hacíamos los trabajos juntos, hablábamos de todo, íbamos a ver museos, de todo... Una de las cosas que más echo de menos es la confianza que yo tenía con él. Si cuando me separé me llegan a decir que iba a tener problemas con alguno de los dos hubiera pensado que con el pequeño, yo con el mayor no esperaba ningún problema”.

Clara nos narra algo que se repite con frecuencia en los nuevos modelos de violencia filio-parental: una relación muy cercana, fusional entre uno de los progenitores – habitualmente la madre- y el hijo/a posteriormente agresor/a, caracterizada por límites difusos entre sus miembros.

En estos modelos familiares violentos, además, la relación suele acompañarse de un estilo educativo hiperprotector en padres y madres que manifiestan una excesiva cercanía y atención hacia sus hijos/as, que no presenta mayores dificultades en la relación parento-filial hasta el inicio de los procesos de desvinculación, donde se hace patente la necesidad de tomar distancia entre ellos.

Como recogen Laurent et. al (1997), este funcionamiento hiperprotector suele presentarse en progenitores que, por diversas razones (insatisfacción personal, conyugal, niños muy deseados -tardíos, adoptivos, etc.-, enfermos o frágiles, etc.) educan evitando cualquier frustración, lo que en consecuencia bloquea en los hijos e hijas el desarrollo de aprendizaje por inhibición, favoreciendo el autocentramiento y la falta de empatía. Estos padres y madres, definidos por Cyrulnik (2005) como “excesivamente amorosos”, son extremadamente complacientes a los requerimientos de sus hijos/as y expresan que los querrán hagan lo que hagan. Por ejemplo Clara relata, casi al final de su descripción: “hemos llegado a muy mayores... y lo puedo pasar porque soy su madre y, aunque no lo olvide, le voy a perdonar porque es mi hijo”. Asimismo, cuando al finalizar la sesión se indaga sobre si perdonaría todo tipo de conductas o hay algún límite fijado, la madre responde “no lo hay y él lo sabe, por eso tira de la cuerda. Sabe que le voy a perdonar todo lo que me vaya haciendo”.

El deterioro de la situación familiar lleva a una reacción que justamente trata de presentar una imagen opuesta: se crea así el mito de la paz y armonía familiar, visible en la mayor parte de estas familias. Para ocultar lo que está ocurriendo, se construye un secreto en torno al funcionamiento familiar. Éste se hace visible en el rechazo de la confrontación o discusión abierta sobre la conducta violenta, el ocultamiento o la minimización de la misma, la resistencia a la imposición de castigos o respuestas consistentes ante las agresiones –que se halla vinculado a la no normatividad característica de estas familias- y la no-solicitud de ayuda externa. (Pereira y Bertino, 2009 A y B; Pérez y Pereira, 2006).

Este secreto se relaciona, a su vez, con el aislamiento característico en estas familias ya que, con el paso del tiempo se hace cada vez más difícil mantener oculto lo que ocurre, por lo que se disminuye progresivamente el contacto con el exterior. El aislamiento favorece, también a su vez, el mantenimiento del secreto, por lo que se crea un círculo vicioso que potencia el agravamiento del problema.

En el caso comentado, la situación se había ocultado a la familia de origen de la madre, a las personas que forman parte de la red social familiar y al centro escolar. Clara relataba cómo, luego de alguna discusión matutina, llamaba por teléfono al colegio para decir que su hijo iba a ausentarse por enfermedad: “Nos las hemos arreglado para que nadie se entere. Es duro contestar siempre que los críos bien, pero te acostumbras...”

Volviendo a la descripción del problema, vemos que, ante la iniciativa del terapeuta, es Gorka, el paciente identificado, quien toma la palabra en segundo lugar -con bastante dificultad-:

T: Gorka, en tu opinión ¿cuál es el problema? H1: No sé, tengo mala leche. ... T: ¿Eso también te pasa con los amigos, en el colegio? H1: No. Bueno, a veces; depende. ... T: ¿Y qué pasa cuando te enojas? (silencio) Hay gente que se enfada, se queda callado y no habla con nadie... H1: Yo intento hacerlo pero luego mi madre me sigue a la habitación y a veces me busca la boca y yo pues salto, y abro más la boca. T: ¿Y si no te sigue a tu habitación? H1: Pues me quedo ahí, pero siempre me sigue.

En su definición del problema Gorka nos señala la dificultad que encuentra para tomar distancia de su madre y cómo no le resulta posible hallar un espacio de intimidad que le permita regular su rabia e intentar poner medidas a ella. Si bien este es un hecho muy concreto –aunque no por ello poco habitual-, puede servir como ejemplo del proceso que subyace entre madre e hijo.

Comentábamos cómo, previamente a la eclosión violenta, existe una relación fusional. Cyrulnik (2005) se refiere a ella como a una “prisión afectiva” y explica que este modo de funcionamiento bloquea el comportamiento exploratorio, a la vez que favorece una experiencia culposa en los hijos e hijas que deben oponerse o resistirse a padres que resultan irreprochables.

H2: No. A veces bien y a veces mal. T: ¿Te defiende si estás en apuros? H2: Sí.

Y, posteriormente, cuando se explora su actitud frente a las discusiones entre su madre y su hermano, refiere que suele participar para defender a su madre, otra variable también frecuentemente presente en los/as hermanos/as menores.

Historia del síntoma e intentos previos de solución

Como Clara explicaba, el inicio de las agresiones se sitúa cuatro años antes de realizar la consulta y cuando, tras la separación con su pareja, intenta obligar a Gorka a ir donde su padre y al resistirse éste a hacerlo, comienza una discusión que finaliza con insultos mutuos y una bofetada por parte de la madre.

Clara nos relata que, luego de la separación conyugal, los hijos estaban afectados y echaban mucho de menos a su padre. Aitor lloraba en clase y Gorka no contó absolutamente a nadie lo de la separación hasta 5 meses después de haber sucedido. Por este motivo ella decide realizar una consulta con la psicóloga del centro escolar, que les remitió a una logopeda. Explica que Gorka se negaba a hablar y que lo dejaron porque el dinero no alcanzaba.

A medida que el tiempo iba transcurriendo “las broncas empezaban a subir de tono”, por lo que consultaron al área de ayuda familiar correspondiente a su ayuntamiento. Explican que acudieron 3 o 4 veces pero que no les era de utilidad. Luego fue Clara

quien solicitó ayuda al departamento de la mujer porque las cosas iban empeorando, esto es, las agresiones verbales aumentaban cada vez más y ella empezaba a sentirse sin fuerzas y no veía salidas. Hasta este momento habían trascurrido unos 2 años aproximadamente.

M: La única posibilidad era denunciar, pero es mi hijo... y a pesar de lo que él piense yo no me sentía capaz. Entonces hablé con el área infanto-juvenil y me dieron tres opciones: llevarlo al hospital para que lo evalúen, llamar a la policía para que lo lleve al hospital o denunciarlo... Entonces consultamos con un psiquiatra. El siguiente paso fue buscar un internado. En este período empezaron los empujones...

Considerando los aspectos relativos al secreto familiar o la minimización de la conducta violenta, así como el temor que pueden experimentar algunos progenitores, no fue de extrañar que cuando se exploró en la tercera sesión, más profundamente, lo que sucedió desde ese período a la actualidad, se pudo ver claramente que las agresiones no eran solo verbales –además de la rotura de objetos- como en el primer encuentro habían aseverado:

T: Entonces aparece la conducta violenta que es principalmente verbal, porque la otra vez Gorka decía que nunca le había agredido físicamente... H1: Yo nunca he agredido físicamente a nadie. T: Y usted lo corroboró. M: Sí. (se muestra dudosa). T: ¿Sí o no?

periodicidad mensual. En este sentido se podría establecer una similitud con el ciclo de violencia en la pareja.

A medida que la situación se ha ido agravando y, aunque, la madre reconoce su implicación en el conflicto, se va reforzando, cada vez más, la idea de que el principal problema se halla en la incapacidad de Gorka para controlar sus impulsos. Éste, además, es un pensamiento compartido por todos los miembros de la familia, inclusive por el mismo paciente identificado que, en alguna sesión, ha podido expresarlo tanto desde la rabia como desde el dolor:

H1: Yo paso ya de joderme la puta vida, que soy el malo de la película. Pues me largo y si yo me voy no van a haber más broncas... (rompe a llorar) Estoy hasta los cojones de que todo el mundo dice que soy el malo. Siempre igual y ¿sabes por qué he venido aquí? Porque no quiero tener más broncas, joder. Yo quiero pasar ya, pero me buscan, me buscan y al final acabas siendo el malo. T: ¿Tienes la sensación de que pensamos que eres el malo de la película? H1: No, vosotros porque no me conocéis. Pero todos me ponen como malo y yo paso ya de eso. Si me tengo que ir a la puta calle a vivir pues me voy y ya está.

Otro aspecto a recalcar es que, cuando existen varios intentos previos y, a la vez, fallidos de soluciones; la familia va perdiendo la esperanza de cambio, lo que lógicamente tiene influencias en el trabajo terapéutico:

H1: No vais a conseguir ayudarnos. T: Si te empeñas y lo tomas como un desafío.

H1: No lo vais a conseguir, eso te lo digo de antemano. Es imposible. T: ¿... Y nos vas a dar la oportunidad de intentarlo? H1: A mí me da igual ya.

Historia de la familia

Clara proviene de una familia numerosa y es la tercera de seis hermanos con los que, en la actualidad, mantiene un contacto muy esporádico. Su familia vive en otra ciudad y ella migró siendo joven al País Vasco, por motivos laborales.

Nos cuenta que no recuerda haber recibido muestras de afecto por parte de sus padres pero sí ser una de las hermanas más castigadas. Nos explica que ha tenido esto siempre presente a la hora de educar, intentando no repetirlo con sus hijos.

Por su parte Iñaki es también el tercero de siete hermanos. A raíz de la separación conyugal ha ido a vivir con su madre con quien mantiene una relación bastante estrecha.

Luego de haber tenido varios novios Clara conoce a Iñaki. Le cuesta mucho, mientras narra esta historia, reconocer algún aspecto de él que le haya gustado, dice no entender por qué se unieron. Luego, cita que era una persona atrevida y animada; algo muy diferente a la seriedad con la que ella se identificaba.

Nos explica que su boda fue una “guerra campal” que se destacó por los desacuerdos y las peleas familiares y que, en esa situación, percibió a Iñaki como “el novio de piedra”

T: Pregúntale a tu madre. H2: ¿Por qué? M: Por problemas económicos y porque tu padre nos estaba llevando a la ruina a todos. Pero eso os lo he explicado. H2: Yo no me acuerdo. M: Era imposible hablar con él... Como pareja pudo ser un desastre pero nunca ha habido malos tratos, gritos, lo más que han podido palpar el último año ha sido una indiferencia total. T: (A Gorka) ¿Has hablado alguna vez con tu padre de esto? H1: No se puede hablar con él y no quiero, tampoco, hablar. Le preguntas y te salta con mentiras y mentiras. ... M: Yo intenté inicialmente que la relación con mi ex marido fuera lo más amigable posible, el problema es que me negué a ir yo también con ellos... Llegó un momento en que sólo venía a verme a mí y yo le planteé que tenía que ver a sus hijos... Luego decía que gastaba mucho dinero al sacarlos y lo descontaba de la pensión... Yo pienso que ellos me han culpado de que su padre les haya dejado de ir a ver.

Con el tiempo las relaciones van sufriendo modificaciones y, tal como la madre lo relata, los hijos son instrumentalizados en el conflicto que se agudiza entre los padres – especialmente Gorka- a la vez que van perdiendo el interés de pasar tiempo con Iñaki, aunque Aitor mantiene más contacto que su hermano; madre e hijo mayor siguen conservando una relación muy unida pero comienzan a surgir discusiones.

... No nos poníamos de acuerdo con su padre y él se vio que por un lado recibía una cosa y por el otro la contraria; se encontró jugando a dos bandas y las primeras veces le salió muy bien... Se traducía en quiero tanto dinero para unas zapatillas y decirle que no. Llamar a su padre y que me diga “le das el dinero a mi hijo que es de la pensión y para eso lo paso”… Y cuando sigues manteniendo el no con el padre y el hijo, pues el hijo en un momento estalla. Cuando se encontraba con respaldo para exigir era discutir contra los dos... He entrado a juego, ponerme igual o peor que él...

En los casos tratados hemos podido apreciar dos variantes de relaciones parentales: a) conflicto explícito e intenso entre éstos, con presencia de descalificaciones mutuas y b) distanciamiento en la pareja conyugal. Estos modos de funcionamiento favorecen la emergencia de triangulaciones y podrían señalarse como punto de partida de las agresiones filio-parentales, ya que se trata de una configuración relacional que se utiliza sistemáticamente para resolver, evitar o desplazar los conflictos que surgen entre los padres (Linares, 2002). Esto es, evidentemente, una situación muy peligrosa para el/la hijo/a entrampado/a ya que funciona como sustituto de uno de los progenitores.

Los hijos e hijas triangulados/as vendrían a suplir una función de apoyo, consuelo y alivio –no acorde a sus edades- a los cuales le son confiadas, en el caso de modelos con ambos padres las desilusiones conyugales e insatisfacción por el compañero y, en el caso de familias monoparentales, la sobrecarga y sensación de soledad sentida. Este aspecto puede, también, vincularse a la frecuente parentalización que se presenta en estos adolescentes. Como Clara nos relataba: