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Ejercicios de macroeconomia de segundo grado de Administración y dirección de empresas.
Tipo: Ejercicios
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¡No te pierdas las partes importantes!






















Ben S. BERNANKE y Robert H. FRANK (2007)
MACROECONOMÍA
Editorial McGraw Hill, 3ª Edición
Uno de nosotros asistió una vez a una conferencia sobre las consecuencias del crecimiento y el desarrollo económicos para la sociedad. Uno de los conferenciantes formuló la siguiente pregunta: ¿Qué preferirían ser? ¿Un estadounidense normal y corriente de clase media hoy o la persona más rica de Estados Unidos en la época de George Washington?
Un oyente contestó inmediatamente: “Puedo responder a esa pregunta con una palabra. Odontólogo”. La respuesta desató una carcajada, quizás porque recordé a la audiencia los famosos dientes de madera de George Washington. Pero era una buena respuesta.
En Estados Unidos, la odontología era en los primeros tiempos algo primitivo, ya fuera el paciente rico o pobre. La mayoría de los dentistas extraían los dientes cariados de los pacientes con un poquito de whisky como anestesia. Otros tipos de asistencia médica no eran mucho mejores que la odontología. Los médicos del siglo XVIII carecían de medios eficaces para luchar contra la tuberculosis, las fiebres tifoideas, la difteria, la gripe, la neumonía y otras enfermedades contagiosas. Esas enfermedades, hoy bastante tratables, eran mortales en tiempos de Washington. Los lactantes y los niños eran especialmente vulnerables a las enfermedades contagiosas mortales, particularmente a la tosferina y al sarampión. Incluso las familias acomodadas a menudo perdían dos o tres hijos a causa de estas enfermedades. Washington, que era un hombre excepcionalmente grande y fuerte, vivió hasta los 67 años, pero en esa época la esperanza media de vida probablemente no era muy superior a los 40 años.
La asistencia médica no es más que uno de los aspectos de la vida ordinaria que han cambiado radicalmente en los últimos doscientos años. El escritor Stephen Ambrose describe en su relato de la expedición de Lewis y Clark las limitaciones del transporte y de las comunicaciones en los Estados Unidos de los primeros tiempos:
Un hecho fundamental en el mundo de 1801 era que nada corría más deprisa que un caballo. Ningún ser humano, ningún artículo manufacturado, ningún quintal de trigo, ninguna media res (o, en realidad, ninguna res a pie), ninguna carta, ninguna información, ninguna idea, pedido o instrucción del tipo que fuera iba más deprisa y, hasta donde sabían los contemporáneos de Jefferson, nada iría nunca más deprisa.
Y, salvo en los hipódromos, ningún caballo corría muy deprisa. En Estados Unidos, el estado de las carreteras iba desde malo hasta abominable, y no había muchas. La mejor carretera del país iba de Boston a Nueva York; una diligencia ligera... tardaba tres días enteros en hacer un viaje de 175 millas. Dos días enteros en recorrer las cien millas que separaban Nueva York de Filadelfia (Según: Stephen E. Ambrose, Undaunted Courage: Meriwether Lewis, Thomás Jefferson, and the Opening of the American West, Nueva York, Touchstone, Simon and Schuster, 1996, p. 52).
Actualmente, los neoyorquinos pueden ir en tren a Filadelfia en hora y media. ¿Qué habría pensado George Washington de eso? ¿Y cómo habrían reaccionado los pioneros del siglo XIX,
que cruzaron el continente en caravana, ante la idea de que sus bisnietos iban a poder desayunar en Nueva York y comer el mismo día en San Francisco?
Podemos pensar, desde luego, en otros enormes cambios que ha experimentado, incluso en las últimas décadas, el modo de vida de la persona corriente. Por ejemplo, la tecnología informática e Internet han cambiado en solo unos cuantos años nuestra forma de trabajar y de estudiar. Aunque estos cambios se deben en gran parte a avances científicos, esos descubrimientos normalmente apenas afectan por si solos a la vida de la mayoría de la gente. Los nuevos conocimientos científicos solo mejoran en general los niveles de vida cuando se comercializan. Por ejemplo, el hecho de conocer mejor el sistema inmunológico del hombre tiene poca repercusión, a menos que se traduzca en nuevas terapias o medicamentos. Y un nuevo medicamento sirve de poco si no es asequible para los que lo necesitan.
Un trágico ejemplo es la epidemia de SIDA que sufre África. Aunque algunos nuevos fármacos reduzcan los efectos del virus que causa el SIDA, son tan caros que tienen poco valor práctico en los países africanos asolados por la pobreza que están luchando contra la enfermedad. Pero aunque los medicamentos fueran asequibles, sus beneficios serian limitados sin unos hospitales modernos, unos profesionales sanitamos formados, un nivel de nutrición suficiente y las debidas condiciones de salubridad. En suma, la mayoría de las mejoras del nivel de vida de un país son el resultado no solo de los avances científicos y tecnológicos, sino también de un sistema económico que pone sus beneficios al alcance de la persona media.
En este capítulo analizaremos las fuentes del crecimiento económico y del aumento del nivel de vida en el mundo moderno. Comenzaremos pasando revista al notable crecimiento económico de los países industrializados, medido por medio del PIB real per cápita. Desde mediados del siglo XIX (y antes en algunos países) el nivel de vida de estos países ha sufrido una transformación radical. ¿A qué se ha debido? La clave para que mejore el nivel de vida es un aumento continuo de la productividad media del trabajo, que depende de varios factores, desde las publicaciones y la motivación de los trabajadores hasta el clima jurídico y social en el que trabajen. Analizaremos cada uno de estos factores y sus consecuencias para las medidas económicas que fomentan el crecimiento. También examinaremos los costes del rápido crecimiento económico y veremos si es limitada la cantidad de crecimiento económico que una sociedad puede alcanzar.
Los avances de la asistencia sanitaria y del transporte mencionados al comienzo de este capítulo no ilustran más que algunos de los impresionantes cambios que ha experimentado el bienestar material de la población en los últimos doscientos años, especialmente en los países industrializados. Sin embargo, para estudiar los factores que afectan sistemáticamente al nivel de vida, debemos ir más allá de las anécdotas y adoptar un indicador específico del bienestar económico existente en un determinado país y en un determinado momento.
En el Capítulo 18 introdujimos el concepto de PIB real como indicador básico del nivel de actividad económica de un país. Recuérdese que el PIB real mide esencialmente el volumen físico de bienes y servicios producidos dentro de las fronteras de un país durante un periodo de tiempo específico, por ejemplo, durante un trimestre o un año. Por consiguiente, el PIB real per cápita es un indicador de la cantidad de bienes y servicios de que dispone el residente representativo de un país en un determinado momento. Aunque el PIB real per cápita no es, desde luego, un indicador perfecto del bienestar económico, como vimos en el Capítulo 18, está relacionado positivamente con algunas variables pertinentes, como la esperanza de vida, la salud infantil y la capacidad
TABLA 20.2: PIB per cápita de países Latinoamericanos seleccionados, 1960-2003 (dólares
País 1960 1970 1980 1990 2003 Crecimiento %
1960- México 2.557 3.581 5.121 4.973 5.792 129, Argentina 5.254 6.617 7.551 5.643 7.165 36, Chile 1.842 2.209 2.494 3.072 5.196 182, Colombia 955 1.192 1.616 1.869 2.017 111, Costa Rica 2.075 2.518 3.314 3.151 4.410 112, Ecuador 820 929 1.367 1.299 1.368 66, Paraguay 735 879 1.552 1.531 1.407 91, Venezuela 5.654 6.544 6.066 5.027 4.009 -29,
Fuente: Word Bank Indicators
FIGURA 20.1. El PIB real per cápita de cinco países industrializados, 1870-2003. El crecimiento económico ha sido espectacularmente rápido desde los años 50, especialmente en Japón.
Fuente: Word Bank Indicators
Las dos últimas columnas de la Tabla 20.1 muestran las tasas anuales de crecimiento del PIB real per cápita, tanto de todo el periodo 1870-2003 como de los años más recientes 1950-2003. A primera vista, parece que estas tasas de crecimiento no varían mucho de unos países a otros. Por ejemplo, en el periodo 1870-2003, la tasa de crecimiento más alta es del 2,6% (Japón) y la más baja del 1,2% (Australia). Pero consideremos el efecto a largo plazo de esta diferencia aparentemente “pequeña” entre las tasas anuales de crecimiento. En 1870, Australia era con mucho el país más rico de los ocho de la Tabla 20.1, desde el punto de vista de la producción per cápita: su PIB real per cápita era casi el séxtuple del japonés. Sin embargo, en 2003, Japón no sólo había dado alcance a Australia, sino que lo había superado. Este notable cambio de la suerte económica es el resultado de la diferencia aparentemente pequeña entre una tasa de crecimiento del 1,2% y una tasa de crecimiento del 2,6% mantenida durante 133 años.
El hecho de que lo que parecen pequeñas diferencias entre las tasas de crecimiento pueda producir grandes efectos a largo plazo se debe a lo que se denomina poder del interés compuesto.
El interés compuesto (1)
EJEMPLO 20.1.
En 1800, nuestro tatarabuelo deposito 10$ en una cuenta corriente a un tipo de interés del 4%. Los intereses se calculan anualmente (por lo que los intereses pagados al final de cada año rinden intereses a su vez en los años posteriores). Nuestro tatarabuelo manifestó en su testamento que la cuenta debía pasar a su descendiente más directo (nosotros) en el año 2005. Cuando retiramos los fondos ese año, ¿cuánto vale la cuenta? ·
La cuenta valía 10$ en 1800; 10$ x 1,04 = 10,40$ en 1801; 10$ x 1,04 x 1,04 = = 10 x (1,04) = 10,82$ en 1802; y así sucesivamente. Dado que han transcurrido 205 años desde 1800, año en que se realizó el depósito, hasta 2005, año en que se cierra la cuenta, el valor de la cuenta en el año 2005 es igual a 10 x (1,04) 205 ; es decir, 10$ x 1,04 elevado a la 205 potencia. Utilizando una calculadora, veremos que 10$ multiplicados por 1,04 elevado a la 205 a potencia son iguales a 31.033,77$,un buen rendimiento por un depósito de 10$!
El interés compuesto —mecanismo por el que se pagan intereses no sólo por el depósito inicial, sino por todos los intereses que van acumulándose— es diferente del interés simple, en el que $610 se pagan intereses por el depósito inicial. Si la cuenta de nuestro tatarabuelo se hubiera depositado a un interés simple del 4%, $610 habría acumulado 40 centavos cada año (4% del depósito inicial de 10$), lo que hace un valor total de 10$ + 205 x 0,40$ = 9235 después de 205 años. El tremendo crecimiento del valor de esta cuenta se debe al interés compuesto; de ahí la expresión.
EI interés compuesto (2)
EJEMPLO 20.2.
Volvamos al Ejemplo 20.1. ¿Cuánto habría valido el depósito de 10$ de nuestro tatarabuelo después de 205 años si el tipo de interés anual hubiera sido del 2%? ¿Y si hubiera sido del 6%? A un tipo de interés del 2%, la cuenta valdría 10$ en 1800; 10$ x 1,02 = = 10,20$ en 1801; 10 $ x '(1,02)2 = 10,42$ en 1802; y así sucesivamente. En el año 2005, el valor de la cuenta sería igual a 10$ x (1,02) 205 ; es decir, 579,48$. Si el tipo de interés fuera del 6%, después de 205 años la cuenta valdría 10$ x (1,06)^205 , es decir, 1.540.644,29$. Resumamos los resultados de los ejemplos 20.1 y 20.2:
Tipo de interés Valor de 10$ después de 205 años 2 579,48 $ 4 31.033,77 $ 6 1.540.644,29 $
El poder del interés compuesto radica en que el valor de una pequeña cantidad depositada durante un periodo suficientemente largo puede aumentar extraordinariamente incluso a un tipo de interés relativamente bajo. Una cuestión más sutil que muestra este ejemplo es que las pequeñas diferencias entre los tipos de interés son muy importantes. La diferencia entre un tipo de interés del 2% y uno del 4% no parece muy grande, pero si se mantiene durante un largo periodo de tiempo, implica grandes diferencias entre las cantidades de intereses acumuladas en una cuenta. Asimismo, como muestran nuestros cálculos, el efecto del paso de un tipo de interés de un 4% a uno de un 6% es enorme.
Las tasas de crecimiento económico son similares a los tipos de interés compuestos. De la misma manera que el valor de un depósito bancario crece todos los años a una tasa igual al tipo de interés, así el tamaño de la economía de un país se expande todos los años a la tasa de crecimiento económico. Esta analogía sugiere que incluso una tasa de crecimiento de la producción per cápita relativamente pequeña —por ejemplo, de 1 6 2% al año— provoca un enorme aumento del nivel medio de vida durante un largo periodo. Y las diferencias relativamente pequeñas entre las tasas de crecimiento, por ejemplo, de Australia y Japón, acaban dando como resultado unos niveles de vida muy diferentes. Así pues, a largo plazo, la tasa de crecimiento económico es una variable sumamente importante. De ahí que tengan enormes consecuencias económicas los cambios de política u otros factores que afectan, aunque sea en una pequeña cuantía, a la tasa de crecimiento a largo plazo.
Los economistas emplean una fórmula para calcular aproximadamente el número de años que tardara una cantidad inicial en duplicarse con diferentes tasas de crecimiento o tipos de interés. La fórmula es 72 dividido por la tasa de crecimiento o por el tipo de interés. Así, por ejemplo, si el tipo de interés es de un 2% al año, la cantidad inicial tardará 72/2 = 36 años en duplicarse. Si el tipo de interés es del 4%, tardaré 72/4 = 18 años. Esta fórmula es una buena aproximación iónicamente cuando los tipos de interés son bajos y moderados.
TABLA 20.3. Población y consumo de China en porcentaje de la población y el consumo
mundiales, 2002-2003.
Población: 20,5% Consumos de: Porcino 51% Cigarrillos 35 Algodón 33 Pescado 32 Acero 27 Televisores 23 Helado 19 Lavadoras 18 Ordenadores 6 Refrescos 4
Fuente: “Inside the New China”, Fortune, 4 de octubre, 2004. Los datos del pescado se refieren a 2001.
Así, por ejemplo, China consume más del doble de carne de porcino por habitante que el resto del mundo, pero menos de un quinto de refrescos. Aunque consuma menos de un tercio de ordenadores por habitante que el resto del mundo, su enorme población hace que sea el segundo mayor consumidor de ordenadores del mundo. ¿Continuara China creciendo a un ritmo tan rápido? Como acabamos de ver en los ejemplos 20.1 y 20.2, las pequeñas diferencias entre las tasas de crecimiento producen enormes efectos a largo plazo. ¿Sobrepasara China a Estados Unidos y se convertirá en la mayor economía del mundo? ¿Se transformara en el país más próspero del mundo desde el punto de vista de la producción por trabajador o seguirá la senda de Japón y crecerá menos en el futuro? Y lo que quizá sea más importante, debemos ver cómo ha logrado China este extraordinario crecimiento y qué pueden aprender otros países menos desarrollados de su experiencia.
¿De qué depende la tasa de crecimiento económico de un país? Para comprender esta cuestión vital, resultara útil expresar el PIB real per cápita como el producto de dos términos: la productividad media del trabajo y la proporción de la población que está trabajando. Para ello, sea Y la producción real total (medida, por ejemplo, por medio del PIB real), N el número de trabajadores ocupados y POP la población total. En ese caso, el PIB real per cápita puede expresarse de la forma siguiente: Y/POP; la productividad media del trabajo; es decir, la producción por trabajador ocupado, es igual a Y/N; y la proporción de la población que está trabajando es N/POP. La relación entre estas tres variables es:
Y/POP = Y/N * N/POP
que, como puede observarse anulando el término N del segundo miembro de la ecuación, siempre se cumple exactamente. En palabras, esta relación básica es PIB real per cápita = productividad media del trabajo * proporción de población ocupada. Esta expresión del PIB real per cápita nos dice algo muy básico e intuitivo: la cantidad de bienes y servicios que puede consumir cada persona depende (1) de la cantidad que puede producir cada trabajador y (2) del
FIGURA 20.4. Proporción de la población en Estados Unidos que está ocupada, 1960-2004.
La proporción de la población de Estados Unidos que tiene empleo aumentó del 36% en 1960 al 47% en 2004.
Examinemos algo más de cerca estos dos factores, comenzando por la proporción de la población que está ocupada. Como muestra la Figura 20.4, en Estados Unidos el número de personas ocupadas aumento entre 1960 y 2004 del 36 al 47% de la población total, lo que constituye un notable aumento. La creciente tendencia de las mujeres a trabajar fuera del hogar (véase El observarlo económico 18.1) fue la causa más importante de este aumento del empleo. Otro factor que elevé las tasas de ocupación fue el aumento de la proporción de la población general que está en edad de trabajar (16-65 años). La llegada a la edad de trabajar de la generación perteneciente a la "explosión de la natalidad", nacida tras la Segunda Guerra Mundial, y, en menor medida, la inmigración de trabajadores jóvenes de otros países contribuyeron a este crecimiento de la población trabajadora.
Aunque en Estados Unidos la creciente proporción de la población que tiene empleo ha contribuido significativamente al aumento del PIB real per cápita durante las cuatro últimas décadas, es casi seguro que esta tendencia no se mantendrá en el futuro. Es improbable que la participación de las mujeres en la población activa continúe aumentando a la misma tasa que en las cuatro tintinas décadas. Y lo que es más importante, la generación de la explosión de la natalidad, que actualmente se encuentra en los años centrales de su vida laboral, comenzara a llegar a la edad de jubilación en torno al año 2010. A medida que se jubilen más personas de esta generación, la población que tiene empleo empezara a disminuir, posiblemente en un grado significativo. Así pues, a largo plazo, es probable que la mejora de los niveles de vida provocada por el aumento de la proporción de estadounidenses que tienen empleo sea transitoria.
¿Qué ocurre con el otro factor que determina la producción per cápita, a saber, la productividad media del trabajo? Como muestra la Figura 20.3, en Estados Unidos la productivilla media del trabajo aumentó entre 1960 y 2004 un 105%, lo que representa una considerable proporción del aumento total del PIB per cápita. En otros periodos, la relación entre la productividad media del trabajo y la producción per cápita ha sido a menudo incluso mayor, ya que en la mayoría de los periodos anteriores la proporción de la población que tenía empleo era más estable que últimamente (véase la Figura 17.2 para la conducta del PIB real per cápita y de la productividad media del trabajo en Estados Unidos durante el periodo 1900-2004).
Hemos dicho que la productividad media del trabajo es, con términos generales, la producción por trabajador. Obsérvese, sin embargo, que la medición de la productividad media del trabajo depende del periodo de tiempo especificado. Por ejemplo, los datos presentados en la Figura 20.3 nos dicen cauto produce el trabajador medio en un año. En este ejemplo nos interesa saber cuánto pueden producir Lucia y Elisa por hoy de trabajo o por semana de trabajo. Las dos formas de medir la productividad del trabajo son válidas, siempre y cuando indiquemos claramente la unidad de tiempo que utilizamos.
Las productividades por hora de Lucia y Elisa se dan en el problema: Lucia puede envolver 100 chocolatinas por hora y Elisa 300. La productividad semanal de Lucia es igual a (40 horas semanales) x (.100 chocolatinas envueltas por hora) = 4.000 chocolatinas envueltas a la semana. La productividad semanal de Elisa es igual a (40 horas semanales) x (300 chocolatinas envueltas por hora); es decir, 12.000 chocolatinas semanales.
Lucia y Elisa puede envolver conjuntamente 16.000 chocolatinas a la semana. Como equipo, su productividad semanal media es igual a (16.000 chocolatinas envueltas)/(2 semanas de trabajo); es decir, 8.000 chocolatinas a la semana. Su productividad media por hora como equipo es igual a (16.000 chocolatinas envueltas)/(80 horas de trabajo) = 200 chocolatinas por hora. Obsérvese que, como equipo, la productividad de las dos mujeres se encuentra entre sus productividades individuales.
Elisa es más productiva que Lucia porque ha recibido formación en el trabajo, lo cual le ha permitido adquirir un nivel más alto de cualificaciones para envolver chocolatinas que el de Lucia. Gracias a su formación, puede producir más que Lucia en un número dado de horas.
Suponga que Elisa asiste a más clases de envolver chocolatinas y aprende a envolver 500 por hora. Halle la producción semanal y la producción por hora de Lucia y Elisa, tanto por separado como en equipo.
Los economistas explicarían la diferencia entre los resultados de las dos mujeres diciendo que Elisa tiene más capital humano que Lucia. El capital humano comprende el talento, la educación, la formación y las cualificaciones de los trabajadores. Los que tener una gran cantidad de capital humano son más productivos que los que tienen menos formación. Por ejemplo, una secretaria que sepa utilizar un procesador de textos puede mecanografiar más cartas que una que no sepa; un mecánico de automóviles familiarizado con un equipo de diagnóstico informatizado podrá resolver los problemas de los motores que no pueden resolver los mecánicos que tienen menos formación.
¿Por qué se recuperaron tan bien Alemania occidental y Japón tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial?
Las ciudades y las industrias de Alemania y Japón fueron destruidas durante la Segunda Guerra Mundial y los dos países iniciaron el periodo posterior empobrecidos. Sin embargo, 30 años después, los dos no solo habían sido reconstruidos, sino que se habían convertido en líderes industriales y económicos mundiales. ¿A qué se debieron estos "milagros económicos”?
Fueron muchos los factores que contribuyeron a la recuperación económica de Alemania occidental y de Japón tras la Segunda Guerra Mundial; entre ellos se encuentra la abundante
ayuda que brindo Estados Unidos a Europa con el Plan Marshall y a Japón durante la ocupación estadounidense. Sin embargo, la mayoría de los economistas está de acuerdo en que el elevado nivel de capital humano desempeño un papel fundamental en ambos países.
Cuando termino la guerra, la población alemana tenía un nivel de educación excepcionalmente alto y contaba con un elevado número de científicos e ingenieros muy cualificados. Alemania también tenía (y sigue teniendo hoy) un extenso sistema de aprendizaje que daba formación en el trabajo a los trabajadores jóvenes, por lo que contaba con una población trabajadora industrial cualificada. Además, la zona que se convirtió en Alemania occidental se benefició mucho de la entrada de trabajadores cualificados de Alemania oriental y del resto de la Europa controlada por la Unión Soviética, entre los que había 20.000 ingenieros y técnicos formados. Ya en 1949, esta concentración de capital humano contribuyo a una gran expansión del sector industrial alemán tecnológicamente sofisticado y muy productivo. En 1960, Alemania occidental era un importante exportador de bienes manufacturados de alta calidad y sus ciudadanos gozaban de uno de los niveles de vida más altos de Europa.
Japón, que probablemente sufrió en la guerra una destrucción física mayor que la de Alemania, también comenzó el periodo posterior con una población trabajadora cualificada y educada. Además, las fuerzas estadounidenses ocupantes reestructuraron el sistema escolar japonés y animaron a todos los japoneses a recibir una buena educación. No obstante, los japoneses hicieron mayor hincapié en la formación en el trabajo, incluso más que los alemanes. Las empresas japonesas realizaron grandes inversiones en la formación de los trabajadores, como parte de un sistema de empleo vitalicio, en el que se esperaba que permanecieran en la misma empresa durante toda su vida laboral. El fruto de estas inversiones en capital humano fue un continuo argento de la productividad media del trabajo, sobre todo en la industria. En la década de 1980, los bienes manufacturados japoneses figuraban entre los más avanzados del mundo y los trabajadores japoneses entre los más cualificados.
Aunque los elevados niveles de capital humano desempeñaron un papel decisivo en el rápido crecimiento económico de Alemania occidental y de Japón, el capital humano no puede generar por si solo un elevado nivel de vida. Un buen ejemplo es la Alemania oriental dominada por la Unión Soviética, que tenía un nivel de capital humano similar al de Alemania occidental tras la guerra, pero que no disfruto del mismo crecimiento económico. Por razones que analizarnos más adelante en este capítulo (véase El observador económico 20.5), el sistema comunista impuesto por los soviéticos utilizo el capital humano de Alemania oriental mucho menos eficazmente que los sistemas económicos de Japón y de Alemania occidental.
El capital humano es análogo al capital físico (como las máquinas y las fabricas), en el sentido de que se adquiere principalmente invirtiendo tiempo, energía y dinero. Por ejemplo, para aprender a utilizar un programa de procesamiento de textos, puede ocurrir que una secretaria tenga que asistir a una escuela técnica por la noche. El coste de ir a la escuela no solo es la matricula que paga, sino también el coste de oportunidad del tiempo que dedica a asistir a clase y a estudiar. El beneficio de los estudios es la subida del salario que ganara cuando acabe el curso. Sabemos por el principio del coste-venencia que la secretaria solo debe aprender a procesar textos si los beneficios son superiores a los costes, incluidos los costes de oportunidad. En general, es de esperar, pues, que la gente adquiera más formación y cualificaciones cuando la diferencia entre los salarios de los trabajadores cualificados y los de los no cualificados es significativa.
La productividad de los trabajadores depende no solo de sus cualificaciones y de su esfuerzo, sino también de las herramientas que tienen para trabajar. Ni siquiera el cirujano más
Partiendo de los supuestos de los ejemplos 20.3 y 20.4, explique por qué el jefe debe asignar una única máquina de envolver chocolatinas a Lucia y no a Elisa (Pista: utilice el principio del coste de oportunidad creciente, introducido en el Capítulo 3).
La máquina de envolver chocolatinas es un ejemplo de bien de capital, que definimos en el Capítulo 18 como un bien duradero, que por una parte se produce y, por otra, se utiliza para producir otros bienes y servicios. Los bienes de capital son las máquinas y el equipo (como los ordenadores, las excavadoras o las cadenas de montaje), así como los edificios (fábricas o edificios de oficinas). Los bienes de capital como la máquina de envolver chocolatinas aumentan la productividad de los trabajadores. La Tabla 2-0.4 resume los resultados de los ejemplos 20.3 y 20.4. Indica la producción semanal total de Lucia y Elisa consideradas conjuntamente (columna 2) correspondiente a cada número de máquinas que podría adquirir el jefe (columna 1), el número total de horas de trabajo de las dos mujeres (columna 3) y la producción media por hora (columna 4), igual a la producción semanal total dividida por el número total de horas semanales.
La Tabla 20.4 muestra dos importantes cuestiones sobre la influencia del capital adicional en la producción. En primer lugar, dado un número de trabajadores, un aumento del capital generalmente eleva tanto la producción total como la productividad media del trabajo. Por ejemplo, la compra de la primera máquina de envolver chocolatinas aumenta la producción semanal (columna 2) en 16.000 chocolatinas y la productividad media del trabajo (columna 4) en 200 chocolatinas envueltas por hora.
TABLA 20.4. Capital, producción y productividad en la fábrica de envolver chocolatinas
(1)
Número de máquinas (capital)
Número total de chocolatinas envueltas a la semana (producción)
Número total de horas trabajadas a la semana
Chocolatinas envueltas por hora trabajada (productividad)
La segunda cuestión que muestra la Tabla 20.4 es que, cuanto más capital ya exista, menores son los beneficios de añadir más capital. Obsérvese que la primera máquina aumenta la producción total en 16.000 chocolatinas, pero la seguida solo en 8.000. La tercera máquina, que no puede utilizarse porque solo hay dos trabajadores, no aumenta la producción ni la productividad. Este resultado ilustra un principio general de economía llamado rendimientos decrecientes del capital. Según el principio de los rendimientos decrecientes del capital, si la cantidad de trabajo y de otros factores utilizados se mantiene constante, cuanto mayor sea la cantidad de capital que se utilice, memos aumentaré la producción con una unidad más de capital. En el caso de la fábrica de envolver chocolaterías, los rendimientos decrecientes del capital implican que la primera máquina adquirida aumenta la producción más que la segunda, la cual aumenta, a su vez, la producir más que la tercera.
Los rendimientos decrecientes del capital son una consecuencia natural del incentivo de las empresas para utilizar lo más productivamente posible todos los componentes de su equipo de capital. Para maximizar la producción, los directivos de empresas asignaran la primera máquina que adquieran al fin más productivo, la siguiente maquina al siguiente fin más productivo y así sucesivamente; se trata de un ejemplo del principio del costes de oportunidad creciente o de la fruta que esté más al alcance de la mano (Capítulo 3). Cuando se dispone de muchas máquinas, ya sean explotadas las formas más productivas de utilizarlas. Por lo tanto, la utilización de otra máquina no elevara mucho la producción o la productividad. Si Lucia y Elisa ya están manejando dos máquinas de envolver chocolatinas, tiene poco sentido comprar otra, salvo quizá para reponer alguna o para tener una de sobra.
Las consecuencias de la Tabla 20.4 pueden aplicarse a la cuestión de la forma de estimular el crecimiento económico. En primer lugar, un aumento de la cantidad de capital de que dispone la población trabajadora tiende a elevar la producción y la productividad media del trabajo. Cuanto más equipados están los trabajadores, más productivos son. En segundo lugar, las posibilidades de incrementar la productividad aumentando el stock de capital son limitadas. Como consecuencia de los perdimientos decrecientes del capital, una economía en la que ya sea muy grande la cantidad de capital de que dispone cada trabajador no se beneficiara mucho de un nuevo aumento del stock de capital.
¿Existen pruebas empíricas de que los trabajadores son más productivos cuando tienen más capital para trabajar?