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marx, el capital, Apuntes de Derecho Civil

Asignatura: CIVIL, Profesor: , Carrera: Derecho, Universidad: UC3M

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 16/03/2017

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Karl Marx El Capital Capítulo XXIV
CAPITULO XXIV
LA LLAMADA ACUMULACION ORIGINARIA
1. El secreto de la acumulación originaria
Hemos visto cómo el dinero se transforma en capital; cómo mediante el capital se pro-
duce plusvalor y del plusvalor se obtiene más capital. Con todo, la acumulación del ca-
pital presupone el plusvalor, el plusvalor la producción capitalista, y ésta la preexisten-
cia de masas de capitala relativamente grandes en manos de los productores de mercan-
cías. Todo el proceso, pues, parece suponerb una acumulación “originaria” previa a la
acumulación capitalista (“previous accumulation”, como la llama Adam Smith), una
acumulación que no es el resultado del modo de producción capitalista, sino su punto de
partida.
Esta acumulación originaria desempeña en la economía política aproximada-
mente el mismo papel que el pecado original en la teología. Adán mordió la manzana, y
con ello el pecado se posesionó del género humano. Se nos explica su origen contándolo
como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos había, por un lado, una elite
diligente,c y por el otro una pandilla de vagos y holgazanesd.1 Ocurrió así que los prime-
ros acumularon riqueza y los últimos terminaron por no tener nada que vender excepto
su pellejo. Y de este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que aun hoy,
pese a todo su trabajo, no tiene nada que vender salvo sus propias personas y la riqueza
de unos pocos, que crece continuamente aunque sus poseedores hayan dejado de traba-
jar hace mucho tiempo. El señor Thiers, por ejemplo, en defensa de la propriété, predica
esas insulsas puerilidades a los otrora tan ingeniosos franceses, haciéndolo además con
la seriedad y la solemnidad del estadista.2 Pero no bien entra en juego la cuestión de la
propiedad, se convierte en deber sagrado sostener que el punto de vista de la cartilla in-
fantil es el único válido para todos los niveles de edad y grados de desarrollo. En la his-
toria real el gran papel lo desempeñan, como es sabido, la conquista, el sojuzgamiento,
el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia. En la economía política,
tan apacible, desde tiempos inmemoriales ha imperado el idilio. El derecho y el “traba-
jo” fueron desde épocas pretéritas los únicos medios de enriquecimiento, siempre a ex-
a En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: “y de fuerza de trabajo”.
b En la 3ª y 4ª ediciones la frase comienza así: “Todo este proceso, pues, parece girar en un círculo vicio-
so del que sólo podemos salir suponiendo”...
c En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: “inteligente y ante todo ahorrativa,”.
d En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: “que dilapidaban todo lo que tenían y aun más. Cierto que la leyenda
del pecado original teológico nos cuenta cómo el hombre se vio condenado a ganarse el pan con el sudor
de su frente, mientras que la historia del pecado original económico nos revela cómo hay gente que para
ganarse el pan no necesita sudar, ni mucho menos. Tanto da”.
1 Este agregado, que Engels toma de la versión francesa (véase TFA 527), a nuestro juicio no debió inser-
tarse aquí, sino precisamente en el lugar que ocupa en la versión mencionada, inmediatamente antes de la
frase que empieza: “EI señor Thiers”... En la ubicación que le dio Engels, “los primeros” parecerían ser el
hombre que “se vio condenado a ganarse el pan con el sudor de su frente”, y “los segundos”, la “gente
que para ganarse el pan no necesita sudar, ni mucho menos", cuando en realidad los primeros son la “elite
diligente” y los segundos la “pandilla de vagos y holgazanes.” etc.
2 Véase Louis–Adolphe Thiers, De la propriété, París, 1848, en especial el libro III, “Du socialismo”.
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CAPITULO XXIV

LA LLAMADA ACUMULACION ORIGINARIA

  1. El secreto de la acumulación originaria

Hemos visto cómo el dinero se transforma en capital; cómo mediante el capital se pro- duce plusvalor y del plusvalor se obtiene más capital. Con todo, la acumulación del ca- pital presupone el plusvalor, el plusvalor la producción capitalista, y ésta la preexisten- cia de masas de capitala^ relativamente grandes en manos de los productores de mercan- cías. Todo el proceso, pues, parece suponer b^ una acumulación “ originaria ” previa a la acumulación capitalista (“ previous accumulation ”, como la llama Adam Smith), una acumulación que no es el resultado del modo de producción capitalista, sino su punto de partida.

Esta acumulación originaria desempeña en la economía política aproximada- mente el mismo papel que el pecado original en la teología. Adán mordió la manzana, y con ello el pecado se posesionó del género humano. Se nos explica su origen contándolo como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos había, por un lado, una elite diligente,c^ y por el otro una pandilla de vagos y holgazanesd^.^1 Ocurrió así que los prime- ros acumularon riqueza y los últimos terminaron por no tener nada que vender excepto su pellejo. Y de este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que aun hoy, pese a todo su trabajo, no tiene nada que vender salvo sus propias personas y la riqueza de unos pocos, que crece continuamente aunque sus poseedores hayan dejado de traba- jar hace mucho tiempo. El señor Thiers, por ejemplo, en defensa de la propriété , predica esas insulsas puerilidades a los otrora tan ingeniosos franceses, haciéndolo además con la seriedad y la solemnidad del estadista.^2 Pero no bien entra en juego la cuestión de la propiedad, se convierte en deber sagrado sostener que el punto de vista de la cartilla in- fantil es el único válido para todos los niveles de edad y grados de desarrollo. En la his- toria real el gran papel lo desempeñan, como es sabido, la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia. En la economía política, tan apacible, desde tiempos inmemoriales ha imperado el idilio. El derecho y el “traba- jo” fueron desde épocas pretéritas los únicos medios de enriquecimiento, siempre a ex-

a (^) En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: “y de fuerza de trabajo”.

b (^) En la 3ª y 4ª ediciones la frase comienza así: “Todo este proceso, pues, parece girar en un círculo vicio-

so del que sólo podemos salir suponiendo”... c (^) En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: “inteligente y ante todo ahorrativa,”.

d (^) En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: “que dilapidaban todo lo que tenían y aun más. Cierto que la leyenda

del pecado original teológico nos cuenta cómo el hombre se vio condenado a ganarse el pan con el sudor de su frente, mientras que la historia del pecado original económico nos revela cómo hay gente que para ganarse el pan no necesita sudar, ni mucho menos. Tanto da”. (^1) Este agregado, que Engels toma de la versión francesa (véase TFA 527), a nuestro juicio no debió inser-

tarse aquí, sino precisamente en el lugar que ocupa en la versión mencionada, inmediatamente antes de la frase que empieza: “EI señor Thiers”... En la ubicación que le dio Engels, “los primeros” parecerían ser el hombre que “se vio condenado a ganarse el pan con el sudor de su frente”, y “los segundos”, la “gente que para ganarse el pan no necesita sudar, ni mucho menos", cuando en realidad los primeros son la “elite diligente” y los segundos la “pandilla de vagos y holgazanes.” etc. (^2) Véase Louis–Adolphe Thiers, De la propriété , París, 1848, en especial el libro III, “Du socialismo”.

cepción, naturalmente, de “ este año”. En realidad, los métodos de la acumulación origi- naria son cualquier cosa menos idílicos.

El dinero y la mercancía no son capital desde un primer momento, como tampo- co lo son los medios de producción y de subsistencia. Requieren ser transformados en capital. Pero esta transformación misma sólo se puede operar bajo determinadas cir- cunstancias coincidentes: es necesario que se enfrenten y entren en contacto dos clases muy diferentes de poseedores de mercancías, a un lado los propietarios de dinero , de medios de producción y de subsistencia , a quienes les toca valorizar , mediante la adqui- sición de fuerza de trabajo ajena, la suma de valor de la que se han apropiado; al otro lado, trabajadores libres , vendedores de la fuerza de trabajo propia y por tanto vende- dores de trabajo. Trabajadores libres en el doble sentido de que ni están incluidos direc- tamente entre los medios de producción como sí lo están los esclavos, siervos de la gle- ba, etcétera, ni tampoco les pertenecen a ellos los medios de producción a la inversa de lo que ocurre con el campesino que trabaja su propia tierra, etcétera, hallándose, por el contrario, libres y desembarazados de esos medios de producción. Con esta polarización del mercado de mercancías están dadas las condiciones fundamentales de la producción capitalista. La relación del capital presupone la escisión entre los trabajadores y la pro- piedad sobre las condiciones de realización del trabajo. Una vez establecida la produc- ción capitalista, la misma no sólo mantiene esa división sino que la reproduce en escala cada vez mayor. El proceso que crea a la relación del capital, pues, no puede ser otro que el proceso de escisión entre el obrero y la propiedad de sus condiciones de trabajo , proceso que, por una parte, transforma en capital los medios de producción y de subsis- tencia sociales, y por otra convierte a los productores directos en asalariados. La llama- da acumulación originaria no es, por consiguiente, más que el proceso histórico de esci- sión entre productor y medios de producción. Aparece como “ originaria ” porque confi- gura la prehistoria del capital y del modo de producción correspondiente al mismo.

A primera vista se advierte que este proceso de escisión incluye toda la serie de procesos históricos, una serie que, precisamente, es de carácter dual: por una parte, diso- lución de las relaciones que convierten a los trabajadores en propiedad de terceros y en medios de producción de los que éstos se han apropiado, y por la otra, disolución de la propiedad que ejercían los productores directos sobre sus medios de producción. El pro- ceso de escisión, pues, abarca en realidad toda la historia del desarrollo de la moderna sociedad burguesa, historia que no ofrecería dificultad alguna si los historiadores bur- gueses no hubieran presentado la disolución del modo feudal de producción exclusiva- mente bajo el clair–obscur [claroscuro] de la emancipación del trabajador, en vez de presentarla a la vez como transformación del modo feudal de explotación en el modo capitalista de explotación^3 “Los capitalistas industriales, esos nuevos potentados, debie-

(^3) En la 3ª y 4ª ediciones, se sustituye este párrafo por el texto siguiente: “La estructura económica de la

sociedad capitalista surgió de la estructura económica de la sociedad feudal. La disolución de esta última ha liberado los elementos de aquélla. “El productor directo, el trabajador, no pudo disponer de su persona mientras no cesó de estar li- gado a la gleba y de ser siervo o vasallo de otra persona. Para convertirse en vendedor libre de su fuerza de trabajo, en vendedor que lleva consigo su mercancía a cualquier lugar donde ésta encuentre mercado, tenía además que emanciparse de la dominación de los gremios, de sus ordenanzas referentes a aprendices y oficiales y de las prescripciones restrictivas del trabajo. Con ello, el movimiento histórico que transfor- ma a los productores en asalariados aparece por una parte como la liberación de los mismos respecto de la servidumbre y de la coerción gremial, y es este el único aspecto que existe para nuestros historiadores burgueses. Pero por otra parte, esos recién liberados sólo se convierten en vendedores de sí mismos des- pués de haber sido despojados de todos sus medios de producción, así como de todas las garantías que pa- ra su existencia les ofrecían las viejas instituciones feudales. La historia de esta expropiación de los traba- jadores ha sido grabada en los anales de la humanidad con trazos de sangre y fuego.

2. Expropiación de la población rural, a la que se despoja de la tierra

En Inglaterra la servidumbre de la gleba, de hecho, había desaparecido en la última par- te del siglo XIV. La inmensa mayoría de la población^11 se componía entonces y aun más en el siglo XV de campesinos libres que cultivaban su propia tierra, cualquiera que fuere el rótulo feudal que encubriera su propiedad. En las grandes fincas señoriales el arrendatario libre había desplazado al bailiff (bailío), siervo él mismo en otros tiempos. Los trabajadores asalariados agrícolas se componían en parte de campesinos que valori- zaban su tiempo libre trabajando en las fincas de los grandes terratenientes, en parte de una clase independiente poco numerosa tanto en términos absolutos como en relativos de asalariados propiamente dichos. Pero también estos últimos eran de hecho, a la vez, campesinos que trabajaban para sí mismos, pues además de su salario se les asignaba tierras de labor con una extensión de 4 acres^12 y más, y asimismo cottages. Disfrutaban además, a la par de los campesinos propiamente dichos, del usufructo de la tierra co- munal , sobre la que pacía su ganado y que les proporcionaba a la vez el combustible: leña, turba, etc.^13 En todos los países de Europa la producción feudal se caracteriza por la división de la tierra entre el mayor número posible de campesinos tributarios. El po- der del señor feudal, como el de todo soberano, no se fundaba en la longitud de su regis-

bieron un enorme impulso gracias a la expansión del comercio ocasionada por el descubrimiento de Amé- rica y de la ruta marítima hacia las Indias Occidentales” ( MEW , t. III, p. 56). Las ciudades del norte de Italia —Génova, Venecia— que monopolizaban el único comercio practicado por los europeos fuera de su continente, el tráfico con el Levante— perdieron su posición privilegiada a manos de Portugal, España y, más tarde, Holanda e Inglaterra, países cuya ubicación geográfica era ahora mucho más ventajosa. } , aniquiló la supremacía comercial del norte de Italia, se originó un movimiento en sentido inverso. Los trabajadores urbanos se vieron empujados masivamente hacia el campo e imprimieron allí a la agricultura en pequeña escala, practicada según las normas de la horticultura, un impulso nunca visto”. ]. En la versión francesa se lee aquí, en lugar de las tres últimas frases: “Sólo en Inglaterra la ex- propiación de los cultivadores se ha efectuado de manera radical: ese país desempeñó necesariamente en nuestro esbozo, pues, el papel principal. Pero todos los otros países de Europa Occidental recorren el mismo movimiento, aunque según el medio cambie aquél de color local, o se encierre en un ámbito más estrecho, o presente un carácter menos rotundo, o siga un orden de sucesión diferente”. (^11) { En la 3ª y 4ª ediciones la nota se inicia con la siguiente cita: “Los pequeños propietarios que cultiva-

ban su propias tierras con sus brazos y disfrutaban de un modesto bienestar... constituían entonces una parte mucho más importante de la nación que en nuestros días... No menos de 160.000 propietarios de tie- rras, que con sus familias deben de haber constituido más de 1/7 de la población total, vivían del cultivo de sus pequeñas fincas freehold ” ( freehold significa propiedad plena y libre). “Se estimaba que el ingreso medio de estos pequeños terratenientes... era de £ 60 a £ 70. Se calculó que el número de personas que cultivaban su propia tierra era mayor que el de arrendatarios que trabajaban tierras ajenas.” (Macaulay, History of England , 10ª ed., Londres, 1854, vol. I, pp. 333–334.) } Todavía a fines del siglo XVIII, más de las 4/5 partes de la población total inglesa eran agrícolas { En la 3ª y 4ª ediciones dice la frase: “Todavía en el último tercio del siglo XVII, las 4/5 partes de la masa del pueblo inglés eran agrícolas” } (Macaulay, The History of England , Londres, 1854. vol. I { En la 3ª y 4ª ediciones, ibídem en vez de lo que va del pa- réntesis } , p. 413.) Cito a Macaulay porque, en su condición de falsificador sistemático de la historia, pro- cura “podar” lo más posible hechos de esta naturaleza. (^12) 1,6 há. aproximadamente.

(^13) Nunca debe olvidarse que incluso el siervo de la gleba no sólo era propietario aunque sujeto al pago de

tributo de la parcela contigua a su propia casa, sino además copropietario de la tierra comunal. “Allí «(en Silesia)» el campesino es siervo.” No obstante, esos serfs [siervos] poseían bienes comunales. “Hasta aho- ra no se ha podido inducir a los silesianos a la partición de las comunas, mientras que en la Nueva Marca apenas hay aldea en que esa partición no se haya ejecutado con el mayor de los éxitos.” (Mirabeau, De la monarchie prussienne , Londres, 1788, t. II, pp. 125, 126.)

tro de rentas, sino en el número de sus súbditos, y éste dependía de la cantidad de cam- pesinos que trabajaban para sí mismos.^14 Por eso, aunque después de la conquista nor- manda se dividió el suelo inglés en gigantescas baronías, una sola de las cuales incluía a menudo 900 de los viejos señoríos anglosajones, estaba tachonado de pequeñas fincas campesinas, interrumpidas sólo aquí y allá por las grandes haciendas señoriales. Tales condiciones, sumadas al auge coetáneo de las ciudades, característico del siglo XV, permitieron esa riqueza popular tan elocuentemente descrita por el canciller Fortescue en su Laudibus legum Angliæ , pero excluían la riqueza capitalista.

El preludio del trastocamiento que echó las bases del modo de producción capi- talista se produjo en el último tercio del siglo XV y los primeros decenios del siglo XVI. Una masa de proletarios libres como el aire fue arrojada al mercado de trabajo por la disolución de las mesnadas feudales que, como observó correctamente sir James Steuart, “en todas partes colmaban inútilmente casas y castillos”.^15 Aunque el poder real él mismo un producto del desarrollo burgués en su deseo de acceder a la soberanía abso- luta aceleró violentamente la disolución de esas mesnadas, no constituyó, ni mucho me- nos, la única causa de ésta. Por el contrario, el gran señor feudal, tenazmente opuesto a la realeza y al parlamento, creó un proletariado muchísimo mayor al expulsar violenta- mente a los campesinos de la tierra, sobre la que tenían los mismos títulos jurídicos feu- dales que él mismo, y al usurparles las tierras comunales. En Inglaterra, el impulso di- recto para estas acciones lo dio particularmente el florecimiento de la manufactura lane- ra flamenca y el consiguiente aumento en los precios de la lana. Las grandes guerras feudales habían aniquilado a la vieja nobleza feudal; la nueva era hija de su época, y pa- ra ella el dinero era el poder de todos los poderes. Su consigna, pues, rezaba: transfor- mar la tierra de labor en pasturas de ovejas. En su Description of England. Prefixed to Holinshed’s Chronicles , Harrison describe cómo la expropiación del pequeño campesi- no significa la ruina de la campaña. “What care our great incroachers?” (¿Qué les im- porta eso a nuestros grandes usurpadores?). Violentamente se arrasaron las viviendas de los campesinos y las cottages de los obreros, o se las dejó libradas a los estragos del tiempo. “Si se compulsan”, dice Harrison, “los más viejos inventarios de cada finca se- ñorial, [...] se encontrará que han desaparecido innumerables casas y pequeñas fincas campesinas [...], que el país sostiene a mucha menos gente [...], que numerosas ciudades están en ruinas, aunque prosperan unas pocas nuevas...^16 Algo podría contar de las ciu- dades y villorrios destruidos para convertirlos en pasturas para ovejas, y en los que úni- camente se alzan las casas de los señores.” Los lamentos de esas viejas crónicas son in- variablemente exagerados, pero reflejan con exactitud la impresión que produjo en los hombres de esa época la revolución operada en las condiciones de producción. Un cote- jo entre las obras del canciller Fortescue y las de Tomás Moro muestra de manera paten- te el abismo que se abre entre el siglo XV y el XVI. La clase trabajadora inglesa, como con acierto afirma Thornton, se precipitó directamente, sin transición alguna, de la edad de oro a la de hierro.

(^14) Japón , con su organización puramente feudal de la propiedad de la tierra y su economía desarrollada de

agricultura en pequeña escala, nos proporciona una imagen mucho más fiel de la Edad Media europea que todos nuestros libros de historia, dictados en su mayor parte por prejuicios burgueses. Es demasiado có- modo, realmente, ser “liberal” a costa de la Edad Media. (^15) (W) James Steuart, An Inquiry into the Principles of Political Economy , t. I, Dublín, 1770, p. 52.

(^16) La primera parte de la cita de Harrison no concuerda exactamente con la presentación de la misma en

TI 719: “Si se compulsan los viejos inventarios de cada finca señorial... pronto se encontrará que en tal o cual finca han desaparecido diecisiete, dieciocho o veinte casas... que Inglaterra nunca estuvo menos pro- vista de gente que en la actualidad...”, etc.

the plough in the hand of the owners and not hirelings).”^21 Lo que exigía el sistema ca- pitalista era, a la inversa, una condición servil de las masas populares, la transformación de las mismas en alquilones y la conversión de sus medios de trabajo en capital. Esa an- tigua legislación procura también^22 conservar los 4 acres de tierra contigua a la cottage del asalariado agrícola , y le prohibió a éste que tomara subinquilinos en su cottage. Todavía en 1627, bajo Jacobo I,^23 se condenó a Roger Crocker, de Front Mill, por haber construido una cottage en la finca solariega de Front Mill sin asignarle los 4 acres de tierra como dependencia permanente; aun en 1638, bajo Carlos I, se designó una comi- sión real encargada de imponer la aplicación de las viejas leyes, y en particular también la concerniente a los 4 acres de tierra; todavía Cromwell prohibió la construcción de ca- sas, en 4 millas [6,4 km.] a la redonda de Londres, si no se las dotaba de 4 acres de tie- rra. Aun en la primera mitad del siglo XVIII se formulan quejas cuando la cottage del obrero agrícola no dispone como accesorio de 1 ó 2 acres [0,4 ó 0,8 há, aproximada- mente]. Hoy en día dicho obrero se considera afortunado cuando su casa tiene un huer- tecito, o si lejos de la misma puede alquilar un par de varas de tierra. “Terratenientes y arrendatarios”, dice el doctor Hunter, “operan aquí de común acuerdo. Unos pocos acres por cottage harían de los trabajadores personas demasiado independientes ”.^24

El proceso de expropinción violenta de las masas populares recibió un nuevo y terrible impulso en el siglo XVI con la Reforma y, a continuación, con la expoliación colosal de los bienes eclesiásticos. En la época de la Reforma, la Iglesia Católica era propietaria feudal de gran parte del suelo inglés. La supresión de los monasterios, etc., arrojó a sus moradores al proletariado. Los propios bienes eclesiásticos fueron objeto, en gran parte, de donaciones a los rapaces favoritos del rey, o vendidos por un precio irrisorio a arrendatarios y residentes urbanos especuladores que expulsaron en masa a los antiguos campesinos tributarios hereditarios, fusionando los predios de estos últi-

(^21) Nota a la 2ª edición. Bacon expone la conexión entre un campesinado acomodado y libre y una buena

infantería. "En lo que concierne al poder y la solidez del reino, era asombrosamente importante el hecho de que las fincas arrendadas fueran de las dimensiones suficientes como para mantener hombres capaces, liberados de la miseria, y vincular gran parte de las tierras del reino a su posesión por la yeomanry o por personas de posición intermedia entre los nobles y los cottagers { Marx traduce cottagers , entre paréntesis, por Häusler. El cottager (en latín medieval casalinus o inquilinus ) poseía por lo general una choza y una huerta de muy reducidas dimensiones, esto es, carecía de tierra suficiente como para no tener que vender parte de su fuerza de trabajo al terrateniente } y peones... Pues la opinión general entre las personas más competentes versadas en el arte de la guerra..., es que la fuerza principal de un ejército se compone de la infantería o soldados de a pie. Y para formar una buena infantería, se necesita gente que no esté educada de manera servil o en la indigencia, sino en libertad y con cierto desahogo. Es por eso que cuando un es- tado se distingue excesivamente por sus nobles y gentileshombres, mientras que los campesinos y labra- dores quedan reducidos a mera mano de obra o peones de los primeros, o incluso cottagers , es decir men- digos hospedados, ese estado podrá disponer de una buena caballería, pero nunca tendrá una infantería buena y tenaz... Vemos esto en Francia e Italia y algunas otras regiones del extranjero, donde en realidad todo se reduce a la nobleza o al campesinado miserable... a tal punto que esos países se ven obligados a emplear bandas mercenarias de suizos, etc., para formar sus batallones de infantes; de donde resulta que esas naciones tienen mucha población y pocos soldados.” ( The Reign of Henry VII... Verbatim Reprint from Kennet's [ Compleat History of ] England , ed. 1719, Londres, 1870, p. 308.) (^22) En la 3ª y 4ª ediciones: “Durante ese período de transición la legislación procuró también”...

(^23) En la 3ª y 4ª ediciones: “bajo Carlos I” { Si la fecha (1627) es correcta, también lo es la enmienda de

Engels. Jacobo I muere en 1625; en 1627 quien reinaba era su hijo Carlos I }. (^24) Doctor Hunter, en Public Health, Seventh Report. .., página 134. “La cantidad de tierra asignada” (por

las antiguas leyes) “se consideraría hoy demasiado extensa para trabajadores, y apropiada más bien para convertirlos en pequeños granjeros.” (George Roberts, The Social History of the People of the Southern Counties of England in Past Centuries , Londres, 1856, p. 184.)

mos. Se abolió tácitamente el derecho, garantizado por la ley, de los campesinos empo- brecidos a percibir una parte de los diezmos eclesiásticos.^25 “Pauper ubique iacet” [el pobre en todas partes está sojuzgado],^26 exclamó la reina Isabel al concluir una gira por Inglaterra. En el cuadragésimo tercer año de su reinado, finalmente, no hubo más reme- dio que reconocer oficialmente el pauperismo , implantando el impuesto de beneficencia. “Los autores de esta ley se avergonzaron de exponer sus razones , y por eso, violando toda tradición, la echaron a rodar por el mundo desprovista de todo preamble (exposi- ción de motivos)”.^27 Por la 16, Carolus I, 4,^28 se estableció la perpetuidad de ese im- puesto, y en realidad sólo en 1834 se le dio una forma nueva y más rigurosa.^29 Estos

(^25) “El derecho de los pobres a participar en los diezmos eclesiásticos ha sido establecido por el texto de

las viejas leyes.” (Tuckett, A History of the Past and Present State of Labouring Population , vol. II, pp. 804, 805.) (^26) Pauper ubique iacet. —Isabel I citaba a Ovidio, Fasti , I, 218: “Hoy en día nada cuenta, salvo el dinero;

la fortuna engendra honores, amistades; el pobre en todas partes está sojuzgado”. (^27) William Cobbett, A History of the Protestant Reformation , parágrafo 471.

(^28) Esto es, la cuarta de las leyes promulgadas en el decimosexto año del reinado de Carlos I.

(^29) El “espíritu” protestante puede apreciarse, entre otras cosas, en lo siguiente. En el sur de Inglaterra, di-

versos terratenientes y arrendatarios acaudalados efectuaron un conciliábulo y formularon diez preguntas en torno a la interpretación correcta de la ley de beneficencia promulgada bajo Isabel, las que sometieron al dictamen de un renombrado jurista de la época, el serjeant { Los sergeants o (para distinguirlos de los humildes sergeants [sargentos] militares) serjeants (– at–law ) (literalmente “sirvientes de la ley”) integra- ban un cuerpo superior de juristas, abolido en 1880; hasta 1873, los jueces del fuero común por norma general eran elegidos entre los serjeants. (También en España se denominó sargentos a funcionarios con atribuciones judiciales —alcaldes de corte suplentes—, pero no se trata de cargos idénticos.) } Snigge (más tarde juez bajo Jacobo I). “ Novena pregunta : Algunos de los arrendatarios acaudalados de la parro- quia han trazado un ingenioso plan, mediante el cual podrían ponerse a un lado todas las complicaciones anejas a la aplicación de la ley. Proponen que se construya una cárcel en la parroquia. A todos los pobres que se negaran a dejarse recluir en la prisión mencionada, se les dejaría de pagar el socorro. Se avisaría luego al vecindario, para que cualquier persona dispuesta a tomar en arriendo pobres de esta parroquia entregase en determinada fecha ofertas cerradas, al precio más bajo por el cual los retiraría de nuestro es- tablecimiento. Los autores de este plan suponen que en los condados vecinos hay personas reacias a traba- jar y carentes de fortuna o de crédito como para hacerse cargo de una finca o de una empresa { Marx tra- duce aquí literalmente el modismo inglés “to take a farm or ship”: “eine Pacht oder ein Schiff [barco] zu erwerben”. En este contexto ship no significa “barco”, sino empresa , negocio } y poder vivir así sin traba- jar (so as to live without labour). Estas personas podrían sentirse inclinadas a presentar ofertas muy venta- josas a la parroquia. Si, ocasionalmente, murieran bajo la tutela del contratista, la culpa recaería sobre éste , ya que la parroquia habría cumplido con sus deberes para con sus propios pobres. Tememos, sin em- bargo, que la presente ley no admite ninguna medida prudencial (prudential measure) de esta índole, pero usted habrá de saber que los demás freeholders [dueños absolutos de fincas] de este condado y del conda- do vecino se sumarán a nosotros para incitar a sus representantes en la Cámara Baja a presentar una ley que permita la reclusión y los trabajos forzados de los pobres, de tal manera que toda persona que se oponga a su reclusión pierda su derecho a recibir el socorro. Esto, esperamos, impedirá que personas en la indigencia reclamen socorros (will prevent persons in distress from wanting relief)." (R. Blakey, The His- tory of Political Literature from the Earliest Times , Londres, 1855, vol. II, pp. 84, 85.) En Escocia , la abolición de la servidumbre de la gleba se verificó siglos después que en Inglaterra. Todavía en 1698 de- claró Fletcher of Saltoun en el parlamento escocés: “El número de los pordioseros se calcula en Escocia en no menos de 200.000. El único remedio que yo, republicano por principio, puedo sugerir es restaurar el antiguo régimen de la servidumbre de la gleba, hacer esclavos de todos los que sean incapaces de ganarse el sustento”. Así Eden, en The State of the Poor , lib. I, cap. I, pp. 60, 61, dice: “De la libertad del campe- sino data el pauperismo... { En TI 722 dice esta primera frase de la cita de Eden: “La decadencia del villei- nage parece haber sido, necesariamente, la era en que se originaron los pobres”. Villeinage es un sistema de tenencia de la tierra en la Inglaterra medieval: el villain (no confundir con el villano español, que es simplemente todo aquel que no forma parte de la nobleza ni del clero) paga con trabajo gratuito ( villain service ) el permiso que se le concede de cultivar para sí mismo una parcela; de hecho suele ser un siervo, enteramente sujeto al arbitrio del señor (Milton, por ejemplo, utiliza el término villeinage como sinónimo

inauguraron la nueva era perpetrando en escala colosal el robo de tierras fiscales , prac- ticado hasta entonces sólo de manera modesta. Esos predios fueron donados, vendidos a precios irrisorios o incluso anexados por usurpación directa a fincas privadas.^35 Todo esto ocurrió sin que se observara ni en lo mínimo las apariencias legales. Los bienes fis- cales, apropiados de manera tan fraudulenta: sumados a la depredación de las tierras eclesiásticas en la medida en que las mismas no se habían perdido ya durante la revolu- ción republicana, constituyen el fundamento de los actuales dominios principescos que posee la oligarquía inglesa.^36 Los capitalistas burgueses favorecieron la operación, entre otras cosas para convertir el suelo en artículo puramente comercial, para^37 acrecentar el aflujo hacia ellos de proletarios enteramente libres procedentes del campo, etc. Actua- ban en defensa de sus intereses, tan acertadamente como los burgueses urbanos suecos , cuyo baluarte económico era el campesinado, por lo cual, estrechamente de acuerdo con éste,^38 ayudaron a los reyes a recuperar por la violencia, de manos de la oligarquía, los bienes de la corona (desde 1604, y después en los reinados de Carlos X y Carlos XI).

La propiedad comunal^39 era una institución germánica antigua que subsistió bajo el manto del feudalismo. Hemos visto cómo el violento despojo de la misma, acompa- ñado por regla general de la transformación de las tierras de labor en praderas destina- das al ganado, se inicia a fines del siglo XV y prosigue durante el siglo XVI. Pero en ese entonces el proceso se efectúa como actos individuales de violencia , contra los cua- les la legislación combate en vano a lo largo de 150 años. El progreso alcanzado en el siglo XVIII se revela en que la ley misma se convierte ahora en vehículo del robo perpe- trado contra las tierras del pueblo , aunque los grandes arrendatarios, por añadidura, apliquen también sus métodos privados menores e independientes.^40 La forma parla-

(^34) Sobre la moral privada de estos héroes burgueses véase, entre otros, este testimonio: “La gran donación

de tierras a lady Orkney en Irlanda, en 1695, son una muestra pública del afecto del rey y de la influencia de la dama... Los preciosos servicios de lady Orkney, según se supone, habrían consistido en... foeda la- biorum ministeria [torpes servicios labiales]”. (En la Sloane Manuscript Collection , que se conserva en el Museo Británico, nº 4224. El manuscrito se titula: The Charakter and Behaviour of King William, Sun- derland... as Represented in Original Letters to the Duke of Shrewsbury from Somers, Halifax, Oxford, Secretary Vernon ... Está lleno de datos curiosos. (^35) “La ilegal enajenación de los bienes de la corona, en parte por venta y en parte por donación, constituye

un capítulo escandaloso de la historia inglesa... un fraude gigantesco contra la nación (gigantic fraud on the nation).” (F. W. Newman, Lectures on Political Economy , Londres, 1851, pp. 129, 130.) {F. E. En [N. H. Evans,] Our Old Nobility. By Noblesse Oblige , Londres, 1879, puede verse en detalle cómo los actua- les latifundistas ingleses entraron en posesión de sus tierras.} (^36) Léase, por ejemplo, el folleto de Edmund Burke acerca de la casa ducal de Bedford, cuyo vástago es

lord John Russell, “the tomtit of liberalism” [el pequeñín del liberalismo]. (^37) En la 3ª y 4ª ediciones, en vez de “para”, se lee: “expandir la superficie de la gran empresa agrícola,”...

(^38) En la 3ª y 4ª ediciones, en vez de lo que va de la frase, se lee: “Por lo demás, la nueva aristocracia terra-

teniente era la aliada natural de la nueva bancocracia, de las altas finanzas recién salidas del huevo y de los grandes manufactureros, apoyados por ese entonces en los aranceles proteccionistas. La burguesía in- glesa actuaba en defensa de sus intereses tan acertadamente como los burgueses urbanos suecos , que, a la inversa, estrechamente de acuerdo con su aliado económico, el campesinado,”... (^39) En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: “radicalmente diferente de la propiedad estatal que acabamos de exa-

minar”. (^40) “Los arrendatarios prohíben a los cottagers { Ver nota 21 } mantener ningún ser vivo salvo sus propias

personas [...], so pretexto de que si criasen ganado o aves robarían ración de los graneros. Dicen, además: si mantenéis pobres a los cottagers los mantendréis diligentes. Pero el hecho real es que los arrendatarios, de esa manera, usurpan íntegramente los derechos sobre las tierras comunales .” ( A Political Enquiry into the Consequences of Enclosiny Waste Lands , Londres, 1785, p. 75.)

mentaria que asume la depredación es la de los “Bills for Inclosure of Commons” (leyes para el cercamiento de la tierra comunal), en otras palabras, decretos mediante los cua- les los terratenientes se donan a sí mismos, como propiedad privada, las tierras del pue- blo; decretos expropiadores del pueblo. Sir Francis Morton Eden refuta su propio y as- tuto alegato abogadil en que procura presentar la propiedad comunal como propiedad privada de los latifundistas que remplazan a los señores feudales , cuando exige una “ ley general parlamentaria para el cercamiento de las tierras comunales”, reconociendo, por tanto, que se requiere un golpe de estado parlamentario para convertir esas tierras en propiedad privada , y por otra parte cuando solicita al legislador una “indemnización” para los pobres expropiados.^41

Mientras que los yeomen independientes eran remplazados por tenants–a–will , arrendatarios pequeños que podían ser desalojados con preaviso de un año esto es, una caterva servil y dependiente del capricho del terrateniente, el robo sistemático perpetra- do contra la propiedad comunal, junto al despojo de los dominios fiscales, ayudó espe- cialmente a acrecentar esas grandes fincas arrendadas que en el siglo XVIII se denomi- naron granjas de capital^42 o granjas de mercaderes ,^43 y a “liberar” a la población rural como proletariado para la industria.

Sin embargo, el siglo XVIII aún no comprendía, en la misma medida en que lo comprendió el siglo XIX, la identidad existente entre riqueza nacional y pobreza popu- lar. De ahí la muy encarnizada polémica que se libra, en los escritos económicos de la época, acerca de la “ inclosure of commons ” [cercamiento de tierras comunales]. De la gran cantidad de material que tengo al alcance de la mano, tomo unos pocos pasajes en los que se da una vívida idea de la situación.

“En muchas parroquias de Hertfordshire”, escribe una pluma indignada, “24 fin- cas arrendadas, cada una con un promedio de 5O a 150 acres [De 20,2 a 60,7 há. aproximadamente.], se han fusionado en 3 fincas”.^44 “En Northamptonshire y Lincolns- hire^45 el cercamiento de las tierras comunales se ha efectuado en gran escala, y la mayor parte de los nuevos señoríos surgidos de los cercamientos ha sido convertida en prade- ras; a consecuencia de ello, en muchos señoríos en los que antes se araban 1.500 ocres [607 há.] no se cultivan ahora ni siquiera 5O acres [20,2 há.]... Las ruinas de lo que an- tes eran viviendas, graneros, establos, etcétera, son los únicos vestigios dejados por los antiguos moradores.^46 En no pocos lugares, cien casas y familias han quedado reduci- das... a 8 ó 10... En la mayor parte de las parroquias donde el cercamiento sólo comenzó a practicarse hace 15 ó 20 años, los terratenientes son muy pocos en comparación con los que cultivaban la tierra en el régimen de campos abiertos. No es nada insólito ver cómo 4 ó 5 ricos ganaderos han usurpado grandes señoríos recién cercados que antes se encontraban en manos de 20 a 30 arrendatarios y de muchos pequeños propietarios y campesinos tributarios. Todos éstos y sus familias se han visto expulsados de su propie-

(^41) Eden, The State ..., prefacio, [pp. XVII, XIX].

(^42) “Capital farms.” ( Two Letters on the Flour Trade and the Dearness of Corn. By a Person in Business ,

Londres, 1767, pp. 19, 20.) (^43) “Merchant–farms.” ( An Inquiry into the Presen High Prices of Provisions , Londres, 1767, p. 111,

nota.) Este buen trabajo, aparecido anónimamente, fue escrito por el reverendo Nathaniel Forster. (^44) Thomas Wright, A Short Address to the Public on the Monopoly of Large Farms , 1779, pp. 2, 3.

(^45) En TI 725, “Leicestershire” en vez de “Lincolnshire”.

(^46) En la 4ª edición, las palabras desde “son” hasta “moradores” quedan fuera de la cita.

consiguiente revolución de la agricultura, surten un efecto tan agudo sobre la situación de los obreros agrícolas que, según el propio Eden, entre 1765 y 1780 el salario de los mismos comenzó a descender por debajo del mínimo y a ser complementado por el so- corro oficial de beneficencia. Ese salario, dice Eden, “ya no bastaba^52 para satisfacer las necesidades vitales más elementales”.

Escuchemos un instante a un defensor de los enclosures y adversario del doctor Price: “No es correcto^53 concluir que existe despoblación porque ya no se vea a la gente derrochando su trabajo en el campo abierto. Si hay menos de ellos en el campo, hay más de ellos en las ciudades...^54 Si, luego de la conversión de los pequeños campesinos en gente que se ve obligada a trabajar para otros, se pone en movimiento más trabajo , ésta es una ventaja que la nación ” (a la que no pertenecen, naturalmente, quienes expe- rimentan la conversión mencionada) “tiene necesariamente que desear... El producto se- rá mayor cuando su trabajo combinado se emplee en una sola finca; de esta manera se formará plusproducto para las manufacturas, y gracias a ello las manufacturas una de las minas de oro de esta nación aumentarán en proporción a la cantidad de grano produci- da”.^55

La imperturbabilidad estoica con que el economista contempla la violación más descarada del “sagrado derecho de propiedad” y los actos de violencia más burdos co- ntra las personas, siempre y cuando sean necesarios para echar las bases del modo capi- talista de producción, nos la muestra, entre otros, el “filantrópico” Eden, tendenciosa- mente tory, además. Toda la serie de robos, ultrajes y opresión que acompaña a la ex- propiación violenta del pueblo, desde el último tercio del siglo XV hasta fines del XVIII, sólo induce a Eden a formular esta “confortable” reflexión final: “ Era necesario establecer la proporción correcta (due) entre las tierras de labor y las pasturas. Toda- vía durante todo el siglo XIV y la mayor parte del XV, por cada acre de praderas para el ganado se dedicaban 2, 3 y hasta 4 acres a la labranza. A mediados del siglo XVI la proporción se había transformado en 2 acres de pasturas por cada 2 de tierra laborable; más tarde aquélla fue de 2 acres de pasturas por acre de tierra labrantía, hasta que final-

en general, que los detalles atribuidos a la misma por historiadores muy posteriores, como Licinio Macer, han sido tomados en préstamo de leyes del tiempo de los Gracos, por ejemplo de la ley agraria de 145 (lex rogata Licinia agraria) }. El servicio militar, que tanto aceleró la ruina de los plebeyos romanos, fue tam- bién uno de los medios fundamentales empleados por Carlomagno para fomentar, como en un invernade- ro, la transformación de los campesinos alemanes libres en siervos { En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: “y campesinos semilibres” } { Siervos y campesinos semilibres (Hörige und Leibeigener). —No siempre es posible establecer una distinción neta entre el Hörig y el Leibeigener denominaciones que muchas veces se entrecruzan o se superponen. Pero, en general, mientras que el Hörig era glebæ adscriptus (no podía ser enajenado sin la tierra, ni la tierra sin él), el Leibeigener a veces no lo era —lo ligaba al señor, más bien, una relación de dependencia de tipo personal—, lo que en ciertos casos allanaba su pasaje a la con- dición de hombre libre }. (^52) En la 4ª edición, “bastaba únicamente” en vez de “no bastaba” { La corrección de Engels ajusta la cita al

original inglés, según TI 727: “Their wages, he says, «were not more than enough for the absolute neces- saries of life»”. }. (^53) En la 4ª edición, “Es absolutamente falso” en vez de “No es correcto” { También aquí la enmienda in-

troducida por Engels ajusta el texto al original inglés (TI 727) }. (^54) En la 4ª edición se suprime esta frase.

(^55) [J. Arbuthnot,] An Inquiry into the Connection between the Present Prices of Provisions ..., pp. 124,

  1. En términos similares, pero con una tendencia contraria: “Se expulsa a los trabajadores de sus chozas y se los obliga a trasladarse a las ciudades en busca de empleo...; pero de esa manera se obtiene un exce- dente mayor y se acrecienta el capital ”. ([R. B. Seeley,] The Perils of the Nation , 2ª ed., Londres, 1843, p. XIV.)

mente se alcanzó la proporción correcta de tres acres de dehesas por acre de tierra la- borable ”.

En el siglo XIX, como es natural, se perdió hasta el recuerdo de la conexión que existía entre el campesino y la propiedad comunal. Para no hablar de tiempos posterio- res, ¿qué farthing [cuarto de penique] de compensación percibió entonces la población rural por los 3.511.770 acres [1.421.097 há.] de tierras comunales que le fueron arreba- tadas entre 1801^56 y 1831, y que los terratenientes donaron a los terratenientes a través del parlamento?

El último gran proceso de expropiación que privó de la tierra al campesino fue el llamado clearing of estates (despejamiento de las fincas, que consistió en realidad en barrer de ellas a los hombres). Todos los métodos ingleses considerados hasta ahora cul- minaron en el “despojamiento”. Como se vio al describir la situación moderna en la sec- ción anterior, ahora, cuando ya no quedan campesinos independientes a los que barrer, se ha pasado al “despojamiento” de las cottages , de tal suerte que los trabajadores agrí- colas ya no encuentran el espacio necesario para su propia vivienda ni siquiera en el suelo cultivado por ellos.^57 Con todo, el “clearing of estates” propiamente dicho se dis- tingue por el carácter más sistemático, la magnitud de la escala en que se practica la operación de una sola vez (en Escocia en áreas tan grandes como principados alemanes) y por la forma peculiar de la propiedad del suelo que, con tanta violencia, se transforma en propiedad privada. Esta propiedad era la propiedad del clan; el jefe o “gran hombre” sólo era propietario titular en cuanto representante del clan, tal como la reina de Ingla- terra es la propietaria titular del suelo inglés.^58 Esta revolución, que comenzó en Escocia después del último levantamiento del Pretendiente,^59 puede seguirse en sus primeras fa-

(^56) En Marx–Engels, Werke : “1810”.

(^57) En la 3ª y 4ª ediciones, en lugar de las dos frases siguientes, figura este texto: “Pero el significado real y

propio de «clearing of estates» sólo lo podremos aprender en la tierra prometida de la moderna literatura novelística, en las Highlands escocesas. Allí el proceso se distingue por su carácter sistemático, por la magnitud de la escala en que se lo aplicó de un solo golpe (en Irlanda hubo terratenientes que se las inge- niaron para barrer varias aldeas de una sola vez; en las Highlands se trata de áreas del tamaño de princi- pados alemanes), y finalmente por la forma particular de la propiedad raíz sustraída. “Los celtas de las Highlands se agrupaban en clanes, cada uno de los cuales era el propietario del suelo en que se asentaba. El representante del clan, su jefe o «gran hombre», no era más que el propietario titular de ese territorio, exactamente del mismo modo que la reina de Inglaterra es la propietaria titular de todo el suelo de la nación. Una vez que el gobierno inglés hubo logrado suprimir las guerras internas de estos «grandes hombres» y sus continuas incursiones en las llanuras de las tierras bajas escocesas, los je- fes clánicos no abandonaron, ni mucho menos, su viejo oficio de bandoleros; se limitaron a modificar la forma. Por propia autoridad, transformaron su derecho titular de propiedad en derecho de propiedad pri- vada, y como la gente del clan opuso resistencia, decidieron desahuciarlos desembozadamente por la vio- lencia. «Con el mismo derecho, un rey de Inglaterra podría arrogarse el derecho de echar sus súbditos al mar», dice el profesor Newman” { Nota idéntica a la 213 de la 2ª edición. } (^58) “A king of England might as well claim to drive his subjects into the sea.” (F. W. Newman, Lectures on

Political Economy , p. 132.) (^59) Ultimo levantamiento del Pretendiente. —El nieto del destronado Jacobo II de Inglaterra, Carlos

Eduardo Estuardo (“Carlos III” o el “Joven Pretendiente”, para distinguirlo de su padre el “Viejo Preten- diente”), encabezó en 1745 un levantamiento en Escocia; luego de un éxito inicial de sus Highlanders en Prestonpans, fue derrotado decisivamente en Culloden Moor. Aunque reaccionario en su esencia, el inten- to del Joven Pretendiente provocó el terror de la gran burguesía inglesa (corrida bancaria del Viernes Ne- gro el 6 de diciembre de 1745) y la adhesión de campesinos desalojados de sus tierras y de obreros que veían en la insurrección una posibilidad de cambio; todavía en 1750, por ejemplo, los mineros del carbón en huelga proclaman rey al Joven Pretendiente.

ingleses de los arrendatarios. En 1825 los 15.000 gaélicos habían sido remplazados ya por 131.000 ovejas. La parte de los aborígenes arrojada a orillas del mar procuró vivir de la pesca. Se convirtieron en anfibios y vivieron, como dice un escritor inglés, a me- dias en tierra y a medias en el agua, no viviendo, pese a todo eso, más que a medias.^64

Pero los bravos gaélicos debían expiar aun más acerbamente su romántica idola- tría de montañeses por los “grandes hombres” del clan. El olor a pescado se elevó hasta las narices de los grandes hombres. Estos husmearon la posibilidad de lucrar con el asunto y arrendaron la orilla del mar a los grandes comerciantes londinenses de pescado. Los gaélicos se vieron expulsados por segunda vez.^65

Pero, por último, una parte de las pasturas para ovejas fue convertida a su vez en cotos de caza. En Inglaterra, como es sabido, no hay bosques auténticos. Los venados que vagan por los parques de los grandes señores son animales incuestionablemente domésticos, gordos como los aldermen [regidores] de Londres. De ahí que Escocia se haya convertido en el último asilo de la “noble pasión”. “En las Highlands”, dice So- mers en 1848, “las zonas boscosas se han expandido mucho. Aquí, a un lado de Gaick, tenemos el nuevo bosque de Glenfeshie y allí, al otro lado, el nuevo bosque de Ardveri- kie. En la misma línea, encontramos el Bleak–Mount, un enorme desierto, recién inau- gurado. De este a oeste, de las inmediaciones de Aberdeen hasta las rocas de Oban, se observa una línea continua de bosques, mientras que en otras zonas de las Highlands se encuentran los nuevos bosques de Loch Archaig, Glengarry, Glenmoriston, etc.... La transformación de su tierra en pasturas de ovejas empujó a los gaélicos hacia tierras es- tériles. Ahora, el venado comienza a sustituir a la oveja [...] y empuja a aquéllos a [...] una miseria aun más anonadante... Los bosques de venados^66 y el pueblo no pueden co- existir. Uno de los dos, inevitablemente, ha de ceder la plaza. Si en el próximo cuarto de siglo dejamos que los cotos de caza sigan creciendo en número y en tamaño como du- rante los últimos 25 años, pronto no será posible encontrar a ningún montañés de Esco- cia en su suelo natal [...]. Este movimiento entre los propietarios de las Highlands se de- be en parte a la moda, a los pruritos aristocráticos y a las aficiones venatorias, etc. [...], pero en parte practican el negocio de la caza exclusivamente con el ojo puesto en la ga- nancia. Es un hecho, en efecto, que un pedazo de montaña, arreglado como vedado de caza, en muchos casos es incomparablemente más lucrativo que como pradera para ove- jas... El aficionado que busca un coto de caza sólo limita su oferta por la amplitud de su

(^64) Cuando la actual duquesa de Sutherland recibió en Londres con gran boato a Mrs. Beecher–Stowe, la

autora de Uncle Tom's Cabin [ La cabaña del tío Tom ], para ufanarse de su simpatía por los esclavos ne- gros de la república norteamericana simpatía que, al igual que sus aristocráticas cofrades se guardó muy sabiamente de manifestar durante la Guerra de Secesión, cuando todo corazón inglés “noble” latía por los esclavistas, expuse en la New–York Tribune la situación de los esclavos de la Sutherland. (Carey, en The Slave Trade , Filadelfia, 1853, pp. 202, 203, recogió pasajes de esa nota.) Mi artículo fue reproducido por un periódico escocés y provocó una bonita polémica entre éste y los sicofantes de los Sutherlands { Marx se refiere a su articulo “From Elections–Financial Clouds–The Duchess of Sutherland and Slavery”, pu- blicado en la New–York Daily Tribune el 9 de febrero de 1853 y reproducido parcialmente el 12 de marzo de ese año en The People's Paper. En esa nota periodística Marx anticipa casi todo el material que figura en las páginas de El capital dedicadas a la expropiación de los campesinos gaélicos. }. (^65) Datos interesantes sobre ese negocio del pescado se encuentran en Portfolio, New Series , del señor Da-

vid Urquhart. Agregado a la 2ª edición. En su obra póstuma, citada más arriba, Nassau William Senior ca- lifica “al procedimiento en Sutherlandshire” de “uno de los despejamientos (clearings) más benéficos que registra la memoria humana”. (Journals, Conversations and Essays Relating to Ireland [, p. 282].) (^66) Nota a la 2ª edición. Los “deer forests” (bosques de venados) de Escocia no contienen un solo árbol. Se

quita de en medio a las ovejas y se introduce a los ciervos en las montañas peladas, y a eso se lo llama “deer forest”. ¡Ni siquiera forestación, pues!

bolsa... En las Highlands se han infligido sufrimientos no menos crueles que los que impuso a Inglaterra la política de los reyes normandos. A los ciervos se les deja espacio libre para que correteen a sus anchas, mientras se acosa a los hombres, hacinándolos en círculos cada vez más estrechos... Se confiscan una tras otra las libertades del pueblo... Y la opresión aumenta día a día... Los propietarios practican los despejamientos y el desalojo del pueblo como un principio establecido, como una necesidad de la agricultu- ra, del mismo modo como se rozan el bosque y el sotobosque en las zonas despobladas y fragosas de América y Australia, y la operación prosigue su marcha tranquila y rutina- ria.”^67

(^67) Robert Somers, Letters from the Highlands; or, the Famine of 1847 , Londres, 1848, pp. 12–28 y pás-

sim. Estas cartas aparecieron originariamente en el Times. Los economistas ingleses, naturalmente, atri- buyeron la hambruna soportada por los gaélicos en 1847 a la... sobrepoblación de los mismos. No cabe duda, claro, de que “ejercieron presión” sobre sus medios alimentarios. El “clearing of estates” o, como se denomina en Alemania, “ Bauernlegen ” [expulsión de los campesinos], en este último país se hizo sentir de manera particularmente aguda después de la Guerra de los Treinta Años, y todavía en 1790 provocó rebeliones campesinas en el electorado de Sajonia. Prevaleció especialmente en Alemania oriental. En la mayor parte de las provincias de Prusia, Federico II aseguró por primera vez el derecho de propiedad a los campesinos. Tras la conquista de Silesia, obligó a los terratenientes a restituir las chozas, graneros, etc., y a proveer de ganado y aperos de labranza a las fincas campesinas. Necesitaba soldados para su ejército y contribuyentes para el erario. Por lo demás, el siguiente pasaje de Mirabeau uno de sus admiradores nos permitirá apreciar qué placentera vida llevaban los campesinos bajo el caos financiero de Federico y su revoltijo gubernamental de despotismo, burocracia y feudalismo: “El lino, en efecto, constituye una de las grandes riquezas del cultivador en el norte de Alemania. Lamentablemente para la especie humana, no es más que un paliativo contra la miseria, y no un medio de bienestar: los impuestos directos, las prestacio- nes personales, las servidumbres de toda índole, abruman al campesino alemán, que además paga impues- tos indirectos en todo lo que compra... Y para colmo de desgracia, no se atreve a vender sus productos dónde y cómo quiere, no se atreve a comprar lo que necesita a los comerciantes que podrían suministrár- selo a precios mejores. Todas estas causas lo arruinan de manera insensible, y no se encontraría en condi- ciones de pagar los impuestos directos en su vencimiento si no fuera por la hilandería; esta tarea le pro- porciona una fuente de recursos, puesto que ocupa útilmente a su mujer, los niños, los sirvientes, los cria- dos, y a él mismo, ¡pero qué penosa es su vida, pese a ese socorro! En verano labora como un condenado a trabajos forzosos, arando y cosechando, se acuesta a las 9 de la noche y se levanta a las 2 de la mañana para dar abasto en su trabajo; en invierno tendría que reparar energías, tomándose un descanso mayor, pe- ro si se deshiciera de los productos que tiene que vender para poder pagar los impuestos, le faltaría el gra- no para el pan y la simiente. Hay que hilar, pues, para llenar ese vacío... y hay que hacerlo con la mayor asiduidad. Así, en invierno el campesino se acuesta a medianoche o a la una y se levanta a las cinco o las seis, o bien va a la cama a las nueve y se levanta a las dos, y así todos los días de su vida, salvo el domin- go. Este exceso de vela y de trabajo desgasta a las personas, y de ahí que hombres y mujeres envejezcan mucho más prematuramente en la campaña que en las ciudades”. (Mirabeau, De la monarchie ..., t. III, pp. 212 y ss.) Agregado a la 2ª edición. En abril { Debería decir: “marzo” } de 1866, a 18 años de publicarse la obra de Robert Somers citada en el texto, el profesor Leone Levi pronunció una conferencia en la Society of Arts { La Society of Arts arld Trades (Sociedad de Artes y Oficios), fundada en 1754, tenía por finali- dad la “promoción de artes y oficios y del comercio” y efectuaba investigaciones sobre la situación fabril } sobre la transformación de las pasturas para ovejas en bosques de venados. Describe allí los avances de la devastación en las Highlands. Dijo en su disertación, entre otras cosas: “La despoblación y la transforma- ción en simples pasturas de ovejas eran los medios más cómodos para obtener un ingreso sin necesidad de invertir... En las Highlands, un cambio frecuente era el de que un deer forest [bosque de venados] rempla- zara a una pradera para ovinos. Bestias salvajes [...] desplazaban a las ovejas, así como antes se había desplazado a los hombres para hacer lugar a éstas... Se puede caminar desde las fincas del conde de Dal- housie en Forfashire hasta John o'Groats sin abandonar nunca la zona de bosques... E muchos” (de esos bosques) “se han aclimatado el zorro, el gato salvaje, la marta, el turón, la comadreja y la liebre alpina, mientras que desde poco tiempo atrás el conejo, la ardilla y la rata se han abierto camino hacia la región. Enormes fajas de terreno que en las estadísticas escocesas figuran como praderas de fertilidad y extensión excepcionales, están excluidas actualmente de todo cultivo y de toda mejora, y se las dedica únicamente al placer cinegético de unas pocas personas durante un breve período del año”.

bajar” (to put himself to labour). ¡Qué cruel ironía! En 27 Enrique VIII^68 se reitera la ley anterior, pero diversas enmiendas la han vuelto más severa. En caso de un segundo arresto por vagancia, ha de repetirse la flagelación y cortarse media oreja al infractor, y si se produce una tercera detención, se debe ejecutar al reo como criminal inveterado y enemigo del bien común.

Eduardo VI : una ley del primer año de su reinado, 1547, dispone que si alguien rehúsa trabajar se lo debe condenar a ser esclavo de la persona que lo denunció como vago. El amo debe alimentar a su esclavo con pan y agua, caldos poco sustanciosos y los restos de carne que le parezcan convenientes. Tiene derecho de obligarlo látigo y cadenas mediante a efectuar cualquier trabajo, por repugnante que sea. Si el esclavo se escapa y permanece prófugo por 15 días, se lo debe condenar a la esclavitud de por vida y marcarlo a hierro candente con la letra S^69 en la frente o la mejilla, si se fuga por se- gunda^70 vez, se lo ejecutará como reo de alta traición. El dueño puede venderlo, legarlo a sus herederos o alquilarlo como esclavo, exactamente al igual que cualquier otro bien mueble o animal doméstico. Si los esclavos atentan de cualquier manera contra sus amos, deben también ser ejecutados. Los jueces de paz, una vez recibida una denuncia, deben perseguir a los bribones. Si se descubre que un vagabundo ha estado holgaza- neando durante tres días, debe trasladárselo a su lugar de nacimiento, marcarle en el pe- cho una letra V^71 con un hierro candente y ponerlo allí a trabajar, cargado de cadenas, en los caminos o en otras tareas. Si el vagabundo indica un falso lugar de nacimiento, se lo condenará a ser esclavo vitalicio de esa localidad, de los habitantes o de la corpora- ción, y se lo marcará con una S. Toda persona tiene el derecho de quitarles a los vaga- bundos sus hijos y de retener a éstos como aprendices: a los muchachos hasta los 24 años y a las muchachas hasta los 20 años. Si huyen, se convertirán, hasta esas edades, en esclavos de sus amos, que pueden encadenarlos, azotarlos, etc., a su albedrío. Es líci- to que el amo coloque una argolla de hierro en el cuello, el brazo o la pierna de su es- clavo, para identificarlo mejor y que esté más seguro.^72 La última parte de la ley dispo- ne que ciertos pobres sean empleados por la localidad o los individuos que les den de comer y beber y que les quieran encontrar trabajo. Este tipo de esclavos parroquiales subsistió en Inglaterra hasta muy entrado el siglo XIX, bajo el nombre de roundsmen (rondadores).

Isabel, 1572: a los mendigos sin licencia, mayores de 14 años, se los azotará con todo rigor y serán marcados con hierro candente en la oreja izquierda en caso de que nadie quiera tomarlos a su servicio por el término de dos años ; en caso de reincidencia, si son mayores de 18 años, deben ser... ajusticiados, salvo que alguien los quiera tomar

(^68) Ley del año vigesimoséptimo del reinado de Enrique VIII.

(^69) Inicial de “slave” (esclavo).

(^70) En el original: “tercera”.

(^71) Inicial de “vagabond” (vagabundo).

(^72) El autor del Essay on Trade ..., 1770, observa: “Durante el gobierno de Eduardo VI, los ingleses parecen

haberse dedicado realmente y con toda seriedad a fomentar las manufacturas y dar ocupación a los po- bres. Esto nos lo muestra una ley notable, según la cual se debe marcar con hierro candente a todos los vagabundos”, etcétera. ( Ibídem , p. 5.)

por dos años a su servicio ; a la segunda^73 reincidencia, se los ejecutará sin merced, co- mo reos de alta traición. Leyes similares: 18 Isabel c. 13^74 y 1597.^75

Jacobo I : toda persona que ande mendigando de un lado para otro es declarada gandul y vagabundo. Los jueces de paz, en las petty sesions [sesiones de menor impor- tancia], están autorizados a hacerla azotar en público y a condenarla en el primer arresto a 6 meses y en el segundo a 2 años de cárcel. Durante su estada en la cárcel recibirá azo- tes con la frecuencia y en la cantidad que el juez de paz considere conveniente... Los gandules incorregibles y peligrosos serán marcados a fuego con la letra R^76 en el hom- bro izquierdo, y si nuevamente se les echa el guante mientras mendigan, serán ejecuta- dos sin merced y sin asistencia eclesiástica.^77 Estas disposiciones, legalmente vigentes hasta comienzos del siglo XVIII, no fueron derogadas sino por 12 Ana c. 23.

Leyes similares se promulgaron en Francia, donde a mediados del siglo XVII, en París, se había establecido un reino de los vagabundos (royaume des truands). Todavía en los primeros tiempos del reinado de Luis XVI (ordenanza del 13 de julio de 1777), se dispuso que todo hombre de constitución sana, de 16 a 60 años de edad, que careciera de medios de existencia y no ejerciera ninguna profesión, fuera enviado a galeras. De la misma índole son la ley de Carlos V para los Países Bajos fechada en octubre de 1537, el primer edicto de los estados y ciudades de Holanda promulgado el 19 de marzo de 1614 y el bando de las Provincias Unidas del 25 de junio de 1649, etcétera.

De esta suerte, la población rural, expropiada por la violencia, expulsada de sus tierras y reducida al vagabundaje, fue obligada a someterse, mediante una legislación

(^73) En el original: “tercera”.

(^74) El número que precede al nombre del monarca indica el año del reinado de éste en que se promulgó la

ley; el que lo sigue, el número de esa ley entre las dictadas el año mencionado. (^75) Nota a la 2ª edición. Tomás Moro dice en su Utopía : “Y ocurre así que un glotón codicioso e insacia-

ble, verdadera peste de su país natal, puede reunir y cercar con una empalizada o un seto miles de acres de tierra, o por violencia y fraude acosar tanto a sus propietarios que éstos se ven obligados a venderlo todo. Por un medio o por otro, a todo trance, se los obliga a partir, ¡pobres seres sencillos y míseros! Hombres, mujeres, maridos y esposas, huérfanos, viudas, madres quejumbrosas con sus niños de pecho, y toda la familia, escasa de recursos pero numerosa, ya que la agricultura necesita muchos brazos. Se apartan, arrastrándose, de sus lugares conocidos y habituales, sin encontrar lugar donde reposar; la venta de todos sus enseres domésticos, aunque de valor poco considerable, en otras circunstancias les habría producido cierta entrada; pero, al ser arrojados súbitamente a la calle, se vieron obligados a vender todo a precios irrisorios. Y una vez que han vagabundeado hasta gastar el último penique, ¿qué otra cosa pueden hacer que robar y entonces, ¡vive Dios!, ser colgados con todas las formalidades de la ley, o dedicarse a la men- dicidad? Pero también entonces se los echa a la cárcel como vagabundos, porque andan de un lado para otro y no trabajan; ellos, a quienes nadie da trabajo por más ahincadamente que se ofrezcan”. De estos pobres fugitivos, de los que Tomás Moro afirma que se los obligaba a robar, “se ejecutaron 72.000 ladro- nes grandes y pequeños durante el reinado de Enrique VIII”. (Holinshed, Description of England ..., vol. I, p. 186.) En tiempos de Isabel, a los “gandules se los colgaba en hileras; aun así, no pasaba un año en que no se ahorcaran 300 ó 400 en un lugar o en otro”. (Strype, Annals of the Reformation and Establishment of Religion, and Other Various Occurrences in the Church of England During Queen Elisabeth's Happy Reign , 2ª ed., 1725, vol. II.) En Somersetshire, según el mismo Strype, en un solo año fueron ejecutadas 40 personas, 35 marcadas con hierros candenes, 37 flageladas, y se liberó a 183 “malvados incorregibles”. Sin embargo, dice este autor, “el gran número de los acusados no comprende ni siquiera 1/5 de los verda- deros delincuentes, gracias a la negligencia de los jueces de paz y a la necia compasión del pueblo”. Y añade: “Los otros condados de Inglaterra no se encontraban en mejor situación que Somersetshire, y en muchos ésta era aun peor”. (^76) Inicial de “rogue” (gandul, vago).

(^77) En la 4ª edición no figuran las palabras “y sin asistencia eclesiástica”.