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Asignatura: Microbiologia, Profesor: , Carrera: Biologia, Universidad: UIB
Tipo: Apuntes
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James W. Ironside
Publicado por la Federación Mundial de Hemofilia (FMH), 2009
© World Federation of Hemophilia, 2009
La FMH alienta la redistribución de sus publicaciones por organizaciones de hemofilia sin fines de lucro con propósitos educativos. Para obtener la autorización de reimprimir, redistribuir o traducir esta publicación, por favor comuníquese con el Departamento de Comunicación a la dirección indicada abajo.
Esta publicación se encuentra disponible en la página Internet de la Federación Mundial de Hemofilia, www.wfh.org. También pueden solicitarse copias adicionales a:
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El objetivo de la serie Tratamiento de la hemofilia es proporcionar información general sobre el tratamiento y manejo de la hemofilia. La Federación Mundial de Hemofilia no se involucra en el ejercicio de la medicina y bajo ninguna circunstancia recomienda un tratamiento en particular para individuos específicos. Las dosis recomendadas y otros regímenes de tratamiento son revisados continuamente, conforme se reconocen nuevos efectos secundarios. La FMH no reconoce, de modo explícito o implícito alguno, que las dosis de medicamentos u otras recomendaciones de tratamiento en esta publicación sean las adecuadas. Debido a lo anterior, se recomienda enfáticamente al lector buscar la asesoría de un consejero médico y/o consultar las instrucciones impresas que proporciona la compañía farmacéutica, antes de administrar cualquiera de los medicamentos a los que se hace referencia en esta monografía.
Las afirmaciones y opiniones aquí expresadas no necesariamente representan las opiniones, políticas o recomendaciones de la Federación Mundial de Hemofilia, de su Comité Ejecutivo o de su personal.
Monografías sobre El tratamiento de la hemofilia Editor de la serie Dr. Sam Schulman
Dr. James W. Ironside Professor of Clinical Neuropathology and Honorary Consultant Neuropathologist National Creutzfeldt-Jakob Disease Surveillance Unit Division of Pathology, School of Molecular and Clinical Medicine University of Edinburgh Western General Hospital EH4 2XU United Kingdom Tel.: 44 131 537 1980 Fax : 44 131 343 1404 Correo-e: [email protected]
La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ) forma parte de un grupo de enfermedades conocidas como encefalopatías espongiformes transmisibles (EET) o enfermedades priónicas [1, 2]. Éstas constituyen trastornos poco comunes y mortales que dan lugar a la destrucción progresiva del sistema nervioso. En animales, los mejores ejemplos conocidos son el scrapie (tembladera) en ovinos, y la encefalopatía espongiforme bovina (EEB, también conocida como la enfermedad de la vaca loca) en reses. Las enfer- medades priónicas humanas constituyen un singular grupo de trastornos neurológicos que incluyen la ECJ, el síndrome Gerstmann-Sträussler-Scheinker, y el insomnio letal familiar.
Las enfermedades priónicas humanas presentan síntomas neurológicos progresivos y provocan la muerte, por lo general después de un periodo de varios meses. Si bien no existe una cura, se realizan extensos esfuerzos para encontrar un método de tratamiento o paliativo para las enfermedades priónicas.
Recientemente, el brote de una nueva forma de la ECJ en humanos (conocida como variante de la ECJ ó vECJ) se relacionó con el consumo de carne infectada con EEB. En el Reino Unido (RU), posteriormente se descubrió que un puñado de casos había tenido su origen en transfusiones de sangre proveniente de donantes infectados. Por tanto, la comunidad de trastornos de la coagulación ha estado preocupada por el potencial de transmisión de la vECJ a través de hemoderivados contaminados. Si bien hasta ahora no se han identificado tales casos clínicos, es necesaria una vigilancia continua.
La naturaleza del agente transmisible que provoca las EET ha sido objeto de intenso debate durante muchas décadas. Los primeros estudios sobre el agente causante del scrapie señalaban que era de tamaño pequeño y notablemente resistente a los métodos de descontaminación más convencionales
(incluyendo fijación en formaldehido, exposición a temperaturas elevadas y, sorprendentemente, a la degradación por enzimas que destruyen ácidos nucleicos, los componentes básicos del ADN). Los ácidos nucleicos se encuentran en todos los organismos vivientes y son necesarios para la supervivencia y la reproducción. A pesar de muchos intentos, hasta ahora nadie ha encontrado pruebas contundentes de un componente de ADN en el agente infeccioso de las EET.
En 1982, Stanley Prusiner propuso por primera vez su hipótesis del prión , la cual sugería que el agente responsable de las EET estaba compuesto en su totalidad por una proteína (la proteína “priónica”) [3]. Su teoría fue sumamente controvertida porque iba en contra de las leyes fundamentales de la biología molecular, que establecen que todos los agentes infecciosos deberían estar formados por ADN para poder reproducirse.
Unos cuantos años después se descubrió el gen que codifica a la proteína priónica, en células tanto normales como infectadas. Prusiner llegó a la conclusión de que el agente transmisible era de hecho una versión anormal (mal plegada) de la proteína priónica, que normalmente se encuentra en la superficie externa de las células. Las enfermedades priónicas parecen ser el resultado de una acumulación de esta proteína anormal en las células del sistema nervioso central.
En los seres humanos, el gen de la proteína priónica (PRNP) se ubica en el brazo corto del cromosoma 20. Codifica a una proteína precursora de 253 aminoácidos [2, 4] que normalmente está cortada, glicosilada y anclada a la superficie externa de la membrana celular. La forma celular normal de la proteína priónica (PrPC) se produce en muchos tejidos, entre ellos músculo esquelético, células dendríticas foliculares, plaquetas y células endoteliales , pero su mayor concentración se encuentra en las neuronas (células nerviosas) del sistema nervioso central [2].
La PrPC^ tiene una semivida corta, se disuelve en agua y es fácilmente degradada por enzimas proteolíticas [5]. Se desconoce la función exacta de la PrPC, aunque se han propuesto varias posibilidades, entre ellas
James W. Ironside
de reducir las posibilidades de diseminación de la enfermedad de persona a persona.
Las enfermedades priónicas humanas pueden clasi- ficarse como esporádicas, genéticas o infecciosas (cuadro 1) [1, 2]. Los casos esporádicos ocurren en patrones irregulares, diseminados e impredecibles. Los casos genéticos se transmiten de padres a hijos, mientras que las formas infecciosas se adquieren ya sea por material contaminado (por ejemplo, carne o sangre) o por contacto de persona a persona.
Esporádicas: Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob esporádica Insomnio letal esporádico
Genéticas: Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob familiar Insomnio letal familiar Síndrome Gerstmann-Sträussler- Scheinker y variantes
Infecciosas: Fuente bovina: variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob Fuente humana: Kuru Fuente iatrogénica : enfermedad de Creutzfeldt-Jakob
La enfermedad priónica humana más común es la forma esporádica de la ECJ. Se ha encontrado en todas las regiones del mundo con una sorprendente incidencia uniforme de alrededor de 1.5 casos por
millón de población, por año [10]. Se desconocen las causas de la ECJ esporádica, aunque se han sugeri- do diversas posibilidades, entre ellas un efecto ambiental (desconocido) o sucesos aleatorios que resultan en la producción espontánea de PrPSc en el cerebro [2, 10].
La genética podría intervenir en el desarrollo de la ECJ esporádica. Existe una variación genética natural ( polimorfismo ) en el codón 129 del gen PRNP [2, 4] que puede codificar ya sea para metionina (M) o valina (V). La mayoría de la población caucásica normal es heterocigota (MV) para este codón (cuadro 2) [11]. Sin embargo, entre los casos de ECJ esporádica hay una predominancia de homocigotas , particular- mente para metionina (MM) (cuadro 2). El significado biológico de esta observación es incierto, aunque sí parece indicar un factor de riesgo genético para la ECJ esporádica.
La ECJ esporádica se manifiesta en un amplio rango de edades, aunque la mayoría de los casos ocurren en la séptima década de la vida [10, 11]. Hombres y mujeres resultan igualmente afectados. La mayoría de los pacientes presenta demencia de progresión rápida acompañada de otros síntomas neurológicos, en particular ataxia , espasmos musculares, anormal- idades visuales y signos piramidales y extrapirami- dales. A diferencia de otras enfermedades demenciales más comunes, como la enfermedad de Alzheimer, la ECJ esporádica avanza rápidamente y los pacientes mueren dentro de los seis meses siguientes a la aparición de la enfermedad [10, 11].
Se han realizado varios estudios de caso control a fin de investigar si la transfusión de sangre constituye un factor de riesgo para la ECJ esporádica, y las
Polimorfismos del codón 129 del gen de la proteína priónica (%)
MM MV VV
Población normal^39 50
ECJ esporádica^71 13
Variante de la ECJ^100 -^ -
(M=metionina, V=valina)
pruebas parecen ser tranquilizadoras en el sentido de que este no es el caso [12, 13]. A pesar de argu- mentaciones ocasionales respecto a que la sangre de pacientes con ECJ esporádica es infecciosa (revisadas por Brown [14]), estudios neuropatológicos de personas con hemofilia fallecidas no han revelado ningún caso de enfermedad priónica preclínica o no diagnosticada y, hasta ahora, no hay pruebas epidemiológicas que indiquen que las personas que reciben grandes cantidades de hemoderivados o transfusiones de sangre corran un mayor riesgo de desarrollar ECJ iatrogénica [15, 16].
Las enfermedades priónicas humanas hereditarias incluyen la forma familiar de la ECJ, el síndrome Gerstmann-Sträussler-Scheinker, y el insomnio letal familiar [1-4]. Todas se heredan como trastornos autosómicos dominantes con un alto grado de penetrancia. Cada una está relacionada con mutaciones patogénicas en el gen PRNP (mutaciones puntuales o inserciones en regiones de octapéptidos repetidos) que parecen afectar la estabilidad de la PrPC, haciendo más probable su plegamiento anormal como PrPSc. Existen más de 30 mutaciones patogénicas del gen PRNP y las inserciones actualmente identificadas están relacionadas con una diversidad de características y síntomas que abarcan un amplio rango de trastornos neuropsiquiátricos [17]. Los estudios patológicos de estos trastornos poco comunes (que juntos equivalen a solo el 10% de todas las enfermedades priónicas humanas) son más limitados que los de la ECJ esporádica, pero hay pocas pruebas que indiquen que la infecciosidad de la PrPSc^ esté presente fuera del sistema nervioso central [17].
La primera enfermedad priónica humana infecciosa en ser identificada fue el kuru, un trastorno que en los años cincuenta alcanzó proporciones epidémicas entre la población fore de Papua Nueva Guinea. Esta enfermedad se transmitía a través del endocanibalismo ritual [18]. Dado que estas prácticas se abandonaron, la incidencia del trastorno ha disminuido considerable- mente, aunque se ha registrado un pequeño número de casos en años recientes. Esto indica que la enfer- medad podría tener un periodo de incubación de más de 40 años [19].
Se han registrado casos más recientes de transmisión iatrogénica de la ECJ mediante tratamientos médicos y procedimientos quirúrgicos, particularmente después de la administración de hormona del crecimiento pituitaria humana (usada para estimular el crecimiento en niños que carecen de la hormona) y el uso de trasplantes de duramadre (cuadro 3) [20, 21]. El análisis del gen PRNP en personas que recibieron hormona del crecimiento humana y posteriormente presentaron ECJ iatrogénica también ha señalado una predominancia de homocigotas en el codón 129 (que en el RU es homocigota para valina, en com- paración con la ECJ esporádica) [22]. Nuevamente, no hay pruebas convincentes de que la ECJ iatrogénica haya ocurrido por transfusión de sangre o en receptores de hemoderivados, inclusive pro- ductos derivados de plasma [13-16].
En 1990 se reinició la vigilancia de la ECJ en el RU a fin de investigar los posibles efectos de la EEB (la “enfermedad de la vaca loca”) en seres humanos. La
Fuente de la infección Número de casos reportados
Periodo de incubación (meses)
Instrumentos neuroquirúrgicos 4 12-
Electrodos intracerebrales 2 16-
Trasplante de córnea 2 16-
Trasplante de duramadre 192 18-
Hormona del crecimiento humana 198 55-
Gonadotropina humana 5 144-
muestras tisulares de bazo y amígdalas resultan infecciosas cuando se inyectan directamente al cere- bro (si bien la infecciosidad de estas muestras tisu- lares presenta una disminución aproximada de 2- en escala logarítmica a la del tejido cerebral) [33].
No se encontró PrPSc^ en muestras de capa leucocítica de la vECJ y la inyección de capa leucocítica de pacientes con vECJ en el cerebro del ratones suscep- tibles no demostró infecciosidad [31, 33]. No obstante, el número de muestras en estos estudios era pequeño y la sensibilidad de las técnicas usadas podría haber sido insuficiente para detectar bajas concentraciones de PrPSc^ e infecciosidad. La presencia de PrPSc^ e infecciosidad en tejidos linfoides en casos de vECJ ha llevado a sugerir que los linfocitos circu- lantes podrían acarrear infecciosidad en la sangre [34]. Estudios en modelos experimentales de enfermedades priónicas indican que los tejidos linfoides pueden resultar infectados poco después de la exposición y
pueden permanecer infecciosos durante todo el periodo de incubación [35].
La incidencia de la vECJ ha disminuido en el RU desde 1999-2000; sin embargo, un estudio retrospectivo de la prevalencia de la infección por la vECJ en el RU descubrió una acumulación de PrP relacionada con la enfermedad en apéndices extirpados quirúrgicamente y tejidos amigdalares en tres de 12,674 muestras [36]. Esta cifra es mayor que el actual número de casos de la vECJ en el RU e indicaría que los casos de la vECJ hasta ahora identificados podrían representar solo aquellos con los periodos de incubación más cortos. Otra explicación plausible sería que la infección por EEB podría no siempre resultar en enfermedad clínica, sino que podría producir un estado de porta- dor(a) asintomático(a) en algunas personas.
ECJ esporádica Variante de la ECJ
Promedio de edad al momento de la muerte (años)
67 29
Duración promedio de la enfermedad (meses) 4 13
Síntomas psiquiátricos al inicio Raros Comunes
Demencia de progresión rápida Común Rara
Síntomas sensoriales Raros Comunes
Electroencefalograma Complejos trifásicos periódicos en 66%
Complejos trifásicos periódicos poco comunes al final de la enfermedad
MRI del cerebro Hiperseñal en ganglios basales en 70%
Hiperseñal en núcleos pulvinares del tálamo en
90%
Proteína 14.3.3. en el fluido cerebroespinal Elevada en 90% Elevada en 50%
Neuropatología Cambio espongiforme
Placas amiloides en 15%
Cambio espongiforme
Placas floridas en 100%
Distribución de la PrPSc^ Sistema nervioso central Sistema nervioso central y tejidos linfoides
Isotipo de PrP Sc^ en prueba Western blot Varias formas identificadas (tipos 1A y 2A)
Una sola forma (tipo 2B) identificada con una banda diglicosilada predominante
El potencial de transmisión de la vECJ a través de sangre y hemoderivados contaminados es de especial preocupación para la comunidad de trastornos de la coagulación. Si bien hasta ahora no se ha informado de ningún caso, la presencia de infecciosidad en la sangre, aunada a la ausencia de una prueba de detección sensible y al hecho de que la PrPSc^ es inmune a los procedimientos de inactivación viral usados en hemoderivados, implican la necesidad de una vigilancia continua.
Estudios en modelos animales (incluidos tanto un modelo de hámster con scrapie 263K y un modelo de vECJ adaptado a ratón) han demostrado que las enfermedades priónicas pueden transmitirse a través de la sangre tanto durante el periodo de incubación como en la fase clínica de la enfermedad [37, 38]. En el modelo de hámster, la sangre entera parece contener alrededor de 10 dosis infecciosas (DI)/mL. La mayor parte de esta infecciosidad parece estar relacionada con glóbulos blancos y no con plaquetas; sin embargo, también puede haber infecciosidad en plasma y glóbulos rojos [37].
Recientemente se ha utilizado un modelo experimental de EEB en ovinos a fin de investigar la infecciosidad en la sangre. Un informe preliminar de este estudio
señalaba transmisión de EEB por transfusión de sangre entera de una oveja infectada, en la etapa preclínica de la enfermedad [39]. Transfusiones subsecuentes de sangre entera de animales infectados con EEB (durante las fases tanto preclínica como clínica de la infección) han dado por resultado una tasa de infección de por lo menos 36% [40]. En este modelo también se ha investigado la transmisión de scrapie a través de transfusiones de sangre, con una tasa de transmisión resultante de por lo menos 40%. También se informó de transmisión de la enfermedad en ovinos que reci- bieron transfusiones de un volumen relativamente pequeño de preparación de capa leucocítica a partir de sangre tomada del donante en la fase clínica final de la enfermedad [40]. Este modelo podría utilizarse para estudiar la distribución de la infecciosidad en los diferentes componentes de la EEB y de sangre ovina infectada con scrapie , y podría utilizarse también para estudiar el efecto de diversas intervenciones (tales como desleucocitación ) en la infecciosidad de sangre, sus componentes y hemoderivados.
Diversas autoridades nacionales de sangre y la Unidad Nacional de Vigilancia de la ECJ ( National CJD Surveillance Unit ) del RU establecieron un estudio conjunto conocido como Revisión epidemiológica de la medicina de transfusión ( Transfusion Medicine Epidemiology Review ) a fin de investigar la posibilidad de transmisión de la vECJ mediante transfusiones de sangre. Hasta ahora, el estudio ha identificado
El análisis inmunocitoquímico para la PrP en tejidos linfoides en la vECJ muestra coloración de células dendríticas foliculares y macrófagos dentro de los centros germinales en la amígdala (A) y el bazo (B). Anticuerpo anti-PrP (KG9) con contratinción de hematoxilina.
Los bajos niveles de infecciosidad en las fracciones de Cohn en dichos estudios apuntan a que las etapas de procesamiento utilizadas en la fabricación de estos componentes de plasma, que incluyen alfa- antitripsina y albúmina, podrían ser eficaces para reducir la infecciosidad priónica. Se ha informado que, durante el fraccionamiento de sangre a la que se ha “adicionado” tejido infectado, varias etapas de procesamiento (incluso precipitación con etanol y cromatografía de intercambio de iones) reducen potencialmente las concentraciones de PrPSc^ y, por ende, la infecciosidad priónica. Esto indicaría que es probable que al menos algunos productos derivados de plasma (particularmente inmunoglobulinas y albúmina) sean seguros con respecto a su potencial de transmisión de enfermedades priónicas [48, 49].
En el RU, el Departamento de Salud encargó un estudio de valoración del riesgo de la exposición a la infecciosidad de la vECJ en sangre y hemoderivados [50]. Se concluyó que los concentrados de factor de coagulación VIII y IX posiblemente tenían suficientes concentraciones de infecciosidad de la vECJ como para asegurar la implementación de medidas de salud pública en los receptores, con el fin de reducir al mínimo el posible riesgo de transmisión posterior. Si bien se reconoció que muchas de las suposiciones en esta valoración del riesgo eran pesimistas, con base en la recomendación de la Organización de Médicos de Centros de Tratamiento de Hemofilia ( Haemophilia Centre Doctors’ Organisation ) del RU, se informó a todos los pacientes con trastornos de la coagulación que habían recibido tratamiento con concentrados de factor elaborados a partir de lotes de plasma del RU entre 1980 y 2001, que podrían correr un mayor riesgo de presentar infección por la vECJ, y se les solicitó que tomaran medidas precautorias a fin de evitar la posibilidad de una diseminación secundaria de la infección, por ejemplo a través de instrumentos quirúrgicos [51]. La Sociedad de Hemofilia del RU apoyó esta medida.
En febrero de 2009, la Agencia de Protección de la Salud ( Health Protection Agency ) del RU anunció la identificación de un caso de infección por vECJ asin- tomática en un paciente con hemofilia del RU [52]. El paciente formaba parte de un estudio que investigaba la prevalencia de infección por la vECJ en personas con trastornos de la coagulación en el RU, y que había sido incluido en el estudio luego de su muerte
por otras causas. En el transcurso de su vida, el paciente no había presentado ningún signo o síntoma de la vECJ (ni de ningún otro trastorno neurológico). El análisis bioquímico de su bazo descubrió indicios de PrPSc^ en una distribución muy localizada, mientras que los resultados del estudio de otros tejidos fueron negativos. Se sabía que el paciente había recibido factor VIII preparado de un lote de plasma que incluía donaciones de una persona que posteriormente murió a causa de la vECJ. Las investigaciones de este caso están incompletas; el paciente hemofílico había sido residente del RU y también había recibido varias trans- fusiones de sangre. No está claro si el descubrimiento bioquímico en este caso representa el resultado de una exposición primaria a la EEB a través de la dieta, es decir, el consumo de carne infectada con EEB, o infección secundaria mediante transfusión sanguínea o por productos derivados de plasma contaminados. Son necesarios más datos para realizar un análisis estadístico de la posibilidad relativa de cada una de estas posibilidades. No obstante, este caso refuerza la necesidad de vigilancia con respecto a la vECJ en pacientes potencialmente expuestos a la vECJ a través de sangre o productos derivados de plasma.
Muchas de las preocupaciones respecto a la posible transmisión iatrogénica de la vECJ a través de sangre y componentes de plasma podrían reducirse si se contara con una prueba de detección sensible y específica. Hasta ahora, tal prueba no está disponible, aunque actualmente se encuentran bajo investigación varios métodos. La mayoría de ellos se basan en la detección de PrPSc^ en la sangre, lo cual se ha logrado en un modelo experimental de scrapie , usando la prueba de amplificación cíclica del plegamiento anormal de las proteínas (PMCA, por sus siglas en inglés) en animales tanto sintomáticos como asin- tomáticos [53, 54]. La prueba PMCA puede aplicarse a tejidos humanos para amplificar la PrPSc^ en casos de ECJ tanto esporádica como variante, pero hay algunas limitantes que deben considerarse en el diseño de la prueba [55, 56]. Esta técnica todavía no se ha reportado en sangre humana, aunque hay considerable interés en su aplicación. No obstante, la técnica de la prueba PMCA es bastante larga como para ser usada como prueba de detección. El uso de péptidos sensibles a los cambios estructurales que caracterizan a la PrP Sc^ podría ser más adecuado [57].
Hasta ahora no se ha informado de ningún caso de enfermedad priónica humana transmitida por pro- ductos derivados de plasma. Sin embargo, dado el periodo de incubación potencialmente largo de estas enfermedades, es prematuro llegar a la conclusión de que tal caso nunca se presentará, por lo menos en lo que se refiere a la vECJ. Es necesaria la vigilancia de enfermedades priónicas humanas, particularmente en los países en los que se han registrado casos de la vECJ, a fin de evaluar esta posibilidad e investigar cualquier factor de riesgo potencial en casos futuros. También debería considerarse la posible utilización de una prueba de detección de la vECJ (dado que parece probable que se podrá contar con una en un futuro previsible), incluyendo la necesidad potencial de aplicar pruebas de detección a las personas al momento de donar sangre. La necesidad de un consentimiento fundamentado para tales pruebas (particularmente cuando se realizan a personas) es al presente motivo de debate, ya que la actual falta de cualquier tratamiento preventivo o terapéutico para las enfermedades priónicas pone en tela de juicio los beneficios potenciales para la persona sometida a la prueba. El desarrollo de tal tratamiento a partir de la amplia gama de sustancias que actual- mente se encuentran bajo investigación no es algo inconcebible [58, 59], en cuyo caso sería necesario reevaluar el análisis de costo/beneficio y los principios éticos para aplicar la prueba de detección.
La vECJ es una nueva forma de enfermedad priónica humana cuya causa muy posiblemente sea la exposición al agente de la EEB a través de la dieta. La infecciosidad de la vECJ en el cuerpo, incluso en la sangre, está más extendida que la de otras formas de la ECJ. Hasta ahora se han registrado cuatro casos de infección por la vECJ posteriores a transfusiones de sangre proveniente de donantes asintomáticos quienes posteriormente murieron a causa de la vECJ. Es probable que el riesgo de transmisión a través de productos derivados de plasma sea bajo, pero actualmente esta posibilidad no puede descartarse por completo dados los largos periodos de incubación relacionados con las enfermedades priónicas humanas. Se requiere vigilancia continua a fin de investigar esta posibilidad.
Albúmina: proteína que se encuentra en la sangre y ayuda a mantener el volumen de ésta en el cuerpo.
Alfa-1 antitripsina: enzima que evita que las proteínas sean degradadas por las proteasas.
Anticuerpos anti-PrP: los anticuerpos son proteínas producidas por el sistema inmunológico del cuerpo para reconocer y neutralizar partículas ajenas. Los anticuerpos también pueden producirse en el labo- ratorio para reaccionar de manera selectiva contra una molécula específica, en este caso la proteína priónica (PrP).
Astrocitos: células que apoyan a las neuronas, les proporcionan nutrientes y ayudan a repararlas.
Ataxia: incapacidad para coordinar los movimientos musculares voluntarios. Los signos incluyen torpeza, falta de precisión o inestabilidad.
(esterilización con) Autoclave: método de esterilización en el que los materiales se someten a altas temperaturas y vapor.
Autosómico dominante: ‘autosómico’ se refiere a cualquier cromosoma que no sean los cromosomas sexuales (X e Y). En genética, la dominancia se establece cuando la forma particular de un gen domina sobre otras formas, y siempre se expresa cuando está presente en un individuo. Una enfermedad heredada como trastorno autosómico dominante se presentará en cualquier persona que tenga aunque sea una sola copia del gen que provoca la enfermedad.
Biopsia: retiro y examen con fines diagnósticos de una muestra de células o tejido.
Capa leucocítica: parte de una muestra de sangre que contiene la mayoría de los glóbulos blancos y plaquetas.
Células dendríticas foliculares: células del sistema inmunológico ubicadas en pequeñas cavidades (folículos) de los ganglios linfáticos. Los ganglios linfáticos se encuentran en todo el cuerpo y funcionan como filtros o trampas para atrapar partículas ajenas, entre ellas bacterias y virus.
Inmunoglobulinas: también llamadas anticuerpos. Los anticuerpos son proteínas producidas por el sistema inmunológico del cuerpo para reconocer y neutralizar partículas ajenas.
(análisis) Inmunohistoquímico: técnica de laboratorio que utiliza anticuerpos etiquetados para buscar una proteína específica en una sección de tejido (examinada bajo el microscopio). Véase también anticuerpos anti-PrP.
Linfocito: tipo de glóbulo blanco que constituye un importante componente del sistema inmune.
Paliativo: alivio de los síntomas de una enfermedad sin cura; alivio temporal.
Penetrancia: proporción de individuos con una mutación que provoca un trastorno particular y que de hecho presentan el trastorno. Se dice que un trastorno tiene penetrancia completa si se presentan síntomas en todos los individuos que tienen la mutación causante de la enfermedad.
Péptido: proteína pequeña.
Periodo de incubación: periodo entre la adquisición de la infección y la aparición de síntomas de una enfermedad.
Piramidal: subdivisión del sistema nervioso. El tracto piramidal es una colección de fibras nerviosas que viajan entre el córtex cerebral y la médula espinal.
Placa amiloide: acumulación insoluble de una proteína anormal, llamada beta-amiloide, que se encuentra en los espacios entre las neuronas del cerebro. Las placas amiloides son una característica típica de la enfermedad de Alzheimer.
Plaquetas: pequeñas partículas en forma de disco que se encuentran en la sangre y que desempeñan un importante papel en la formación de coágulos.
Plasma: fracción transparente y líquida de la sangre, que no contiene células, pero en la que se encuentran los factores de coagulación.
Polimorfismo: variación común en la secuencia del ADN entre individuos.
Portador(a) asintomático(a): persona que ha contraído una enfermedad infecciosa o que tiene un gen que
provoca la enfermedad, pero que no presenta síntomas de la misma. Si bien no se ven afectadas por la enfermedad, las personas portadoras pueden trans- mitirla a otras.
Prión: partícula proteica que ha sido implicada como causante de varias enfermedades neurodegenerativas (tales como scrapie, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, y encefalopatía espongiforme bovina). Es una versión anormal y causante de enfermedades de una proteína que se encuentra naturalmente, y es menos soluble y más resistente a la degradación por enzimas que su equivalente normal.
Proteína precursora: proteína que se modifica por una o varias reacciones bioquímicas.
Proteolítico: relativo a la degradación dirigida o descomposición de proteínas por enzimas celulares llamadas proteasas.
Prueba de amplificación cíclica del plegamiento anormal de las proteínas: tecnología usada para “amplificar” o hacer copias de proteínas anormales en una muestra de sangre, con lo que se facilita su detección y aislamiento; PMCA por sus siglas en inglés.
Pulvinar: extremo posterior del tálamo, estructura del cerebro que funciona como estación retransmisora de información sensorial (particularmente dolor y placer).
Semivida: tiempo necesario para que la mitad de una determinada cantidad de una sustancia sea eliminada del cuerpo.
(prueba) Western blot: prueba de laboratorio usada para identificar y separar proteínas de diferentes tamaños en una mezcla compleja, como una muestra de sangre.
La Unidad Nacional de Vigilancia de la Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob recibe apoyo del Departamento de Salud y del gobierno escocés. Agradezco al doctor Mark Head por haberme facilitado la figura 1; a la señora Diane Ritchie por facilitarme la figura 2; a la señora Kirsteen Forrest por su apoyo secretarial, y a la Unidad de Científicos Biomédicos por su apoyo profesional. Este trabajo forma parte del proyecto de la Unión Europea titulado EU NeuroPrion projec t (FOOD-CT-2004-506579) subproyecto: TSELAB (QLK2-CT-2000-8152).
12 Kitamoto T, Mohri S, Tateishi J. Organ distribution of proteinase-resistant prion protein in humans and mice with Creutzfeldt-Jakob disease. J Gen Virol 1989; 70: 3371-9.