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Diferentes técnicas para modificar conductas basadas en el aprendizaje de nuevas habitudes. La autora, marta albert, psicóloga de la asociación española para el síndrome de prader-willi, explica el proceso de adquisición y mantenimiento de conductas deseadas y el procedimiento para reducir o eliminar conductas indeseadas. Se abordan temas como el refuerzo positivo y negativo, el encadenamiento, la suspensión de reforzamiento, el control de estímulos, la práctica positiva y la saciedad.
Tipo: Apuntes
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Psicóloga de la Asociación Española para el Síndrome de Prader-Willi
Si queremos cambiar una conducta inadecuada o enseñar algo nuevo, lo primero que tenemos que hacer es identificarla lo más objetivamente posible. Para ello, debemos defi- nirla en términos específicos que requieran un mínimo de interpretación, es decir, de forma clara, de modo que pueda ser observada (medida y registrada) por personas dife- rentes sin necesidad de hacer suposiciones y/o valoraciones subjetivas.
Podremos analizar cualquier conducta del siguiente modo:
Estímulo ⇒ Conducta ⇒ Consecuencia
Nuestra conducta depende de las consecuencias que obtengamos de ella. Utilizamos el medio para obtener consecuencias positivas, agradables y para evitar consecuencias negativas o desagradables. Repetiremos aquellas conductas que van seguidas de un pre- mio o recompensa y no repetiremos las que no proporcionan consecuencias agradables. En consecuencia, cualquier intento de eliminar o disminuir una conducta que simultánea- mente no premie las conductas incompatibles, será un fracaso. Por ello, conocer la rela- ción que existe entre la conducta y sus consecuencias, tipos de consecuencias y cómo usarlas es fundamental para garantizar una enseñanza eficaz.
Las consecuencias pueden ser positivas o negativas. Las consecuencias positivas son aquellas que aplicadas inmediatamente después de una conducta producen un aumento en la frecuencia de ésta. Pueden ser actividades; juegos y juguetes; atención, elogios, sonrisas, alimentos o bebidas preferidas de cada persona; etc. (ver anexo: “Tabla de pre- mios”). En general cuando una persona obtiene consecuencias positivas se siente queri- do y aumenta la seguridad en sí mismo.
Las consecuencias negativas son aquellas que aplicadas inmediatamente después de una conducta concreta disminuyen o eliminan la emisión de esa conducta. Esas conse-
cuencias (pérdida de atención, retirada de juguetes favoritos, “no ir a la piscina —que le encanta—”, “no ir al cine”, etc.) deben siempre aplicarse en primer lugar, y recurrir al castigo solo y exclusivamente en situaciones imprescindibles.
Veamos un ejemplo: “Gonzalo es, según sus padres, un niño difícil. Cuando están en la mesa dice tacos, y cuanto más se insiste en decirle que se calle, más, durante más tiempo y más alto los dice. Sus padres deciden que cada vez que Gonzalo diga tacos le volverán la espalda y sólo le prestarán atención cuando se calle. Gonzalo continúa diciendo tacos unos días pero después deja de hacerlo”. (Fig. 1)
Cuando tratamos de inculcar o reforzar la frecuencia de un comportamiento, para no producir efectos que no deseamos, no debemos caer en el error de aplicar con- secuencias gratificantes de forma arbitraria, sino sólo y tan sólo a aquellas conduc- tas “buenas”, adaptadas y cuya frecuencia queramos aumentar. Luego, cuando haya- mos logrado que la conducta que buscábamos se dé con una frecuencia suficiente, deberemos conseguir que se siga dando —incluso en condiciones distintas a las de su adquisición—. Tendremos que hacer que las recompensas o premios sean lo más naturales posibles, intentando acercar la forma de administrarlas a la forma en que las recibe el niño de un modo natural.
Fig.1. Nuestra conducta depende de sus consecuencias.
2.4. Modelado
Consiste en dar a la persona la oportunidad de observar en otra persona significa- tiva para él la conducta nueva que se desea conseguir. El observador debe copiar la conducta que le presenta el modelo inmediatamente o tras un intervalo de tiempo muy breve.
Este procedimiento se usa en la adquisición de nuevas conductas, eliminación de res- puestas inadecuadas a través de la observación de la conducta apropiada, y como forma de suprimir miedos o fobias.
2.5. Encadenamiento
Consiste en recompensar a la persona tras la realización de una serie de conductas engarzadas unas con otras, formando una cadena natural de actividades.
Por ejemplo, podemos hacer que la merienda se convierta en el último eslabón de la conducta (por lo tanto en recompensa o premio) si primero deja las cosas del colegio en su cuarto y después se pone las zapatillas de estar en casa y se lava las manos.
Este procedimiento puede utilizarse para que adquiera nuevas habilidades (descom- poniendo esa conducta en pasos, que se enseñarán mejor si empezamos por el último de la cadena) o para ensamblar las conductas del niño de modo que constituyan cade- nas y conseguir así que esas conductas se mantengan de forma natural (como procedi- miento para mantener la conducta).
Cuando la conducta recién adquirida o que se daba con poca frecuencia alcanza unos niveles aceptables y está estabilizada deberemos pasar de un programa de refor- zamiento continuo (reforzar cada vez que ocurra la conducta) a uno de reforzamiento intermitente (reforzar de vez en cuando). Este cambio ha de hacerse lenta y gradualmente para no provocar que la persona deje de responder a la conducta que ya se estaba esta- bilizando.
Los procedimientos que hacen que las conductas se mantengan por tiempo indefini- do una vez adquiridas y sin necesidad de que las reforcemos continuamente son el refor- zamiento intermitente y el encadenamiento. Estos procedimientos hacen que las recom- pensas y premios sean lo más naturales posibles.
3.1. Reforzamiento intermitente
Consiste en presentar el reforzador de manera discontinua, o sea, que no se refuer- zan todas y cada una de las respuestas del sujeto, sino solamente algunas de ellas. Podemos utilizar como criterio tanto el número de respuestas dadas (de razón o número) como el tiempo transcurrido desde el último premio (de intervalo). El paso del reforza-
miento continuo de la conducta al intermitente debe ser gradual, para evitar que la per- sona deje de responder.
Los dos tipos de reforzamiento intermitente pueden aplicarse según un criterio fijo o un criterio variable. Tendremos así cuatro opciones de aplicación:
a) Reforzamiento intermitente de razón o número fijo de respuestas. La recompensa se da cuando la persona cumple con un criterio fijo establecido de antemano: cada tres res- puestas, o cada cinco, etc. Por ejemplo, cada diez sumas bien hechas una partida en el ordenador.
b) Reforzamiento intermitente de número variable de respuestas. La recompensa se administra según valores que varían de una a otra en base a un promedio. Por ejemplo, echar dinero en las tragaperras. El que juega se ve recompensado cada vez que juega un número de veces a las máquinas.
Es recomendable utilizar este tipo de programas, especialmente los de tipo variable, cuando se desea que la persona emita una conducta con mucha frecuencia. Produce for- mas constantes de respuesta.
c) Reforzamiento intermitente de intervalo fijo de respuestas. La recompensa se admi- nistra pasado un tiempo fijo establecido de antemano: cada minuto, o cada minuto cua- renta y cinco segundos, etc. ( P.e. exámenes cada trimestre: la conducta de estudio es muy baja al principio y aumenta según uno se va acercando a la fecha de exámenes, pero una vez hecho esto, la conducta de estudio disminuye o incluso desaparece duran- te una temporada. )
d) Reforzamiento intermitente de intervalo variable de respuestas. La recompensa se administra según valores de tiempo que varían de una recompensa a otra.
3.2. Encadenamiento
Ver punto 2.5.
4.1. Extinción
Este procedimiento debe ser aplicado a cualquier conducta mal aprendida. Consiste en, una vez identificado el reforzador, suprimirlo para que tal conducta desaparezca gra- dualmente, es decir, en no dar la recompensa que la mantiene. La suspensión de refor- zamiento debe ser completa; no se debe administrar nunca para esa conducta (si no esta- ríamos recompensando de “forma intermitente”, que como hemos visto antes es un pro- cedimiento para mantener la estabilidad de una conducta). Será más efectiva cuando se preste atención positiva (se administren consecuencias positivas) a otras conductas alter- nativas a las que se quiere eliminar.
4.3. Aislamiento o tiempo fuera
Es un procedimiento que puede ser de gran utilidad cuando no podemos retirar el refor- zador que mantiene la conducta. Lo que se hace es sacar a la persona de la situación en la que se encuentre cuando realiza la conducta que deseamos suprimir. Puede hacerse dejándole en su cuarto y llevándose de la habitación todo el material, juguetes, etc., poniendo al niño de cara a la pared, en “el rincón de los aburridos” o llevándole a un
Fig. 3. La decisión para utilizar tiempo fuera.
cuarto especial. La primera vez que se aplique se dejará claro que hasta que no cese la conducta no se dejara de “aislarle”.
Antes de aplicar el aislamiento conviene dar una señal o aviso para intentar que sólo la aclaración verbal tenga poder de controlar la conducta problemática que deseamos eliminar.
Por ejemplo, si el niño tira arena a sus amigos, la madre dice ¡eso no se hace! o ¡no se tira arena! y le sienta un rato a su lado. Durante ese tiempo no se le dirige la palabra al niño, ni se le echa la bronca durante y después del periodo de aislamiento. Luego se da opción a seguir jugando.
El tiempo de aislamiento será aproximadamente de un minuto por cada año de edad, siendo útil hasta los 15 años. Demasiado tiempo da opción a buscar otras actividades, y debemos asegurarnos que no obtiene recompensas. Si en una sema- na el procedimiento de aislamiento no da resultado será mejor cambiar de proce- dimiento.
4.4. Control de estímulos
Si un estímulo está siempre presente cuando se refuerza una respuesta (y ausente cuando no se refuerza) la conducta en cuestión se emite con mayor probabilidad ante dicho estímulo que en cualquier otra situación. Aunque en un principio sean neutrales, como consecuencia del hecho de estar presentes siempre que una conducta es refor- zada, adquieren determinado control sobre ella. Entonces alterando los antecedentes que controlan las condiciones, podemos eliminar la conducta. La conducta problema puede ser cambiada asociando estímulos (antecedentes) con recompensas no desea- das.
Por ejemplo, si un niño charla continuamente con el compañero que tiene a su lado, el profesor generalmente cambia al niño de sitio. Cambiando el sitio, el profesor cambia el contexto estimular (en este caso la proximidad) en el que la charla (que se quiere evi- tar) tiene lugar.
El procedimiento de cambio de estímulos tiene, sin embargo, un corto efecto a la hora de reducir conductas no deseadas.
4.5. Costo de respuesta o castigo negativo
Consiste en quitar, como consecuencia de la conducta, algo que gusta (algún refor- zador disponible). Se llama también castigo negativo porque se suprime algo que gusta, pero no hace uso de estimulación aversiva.
Por ejemplo, para reducir la conducta indeseada de mantener un coche aparcado durante mucho tiempo en una zona muy congestionada, aumenta el precio del aparca- miento por cada hora adicional.
ble puede convertirla en aversiva. Cuando se decida utilizar este procedimiento ha de tenerse claro que la conducta problemática que se quiere eliminar la usamos como recompensa —y sólo como tal— de otras actividades. Al igual que un reforzador que se presenta con mucha frecuencia y en grandes cantidades produce saciedad, cansa y pier- de su eficacia en el mantenimiento de la conducta, si consideramos la conducta proble- mática como una posible recompensa y la usamos sistemáticamente como tal, consegui- remos que el niño se canse de ella, es decir, deje de realizar la conducta problemática.
Por ejemplo, un niño que sólo quiere comer patatas fritas. Que sólo coma eso para desayunar, comer, merendar y cenar.
4.8. Castigo
Consiste en aplicar una consecuencia punitiva a una conducta. El castigo debe ser usado sólo y exclusivamente cuando otros procedimientos no hayan funcionado o cuan- do la propia vida del niño esté en peligro y ello pueda evitarse recurriendo al castigo. Tal es el caso de las conductas de autoagresión.
El castigo es efectivo porque reduce o elimina rápidamente la conducta indeseable. Sin embargo, existen muchas razones para evitarlo: sólo funciona cuando está presente la persona que castiga, puede provocar agresividad hacia otros (personas o cosas) y no se puede establecer una relación adecuada entre castigador y castigado puesto que este último tiende a escapar del primero, etcétera.
Para que sea efectivo han de cumplirse al menos los siguientes requisitos: ha de apli- carse inmediatamente después de la conducta problemática; debe ir precedido de una señal (un tono verbal, un gesto, etc.) que más adelante pueda impedir por sí sola la apa- rición de la conducta indeseada; ha de aplicarse de forma continua para la conducta que se pretende eliminar (da mejores resultados con conductas que ocurren muy a menu- do); debe reducir efectivamente la conducta indeseado (si utilizamos un azote, estamos utilizando un azote, no unas caricias). Siempre deben premiarse las conductas alternati- vas capaces de sustituir a la conducta problemática que estamos castigando.
Cuando se decida aplicar el castigo como procedimiento de reducción o eliminación de conductas, ha de emplearse con absoluta calma y retirando otros posibles reforza- dores que existiesen en el momento de aplicar el castigo.
5.1. Economía de fichas
Es un caso especial de la aplicación del refuerzo y de la extinción. En vez de utilizar los premios o reforzadores directamente, se emplean fichas que después se intercambia- rán por una variedad de actividades agradables y bienes de consumo. Los privilegios uti- lizados como premio sólo podrán obtenerse a través de fichas y, si es necesario, las con-
ductas indeseables se eliminan empleando la técnica de la pérdida contingente de las mismas. Sus ventajas son claras: es un sistema independiente del estado momentáneo de deprivación, evita el problema de la saciación, no interrumpe la conducta y enseña auto- control (demora del reforzamiento). Implica cuatro pasos:
Deberemos tener en cuenta que:
Por ejemplo, María se hace siempre la remolona para ir al colegio, no siempre hace los deberes y no ayuda en casa.
Conductas objetivo Precio intercambio (puntos/fichas/estrellas...)
Sentarse a desayunar ya arreglada a las 8:40h. ........... 55 Dejar las cosas del desayuno en el lavaplatos ............... 15 Hacer la cama antes de ir al colegio........................... 25 Salir a las 9:00 al colegio ......................................... 45 Hacer los deberes .................................................... 60
TOTAL..................................................................... 200
PUNTOS POSIBLES: diario = 300
AHORRO OBLIGATORIO: diario = 75; semanal = 250; mensual = 200
Ejemplo:
Yo, __________________, mediante este contrato me comprometo a realizar las siguientes actividades:
Estas actividades las evaluaré a través de una hoja de autorregistro (que rellenaré todos los días a las _________ con ____________), donde aparecerán los siguientes datos:
_* Actividad
* Lugar de realización
* Resultado
Por cada objetivo (actividad) marcado que realice, me gratificaré con y de la siguien- te manera:
Este contrato tiene vigencia hasta indefinida, hasta que decida cambiarlo, si bien las actividades propuestas, así como las formas de gratificarme, serán revisadas semanal- mente.
______________________ a __________ de __________________ de _______
___________________________ (firmas)_
IZQUIERDO, A. (1988) : Empleo de métodos y técnicas en terapia de conducta , Promolibro.
K OZLOFF , M.A. (1980): El aprendizaje y la conducta en la infancia. Problemas y trata- miento, Fontanella.
MARTOS , J. (1984): Los padres también educan: guía práctica , APNA.
RIBES, E. (1972): Técnicas de modificación de conducta. Su aplicación al retraso en el desarrollo, Trillas, Mejico.