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Orientación Universidad
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Modulo 3 Libro, Ejercicios de Psicología

Asignatura: Cognicion Social, Profesor: Jose Miguel Fernández Dols, Carrera: Psicología, Universidad: UAM

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 08/03/2018

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$] Autoconcepto: ¿quién soy? o hay ningún otro tema en la psicología actual que se estudie más que el concepto de yo. En 2004, la palabra «identidad» apareció en 12.703 resúmenes de libros y artículos en Psychological Abstracts, más de ocho veces el número de veces que apareció en 1970. Nuestro sentido de yo organiza nuestros pensamientos, sentimientos y ac Hagamos lo que hagamos en los años que pasamos en esta nave espacial global, sea lo que sea que observemos e interpretemos, sea lo que sea que con- cibamos y creamos, a quienquiera que conozcamos y aceptemos, todo ello será filtrado a través de nuestros yos. ¿Cómo nos conocemos y con qué precisión? ¿Qué es lo que determina nuestro autoconcepto? EL CENTRO DE NUESTRO UNIVERSO: NUESTRO SENTIDO DE YO Como un criatura única y compleja, tiene muchas formas de terminar la frase «Soy...». (¿Qué cinco respuestas daría usted?) Juntas, sus respuestas definen su propio autoconcepto. Los componentes de su propio autoconcepto, las creencias específicas con las que se define a usted mismo, son sus esquemas de yo (Markus y Turf, 1987). Los esquemas son patrones mentales con los que organizamos nuestros mundos. Nuestros esquemas de yo (el que nos percibamos a nosotros mismos como una persona atlética, con exceso de peso, lista, o lo que sea) afectan pode- rosamente a la forma en que procesamos la información social. Influyen sobre cómo percibimos, recordamos y evaluamos, tanto a los demás como a nosotros mismos. Si ser atlético es una parte central de su autoconcepto (si ser un atleta es uno de sus esquemas de yo) tenderá a notar los cuerpos y capacidades físicas de los demás. Recordará fácilmente experiencias relacionadas con los deportes. MÓDULO iones. 25 Parte DOS Pensamiento social Y agradecerá información que sea coherente con su autoesquema (Kihlstrom y Cantor, 1984). Los esquemas de yo que conforman nuestros autoconceptos nos ayudan a catalogar y recordar nuestras experiencias. Analice cómo influye el concepto de uno mismo sobre la memoria, un fenómeno conocido como el efecto de autorreferencia: cuando la información s relevante para nuestros autoconceptos, la procesamos rápidamente y la recordamos bien (Higgins y Bargh, 1987; Kuiper y Rogers, 1979; Symons y Johnson, 1997). Si se nos pregunta si determinado calificativo, como «extravertido» nos describe bien, recordaremos la palabra mejor más adelante que si se nos pregunta si describe a otro individuo. Si se nos pide que nos comparemos con un personaje de un relato breve, recordaremos mejor a ese personaje. Dos días después de tener una conversación con otra persona, recordamos mejor lo que la persona dijo sobre nosotros (Kahan y Johnson, 1992). Así pues, muestros recuerdos se forman en torno a nuestro interés: nosotros mismos. Cuando pensamos sobre algo en relación con nosotros mismos, lo recordamos mejor. El efecto de autorreferencia ilustra un hecho básico de la vida: nuestro sentido de yo es el centro de nuestro universo. Puesto que tendemos a vernos a nosotros mismos como el centro de atención, sobreestimamos el grado en que la conducta de los demás está dirigida a nosotros. Solemos considerar que somos responsables de acontecimientos en los que sólo hemos desempeñado una pequeña parte (Fenigstein, 1984). Cuando se juzga el rendimiento o la con- ducta de otra persona, solemos compararlo de forma espontánea con el nuestro (Dunning y Hayes, 1996). Y si, cuando estamos hablando con otra persona, oímos nuestro nombre pronunciado en otra habitación, nuestro radar auditivo desplaza nuestra atención. Desde nuestra perspectiva centrada en el yo, presuponemos que los demás nos ven y nos evalúan. Thomas Gilovich, Victoria Medvec y Kenneth Savitsky (2000) lo demostraron pidiendo a estudiantes universitarios de la Universidad de Cornell que llevaran camisetas ridículas de Barry Manilow antes de entrar en otra habitación llena de estudiantes. Los estudiantes, muy conscientes de su apariencia, estimaron que aproximadamente la mitad de sus compañeros se darían cuenta de la camiseta que llevaban. Pero sólo el 23 por ciento lo hizo. Este «efecto de foco de atención» no sólo es válido en el caso de ropa pasada de moda o de un mal corte de pelo, sino también en el de nuestra ansiedad, irritación, asco, decepción o atracción: hay menos gente que se da cuenta de la que suponemos (Gilovich et al., 1988). Al ser extremadamente conscientes de nuestras propias emociones, solemos vivir bajo la ilusión de que son trans- parentes para los demás. Y lo mismo es válido para las meteduras de pata en público ef al. lapsus mentales. Lo que nos preocupa tremendamente puede que no sea apenas percibido por los demás, y que lo olviden rápidamente (Savitsky et al., 2001). Cuanto más conscientes somos de nosotros mismos, más creemos en esta «ilusión de la transparencia» (Vorauer y Ross, 1999). NCEPTO DE YO Y CULTURA ¿Cómo acabó la frase «soy...» de la página anterior? ¿Dio información sobre sus rasgos personales, como por ejemplo «dichoso y honrado», «soy alto» o «soy Módul 28 Parte DOS Pensamiento social Amigo ¿Compañero de trabajo Visión independiente de yo FIGURA 3-1 Mód Visión interdependiente de yo Yo construido como independiente o interdependiente. El yo independiente es consciente de profundamente imbuido en los demás. social. La conve las relaciones con los demás. El yo interdependiente está más Fuente: De Markus y Kitayama, 1991. sación es menos directa y más cortés (Holtgraves, 1997). El objetivo de la vida social no es tanto mejorar el yo individual propio como armonizar con las comunidades propias y respaldarlas. El café indi- vidualizado (descafeinado, cortado, solo, expresso) que parece adecuado en una cafetería estadounidense parecería un poco extraño en Seúl, señalaron Heejung Kim y Hazel Markus (1999). En Corea, la gente pone menos valor en expresar su exclusividad y más en la tradición y las prácticas compartidas 3-1 AUTOCO! TERDEPE NTE, Independiente Interdependiente El yo es Personal, definido por las características y motas personales Social, definido en función de las relaciones con los demás Yo: consecuciones y realización personal; mis derechos y libertades Lo que importa Nosotros: metas del grupo y solidaridad; z nuestras responsabilidades y relaciones sociales No aprueba La conformidad El egoísmo «Te ganarás el pan con el sudor de tu frente» Eslogan de ejemplo «Nadie es una isla» Culturas que Occidental individualista lo respaldan Asiática y Tercer Mundo colectivista Módulo 3 Autoconcepto: ¿quién soy? (Choi y Choi, 2002). Los anuncios coreanos destacan con menos frecuencia la elección personal y la libertad y con más frecuencia muestran a las personas juntas (Markus y Kitayama, 2001). La autoestima en las culturas colectivistas está estrechamente correlacio- nada con lo que otros piensan de mí y sus grupos. El autoconcepto es maleable (específico al contexto) más que estable (duradero independientemente de la situación). En un estudio, cuatro de cada cinco estudiantes canadienses, pero sólo uno de cada tres estudiantes chinos y japoneses, se mostraron de acuerdo en que «las creencias que uno tiene sobre quién es uno (identidad interior) se mantienen en los distintos dominios de actividad» (Tafarodi el al., 2004). En el caso de las culturas individualistas, y especialmente en el de las minorías que han aprendido a pasar por alto los prejuicios de los demás, las valoraciones «externas» del propio yo y del grupo al que uno pertenece impor- tan en cierta manera menos (Crocker, 1994; Kwan et al., 1997). La autoestima es más personal y menos relacional. Si se amenaza nuestra identidad personal nos sentiremos más enfurecidos y apesadumbrados que cuando se amenaza nuestra identidad colectiva (Gaertner et al.). Así pues, ¿cuándo cree usted que los estudiantes universitarios del colec- tivista Japón y los individualistas Estados Unidos tienen más probabilidades de informar de emociones positivas como la felicidad y el entusiasmo? En el caso de los japoneses, informan Kitayama y Markus (2000), la felicidad viene de una relación social positiva: sentir que se pertenece, que se tiene amistad y se recibe respeto. Para los estudiantes americanos, suelen provenir más de emociones independientes: sentirse eficaz, superior y orgulloso. El conflicto en las culturas colectivistas suele producirse entre grupos; las culturas indivi- dualistas generan un mayor número de delitos y divorcios entre los individuos (Triandis, 2000). Cuando Kitayama (1999), tras 10 años de docencia e investigación en Estados Unidos, visitó a su alma mater japonesa, la Universidad de Kioto, los estudiantes japoneses quedaron «sorprendidos» cuando explicó la idea occidental de la identidad independiente. «Insistí en explicar este concepto occidental del auto- concepto (que mis alumnos estadounidenses comprenden de forma intuitiva) y, finalmente, empecé a convencerlos de que, en efecto, muchos estadounidenses sí que tienen esa noción tan desconectada de su identidad. Aún así, uno de ellos, suspirando profundamente, dijo el final ¿de verdad que son así?». A UTOCONOCIMIENTO «Conócete a ti mismo» sermoneaba el filósofo griego Sócrates. Sin duda, lo intentamos. Enseguida formamos creencias sobre nosotros mismos, y no dudamos en explicar porqué nos sentimos como nos sentimos, y porqué ac- tuamos como actuamos. Pero, ¿hasta qué punto nos conocemos realmente a nosotros mismos? «Hay una sola cosa, y sólo una, en todo el universo que conocemos mejor de lo que podríamos aprender mediante la observación externa» señalaba C. S. Lewis (1952, págs. 18-19). «Y esa única cosa somos [nosotros]. Tenemos, por decirlo de Módulo 3 Autoconcepto: ¿quién soy? ayudar a una víctima si hay más personas presentes, la gran mayoría de la gente niega su vulnerabilidad a esas influencias. Pero, como veremos, los experimentos han demostrado que muchos de nosotros somos vulnerables. Además, analice lo que descubrió Sydney Shrauger (1983) cuando pidió a estudiantes universita ¡mentar una docena de sucesos distintos que predijeran la probabilidad de expe: durante los siguientes dos meses (tener una relación romántica, enfermar, y otros iones no eran mucho más precisas que las predic- por el estilo): sus autopredi ciones basadas en las experiencias de un individuo medio La gente también yerra frecuentemente cuando predice la longevidad de Las parejas que están empezando a salir juntas predicen la lon- sus relaciones. gevidad de sus relaciones a través de un prisma de color de rosa. Al centrarse en cuestiones positivas, los amantes pueden tener la certeza que siempre se querrán. Sus familiares y amigos suelen acertar más, según afirman Tara Mac- Donald y Michael Ross (1997) a partir de estudios realizados con alumnos de la Universidad de Waterloo. Las predicciones menos optimistas de sus padres y compañeros de piso tienden a ser más precisas (muchos padres, tras ver cómo se han precipitado sus hijos a una relación condenada al fracaso en contra de todos sus consejos, asienten con la cabeza). Cuando se predicen conductas negativas, como llorar o mentir, las autopre- dicciones son más precisas que las predicciones de los amigos o la madre del individuo (Shrauger et al., 1996). No obstante, lo más seguro que podemos afir- mar sobre su futuro individual es que, a veces, resulta difícil hacer predicciones, incluso para usted mismo. Cuando se predice la conducta, el mejor consejo que se puede dar es que se analice la conducta anterior en situaciones similares (Osberg y Shrauger, 1986, 1990). Observando dicha conducta, la gente que le conoce puede predecir probablemente mejor que usted su conducta (por ejemplo, lo nervioso y conversador que se mostrará cuando conozca a una persona nueva [Kenny, 1994)). Así pues, para predecir su futuro, tiene que tener en cuenta su pasado. Nicholas Epley y David Dunning (2000) descubrieron que, a veces, podemos predecir mejor la conducta de la gente pidiéndole que prevea las acciones de los demás en vez de las suyas propias. Cinco semanas antes del evento caritativo anual «Días de Narcisos» de la Universidad de Cornell, Epley y Dunning pidieron a los alumnos que predijeran si comprarían al menos un narciso como donación cari- tativa y que también predijeran la proporción de sus compañeros que lo harían. Más de cuatro de cada cinco predijeron que comprarían un narciso. Pero sólo el 43 por ciento llegó a comprarlo, lo que se acerca más a su predicción de que el 56 por ciento de los demás compraría un narciso. En un juego de laboratorio al que se jugaba con dinero, el 84 por ciento predijo que cooperaría con otra persona para lograr una ganancia mutua, aunque sólo el 61 por ciento lo hizo (de nuevo, más cerca de su predicción de que el 64 por ciento de los demás cooperaría con i¡ Lao-Tsé tenía razón cuando afirmaba que «el que conoce a los demás es un instruido. El que se conoce a sí mismo es un ilustrado», entonces, la mayoría de la gente, al parecer, es más instruida que ilustrada. Predicción de nuestros sentimientos Muchas de las grandes decisiones de la vida requieren que preveamos nuestros sentimientos futuros. ¿Si me caso con esta persona lograré una satisfacción Parte DOS Pensamiento social duradera? ¿Si elijo esta profesión tendré un trabajo satisfactorio? ¿Sime tomoestas vacaciones viviré una experiencia feliz? ¿O serán los resultados más probables el | divorcio, el síndrome del profesional quemado o unas vacaciones desastrosas? ' A veces sabemos cómo nos sentiremos, si suspendemos ese examen, gana- "mos ese juego o suavizamos nuestras tensiones yendo a correr durante media hora. Sabemos qué es lo que nos alegra y qué nos aburre o angustia. Otras veces predecimos mal muestras respuestas. Cuando se les preguntó cómo se sentirían si durante una entrevista de trabajo se plantearan preguntas que considerasen sexualmente indiscretas, la mayoría de las mujeres encuestadas por Julie Woodzicka y Marianne LaFrance (2001) afirmó que se sentirían enfu- recidas. Sin embargo, cuando realmente se les planteó ese tipo de preguntas, las mujeres experimentaron con más frecuencia una sensación de miedo. No obstante, los estudios sobre las «previsiones afectivas» revelan que la gente | tiene una mayor dificultad para predecir la intensidad y la duración de sus emo- ciones futuras (Wilson y Gilbert, 2003). La gente se ha equivocado al predecir cómo se sentiría durante cierto tiempo tras la ruptura de una relación, recibir un regalo, perder unas elecciones, ganar un juego y ser insultada (Gilbert y Ebert, 2002; Lowewnstein y Schkade, 1999). He aquí algunos ejemplos: + Cuando se muestra a jóvenes varones fotografías eróticas y después se les expone a una situación de cita romántica en la que su pareja les pide que «paren», admiten que puede que no paren. Si no se les enseñó fotografías eróticas primero, suelen negar con más frecuencia la posibilidad de ser sexualmente agresivos. Cuando uno no está excitado, es fácil errar en la predicción de cómo se sentirá y actuará uno cuando esté excitado: un fenómeno que provoca declaraciones de amor en momentos de deseo sexual, embarazos no deseados y reincidencias entre acosadores sexuales que han jurado sinceramente que «nunca jamás». + Los compradores hambrientos hacen un mayor número de compras compulsivas («¡esos donuts estarán deliciososb») que aquellos que compran después de haberse comido un pastel de arándanos de doscientos gramos (Gilbert y Wilson, 2000). Cuando se tiene hambre se suele predecir mal lo grasos que resultarán esos donuts cuando uno esté saciado. Cuando uno se siente lleno, predice mal lo deliciosos que serán esos donuts con un vaso de leche caliente antes de ir a dormir. Sólo uno de cada siete fumadores ocasionales (de menos de un cigarrillo al día) predice que será un fumador dentro de cinco años. Pero subestiman el poder adictivo de esta droga, puesto que casi la mitad fumará (Lynch y Bonnie, 1994). La gente sobreestima hasta qué punto se verá afectado su bienestar por un invierno más caliente, por haber perdido peso, por disponer de más canales de televisión o por disfrutar de más tiempo libre. Incluso los acontecimientos más extremos, como ganar la lotería o sufrir un accidente paralizante, afectan a la felicidad a largo plazo menos de lo que la mayoría de la gente supone. Parece que nuestra teoría intuitiva es: queremos. Obtenemos. Somos feli- ces. Si fuera cierto, este módulo tendría muchas menos palabras. En realidad, Parte DOS Pensamiento social La sabiduría e ilusiones del autoanálisis Así pues, en un grado sorprendente, nuestras intuiciones suelen ser radi- calmente erróneas sobre lo que nos ha influido y sobre lo que sentiremos y haremos. Pero no debemos exagerar. Cuando las causas de nuestra conducta son obvias y la explicación correcta se ajusta a nuestra intuición, nuestras autopercepciones serán precisas (Gavanski y Hoffman, 1987). Peter Wright y Peter Rip (1981) concluyeron que los estudiantes de secundaria de California podían discernir cuestiones como el tamaño, la educación y la distancia desde la Universidad hasta su casa influían sobre sus reacciones a ella. Pero, cuando las causas de la conducta no son evidentes para el observador, tampoco lo son para el individuo afectado. No somos conscientes de muchas cosas que pasan en nuestra cabeza. Los estudios sobre la percepción y la memoria demuestran que somos más cons- cientes de los resultados que de los procesos de nuestra reflexión. Al contemplar nuestro mar mental, vemos poco bajo su evidente superficie. Sin embargo, sí que experimentamos los resultados del funcionamiento inconsciente de nues- tra mente cuando ponemos en marcha un reloj mental para registrar el paso del tiempo y despertarnos a determinada hora, o cuando de alguna manera logramos una idea creativa espontánea después de haber «incubado» incons- cientemente un problema. Por ejemplo, los artistas y científicos creativos no pueden, por regla general, informar de los procesos de pensamiento que han dado lugar a sus ideas. Timothy Wilson (1985, 2002) ofrece una idea audaz: los procesos mentales que controlan nuestra conducta social son distintos de los procesos mentales con los que la explicamos. Por tanto, muestras explicaciones racionales pueden omitir las actitudes intuitivas que realmente guían nuestra conducta. En sus nueve experimentos, Wilson y sus compañeros (1989) descubrieron que las actitudes expresadas hacia las cosas o las personas suelen predecir la conducta posterior razonablemente bien. Si, sin embargo, pedían primero a los participantes que analizaran sus sentimientos, sus informes sobre sus actitudes resultaban inúti- les. Por ejemplo, la felicidad de las parejas que empiezan a salir juntas predecía si seguirían juntas varios meses más tarde. Pero otros participantes hicieron primero una lista de todas las razones por las que pensaban que su relación era buena o mala antes de valorar su felicidad. Tras hacerlo, ¡sus informes sobre sus actitudes eran inútiles para predecir el futuro de su relación! Parece ser que el proceso de diseccionar la relación centraba la atención en factores que se pueden verbalizar fácilmente que, de hecho, eran menos importantes que otras facetas de la relación cuya verbalización resultaba más difícil, A menudo, afirma Wilson (2002), somos «extraños para nosotros mismos». Estas conclusiones ilustran que tenemos un sistema de actitudes duales, según Wilson y sus colegas (2000). Nuestras actitudes implícitas automáticas respecto a una persona o una cosa suelen diferir de nuestras actitudes explícitas controladas de forma consciente. Por ejemplo, de nuestra infancia podemos haber conservado un temor o desagrado habitual y automático hacia personas sobre las que ahora hablamos con respeto y aprecio. Aunque las actitudes ex- plícitas pueden cambiar con relativa facilidad, observa Wilson, «las actitudes implícitas, como las viejas costumbres, cambian más despacio». Con la práctica Módulo 3 Módulo 3 Autoconcepto: ¿quién soy? ca ICEPTOS A RECORDAR repetida (actuando sobre la nueva actitud) las nuevas actitudes habituales pue- den, no obstante, sustituir a las antiguas. Murray Millar y Abraham Tesser (1992) consideran que Wilson exagera Su investigación sugiere que, en zones se reduce la utilidad nuestra ignorancia de nosotros mismo efecto, al centrar la atención de la gente en las de sus informes de actitudes para predecir las conductas motivadas por sus sentimientos. Si, en vez de pedir a la gente que analice sus relaciones román- ticas, Wilson hubiera pedido primero que se fijara más en sus sentimientos («¿cómo se siente cuando no está junto a su pareja?») sus informes de actitudes podrían haber sido más útiles. Otros dominios de la conducta (por ejemplo, la elección de la universidad a partir de consideraciones de costes, promoción profesional, entre otros) parecen depender más de cuestiones cognitivas. En estos casos, un análisis de las razones, más que de los sentimientos, sería más útil. Aunque el corazón tiene sus razones, a veces las razones propias de la mente son decisivas. Esta investigación sobre los límites de nuestro autoconocimiento tiene dos La primera hace referencia a la exploración psicológica. . Los errores de la comprensión ubjetivos. repercusiones prácticas Los autoinformes no suelen ser dignos de confiar propia limitan la utilidad científica de los informe La segunda implicación hace referencia a nuestras vidas cotidianas. La sin- ceridad con la que la gente prefiere interpretar sus experiencias no constituye una garantía de la validez de estas afirmaciones. Los testimonios personales tienen un gran poder de persuasión, pero también pueden ser falsos. El tener presente este potencial de error puede ayudarnos a sentirnos menos intimida- onale per: dos por los demás y a ser menos ingenuos. autoconcepto Las respuestas que ctivismo Dar prioridad a los da un individuo a la pregunta objetivos del grupo al que se «¿Quién soy yo?». pertenece (a menudo la familia esquema de yo Creencias sobre extendida o el grupo de trabajo) el yo que organizan y guían el y definir la identidad propia en procesamiento de la información función de aquéllos). relevante para uno mismo. actitudes duales Actitudes implícitas efecto de autorreferencia La tendencia (automáticas) y explícitas a procesar eficientemente y recordar (controladas conscientemente) bien la información relacionada con divergentes hacia el mismo objeto. Las actitudes explícitas verbalizadas pueden cambiar con la educación y la persuasión; las actitudes implícitas cambian lentamente, con la práctica que permite crear nuevos hábitos. col: uno mismo. individualismo El concepto de dar prioridad a las metas propias respecto a las del grupo y a definir la identidad propia en s características función de la personales más que de las identificaciones del grupo.