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Modulo 4 Libro, Ejercicios de Psicología

Asignatura: Cognicion Social, Profesor: Jose Miguel Fernández Dols, Carrera: Psicología, Universidad: UAM

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 08/03/2018

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MÓDULO 2 E Sesgo en beneficio propio medida que procesamos información relevante para el yo se produce un potente sesgo. Enseguida excusamos nuestros fracasos, aceptamos el crédito por nuestros éxitos y, de muchas maneras, consideramos que somos mejores que la media. Estas percepciones que ensalzan nuestro yo permiten que la mayoría de la gente disfrute de la parte brillante de la autoestima alta y sufra solo ocasionalmente la parte oscura. Existe la creencia generalizada de que la mayoría de nosotros padece una baja autoestima. Hace una generación, el psicólogo humanista Carl Rogers (1958) concluyó que la mayoría de las personas a las que conocía «se desprecia a sí misma, considera que no vale nada y que no es digna de ser amada». Muchos popularizadores de la psicología humanista se mostraron de acuer- do. «Todos tenemos complejo de inferioridad», afirmaba John Powell (1989). «Aquellos que parece que no tienen ese complejo sólo están fingiendo». Como satirizaba Groucho Marx (1960) «no pertenecería a ningún club que me acep- tase como miembro». En realidad, la mayoría de nosotros tiene una buena imagen de sí mismo. En los estudios sobre autoestima, incluso las personas que dan una baja va- loración responden en el intervalo intermedio de posibles puntuaciones (una persona con una baja autoestima contesta afirmaciones del tipo «tengo buenas ideas» con una respuesta calificativa, del tipo «en cierta medida» o «a veces»). Además, una de las conclusiones más provocadoras y, sin embargo, más firme- mente establecidas de la Psicología Social es la potencia del sesgo en beneficio propio: una tendencia a percibirse a uno mismo en términos favorables. Exrr IC Parte DOS Pensamiento social CIÓN DE LOS SUCESOS POSITIVOS NEGATIVOS Hay docenas de experimentos que han concluido que la gente acepta el crédito cuando se le dice que ha tenido éxito. Atribuye el éxito a su capacidad o esfuerzo, pero atribuye el fracaso a factores externos, como la mala suerte o la «imposi- bilidad» inherente al problema (Campbell y Sedikides, 1999). Análogamente, al explicar sus victorias, los atletas suelen atribuirse el mérito a sí mismos, pero atribuyen las pérdidas a otra cosa: mala suerte, malas decisiones del árbitro, o al esfuerzo sobrehumano del otro equipo o a que el otro equipo ha jugado sucio (Grove el al., 1991; Lalonde, 1992; Mullen y Riordan, 1988). Y, ¿cuánta responsabi- lidad cree usted que tienden a aceptar los conductores de sus accidentes? En los formularios de reclamaciones de las compañías de seguros, los conductores han descrito sus accidentes en los siguientes términos: «Un automóvil invisible salió de ninguna parte, chocó contra mi vehículo, y desapareció»; «cuando llegaba al cruce, surgió un seto, dificultando mi visión, y no pude ver al otro automóvil»; «un peatón golpeó mi vehículo y se metió debajo de él» (Toronto Nets, 1977). Michael Ross y Fiore Sicoly (1979) han observado una versión conyugal del sesgo en beneficio propio. Descubrieron que los jóvenes canadienses casados solían creer que asumían una mayor responsabilidad de actividades como la limpieza de la casa y el cuidado de los niños de lo que les reconocía su cónyuge. En una encuesta nacional, el 91 por ciento de las esposas, pero sólo el 76 por ciento de los maridos, daban crédito a su mujer en la realización de la compra de comi- da semanal (Burros, 1988). En otros estudios, las mujeres estimaban que hacían proporcionalmente una mayor parte del trabajo del hogar que lo que sus maridos les reconocían (Bird, 1999; Fiebert, 1990). Todas las noches, mi mujer y yo solíamos dejar la ropa sucia en el suelo al lado de la cesta de la ropa sucia. Por la mañana, uno de los dos la pondría dentro de la cesta. Cuando me sugirió que debía asumir una mayor responsabilidad en esta tarea pensé: «¡Vaya! Si ya lo hago el 75 por ciento de las veces». Así que le pregunté cuánto creía ella que lo hacía ella misma. «¡Oht» contestó, «aproximadamente el 75 por ciento de las veces», Estos sesgos en la asignación de las responsabilidades contribuyen a los conflictos matrimoniales, a la insatisfacción entre los trabajadores y al estancamiento de las negociaciones (Kruger y Gilovich, 1999). No resulta sorprendente que la gente que se divorcia atribuya la culpa del fracaso matri- monial a su cónyuge (Gray y Silver, 1990) o que los directivos suelan culpar del mal rendimiento a la falta de capacidad o esfuerzo de los trabajadores (Imai, 1994; Rice, 1985) (es más probable que los trabajadores culpen a otra cosa externa: un abastecimiento inadecuado, una carga de trabajo excesiva, compañeros de trabajo difíciles, asignaciones de trabajo ambiguas). Los estudiantes también demuestran padecer un sesgo en beneficio propio. Tras recibir la nota de un examen, aquellos que han obtenido unos buenos resultados tienden a aceptar su mérito personal. Consideran que el examen es una medida válida de su competencia (Arkin y Maruyama, 1979; Davis y Stephan, 1980; Gilmor y Reid, 1979; Griffin et al., 1983). Los que obtienen malos resultados tienen muchas más probabilidades de criticar el examen. Leyendo esta investigación, no pude resistirme a tener un sentimiento satisfecho de «ya lo sabía yo». Pero analice la forma que tienen los profesores Módulo 2 Pp Parte DOS Pensamiento social éxito relativo. En una encuesta de la Junta Evaluadora de Admisiones de la Universidad, realizada a 829.000 candidatos, el cero por ciento se clasificó a sí mismo por debajo de la media en «capacidad para llevarse bien con los demás» (un rasgo subjetivo deseable), el 60 por ciento se clasificó entre el 10 por ciento superior ¡y el 25 por ciento se consideró dentro del 1 por ciento superior! También reforzamos nuestra propia imagen asignando importancia a las cosas que se nos dan bien. A lo largo de un semestre, los que sobresalen en una asignatura de introducción a la informática otorgan un gran valor a tener conocimientos informáticos en el mundo actual. Aquéllos a los que se les da mal tienen más probabilidades de mofarse de los locos de la informática y de excluir las habilidades informáticas como cualidades importantes para su ima- gen propia (Hill et al., 1989). ¡Centrándonos € sesgo en bi quiero? Vamos d enumerar o que unifica a todos los seres human: edad, género, religión, situación económica o extracción étnica» señala Dave Barry (1998) «es que, en el fondo, todos creemos que somos conduc- tores superiores a la media». También creemos que somos superiores a la media en la mayoría de los demás rasgos subjetivos y deseables. Entre las muchas materializaciones del sesgo en beneficio propio cabe destacar: + Ética. La mayoría de los hombres de negocios se considera más ética que el hombre de negocios medio (Baumhart, 1968; Brenner y Molander, 1977). En una encuesta de ámbito nacional se preguntaba «¿cómo se clasificaría a usted mismo en cuanto a su propia moral y valores en una escala de 1 a 100 (siendo 100 la perfección)?» El 50 por ciento de la gente se clasificó con 90 6 AA sólo el 11 por ciento di 6 menos (Lovett, 1997), Competencia profesional. El 90 por onsidera que la E de rola ad de sus] - media (Gawande, 2002). se considera a sí misma han sido hospitalizados por un accide: á: luctor medio (Guerin, 199 y más habilidosa que el e Myers, 1997; Svenson, 1981 sgo en beneficio propio Inteligencia. La mayoría de la gente se considera a sí misma más inteligente, más atractiva, y con muchos menos prejuicios que sti homólogo medio (Public Opinion, 1984, Wylie, 1979). Cuando alguien obtiene un resultado superior al suyo, la gente tiende a pensar que la otra persona es un genio (Lassiter y Munhall, 2001). Tolerancia. En una encuesta Gallup de 1997, sólo el 14 por ciento de los americanos blancos clasificó su prejuicio contra ls negros como 5 Ó superior en una escala de 0 a 10. Sin embargo, los blancos percibían un prejuicio elevado (de 3 ó más) en el 44 por ciento de los demás blancos. Ayuda a los progenitores. La mayoría de los adultos cree que ayuda a sus padres más que sus hermanos (Lerner ef al., 1991). + Salud. Los residentes de Los Ángeles se consideran a sí mismos como más sanos que sus vecinos, y la mayoría de los estudiantes de estudios superiores cree que vivirá diez años más que su edad de muerte prevista actuarialmente (Larwood, 1978; C. R. Zinder, 1978). Intuición. Las palabras y actos de los demás revelan su carácter, suponemos. Nuestros pensamientos privados hacen lo mismo. Así, la mayoría de nosotros cree que conoce y comprende a los demás mejor de lo que ellos nos conocen y comprenden. También creemos que nos conocemos a nosotros mismos mejor de lo que los demás nos conocen (Pronin et al., 2001). Pocos estudiantes se consideran a sí mismos más ingenuos o crédulos que los demás; muchos más creen que son menos ingenuos y crédulos (Levine, 2003). + Libres de sesgo. La gente se considera a sí misma menos vulnerable a diversos sesgos que la mayoría de los demás (Pronin et al., 2002). ¡Incluso se consideran menos sujetos al sesgo en beneficio propio que la mayoría de los demás! | . | (3 PTIMISMO IRREALISTA Ll El optimismo predispone a tener un enfoque positivo de la vida. «El optimis- ta» señala H. Jackson Brown (1990, pág. 79) «se asoma a la ventana todas las mañanas y dice “buenos días, Dios”, El pesimista se asoma la ventana y dice «buenos días, día». Sin embargo, muchos padecemos lo que el investigador Neil Weinstein (1980, 1982) denomina «un optimismo irrealista sobre los sucesos vitales futuros». Debido, en parte, al pesimismo relativo sobre el sino de los demás (Shepperd, 2003), los alumnos se perciben a sí mismos con muchas más posibilidades que sus compañeros de clase de obtener un buen trabajo, lograr un buen sueldo, tener su propia casa y consideran que tienen muchas menos probabilidades de experimentar sucesos negativos, como terminar siendo alco- | hólicos, padecer un infarto de miocardio antes de los 40, o ser despedidos. En 'ocia y Estados Unidos, la mayoría de los adolescentes de mayor edad cree Módulo 4 Sesgo en beneficio propio próximo examen, estudian enérgicamente y obtienen mejores notas (Goodhart, 1986; Norem y Cantor, 1986; Showers y Ruben, 1987). Moraleja: el éxito en los estudios, y posteriormente, requiere un optimismo suficiente como para mantener la esperanza y un pesimismo suficiente como para motivar la preocupación. PALso CONSENSO Y UNICIDAD Tenemos una curiosa tendencia a mejorar aún más nuestra propia imagen sobrestimando o subestimando el grado en que otros piensan y actúan como nosotros. En cuestiones de opinión, encontramos respaldo a nuestra postura so- brestimando el grado en que otros están de acuerdo; un fenómeno denominado el efecto del falso consenso (Krueger y Clement, 1994; Marks y Miller 1987; Mu- llen y Goethals, 1990). Si defendemos un referéndum canadiense, o respaldamos al Partido Nacional de Nueva Zelanda, sobrestimamos optimistamente el grado en el que los demás están de acuerdo con nosotros (Brad et al., 1992; Kostner, 1993). La interpretación que hacemos del mundo parece de sentido común. Cuando nos comportamos mal, o fracasamos en una tarea, nos tranquiliza- "mos pensando que esos fallos son comunes. Cuando una persona miente a otra, la mentirosa empieza a percibir a la otra como deshonesta (Sagarin et al., 1998), Infiere que los demás piensan y actúan como ellos mismos: «Miento, pero ¿acaso no miente todo el mundo?» Si fumamos, o hacemos trampa en la declaración de impuestos, es probable que sobrestimemos el número de personas que hacen lo mismo que nosotros. Si sentimos una atracción sexual hacia otra persona, pode- mos sobrestimar el deseo recíproco de ella. Los individuos que albergan ideas negativas sobre otro grupo racial suponen que muchos otros también tienen estereotipos negativos (Krueger, 1996). Así pues, nuestras percepciones sobre los estereotipos de los demás pueden revelar algo sobre los nuestros. «No vemos las cosas como son» afirma el Talmud. «Vemos las cosas como somos». El falso consenso se puede producir porque generalizamos a partir de una muestra limitada que, de forma prominente, nos incluye a nosotros mismos (Dawes, 1990). A falta de otra información, ¿por qué no «proyectarnos» a noso- tros mismos; por qué no imputar nuestros propios conocimientos a los demás y utilizar nuestras respuestas como una pista de sus respuestas probables? Además, es más probable que nos relacionemos con individuos que comparten nuestras actitudes y conductas y que juzguemos a continuación al resto del mundo a partir de aquellos individuos a los que conocemos. En cuanto a nuestra capacidad, o cuando nos comportamos bien o con éxito, se suele producir con más frecuencia un efecto de falsa unicidad (Goethals et al. 1991). Ensalzamos nuestra autoimagen considerando que nuestros talentos y conductas morales son relativamente poco habituales. Así pues, los que beben mucho alcohol pero utilizan el cinturón de seguridad so restimarán (falso con- senso) el número de otros grandes bebedores y subestimarán (falsa unicidad) la frecuencia de uso del cinturón de seguridad (Suls et al., 1988). Así, puede que veamos nuestrc como más excepcionales de lo que realmente son. fracasos como relativamente normales y nuestras virtudes Parte DOS Pensamiento social Sesgo de beneficio propio Ejemplo spend ue just e _. ota e e : a Cómo funciona el sesgo en beneficio propio. En resumen, estas tendencias hacia las atribuciones autopositivas, las comparaciones autocomplacientes, el optimismo ilusorio y el falso consenso de nuestros fracasos son fuentes primordiales del sesgo en beneficio propio (Figura 4-1). A OTIVACIÓN DE AUTOESTIMA ¿Por qué se percibe la gente de forma que ensalza su yo? Una explicación con- sidera que el sesgo en beneficio propio es un subproducto de la forma en que procesamos y recordamos la información sobre nosotros mismos. Recuerde el estudio en el que las personas casadas se asignaban el mérito de colaborar más en el servicio doméstico que su cónyuge. ¿Podría deberse, como creen Michael R Ross y Fiore Sicoly (1979) a que recordamos mejor lo que hemos hecho de forma activa que lo que no hemos hecho o aquello que nos hemos limitado a observar a otros haciéndolo? Me puedo imaginar muy bien recogiendo la ropa del suelo, pero soy menos consciente de aquellas veces que he pasado delante sin darme cuenta de que estaba ahí. Entonces, ¿son las percepciones sesgadas simplemente un error de percep- ción, un sesgo no emocional de la forma en que procesamos la información? ¿O también hay motivos que impulsan el sesgo en beneficio propio? Ahora nos ha quedado claro, a partir de la investigación, que tenemos múltiples motiva- ciones. Intentando conocernos a nosotros mismos, anhelamos valorar nuestra competencia (Dunning, 1995). En busca de una autoconfirmación, anhelamos verificar nuestras autoconcepciones (Sanitioso et al., 1990; Swann, 1996; 1997). En Parte DOS Pensamiento social que aquéllos cuyo eso. ha recibido recientemente un buen empujón (McCarrey et al,, 1982). Así pues, las amenazas a la autoestima pueden provocar una de- fensa autoprotectora. Cuando la gente no se siente reafirmada, puede ofrecer reacciones y excusas rea firmantes y menospreciar a los demás. De forma más general, la gente que está decaída tiende también a reaccionar en exceso: ve rechazo donde no hay ninguno y tiende a criticar a los demás (Mur 2002; Wills, 1981). La mofa dice tanto del que se mofa como del mofado. No obstante, una elevada autoestima va de la mano de las percepciones en beneficio propio. Los que obtienen una mayor puntuación en los test de autoestima (que dicen cosas positivas sobre sí mismos) también dicen cosas ay et al, positivas de sí mismos cuando explican sus éxitos y fracasos, cuando evalúan a su grupo de pertenencia y Brown et al,, 1988, cuando se comparan con los demás (Brown, 1986; Schlenker et al,, 1990). enefici ) como adaptación La autoestima tiene su lado oscuro, pero también tiene su buen lado. Cuando ocurren cosas agradables, la gente con una autoestima elevada tiende a saborear y mantener una buena sensación más que la gente con baja autoestima (Wood et al., 2003). Incluso la autopromoción ilusoria está correlacionada con muchos indicadores de la salud mental. «El creer que uno tiene más talentos y cualidades positivas que los que lo rodean le permite a uno sentirse bien sobre sí mismo y afrontar las circunstancias estresantes de la vida cotidiana con los recursos que confiere un sentido positivo de uno mismo» señalaba Shelley Taylor y sus colaboradores de investigación (2003). El sesgo en beneficio propio y sus corres- pondientes excusas también ayudan a proteger a la gente de la depresión y los costes psicológicos del estrés (Snyder y Higgins, 1988; Taylor et al., 2003). La gente que no está deprimida justifica sus fracasos en tareas en laboratorio o percibe que tiene más control del que realmente tiene. Las autovaloraciones de las personas deprimidas y sus valoraciones de cómo los ven los demás no están infladas En su teoría del manejo del terror, Jeff Greenberg, Sheldon Solomon y Tom Pyszczynski (1997) proponían otra razón de porqué la autoestima positiva es adaptativa: protege de la ansiedad, incluyendo la ansiedad relacionada con la certeza de nuestra muerte. En la infancia aprendemos que, cuando cumplimos las normas que establecen nuestros padres, se nos quiere y se nos protege; cuando no lo hacemos, es posible que nos quiten el amor y la protección. Por tanto, terminamos relacionando vernos bien con sentirnos seguros. Greenberg y sus colaboradores afirman que la autoestima positiva (verse a uno mismo bien y seguro) nos protege incluso de tener miedo de nuestra propia muerte. Su investigación demuestra que cuando se recuerda a la gente su propia mortali- dad (por ejemplo, escribiendo sobre el hecho de morir) se la motiva a afirmar su autovalía. Además, cuando hay que afrontar amenazas, una mayor autoestima genera una menor ansiedad. Como sugiere esta nueva investigación sobre la depresión y la ansiedad, puede que exista cierta sabiduría práctica en las percepciones en beneficio propio. Podría ser estratégico creer que somos más inteligentes, fuertes y que tenemos más éxito socialmente que lo que realmente tenemos. Los tramposos pueden dar una imagen más convincente de honradez si creen que lo son. r Módulo 4 Sesgo en beneficio propio La creencia en nuestra superioridad también puede motivarnos a tener éxito, creando una profecía que se cumple a sí misma, y puede sostener una sensa- ción de esperanza en momentos difíciles. El sesgo en beneficio propi ) le adaptación Aunque el orgullo en beneficio propio puede ayudarnos a protegernos de la depresión puede, a veces, resultar una mala estrategia de adaptación. La gente que culpa a los demás de sus dificultades sociales suele ser más infeliz que la gente que reconoce sus errores (C. nderson et al., 1983; Newman y Langer 1981; Peterson et al., 1981). La investigación realizada por Barry Schlenker (1976; Schlenker y Miller, 1977a, 1977b) también ha demostrado que las percepciones en beneficio propio pueden envenenar a un grupo. Como guitarrista de un grupo de rock en sus días de universitario, Schlenker observó que «los miembros de un grupo de rock suelen sobrestimar su contribución a los éxitos del grupo y subestimar sus contribuciones a los fracasos. He visto cómo se desintegraban muchos buenos grupos por los problemas provocados por estas tendencias de autoglorifica- ción». En su vida posterior como psicólogo social de la Universidad de Florida, Schlenker analizó las percepciones en beneficio propio de los miembros de los grupos. En nueve experimentos, hizo que la gente colaborase en cierta tarea. A continuación, les informaba incorrectamente de que el grupo lo había hecho o bien o mal. En cada uno de estos estudios, los miembros de los grupos a los que se había comunicado que habían tenido éxito se asignaban una mayor respon- sabilidad del rendimiento de su grupo que los miembros que supuestamente habían fracasado. La mayoría se presentaba a sí misma como más contribuido- ra que el resto de su grupo cuando el grupo obtenía un buen resultado; pocos afirmaron que contribuyeran menos que los demás. Si la mayoría de los miembros del grupo piensa que se les paga menos de lo que valen y se les aprecia poco respecto a sus contribuciones superiores a la me- dia, es probable que se produzca una falta de armonía y envidias. Los presidentes de escuelas universitarias y los decanos académicos reconocerán rápidamente el fenómeno. El 90 por ciento o más de los miembros del equipo docente de las escuelas universitarias se clasifica a sí mismo como superior a su compañero de trabajo medio (Blackburn et al., 1980; Cross, 1977). Por tanto, es inevitable que, cuando se anuncian los incrementos salariales por méritos y la mitad recibe una subida media, o inferior, muchos se sientan víctimas de una injusticia. Los sesgos en beneficio propio también inflan los juicios de valor que hace la gente de sus grupos. Cuando los grupos son comparables, la mayoría de la gente considera que su propio grupo es superior (Codol, 1976; Jourden y Heath, 1996; Taylor y Doria, 1981). Así pues: + La mayoría de los miembros de las hermandades universitarias percibe que los demás miembros de su sociedad son mucho menos engreídos y presuntuosos que los de las demás hermandades (Biernat et al., 1996). + El 53 por ciento de los adultos holandeses clasifica su matrimonio o relación mejor que la mayoría de los demás; sólo el 1 por ciento lo clasificaba peor que la mayoría (Buunk y van der Eijnden, 1997).