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Asignatura: arte emdieval, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Anales de Historia del Arte 27 ISSN: 0214-
Herbert G ONZÁLEZ ZYMLA
Colaborador del Departamento de Historia del Arte I (Medieval) de la UCM
El Real monasterio cisterciense de Santa María de Piedra (Zaragoza) fue fundado por monjes procedentes del monasterio de Poblet (Tarragona) en 1195. La construcción del cenobio debe estudiarse dentro de una doble área de estudio: La política repobladora de Alfonso II el Casto y la expansión ideológica y artística del primer arte gótico de los seguidores de San Bernardo de Claraval. En 1194, salieron 12 monjes procedentes de Poblet, bendecidos por el abad Pedro Masanet. A la cabeza de la nueva comunidad esta- ba Gaufrido de Rocaberti, miembro de una importante familia nobiliaria cuyo linaje se remonta al Imperio Carolingio. Estos monjes fijaron su primera residencia en lo que actualmente es el municipio de Peralejos, cerca de Teruel. Allí construyeron una iglesia y un monasterio que se mantuvo como priorato hasta la desamortización de Mendizábal. Sin embargo, diversos inconvenientes, motivaron el traslado de la comuni- dad cisterciense de Peralejos a Piedra Vieja en Nuevalos (Zaragoza) en 1195 y, final- mente, de allí a Piedra Nueva, al otro lado del río que le da nombre. La abadía fue final- mente consagrada en 1218.
(^) PALABRAS CLAVE Cister Aragon Abadía Gótico San Bernardo Santa María de Piedra Alfonso II Rey de Aragón Gaufrido de Rocaberti Malavella Peralejos Iglesia Ermita
El privilegio^1 por el que se fundó el Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Piedra data de 1195 y está integrado dentro de la política repobladora de Alfonso II el Casto^2 , más de sesenta años posterior a la reconquista de la Taifa de Zaragoza^3. Según parece, Alfonso II y su esposa, la Reina Sancha^4 , solicitaron en 1194 y obtuvieron en 1195 del Abad de Poblet, Pedro Massanet^5 , la fundación de un monasterio de su orden en el Reino de Aragón^6. La zona escogida fue la «extremadura» fronteriza con Castilla, que llevaba relativamente pocos años en manos cristianas. Como la iniciativa fundacional partió del monarca, el monasterio es de patronato regio, desde su fundación, hasta su desamortización en 1835^7.
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The royal cistercian monastery of Saint Mary of Stone (Santa María de Piedra, Zaragoza) was founded by monks from Poblet (Tarragona) in 1195. The building of this monastery must be studied within tow specific areas of studies: The politics of Alfonso II, relating to repopulation of empty lands and the expansion of the ideological and the first gothic art as expressed by the followers of Saint Bernard of Clairvaux. 12 moncks left Poblet, bles- sed by abbot Pedro Masanet. Their leader was Gaufrido of Rocaberti, member of an important nobiliary family form Cataluña, whose linage goes back to the Carolingian Empire. These monks settled in what today is the village of Peralejos, near Teruel. They built a church and a monastery which was also priory until disentitle of Mendizábal in
KEY WORDS
Cister Aragon Abbey Gothic Sant Bernard of Clairvaux Santa María de Piedra Alfonso II King of Aragon Gaufrido de Rocaberti Malavella Peralejos Church Heremit
(^1) A.H.N. Lumen Domus Petrae, códice 55.B, fol. 653. Clero, Poblet, Carp. 2042, nº 9. (^2) Alfonso II el Casto, Rey de Aragón de 1162 a 1196. Nació en Huesca el 24 de Marzo de 1157 y murió en Perpiñán (Francia) el 25 de Abril de 1196. A él se deben también los fueros de repoblación de Teruel, Valderrobles, Aliaga, Castellote y Cantavieja, otorgados en fechas inmediatas, o muy próximas, al privilegio de Piedra. (^3) Lacarra, José María, Aragón en el pasado. Madrid, 1972, p. 60. (^4) La reina Sancha era hija de Alfonso VII de Castilla. Fue reina de Aragón de 1174 a 1196. Desconocemos su fecha exacta de nacimiento. Murió en el monasterio de Sigena (Huesca), en 1208. (^5) Algunos textos medievales le citan como «Massaneto» e incluso como «Masanet», «Mançiano» y «Mazanet». (^6) La fecha que se da a la solicitud regia es variable. Abbad Ríos la publica como 1164, y confirma la funda- ción en el año 1186. Como veremos, ambas noticias son erradas, pues lo único que consta es la salida de los monjes de Poblet en 1194 y su asentamiento en Peralejos hasta operarse el traslado definitivo a Piedra en 1195.Es de suponer que la petición de Alfonso II fuese inmediatamente anterior a la fundación de la abadía, aunque, de momento, la fecha sea incierta. Abbad Ríos, Francisco, Catálogo monumental de España: Zaragoza. Madrid, 1957, p. 257. (^7) Barbastro Gil, Luis, El Monasterio de Piedra. Madrid, 2000, p. 135-172.
rávides, en la batalla de Cutanda, acaecida en 1120. Dos años más tarde, fue conquistada la pla- za fuerte más poderosa de la Taifa: Alhama de Aragón. Todo ello supuso el control definitivo por parte de las tropas cristianas sobre la ciudad de Daroca y sobre las cuencas de los ríos Jalón y Jiloca^14. La frontera cristiana quedó fijada en Singra y anunciaba la futura expansión aragone- sa hacia tierras de Teruel^15. La conquista del valle medio del Ebro duplicó el dominio patrimo- nial de Alfonso I^16. A medida que el Rey conquistaba los territorios de la Taifa, les iba otorgando fueros repo- bladores^17 , como el de Belchite, de 1116^18 , el de Calatayud, de 1120^19 , Tudela^20 , Puente la Reina, de 1122^21 , Cervera^22 y Gallipienzo, de 1116-1127, Medinaceli, de 1124 y de 1134, Carcastillo, de 1129...^23 Diez años antes, en 1119, Alfonso I había fijado la «capital» del reino en Zaragoza y le había otorgado un fuero, conocido actualmente como «privilegio de los veinte»^24_._ En cualquier caso, la sumisión de la taifa de Zaragoza planteó importantes problemas a los monarcas aragoneses^25 ; especialmente en el orden demográfico^26. Desde el primer momento
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(^14) El fuero de Calatayud fue otorgado en 1131 por Alfonso I el Batallador, mientras que el de Daroca lo otorgó en 1142 Ramón Berenguer IV, bajo el señorío de Pedro Castellazol. Se trata, en realidad, de un señorío concejil que comprendía jurisdicción sobre 70 aldeas, tal como demuestra Soler y Pérez, Francisco, Los comunes de Villa y Tierra y especialmente el del Señorío de Molina de Aragón. Madrid, 1921, p. 51 y ss. Rincón García, Wifredo, La orden del Santo Sepulcro de Aragón. Zaragoza, 1982. (^15) Iradiel, Paulino, Moreta, Salustiano y Sarasa, Esteban, Historia Medieval de la España Cristiana. Madrid, 1989, p. 284-285. (^16) AA. VV. Crónica de España. Barcelona, 1988, p. 218. Estimaciones recientes calculan que sus conquistas pro- vocaron la adicción al reino de veinticinco mil kilómetros cuadrados. (^17) El primero que los estudió con seriedad fue Vicente de la Fuente, Estudio crítico sobre la historia del derecho en Aragón. Madrid, 1880-1929, Tres volúmenes integrados dentro de la colección titulada: Colección de escritores caste- llanos. Tomos XXI, XXXIV y XLII. En este trabajo ensalza el régimen popular de las comunidades de villa y tierra de Calatayud, Daroca y Teruel, frente al régimen oligárquico y señorial del «Fuero de los veinte» de Zaragoza. Vid. Lacarra, José María, «Documentos para el estudio de la reconquista y repoblación del Valle del Ebro» En Estudios de la Edad Media en la Corona de Aragón. Zaragoza, 1946, p. 469-546; 1948, p. 499-728; 1952, p.511-668. Lema Pueyo, José Antonio, Instituciones políticas del reinado de Alfonso I el Batallador, Rey de Aragón y Pamplona (1104-1134). Universidad del País Vasco, San Sebastián, 1997. (^18) Ubieto, Antonio, La erección de la cofradía militar de Belchite. Zaragoza, 1952. (^19) Alfonso el Batallador le concedió a Calatayud un fuero con grandes franquicias y privilegios que convirtió la ciudad en la cabeza de una comunidad de villa y tierra que perduraría hasta 1835. Calatayud fue arrebatada a Ramiro I por Alfonso VII de Castilla y le fue devuelta a la corona aragonesa en 1158. Lafuente, Vicente de la, Historia de la siem- pre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud. Calatayud, 1880, Tomo I, p. 113-123-140. (^20) Fuente, Francisco, Catálogo de los archivos eclesiásticos de Tudela. Tudela, 1944. (^21) A. G. N. [Archivo General de Navarra] Comptos, caja I, nº 17. (^22) Razquin Fabregat, Fernando, Cervera. Barcelona, 1935. (^23) Lacarra, José María, «La reconquista y repoblación del Valle del Ebro.» En Estudios dedicados a Aragón... Zaragoza, 1988, p. 195-242. Mucha de su información procede del libro Fueros y observancias del Reino de Aragón. Zaragoza, 1624. (^24) Lacarra, José María, «La repoblación de Zaragoza por Alfonso el Batallador» En Estudios dedicados a Aragón... Zaragoza, 1988, p. 113-132. El mismo artículo fue publicado en 1949 en Estudios de Historia Social de España. Madrid, 1949, p. 205-223. (^25) Ubieto, Antonio, Historia de Aragón. Creación y desarrollo de la Corona de Aragón. Zaragoza, 1987. (^26) Lacarra, José María, Aragón en el pasado. Madrid, 1972. Lacarra, José María, Documentos para el estudio de la reconquista y repoblación del Valle del Ebro. 2 volúmenes, Zaragoza, 1982 y 1985. Salrach, Josep María y Espadaler, Antón M. La corona de Aragón: Plenitud y crisis. De Pedro el Grande a Juan II (1276-1479). Madrid, 1995, p. 8-17.
se optó por mantener a la antigua población musulmana y hebrea en las ciudades y campos para evitar que quedasen despoblados. Con frecuencia se reorganizaron los núcleos urbanos y la mayor parte de la población de credo islámico fue reubicada extramuros de las ciudades, dan- do origen a las conocidas «morerías aragonesas». A ello hemos de añadir un importante con- tingente de mozárabes, asentados en el valle del Ebro, con credo cristiano de rito isidoriano y costumbres, tradiciones y vestimentas islámicas^27. El complicado laberinto demográfico de la actual provincia de Zaragoza durante los siglos XII y XIII^28 viene marcado por el asentamiento de heterogéneas masas de población que acudían del norte para llenar el vacío dejado, intra- muros de las ciudades, por los musulmanes, emigrados fuera del reino o desplazados extramu- ros^29. Gracias a los censos y a la pervivencia regional de ciertos apellidos^30 , sabemos que los repobladores fueron, en su mayor parte, aragoneses del Sobrarbe y Ribagorza, navarros de Pamplona, franceses de Bearn^31 , castellanos y catalanes (muy abundantes los dos últimos gru- pos en la comarca de Piedra)^32. El área que comprende el valle del Bajo Ebro tenía una dificultad añadida para lograr una correcta repoblación. Alfonso VII^33 , Rey de Castilla, reclamó la patrimonialidad castellana sobre el «Regnum Caesaraugustum», argumentando que el gobierno de una diócesis tan importante, vinculada a la historia del Apóstol Santiago, a través de Nuestra Señora del Pilar, debía corresponder al Reino de Castilla. Este hecho generó un conflicto diplomático que retra- só las acciones repobladoras aragonesas en las áreas fronterizas. En realidad, lo que Castilla se disputaba era una salida marítima al Mediterráneo a través del cauce fluvial del Ebro, río cau-
(^31) Anales de Historia del Arte
(^27) En el caso de Zaragoza capital, fue una comunidad muy importante, asentada en lo que la documentación del Archivo de la Seo llama «Santa María la Mayor», iglesia sobre cuya ubicación geográfica no hay acuerdo unánime aceptado por todos los historiadores que han estudiado la Zaragoza Medieval. (^28) Ledesma, Mª. L. y Falcón, Mª. I. Zaragoza en la Baja Edad Media. Zaragoza, 1986. (^29) Para más información acerca de la composición demográfica y el desarrollo económico de Aragón durante el siglo XIV y XV consúltese: Martín, J. L., Economía y sociedad de los reinos hispánicos de la Baja Edad Media. 2 Tomos, Barcelona, 1983. Jiménez Soler, Andrés, La Edad Media en la Corona de Aragón. Barcelona, 1930. (^30) Rubio García, L. Los documentos del Pilar, siglo XII. Barcelona, 1962. (^31) Al margen de las familias francesas de guerreros que participaron en la conquista de la taifa de Zaragoza, hay que añadir la hueste de soldados, de variadísimo origen y procedencia, que abarca desde Chartres a Alençon, lle- gando a la misma frontera Norte de los Pirineos. Quizá estos grupos demográficos franceses crearon el caldo de cul- tivo óptimo para la difusión social de la orden del Cister en Aragón. Fue en estos años cuando se fundó la abadía de Nuestra Señora del Salz del Gallego, en 1142, vinculable directamente con las repoblaciones francas del valle del Ebro. Contel Barea, Concepción, El Cister zaragozano en el siglo XII: Abadías predecesoras de Nuestra Señora de Rueda de Ebro. Zaragoza, 1966, p. 47 y ss. (^32) La existencia de importantes contingentes demográficos de Castellanos y Catalanes en la repoblación del valle del Río Piedra lo evidencian algunos interesantes documentos, procedentes del Archivo del Monasterio de Santa María de Piedra, hoy en el Archivo Histórico Nacional: A.H.N. Clero, Piedra, Carp. 3674, nº 5 y A.H.N. Clero, Piedra, Carp. 3669, nº4. Es lógico pensarlo si tenemos en cuenta su situación geográfica fronteriza con Castilla y el hecho de que los monjes, al venir de Poblet, debieron asentarse junto a sus propios siervos, de origen catalán, para garantizar una repoblación realmente eficaz, capaz de poner en explotación y roturar nuevas tierras. (^33) Alfonso VII fue Rey de Castilla de 1158 a 1214. Desconocemos el lugar exacto de su nacimiento en 1156, murió en Gutierre Muñoz (Ávila) el 6 de Octubre de 1214.
mente igual que hiciese Moisés con las doce tribus de Israel^42 , en razón al valor simbólico del 12, por el cual la comunidad religiosa, considerada perfecta, debe tener un abad a la cabeza y doce monjes que reproducen, simbólicamente, el «Colegium Apostolorum». En el año 529, la reagrupación de los monjes ermitaños que habían sobrevivido a la austeridad y seguían respe- tando la autoridad de Benito, dio como resultado la fundación de la abadía de Monte Cassino. Es evidente que el comportamiento de los monjes cistercienses procedentes del Monasterio de Poblet, al fundar Piedra, intentaba emular el que había tenido San Benito de Nursia al fundar el monacato occidental. A todas estas cuestiones, que tienen un carácter esencialmente simbólico, debe añadirse el cumplimiento riguroso del capítulo XII de los «Instituta generalis capituli apud Cistercium»^43 , que reza: «Duodecim monachi cum abate tercio decimo ad cenobia nova transmittantur: nec tamen illud destinentur donec locus [...] dominus [...] aptetur, oratio, refectorio, dormitorio, cella hospitum et por- tarii [...]» Y debe traducirse como: «Doce monjes, con el abad trece, deberán ser enviados a un nuevo monasterio. Pero no deberán ser destinados allí, hasta que el lugar [...] esté provisto de edificios, con oratorio, refectorio, dormitorio, cel- da de huéspedes y de portero [...] »^44 A la cabeza de los doce monjes que fundaron Piedra estaba un supuesto miembro de la fami- lia de los vizcondes de Clairvaux (Claraval): Gaufrido de Rocaberti, que según se lee en los libros que tratan del Monasterio, había conocido a San Bernardo, había vivido sujeto a su autoridad^45 , y que suele identificarse con el monje que redactó la mejor de las descripciones que del aspec- to físico de San Bernardo han llegado hasta nuestros días. A falta de un retrato contemporáneo, es la fuente que han empleado los artistas para deducir su aspecto y reconstruir su imagen: «A esta alma pura Dios había juntado un cuerpo semejante a ella y dotado de una especial bendi- ción. Brillaba en su fisonomía la gracia más exquisita que provenía más del espíritu que de la carne. En su rostro lucía una claridad celestial, más que terrena; en sus ojos resplandecían la pureza y la sen- cillez de la paloma. La belleza interior de este varón era tal, que no podía por menos que traslucir, y así su exterior descubría al hombre bañado de abundantes gracias y repleto de pureza. Su cuerpo era esbel- to y delgado, sumamente fino su cutis y las mejillas ligeramente sonrosadas. Todo cuanto en él era bello lo había adquirido por medio de la asidua meditación y la compunción. Su cabello era blondo [...] y su barba rubia [...]. De estatura regular, algo más alto que bajo [...] .»^46
(^33) Anales de Historia del Arte
(^42) AA. VV. Biblia. Libro del Éxodo. 6, 14-27. Barcelona, 1965, Traducción de Serafín de Ausejo, p. 81 y ss. (^43) Canivez, J. M. Statuta capitulorum generalium Ordinis Cisterciensis ex anno 1116 ad annum 1786. Lovaina, 1933, 1934 y 1936. (^44) Brawnfels, Wolfgang, La arquitectura monacal en Occidente. Barcelona, 1975, p. 321. El texto está extraído del apéndice de «Documentos y fuentes» de este libro. (^45) Bofarull, Antonio de, Historia de Cataluña, civil y eclesiástica. Barcelona, 1898. (^46) Durán, Rafael M. Iconografía española de San Bernardo. Poblet, 1990, p. 25, citando a su vez «Vita Prima, lib. III. Cap. I, nº 1; P. L. 185, col.303.» En realidad, se tiende a identificar al «monje Gaufrido», que escribió la descripción
Sin embargo, es posible que esta apresurada identificación, sea fruto de la ingenua confu- sión de algún antiguo cronista de la orden o del propio monasterio que se ha perpetuado como histórica por ser tantas veces publicada. En realidad, no es posible identificar a Gaufrido de Rocaberti con Gaufrido, el discípulo de San Bernardo, puesto que el primero es solamente fun- dador de Piedra y consta que fue enterrado en dicha abadía tras su muerte hacia 1201, mientras que, el discípulo de San Bernardo llegó a subir a los altares como San Gaufrido y consta que su linaje estaba vinculado al de los Vizcondes de Clairval y no a la familia catalana Rocaberti, cuyos brazos familiares, al menos que sepamos, no están emparentados con los miembros de aquella familia nobiliaria francesa. De San Gaufrido sabemos, además, que fundó varios monasterios en Francia, Flandes e Inglaterra, pero su presencia en España no está documentada. Por últi- mo, y este hecho es el que acaba por decantar el error historiográfico, sabemos que San Gaufrido murió en Claraval y consta que allí fue enterrado, como le vaticinó San Bernardo. De lo que deducimos que se trata de personas distintas. A las razones antes mencionadas, hemos de añadir que Gaufredo de Rocaberti fue elegido primer abad de Piedra, por pertenecer a una familia nobiliaria de reconocido prestigio en la corona de Aragón, y, sobre todo, por su fama de virtuoso observante de la «regla de San Benito», fue designado jefe y guía espiritual de aquella primera comunidad monacal cisterciense. Sin embargo, no todos los datos al respecto son coherentes. Ningún documento de los que se con- servan en el Archivo Histórico Nacional de Madrid cita al I abad de Piedra como «Gaufrido de Rocaberti», sino sólo como «Gaufridus». En ocasiones se le cita como «Godofredo» y como «Gaufrido», formas todas que suponen variaciones vocálicas sobre una misma voz. El primero que lo filia a la familia Rocaberti es el Padre Finestres en 1752^47 , pero lo hace sin citar su fuen- te de información. En algunas publicaciones se encuentra el nombre «Rocabertí» acentuando la última vocal. Sobre la familia Rocaberti se ha escrito mucho^48. Parece que su origen se remonta al lina- je de los duques de Austrasia (Francia), de donde deriva el nombre «Aubert». La primera vez que registramos este nombre es durante el Imperio Carolingio. Al parecer, los «Aubert» se enfrentaron contra el Rey Pipino I el Breve^49 y tuvieron que huir de Francia para refugiarse en el Pirineo Catalán, en el castillo que edificase uno de sus ancestros durante el siglo V. El Vizconde Hugo, hijo de Louberto, restauró la fortaleza y la convirtió en su residencia, de donde deriva el nombre «Castillo de la Roca de Auberti», «Roca Aubert», y finalmente «Rocaberti». El castillo roquero que ha llegado a nuestros días en estado de ruinas, situado a unos seis kilómetros de la Junquera, en medio de unos montes de espectacular belleza, fue
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de San Bernardo, con Gaufrido de Rocaberti, sin embargo, no hay suficientes pruebas documentales que así lo atestigüen y, a nuestro juicio, el dato es muy dudoso. (^47) Finestres, Jaime, Op Cit. Tomo II, p. 139- (^48) Masrieta, Antonio, «La casa Rocaberti.», En Proceres catalanes de vieja estirpe. Barcelona, 1912. La Real Academia conserva un manuscrito en el que se habla muy por esstenso de esta familia: «Familias Ilustres de España y Aragón» MS 9-264 fol. 96-130. (^49) Pipino I fue Rey de Aquitania del 817 al 838. Hijo de Ludovico el Pío, nació en el año 803 y murió en el 838.
construido entre el año 971 y el 1010 por el Conde Dalmau, citado en los documentos medie- vales como «Dalmatius Vicencomes», y restaurado en sucesivas ocasiones tras las guerras en las que sufrió determinados desperfectos, especialmente cuando Ramón Berenguer IV lo asedió en 1138 para someter al Conde Ponç II. Se trata de un edificio de sillarejo de piedra, unido con cal hidráulica, directamente apoyado sobre la roca madre, sin necesidad de cimientos. Tiene unas dimensiones aproximadas de unos 1000 metros cuadrados y se adap- ta perfectamente a las irregularidades del terreno. Conserva restos de la escalinata de acce- so, una única puerta, en forma de arco de medio punto, que permite acceder a una serie de dependencias cuadrangulares, de las que resultan visibles la torre principal, o del homena- je, un salón rectangular y los restos de una iglesia, de una única nave con ábside semicircu- lar, consagrada, según hemos sabido, a San Román y cuya estructura responde a modelos de pleno arte románico. Los cronistas hacen derivar el título de Vizcondes de Rocaberti desde el año 733^50 hasta 1671, siempre con descendencia masculina hasta el momento en que el XXXIII Vizconde, Martín Rocaberti, muere sin hijos, y el linaje se integra en las heredades de su esposa, Teresa de Boixadors, hija de los Vizcondes de Zavella. La familia Rocaberti es bastante importante en la corona de Aragón, su árbol genealógico emparenta varias veces con la familia Real, y con algu- nas casas de la nobleza catalana, como los Folch Cardona, Claramunt, Perelada^51 , Requessens... Como es lógico, su tronco medieval resulta bastante contradictorio y confuso. En ocasiones, hay ramas que emparentan con personajes literarios y legendarios que, actualmente, sabemos son ficticios, pero que, de antiguo, se tenían por reales y prestigiosos. Torner recoge en su compendio veintiséis Vizcondes^52 , mientras que Fray Dromendari contabiliza treinta y tres^53. Dromendari resulta más fiable que Torner, porque se documenta mejor, recoge fechas y hechos relevantes, datos sobre las residencias y propiedades señoriales, además de las ramas menores de la familia, donde llegan a contabilizarse cincuenta y dos santos canonizados, dos cardenales, cuatro arzobispos^54 , seis abades (entre ellos Gaufrido de Rocaberti, pero sin dato alguno reseñado sobre su vida), ocho generales, cuatro almirantes, tres virreyes, cuatro emba- jadores, seis senescales^55 ...
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(^50) Bofarull yMascaro, Próspero de, Los Condes de Barcelona vindicados. Barcelona, 1837. (^51) Barrachina, Jaime, Miró, Manel, Perelada. Perelada, 1998, p. 18. (^52) Torner, Compendio de las grandezas y prerrogativas soberanas de la antiquísima casa de los Vizcondes de Rocaberti. Barcelona, 1656. (^53) Dromendari, Fray, Árbol genealógico de la casa de los Vizcondes de Rocaberti. Génova, 1676. (^54) Entre ellos debe destacarse a Guillermo Rocaberti, tercero que, con este apellido, gobernó el arzobispado de Tarragona, bajo cuyo gobierno se celebró el concilio provincial de Tarragona y se leyó la sentencia definitiva contra los Templarios en 1312, ya suprimida la orden por Clemente V en el Concilio de Viena. Rocaberti gobernó la dióce- sis de Tarragona desde el 12 de Abril de 1309 hasta el 25 de Febrero de 1315, fecha de su muerte. (^55) El senescal es un cargo importante en la corona de Aragón. Se trata del presidente del Consejo Real que ase- sora al rey en materia legislativa y tributaria. «En algunos países es el Mayordomo Mayor de la Casa Real. El senescal es el jefe o cabeza principal de la nobleza, a la que gobernaba, especialmente en la guerra». AA. VV. Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Madrid, 1984, Vigésima edición, p. 1233.
El itinerario que siguió el abad Gaufrido de Rocaberti y sus 12 monjes no se conoce con pre- cisión. Sólo sabemos que tomaron el camino que conducía a la recién conquistada ciudad de Teruel^56. El día 19 de Mayo llegaron a la aldea Peralejos, situada a unos 20 Km. de dicha ciudad, y allí se asentaron, provisionalmente, hasta el mes de noviembre. Vicente de la Fuente recoge la opinión del archivero del Monasterio de Piedra, el Padre Olbes, según la cual, Gaufrido y sus monjes se encaminaron a Peralejos^57 porque el Rey les había ofrecido darles una parte de sus posesiones allí. Sin embargo, ningún documento de los custodiados en el Archivo Histórico Nacional corrobora esta información y Lafuente es el único historiador que se hace eco de ella, dudando, incluso, de su autenticidad. Vicente de Lafuente, en 1865, escribe: «Por un documen- to, algo sospechoso, y que ya llamó la atención de Finestres, se concede por el mismo Rey, en 1190, a Dios y a la Iglesia de Santa María de Perales, y al Convento del mismo lugar, el diezmo de las salinas de Herrera; firma allí un Gaufrido de Rocaberti; que no puede ser el mismo Abad de Piedra, puesto que no salió de Poblet hasta el año 1194. Luego ya había monjes y convento en Peralejos antes de que los pri- meros monjes salieran de Poblet, y aún, quizás, pudo ser la detención de estos en aquel pueblo para reformarlos o agregarlos a la orden, y con este objeto se detuvieron allí, desde Mayo hasta Noviembre»^58_._ A pesar de las desconfianzas de Lafuente, hemos confirmado que el documento se llegó a emitir puesto que se cita en el manuscrito de la Biblioteca de la Academia de la Historia: «Por otro [privilegio] en Emperelada del mes de Marzo de 1190 hace donación de las salinas de Ferrería (Herrería) al Monasterio que determinó fundar en Perales o Peralejos»^59 y además, hemos podido confirmar que Peralejos está citada como si fuera una aldea en el privilegio fundacional del monasterio de Piedra, que luego transcribiremos. Probablemente sea una aldea de tantas que quedaron despobladas como consecuencia de alguna de las sucesivas pestes y hambrunas que azotaron a Europa durante la Edad Media. Resulta muy sugerente pensar que, quizá, Santa María de la Peraleja o Peralejos fuese uno de tantos cenobios que habían mantenido los mozárabes dentro del territorio islámico de la Taifa de Zaragoza^60. Este hecho permitiría explicar la presencia de Gaufrido de Rocaberti en Teruel
(^37) Anales de Historia del Arte
(^56) El fuero de Teruel, «Forum Turoli», se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Teruel (A. H. P. T.). Consta de 207 hojas de pergamino y se fecha hacia 1240. Su análisis es de gran interés por el contraste que se advier- te con otros fueros que hemos citado. Para más información Vid: Barrero García, Ana María, El fuero de Teruel: Su his- tori, proceso de formación y reconstrucción crítica de sus fuentes. Madrid, 1979. Castañé Liinás, José, El Fuero de Teruel. Teruel, 1989. (^57) Peralejos, situado a la orilla derecha del río Alfambra, poseía en 1849, 66 casas y una iglesia parroquial advo- cada a San Bartolomé. Todos los Diccionarios que recogen su existencia coinciden en lo accidentado del terreno y en la pobreza agrícola del suelo. Madoz, Op. Cit. Tomo 12, p. 800. Espasa Calpe, Tomo 43, p. 510. (^58) Fuente, Vicente de la, España Sagrada. La Santa Iglesia de Tarazona, en sus estados antiguo y moderno. Madrid, 1865, p. 240-241. (^59) Manuscrito B-138 de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, sig. 9-5222, fol. 155. (^60) Menéndez Pidal, Ramón, «Islam y cristiandad. España entre las dos culturas». En Analecta Malacitana. Málaga,
antiguo camino real que llegaba hasta Teruel. Alrededor de la iglesia, hay un valle fértil, en el que aún se cultivan cereales, y en el que hay tres afloramientos superficiales de agua que, a buen seguro, hubieron de facilitar su habitabilidad en el medioevo. La iglesia es un edificio de tres naves, con tres tramos cada una, que se separan entre sí por medio de pilares de sección octogonal, coronados con sencillísimos capiteles lisos de tosca factura, que responden, en todo, a los modelos severos empleados en la arquitectura cisterciense de principios del siglo XIII. Probablemente, a finales del siglo XV o a principios del siglo XVI, aprovechando el grosor de los capiteles, se decidió modernizar su aspecto y fueron retallados los extremos angulares de los mismos, añadiéndoles cuatro perlas de Ávi- la, una por cada uno de los extremos. Esta renovación decorativa, sólo afectó a los capiteles de los pilares exentos que se sitúan en la nave central, lo que ha permitido que se conserven algunos capiteles primitivos, sin retallar, en los muros laterales. Todos ellos fueron policro- mados en rojo, imitando los jaspeados que tiene el pórfido, en fecha que ignoramos. La reciente restauración del edificio ha redescubierto algunos restos parciales de estas policro- mías. Los pilares de sección octogonal sostienen arcos fajones de medio punto en las naves late- rales y apuntados en la nave central, que es más ancha y ligeramente más alta. Toda la iglesia fue construida en buena piedra, labrada y escuadrada en las zonas que así lo requieren, es decir, cimientos, zonas angulares, guiones de muro, puertas, ventanas y contrafuertes. El resto, se construyó con sillarejo de piedra mampuesto, unido con argamasa de cal hidráulica. Se con- serva un grabado inciso sobre un sillar de piedra caliza que hay en el esquinazo del muro occi- dental, en el que se encuentra señalado el despiece de las dovelas de un arco de medio punto. Este detalle tiene su interés histórico, porque hemos podido comprobar que el número de dovelas del grafito coincide con el número de dovelas del despiece de los arcos de medio pun- to de las naves laterales. Hemos de suponer que se trata de un dibujo pedagógico que trazó el arquitecto, probablemente un monje, para que los canteros lo pudiesen desarrollar con corrección. La fuerza de empuje de los arcos fajones sobre los muros se contrarresta con un juego de cuatro contrafuertes situados en la pared norte y sur, que están, en la actualidad, par- cialmente derrumbados. En su día, el templo debió cubrirse con un tejado a dos aguas, con lajas de piedra, soportado por vigas gruesas de madera. Algunas de estas vigas quedaron tapadas con enlucidos de yeso durante el barroco y no se han podido ver hasta su reciente restauración. Las lajas de piedra fueron sustituidas por teja de barro cocido en fecha que ignoramos. La capilla mayor fue total- mente rehecha en el siglo XVII, añadiéndose un arco triunfal, de trazado mixtilineo, y una cúpula ovalada de yeso encamonado. En el extremo oriental del templo, en la parte exterior, se ve que la iglesia, en el momento de su construcción, debió ser planteada con un tamaño mayor, pues aún se pueden ver los arranques de otros dos tramos de arcadas. Es difícil averiguar si la obra se paralizó ya en el siglo XIII, o si fue, como nosotros creemos, parcialmente demolida en el XVII cuando se rehizo la cabecera.
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Antes de la Guerra Civil de 1936, la iglesia estaba decorada con retablos barrocos de made- ra dorada. Uno de ellos estaba consagrado a San Bernardo de Claraval y, según recuerdan los más viejos del lugar, tenía en su parte central un lienzo con la imagen del Santo Cisterciense: «cuyos ojos parecían mirar». A falta de fotografías antiguas del lienzo perdido, hemos de supo- ner que estaba ejecutado siguiendo los modelos naturalistas de la pintura barroca del siglo XVII. El retablo mayor actual sustituye al que se perdió durante la Guerra Civil y procede de la igle- sia de San Martín de Teruel. La mesa de altar está decorada con un escudo que tiene como emblema cinco peras, decoración que se repite también en la predela aunque sin estar asocia- da a una forma heráldica, sino simplemente como racimos carnosos de fruta. El cuerpo central del retablo tiene una hornacina, protegida con un cristal, flanqueada de dobles parejas de columnas de orden corintio, que acoge en su interior una estatua, de factura muy popular, que representa a la Virgen con el Niño Jesús en brazos. Se trata de una imagen de vestir, probable- mente del siglo XIX, que tiene pelo natural, sendas coronas, vestidos blancos bordados, man- tos azules y diversas joyas pinjantes. El día que se celebra la romería, la imagen de la Virgen de Santa María de los Cilleruelos se procesiona y, en un momento dado de la ceremonia, se la coloca sobre un árbol. El retablo está rematado con un ático arquitectónico, que tiene dobles columnas de orden corintio y fuste torneado, que sostienen un entablamento y un frontón partido, sobre el que, a su vez, se sitúa el escudo heráldico que ya citamos al describir la predela, sujeto por dos niños tenantes que lo llevan en airosa situación. El ático incluye un óleo sobre lienzo que representa la aparición de la Virgen a San Juan Evangelista mientras estaba desterrado en la isla desierta de Patmos^64. Las hagiografías sobre este santo cuentan que Domiciano le condenó a morir frito en el interior de una tinaja de acei- te hirviendo, colocada a la altura de la puerta latina de Roma, pero salió ileso y Domiciano le condenó al destierro en una isla desierta del Dodecaneso griego llamada Patmos, en la que habitó solo y donde la tradición afirma que escribió el «Apocalipsis», con la ayuda de un águila que le proveía de los materiales de escritorio, le hacía de atril y con el pico sustentaba un tinte- ro pinjante, razón por la que San Juan pasó a ejercer patronazgo sobre escritores, teólogos, copistas, etc. El lienzo representa una visión apocalíptica, relacionada con la iconografía de la Inmaculada Concepción. San Juan recostado en el suelo, ve aparecerse a la Virgen coronada de estrellas, con el niño en brazos. Si bien desconocemos el autor del cuadro, su apariencia for- mal evidencia que el pintor que lo ejecutó copió, o tuvo conocimiento parcial, de una compo- sición muy parecida que pintó el artista italiano Carlo Marata. Otra posible fuente iconográfi- ca para el lienzo puede ser una estampa de Ribera, que representa a San Jerónimo penitente, cuya pose es análoga a la que adopta San Juan en el cuadro.
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(^64) Reau, Louis, Iconografía del Arte Cristiano. Iconografía de los Santos de la G a la O. Barcelona, 2001, p. 187 y 194- 195
Junto a la iglesia, al sur del edificio, se observan diversas construcciones que son parte de las dependencias del extinto priorato al que se refiere Antonio Ponz, así como gran cantidad de escombros. Sólo una excavación arqueológica sistemática podría determinar si quedan restos del antiguo monasterio. A nuestro juicio es una hipótesis más que probable. A simple vista se advierte la ubicación del horno para la cocción de pan. También se conserva un porche de madera. El 6 de Mayo de 1531, Fray Bernardo de la Fuente y Fray Guillén Sánchez, monjes y procura- dores del Monasterio de Piedra, Martín Abril Jurado, vecino de Corbalán, Juan del Pobo y Juan Español, labradores y vecinos del mismo lugar, recorrieron las propiedades que el monasterio de Piedra tenía en Peralejos y en Cuenvas Labradas y las describieron minuciosamente, fijan- do los mohones y los respectivos límites de la «maxada, dehesa y heredamiento de los Cilleruelos». Gracias a este documento sabemos cómo eran la iglesia y la casa antes de la Guerra Civil y de su parcial arrumbamiento. «Y después fueron los dichos apeadores a la Iglesia y casa de Cilleruelos, que están sitias en el cen- tro de la dehesa llamada de los Cilleruelos, y vieron y declararon que la dicha Iglesia confrontaba con las dichas dehesa y casa de Cilleruelos, y que la Iglesia tiene tres arcadas grandes y seis pequeñas, todas de piedra picada. Y que en la dicha Iglesia ay tres capillas con sendos altares; la mayor con la imagen de Nuestra Señora de Cilleruelos, La otra con la invocación de Nuestro Padre San Bernardo, y en la ter- cera hay un lienzo o quadro, en el cual está pintada Nuestra Señora y otros santos de su familia. Y en la dicha capilla mayor hay un rejado de madera labrada, y en el coro de dicha iglesia ay asimismo otro rexado de madera. La dicha iglesia tiene dos puertas, una que sale hacia la dicha dehesa y la otra hacia la casa de Cilleruelos contigua. Ytambien la casa de silleruelos está contigua a la dicha iglesia y confronta con ella y con la dicha dehesa, y tiene las estancias y piezas siguientes. Primo un patio y entrada que tiene sobre si bueltas labradas de algez; y en ella está la puerta principal de la dicha casa que corresponde a la dicha iglesia. Y la puerta principal de la dicha casa sale a la plaza de los Olmos. Item dos cocinas bajas, que corresponden al dicho patio, y tienen sobre sí bueltas de algez. Item una bodega en la que hay una cuba y seis tinajas y al dicho patio corresponde la puerta. Item ay una sala baja con mesas de madera de refectorio y tiene bueltas sobre sí y está toda labra- da de Algez. Y la puerta corresponde al dicho patio. Ítem mas adentro de la dicha sala baja ay tres aposentos unos dentro de otros, todos con bueltas y labrados de algez; y se mandan por una puerta que corresponde a dicha sala baja. Item. Subiendo por una escalera desde la dicha sala baja ay tres aposentillos labrados de algez y con bueltas, todos a un suelo, y el de en medio ay una chimenea para hacer fuego. Item desde el dicho patio sube otra escala a una sala grande que está sobre la dicha sala baja y tie- ne bueltas y está labrada de algez. Y por la dicha sala alta se mandan dos aposentos con bueltas, labra- dos de algez desde dicha sala se sale a un corredor de bueltas y labrado de algez con bentanage. Item desde dicha escala se manda hacia la mano derecha un aposento llamado el recibidor, que es de bueltas y está labrado de algez.
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Item por el dicho recibidor se manda una sala que tiene una chimenea pequeña y bueltas de tablas labradas, toda tablada de algez, que corresponde sobre la dicha bodega. Item ay un gramezo de buel- tas y labrado de algez que corresponde sobre las dichas cocinas bajas. Las cuales obras, iglesia y casa así confrontadas y apeadas refiere esta escritura que se reedificaron y repararon, siendo abad de este monasterio el Señor Don García del Portillo. Item se hallaron en la dicha Iglesia de Cilleruelos 26 cirios de cera y otros presentallas= tres cálices de plata, con sus patenas= quatro casullas; las dos de fustan blanco y las otras de raso amarillo= tres albas para decir misa con sus amitos y cíngulos »^65 De tiempos de García Gil del Portillo, que fue el XXXV abad de Piedra y ejerció el cargo entre 1488 y 1531 deben datar los capiteles retallados con perlas de Ávila en los extremos, muy del gus- to del último arte gótico, que no se corresponden con el severo estilo arquitectónico del siglo XIII. La última reforma que afectó a Cilleruelos y de la que tenemos noticia data del 21 de Junio de 1757, año en el que Fernando VI concedió licencia para «cortar en la dehesa de Cilleruelos los árboles que hubiese menester para sus fabricas»^66 , lo que parece indicar un arreglo de su tejado. El «Lumen Domus Petrae» describe el modo en que se administraba la iglesia de Santa María de Cilleruelos «La dicha aldea de Cilleruelos, que nos dio el Rey Don Alonso, nuestro fundador, esta- ba situada muy cerca de los términos del lugar de Peralejos, donde estuvo en sus principios fundado este Monasterio, como resulta de la primera donación Real [...] y con ocasión de aber allí una iglesia dedi- cada a la Virgen Nuestra Señora, ha continuado el monasterio desde su fundación en poner y tener allí algún religioso sacerdote que cuidase de la dicha iglesia como lo tiene hasta ahora, con el título de Prior de Cilleruelos. Y por ser la imagen de la Virgen Nuestra Señora, que ay en la dicha iglesia, muy debota y milagrera, la visitan todos los años los lugares convecinos de la comunidad de Teruel, y la misma ciu- dad acude a ella implorando su favor en las necesidades que ocurren.»^67 Ciertamente, durante las recientes obras de restauración de la Iglesia de Cilleruelos se han encontrado varios grafitos del siglo XVII, muy deteriorados, que relatan dos curaciones mila- grosa atribuidas a la Virgen. «A n [uestr] o S [eño] r. Joseph A [...] siendo niño [...] rompido y el año bino ha visitar la virg [en] y a decirle misa de [...] Por q [u] e la virgen [...] para mas.» «Año 1633 [dibujo de un pie con manchas negras que representan la enfermedad] de un fle- mont el pie en perdi [...] La Virgen le [...] Fecis me [...] » Conocemos el nombre de alguno de los priores de Cilleruelos por documentos económicos de compra, venta o arrendamiento de fincas. Fray Bernardo de la Fuente era prior en 1531. A principios del siglo XVI, Estéfano Valencia, rector de la iglesia de Cuevas Labradas, quiso hacerse con las décimas de Cilleruelos y se entabló un litigio judicial que solucionó Luis Sánchez, como deán de la Catedral de Teruel y Juez conservador de los bienes del Monasterio de Piedra a petición de Fray Fernando de Aragón. Acogiéndose al contenído de las bulas de
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(^65) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. fol. 668-670. (^66) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. fol. 678. (^67) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. fol. 656.
El Abad nombraba cada año un justicia o alcaide encargado de garantizar la paz y la concor- dia entre los habitantes de este pueblo. Por causas que nos son desconocidas, quizá a raíz de los rebrotes sucesivos de la Peste Negra de 1348, Cilleruelos quedó despoblado y los monjes cis- tercienses del Monasterio de Piedra se vieron obligados a transformarlo en un priorato del que sabemos que permaneció activo hasta la exclaustración de 1835. Consta además, que el patro- nato que Piedra ejercía sobre la vicaría de Peralejos desapareció muy pronto a favor del obis- pado de Teruel, que pasó a designar la titularidad parroquial de la iglesia de Peralejos. No sucede lo mismo con el priorato, del que no se desprendieron, ni con los derechos ejercidos sobre el diezmo y las primicias, que retuvieron los de Piedra hasta la desamortización. Probablemente, este priorato es el que cita Ponz como Nuestra Señora de Cilleros. Es interesante señalar que el «Lumen Domus Petrae» recoge la existencia de la donación de Peralejos a favor del Monasterio de Piedra, pero reconoce que el privilegio sobre pergamino no había llegado al siglo XVIII, ni tampoco se tenía copia de él, sino que era sólo conocido a través de un documento de 1210, otorgado por Pedro II, que facultaba a los monjes para vender el heredamiento de Peralejos si lo consideraban oportuno «y añadió que si al dicho convento pare- ciese mayor conveniencia pudiese poblar los dichos heredamientos, poniendo en ellos vecinos y pac- tando con los pobladores, todo lo que les pareciese y fuese bien visto al dicho monasterio»^71_._ La aldea de Peralejos, próxima a Cilleruelos, perteneció al Monasterio de Piedra hasta su venta en 1211 a Pedro Sesé y a Berengaria, su esposa^72. «Vendió las aldeas y granjas o Pardinas de Peralejos y de Cilleruelos, con las casas, huertos, molinos, aguas pastos y leñas y viñas, con los térmi- nos de dichas aldeas o lugares que confrontaban en aquel tiempo por la parte de Teruel, con el barran- co que está entre los términos de dicho lugar de Peralejos y del Lugar de las Cuevas [hoy Cuevas Labradas] y por la parte de Alfambra, confrontaba con el alud de los molinos de dicho lugar de Peralejos, conforme parte y divide el barranco que está en frente del dicho Alud. Y por la parte del villar plano confronta con la roca o peña que se ve y descubre desde la dicha aldea de Peralejos, conforme dicen las vertientes de las aguas que bajan desde la dicha peña, por donde pasa el camino que va al dicho villar plano. Y por parte de Escoriguela confrontaba con los dichos términos y se estendían por las vertientes de las aguas que bajan a la rambla o río Alfambra. Y esta vendición se hizo por precio de mil y ochocientos maravedíes alfonsinos de oro y de buen peso. [...] Y la dicha vemdición hizo este Monasterio de Piedra, reservándose para sí la iglesia de los dichos lugares y todas las décimas y primi- cias de los panes, frutos y ganados que se cogiesen y criasen en los términos de dichos lugares. Y los dichos compradores aceptaban esta vendición obligándose por sí y sus habientes derecho a pagar per- petuamente al Monasterio las dichas décimas y primicias.»^73 Poco tiempo después, en 1216, el convento dio a Doña Berengaria y a su hijo, Pedro Sese, «la dicha iglesia de Peralejos con todas sus posesiones y rentas [...] y esto por treudo en cada un año de veinte y cinco fanegas de trigo [...] puestas y llevadas a sus expensas a la casa u hospicio que el monas-
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(^71) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. fol. 1381. (^72) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. Fol. 1381. (^73) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. Fol. 1382.
terio tuviese en la dicha ciudad de Teruel y pagadas, proporcionalmente al Monasterio en el día de San Miguel de cada año. [...] Otorgose la dicha tributación con expreso pacto que si la dicha Doña Berengaria, o, sus hijos y habientes derecho, no pagasen con puntualidad el dicho treudo, pudiese el monasterio recobrar y volver a la posesión de la dicha Iglesia y de sus posesiones y rentas, reteniéndo- selo todo para siempre.»^74 La venta coincide con el periodo de máxima actividad arquitectónica y artística en el Monasterio de Piedra, de modo que, su venta puede interpretarse como un medio de obtener rápidamente el dinero necesario para acelerar las obras, pagar a los canteros, y garantizar la rápida construcción del cenobio. Hay que decir, no obstante, que los cistercienses de Piedra, aunque perdieron la plena jurisdicción sobre Peralejos, retuvieron su parroquia, así como los derechos sobre diezmos y primicias hasta el siglo XVIII. En 1231 «El obispo de Zaragoza, Don Sancho Ahones, con voluntad y consentimiento de todo el cabildo Cesaraugustano, dio por vía de limosna a este monasterio de Piedra y a su abad Semeno, para siempre, la iglesia del lugar de Peralejos, con todos los derechos y rentas a ella pertenecientes, excep- tuando los derechos y rentas pertenecientes al arcediano y al arcipreste de dicho lugar. Y se reservó el dicho obispo para sí y para sus sucesores la colación canónica de los vicarios o presbíteros que ubiesen de servir el curato de la dicha iglesia. Los cuales tuviese facultad el monasterio de nombrarlos o presen- tarlos, y los así nombrados estuviesen sujetos a la condición y visita de dicho obispo, respecto de la administración de los sacramentos, en cuanto curas de almas. Y asimismo, declaró el dicho obispo que los dichos curas o vicarios, tuviesen la obligación de pagar y corresponder al monasterio con las rentas y frutos pertenecientes a la dicha iglesia.»^75 El documento citado está transcrito en los siguientes términos: «In Christi nomine el euis gratia. Nostrum fiat universis praesentibus et futuris quod Nos Sanctuis miseratione Divina Caesaraugustanus episcopus cun consensus et voluntate totius capituli Caesaraugustani pictatis intuitu et pro remedio anime nostrae nostrumque antecesorum et sucesorum in elecmosynam damus et in praesenti traddimus in perpetuum monasterio de Petra, et tibi frati Semeno, Abati, et monachis nunc et semper ibidem Deo servientibus, et eos in corporalem eius posesio- nem ponimus ecclesiam de Peralellos , et quidquid juris in ia habemus, cum ómnibus Juribus praesen- tibus et futuris, ad dictam ecclesiam nunc pertinentibus, et in futurum pertinendis; salvo tamen Jure Archidiaconi, et Archipresbiteri loci; et retnto nobis et salvo, et nostri succesoribus, quod dictum Monasterium, vel eius abbas tencatur, nobis et nostri sucesoribus, Presbiteros vel Vicarios, in dicto loco instituendos omni tempore praesentare. Quid Presbiteri vel Vicari, nobis respondeant de cura anima dicti Loci, et nobis et nostri sucesoribus exhibita episcopalis reverentia fidelis existant in sententiis nos- tri et aliis mandatii canonicis observandis; et dicto monasterio respondeant de ómnibus fructibus et redditibus ecclesia dicti loci. [...] »^76
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(^74) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. Fol. 1383. (^75) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. Fol. 1383-1384. (^76) Lumen Domus Petrae. Op. Cit. Fol. 1384.