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Monografía académica sobre los bacteriófagos, fagoterapia y la problemática de la resistencia a los antibióticos
Tipo: Tesis de Bachillerato
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Sebastián Cépeda y Mateo Díaz DOCENTE: Lic. Zoila Adrianzén Número de Palabras: 8387
En la presente investigación se pretende responder a la pregunta: ¿Hasta qué punto el uso de bacteriófagos beneficiaría en la erradicación de infecciones bacterianas? Siendo este tema elegido por la enorme importancia que tiene el estudio de nuevas alternativas para erradicar enfermedades infecciosas causadas por bacterias debido a las complicaciones que se están presentando con respecto a su tratamiento habitual con antibióticos. Se tiene en cuenta como puntos principales de la investigación dos capítulos: el primero conformado por información teórica que nos servirá para tener conceptos claros de términos en el presente trabajo, y el segundo capítulo en el que se defienden premisas a partir de la argumentación con el fin de comprobarlas; finalmente, se incluyen las conclusiones y referencias bibliográficas. Para realizar este estudio, la modalidad de investigación fue mediante el análisis y recopilación de datos de estudios, ensayos clínicos, hechos históricos, artículos y videos con respecto a nuestro tema a tratar; asimismo, con el fin de hacer esta monografía lo más completa posible, se estudió el mercado farmacéutico de manera macroeconómica con el objetivo de determinar qué fármacos, utilizados de manera común, presentan, al menos, un fago en su desarrollo y manufacturación. Finalmente, basándose en los análisis previos de los estudios y casos clínicos, se determinó que la fagoterapia es beneficiosa por la gran especificidad que presentan los bacteriófagos gracias a su modus operandi, debido a que los fagos pueden trabajar en conjunto con los antibióticos para así maximizar el potencial curativo de ambos; asimismo, la carencia de estudios e investigación en masa es la razón por la que, actualmente, esta alternativa a la farmacoterapia no es tan aceptada ni conocida por la comunidad científica, ni por la sociedad en general.
Las infecciones bacterianas son enfermedades causadas por microorganismos que producen toxinas que infectan los tejidos y algunas llegan a ser muy letales. En un artículo de la revista El País afirma que las infecciones bacterianas provocan alrededor de 9000 muertes a pacientes con cáncer sólo en España”, lo que significa que tienen un impacto notable en el mundo por la cantidad de muertes anuales que causan. Estas infecciones son comúnmente tratadas por antibióticos; Sin embargo, estos están generando resistencia que los hace perder potencia y efectividad. “La resistencia antimicrobiana causa 700 mil muertes al año en el mundo” (Ministerio de salud, Argentina, 2019). En vista de este peligro inminente de la resistencia antimicrobiana (RAM) es que surgen importantes interrogantes que nos dejan mucho en qué pensar en relación al futuro de la salud de la población mundial ¿Qué hacer al respecto? ¿Qué otras formas de combatir las infecciones bacterianas existen? Aquí es donde introducimos a los bacteriófagos, quienes son virus que infectan únicamente a las bacterias y estos atacan de forma específica, por lo que cada fago es específico de un determinado género o especie bacteriana; además, según diversos estudios que se mostrarán más adelante, son efectivos para combatir infecciones, y son aún más importantes porque tienen la capacidad de erradicar a las bacterias multirresistentes. Por esa razón y por lo anteriormente expuesto, nuestra investigación tiene como intención principal exponer, mediante argumentos, por qué se debería impulsar el uso de bacteriofagos en el tratamiento de enfermedades infecciosas causadas por bacterias; asimismo, se busca mostrar la efectividad de estos con la esperanza de que en un futuro cercano sean implementados en los tratamientos médicos de todo el mundo, en este sentido nuestra pregunta de investigación es: ¿Hasta qué punto el uso de bacteriófagos beneficiaría en la erradicación de infecciones bacterianas?
1.1 El uso de bacteriófagos 1.1.1. Definición y características De acuerdo a Prada, Holguín, González y Vives (2015), la palabra bacteriófago proviene de “bacteria” y “fagein” (del griego comer o devorar) propuesta por Felix d’Herelle (Sulakvelidze et al. 2001). En 1896 y 1898 fueron avistados, por primera vez, estos seres por el ruso Gamaleya y el británico Ernest Hankin, quienes lo describieron como una sustancia no identificada con posible actividad antibacteriana. Descritos de manera independiente por el británico Frederick Twort en 1915 y por el francocanadiense Felix d´Herelle en 1917, Twort fue el primero en reportar su capacidad lítica (Kutter & Sulakvelidze 2005, Monk et al. 2010); sin embargo, por diversas circunstancias, no continuó con sus experimentos. Los bacteriófagos fueron oficialmente nombrados en 1917 por D´Herelle durante sus investigaciones en el Instituto Pasteur de Paris, mientras estudiaba la crisis de disentería en soldados franceses (Kutter & Sulakvelidze 2005). D´Herelle, al igual de Twort, demostró que las bacterias eran destruidas, hecho evidenciado por la aparición de pequeños halos traslúcidos en la superficie de los medios de cultivo. Sus observaciones fueron publicadas en un artículo titulado “Sobre un microbio invisible antagonista de los bacilos de la disentería” (Segundo et al. 2007). Asimismo, de acuerdo a Segundo, Hernández, López y Torres (2010), los bacteriófagos, o también llamados fagos, son virus que infectan y lisan, o parasitan, únicamente a las bacterias. Esta infección es de manera especie-específica, por lo que cada fago es específico de un determinado género o especie bacteriana. Asimismo, el genoma de los fagos está compuesto por ADN o RNA el cual puede ser una sola cadena o de cadena doble. Este material genético es protegido por una cubierta llamada cápside, la cual está compuesta de proteínas. Por otro lado, las proteínas estructurales son las responsables de determinar la estructura de los bacteriófagos; en adición, la función de estas proteínas de envoltura es la de proteger el material genético fágico y pueden proveer, además, al fago de: espículas, fibras caudales, cola y cuello. Agregando a lo anterior, según Reina y Reina (2018), estos seres son de suma importancia para los ciclos biológicos en la naturaleza; son localizados en cualquier ecosistema y son Comentado [1]: Ahora sí se evidencia un apartado respaldado y desarrollado. Buen uso de citas.
células bacterianas sensibles y resistentes o, en segundo lugar, se vea presente una mezcla de fagos líticos y lisogénicos (Paul et al. 2002). Se cree que la pseudolisogénesis ocurre cuando la célula hospedera se encuentra en condiciones de limitación de nutrientes, caso en el que no hay energía disponible para que el fago produzca una respuesta lítica o lisogénica. Incrementados los niveles de nutrientes para la célula hospedera, el fago puede usar la energía celular necesaria para poder realizar expresión génica, lo cual lo lleva a producir lisogenia o lisis (Miller y Day 2008). Figura 1. Representación esquemática de las dos alternativas del ciclo replicativo completo del bacteriófago. Por Kameyama, como se cita en Segundo et al. (2010). 1.1.2. Uso en la actualidad y fagoterapia
Cabe destacar que, de acuerdo a Segundo et al. (2010), existen productos comerciales usados en la industria alimentaria que son avalados por la Food and Drug Administration (FDA) como puede ser el caso de “LISTEX P100™, comercializado por EBI, Food Safety, y de PLSV-1™. Además de INT-401™, comercializado por Intralytix el cual es para uso veterinario.” Asimismo, existen otras formas farmacéuticas que se han creado a base de bacteriófagos que son comercializadas en Europa del Este como pueden ser tabletas, supositorios, soluciones oftálmicas, entre otras. Se pueden apreciar, en la Tabla 1, productos que contienen al menos un fago en su formulación. Tabla 1. Productos con Fagos que han sido comercializados en los últimos años, en distintos países no Europeos. Por Segundo et al. (2010). En adición a esto, según Prada et al. (2015), se pueden utilizar estos bacteriófagos para su uso como controladores de bacterias patógenas, mediante la fagoterapia. En 1919, D’Herelle utilizó un preparado de fagos para combatir la disentería severa de un niño de 12 años. Anteriormente, como método para descartar cualquier efecto secundario, los médicos del hospital en el cual se llevó a cabo este experimento junto a D’Herelle ingirieron una dosis 100 veces mayor a la que se le brindaría al joven. Entonces, después de suministrarle los bacteriófagos al menor de edad, pasó de 10-12 deposiciones diarias con sangre a solo 3, y esa misma noche las deposiciones habían desaparecido. Días después, el niño se recuperó exitosamente. Con el fin de descartar la posibilidad de que este fuera un caso aislado, se le suministró la misma dosis a 3 niños más, quienes también presentaban disentería y, de la misma manera que el primero, se recuperaron a las 24 horas de administrada la dosis. “En otro estudio, realizado en 1921 por Richard Bruynoghe y Joseph Maisin, se utilizaron bacteriófagos para tratar infecciones estafilocócicas de piel” (Sulakvelidze et al. 2001). En los años 1920-1930, Comentado [2]: si ya empiezan con la cita, no es necesario colocarla otra vez al final
problema, a la microbiota normal del paciente. Y como punto final, “los bacteriófagos que realizan ciclo lítico son agentes bactericidas, por lo tanto las bacterias infectadas no vuelven a ser viables, mientras que algunos antibióticos son bacteriostáticos y permiten con mayor facilidad la adquisición de resistencia” (Loc-Carrillo y Abedon, 2011). 1.2 Infecciones Bacterianas 1.2.1 Definiciones y características Las bacterias son seres vivos que solo contienen una célula. Bajo el microscopio, se ven como bolas, varas o espirales. La mayor parte de bacterias no son dañinas para nuestro organismo. Muchas son útiles. Ciertas bacterias ayudan a digerir los alimentos, destruyen las células patógenas y aportan vitaminas al cuerpo. También se utilizan bacterias para elaborar alimentos como el yogurt y el queso. Sin embargo existen bacterias infecciosas se reproducen rápidamente dentro del cuerpo y pueden provocar enfermedades: “Una infección bacteriana es aquella causada por bacterias, microorganismos microscópicos que tienen una sola célula sin núcleo y que viven en todo tipo de medios y ambientes.” (MSD Salud, 2017). Muchas despiden sustancias químicas llamadas toxinas, que pueden dañar los tejidos y así causan enfermedades. Entre los ejemplos de bacterias que causan infecciones se incluyen el estreptococo, el estafilococo y la Escherichia coli. Por otro lado, según Healthwise (2021): Una infección bacteriana es una infección causada por bacterias. Las infecciones bacterianas a menudo pueden ser tratadas con éxito con antibióticos; asimismo, una infección puede comenzar como una infección bacteriana. O una infección bacteriana puede seguir a una infección viral que no mejora. Cuando una infección viral no mejora después de 10 días o más, o cuando una infección viral comienza a mejorar y luego empeora inesperadamente, podría haber una probabilidad mayor de una infección bacteriana. Una infección bacteriana es el resultado de la interacción entre el hospedero humano, el microorganismo y el medio ambiente, “suele afectar una sola zona del cuerpo, como los senos paranasales, los pulmones, los oídos o las vías urinarias. Si no se trata, una infección bacteriana puede extenderse al torrente sanguíneo. Esta afección se llama bacteriemia.” (Cigna, 2021) El microorganismo antes mencionado puede actuar de diversas maneras, las cuales están determinadas por las siguientes características: en primer lugar, la patogénesis, entendida como la capacidad de un microorganismo de producir la enfermedad; por otro lado, la virulencia, Comentado [3]: Se sugiere fusionar con el segundo apartado. Corregirlo también en indice.
conocida como la capacidad de producir daño; después, la invasividad, es percibida como la capacidad de un microorganismo de ingresar, sobrevivir a las defensas, multiplicarse y diseminarse; por último, la toxigenicidad, entendida como la de algunos microorganismos de producir toxinas. Otro punto a mencionar respecto a las infecciones bacterianas es la relación que existe entre el hospedero y el microorganismo; Cuello (2020) expone que: En primer lugar se encuentra el comensalismo, se da cuando el microorganismo se establece en el hospedero sin causar daño; por otro lado, la simbiosis (mutualismo), es el estado de infección donde el hospedero y el microorganismo se benefician. ej: E. Coli ayuda a la síntesis de proteína k en el intestino; Por último, y el punto que nos interesa, la infección. es el resultado de la interacción entre ambos. Deriva de los diferentes resultados del comensalismo y simbiosis, de forma que conlleva a una enfermedad infecciosa, entendida como la situación en que la relación microorganismo
1.2.2 Impacto de las infecciones bacterianas en la actualidad En la actualidad, las infecciones bacterianas tienen un gran impacto debido al daño que causan y la resistencia que están adquiriendo por el uso desmedido de antibióticos; asimismo, según Ansede (2020), las infecciones por virus y bacterias provocan el 8% de las muertes por cáncer en España. Esto representa un incremento de la intensidad con la que ataca la infección, ya que el sistema inmunológico del hospedador es muy débil para erradicar con éxito la infección bacteriana. Por otro lado, las infecciones bacterianas afectan a la actividad ganadera y agrícola, según la revista La Vanguardia (2017), hoy en día es muy común la contaminación de alimentos con Escherichia coli y salmonella, las dos mencionadas son resistentes a los antibióticos, un problema por el que los profesionales recomiendan usar estos medicamentos prudentemente. Sin embargo el problema que existe en todo el mundo es la utilización de productos sintéticos para erradicar indiscriminadamente posibles virus, bacterias, parásitos o hongos en ganadería y agricultura. Prueba de esto es la reciente detección, en numerosos países, de resistencia a la colistina (un antibiótico de última generación en medicina). De esta forma, dos de las principales vías de transmisión de la resistencia a este antibiótico nos llega de la carne de aves de corral y del cerdo. Siendo lo antes mencionado fuentes importantes de alimentos consumidos por humanos, es que afecta directamente a todo el planeta en consecuencia de buscar erradicar las infecciones bacterianas que afectan dichos sectores. Para finalizar se presentarán las infecciones más comunes causadas por bacterias expuestas por Larry Bush (2020): En primera instancia se encuentra la fiebre por mordedura de rata, esta es causada por Streptobacillus moniliformis , que reside en la boca y la garganta de ratas, ratones y jerbos sanos. Los síntomas aparecen violentamente entre 1 día y unas 3 semanas después de que se cura la herida. Entre los síntomas se encuentran vómitos, fiebre, escalofríos, dolor de cabeza y dolor en la espalda y en las articulaciones. Unos días después suele aparecer una erupción de pequeñas protuberancias rojas y planas en las manos y los pies. Si no se trata correctamente, los dolores articulares y la artritis infecciosa pueden durar días o incluso meses. La fiebre puede ser intermitente durante semanas o meses. Cabe resaltar que sin tratamiento, cerca del 10% de las personas con fiebre por mordedura de rata fallecen. En segunda instancia, el tétano, es causado por una toxina producida por las bacterias anaerobias Clostridium tetani. La toxina
causa contracción y rigidez muscular. Es una enfermedad habitual en países en desarrollo. La Clostridiu m tetani se encuentra en el suelo y en las heces de los animales y puede vivir allí durante años. La bacteria del tétanos puede ingresar en el organismo a través de heridas contaminadas con tierra o heces, y pinchazos en la piel con agujas contaminadas, como las usadas para inyectarse drogas ilegales, tatuarse o perforarse el cuerpo. Las bacterias del tétano producen esporas que les permiten sobrevivir cuando las condiciones ambientales son difíciles; Seguidamente, cuando las condiciones se tornan favorables, las esporas se transforman en bacterias. Las bacterias Clostridium tetani producen toxinas tetánicas que viajan a través del organismo e impiden que determinados nervios envíen señales a otros. Como resultado, los músculos se contraen involuntariamente, causando rigidez y espasmos musculares dolorosos. En tercer lugar se presenta la sífilis, esta es una enfermedad de transmisión sexual causada por la bacteria Treponema pallidum. Gran parte de los pacientes con sífilis son hombres, a menudo aquellos que mantienen relaciones sexuales con otros hombres, en particular los infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), y que viven en ciudades. En el año 2000 la tasa de casos de sífilis primaria y secundaria notificada fue de 5.979, la más baja desde que comenzaron los informes en 1941. Sin embargo, la tasa ha aumentado casi todos los años desde entonces, con 35.063 casos de sífilis primaria y secundaria notificados en 2018. El número de casos entre hombre homosexuales ha seguido aumentando; sin embargo, durante los últimos 5 años, los casos entre hombres que mantienen relaciones sexuales con mujeres y entre las mujeres, con independencia del sexo de su pareja sexual, también han aumentado sustancialmente. (Bush, 2020) La sífilis causa síntomas en tres etapas:primaria, secundaria y terciaria, Estas están separadas por periodos en los que no aparecen síntomas (etapa latente). La infección se transmite mediante contacto sexual. La bacteria penetra en el organismo por las membranas mucosas, como las de la vagina o de la boca, o bien por la piel. En el transcurso de horas, la bacteria llega a la proximidad de los ganglios linfáticos y se propaga por todo el organismo a través del torrente sanguíneo. Cada etapa de síntomas (primaria, secundaria o terciaria) supone un empeoramiento progresivo. Si la infección no es tratada, esta puede persistir asintomática durante muchos años y dañar al cerebro o la aorta, además de provocar la muerte. La neurosífilis (que afecta el cerebro y la médula espinal) puede aparecer en cualquier fase de la sífilis. Por otro lado, la fiebre tifoidea es un tipo de infección causada por bacterias Salmonella.
Últimamente, en todo el mundo, se le ha dado mayor importancia al cuidado de la salud y a los servicios médicos con la llegada de una pandemia mundial, lo que ha llevado a más personas a darse cuenta que las enfermedades infecciosas son catalogadas entre las primeras causas de muerte en el mundo, por lo que son un problema que nos concierne a todos. Aun conociendo esto, poco se habla sobre la importancia de las infecciones bacterianas y lo peligrosas que estas son, ya que, de acuerdo a Prada et al. (2015), día tras día estos entes adquieren una mayor tolerancia ante los antibióticos, nuestro mayor combatiente frente a este tipo de infecciones. Un ejemplo muy conocido sobre una bacteria que ha desarrollado resistencia frente a su principal antibiótico, el cual es la meticilina, es el Staphylococcus aureus resistente a meticilina (SARM). Esto es debido a la capacidad bacteriana para poder adaptarse, de manera veloz y eficiente, a condiciones adversas. Por ejemplo, en 2015 se sabía que solo en los Estados Unidos habían alrededor de 99000 muertes anuales por infecciones provocadas por bacterias resistentes a los antibióticos empleados en los hospitales y el costo, al año, de los cuidados médicos asociados a estos fallecimientos oscila entre 21 y 34 millones de dólares estadounidenses. Por lo que, no solo es un problema del sector sanitario, sino también del sector económico. Asimismo, esto se ve reflejado en todo el mundo; en Rusia, alrededor de un 80% de los domicilios hacen uso de los antibióticos de manera indiscriminada; en Tanzania, el número de muertos por malaria es solo la mitad de muertes por bacterias resistentes a antibióticos (World Economic Forum, 2013). En Colombia se ha observado un incremento en el aislamiento de cepas multi- resistentes, tanto en Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) pediátricas como en UCI de adultos; el riesgo de infecciones observado es 2 a 20 veces mayor en recién nacidos que requieren dispositivos intravasculares (INS 2009). Entre los incrementos más dramáticos se cuenta el caso de Escherichia coli productora de beta-lactamasas de espectro extendido (BLEE), con un aumento del 3% entre el 2012 y el 2013 (GREBO 2013). Sin embargo, antes de hablar sobre cómo solucionar esto, debemos saber el porqué ocurre esto. Una razón por la que existe un incremento de la resistencia antibiótica en bacterias es por el uso irresponsable de estos por la propia población, al no completar las dosis prescritas, al entregar prescripciones médicas innecesarias por parte de médicos negligentes. Asimismo, el Comentado [12]: no se olviden del título Comentado [13]: La introducción es muy buena, se ve la relación que le otorgan a cada variable, sin embargo hay que explicitar la tesis al final para que que quede TOTALMENTE claro qué es lo que se va a defender.
uso de los antibióticos como promotores del crecimiento de animales para el consumo humano, hace que las bacterias dentro de los animales mejoren su resistencia antibiótica, bacterias las cuales son ingeridas por la población y, por ende, nos afecta a todos. Estas acciones son las responsables de que a día de hoy ya no existan antibióticos eficaces para infecciones que anteriormente eran fácilmente tratables. Este panorama ha llevado a que gobiernos y agencias de salud manifiesten la necesidad de un uso más apropiado de los antimicrobianos, y la importancia de desarrollar nuevos agentes antibacterianos. Pero, no pasará nada porque seguiremos creando antibióticos más fuertes y capaces de contrarrestar esta nueva resistencia ¿verdad? Aunque esto podría sonar como una “solución obvia”, no es la mejor debido a la extensa cantidad de tiempo que toma crear un antibiótico en óptimas condiciones para su uso público y porque una mayor potencia en antibióticos comunes significaría un mayor riesgo en la salud del paciente, porque ningún antibiótico es libre de efectos secundarios y estos atacan toda la flora bacteriana del cuerpo humano, incluso la que no es nociva para nosotros, sino todo lo contrario. Entonces, ¿qué solución podemos brindar ante esta situación? Podríamos optar por un sustituto que tenga las mismas propiedades que un antibiótico para que tenga el mismo efecto pero sin que la bacteria presente resistencia, aunque hay algo que nos impide poner en marcha esta idea y es que “una realidad del mundo farmacéutico es la falta de investigación y desarrollo de nuevas moléculas con actividad antibiótica. Desde 1987 no hay resultados exitosos en este campo” (WHO 2014). Esto debido a que los esfuerzos farmacéuticos se han enfocado en el desarrollo de tratamientos para enfermedades que aseguren un retorno de las inversiones, como las enfermedades crónicas tales como la diabetes e hipertensión. Ahora, nos hemos quedado sin opciones, ¿y si le damos otro enfoque? Vamos a dirigir nuestra atención en una nueva opción, mas no en algo similar a lo que ya conocemos. Aquí es donde introducimos al candidato para detener este mal que, muy posiblemente, será uno de los principales problemas para la humanidad en el futuro: los bacteriófagos. Pero, ¿acaso tenemos evidencias sobre la eficiencia de los bacteriófagos frente a las bacterias? La respuesta es que sí, y es que en el siglo XX fueron usados para tratar la disentería, así como las infecciones estafilocócicas en la piel, curando exitosamente a los pacientes quienes fueron tratados. Aunque podamos entender que el uso de los bacteriófagos significa el desecho de los antibióticos, esto no necesariamente debe ocurrir, ya que está evidenciado como el uso conjunto de antibióticos y fagos sería más beneficioso frente a las infecciones bacterianas. Ahora, se nos puede crear otra interrogante: ¿Acaso no existe algún riesgo al tratar a los pacientes con fagos? Y la respuesta es no, debido a que los pacientes que, hasta el momento, han sido tratados con fagos no han presentado ningún efecto secundario, ni algún contratiempo al momento de la recuperación del
decir, podríamos transitar de un fago X a un fago Y sin problema alguno. Esta situación se vuelve más complicada con los antibióticos, por ejemplo, porque muchas veces cuando se toma la decisión de no seguir utilizando determinado fármaco en un tratamiento frente a una infección bacteriana, es debido a que el paciente es intolerante a este o porque la bacteria ha desarrollado resistencia frente al antibiótico que se usaba con anterioridad. Para explicar mejor esto, se presentará un caso clínico expuesto por Gallagher (2019), en el cual se tuvo que probar la fagoterapia en una joven de 17 años, quien presentaba fibrosis quística, enfermedad que facilita la infección por bacterias letales, y fue infectada por Mycobacterium abscessus. Los médicos le comentaron a la joven y a su familia que esta infección era intratable, ya que todos los antibióticos que se le habían suministrado desde su infancia le eran inútiles, y que tenía menos del 1% de probabilidades de supervivencia, dato estadístico que cambiaría con el tratamiento con fagos. Después de que se le suministrara un cultivo de bacteriófagos a la afectada, fue mejorando lentamente hasta que se recuperó completamente en cuestión de semanas simplemente. Entonces, si en ese momento no estaba a la disposición de los médicos un determinado fago, podrían optar por otro y obtendrían el mismo resultado. Cosa que no se pudo lograr con los antibióticos en este caso, ya que no existían muchas alternativas al fármaco utilizado para el tratamiento y la creación de un antibiótico lleva años de estudio y experimentación. Gracias a lo anteriormente mencionado, podemos afirmar que la gran extensión de los fagos ayudarían a tener una amplia gama de fagos como respuesta ante una infección gracias a que muchos de estos pueden ser utilizados frente a la misma bacteria, así como pueden los fagos ser modificados para maximizar su potencia y eficacia para los tratamientos, y el tener un repertorio de fagos en nuestras manos ayudaría a saber qué fagos son necesarios para los distintos casos que se presenten, sin riesgo de que solo uno sea el indicado para determinada infección bacteriana, como pasa con los antibióticos. En segunda instancia, investigar científicamente la fagoterapia eliminaría las “desventajas” que representa. A lo largo de la historia, se sabe que mediante la observación de eventos problemáticos se obtiene información importante para el desarrollo de soluciones. El descubrimiento de la fagoterapia no fue la excepción ya que hace más de cien años, Félix d'Herelle descubrió los bacteriófagos en su búsqueda de una vacuna contra la disentería hemorrágica que apareció en 1915: “d´Herelle observó que las bacterias eran destruidas por un agente desconocido, invisible capaz de destruir cultivos de bacterias o producir pequeñas áreas de color más claro” (Segundo et al., 2010). Además, según Segundo, A., Hernández, B., López, V. y Torres, A. (2010): d’Herelle primero experimentó en animales, tratando exitosamente una
plaga de disentería de pollo y después en humanos. Posteriormente a esto, le administró una preparación a un paciente de 12 años que padecía disentería severa y tuvo como resultado que los síntomas cesaron con sólo una administración del fago. Igualmente, tres pacientes adultos se recuperaron del mismo padecimiento en sólo 24 horas después de ingerir dicha preparación. Asimismo, en 1921, Joseph Maisin y Richard Bruynoghe usaron un tratamiento a base de fagos para combatir infecciones cutáneas causadas por Staphylococcus. De esta manera, lo mostrado anteriormente representa resultados exitosos en la fagoterapia; Además, es sabido que de 1920 a 1950 es considerada cómo la era histórica de la fagoterapia debido a los descubrimientos ya mencionados y a que durante la Segunda Guerra Mundial los ejércitos de soviéticos y alemanes usaron fagos contra la disentería y el ejército estadounidense orquestó una investigación sobre estos. Dos décadas después (1981), según el estudio más completo de fagoterapia, liderado por el profesor Stefan Slopek, demostró la eficiencia antibacteriana de la fagoterapia. Obteniendo, de los 550 casos, 508 casos (92,4 %) positivos, 38 casos (6,9 %) de mejoría notable y sólo en cuatro casos (0,7 %) resultados inefectivos. Entonces, ¿por qué no se continuó con la investigación de los bacteriófagos? Muy a pesar de los exitosos precedentes, la aplicación de la fagoterapia causó controversia en la época de d’Herelle debido a que no se disponía con los medios técnicos adecuados para tratar con racionalidad las muestras que contenían fagos, además que se desconocía la biología de los fagos a tal punto que se llegó a afirmar que estos eran proteínas. Finalmente, la principal causa del abandono de la práctica de la fagoterapia fue el descubrimiento de la penicilina que dio un gran impulso al tratamiento con antibióticos: “Tras un importante interés inicial, incluso por la industria farmacéutica, esta estrategia fue abandonada en 1940 gracias a los avances en la antibioticoterapia.” Reina, J., & Reina, N. (2018) Asimismo, según Reina, J., & Reina, N. (2018), la fagoterapia en la actualidad ha tenido una serie de problemas importantes debido a un escaso interés por parte de la industria farmacéutica, por lo cual no existen preparaciones comerciales de fagos en Europa o EEUU para uso humano. Además de las “desventajas” de la fagoterapia expuestas por Chacón (2019): “Su gran tamaño puede generar una respuesta inmune que puede disminuir su efectividad; Su alta especificidad puede ser una limitante si la infección es generada por más de un microorganismo; La selección de fagos de ciclo lítico”. Sin embargo, todas estas “desventajas” pueden ser solucionadas con herramientas biotecnológicas (Reducir el tamaño, cóctel de fagos y mejora de condiciones, respectivamente). Esto representa un desinterés por la investigación de los bacteriófagos debido a que los problemas presentados pueden ser solucionados mediante