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Son documentos para el estudio de carreras relacionadas al área de la salud. Especificamente para odontología.
Tipo: Apuntes
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“El éxito de la práctica odontológica en niños depende no sólo de las habilidades técnicas del odontólogo, sino también de su capacidad para lograr y mantener la cooperación del infante. La mayoría de los niños se esfuerzan por ser cooperadores; en estos casos el profesional deberá apoyar su conducta. Sin embargo, cuando un niño no coopera, dicha conducta debe ser modificada y controlada. Hay muchos factores que influyen sobre las actitudes de un niño hacia la odontología y su conducta en el ambiente odontológico. Trataremos las respuestas comunes de los niños a la odontología identificando algunas de las variables que inciden en sus reacciones a la experiencia odontológica.” Dr. Louis W. Ripa.
ANSIEDAD. La visita odontológica provocará un cierto grado de aprensión o ansiedad, en casi todos los niños. Esto es especialmente así en el niño preescolar, quien puede experimentar no sólo temor de posible dolor o daño y miedo a lo desconocido, sino también un temor de separación de la madre. El odontólogo que trata niños debe recordar que la ansiedad, per se, es una respuesta normal y realmente necesaria en muchas situaciones; a fin de mantener la seguridad del individuo. Los niños responden a las situaciones de estrés enfrentándolas. Hacer frente a una situación incluye los procesos mentales y emocionales internos de un individuo y sus respuestas de conducta externas, y pueden ser estimulados por sucesos externos o por conflictos internos. La conducta externa, sin embargo, es la única respuesta que los odontólogos pueden observar, y que comúnmente logra ser evaluada. Un niño puede responder a una visita odontológica por una
Stricker y Howitt, en un estudio de 88 niños preescolares y de jardín infantil, la mitad de los cuales habían tenido una experiencia odontológica previa, consideraron que sólo 14 de ellos (16%) eran levemente recelosos. Por consiguiente, dedujeron que: “El estereotipo popular sobre el temor del niño al odontólogo tiene poco fundamente en nuestros datos”. Klein, que analizó las composiciones y dibujos de niños ingleses sobre el tema, “Una visita al dentista” encontró, en su estudio, que los niños de jardín de infantes ostentaban una conducta defensiva, mientras que en general, los provenientes de escuelas básicas exhibían una actitud positiva respecto a la odontología. Creía que esto era debido a que los niños de escuelas básicas estaban emocionalmente equipados para enfrentar una situación posiblemente provocadora de temor, mientras que los otros, de jardín infantil, no lo estaban. Fadden, ha estudiado las respuestas a cuestionarios de 706 niños de jardín infantil. Encontró que al 86% le gustaba su dentista y al 42% le gustaba asistir a una visita odontológica. Esta impresión favorable al odontólogo concuerda con los hallazgos posteriores de Rosenzweig y colaboradores, quienes han informado que los niños de escuelas básicas piensan en sus odontólogos como un amigo más que como un individuo que ejerce poder o control sobre ellos. Fadden, encontró que la mayoría de los niños tenían un conocimiento razonablemente preciso de lo que hace un odontólogo, y también habían desarrollado gustos y disgustos sobre la visita odontológica.
Tabla nº1. Gustos y disgustos de la visita odontológica. Fradden. GUSTOS DISGUSTOS Una sala de espera interesante, incluyendo libros de cuentos y de historietas, revistas y una pecera.
Que se les haga esperar.
Música funcional. Una sala de espera no atractiva. Ser llamados por el nombre. El olor de la consulta o el aliento del odontólogo. Que el odontólogo hable mientras trabaje. Los rollos de algodón. Las explicaciones de los procedimientos odontológicos por el odontólogo.
El fresado
Mirar en un espejo mientras el odontólogo trabaja.
La luz operatoria en los ojos
Tener una señal para que el odontólogo deje Las mentiras sobre un procedimiento doloroso.
de fresar. Que se le diga que ha sido un buen paciente. Que se burlen de él. Un regalo postoperatorio. Ser reprendidos por el odontólogo. Que se les hagan preguntas cuando la boca está llena. Ser comparados con otros niños. Informes desagradables a los padres.
RESPUESTAS FISIOLÓGICAS. Para evaluar más objetivamente las reacciones de los niños a la experiencia odontológica, varios investigadores controlaron sus respuestas fisiológicas. La transpiración y el ritmo cardiaco son dos actividades fisiológicas frecuentemente controladas. La transpiración aumenta cuando un individuo se hace aprensivo. Este aumento puede ser detectado por un galvanómetro, que mide la resistencia disminuida de la piel húmeda a los impulsos eléctricos. El ritmo cardiaco también aumenta con la aprensión. Puede ser controlado simplemente y sin dificultades por un dispositivo fotoeléctrico, insertado a un dedo, que transmite a un polígrafo modificado. La cantidad de sangre en el lecho capilar distal del dedo controlará la cantidad de luz que alcanza la fotocélula, y cambia así el impulso eléctrico del dispositivo registrador. Usando test escritos, Howitt y Stricker comprobaron por primera vez los niveles de ansiedad y madurez intelectual de 88 niños de 4 a 7 años 8 meses. Los pequeños se identificaron como teniendo cifras altas o bajas de ansiedad. Ellos fueron subsiguientemente colocados en situaciones de control o de tratamiento y sus ritmos cardiacos fueron controlados. Los niños del grupo control se sentaron en el sillón dental en presencia de un odontólogo, pero no recibieron ningún tratamiento. El grupo de tratamiento fue sometido a un examen con espejo y sonda, y se les pincharon dos veces las encías con la sonda. En la situación de control, los niños con cifras de ansiedad inicialmente bajas mostraron ritmos cardiacos más altos que los niños con ansiedad en un comienzo alta. Contrariamente, en la situación de tratamiento, los niños con niveles de ansiedad bajos tenían ritmos cardiacos altos. Los investigadores creyeron que la ansiedad en la situación de control se debió a que el niño fue colocado en una posición con poca explicación y estructura, y esta
El niño que tiene “un berrinche” para impedir el tratamiento odontológico muestra un llanto obstinado. Este llanto es fuerte, de tono agudo, y ha sido caracterizado como una sirena. Esta forma de beligerancia representa la respuesta externa del niño a su ansiedad en la situación odontológica. La conducta beligerante debe ser manejada antes que el tratamiento odontológico puede progresar. El llanto por temor está comúnmente acompañado por un torrente de lágrimas y sollozos convulsivos, como buscando aire. El niño que emite este tipo de llanto ha sido abrumado por la situación y no puede ser manejado con las mismas técnicas que el niño beligerante. Es responsabilidad del odontólogo inspirar confianza en el niño atemorizado con una serie de experiencias odontológicas cuidadosamente estructuradas que permitan al niño enfrentar la situación. El llanto por daño puede ser fuerte; más frecuentemente, sin embargo, va acompañado por un pequeño lloriqueo. La primera indicación de que el niño está incómodo puede ser una sola lágrima del ángulo del ojo y corre por su mejilla. El llanto por daño es fácilmente identificado debido a que el niño dirá voluntariamente o cuando es interrogado, que le está haciendo doler. Algunos chicos pueden estar sufriendo dolor pero controlar su actividad física, de modo que el odontólogo no se da cuenta de que existe un problema. Cuando se reconoce que el niño está con dolor, hay que detener el procedimiento odontológico, y lograr un control satisfactorio de aquél. Elsbach, describe el llanto compensatorio como “no realmente un llanto, sino como un zumbido monótono” que el niño emite para amortiguar el ruido de l fresa. Si bien puede resultar fastidioso al odontólogo, ésta es la manera con que el niño enfrenta lo que considera un estímulo auditivo desagradable. El profesional debe reconocer el llanto compensatorio como un ardid, desarrollado por el infante, para asumir la ansiedad que está experimentando. Se trata de una estratagema exitosa de enfrentamiento y , por ende, el odontólogo no debe intentar detenerla.
Se recomienda, generalmente, que la primera visita al odontólogo de un niño sea no más tarde de los 3 años. Varios investigadores han intentado evaluar la conducta de los niños preescolares o mayores durante su primera visita odontológica, además de identificar los factores que influyen en su conducta. Casi siempre el grado de cooperación exhibida por los niños preescolares en la primera visita es alto. A menos que el pequeño se presente con un problema dental agudo, la primera visita comúnmente implica sólo un examen, evaluación radiográfica, y posiblemente una profilaxis y aplicación tópica de flúor. La mayoría de los niños aceptan con facilidad se primer examen bucal, la profilaxis y la aplicación de flúor. Sin embargo, hay ciertos procedimientos durante la primera visita que están frecuentemente asociados con una conducta no cooperadora. Las proporciones más altas de conducta no cooperadora, durante la primera sesión, ocurren cuando el niño es separado de su madre y durante la toma de radiografías. La conducta durante la sesión radiográfica, suele estar asociada con la molestia del procedimiento. Este comportamiento desfavorable, que ocurre durante la separación, puede ser resultado de varios factores. Un temor de abandono que es común en los niños menores de 4 años de edad, puede manifestarse cuando es separado de la madre en la sala de recepción. El temor a lo desconocido puede ser también otro factor, como lo serán los temores subjetivos que el niño puede haber adquirido de los miembros mayores de la familia. Otros problemas se asocian con las reacciones que exhiben los niños en su primera visita odontológica. Un factor prominente, que ha sido relacionado con la conducta no cooperadora de los niños durante la primera visita, es la ansiedad materna. Si se ha identificado un alto grado de ansiedad en la madre, el niño, en general, será abiertamente ansioso o exhibirá algún grado de conducta no cooperadora en el sillón dental. Otro factor identificado con esta conducta es el conocimiento del niño de que tiene un problema dental que requiere tratamiento. Un niño que sabe que tiene una cavidad o un diente doloroso, puede estar más ansioso que otro que cree que viene para que se le examinen y limpien sus
visitas de los niños preescolares para tratamiento restaurador, ocurrió durante la fase de la inyección en el tratamiento. Myers y colaboradores, que controlaron los ritmos del pulso de los niños durante una visita restauradora, hallaron que el ritmo del pulso fue elevado inmediatamente antes y durante la inyección, indicando un estado más alto de ansiedad que en otras fases de la visita restauradora. Si bien existen artículos publicados que describen técnicas de administración de la anestesia local en niños, no hay estudios controlados describiendo específicamente las respuestas emocionales de éstos a las inyecciones dentales. Sin embargo, se tiene noticia sobre la existencia de un informa médico que describe las reacciones de los niños a las inyecciones hipodérmicas. Aunque el sitio de inyección fue diferente al de la inyección dental, es probable que las respuestas de los niños no sean disímiles. Kassowitz, observó 133 niños, de 6 meses a 12 años de edad, que recibieron un total de 328 inyecciones. Evaluó subjetivamente el grado de aprensión antes de la inyección y su actitud durante la administración. Si bien había obvias variaciones en una base individual, Kassowitz, encontró un claro patrón de respuesta para los diferentes grupos de edad y una tendencia gradual hacia el mejoramiento de la conducta con el aumento de la edad y el nivel de madurez. Notó la falta casi completa de control emocional en las respuestas de los niños menores de 4 años de edad. Después de esto, sin embargo, observó crecientes intentos de los niños hacia el autocontrol y el dominio de la situación. Hacia los 8 años de edad, las manifestaciones abiertas de temor o autocompasión, o una respuesta físicamente interruptiva a la inyección, eran infrecuentes. Kassowitz, dedujo que la experiencia de la inyección podía ser positiva para el niño, porque le daba la oportunidad de ejercer y desarrollar más su autocontrol, y que “la capacidad de enfrentarse con experiencias dolorosas pero necesarias es sugerida como un índice de madurez emocional en el niño en crecimiento”.
REACCIONES A LA EXODONCIA. Durante mucho tiempo se ha reconocido que la extracción de un diente, en un niño, es uno de los procedimientos odontológicos que provocan más ansiedad.
Trieger y Bernstein, describieron historias de varios niños en quienes han realizado la exodoncia. La conducta cooperadora fue identificada cuando un niño exhibía su ansiedad y la comunicaba claramente, pero era incapaz de demostrar patrones aceptables de conducta. Sin embargo, observaron que un grupo experimentó una regresión de su conducta, es decir, que su comportamiento se adecuaba más a una edad inferior de la que tenían en ese momento; algunos lloraban mientras que otros se negaban a hablar después de la extracción. Si bien los niños individuales reaccionan en forma diferente, había una ansiedad manifiesta y defensiva en los de 3 a 4 años, mientras que los de 5 a 7 denotaban una conducta más cooperadora. Estos hallazgos también sugieren que otorgarles un periodo de tiempo de espera, les da un momento para prepararse psicológicamente para la extracción. Cuando fueron interrogados todos los niños dijeron que ellos preferían un periodo de espera antes de la extracción dentaria. Expresaron un deseo de “pensar en ello”, “prepararse para...” o de “estar listos para ello”.
Si bien tanto el padre como la madre juegan papeles importantes en el desarrollo psicológico de sus hijos, el énfasis ha sido puesto sobre el papel de la madre. Esto es debido a que las madres tienen, generalmente, más contacto con sus hijos que los padres.
EFECTO DE LAS ACTITUDES MATERNAS. Algunas de las actitudes maternas pueden afectar adversamente la personalidad en desarrollo del niño y esto, a su vez, puede conducirlo a mostrar una conducta inapropiada en la situación odontológica. Describiremos algunas de las conductas asociadas con estas actitudes, estas descripciones deben ser consideradas como estereotipos de patrones de conducta y no identifican la conducta de un niño en particular en una situación odontológica específica.
a menudo el niño empleará esta conducta para hacerle más exigencias. Estos niños, generalmente, tienen dificultad para hacer amigos, debido a su comportamiento tiránico. El niño agresivo comúnmente no se mostrará ansioso en una situación ambiental nueva o poco familiar, como la consulta odontológica. Sin embargo, puede esperar o exigir la atención del odontólogo.
Sobreindulgencia: La sobreindulgencia puede estar asociada con la sobreprotección, o ser el rasgo materno dominante. Los padres sobreindulgente dan al niño todo lo que quiere, en cuanto sea financieramente posible, incluyendo juguetes, golosinas y ropas y, comúnmente, ponen muy pocas restricciones sobre la conducta de su hijo. Otros parientes, tales como los abuelos, son también, con frecuencia, demasiado indulgentes. El niño de un padre sobreindulgente es el niño “malcriado” acostumbrado a hacer lo que quiere. Su desarrollo emocional se halla estancado, manteniéndolo en el estado infantil dependiente, en el que el llanto o un berrinche producirá la conducta que él exige de los padres. Es incapaz de entretenerse solo y mantiene a los adultos alrededor. Estos niños, como los de madres sobreprotectoras, esperarán “hacer lo que quieren” en la consulta, y pueden mostrar berrinches cuando no pueden dominar el trance de la manera que controlan las situaciones en su hogar.
Carencia afectiva: Varia desde una leve despreocupación a la indiferencia, o al descuido. Puede comenzar durante el embarazo o desarrollarse más tarde, en la niñez. Una madre es, a veces, menos emocionalmente patrocinadora de su hijo debido a sus intereses externos, a su empleo, o simplemente a que el niño no es querido. Los niños que experimentan la carencia de afecto materno, en general, se comportan bien y aparentan ser bien adaptados. Sin embargo, tienden a ser inseguros de sus capacidades de tomar decisiones. Puesto que no han aprendido ni experimentado el amor en su hogar, el contacto emocional y la conexión con ellos es difícil de lograr. Un profesional puede encontrar que lloran fácilmente, son
tímidos y no pueden o no quieren cooperar. Estos niños a menudo responderán a un sustituto, tal como el odontólogo o la asistente dental, quienes les darán el apoyo emocional y afecto necesarios.
Rechazo: La aceptación versus el rechazo es una de las más significativas influencias familiares. El rechazo materno puede surgir bajo cualquier circunstancia en la cual un niño no es querido. Por ejemplo, el niño puede ser rechazado debido a un matrimonio inestable e infeliz; o debido a que el nacimiento no fue anticipado y su presencia interfiere con la carrera de la madre u otras ambiciones; o debido también a que la madre misma es inmadura o emocionalmente inestable. El rechazo es comúnmente abierto. La conducta de la madre está caracterizada por el descuido del niño, frecuentes castigos, regaños y resistencia a gastar dinero o tiempo en él. Cuando el rechazo materno es manifiesto, el chico carece casi siempre de un sentimiento de pertenencia o de valía. Puede mostrar una ansiedad extrema y ser agresivo, hiperactivo y desobediente. Comúnmente recurrirá a cualquier conducta para obtener atención. Estos niños suelen ser pacientes odontológicos difíciles que requieren una considerable modificación de la conducta por parte del odontólogo.
Autoritarismo: El padre autoritario elige técnicas para controlar la conducta de su hijo que pueden ser llamadas “orientadas sin amor”. La disciplina toma, a menudo, la forma de castigo físico o ridículo verbal. La madre autoritaria insistirá en que el niño se adapte a su serie de normas, y empleará mucho esfuerzo para entrenarlo de acuerdo a esas pautas. Frecuentemente, la madre autoritaria suele ser ella misma producto de una crianza de ese tipo. La respuesta usual del niño al control autoritario es el sometimiento; sin embargo, éste lleva aparejado resentimiento y evasión. Aunque el niño no desobedeciere directamente una orden posee un “gradiente de evitación” aumentado, y buscará evadir o retardar la respuesta. La pérdida de tiempo, la conducta evasiva, son características del hijo de una madre autoritaria.
pueden fomentar o estimular la conducta cooperadora en los niños. Estas actividades son: la obtención de datos y observación, estructuración, externalización, empatía y apoyo, autoridad flexible, y educación y entrenamiento.
Obtención de datos y observación. La obtención de datos implica recopilar el tipo de información sobre un niño y sus padres en una entrevista formal o informal en la consulta. La observación involucra la percepción de las características de conducta abiertas o sutiles de un niño, que brinda indicios con respecto a como deberá ser abordado por el odontólogo y su personal. La observación comienza examinando la conducta del niño en la sala de espera, incluyendo la interacción con los padres. Deberá advertirse la actitud del niño cuando es separado de su madre y su conducta en el primer contacto con el profesional. Una vez dentro de la consulta y durante el tratamiento, la respuesta del niño a las cosas nuevas, ruidos y olores de la consulta, y su manera de responder a las instrucciones del profesional. Algunas preguntas a contestar con la observación:
**1. ¿Cómo enfrenta el niño la situación odontológica? ¿Es cooperador, interesado, aburrido, apático o temeroso?.
Cree ejemplos de visitas estructuradas para distintos procedimientos clínicos.
La observación deberá ser una actividad continua. En cada visita, el odontólogo deberá estar preparado para modificar su acercamiento a un niño, a medida que la conducta de éste cambia y/o a medida que la percepción propia se modifica también.
Estructuración. El establecimiento de las líneas guías de conducta comunicadas por el odontólogo y su personal al niño. Con la estructuración apropiada, los niños sabrán que esperar y cómo reaccionar a la experiencia odontológica. Algunas maneras de estructurar una visita:
**1. El odontólogo explica al niño el propósito del tratamiento.
Externalización. La externalización es un proceso por el que la atención del niño es enfocada fuera de las sensaciones asociadas con el tratamiento odontológico. Existen dos componentes de externalización: la distracción y el compromiso, y
De ejemplos de programas educativos y alternativas de colación para los escolares.
Autoridad flexible. Si bien el odontólogo debe controlar la interacción con el paciente, su autoridad será complementada con un grado de flexibilidad o compromiso con el objeto de cumplir con las necesidades del paciente o la situación particular. Cuando una visita dental se deteriora porque el niño se está comportando mal o exhibiendo alguna otra conducta interruptiva, el odontólogo debe considerar si la conducta es por falta de madurez del niño, o si él mismo ha contribuido a la situación por su manera de acercarse a aquel. Si la causa es esta última, el odontólogo asumirá una actitud lo suficientemente flexible como para permitirle modificar sus tácticas en la misma visita o en las futuras.
Educación y entrenamiento. Cualquier odontólogo que trate niños deberá implementar un programa que eduque tanto a ellos como a sus padres, con respecto a lo que constituye la buena salud oral, y los estimule para hacer los cambios de conducta necesarios para lograr sus objetivos. Los odontólogos deben saber que su mensaje se relacionará con las aspiraciones del niño. El mensaje educativo está frecuentemente en conflicto con las presiones de los pares del niño y los anuncios de televisión, etc.
Debido a su influencia en el hogar, es esencial que los padres sean incluidos en el proceso educativo. Deberá establecerse una positiva relación con el paciente y los padres.
La bibliografía odontológica previa ha insistido en que las visitas para los niños deberán ser cortas, por el corto periodo de atención de los niños. Actualmente no se han encontrado diferencias importantes entre la conducta de los niños durante las visitas largas o cortas. Hay, sin embargo, una tendencia hacia el deterioro de la conducta durante las visitas prolongadas.
EFECTO DE LA PRESENCIA DE OTROS EN LA CONSULTA. Presencia de la madre. La presencia de la madre como observadora pasiva en la consulta contribuye a incrementar la conducta positiva en los niños preescolares.
Presencia de un hermano. Durante la primera visita o examen, los niños menores acompañados por un hermano mayor demostraron una conducta más positiva al entrar a la consulta que aquellos que ingresan solos.
Existen vastas diferencias individuales en la respuesta al dolor, pero se está poniendo de relieve la importancia de que los factores psicológicos, sociales y culturales pueden tener más influencia en la determinación de la reacción de una persona, que el estímulo doloroso mismo. A fin de controlar efectivamente el dolor, el clínico debe tener un claro conocimiento de infinidad de variables que afectan la percepción del paciente y de la reacción al dolor. Existen al menos tres razones que explican por qué los odontólogos deberán interesarse en las respuestas al dolor de un paciente. Primero, es bien sabido que tanto el temor al dolor como la ansiedad que lo acompaña son barreras fundamentales para buscar atención odontológica. Segundo , como un síntoma que se presenta frecuentemente, el dolor puede afectar la voluntad o la