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Asignatura: Opinión Pública, Profesor: Ignacio Rospir, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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¿Por qué estudiar opinión pública?
Cuando hablamos de Opinión Pública hay cuatro grandes áreas.
La historia de la OP perdura en el siglo XXI como ocupación imprescindible en la explicación de dicho fenómeno, término y concepto. Las anticipaciones y primeras reflexiones desde
mediados del XVIII y el XIX están ocupadas por la comprensión de la OP, primero, como aliada estratégica y, después, permanente, de las posiciones e idearios políticos. El poder moral y político atribuido a la OP se fijó y desarrolló en las construcciones jurídico-políticas que emprendieron los liberalismos europeos. El distinto grado de institucionalización y consolidación que alcanzó la OP generó las diferentes experiencias que hoy reconocemos.
El espejo francés e inglés buscan marcar la diferencia en la aparición de la OP en Inglaterra y EEUU, frente a su aparición en el continente europeo, en Francia, como corrientes distintas. Esas diferencias se mantienen 40/50 años a medida que ese mundo de entreguerras va teniendo más en común. La admiración por la experiencia inglesa está presente desde las primeras narraciones históricas y anticipaciones conceptuales. Francia y la Revolución están igualmente presentes desde Germaine Necker (Madame de Stael).
El espejo inglés : la experiencia inglesa va por delante de la continental en evolución política (elecciones, parlamento, libertad de expresión...). La diferencia es de un siglo (XVIII), mientras que el continente está en otra cosa. En UK hay una estructura política e institucional genuina. En el siglo XIX muchos autores (Mackinnon, Lewis) empiezan a presentar esa evolución como un ejemplo a seguir, el caso inglés. Estos estudios van asentando ese modelo y va calando en el continente como espejo en el que hay que mirarse. Los políticos del XIX inglés hablan sobre la defensa de las libertades individuales, cosa que no ocurre en el continente. Todas esas experiencias dan una tradición al periodismo, un estatus profesional, una asignación de funciones dentro de la sociedad (EEUU).
En España, el periodo de libertad de prensa más largo empieza en 1978. El siglo XIX es convulso y complejo para España en ese ámbito. Hasta el siglo XX en España, el analfabetismo era del 50%, por lo que no se podía hablar de periodismo. En Inglaterra, Francia o Alemania esta tasa no superaba el 10%. Además, para España no era un buen momento económico y no había dinero para publicidad, por lo tanto, no ha habido grandes periódicos durante nuestra tradición histórica. No se puede hablar en los años 20 y 30 de prensa de masas con ese índice de analfabetismo y situación económica, mientras que en EEUU Hearst tiraba millones de ejemplares. Las ciudades por entonces en España no habían alcanzado la densidad demográfica de otras ciudades europeas o americanas.
Si tienes una opinión pública con un periodismo débil, es fácil de controlar. Los tipos de periodismo son muy distintos en áreas geográficas no lejanas como ocurre en Europa entre los países del mediterráneo y los del norte de Europa. Por ello al hablar de OP marcamos esa diferencia entre el eje atlántico y el continental.
Los ingleses son los primeros que van elaborando teorías sobre la OP. En 1824 ya hay un autor inglés parlamentario que habla de la OP ensalzando el modelo inglés. Hay otro gran libro en el XIX que es de Bryce (USA), uno de los grandes clásicos de la opinión pública (1888), en el que se detiene a hablar de la parte clásica de la OP. A EEUU acuden muchas personas para conocer el funcionamiento de algo que había venido fracasando en otras partes del mundo, la república. Esto tenía atractivo para intelectuales y políticos que van buscando lo que quieren encontrar: cómo es la prensa durante el XIX y el XX, que es muy diferente a la de EU. Evidente es referirse a Tocqueville que viaja a EEUU con Francia en la cabeza y hay una serie de comparaciones. Él señala la influencia permanente que su interpretación de la politización de la literatura y a la vez la literaturización de la política mantiene en los estudios de historia de la opinión pública. La política abstracta y literaria de los hombres de letras, convertidos en políticos y guías de la opinión, marcó el cambio de la discusión política desde las instituciones a la sociabilidad intelectual. Bryce también viajará para compararla con UK. Los parlamentos
La concepción liberal de la opinión de pública parte de los dos pilares básicos del liberalismo: la consideración del hombre como esencialmente racional y capaz de discernir la verdad en libre debate con sus semejantes y la armonía preestablecida a la que necesariamente se llega cuando se remueven las trabas.
La opinión pública es la resultante del debate público y racional, y sobre una determinada cuestión o en un determinado momento sólo puede haber una posición racional que suponga el afloramiento de la armonía preestablecida. El optimismo liberal cree que de la discusión sale la luz.
Aquí encontramos a autores como Madame de Stael, como primera mujer en escribir sobre prensa que juega un papel activo en señalar el papel de la opinión pública. Tiene un papel de animadora política y social contra Napoleón. Los grandes literatos y políticos de la época pasaban por su casa. Otro autor clave es Tocqueville con "Antiguo Régimen y la revolución". Introduce un análisis sobre el cambio que se produce, su prosa se conoce como el arribo, la llegada de los hombres de letras a la política. Después de la revolución en Francia, se produce una renovación de lo que son los miembros de la política, ya no solo hay aristocracia, nobleza o terratenientes, si no que entran otras personas procedentes del mundo de la literatura y el periodismo. Esto Tocqueville lo describe bien, esa llegada hace que la idea de lo que tiene que ser la prensa y la OP vayan cambiando. Después viene otra hornada que es la incorporación de profesores de universidad a la política, fenómeno que llega hasta el siglo XX. En la España de 1915, los periódicos era entendidos como circunscripción electoral donde desde el periódico saltaba el profesional a la política. Esta tendencia llega hasta el XX. El autor introduce una comparativa entre la prensa norteamericana y la francesa (prensa con información de denuncia y exageración vs prensa razonada, artículos de estado).
Según avanza el siglo XIX, a la par que los gobiernos liberales van desarrollando con freno y temor los principios de igualdad y libertad proclamados en torno a la Revolución, otras ideologías y fuerzas políticas van reivindicando en nombre del pueblo la ampliación de estos derechos, trasladando a la esfera pública problemas y conflictos que anteriormente se debatían exclusivamente en la esfera de la privacidad. Alexis de Tocqueville se sumará a la corriente que reivindica mayores derechos y libertades (como la ampliación del sufragio), pero también manifestará sus temores ante unas masas y una opinión pública dominante que no actúa como contrapeso del poder desde la sociedad civil, sino como poder coactivo de las masas contra la inteligencia y la racionalidad. Este autor, junto Stuart Mill, apoyará el desarrollo de derechos y libertades pero denunciará la coacción moral o el “yugo de la opinión pública” dominada por las muchedumbres y los mediocres.
Alexis de Tocqueville, especialmente en “La democracia en América” y “El antiguo régimen” hace una exposición magistral sobre la igualdad y la libertad (y sus peligros) en la nueva sociedad democrática (cuyo ejemplo más notorio se encuentra en la sociedad norteamericana), desde la perspectiva sociológica, histórica y moral. Partidario de la descentralización y del pluralismo político, reclama “la creación de nuevos poderes intermedios para insertar eficazmente la opinión pública en la división y limitación de los poderes”. Pero la opinión pública en Tocqueville dejará de ser un instrumento de emancipación para convertirse en una fuerza de opresión.
En la parte dedicada a la influencia de la democracia sobre el movimiento intelectual de los Estados Unidos de “La democracia en América”, Tocqueville resume su punto de vista sobre el poder de las mayorías, la importancia de las costumbres y las creencias dogmáticas como ideas comunes, el proceso de nivelación e igualdad y el papel de la opinión pública en las sociedades
democráticas. Afirma que en las épocas igualitarias, a medida que los ciudadanos se nivelan y asemejan, disminuye la tendencia de cada uno a creer ciegamente en un hombre o en una clase determinada. Aumenta en cambio la de fiarse a la masa, y su opinión llega a ser la que conduce el mundo. “No sólo la opinión común es el único maestro que le queda a la razón individual en los pueblos democráticos, sino que en ellos dicha opinión es infinitamente más poderosa que en los otros pueblos. En épocas de igualdad ningún hombre fía en otro, a causa de su equivalencia; pero esta misma equivalencia les da una confianza casi ilimitada en el juicio público, ya que no les parece verosímil que siendo todos de igual discernimiento, la verdad no se encuentre del lado de la mayoría”. Es el poder de las mayorías, inimaginable en una sociedad de tipo aristocrático. En las sociedades democráticas, como es la de Estados Unidos, la omnipotencia política de la mayoría hace aumentar la influencia de la opinión pública sobre cada uno de los ciudadanos, aunque la causa principal no haya de buscarse en las instituciones sino en el principio de igualdad. La relación entre mayorías, igualdad y opinión pública queda perfectamente aclarada en la sentencia que dicta un poco más adelante: “en las épocas de igualdad cabe prever que la fe en la opinión será como una religión cuyo profeta vendrá a ser la mayoría”.
Queda claro que en los sistemas democráticos quien manda es la mayoría y que en sociedades como la americana a Tocqueville lo que más le repugna no es el exceso de libertad, sino la escasez de garantías que existen contra la tiranía, incluida la de la opinión pública. ¿A quién acudir entonces?, se pregunta Tocqueville, cuando entiende por opinión pública la opinión opresora de las mayorías: “Cuando un hombre o un partido es víctima de una injusticia en los Estados Unidos, ¿a quién queréis que se dirija? ¿A la opinión pública? Es ella la que forma la mayoría”. Y es aquí cuando nos ofrece uno de los pasajes más bellos sobre la libertad de prensa como libertad de expresión que deja sentir su poder tanto sobre las opiniones políticas como sobre las opiniones individuales de los hombres. “En nuestros días, un ciudadano oprimido no tiene más que un medio de defensa: dirigirse a la nación entera, y si ésta no le escucha, al género humano. Y no hay sino un medio para hacerlo, que es la prensa. Por ende, la libertad de prensa es infinitamente más preciosa en las naciones democráticas; ella sola remedia la mayoría de los males que puede producir la igualdad. La igualdad aísla y debilita a los hombres, pero la prensa pone a su servicio un arma poderosísima de la que el individuo más aislado y desvalido puede hacer uso. La igualdad priva a todo individuo del apoyo de sus allegados; pero la prensa le permite llamar en su ayuda a todos sus ciudadanos, incluso a todos sus semejantes. La imprenta, que ha impulsado los progresos de la igualdad, constituye uno de sus mejores correctivos. Creo que los ciudadanos de las aristocracias pueden, si es preciso, pasarse sin la libertad de prensa; pero quienes habitan los países democráticos no pueden prescindir de ella. Para garantizar su independencia personal no confío en las grandes asambleas políticas, ni en las prerrogativas parlamentarias ni en la proclamación de la soberanía del pueblo. Todas estas cosas se concilian, hasta cierto punto, con la servidumbre individual; pero esta servidumbre no será total si la prensa es libre. La prensa es el instrumento democrático por excelencia de la libertad”
El británico James Bryce marca el final del siglo XIX con el Gobierno de la opinión pública. Se ocupará esforzada y sistemáticamente de qué es la opinión pública y cuál es su papel en la sociedad. Doce capítulos de su obra “ The American Commonwealth ” están dedicados íntegramente a este tema. La obra es una descripción de la sociedad y la vida política de Estados Unidos, como hiciera Tocqueville cincuenta años antes, pero con método menos especulativo y más empírico. El tratado sistemático que redacta Bryce tendrá una enorme influencia en el estudio de la opinión pública. En su obra hace un completo desarrollo de la teoría de la opinión pública. Estudia su naturaleza y las fases de su formación, el gobierno por la opinión pública,
inglesa. La redacción de la CE de 1812 surge mirando a Francia. Cuando se concede la libertad de prensa e imprenta, la idea es una mejora de la educación de la población, la estructural mental no es de denuncia del gobierno. "Es obligación de todos los españoles ser justos y benéficos" - 1812 CE.
La entrada en España de la OP, y el mundo de la prensa, los clubes, las tabernas, las guinguetas, los partidos y la discusión pública que la ponen en funcionamiento sigue reteniendo en la correspondencia diplomática del Embajador en París desde 1787 hasta 1791, la primera descripción pormenorizada y valoración de dicha expresión y funcionamiento. La correspondencia enviada a Floridablanca recogió y subrayó con detalle los ámbitos públicos de formación y la fuerza que la OP había adquirido en París.
En Alemania hay algunos autores que empiezan a publicar sobre la OP entre 1785 y 1933. La ciencia y el valor de la OP, plantea que hay que hacerse un planteamiento más académico. Alemania también asistirá a este fenómeno con bastante interés y lo tienen muy presente porque se ha vivido la Gran Guerra. Esto es un objeto de atención fuerte, hay una realidad, que la OP tiene una capacidad de movilización y de llevar a países en una dirección u otra. Su atención fue la ubicación de la prensa y la OP como instituciones problemáticas en el seno del Estado. Un punto diferente a la tradición angloamericana y francesa en la que la garantía de la libertad de prensa y sus relaciones con la sociedad es el centro de la explicación. En el mundo norteamericano, también se irán planteando historias de OP, centradas en la evolución americana con la libertad de prensa como conductor. Estos autores, sus referencias son la evolución inglesa, un querer identificarse con ella y Europa, que lleva debatiéndose entre monarquías, golpes militares y repúblicas durante el XIX.
Autores como Schaffle definen la OP y la esfera pública como un espacio de intercambio personal y simbólico, de discusión pacífica y de fuente de decisiones políticas. La prensa, aunque señalada y valorada en relación con el ámbito de su corrupción política y económica es reconocida como una necesidad psico-social. Manheim hablará también de “el papel activo que hoy se reconoce a los salones, cafés, los clubes y los escritores en la formación de la OP fue recogido y valorado para subrayar el proceso de cambio que en el siglo XVIII había sufrido dicha formación y expresión”.
Habermas - 50 años con Habermas, es el epígrafe donde se ocupa de la esfera pública y su debate, discusión y críticas. La historia moderna de la OP se recoge y avanza en el último tercio del siglo XX.
Cuando hablamos de OP, el concepto fundamental es el de esfera pública burguesa, es el concepto con el que se sitúa la explicación de la OP (historia y papel político, declive de ese papel político en el XX). En 1962 publica un libro "La transformación estructural de la vida pública" que está circunscrito en el ámbito universitario alemán. En francés se traduce como el espacio público. En 1981 se traduce al español y el título es Historia y crítica de la OP. El libro no es ni la historia ni la crítica, es explicación de la vida pública y cómo se genera. Es una construcción de un filósofo encajando la OP en la cultura inglesa. El traductor dice que él no se hace responsable de ese título.
Los papeles políticos que se venían asignando a partir de los años 40 van decayendo porque la propia OP pasa a ser receptiva de los medios de comunicación. La transformación estructural es que esa pieza que el liberalismo había establecido se transforma en una instancia receptiva. Los
medios de comunicación no fomentan el debate e investigación, si no que nos convierten en consumidores de productos que la publicidad comercial diseña. Habermas elabora en su libro primero una categoría: una esfera donde las cosas son conocidas y además de hablarnos de ello, nos dice que esa esfera está formada por la burguesía. El concepto esfera es inclusivo y sin embargo, espacio, da a entender una linealidad donde la gente entra y sale a debatir dando idea de gran libertad. Mientras que para entrar en esa esfera hay que pertenecer a la burguesía. Los que están dentro, ellos mismos entienden que es para tener un papel de liderazgo. Habermas habla del modelo inglés como algo ejemplar. A partir de la definición inglesa surgen debates en torno a la consideración de si existe o no esfera pública plebeya, que se le achacará a Habermas que no lo incluyera en su libro. También que no considera el papel de la mujer en esa génesis de la OP.
El periódico es un invento típicamente burgués, porque habla de cosas que interesan a esa parte de la población. Otros le dirán que esa idea es demasiado cerrada, así como que solo tenga en cuenta a la burguesía. Países como Francia o Alemania, el sufragio universal se concede tras la IIGM. Esos elementos hay que tenerlos en cuenta. También en esas revisiones que se van haciendo se señalan autores que antes de Habermas planteaban el fenómeno de la OP. La aparición del público lector que entra de lleno en todo lo que es la génesis de la OP y su desarrollo posterior. Cómo en determinadas sociedades surgirá un público lector que se irá expandiendo, donde más se estudio esto es en Francia e Inglaterra (colecciones de bolsillo para dar facilidad a los lectores de comprar, aparecen en el XVIII con muchas temas; bibliotecas ambulantes, etc). Para saber cuántos saben leer o escribir y elaborar estadísticas surgen herramientas como esas mencionadas. De ese público lector surge un público político que va a exigir una participación, los que revisan el libro se fijarán en la importancia de este fenómeno (diferencia entre alfabetizados o no). Lo que va cambiando es lo que se conoce como revolución lectora (término acuñado por R. Engelsing en 1999), el paso de una lectura intensa a extensiva. La independencia y la crítica se hacen deudoras, esa lectura va a servir para crear opinión. El hábito de la lectura extensiva está en la raíz del nuevo consumo y ocio literario. La profesionalización del periodista, dentro de la expansión de la revolución lectora y autonomía financiera de algunos periódicos, concierne al debate entre periodismo literario versus político y a los nuevos papeles políticos que desarrolló.
Habermas sugiere que estos cambios acaban por convertir a la esfera pública en algo receptivo. Esa discusión de las propuestas, en esa línea, Habermas reconoce que hay huecos porque no los conocía. Hay un libro interesante del año 65 de un autor ruso, Bajtin, "La cultura popular en la edad media y el Renacimiento" , que nos plantea que cuando hablamos de la aparición de una esfera hay que tener en cuenta la dinámica interna de la cultura popular, la cultura popular es expresión de todo eso y también está presente porque puede tener un contraproyecto respecto de la burguesía. Lo que estudia son expresiones como los carnavales (dar la vuelta al orden social). La cultura popular no tiene solo una presencia festiva, si no el ser un proyecto que reclamaba cambios en la sociedad. En los carnavales la gente se disfraza, hay cambios de roles que buscan dar la vuelta al orden social, de denunciar que la sociedad puede ser de otra manera. Esto tiene relación con las campañas electorales, pero al acabar todo vuelve a su orden establecido.
Hay autores que insisten en la importancia que tiene la política y la cultura en la formación de OP, en la confianza como necesidad en la política ligada a la transparencia (Necker). La concepción de una esfera pública (OP) emancipatoria frente a la autoridad real constituye actualmente la revisión más controvertida de HCOP (obra de Habermas). El mejor ejemplo es el de Necker en Francia, ministro de finanzas de Luis XVI. En el siglo XIX hablamos de presupuestos del Estado, toda esta transparencia de Necker influye en la esfera pública
Se considera el siglo XX desde el Tratado de Versalles, esos años tras la guerra con cruciales para el estudio de la OP. Hay una preocupación científica por medir la OP. Cuando hablamos del comienzo del XX se suele hablar del Trat. Versalles. La guerra provoca tal devastación que se puede considerar el comienzo a raíz de tal fecha, el mundo que nace después. Es en ese final de la Guerra Mundial, cuando podemos hablar del fin de la inocencia. La Gran Guerra tiene un significado especial en el mundo de la OP, que representa la inmersión de millones de personas en la propaganda. En el 14, la inmersión es distinta porque la dimensión de la propaganda es tal que cambia la vida de las personas y además hay una tecnología que había sido inexistente hasta el momento. Se produce una pérdida de la inocencia, se pierde la visión del papel benéfico de la prensa. El caso de España, nosotros no vivimos una inmersión tan fuerte como Alemania e Inglaterra. No es hasta la Guerra Civil cuando tenemos esa experiencia de la propaganda que contempla a toda la población. La experiencia de estos países es una variable a tener en cuenta, el shock que sufren es fuerte porque los propagandistas empiezan a contar lo que han hecho (mentir). Las élites intelectuales miran los periódicos, los recursos, el cine de manera distinta y eso en tiempo de paz, cómo encaja, si eso es condenable, ya que la prensa es un elemento corrompible como todo.
Nos situamos en un mundo donde ya han surgido las grandes ciudades, las multitudes, las masas... Están surgiendo los MCM, se está extendiendo el sufragio, aparecen nuevos tipos de partidos políticos, así como el movimiento sindical y obrero. En este contexto hay nuevas perspectivas para la opinión pública. En el siglo XX el concepto o visión de la opinión pública se agota, pues se ve muy lejano y se piensa la opinión pública de forma distinta.
En las grandes ciudades como Londres, París y Madrid surge la prensa de masas, nuevo componente en el fenómeno de la opinión pública, que trastoca el análisis realizado en el siglo XIX. Esta prensa será catalizadora de estados de opinión. Un fenómeno importante se desarrolla en mayor o menor medida en cada país: la alfabetización, que impulsa el aumento de número de lectores y la difusión de la prensa.
La prensa que surge es sensacionalista, y trastoca la visión que se tiene de esta, motivando un nuevo interés por su estudio por parte de universitarios e intelectuales: se reflexiona sobre el papel e importancia de la prensa desde un punto de vista sociológico.
El mundo del periodismo empieza así a cobrar auge y se vincula de manera nueva con el mundo de la opinión pública. Se formulan preguntas sobre el papel que debe desempeñar la prensa, sus problemas... Así se entiende la conexión entre prensa y opinión pública. No es algo ocasional, sino que se da debido a los efectos de un nuevo tipo de periodismo.
Max Weber es un precedente interesante. En 1910 convoca una reunión sociológica sobre la prensa, cuyos resultados se publican en 1912. Es una reflexión a favor de la prensa en la sociedad moderna, planteándola como un medio de control social. Habla del concepto de público, los clientes de los periódicos, los anunciantes, la relación entre prensa y opinión pública, los periodistas y el carácter informativo de los periódicos en detrimento de la publicidad y la opinión.
En 1910 se pregunta cuál debe ser la procedencia y formación de los periodistas, los requisitos que deben cumplir para actuar como tales. Estos son problemas propios del siglo XX. Así deriva la formación de institutos, seminarios y facultades de periodismo, lo que indica una preocupación sobre el tema.
Weber plantea el tipo de lectura al que el periódico nos desplaza, si el lector se acostumbra al tipo de lectura propio de éste y deja los libros. Si la prensa desplaza a los lectores a los periódicos, estos lectores empiezan a interpretar la realidad según categorías y lecturas periodísticas.
No obstante, Max Weber valora muy positivamente a la prensa cuando en “ Politik als Beruf” dice que “aunque producida en circunstancias muy distintas una obra periodística realmente ‘buena’ exige al menos tanto espíritu como cualquier otra obra intelectual, sobre todo si se piensa que hay que realizarla aprisa, por encargo y para que surta efectos inmediatos. Como lo que se recuerda es naturalmente la obra periodística irresponsable, a causa de sus funestas consecuencias, pocas gentes saben apreciar que la responsabilidad del periodista es mucho mayor que la del sabio y que, por término medio, el sentido de responsabilidad del periodista en nada le cede al de cualquier otro intelectual”.
Por otro lado, en el siglo XX, con el sufragio universal se introduce en la vida política a muchas personas que son analfabetas y no conocen la situación política, con lo que los rasgos heredados del siglo XIX ya no son válidos.
Se da una visión sociológica que indica cómo las masas juegan un papel, y señala la influencia de la prensa de masas, la importancia del componente individual. Un nuevo concepto es construido a partir de una nueva realidad y se introduce un nuevo componente: los medios de comunicación de masas (televisión, radio...)
Ha comenzado la era de las multitudes (Le Bon) o de los públicos (Tarde) y el concepto de opinión pública dará un giro de 180 grados. Si anteriormente era entendida desde el raciocinio público ejercido por personas privadas, informadas y responsables ante los asuntos públicos, ahora se explicará desde las masas como racionalización de un impulso colectivo. No es la razón, el diálogo y el debate quien dirige la opinión pública, sino las necesidades básicas vividas colectivamente y racionalizadas por un líder. Se ha pasado de la razón a los instintos y de los públicos a las masas. Si por un lado estas teorías nos descubren una faceta importante para entender la opinión pública en la sociedad actual, por otro nos inducen a una concepción peyorativa de la misma. La opinión pública, dirán, no es sino el reflejo de la incultura y la ignorancia de las masas, expuestas fácilmente al control y a la manipulación de los grupos, las elites y los líderes; en definitiva, de aquellos que detentan el poder.
Los primeros autores del siglo van a señalar el cambio que se ha producido y los nuevos problemas que surgen.
Algo importante son los organismos que se crean para controlar esa propaganda y la censura. Existen organismos como el Ministerio de lnformación, hay que organizar un sistema y esto lleva a crear esos organismos en medio de un debate entre políticos y académicos. En EEUU, por ejemplo hay un Comité de Información Pública (Secretaría de Estado de Propaganda). Lo llaman comité porque en el mundo anglosajón es una palabra muy amplia. La propaganda adquiere un significado peyorativo en el siglo XX. Al verse negativamente cuando se va avanzando, el problema es si seguir usando eso, se irán buscando eufemismos y nuevos nombres. En la Guerra Fría se abre un debate por sus consecuencias. En las escuelas de
Hay que determinar en qué materias es importante la opinión pública. Se desarrolla el referéndum y se plantea hasta dónde hay que llegar a la hora de plantearlo, duda que continúa en el presente.
Max Scheler, K. Mannheim, Spengler en “ La decadencia de occidente” y Ortega y Gasset en “ La rebelión de las masas” describen los nuevos comportamientos del hombre masa, la moda, la sugestión a distancia...
Ortega y Gasset se centra en la descripción del hombre masa, al que entiende como un ser mezquino, brutal y vacío de intimidad. Masa, dice Ortega, es el “hombre medio”, aquel que no se valora a sí mismo, no piensa y se pierde en la inmensa multitud. Es mediocre, insensible a la cultura, conformista, vulgar, desligado de la tradición, dominado por la masa, autosatisfecho y primitivo. Las masas viven en rebelión continua contra las minorías, pero su rebelión termina en la homogeneidad y en la sumisión al Estado.
A comienzos de siglo surge un liberalismo aristocrático y muchos autores van analizando el cambio de siglo. Analizan cómo la sociedad inglesa del siglo XIX va decayendo por la presión externa de las masas que lo van cambiando todo, con lo que también hay una renovación de los núcleos de poder en centros de conocimiento y enseñanza. Hay una visión conservadora y crítica hacia la llegada de la masa, pues se produce la sustitución de las élites por la masa. La movilización de las masas se ha constatado también en la Guerra Mundial, al comprobar que se las puede decantar a favor o en contra de algo.
1. La dimensión política
A finales del siglo XIX, la universidad se fija en la opinión pública como un objeto estudio. Antes había un interés público, pero con el cambio de siglo se introduce la visión desde la universidad, ya que se están buscando nuevos objetos y métodos de estudio para poder abarcar los campos de estudio que van surgiendo.
El siguiente paso consiste en que pasa a ser materia de docencia universitaria, con lo que se pasa a una investigación sobre la materia para conocer su amplitud.
A comienzos del siglo XX, la tradición cultural europea de la opinión pública se agota y surge una nueva en EEUU. Entra en los autores norteamericanos del siglo XX desde disciplinas distintas y esto se convierte en una idea básica para comprender lo que ha sido la opinión pública, dándose una visión sociológica y psicológica. De esta americanización surge el elemento distintivo: su medición o cuantificación (sondeos y encuestas).
La visión americana empieza a permitir que la opinión pública se estudie más allá de estas representaciones, algo que antes no podía verse. Se pasa de una reflexión abstracta o percepción inmediata sobre la opinión pública a una concepción que responde al conocimiento que obtenemos de ella a través de una metodología.
Se recurre a técnicas de investigación para saber el porcentaje de población que opina algo determinado. La consistencia con que se defienden estas opiniones es muy importante, pues puede ocurrir que en un momento se piense una cosa y al poco tiempo se opine otra, por lo que hay que conocer que opiniones se defienden en el tiempo, usando una nueva herramienta, que es la opinión pública.
Las encuestas tienen tanto éxito porque indican qué opiniones son las más compartidas, algo que interesa mucho pues lo que reflejan los periódicos no es la opinión de la mayoría, ya que hay transformaciones. Por ello, hay que conocer la opinión pública de forma directa, no a través de algo. Antes de desarrollarse esta metodología la opinión pública se conocía a través de las calles, manifestaciones... pero al surgir otros instrumentos hay que plantear un papel distinto para la opinión.
La americanización triunfa en los años 30-40. Después de la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, Europa engancha con esta americanización y así se define lo que es la opinión pública y sus nuevas funciones dentro de la sociedad. Varios autores se ocupan de cerca de la opinión pública. Habrá muchos libros sobre la diferencia entre Europa y EEUU, por qué Europa se queda atrasada, mientras en EEUU se evoluciona hacia términos como la comunicación para desechar aquellos como propaganda que tenían connotaciones negativas.
La sociedad posterior a la guerra civil (1865) se caracterizó por un fuerte proceso de industrialización y urbanización y por los problemas sociales y políticos inherentes a ambos desarrollos. La nueva realidad social despertó el compromiso de su explicación y su solución. El énfasis en los nuevos problemas sociales y la confianza u optimismo en su posible solución promovieron un conjunto de organizaciones e iniciativas académicas destinadas a este empeño, por ejemplo la Social Science Asociation.
Los intentos por lograr una definición sistemática del campo de las Ciencias Sociales abonaron las divisiones que dieron lugar a diversas asociaciones. El cambio de siglo trajo una cierta institucionalización académica con la creación de nuevos Departamentos.
La reforma constitucional y municipal fue entendida por el Movimiento Progresista como la solución a la corrupción, al caciquismo electoral o al grado de representatividad que mostraba la democracia americana. La reforma del gobierno y de la administración, concretadas como estudio del gobierno y ciencia de la administración respectivamente, fueron centrando los intereses de la nueva disciplina. El estudio del gobierno acogió a la OP y la entendió como parte de los problemas y soluciones que trataba. Con esta nueva localización la OP encontró un fácil
existencia, era la de llevar la opinión pública a un punto de atención y enmarcar los temas para el veredicto popular.
La APSA, situada en el centro del movimiento que demandaba una nueva ciencia política, y la nueva generación de investigadores, atendió su proyecto incorporándolo en los programas oficiales de las Conferencias Anuales. Dentro del clima de discusión clásico entre ciencias naturales y ciencias sociales de esta época, la APSA emprendió a partir de 1923 el camino hacia la respetabilidad científica. En las Conferencias Nacionales se discutió sobre la definición, investigación y enseñanza de la OP. Incluida en la nueva agenda de investigación -estudio de gobierno, del comportamiento electoral, de los partidos, de las campañas electorales- la OP adquirió la dimensión política que la hizo partícipe de esta disciplina.
En esos debates de las conferencias, también representaron la primera ocasión en que en una reunión académica se discutía directamente sobre la definición de OP y su posible medida. El primer punto de discusión fue sobre la definición de OP y hubo tres grupos:
En 1934, dentro de una situación académica y política distintas y con la mirada puesta en Europa, la sección de OP se dedicó a "Los métodos de propaganda de las dictaduras". Durante esta década la fuerza mostrada por la propaganda tanto en EEUU como en EU permitió a los científicos políticos ampliar su estudio relacionándola con la OP y de este modo alcanzar un ámbito de investigación mayor: el comportamiento político y electoral. La atención de la APSA a la OP en estas dos décadas concluyó con la programación en la Conferencia Nacional del 1938 de una mesa redonda dedicada a la enseñanza universitaria de la OP. Algo que ya había empezado a producirse en algunas universidades.
Otra contribución importante son los estudios históricos que vienen a asentar y decir que la OP tiene una larga tradición en el campo del pensamiento político. Hay que legitimar la OP como algo que tiene peso y tradición, y que busca en los autores más importantes de la historia. Esto significa asentar un objeto de estudio. Se mira hacia atrás para narrar cómo esas grandes figuras del pensamiento explican la OP.
Un autor destacado en estos estudios es Arthur Palmer, cuya tesis doctoral fue la primera dedicada al origen del concepto de opinión pública en la teoría política. Para él, la OP era un instrumento del gobernante para el ejercicio de la gobernanza, la OP era la resolución pacífica de conflictos.
2. La incorporación de la sociología
En la trayectoria que conduce a la sociología como sucesora más inmediata de la Ciencia Social es difícil localizar una tendencia, y mucho más, una fecha o acontecimiento concreto. La sociología se segregó de The American Social Science Association ante la necesidad de encontrar una síntesis teórica propia que le permitiese aprovechar las oportunidades que ofrecía la naciente estructura universitaria.
La respuesta que la Universidad y la sociología iniciaron de los problemas sociales, políticos y morales estuvo acompañada por la tradición intelectual y social del pragmatismo americano y por el movimiento que dio nombre al periodo que se conoce como Era Progresista. Entre la década de 1890 y 1930 el Movimiento Progresista se enfrentó a los cambios que la industrialización, la urbanización y el nuevo capitalismo habían introducido en la República y en la Constitución. Este movimiento progresista afectó a los intelectuales, está reclamando la vuelta y recuperación de los que había sido la seña de identidad de la república americana.
La agenda de los progresistas - líderes políticos, escritores, intelectuales y académicos- encaró la realización de la democracia buscando y defendiendo cambios en todos los ámbitos que consideraba afectados. Preservar lo mejor de la tradición democrática y combatir lo más destructivo que arrastraba la nueva dimensión económica y política. Los progresistas promovieron tres movimientos estrechamente relacionados: el que combatió la plutocracia, centrado en el nuevo poder económico; el político, centrado en las reformas a nivel nacional y el cultural, que buscó y definió un nuevo estilo de vida. Los tres entendieron que lo nacional -el nuevo tamaño de la sociedad (masas)- prevalecía sobre lo local y que las nuevas ideas y conceptos tenías que corresponder a la nueva sociedad. En esta empresa los medios de comunicación fueron un aliado indispensable y un interés permanente.
La tención a la OP y a la prensa no fue una preocupación per se, sino parte de una construcción y explicación de la democracia que nacía en un tiempo de cambio y de contraposición entre la anterior concepción ilustrada y la emergente de la industrialización y urbanización de un país como América. La transición conceptual de la OP comenzó en la preocupación por el futuro de la democracia americana en su nueva dimensión. Entre 1909 y 1927, Cooley, Park y Dewey, impulsaron esta transición.
Las tres revistas que acogieron una cierta presencia de la OP en el primer tercio del siglo XX fueron The American Journal Sociology (AJS), Journal of Applied Sociology y Journal of Social Forces. La colección de artículos que atendieron a la OP en estas revistas respondió a una mismo patrón de preocupaciones y de exposición académica. La AJS se funda en la Universidad de Chicago y ocupó prácticamente todo el campo de la sociología. La lista de sus colaboradores es la lista de los principales sociólogos americanos de este periodo. Desde su aparición se ocupó del fenómeno de la OP: relaciones entre OP, prensa y gobierno; problema de la definición, significado, formación y expresión de la OP desde una propuesta individualista contraria al organicismo del momento. Un artículo importante de esta revista fue " The press and the public opinión", de Victor S. Yarros, que fue una crítica directa a la prensa amarilla y sus consecuencias en la OP. Asentó su crítica en dos puntos: el editing de noticias y la sustitución del we por la firma en los editoriales, las noticias y los reportajes. El editing, es decir, la presentación, el énfasis y la asignación de espacio, lo señaló como el verdadero modo de transmisión de la postura o política editorial de los periódicos. Igualmente la construcción de noticias fue denunciada como la práctica opuesta a la naturaleza del periodismo, contar noticias. Las controversias con los editores y propietarios de los periódicos las rechazó por ser una labor en la que los periódicos siempre tienen la última palabra pues su espacio y tiempo de réplica son ilimitados. El malo de la prensa amarilla nacía de la naturaleza empresarial que los periódicos encarnaban. Yarros reclamó para el periodismo americano la costumbre ya extendida en Francia de que los periodistas firmasen sus trabajos. Con esta petición quiso reducir o destruir el supuesto prestigio que el anónimo we concedía a los textos publicados. El periodismo anónimo era la antesala del amarillismo.
surgirá tiempo después en el 39/40, vamos a luchar en igualdad contra a Alemania o en el campo de la propaganda estamos dispuestos a perder.
Otro nombre importante es Edward L. Bernays, es señalado como padre de las relaciones públicas, sobre todo entre los autores norteamericanos. Terminada la guerra empieza una defensa inteligente de lo que es la publicidad y dice que la propaganda de la guerra se reconduce a la publicidad de las empresas (nueva propaganda en relación con la democracia moderna), lo que es una fuerza de progreso. Sus libros "Cristalizando la OP " y " Propaganda ", blanquean la opinión que se tiene de la propaganda negativa que le ha quedado de la guerra. Bernays era sobrino de Freud e introduce la figura del spin doctor ("asesor que consigue una buena prensa inventando o provocando acontecimientos programados con la finalidad de atraer la atención pública y con ella las noticias correspondientes"), que es aquel que provoca una noticia para conseguir que circule en los medios (capilarizarla) y eso va a ser un efecto mayor. Las noticias alcanzadas a través del spin debían acompañarse entre opiniones sostenidas por los comités de expertos creados o buscados para la ocasión. Una de sus campañas importantes fue popularizar el consumo del tabaco, promocionar que las mujeres fumasen en sitios públicos. Bernays dice que hay que provocar la foto, porque una vez que se da entra en el circuito y empieza a generar comentarios. Además, dice que hay que introducir la voz de los expertos. Hizo una campaña cuyos efectos llegan hasta nosotros, la del American Breakfast. Se va constatando el poder del uso de la propaganda y las relaciones públicas, se va dotando y asumiendo día a día. Él escribe un libro en los años 60 contando lo que había sido su experiencia sobre aquello y comenta una información que es: que un periodista en los años 30 estaba de viaje en Alemania y había llegado a conocer una preocupación que era las movilizaciones que se estaban produciendo a raíz de la propaganda. Ese periodista cuando vuelve le comenta a Bernays que había estado con Goebbles y que el libro que tenía en su despacho tenía “Cristalizando la OP” y Bernays era judío. En los años 50 el gobierno de Franco también contactó con Bernays, porque le habían echado de la ONU y quería entrar, no tenían resortes para pedir esa entrada y busca un gabinete de relaciones públicas políticas, un lobby que esté introducido y tenga peso. A Bernays le explican la situación pero se negó a colaborar con el gobierno de Franco. Bernays tuvo importancia en el trato de América con las dictaduras de Sudamérica.
Primo de Rivera estuvo en el Chicago Chronicle donde se promocionaba la cultura y gastronomía de España. Bernays lo que plantea es la ética de los periódicos que sacan huecos a la venta para que se publiquen este tipo de cosas, pero eso se vende caro, porque los dispuestos a pagar eso son gente que no la quiere nadie. Como el caso de los dictadores de América latina. A las dictaduras no las quiere acoger nadie. Hay que tener criterio para saber hasta dónde admitimos gente en esas colaboraciones.
Walter Lippmann. Su figura es una figura que a lo largo del XX se vuelve a ella y se reinterpreta, está muy presente en el periodismo, el mundo de la OP y la comunicación de masas. Su libro más conocido es Public Opinion , algunos autores dicen que la historia de la comunicación de masas es una sucesión de notas al pie de página de su libro. Abre muchas líneas sugestivas de investigación que después se han ido siguiendo y ampliando. En el mundo anglosajón se le señala como el creador el columnismo político moderno y el columnismo no siempre tiene el mismo significado a un lado y otro del atlántico. Lippmann empieza una labor periodística que es lo que luego se va a llamar columnismo, es un género en que Lippmann entiende que tiene que haber información, contextualización, referencias y un comentario o valoración y ya puestos a teorizar, provocar una discusión inteligente. El columnismo que está viendo Lippmann y que los americanos recuperan como un género propio, no es ese artículo pseudoliterario que hay en España, si no que es algo que tiene información y que además el que
escribe tiene esa capacidad para contextualizar y hacer un comentario. Lippmann escribía dos columnas por semana. Si miramos lo que se publica en España, los hay que publican una columna todos los días y la información no existe, son suposiciones del escritor, cuatro párrafos de doctrina y entretenimiento y punto. Es un columnismo no homologado (el de la actualidad, en aquella época no había esta tradición en España, era otro tipo de columnismo).
Algunos de sus libros más importantes son “A test of the news”, “Liberty and the news”, “Public Opinion”, “The Phatom public”. Lippmann ocupó el siglo XX americano como el periodista más influyente y el autor más conocido en opinión pública. Con Lippmann, la clásica y optimista vinculación entre opinión pública y democracia se tornó pesimista y escéptica cuando la denunció como el problema de la democracia moderna. El anticlimax de descontento y desilusión alcanzado tras el Tratado de Versalles, y la manipulación previa de la OP durante la guerra, le llevaron a la redacción de un primer texto de denuncia sobre la fiabilidad de la información periodística y el carácter propagandístico de las noticias. El ejemplo escogido fue la cobertura que New York Times había realizado de la Revolución Bolchevique entre marzo de 1917 y 1920. Se denuncia las que las noticias del Times en su conjunto estaban dominadas por las expectativas de los periodistas que componían la organización informativa. La idea de que el censor es un señor que viene de fuera no vale para Lippmann. Trata el problema de que el Times aceptó y creyó más de lo que decían las fuentes informativas y oficiales, el problema que la democracia tiene con el periodismo. La crisis de la democracia es la crisis del periodismo. La autocritica que hace Lippmann es cómo se trabaja en el periodismo y qué acarrea eso para la democracia. La conclusión que consideraron más importante fue que las noticias sobre Rusia no habían mostrado lo que pasaba, si no lo que ellos quisieron ver. El primer censor y propagandista fueron las expectativas y el temor de reporteros y editorialistas que quisieron ganar la guerra, protegerse del bolchevismo. Lippmann evolucionó hacia la denuncia de que la OP no era un producto espontáneo, sino algo manufacturado por las relaciones públicas, la prensa y los partidos.
También en " The liberty and the news" señala a los dueños de esos periódicos criticando que han dejado la función de informar para convertirse en predicadores de valores. Un concepto importante es el pseudoentorno, el ciudadano está en contacto con ese pseudoenterno. Walter Lippmann desarrolla los estereotipos como uno de los grandes problemas. La calidad de las noticias es un problema porque las presiones para orientar esas noticias en una u otra dirección son muy fuertes La preocupación ahora ya no era por la corrupción de fuentes informativas sino por el proceso que presenta la recogida de noticias en el mundo moderno. Los editores de los periódicos habían llegado a creer que su más alto deber no era informar, sino instruir, salvar a la civilización. La OP era la respuesta a ese pseudoentorno construido por la prensa entre nosotros y el mundo exterior que nos es desconocido. Este libro, delineó el fracaso de la prensa para suministrar a los ciudadanos la información que necesitaban para formular opiniones políticas.
Otro de sus libros importantes es Public Opinión, un libro escéptico sobre los problemas que vive la sociedad americana, que el periodismo de ese momento tiene agujeros y fue escrito en los orígenes de la objetividad periodística de una prensa independiente de los partidos, grupos de interés y gobiernos. Lippmann no gusta en ciertos sectores periodísticos por su crítica. El libro tiene dos partes, una más teórica y otra más concreta. Vuelve aquí al pseudoentorno o representaciones mentales del mundo, que era el resultado de afrontar políticamente un mundo que queda fuera de nuestro alcance. El pseudoenterno en la formación de la OP, quedaba situado entre el individuo y el mundo real. Ligado a ese concepto desarrolla el de los estereotipos que permiten organizar preocupaciones y noticias, de manera consciente el individuo organiza la