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Orientación Universidad
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Orientaciones disfemia, Apuntes de Psicología del Desarrollo

Asignatura: PSICOLOGIA DEL DESARROLLO Y DE LA ECUACION, Profesor: , Carrera: Educació Primària, Universidad: UV

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 11/09/2013

chusiitoo
chusiitoo 🇪🇸

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A Los Padres:
Este librito ha sido escrito especialmente para los padres de niños entre los dos y seis años de edad.
Este librito le dice:
(1) como determinar si su hijo tartamudea o sólo tiene variaciones normales del habla.
(2) como Ud. puede reconocer las señales de peligro del tartamudeo, ayudar a su hijo a
hablar mejor, e impedir que empiece a tartamudear.
(3) por qué Ud. debe seguir las instrucciones.
Este librito no le dice:
Todo lo que se sabe acerca del tartamudeo. Hemos tratado de seleccionar información que les
sea útil a los padres, y que los ayude a hacer algo beneficioso. Si el tartamudeo continúa
después de los primeros años de vida adquiere complejidades que no se encuentran en los niños
pequeños. Nuestros comentarios van encaminados a beneficiar a los padres de los niños
pequeños.
PRIMERA PARTE
¿Tartamudea Mi Hijo?
El habla empieza con el primer llanto después del nacimiento. A partir de ese momento el habla se
desarrolla rápidamente durante los dos primeros años de vida durante los cuales el niño aprende a hacer
sonidos, palabras y, con el tiempo, breves frases que tienen sentido. Cuando el niño empieza a formar
frases más largas, entre los dos y seis años de edad, es posible que experimente dificultades notables
para hablar de una forma fluida. Todos los niños repiten palabras y frases, vacilan a menudo, y tienen
problemas de vez en cuando con el libre flujo de palabras, pero algunos tienen problemas más graves y
duraderos. Si Ud. cree que su hijo tiene más dificultades que otros niños, es natural que se preocupe
preguntándose si empieza a tartamudear. ¿Se le hará más grave el problema o se le pasará? Si le parece
a Ud. que su hijo tartamudea ¿debe tomar alguna medida? ¿Cuál? Esperamos dar algunas respuestas a
estas preguntas.
¿Tartamudea?
El tartamudeo interrumpe el flujo del habla - pero también lo interrumpen otras formas de
comportamiento. Todos repetimos palabras o sílabas, de modo que nuestra dicción no es perfectamente
seguida. Vacilamos, metemos sonidos o palabras que estorban la frase que queremos pronunciar, y
mezclamos las sílabas. Repetimos y cambiamos frases que quedan mutiladas. Tratamos de pronunciar
dos palabras distintas al mismo tiempo y, a veces, se nos confunde o se nos traba la lengua por un rato.
El niño de tres años, que todavía lucha con ciertos sonidos, palabras, arreglo de frases y presiones
sociales, tropieza con más frecuencia que los adultos o niños mayores. Por si fuera poco, la libertad del
habla de todos varía mucho según las circunstancias y los sentimientos. Estos cambios en el habla le
afectan más al niño pequeño. Tal vez le sea a Ud. difícil distinguir entre los tropiezos normales que
experimentan todos los niños y el tartamudeo. Esta dificultad se debe a la naturaleza del tartamudeo,
que comparte muchos aspectos con las dificultades normales de todos los niños y varía en gravedad y
frecuencia según el tiempo, las circunstancias o el estado de ánimo del individuo. Por consiguiente, si
Ud. cree que su hijo no habla tan bien como debiera, sería mejor consultar a un Terapista del Lenguaje,
que se especializa en los problemas de hablar. Si él encuentra que su hijo no tiene problemas anormales
en el hablar recomendará que no es necesario tomar medidas (aunque Ud. quiera hacer algo para aliviar
su propia preocupación). En cambio, si su hijo empieza a tener problemas verdaderos, le pueden ayudar
tanto las sugerencias de este librito como los consejos del Terapista del Lenguaje.
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A Los Padres:

Este librito ha sido escrito especialmente para los padres de niños entre los dos y seis años de edad.

Este librito le dice:

(1) como determinar si su hijo tartamudea o sólo tiene variaciones normales del habla. (2) como Ud. puede reconocer las señales de peligro del tartamudeo, ayudar a su hijo a hablar mejor, e impedir que empiece a tartamudear. (3) por qué Ud. debe seguir las instrucciones.

Este librito no le dice:

Todo lo que se sabe acerca del tartamudeo. Hemos tratado de seleccionar información que les sea útil a los padres, y que los ayude a hacer algo beneficioso. Si el tartamudeo continúa después de los primeros años de vida adquiere complejidades que no se encuentran en los niños pequeños. Nuestros comentarios van encaminados a beneficiar a los padres de los niños pequeños.

PRIMERA PARTE

¿Tartamudea Mi Hijo?

El habla empieza con el primer llanto después del nacimiento. A partir de ese momento el habla se desarrolla rápidamente durante los dos primeros años de vida durante los cuales el niño aprende a hacer sonidos, palabras y, con el tiempo, breves frases que tienen sentido. Cuando el niño empieza a formar frases más largas, entre los dos y seis años de edad, es posible que experimente dificultades notables para hablar de una forma fluida. Todos los niños repiten palabras y frases, vacilan a menudo, y tienen problemas de vez en cuando con el libre flujo de palabras, pero algunos tienen problemas más graves y duraderos. Si Ud. cree que su hijo tiene más dificultades que otros niños, es natural que se preocupe preguntándose si empieza a tartamudear. ¿Se le hará más grave el problema o se le pasará? Si le parece a Ud. que su hijo tartamudea ¿debe tomar alguna medida? ¿Cuál? Esperamos dar algunas respuestas a estas preguntas.

¿Tartamudea?

El tartamudeo interrumpe el flujo del habla - pero también lo interrumpen otras formas de comportamiento. Todos repetimos palabras o sílabas, de modo que nuestra dicción no es perfectamente seguida. Vacilamos, metemos sonidos o palabras que estorban la frase que queremos pronunciar, y mezclamos las sílabas. Repetimos y cambiamos frases que quedan mutiladas. Tratamos de pronunciar dos palabras distintas al mismo tiempo y, a veces, se nos confunde o se nos traba la lengua por un rato. El niño de tres años, que todavía lucha con ciertos sonidos, palabras, arreglo de frases y presiones sociales, tropieza con más frecuencia que los adultos o niños mayores. Por si fuera poco, la libertad del habla de todos varía mucho según las circunstancias y los sentimientos. Estos cambios en el habla le afectan más al niño pequeño. Tal vez le sea a Ud. difícil distinguir entre los tropiezos normales que experimentan todos los niños y el tartamudeo. Esta dificultad se debe a la naturaleza del tartamudeo, que comparte muchos aspectos con las dificultades normales de todos los niños y varía en gravedad y frecuencia según el tiempo, las circunstancias o el estado de ánimo del individuo. Por consiguiente, si Ud. cree que su hijo no habla tan bien como debiera, sería mejor consultar a un Terapista del Lenguaje, que se especializa en los problemas de hablar. Si él encuentra que su hijo no tiene problemas anormales en el hablar recomendará que no es necesario tomar medidas (aunque Ud. quiera hacer algo para aliviar su propia preocupación). En cambio, si su hijo empieza a tener problemas verdaderos, le pueden ayudar tanto las sugerencias de este librito como los consejos del Terapista del Lenguaje.

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¿Cómo Determina El Terapista del Lenguaje

Si Su Hijo Empieza A Tartamudear?

Hay ciertas señales que indican que un niño no sólo experimenta las interrupciones del habla que son normales para los de su edad sino que también empieza a tartamudear. Los padres pueden ayudar al Terapista del Lenguaje suministrándole detalles en una conferencia. Cuando su hijo está con el Terapista del Lenguaje es posible que no muestre las dificultades que Ud. haya notado. Si Ud. conoce las señales del primer tartamudeo podrá indicar al Terapista del Lenguaje cuales son las que afectan a su hijo. A consecuencia de su contacto cotidiano con su hijo, los padres saben bien la gravedad y frecuencia de las señales de peligro que haya manifestado. A base de su conocimiento de estas señales Ud. puede decidir si necesita consultar a un Terapista del Lenguaje inmediatamente.

Las Señales De Peligro

El tartamudeo es más que una interrupción del flujo continuo de palabras. (Nos referiremos a estas interrupciones como "defectos de fluidez.") El tartamudeo abarca interrupciones, impedimentos y reacciones emocionales producidas por la dificultad en hablar. Hay que tomar en cuenta las señales sin prestarles demasiada atención, puesto que necesitan ser consideradas en el conjunto total del habla del niño, la mayor parte de la cual será normal y seguida. Conviene recordar también que todas estas dificultades en el habla pueden ser pasajeras y que ocurren, a veces, en los niños de habla normal.

1. Las Repeticiones Múltiples

Todos nosotros, y mayormente los niños que aprenden a hablar, repetimos palabras y frases. No tiene nada de extraño que un niño de cuatro años repita una palabra varias veces. ¡Cierto joven (que no tartamudea) repitió "y ... y ... y ... y ... y ... y... y" tantas veces que se le olvidó lo que iba a decir! Afortunadamente les dió risa tanto a él como a sus padres. A veces se emplean palabras y sonidos "de arranque" tales como tteste" o "ummm." Más importante, es posible que un niño repita fragmentos de palabras, casi siempre la primera sílaba. Cuando su hijo empieza a repetir la primera sílaba con frecuencia, es posible que tenga problemas anormales de dicción. La repetición de sílabas puede ser una fase pasajera parecida a la torpeza que afecta al pequeño cuando aprende a caminar o correr. Pero también puede ser un impedimento grave. De todos modos, la repetición de la primera sílaba es una de las primeras señales que toma en cuenta el Terapista del Lenguaje para determinar si un niño tartamudea.

2. Las Vocales Débiles (Schwa)^1

Se usan frecuentemente en el habla cotidiana las vocales débiles, o vocales "schwa" en inglés. Se trata de un sonido débil (en inglés "uh") y se encuentra en sílabas que no llevan acento tónico. El niño que empieza a tartamudear a menudo emplea las vocales débiles en una forma que retrasa y deforma el flujo seguido del habla. No importa que diga repetidas veces (en inglés) "go ... go ... go ... goat" pero si dice "g ... g... g.. goat" lo reconocemos como señal de peligro, sobre todo si el niño corta el sonido entre las sílabas, rompiendo así la palabra. A las palabras que empiezan con una vocal, es posible que el niño les anteponga una serie de vocales débiles. Aunque los padres no se den cuenta de estas sutilezas, el Terapista del Lenguaje está capacitado para reconocerlas.

3. Las Prolongaciones

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(^1) Nota del Traductor: Las vocales débiles o "schwa" constituyen un fenómeno del inglés que no tiene equivalente en castellano. Algunos ejemplos se encuentran subrayados en las siguientes palabras inglesas: "around, concerned, normal, wanted".

Las señales de peligro se distinguen de las interrupciones normales en dos formas. Las tres primeras (las repeticiones múltiples, las vocales débiles, y las prolongaciones) deforman los moldes de la dicción. Estas deformaciones pueden existir sin interferir con la comunicación, pero cuando se dan frecuentemente hay que reconocerlas como señales de tartamudeo incipiente. Las otras cinco señales de peligro (el temblor de tartamudeo, las subidas de tono y volumen, el conflicto y la tensión, el momento de angustia, y las evasiones) se dan cuando el niño reacciona a las interrupciones en su hablar. Estas cinco señales representan dificultades que inhiben gravemente el flujo del hablar y mutilan la comunicación. Indican que el niño se esfuerza por superar sus problemas. Es probable que él ni siquiera se dé cuenta de lo que hace y que tenga reacciones automáticas a las dificultades. Aunque la evasión y la tensión parezcan aliviarle un poco al principio, son perjudiciales a la larga porque añaden elementos confusos a la dicción y muchas veces se hacen más graves a medida que el niño se esfuerza más por hablar bien. Estos elementos molestos inquietan al niño tanto como a sus interlocutores. La presencia de estas señales de peligro significa que el niño puede llegar a tener un problema de tartamudeo a no ser que sus padres tomen medidas para evitarlo. Si Ud. no le ha hecho antes, debiera consultar a un Terapista del Lenguaje para que reconozca a su hijo y establezca un plan de tratamiento o de observación. A lo menos le convendría tomar en cuenta las sugerencias que se dan en la segunda parte de este librito y poner en práctica las que puedan beneficiar a su hijo. Si Ud. desea observar el hablar de su hijo más detenidamente, debe recordar ciertas precauciones. A semejanza de otras formas de desarrollo, el hablar no progresa siempre al mismo paso, y no es extraño que un niño tenga más dificultad en algunas ocasiones que en otras. Nótese bien los momentos en que habla bien para no inquietarse tanto ante cualquier señal de tartamudeo. No se le debe observar siempre que abre la boca -es preferible hacerlo sólo de vez en cuando. Así es posible llegar a saber cuánta dificultad experimenta y observar si su dicción mejora o empeora en términos generales. Si el Terapista del Lenguaje recomienda que Ud. trate de notar algún fenómeno especial, es mejor hacerlo como observador objetivo en lugar de como padre o como madre. Esto puede ser difícil, pero Ud. puede conseguirlo si le escucha hablar con otras personas sin tomar parte en la conversación. Antes de continuar con lo que pueden hacer los padres para ayudar al niño, queremos informarles más sobre el tartamudeo.

¿Por Qué Tartamudea Un Niño?

No obstante lo mucho que se sabe sobre el tartamudeo, es difícil contestar esta pregunta definitivamente. Lo más fácil es empezar con: "No estamos seguros, pero.. ." Parece que los niños tartamudean por muchas razones que varían de niño a niño. Además, un niño puede seguir tartamudeando después de que han desaparecido las primeras causas de su tartamudeo. Por ejemplo, hay evidencia que indica que a algunos niños pequeños se les hacen difíciles la coordinación y las secuencias de los movimientos que son necesarias para hablar rápidamente. Esta falta de coordinación puede causar defectos de fluidez, así como la mala coordinación de los músculos principales puede hacer tropezar al niño que aprende a caminar. A medida que aprende el niño a controlar los músculos necesarios para hablar, el tartamudeo puede continuar en algunos casos y desaparecer en otros. Asimismo, ciertas clases de tensión emocional, sea el resultado de un solo suceso penoso o de una experiencia habitual, pueden perturbar los hábitos de hablar de casi todo el mundo. Esto afecta sobre todo al niño pequeño, porque no sabe todavía controlar sus emociones y siente que muchas cosas le amenazan. Las interrupciones en su dicción pueden llegar a ser un síntoma de angustia o conflicto interior. El niño puede llegar a temer ciertas situaciones que le recuerdan otras en que se le ha hecho difícil hablar bien. Esto no es decir, sin embargo, que empiece a tartamudear todo niño que tiene experiencias penosas. Los defectos de fluidez normales que afectan a todos los niños pueden convertirse en una causa de problemas. A consecuencia de las reacciones propias o ajenas, el niño puede llegar a creer que tiene que eliminar los defectos de fluidez normales. Cuando sucede esto, cuanto más se esfuerza el niño por deshacerse de sus defectos, más graves se hacen, atrayendo al mismo tiempo la crítica de otras personas. Así se inicia un círculo vicioso y no tarda el niño en verse atrapado en una forma de hablar que no puede controlar. Tal vez se haya preguntado Ud. si su hijo tartamudea a consecuencia de algún susto intenso. Aunque un susto puede suscitar una breve interrupción en el hablar, no suele causar el tartamudeo permanente.

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¿Puede contagiarse el tartamudeo mediante la imitación? La evidencia indica que esto no sucede casi nunca. El tartamudeo parece darse en ciertas familias. ¿Indica esto que sea hereditario, teniendo una base orgánica? El tartamudeo sólo se encuentra en el uno porciento de la población, y varía mucho en la misma persona según el momento, de modo que es difícil de estudiar científicamente. Algunos investigadores creen haber encontrado una base hereditaria de las interrupciones del hablar, y es cierto que éstas pueden causar el tartamudeo en algunos, pero no todos, los casos. En fin, se puede comprender por qué no es posible declarar con certidumbre que un niño tartamudea por una razón concreta, aunque se han identificado muchos de los factores que contribuyen a que sea un problema grave. Algunos de estos factores dependen del niño, y otros dependen de las percepciones, actitudes y comportamiento de los padres. Hablaremos de estos factores en la segunda parte del librito.

¿En Qué Se Diferencia Un Niño

Tartamudo De Los Demás?

Con excepción de las dificultades que tiene al hablar, el niño tartamudo no tiene nada de especial. La inteligencia media de los que tartamudean es comparable a la de la población entera; es decir que algunos son poco inteligentes, otros son muy inteligentes y los más tienen una inteligencia media. Se han investigado detenidamente las diferencias psicológicas y fisiológicas entre los que tartamudean y los que hablan normalmente, pero las diferencias que se han encontrado son mínimas y no se dan en todos los tartamudos. Por si fuera poco, los resultados de algunas investigaciones contradicen los de otras. Entre los adultos las diferencias psicológicas entre los tartamudos y los no-tartamudos están relacionadas con el tartamudeo y no son una causa, sino un resultado, del problema. Parece que los niños tartamudos están tan bien adaptados como los demás. Los problemas emocionales que tengan no están necesariamente relacionados con su forma de hablar.

¿Cuáles Son Algunos Otros

Datos Sobre El Tartamudeo?

Menos del uno porciento de la población tartamudea, pero es un problema que afecta sobre todo a los niños (más que a las niñas). Aunque el porcentaje es bajo, resulta que hay varios millones de tartamudos en Los Estados Unidos. Se sabe que hay más niños que tartamudean que niñas, cuatro veces más. Existen muchas teorías ingeniosas que pretenden explicar este fenómeno, pero se ignora la razón definitiva. En este librito nos referimos al tartamudo usando el pronombre "él" porque el problema afecta más a los niños. Se empeora casi siempre el tartamudeo cuando el niño experimenta angustia o tensión. Por consiguiente, muchas de las medidas para ayudarle van encaminadas a disminuir la angustia y la tensión tanto como sea posible. Lo difícil es averiguar las causas de la angustia y tensión. Consta que la eliminación de presión muchas veces permite al niño hablar casi normalmente, como por encanto. Quizás el hecho de que empiecen a hablar bien está relacionado con que muchos niños dejan de tartamudear sin tratamiento ni atención especial, aun cuando siguen viviendo bajo condiciones adversas. Se estima que por cada persona que tartamudea hoy, hay tres que han dejado de tartamudear. Tanto ellos como sus padres ofrecen explicaciones tan variadas de su cura que son de poco valor para quienes investigan el fenómeno. ¿Es posible que se le pase el tartamudeo con la edad? La respuesta depende de lo que sea la causa. Los que creen que el tartamudeo resulta de nervios y músculos poco desarrollados afirman que el niño puede superarlo al crecer. Pero se adquieren reacciones emocionales suscitadas por las dificultades de hablar, y estas reacciones no desaparecen con el crecimiento. El niño que ha adquirido tales reacciones y comportamiento debe aprender a modificar su comportamiento de alguna manera. La mayoría de los investigadores opinan que el tartamudeo es cuestión de reacciones y comportamiento adquiridos. Sabemos que la frecuencia y la gravedad del tartamudeo pueden variar según el tiempo y las circunstancias. A veces el niño habla sin dificultad, sobre todo al hablarse a sí mismo, al hablar a los animales, o al cantar. El tartamudeo puede desaparecer del todo por algún tiempo y luego volver con fuerza, mayormente si el niño experimenta mucha presión nerviosa. Sin embargo, no se puede siempre identificar con certeza la causa de la angustia.

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Les extrañará a los padres que se recalque la importancia de escuchar bien cuando habla su hijo. ¡Claro que le escuchan! Es difícil no escucharle cuando llega a la edad (tres o cuatro años) de parlotear o hacer preguntas sin cesar. No obstante, los padres se acostumbran a escuchar al hijo selectivamente, aunque no sea más que para protegerse contra las distracciones. Es importante saber escuchar selectivamente sin dar al niño la sensación de que no le prestan atención o no quieren oír lo que dice. Además, Ud. puede ampliar la cantidad de lo que escucha con objeto de poder enterarse mejor de lo que realmente necesita su hijo. Un esfuerzo por entender el procedimiento de escuchar y por mejorar sus hábitos personales de escuchar puede facilitar la comunicación más significativa entre padres e hijo. A Ud. le sorprenderá n otar cuánto más consciente se sentirá al hablar con su hijo y con todo el mundo. ¿Cómo se consigue esto? Le proponemos el siguiente plan en cuatro etapas que hay que poner en práctica durante varios días.

(1) Durante los dos o tres primeros días, concéntrese bien en evaluar cómo escucha a su hijo, cuánto le escucha y con qué frecuencia. ¿Qué tópicos le interesan a Ud.? ¿Varía la intensidad con que escucha, de modo que a veces sólo oye una pequeña parte de lo que dice su hijo y en otras ocasiones está pendiente de cada palabra? ¿Le escucha Ud. con paciencia sin interrumpir lo que dice? De todo lo que dice él ¿cuánto oye Ud. de verdad? ¿Cuánto habla él y sobre qué? ¿Cómo reacciona Ud. cuando él le interrumpe mientras dice Ud. algo importante? ¿Cada cuánto le mira Ud. directamente al hablar con él? Le recomendamos que apunte sus observaciones. El prestar atención a su modo de escuchar será la base de las tres etapas siguientes. (2) Durante los dos días siguientes (o más si Ud. prefiere) esfuércese por cambiar el "equilibrio" con que escucha a su hijo con la intención de mejorarlo. No es posible escuchar atentamente al niño siempre que abre la boca, mayormente si habla mucho, pero tal vez decida Ud. escucharle con más atención. Es posible que Ud. necesite cambiar su modo de reaccionar cuando él le interrumpe. Lo importante es aprender que se pueden modificar los hábitos de escuchar sin necesidad de llegar a un extremo. (3) Durante los próximos días, haga un esfuerzo sincero por escuchar algo más que el significado intelectual de las palabras de su hijo. Además de sus palabras ¿qué sentimientos expresa? El enviará mensajes implícitos y emocionales con la voz, infecciones de palabras, pausas, repeticiones, lentitud o rapidez de hablar, y su modo de mirar (o no mirar) directamente a la persona con quien habla. Ejemplos. ¿Le habla a Ud. con gimoteos aunque les habla naturalmente a otras personas? ¿'Tiene miedo cuando habla con ciertos familiares? ¿Se le nota una infección ascendente al pronunciar el nombre de "mamá" sobre todo cuando quiere atención? Repite palabras más al hablar con unas personas que con otras? Al hablar con muñecos o compañeros imaginarios estando solo ¿habla sin dificultad? En esa situación ¿habla con más confianza y autoridad de las que emplea con la mayor parte de las personas?

Su preocupación por ciertos tópicos o temas puede indicar el miedo o la inquietud subconscientes. Ejemplos. ¿Le hace una serie de preguntas durante varios días acerca del mismo tópico, como algún contratiempo o alguna enfermedad? ¿Pregunta por lo que debe hacer si ...? ¿Hace la misma pregunta repetidas veces cuando es evidente que sabe la respuesta? Querrá atención al hacer estas cosas.

Ud. acabará escuchando con mayor comprensión si sigue estas tres etapas, sabiendo reaccionar debidamente tanto al sentido de las palabras como a los sentimientos. En esto estriba la buena comunicación. A medida que vaya estando más consciente de la necesidad de escuchar (y a veces de no escuchar), Ud. descubrirá modos de reconocer lo que es importante para su hijo sin abandonar el trabajo o las diversiones cotidianos. Ud. encontrará medios de comunicarle que los quehaceres exigen su atención sin escamotear el cariño que siente por él. No obstante, a veces le será necesario interrumpir sus actividades para hacerle caso. Hay que seleccionar los momentos en que escucha a su hijo a base de su conocimiento de él en lugar de reaccionar impulsivamente. (4) Como última medida de este procedimiento, trate de identificar las señales emitidas por su hijo que indiquen que necesita urgentemente su atención. Usualmente hará esto antes de irritarse o llorar, lo que suscita otro problema. Es de esperar que no ocurran estas ocasiones a menudo, y por consiguiente esta medida puede llevar mucho tiempo. Cuando ocurren, hay que observar las expresiones, las

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posturas y los movimientos que indiquen que el niño se centra en sí mismo. Esta necesidad puede expresarse en un cambio notable de tono de voz, generalmente más bajo, o en vacilaciones y repeticiones anormales. Le conviene a Ud. reconocer qué señales utiliza su hijo. Cuando se acostumbre a hacerlo podrá sintonizar" inconscientemente, sabiendo reconocerlas enseguida. Puesto que la comunicación y muchas relaciones emocionales dependen de escuchar bien, Ud. puede ayudar a su hijo a hablar mejor si le escucha mejor. Al concentrarse en las cuatro etapas que acabamos de explicar, se debe recordar que es importante escuchar al hijo con paciencia y alegría.

Hablar Con Su Hijo Es Mejor Que Hablar A Su Hijo

Existe un vínculo estrecho entre el modo de hablar y el de escuchar. A veces parece que un niño n e cesita oír muchos consejos, normas, advertencias, y son los padres quienes se los suministran. Es natural que la sensibilidad de algunos niños sufra ante tantas "andanadas" verbales. Los padres pueden impedir esta reacción esforzándose por mezclar los consejos y las advertencias con intercambios de ideas y sentimientos. Lo importante es permitir al niño hablar con naturalidad y franqueza. Una conversación no es un monólogo. Primero, Ud. debe escucharse a sí mismo durante un día. Note si tiene conversaciones con su hijo, además de darle los consejos necesarios. Después, escoja unos tópicos que le interesen a él pero que no tengan que ver con su comportamiento, y luego pase algún tiempo charlando con él sobre estos tópicos. Pregúntele qué ha hecho durante el día y escuche sus respuestas con interés. Además de escucharle bien, Ud. debe hacerle preguntas y contribuir a la conversación. Pero guárdese de criticarle o reprocharle durante estas conversaciones. Este intercambio permite al niño hablar sin nerviosismo, facilitando una dicción seguida y libre.

Hay Que Dar Buenos Ejemplos A Los Niños

Se supone que los padres siempre tratan de hablar bien a fin de dar buenos ejemplos a sus hijos. Esto quiere decir que hablan con claridad y escogen palabras adecuadas para expresar sus ideas. Los padres adaptarán su lenguaje (el vocabulario y la longitud de las frases) a la edad y el desarrollo del hijo. Aquí les ofrecemos algunas sugerencias tocantes al flujo o la velocidad de la dicción. ¿Tiene Ud. la costumbre de hablar seguida y rápidamente? Es posible que su hijo trate de imitar la dicción rápida de los padres antes de contar con el desarrollo verbal necesario para hacerlo. En este caso, sería mejor que los padres hablaran más despacio, pero sin exagerar la lentitud. Si son largas y complejas las frases de los padres, el hijo comprenderá con dificultad, lo que puede afectar su capacidad de responder bien. Los padres, sin exagerar la sencillez, deben usar frases breves y sencillas en algunas ocasiones. Algunos padres tienen la mala costumbre de interrumpir el hablar de su hijo, sobre todo cuando saben de antemano lo que va a decir. Esto le hace presión al niño, que necesita tiempo y paciencia. Los padres pueden acostumbrarse a hablar y obrar con paciencia.

Que Sea Agradable El Hablar Para Su Hijo

Los padres que escuchan bien y atentamente a su hijo le ayudan a disfrutar de la comunicación, pero también hay otras medidas que se pueden tomar. Desde el primer año de la vida del niño los padres deben asociar el hablar con actividades agradables. El acto de cantar abrazando o meciendo al hijo pequeño les da placer y recuerdos agradables tanto a los padres como al niño. Vale la pena hablar con el niño acerca de experiencias mutuas. Algunas madres inventan juegos de palabras para sus hijos de tres o cuatro años, "¿Con qué sonido empieza la palabra 'balón'?" El niño puede contestar con la letra "b" o con la sílaba "ba." Será mejor evitar los sonidos que le dan miedo. Otra forma de juego sería pronunciar las letras de una palabra como "gato" y preguntarle qué palabra forman las letras. Se puede hacer el juego fácil o difícil según la capacidad del niño. Es una buena idea enseñarle chistes y acertijos, pero no hay que reñirle si no los repite perfectamente. Es asombroso lo rápido que adquieren los niños un sentido del humor. Mediante las diversiones verbales un niño aprende a gozar del hablar, lo que contrarresta los efectos penosos de los reproches que son necesarios a veces. Es importante que la familia entera

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hace esto también. "Mamá, tengo algo en el ojo." "Papá, mira el rasguño que tengo en la pierna." Lo que respondan los padres importa menos que la atención prestada al niño. Muchos niños hacen la misma pregunta repetidas veces o fastidian a sus padres con preguntas cuyas respuestas saben de antemano. Los padres que se dan cuenta de que la comunicación emocional es la base de mucho de lo que dicen los niños saben responderles con mayor acierto. A continuación le ofrecemos algunas sugerencias para conseguir esto.

Modos De Expresar Sentimientos Favorables Sin Palabras

¡Ud. debe mirar a su hijo y sonreír sin motivo concreto! Si él le pregunta por qué sonríe, Ud. le puede decir que lo hace por cariño. Dele una palmada cariñosa de vez en cuando. Que vea él, por medio de su mirada y sus palabras, que Ud. se siente orgulloso de él. Ayúdele a hacer cosas difíciles alegremente, pero no le exija una expresión verbal de agradecimiento.

Hay Que Analizar La Voz

Los padres deben prestar atención a la voz de su hijo (y también a la propia) para darse cuenta de las emociones manifestadas por el tono, la fuerza y la inflexión. Tal vez sea necesario que Ud. analice sus propias emociones para hacer esto. Escuche bien la conversación de otras personas, sobre todo cuando lo que dicen no le afecta a Ud. Para escuchar su propia voz, ponga en marcha un magnetófono y procure hablar sin tomar en cuenta que está grabando su voz. Luego, escuche la grabación para oír el sonido de su propia voz. Es probable que Ud. ya sepa que habla más alto al enfadarse. El tono de la voz puede subir, haciéndose áspera e irritante cuando una persona se enfada, o pueden ocurrir inflexiones vocales (hacia arriba o hacia abajo) cuando la persona enfadada trata de controlarse. Si la fuerza de la voz baja notablemente esto puede indicar que la persona se resigna o ya no trata de ayudar a su hijo. Algunos padres cometen el error de hablar a sus hijos con condescendencia, como si fueran inferiores o poco inteligentes. Tal vez Ud. evite las variaciones extremas al hablar, aunque tenga "una voz" para hablar con su hijo y otra bien distinta para hablar con otras personas. ¿Habla Ud. a su perro con la misma voz que emplea con su hijo? Los padres deben intentar modificar su forma de hablar con su hijo para recalcar los sentimientos positivos de cariño.

El Valor De La Intimidad

¡Qué maravilloso es el momento de intimidad con el hijo! Estos momentos pueden ocurrir cuando padres e hijo hacen algo juntos sin necesidad de hablar mucho. Muchos de estos momentos, por breves que sean, pueden dar al niño un sentimiento de seguridad y aliviarle el tartamudeo. A menudo ocurren porque sí pero siempre conviene cultivarlos. Puede ser una cosa sencilla: interesarse por sus juguetes o ayudarle a recogerlos antes de acostarse, pasar unos momentos tranquilos con él o dar un paseo por el parque. No es de suponer que todo intento produzca el nivel de intimidad deseado, pero el efecto general le da al niño la sensación de que sus padres le quieren sin que tenga que hablar sin cesar. Son vacías las palabras de amor que no van acompañadas de pruebas no-verbales, y el niño no tarda en darse cuenta de ello.

La Vida Cotidiana

La educación de su hijo requiere más que la conversación. La vida de un niño ofrece muchas actividades y oportunidades que le pueden hacer más fuerte y confiado, o que le pueden amenazar y debilitar. Este librito no pretende enseñar a los padres todo lo que necesitan saber para enfrentarse con todos los problemas familiares, pero conviene señalar ciertas posibilidades que pueden ayudar al niño a hablar mejor.

En Las Comidas

Si su hijo hace melindres al comer de modo que son las comidas desagradables para todos, hay que preguntarse por qué es así. ¿Tartamudea más durante las comidas? ¿Qué conflictos tiene? ¿Le regaña Ud. más de lo normal? Aconsejamos que los padres examinen sus propias preocupaciones. ¿Les

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preocupa que su hijo se niegue a comer los alimentos que necesita? Si se le priva de los dulces antes de comer y se le ofrecen buenos alimentos en las comidas sin obligarle a comer, no tardará en comer lo que necesita con apetito. Si el niño acostumbra a perder el apetito a la hora de comer, vale la pena cambiar la hora o el lugar de la comida. ¿Le importan a Ud. mucho sus modales? La merienda es una buena ocasión para darle una lección sobre la forma de comer bien. Es mejor evitar tales lecciones durante las comidas en que está presente la familia entera. No hay que confundir sus hábitos de comer con su disciplina y comportamiento generales. No es posible obligar al niño a comer y es mejor no intentarlo, porque el resultado sería desagradable y contraproducente. En cambio, los padres sí que pueden controlar lo que se le da de comer y donde y cuando se come, pero no hay que imponer normas demasiado rígidas. Conviene hacer alguna que otra excepción, con tal que sepa el niño que se trata de una excepción. No hay que discutir los problemas que sólo afectan a los padres durante las comidas, porque hay otras oportunidades para hacerlo.

La Hora De Acostarse

Los padres no pueden obligar al niño a dormirse y el intento puede ser contraproducente. Es fácil que llegue el niño a dictar sus propias horas de acostarse. Para formar buenos hábitos y un sano régimen de descanso, hay que evitar las actividades superfluas que se asocian con la hora de acostarse. ¡Cuántas mañas tiene un niño para retrasar la hora de ir a la cama! Cuanto más sencillo sea el acto de acostarse, mejor. A muchos padres les gusta leerle algún cuento al niño poco antes de acostarle, pero es mejor escoger otra ocasión para la lectura si esto se convierte en un "rito." Los padres que necesitan calmar a sus hijos antes de acostarlos pueden tenerlos en los brazos durante un rato.

El Cuarto De Baño

Puesto que no es posible obligarle a usar el cuarto de baño para evitar los "contratiempos" es mejor no intentarlo. Si los padres están demasiado preocupados con el uso del cuarto de baño, esto puede ser contraproducente. Si el niño sigue mojando la cama, no hay que tratarle como si fuera un fracasado asqueroso. Los padres pueden dejarle ver que les fastidia la suciedad creada por sus "accidentes," pero que no dejan por eso de sentirle cariño. ¡Es urgente impedir que el niño se sienta despreciado o que crea que no sirve para nada!

El Comportamiento General

Cuando los padres le imponen al hijo normas de conducta muy exigentes, estas pueden suscitar frustración y sentimientos de poca confianza en sí mismo. ¿Le exige Ud. a su hijo que sea perfecto? Nos consta que el tartamudeo afecta a los muchachos más que a las muchachas. Algunos sicólogos creen que esto es debido parcialmente a las actitudes culturales que exigen que sea el hombre más valiente que la mujer; "que se porte como un hombre." El niño que llora sin una buena razón no está a la altura de su sexo, según este criterio. A consecuencia de esto, no puede desahogar sus emociones aunque sean abrumadoras, lo que le causa sentimientos de culpabilidad y fracaso. Las dificultades en hablar se manifiestan con frecuencia durante estos momentos y pueden llegar a asociarse con el conflicto por un procedimiento de acondicionamiento. Por otra parte, acostumbramos a exigir ciertas formas de comportamiento agradable, aunque a veces sea necesario comportarse como un muñeco. Pero no es razonable exigir al niño que siempre sea un caballero perfecto. Hay que ser comprensivo con él a causa de su edad, sus intereses y sus flaquezas humanas. Es injusto y cruel calificarle de maleducado o tonto cuando no saluda debidamente a un recién llegado. Un niño no es una persona mayor. Son demasiado exigentes los padres que se sienten avergonzados cuando su hijo comete un pequeño desliz social. ¿Cómo reacciona Ud. ante las expresiones de cólera de su hijo? Se entiende que sean necesarias ciertas normas de comportamiento, de manera que todo niño debe aprender a controlar sus emociones. Si los padres le dan a entender que tiene que suprimir sus emociones, es posible que llegue a creer que debe suprimir los problemas de dicción que están relacionados con ellas. Pero hay que evitar métodos de disciplina que dan al niño un sentimiento de inferioridad; es decir, no hay que avergonzarse nunca por sus emociones. Después de una crisis emocional lo mejor es hablarle tranquilamente ayudándole a comprender que las emociones no son malas si uno aprende a controlarlas.

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consiste en decirle al hijo: "Si me quieres y quieres que te quiera siempre harás lo que te mande." Es mejor comunicarle que si sigue comportándose mal, a los padres no les queda más remedio que expresarle su cariño mediante el castigo. Hay que examinar todos los métodos de disciplina, ya sean de premio o de castigo, para determinar si representan una actitud de cariño y realismo por parte de los padres. Se deben evitar los métodos muy largos, emocionales o severos. Los padres deben comportarse consistentemente con sus hijos, pero en algunas cosas pueden permitirse un poco de variedad si lo hacen con cuidado. Es importante evitar los extremos en la disciplina: la inconstancia, y la rigidez.

Las Presiones

Al niño le hacen presión las ideas, acciones y palabras de los padres que le dan un sentimiento de culpabilidad, vergüenza, frustración, insuficiencia, rechazo o angustia, y esto puede estorbar el flujo seguido de palabras. En algunas familias es posible reducir la presión examinando las actividades cotidianas en que participan los niños. ¿Participan los padres e hijos mayores en tantas actividades que los pequeños se ven arrastrados apresuradamente de un lugar a otro? ¿Qué horario tiene el pequeño si va a la guardería o al jardín de infancia? ¿Qué se puede hacer en casa para asegurar que no le falten descanso, actividades etc.? ¿Tiene horas normales para descansar? ¿'Tiene que pasar tanto tiempo solo que se emociona demasiado cuando está con otras personas? ¿Está con adultos casi siempre? ¿Existe un buen equilibrio entre su descanso y sus actividades? Estas preguntas y otras por el estilo pueden encaminar a los padres a crearle al niño un medio ambiente que sea estimulante sin ser demasiado exigente.

Otras Influencias

Hemos indicado que las experiencias penosas no son generalmente la causa directa del tartamudeo, pero las tragedias familiares inquietan a los niños. Por más esfuerzos que hagan los padres por protegerle, los contratiempos como enfermedades, conflictos emocionales y accidentes son inevitables y pueden suscitar un aumento de vacilaciones y repeticiones en la dicción del hijo. Cuando sucede esto es mejor aceptarlo como si fuera normal, sin manifestar ninguna reacción que pueda agravar el problema. Los conflictos prolongados dentro de la familia pueden causar al niño dificultades de dicción. El mejor alivio que pueden ofrecer los padres es una intensificación de cariño por el hijo. Los desplazamientos de la familia también pueden causar mayores defectos de fluidez, tanto por la inquietud de la mudanza como por la novedad del medio ambiente. En estos trances es más importante que nunca que los padres muestren paciencia y amor al hijo. Si tartamudea algún miembro adulto de la familia, es natural que los padres se preocupen al notar los primeros indicios del tartamudeo en un pequeño. No es probable que el pequeño procure imitar el tartamudeo de un adulto, pero si le admira mucho tratará de imitarle en otras formas de comportamiento. Si no se le notan las señales de peligro, es mejor aceptar sus defectos de fluidez como un fenómeno normal en lugar de suponer que se trata de un caso de tartamudeo "heredado." Los días festivos, las vacaciones próximas, o los primeros días de colegio son emocionantes, pudiendo ser demasiado estimulantes para un niño. Los padres nos informan a menudo de que su hijo hablaba bien durante las vacaciones de verano pero empezó a experimentar dificultades poco antes de empezar los estudios en el otoño. Al notar que un niño habla con menor fluidez, hay que intentar reducir la intensidad de la situación. Un alto nivel de tensión prolongada durante varios días puede suscitar dificultades. Es emocionante la anticipación de algo agradable en el futuro, pero no hay que exagerar. La Navidad y El Día de Reyes pueden causar una mezcla de emoción y decepción o frustración. Si los niños reciben muchos regalos, tal vez sea mejor no abrirlos todos de una vez sino hacerlo tranquilamente durante varias horas, dándoles tiempo para acostumbrarse a las novedades. La práctica de exigir a un niño tartamudo que se exprese concretamente puede agravar sus problemas. Al pedirle que cuente lo que ha pasado en cierta situación, es fácil hacerle mucha presión sin querer. Es posible evitar la presión permitiéndole hablar tranquilamente a una velocidad que le sea cómoda. Es difícil no interrumpir a un tartamudo que vacila mucho al hablar, pero repetidas interrupciones pueden agravar el problema de un niño. Esto no quiere decir que sea necesario cesar toda interrupción, pero no será difícil reducirlas. Lo más importante es evitar las interrupciones en los momentos en que el tartamudo habla de algo que le importa mucho.

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Asimismo, los padres deben intentar encontrar los obstáculos que impiden que su hijo hable bien. ¿Qué tal habla cuando tiene que hablar y hacer otra cosa al mismo tiempo? Si se le hace difícil, será mejor que cese la otra actividad al hablar. Si se hace daño al jugar, no hay que pedirle cuentas hasta que se le haya pasado el susto. Si se detiene a media frase, no se debe terminar la frase por él. Hay que evitar los gritos si le contrarían mucho. Con un poco de atención, Ud. encontrará situaciones cotidianas en que será posible modificar el modo de hacer algo y facilitar la dicción de su hijo. Sin embargo, es importante efectuar os cambios tranquilamente para que no sean aparatosos. Vale la pena aquilatar el desarrollo entero del niño, lo cual abarca la capacidad física, emocional, social e intelectual. Es normal que sea desigual el desarrollo de estas capacidades, sobre todo la física y la social. Es posible que su hijo pase por una etapa en que no le interese mejorar su capacidad de hablar bien, prefiriendo concentrarse en otras cosas. Cuando sucede esto, su dicción puede sufrir un deterioro temporal. Habrá períodos en que no se le notará desarrollo de ninguna capacidad. En estos últimos casos, es mejor esperar con paciencia, porque el desarrollo no es un fenómeno continuo, sino que se produce "a saltos." Si tarda en manifestar algún progreso, será necesario consultar a un médico. Pero si se esfuerza por aprender a montar en triciclo o en bicicleta, no es de extrañar que pase una temporada sin que mejore su hablar. Hemos indicado algunas normas generales y unas cuantas sugerencias concretas encaminadas a beneficiar a su hijo. No es posible dar soluciones exactas para todos los problemas, porque las soluciones indicadas dependen de la situación, los individuos, y el juicio de los padres. Aunque no pretendemos imponer normas rígidas, aconsejamos que los padres actúen con reflexión y consistencia. Por ejemplo, cierta madre siguió el consejo de establecer un horario que aumentara el sentimiento de seguridad de su hijo. Su horario resultó tan rígido que el niño acabó haciendo lo mismo todos los días, lo que le produjo nuevos problemas. Otro horario más razonable y tranquilo no tardó en ayudar al niño a hablar mejor. Será mejor evitar los extremos, fijándose bien en los efectos de sus acciones y disponiéndose a modificar éstas cuando sea necesario.

Cómo Ayudar Al Niño Que Tartamudea

Se entiende que muchos de los lectores de este librito son padres preocupados por un hijo que no habla con fluidez. Sea un caso de tartamudeo o no, los padres pueden tranquilizarse mucho siguiendo las sugerencias ya señaladas. Sin embargo, puede ser que el niño tenga más problemas de los normales para su edad. Repetirá o alargará sonidos, usará a veces el sonido "schwa," repetirá palabras enteras, o manifestará otras señales de peligro, de manera que los padres tendrán que seguir otros procedimientos. Las sugerencias que se dan a continuación van encaminadas a facilitar el desarrollo de una mejor fluidez e impedir el desarrollo del tartamudeo grave. Le convendría consultar a un terapista del lenguaje si Ud. necesita consejos más concretos.

Hay Que Aceptar Los Defectos De Fluidez

A los padres les resulta difícil aceptar el hablar vacilante de un hijo, porque temen que llegue a ser un problema para toda la vida. Aun cuando procuran estar tranquilos, no pueden disimular sus sentimientos y preocupaciones, los cuales afectarán al hijo. Los padres necesitan entender toda clase de defectos de fluidez, muchos de los cuales son interrupciones que tiene todo el mundo. Hay varias maneras de hacer esto.

Hay Que Estudiar Diferencias En El Hablar

Durante algunos días, Ud. debiera escuchar de vez en cuando el hablar de otras personas, adultos y niños, especialmente cuando no le hablan a Ud., a fin de notar sus defectos de fluidez en lugar del contenido de lo que dicen. Tome en cuenta toda interrupción en el flujo de palabras, repeticiones, retrocesos, pausas, y el uso de sonidos superfluos. Es importante reconocer cuantos defectos de fluidez existen en el habla normal, que contiene pausas para reflexionar o recalcar ideas. Después de escuchar a otras personas, Ud. debiera fijarse en su propio hablar. A consecuencia de hacer esto, Ud. estará consciente de más defectos de fluidez en general y empezará a reconocerlos por todas partes. Sin duda Ud. estará impresionado por lo frecuentes que son los defectos que comete todo el mundo.

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padres que consideran "tartamudo" a su hijo tienen dificultades en aceptar sus defectos de fluidez sin reacciones emocionales. La "etiqueta" de tartamudo le hace presión al niño, lo que sólo agrava su problema. La mayoría de las personas no reconocen la distinción entre los defectos normales de fluidez y el tartamudeo. Se oye decir mucho: "Yo mismo tartamudeo de vez en cuando" o "Todo el mundo tartamudea" cuando uno se refiere a lo que el terapista del lenguaje llama defectos normales de fluidez. Tal vez Ud. o algún otro miembro de la familia haya calificado de tartamudo a su hijo. En tal caso, no hay que declarar la guerra a la palabra ofensiva, sino tratar poco a poco de evitarla. En lugar de decir que un niño tartamudea, es mejor decir que repite palabras, sonidos o sílabas, que se detiene, o que introduce sonidos superfluos. También se puede decir que vacila o interrumpe su hablar. Pero es importante recordar que cualquier palabra o expresión puede significar desaprobación cuando van acompañadas de tonos o miradas desagradables. En este librito se emplea "defectos de fluidez" como término sin contenido emocional, pero es lo bastante distinto para poder producir en un niño una sensación tan desagradable como si sus padres le llamaran tartamudo. Cuando un niño lucha intensa y frecuentemente con sus defectos de fluidez o cuando se nota que éstos le causan angustia y miedo, los padres necesitan hacer algo más que aceptar sus dificultades. Hay que hablar con él acerca de sus problemas, utilizando términos tan descriptivos como sea posible. Si se le nota uno de los fenómenos siguientes: los músculos tensos, el parpadeo, la evasión de ciertas palabras, la boca abierta para hablar sin emitir ningún sonido y otros por el estilo --- es que se está esforzando más de la cuenta. No recomendamos que los padres supriman totalmente la palabra "tartamudeo" al hablar con su hijo, sobre todo si mucha gente considera que tartamudea, porque tal supresión le pondrá más nervioso. En fin, la manera en que se usan ciertos términos importa tanto como los términos mismos, pero los padres no deben considerar "tartamudo" a su hijo en ningún caso. La razón es sencilla-esa palabra indica a una persona inferior. En cambio, decir que un niño tartamudea no implica tanta sensación de inferioridad.

Los Padres Necesitan Reducir Su Propia Angustia

Es natural que les dé pena a los padres oír el tartamudeo de un hijo. Cierta madre que acompañaba a su hijo a una clínica de terapia del lenguaje describió detenidamente lo cansada y agobiada que se sentía a consecuencia de la lucha diaria que sufría su hijo. Aunque parezca mentira, los padres pueden aliviar su preocupación. Primero, deben tomar en cuenta que el setenta y cinco por ciento de los que tartamudean de niños no lo hacen de adultos. Este dato sumado a las medidas constructivas que pueden tomar los padres para ayudar a su hijo contribuirá a reducir su sentimiento de frustración. El hecho de tomar medidas cuando el niño es aún pequeño aumenta las probabilidades de que podrá superar el problema. También puede beneficiar a los padres el ver y comprender lo que hace el niño, y su observación del progreso que evidencia. Los padres aprenderán a observar más tranquilamente el hablar de su hijo, sin inquietarse cuando empieza a experimentar dificultades. Lo que le sucede al niño ahora es más importante de lo que pueda sucederle en el porvenir. ¡Hay que recalcar lo bueno y positivo de su hablar! Vale la pena contar sus palabras durante un rato, notando cuantas veces emplea señales de peligro. Ud. se dará cuenta de que la mayor parte de su hablar es fluido. (Recuérdese que los niños de su edad no hablan perfectamente.) Total, existe evidencia de que su hijo sabe hablar, y podrá hablar sin tropezar cuando se deshaga de los elementos molestos que le estorban de vez en cuando. Mientras tanto, así los padres como el hijo tienen un problema que pueden solucionar más fácilmente si no están demasiado nerviosos.

Hay Que Reaccionar Al Tartamudeo De Una Forma Apropiada

¿Cómo se reacciona debidamente? Las más veces es mejor no reaccionar de ninguna forma; es decir, hay que actuar como si el niño hablara normalmente. No obstante, el tartamudeo puede llegar a resultarle tan molesto que no parecería natural si los padres no reaccionaran de alguna manera. En tal caso, ellos deben mostrarle que reconocen sus dificultades, pero sin ningún indicio de sorpresa, inquietud, reproche, lástima u otros sentimientos negativos. No hay que aconsejarle que haga algo para evitarlo. (En otra sección se indicará la mejor manera de darle consejos directos.) Por ejemplo, se puede

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comentar: "Quedaste atascado en esa palabra ¿verdad?" o "Te esforzaste bien con ésa" o "No es nada divertido, ¿eh?" Nunca viene mal una sonrisa con una mirada que implica: "Entiendo que a veces las palabras no salen fácilmente." De vez en cuando sus combinaciones de sonidos y secuencia serán extraños, y entonces hay que reír con él y seguir hablando. Se le puede mostrar una compasión moderada, pero es mejor evitar una manifestación de sentimientos profundos en estos momentos. El tono de voz de los padres y la selección del momento son importantes. En las clínicas de terapia del lenguaje es posible observar a muchos padres que saben manejar el problema con destreza. Cierta madre, que había sentido horror del tartamudeo, aprendió a admirar a su hijo por conseguir comunicarse bien a pesar de sus dificultades de dicción. Se notaba admiración en la voz de la madre. Sabemos que esto es muy difícil para los padres que están preocupados y sienten compasión por su hijo cuando observan sus esfuerzos por hablar bien, de modo que muchos de ellos necesitan examinarse a sí mismos a fin de poder reaccionar bien ante el problema del hijo. Hay madres que han vencido su compasión excesiva y padres que han eliminado su vergüenza preguntándose sinceramente cuál es la causa de sus sentimientos. Esto no quiere decir que los padres tengan que suprimir todos sus sentimientos por su hijo, sino que deben expresarles con un amor constructivo, viendo en el niño mucho más que su tartamudeo. Su problema no es más que una pequeña parte de su vida. Es un problema que necesita cuidado, como una cortadura en el pie, el sarampión o la gripe.

Cómo Hablar Con El Niño Acerca De Su Tartamudeo

Se "cura" el tartamudeo de algunos niños pequeños (3 a 5 años de edad) con un procedimiento en que el terapista del lenguaje sólo habla con los padres sin decirle nada al niño acerca del problema. Hay casos, sin embargo, que requieren algo más que el reconocimiento y la aceptación por parte de los padres. Al llevar al niño a una clínica de terapia del lenguaje, será mejor informarle de que va a hablar con una persona que entiende mucho de los problemas del hablar. A lo mejor su hijo querrá saber por qué no habla bien o por qué se atasca. Es posible que llegue a preguntar si tiene algún defecto. Habrá momentos en que se le hará tan difícil hablar que le pedirá a Ud. auxilio. Tal vez se le haya ocurrido que tiene que ocultar su tartamudeo y que sus padres tienen la obligación de ayudarle poniéndolo al descubierto. Las preguntas "por qué" son las más difíciles de contestar, pero los padres pueden encontrar una respuesta satisfactoria. No recomendamos explicaciones largas, porque un niño no quiere saber mucho y se aburre pronto. He aquí un ejemplo de lo que un padre o una madre puede decir a su hijo: "Todo el mundo se confunde o queda atascado a veces; y algunos lo hacen más que otros. Los niños pequeños lo hacen mucho porque están aprendiendo a hablar. 'También tropiezan más al caminar o correr. Cuando les ocurren estos tropiezos en el hablar, sus esfuerzos por eliminarlos sólo agravan el problema." Si los padres le señalan algún tropiezo en su propio hablar el niño recibirá una impresión más completa. Cuando pregunta si tiene algún defecto, hay que contestarle que no con una explicación de lo que sucede cuando una persona tartamudea. Aunque quede atascado de vez en cuando, es posible tranquilizarle diciendo que no debiera preocuparse por sus tropiezos con tal de que consiga expresarse bien. Lo principal es darle una explicación breve sin expresar actitudes emocionales o de misterio.

A Veces Hay Que Darle Consejos Directos

Después de preguntar por qué tartamudea, su hijo querrá saber cómo puede superarlo. El mejor consejo es: "No te esfuerces tanto" o "Cálmate", animándole a hablar de la manera que le sea más fácil en ese momento. Cierto padre explicó esto a su hijo apretando el puño y luego abriéndolo despacio, al mismo tiempo que dejaba salir un sonido de su boca. La boca en tensión se aprieta como el puño. Lo peor, entonces, es el conflicto o la tensión. Hay que animar al niño a que hable tranquilamente, repitiendo palabras si es necesario que tome cuanto tiempo necesite. Después de animarle a hablar sin tensión, los padres no deben irritarse si el niño no sigue su consejo. Ciertos tipos de consejos producen un efecto contrario. No hay que decirle nunca: "Deja de tartamudear," "Respira profundamente," "Piensa lo que vayas a decir antes de hablar," o "Habla más despacio." Tales consejos agravan el problema de tres maneras: (1) Le dan a entender que si hiciera algo correcto dejaría de tartamudear. (2) Le dan un sentimiento de culpabilidad porque no puede seguir el consejo. (3) Le dan más preocupaciones que impiden aún más el flujo normal de su hablar.

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