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Asignatura: PALEOGRAFIA, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UHU
Tipo: Apuntes
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Tema 1. Concepto y método en Paleografía
La escritura puede ser definida como un sistema del que se vale el hombre para fijar de modo estable y comprensible para otros, mediante signos, el lenguaje. La escritura tiene funciones de medio de conservar y medio de transmitir los mensajes. Es decir, es un medio de comunicación.
A) Definición de Paleografía.
Toda disciplina suele denominarse con un término que guarda relación directa con el objeto de estudio, pero que sin embargo dicho objeto ha ido evolucionando a lo largo de los siglos y ha acabado teniendo un significado más amplio que cuando se utilizó por primera vez. Esto ha ocurrido con la Paleografía.
Definición etimológica: El término Paleografía procede de las palabras griegas palaios (antiguo) y graphé (escritura). Disciplina que se encarga del estudio de las escrituras antiguas Así, el término define etimológicamente a la Definición etimológica, de los siglos XVII-XVIII cuando surge como disciplina que auxilia a la historia. En los últimos años, que se están revisando las líneas conceptuales de la Paleografía y que distintos especialistas han propuesto sus definiciones, entre ellos tomaremos como referencia la de ARMANDO PETRUCCI formulada en 1985. Definición de Paleografía propuesta por Armando Petrucci: «La disciplina que estudia la Historia de la escritura —y en particular de la escritura a mano— en sus diferentes fases; las técnicas adoptadas para escribir en los distintos períodos; el proceso de producción de los testimonios escritos en las distintas épocas; y, por último, los productos mismos de este proceso, sean libros, inscripciones, documentos o escritos de naturaleza individual o privada (cartas, apuntes...)» en sus aspectos gráficos. Vamos a detenernos en la definición de Petrucci:
Para comprender esta evolución en el contenido de la disciplina debemos conocer el desarrollo histórico, que nos irá informando del desarrollo de la Paleografía.
Pero la escritura se ha desarrollado en muchos lugares, y presenta distintas formas: escritura griega, árabe, hebrea… y latina. Así, existen tantas Paleografías como escrituras:
REFLEXIONES SOBRE LA DEFINICION DE ARMANDO PETRUCCI:
La Paleografía latina utilizará en su trabajo todo testimonio escrito a mano y en alfabeto latino, desde el origen de dicha escritura (siglo VII a. C.) hasta el siglo XVIII, cuando ya se han desarrollado las formas de escritura actuales. En este largo período se han producido una enorme cantidad de testimonios escritos, en muchas áreas y sobre diversos soportes: piedra, papiro, pergamino, papel, tablas, etc.
LA HISTORIA DE LA ESCRITURA MANUSCRITA.
B.1. Antecedentes de la ciencia paleográfica (hasta el s. XVII).
La idea de la Paleografía como disciplina científica es algo relativamente nuevo, pues el hecho como tal tiene sus orígenes a finales del siglo XVII, y será resultado de un largo proceso evolutivo. El empleo del término Paleografía es aún más reciente, pues no se empieza a usar hasta comienzos del siglo XVIII. Esto no implica que antes de estas fechas no hubiera piezas u objetos escritos que hicieran necesario un aprendizaje para poder descifrarlos, para poder leerlos e interpretarlos; con lo que se cumple ya, de algún modo, el primer objetivo formal de la Paleografía: ser instrumento de lectura.
Teóricamente, se produciría el fenómeno de que determinadas personas tuvieran acceso a textos de difícil lectura para la época y se suscitara la necesidad o curiosidad de leerlos y saber lo que decían, surgiendo, como consecuencia, métodos y sistemas más o menos elementales, encaminados a facilitar la lectura y comprensión de aquéllos. Por ejemplo, en el siglo I a. C. se inventa en Roma un sistema taquigráfico de escribir, que toma el nombre de su inventor: Tirón (notas tironianas). Su existencia provocó inmediatamente la aparición del correspondiente sistema de desciframiento y lectura de las mismas, con sus respectivas normas y reglas. Una muestra de dicho sistema es un tratadito y colección de tales notas que, aunque muy mermadas, han llegado hasta nosotros bajo el nombre de Valerio Probo (Appendix Probi), gramático del siglo I.
A partir de entonces y hasta el siglo XVII no cesará la producción de tales obras prepaleográficas, por llamarlas de algún modo, con títulos que giran casi siempre en torno a la palabra Notas (Notae) o Abreviaturas (Abbreviationes) cuyo significado —el de las dos palabras— es idéntico, a saber: resumen, compendio, reducción de una sílaba, de una palabra o de una frase que se condensa en determinados signos o figuras, ocupando un espacio pequeño y menor, naturalmente, que el que ocuparía la frase o la sílaba o la palabra entera. Así tenemos en el siglo III las Notae iuris, cuyo uso irá siempre en aumento, hasta llegar a su apogeo en la Baja Edad Media y comienzos de la Moderna; los Notarum Laterculi de la época carolina, el Lexikon tironianum del siglo XII; el Diccionario de Abreviaturas latinas o Nova regoletta... de abreviatura usuale, editada en el siglo XVI en Brescia; el Modus legendi abbreviaturas in utroque iure, del que se hicieron, en menos de tres siglos, 68 ediciones.
Los dos últimos siglos de la Edad Media fueron particularmente fecundos en este género de libros, destinados a facilitar la enseñanza y el aprendizaje de la lectura de determinados textos, especialmente códices y, dentro de éstos, los de contenido jurídico, cuyo
conocimiento llegó a ser referencia en que se ponían a prueba las condiciones de todo buen jurista. Para serlo, debía mostrarse, antes que nada, buen lector de aquellos textos, donde las palabras abreviadas se daban en mucha mayor proporción que las completas. Tampoco hace falta llegar hasta la segunda mitad del siglo XVII para encontrar intentos de sistematizar el procedimiento de leer determinados grupos de monumentos escritos. Las aplicaciones sistemáticas de lectura de escritura de determinadas piezas documentales, con vista a mantener su autenticidad o demostrar su falseamiento. En esta actividad destacaron juristas, filólogos e historiadores, sobre todo estos últimos, durante el siglo XVI y comienzos del XVII. Los literatos y eruditos en general se aplicaron, por igual método, al reconocimiento y crítica de los textos doctrinales o literarios transmitidos en códices de la Edad Media, que fueron campo predilecto de las aficiones de los humanistas italianos, con Petrarca en primer término.
En plan embrionario, antes del XVII afloraron algunos intentos de averiguar la naturaleza, el origen y la correlación de ciertas clases de escritura, que es el objeto formal asignado por nosotros a la Paleografía como ciencia propia e independiente. Así, en la Edad Media (XI-XII), no faltaron autores que trataron de analizar las escrituras antiguas, intentando una clasificación de las mismas, aunque con muchas vacilaciones y pocos aciertos. Los propios humanistas erraron lamentablemente al querer fijar las genealogías de las grandes de las grandes familias de escrituras medievales comparadas entre sí y en relación con la romana.
B.2. La Paleografía como ciencia: sus orígenes (s. XVII).
En el siglo XVII el ambiente estaba dispuesto y caldeado para que se abordara de una vez y definitivamente el problema de los monumentos escritos y de sus escrituras en relación con la historia y la crítica histórica. Sólo faltaban la ocasión de que se planteara en serio el problema y las personas que se aplicaran a solucionarlo. La ocasión surgió a propósito de un libro, publicado en 1675 por el jesuita holandés DANIEL VON PAPEMBROECK: Propyleum antiquarium circa veri ac falsi discrimen in vetustis membranis, (Introducción histórica para distinguir lo que hay de verdadero y de falso en los documentos antiguos). Ataca mucho a los documentos como fuente histórica y levantó un gran revuelo, sobre todo en las órdenes monásticas, que basaban sus privilegios y bienes en estos documentos.
JEAN MABILLON , benedictino francés, responde con su obra De re diplomatica libri sex, París, 1681, siendo aceptada casi unánimemente por historiadores y eruditos. De la obra de Mabillon, los capítulos VIII, X y XI pueden considerarse como el primer tratado científico de Paleografía, sobre todo el XI , que
•BERNARDO DE MONTFAUCON, Paleographia Graeca sive de ortu et progressu litterarum et de variis omnium saeculorum scriptionis graece generbus (Paleografía griega o del origen y desarrollo de las letras, y de los diversos géneros de escritura griega de todos los tiempos, París 1708.
•SCIPION MAFFEI, Historia Diplomatica, 1727. B.3. Desarrollo y evolución de la Paleografía científica (s. XVIII a comienzos del s. XX).
A estos nombres hay que añadir otros que configuran estos orígenes de la Paleografía. Puede darse por finalizada esta primera etapa de los orígenes de la Paleografía científica a mitad del siglo XVIII, y desde entonces el desarrollo de nuestra disciplina ha ido en aumento siempre, alcanzando sus cotas más altas en esta segunda mitad del siglo XX. A través de esos doscientos años largos de cultivo y crecimiento, pueden distinguirse los siguientes períodos:
B. 3.1. EL PERÍODO TRADICIONAL (1750-1870). El período tradicional, así llamado porque durante su larga vigencia (1750-1869) la sombra de los fundadores, particularmente de Mabillon, sigue proyectándose poderosamente en el campo paleográfico.
Principales características:
1.- La Paleografía sigue unida a la Diplomática para, a través de ella, auxiliar eficazmente a la historia o, mejor, a la historiografía. En consecuencia, los tratados de Diplomática de este tiempo no conceden al estudio de las escrituras antiguas más que algún otro capítulo en que se considera a aquélla como instrumento de crítica aplicado al estudio de los documentos. Así se explica el fenómeno de que la mayoría de las obras que tocan el tema paleográfico, para nada se refieren en sus títulos y subtítulos a la Paleografía, sino siempre a la Diplomática.
2.- La Paleografía se mantiene muy vinculada, también con carácter auxiliar y subsidiaria, al estudio de los códices o manuscritos. El códice interesa normalmente, e interesaba entonces, por su contenido mucho más que por sus elementos externos (escritura, materia escriptoria, estructuración de folios y cuadernos, etc.); pero éstos son aprovechados a partir de ahora de modo más racional y sistemático para iluminar los aspectos internos del manuscrito y contribuir a la solución de sus problemas textuales, doctrinales, lingüísticos, etc.
3.- En cuanto al método, persiste la nota negativa de conceder excesiva preponderancia a la clasificación , con su nomenclatura correspondiente, de los diferentes grupos de escrituras.
Para muchos autores, lo principal del trabajo paleográfico parece estar en dividir y subdividir las clases de letras, haciendo todos los equilibrios imaginables para encontrar a cada una su nombre adecuado.
4 .- En cambio es un acierto metodológico, que viene ya de Mabillon, el sistema de yuxtaponer facsímiles y reproducciones de objetos escritos a las explicaciones teóricas sobre las escrituras respectivas. Así van surgiendo las primeras colecciones de láminas paleográficas, reproducidas éstas por calco sobre los originales o, simplemente, dibujándolas a vista de los mismos. Entre los autores y obras que van surgiendo a lo largo de estos ciento y pico de años, merece destacar los siguientes: el Nouveau Traité de Diplomatique, preparado por un equipo de monjes de la CONGREGACIÓN BENEDICTINA DE SAINT MAURE (maurinos) a la que pertenecían Mabillon y Montfaucon. Consta de 6 volúmenes, el primero de los cuales se publicó en París en 1750, el último en 1765. A las materias paleográficas propiamente dichas se consagran el volumen segundo, dedicado a la historia del abecedario y el tercero, que estudia el desarrollo de la escritura latina hasta el siglo XVI. Ya en el siglo XIX, en 1821, tuvo lugar un acontecimiento de gran importancia, se crea en París l’Ecole des Chartes , destinada a recoger e incrementar la herencia paleográfico-diplomática de los benedictinos de Saint Maure, cuya Congregación había desaparecido con los avatares de la Revolución Francesa y la desamortización napoleónica.
B. 3.2. PERÍODO DE CAMBIOS (1870-COMIENZOS DEL XX)
Marca la aparición en 1869 del libro de GUILLERMO WATTEMBACH La escritura en la Edad Media —Das Schriftwessen in Mittelalter—. El autor era profesor en la Universidad de Heidelberg y a través de una serie de publicaciones de gran calidad, entre las que destaca su Manual de Paleografía latina (1862), inauguró un período de modernización en el campo de la Paleografía. El avance fue espectacular, pero a él contribuyeron poderosamente otra serie de causas, tales como la creación de sociedades o instituciones para la investigación histórica, de las que es modelo la Sociedad para el conocimiento de la antigua historia alemana , fundada en 1819; la aparición de nuevas técnicas para reproducir y divulgar las muestras de escrituras antiguas: el descubrimiento de nuevos monumentos escritos que ensanchaban considerablemente el campo de la escritura latina hasta entonces conocido. En otros países también aparecen instituciones dedicados a los estudios de Paleografía, como en Florencia (Escuela de Paleografía y Diplomática , en la que destacaron CÉSARE PAOLI ; la Paleographical Society , de Londres, cuyo fin era reunir y publicar
Algunos autores hablan de una nueva escuela paleográfica francesa y ponen el arranque de la misma, el año 1939, en la obrita publicada por MARICHAL , PERRAT y MALLON bajo el título de L’Ecriture Latine , y que venía precedida por otro trabajo fundamental del propio Mallon, titulado Remarques sur les divers formes de la lettre B dans l’ecriture latine , Paris, 1938. Las nuevas teorías de este grupo fraguaron plenamente en la gran obra de Mallon Paleographie romaine , Madrid, 1952. Mallon otorgó a la Paleografía la condición de ciencia autónoma y amplió su campo de acción al definirla como ciencia de los objetos escritos considerados en todo el conjunto de sus caracteres con independencia del material escriptorio empleado en aquéllos [Mallon, 1986]. Si acaso, la principal objeción que se puede expresar a las tesis de Mallon, Marichal y Perrat, los representantes de la susodicha escuela, sea, según Pratesi, la de haber promovido «una reconstrucción cerrada en sí misma, independiente y ajena a las influencias generales que Schiaparelli había indicado como las causas primeras del devenir histórico de la escritura» [Pratesi, 1988: XVI].
B.5. Renovación de la ciencia paleográfica (desde mediados del s. XX).
En ella ha quedado definitivamente consagrado el aspecto de la Paleografía como ciencia del lenguaje escrito propia e independientemente , sin relación necesaria de dependencia ni servicio a ninguna otra disciplina. La otra corriente científica que vimos despuntar en el período anterior y que se fija especialmente en la escritura como fenómeno cultural y humano, sigue siendo igualmente cultivada por autores y obras de gran calidad como FICHTENAU y g. Cencetti : Lineamenti di storia della scrittura latina, Bolonia, 1954. La Paleografía, según se había practicado hasta entonces, básicamente era consideraba un medio de lectura de escrituras difíciles e in usuales... (paleografía de lectura) y un instrumento de peritación y análisis para la crítica histórica y textual (paleografía de análisis). El primer nivel, el que había primado entre los estudiosos durante largo tiempo, tenía, pues, un carácter eminentemente práctico, y su objetivo estaba puesto en la lectura correcta de los textos. El segundo tenía como cometido determinar las características de las distintas escrituras para establecer su identificación y su clasificación, así como su adscripción cronológica y geográfica, y la naturaleza del texto. Su trayectoria había respondido con suma precisión al qué, el cuándo, el dónde y el cómo de las escrituras, lo que permitió desarrollar una vasta serie de conocimientos capaces de proporcionar una lectura crítica de los documentos, datarlos y localizarlos y conocer las técnicas y los procedimientos de ejecución gráfica. Sin embargo, había omitido el papel de la escritura en las distintas sociedades y la desigual distribución social de las competencias gráficas.
B.6. Las nuevas propuestas (últimas décadas de siglo XX).
Como entonces dijo Petrucci, ya no bastaba con responder al qué , el cómo , el cuándo y el dónde de la escritura, puesto que en este campo prácticamente se habían alcanzado los mejores resultados, sino que era preciso ir más allá de esas preguntas e interrogarse por todo lo concerniente a la función de la escritura y lo escrito ¿por qué se escribe? , y la identidad de los escribientes ¿quién escribe? El reto de la nueva Paleografía se puso en desentrañar la función y la difusión social de las prácticas escritas, y para ello hubo de «crear» nuevas fuentes de investigación. Dicho de otro modo, rescatar del olvido materiales marginados por las historias más solemnes, vinculadas a las clases dirigentes de la sociedad, a fin de cuentas casi los mismos que se venían dedicando a estos menesteres. Crece entonces el interés por las escrituras usuales [Cencetti 1948; 1995 25-45] y los testimonios de clases subalternas, las marginadas y los grupos urbanos. [Prueba de ello es el estudio de la usual romana en el siglo I [Petrucci, 1962]].
ARMANDO PETRUCCI en 1985 como: «La disciplina que estudia la Historia de la escritura —y en particular de la escritura a mano— en sus diferentes fases; las técnicas adoptadas para escribir en los distintos períodos; el proceso de producción de los testimonios escritos en las distintas épocas; y, por último, los productos mismos de este proceso, sean libros, inscripciones, documentos o escritos de naturaleza individual o privada (cartas, apuntes...)».
A. RIESCO define la Paleografía como: «En la actualidad, por Paleografía se entiende: la disciplina científica de carácter teórico- práctico, con campo , métodos y técnicas propias , que se ocupa del conocimiento, interpretación y valoración global de la escritura y de los testimonios escritos de todos los tiempos, en cuanto signo humano, testimonio y manifestación socio-cultural con funciones concretas y, a su vez, reflejo del lenguaje hablado; fuente histórico- cultural y medio adecuado que, desde la antigüedad, viene utilizando el hombre y la sociedad para expresar, fijar y transmitir, a lo largo de los siglos mediante caracteres gráficos, su situación, cultura, deseos, conocimientos, historia, lenguas, gustos, aspiraciones, estado social, económico, ambiental...
El ¿QUÉ SE ESCRIBE? Es el desciframiento de las escrituras: nivel de Paleografía de Lectura. hace falta conocer el alfabeto, las abreviaturas, la lengua, los usos cancillerescos o litúrgicos. Es una etapa práctica y técnica. El saber leer y descifrar correctamente es algo elemental y básico para el paleógrafo, pero sólo el comienzo de su carrera. Si se queda en puro lector de determinadas escrituras, por difíciles e indescifrables que sean, no alcanzará patente ni de científico ni de verdadero paleógrafo.
Hacer examen sistemático de las escrituras y los testimonios escritos para tratar de situarlos en el tiempo y en el espacio, a fin de sacar de ellos materiales seguros en orden a la elaboración y construcción crítica de la historia.
CLASIFICAR LAS ESCRITURAS POR ÉPOCAS Y LUGARES
El Paleógrafo tiene que trabajar el texto que se le presenta y, partiendo de ello, proceder al análisis de todos aquellos aspectos que rodean a dicho texto:
‐ La escritura: sus características, su disposición, su forma… ‐ El soporte. ‐ Las tintas. ‐ La ornamentación. ‐ Etc. El ¿CÓMO? se escribe: importante en este nivel, para conocer las diferencias entre las escrituras de cada época y de cada lugar.
Situado el paleógrafo en ese segundo plano de su disciplina, debe encontrar en ella no sólo el instrumento que le ayude a leerlo y descifrarlo, sino:
El ¿CUÁNDO? es el problema de la datación.
Cuando un texto presenta fecha, hay que tener ciertos conocimientos en cronología histórica (no siempre se contó el tiempo como ahora). Pero muchos textos (sobre todo, libros) no presentan fecha. Entonces hay que estudiarlos para poder datarlos.
El ¿DÓNDE? es el problema de la localización. Como en el caso anterior, no siempre sabemos dónde se escribió un texto.
El ¿ CÓMO? se ha escrito un texto nos conduce al estudio de la ejecución técnica del mismo. Para ello, debemos aplicar los elementos de la escritura de la escuela francesa e italiana, analizar la incidencia de los instrumentos y materias escritorios, poner de relieve las influencias de los usos gráficos adquiridas por los escribas en una determinada escuela y comparar distintos productos gráficos entre sí.
En estos dos primeros niveles, el paleógrafo ha de trabajar con una técnica casi arqueológica, analizando los detalles de los documentos escritos para apreciar diferencias, correcciones, etc.
Cómo trabaja el paleógrafo:
‐ Desarrollo de las técnicas de fijación en los signos en nuestra memoria. ‐ Conocer las abreviaturas de cada lugar y época. ‐ Estudiar los soportes e instrumentos escriptorios. ‐ Conocer las técnicas de elaboración de los libros, documentos, etc.
Todos estos estudios y sus conclusiones de ese examen exhaustivo , aunque externo, del monumento escrito proporcionarán al historiador poderosos criterios para juzgar sobre la sustancia y accidentes del fenómeno histórico que le interesa esclarecer o enjuiciar. Y téngase en cuenta cómo ese historiador que decimos puede ser o el propio paleógrafo o un segundo a quien llegaran los datos y conclusiones de aquél.
La Paleografía pasa así, en virtud de este segundo aspecto de su objeto formal, a constituirse en ciencia auxiliar de la historia.
Es un nivel que supera en objetivos a los dos anteriores, y los engloba. En este tercer nivel, el objeto y el método paleográfico pueden resumirse en tratar de responder a las siguientes cuestiones:
¿qué se escribe/lee? = El primer nivel ¿cómo, dónde y cuándo se hizo el escrito? = el segundo nivel Ya entra en el campo del tercer nivel de la Paleografía: ¿quién o quiénes eran los que escribían y leían? ¿por qué y para qué se escribía?
El ¿QUIÉN? ha escrito un texto o, mejor, quién sabía escribir y cuántos sabían escribir en cada época, es uno de los objetivos de la Historia de la Escritura.
B.4.- La escritura en la Península Ibérica: visigótica (ss. VII al VIII- XII). **3) Período de la escritura carolina (o carolingia) (siglos VIII al XII).
- USO Y DIFUSION DE LA ESCRITURA EN EL IMPERIO ROMANO:
Desde que Roma fue emergiendo como estado y constituyéndose en el imperio más poderoso de occidente (desde el siglo VIII a. C.), el uso de la escritura fue en aumento. Con el paso del tiempo, la escritura, si bien se siguió empleando el alfabeto latino en todo occidente, las formas de las letras y evolucionó y presenta diferencias sustanciales que el paleógrafo debe conocer. La expansión de Roma a partir del siglo V a. C. y su conformación en potencia mediterránea tuvo una clara incidencia en el desarrollo de su escritura, repercutiendo en el uso, la función y la difusión de la misma:
Aumenta el uso de la escritura y los espacios en donde se utiliza: en la economía, en la religión, en la cultura, en la vida cotidiana de los romanos…
Se incrementa el número de escribientes y la procedencia social de éstos.
Se desarrolla un sistema educativo con fuerte presencia de la lectura y escritura.
Aumentó el número de personas que usaban la escritura y las actividades en donde se empleaba… Todo esto repercutió en la evolución de las formas de las letras y en los soportes y útiles para escribir, provocando, con el paso de los siglos que se desarrollara una doble tendencia:
Todo ello repercute en la propia escritura, en su forma material, que incide en su continua evolución, observándose una doble tendencia:
1) Regularización de la escritura:
a.Fijación de la morfología de las letras.
b.Establecimiento del número de letras.
2) Uso cursivo de la escritura: a.Deformación de los signos gráficos.
b.Desarrollo de variantes de las formas gráficas según el uso y la función de la escritura.
c.El soporte para escribir condiciona el resultado de la escritura.
— Uno de los problemas metodológicos de la Paleografía es el de la fijación de los tipos escriturarios y de la nomenclatura en Paleografía, es decir, dar a cada modelo de escritura el nombre más adecuado y que éste sea reconocido por los especialistas en la materia.
Tema 3. Materias e instrumentos escritorios.
Introducción.
1.-Soportes de escritura: 1.1.-Soportes duros. 1.2.-Soportes semiduros. 1.3.-Soportes blandos: 1.3.1.-El papiro 1.3.2.-El pergamino 1.3.3.-El papel
2.-Instrumentos escritorios: 2.1.-El martillo y el cincel 2.2.-El punzón 2.3.-El pincel 2.4.-El cálamo y la pluma
3.-Las tintas
4.-Utensilios auxiliares.
Se llaman también materias escriptorias. Puede hablarse de: 1)Soportes gráficos ocasionales, en el sentido de que no fueron preparados «exprofeso» para recibir la escritura y en ellos se escribió esporádicamente 2)Los que si lo fueron y se usaron o se siguen usando en las actividades en las que el hombre ha precisado de la escritura.
Soportes usados ocasionalmente para recibir escritura fueron:
1)Bloques compactos de mármol o de metales, procedentes de las canteras,
2)Barroscocidos,
3)Vidrios,
4)Marfiles sin preparar,
5)Paredes, etc.
De otros—hojas y cortezas de árboles,lino—usados en el mundo clásico sólo tenemos referencias. El uso de hojas de árboles está atestiguado en Plinio el Viejo Naturalis Historia, libro XIII, 21, 69. Las de olivo, en Atenas en las votaciones sobre el envío al exilio a determinados ciudadanos (ostracismo). Para escribir textos largos en cortezas de árboles se recubrían con una película llamada liber. Los óstraca , cascos de recipientes, se escribían en su parte convexa para anotar recibos, pequeñas comunicaciones y a veces también se utilizaban en votaciones. El lino tuvo en Roma considerable difusión como materia escriptoria en textos especiales (Libri lintei magistratum, Annales magistratum ) y en documentos de cierta extensión. En tiempos de la República, tuvo su uso un sentido ritual.
Algunos ejemplos: