¡Descarga Personalidad y afrontamiento y más Apuntes en PDF de Psicología de la Personalidad solo en Docsity!
BLOQUE II: PERSONALIDAD Y AFRONTAMIENTO
Estrés y personalidad
1. ¿Qué es el estrés? Llama la atención que después de medio siglo de profusa utilización del término «estrés» aún siga siendo necesario delimitar su significado en revistas especializadas. Frecuentemente utilizado por psicólogos, médicos, psiquiatras, sociólogos... y por la gente en general, tanto en las conversaciones cotidianas como en la radio y televisión, es uno de los términos ha sufrido más ambigüedad y abuso. El fisiólogo y médico Hans Selye (1907-1983), sin duda una de las personas que más ha contribuido al conocimiento del estrés, ya advertía de este problema. Tal diversidad hace difícil ofrecer una presentación comprensiva sobre el estrés y sus aspectos psicopatológicos. No obstante, para clarificar el problema nada mejor que hacer una pequeña alusión al significado de los primeros usos del término «estrés». Se ha indicado que el término estrés ya fue empleado a partir del siglo XIV para referirse a experiencias negativas, tales como adversidades, dificultades, sufrimiento, aflicción, etc. Sin embargo, en el siglo XVII, por influencia del prestigioso biólogo y físico R. Hooke, el concepto de estrés se asocia a fenómenos físicos como presión, fuerza, distorsión (strain), etc. Hooke lo aplicó a estructuras fabricadas por el ser humano (p. ej., puentes) que tienen que aguantar el efecto de fuerzas diversas. A partir de este autor, los físicos e ingenieros empezaron a emplear también el concepto estrés (stress) para referirse a la fuerza interna generada dentro de un cuerpo por la acción de otra fuerza que tiende a distorsionar dicho cuerpo. Posteriormente, en Psicología el concepto de estrés va a aplicarse de forma diferente según el sesgo del científico. En un primer momento prosperan dos tipos de perspectivas , las que entienden el estrés como un fenómeno externo , centrándose en los estímulos estresores, y las que consideran el estrés en términos de respuestas fisiológicas y psicosociales. Pronto, no obstante, se propuso un nuevo componente, los factores psicológicos o subjetivos (cognitivos), que median entre los agentes estresantes y las respuestas fisiológicas de estrés. Estas tres orientaciones, es decir, estrés focalizado en el estímulo (p. ej., Holmes y Rahe, 1967), en la respuesta (p. ej., Selye, 1956), y en la interacción (p. ej., Lazarus, 1966) clarificarán, cada una a su modo, lo que debe entenderse bajo el concepto del estrés, un fenómeno complejo que incluye estímulos, respuestas y los procesos psicológicos diversos que median entre ambos.
ORIGEN DEL ESTRÉS
- Rapidez con la que cambia la sociedad: necesidad de adaptarnos a cambios y a innovaciones continuas.
- Búsqueda de una mayor calidad de vida: el mayor nivel económico nos permite invertir nuestra atención y esfuerzos no sólo en la supervivencia. Nos volvemos más exigentes con nosotros mismos y con los diversos aspectos de nuestra vida (laborales, profesionales, ocio). - La falta de tiempo
- Estilo de vida poco saludable: resultado de las numerosas e intensas demandas personales y sociales y de los déficits y/o excesos en nuestros estilos de vida y comportamiento. 2. Teorías sobre el estrés basadas en el estímulo Las definiciones basadas en el estímulo entienden el estrés en términos de estímulos del ambiente que pueden perturbar o alterar el funcionamiento del organismo. Aquí, en contraste con los modelos centrados en la respuesta, el estrés se localiza fuera del individuo. Esta aproximación trata el estrés como una variable independiente , a diferencia del enfoque del estrés como respuesta que lo considera como variable dependiente. La orientación basada en el estímulo es la que más se acerca a la idea popular del estrés. Por analogía con los sistemas físicos, se entiende que las personas poseen unos ciertos límites de tolerancia al estrés (como fuerza externa), pudiendo variar de unos individuos a otros. Por encima de tales límites el estrés empieza a hacerse intolerable y aparecen los daños fisiológicos y/o psicológicos. Un importante problema se plantea a tratar de delimitar las situaciones que puedan ser consideradas de estrés o «estresantes» debido a que una situación puede ser muy estresante para una persona, pero muy poco o nada para otra.
- Acontecimientos Vitales Estresantes altamente traumáticos (divorcio, muerte, etc.) Sin embargo, Holmes introdujo la aproximación basada en el estudio de Acontecimientos Vitales Estresantes múltiples. Las directrices de esta línea se han basado en estudiar el impacto de los Acontecimientos Vitales Estresantes recientes evaluados generalmente de forma retrospectiva (p. ej., los correspondientes a los dos últimos años) sobre la salud. Holmes partió de la idea de que el estrés que experimenta una persona en la vida real debe obedecer a múltiples sucesos, ya que raramente los individuos están expuestos al efecto de un solo evento durante un período de tiempo más o menos largo. El Inventario de Experiencia Reciente (SRE) es el primer instrumento psicométrico desarrollado por el grupo de Holmes, incluye una lista de Acontecimientos Vitales Estresante sen la que el sujeto debe señalar los que le han ocurrido en un período de tiempo reciente (generalmente hasta los dos o tres últimos años). Posteriormente, en 1967, Holmes y Rahe publican la Escala de Estimación del Reajuste Social (Social Readjustment Rating Scale, SRRS) que consiste en un método de cuantificación del reajuste social mediante unidades de cambio vital (UCV). Se trata de asignar un valor (ponderación) a cada suceso vital registrado en la SRE. Cada valor de la escala representa una estimación del cambio vital o grado de cambio y reajuste impuesto por el suceso vital. La SRRS incluye una lista de 43 sucesos ordenados según su valor en UCV. Así, p. ej., el primer suceso de la jerarquía es el correspondiente a la «muerte del esposo/a», con un valor de 100, el suceso vital «matrimonio» ocupa el séptimo lugar con 50 UCV, y las pequeñas «violaciones de la ley» ocupan el último lugar con 11 UCV. Mediante este procedimiento, Holmes y colaboradores llevaron a cabo amplios estudios en los que demostraban que muchos de estos sucesos precedían al desarrollo de los trastornos, tanto físicos como psicológicos (Holmes y David, 1989). Las escalas SRE y SRRS han ejercido una gran influencia sobre los métodos actuales de evaluación del estrés psicosocial. Prácticamente la totalidad de los cuestionarios actuales sobre Acontecimientos Vitales Estresantes, que por cierto son muchos, se fundamentan o solapan de forma más o menos explícita con la SRE. Este cuestionario sufrió con el tiempo modificaciones efectuadas por autores asociados al propio grupo de Holmes, bien por necesidades de adaptarlo a poblaciones específicas (p. ej., militares), o bien por la conveniencia de incorporar un sistema de escalamiento individualizado de las unidades de cambio vital (percepción personal). La SRE ha sido adaptada a los idiomas más importantes del mundo y se ha aplicado a diferentes tipos de razas y contextos socioculturales. A pesar de la enorme proliferación actual de escalas de Acontecimientos Vitales Estresantes, la SRE, en alguno de sus diversos formatos o adaptaciones, sigue siendo el instrumento de evaluación del estrés psicosocial más empleado en el momento presente. Al margen de la influencia de esta aproximación metodológica y teórica, varios autores señalaron algunos problemas inherentes a este modelo. Entre las principales objeciones caben destacarse (1) respecto al método de ponderación: no tiene en cuenta el impacto diferencial de los sucesos sobre los distintos individuos; (2) la relativa ambigüedad en la descripción de los Acontecimientos Vitales Estresantes, las descripciones son demasiado simples; y (3) la limitación del muestreo : se ha indicado que la lista de Acontecimientos Vitales Estresantes es demasiado corta y, por tanto, poco
representativa de los sucesos que ocurren en la vida real. Todo esto motivó el desarrollo de varios esfuerzos dirigidos a mejorar la validez y fiabilidad de evaluación del estrés mediante el método multieventos. El resultado fue que aparecieron nuevos cuestionarios con el propósito de subsanar los principales problemas imputados al SRE. Así, algunos autores construyen cuestionarios siguiendo el procedimiento escalar de Holmes pero incluyendo mayor número de ítems, otros abandonan el sistema de escalamiento y subsiguiente ponderación, pero introducen sistemas de valoración del propio sujeto. La cuantificación del estrés se lleva a cabo, como hemos visto, a través de la medida de los Acontecimientos Vitales Estresantes. Se entiende que a mayor puntuación en UCV existirá mayor riesgo de desarrollar un trastorno (físico o psicológico). El grupo de Holmes ha sugerido el siguiente criterio tomando como referencia el último año transcurrido:
- 300 o más UCV = 80 % de posibilidad de enfermar en el futuro cercano;
- 150-299 UCV = 50 % de posibilidad de enfermar en el futuro cercano;
- menos de 150 UCV = 30 % de posibilidad de enfermar en el futuro cercano Aunque en un principio las UCV se cuantificaban únicamente de forma objetiva (ponderación estándar), muy pronto los seguidores de Holmes incluyen variables psicológicas mediadoras como la percepción que tiene el sujeto del suceso. De hecho, Rahe y Arthrin (1978) desarrollaron una versión modificada de la SRE para evaluar las UCV subjetivas (valoradas por el individuo). Los Acontecimientos Vitales Estresantes son, en consecuencia, cuantificados según la percepción del sujeto de que sean o no relevantes para su salud. Este nuevo enfoque tiene cierta equivalencia con el concepto de evaluación cognitiva que posteriormente veremos en el modelo de Lazarus. 2.2. Los sucesos menores (estrés diario) La perspectiva centrada en los Acontecimientos Vitales Estresantes ha sido a veces criticada por no explicar suficiente varianza respecto a salud y por circunscribirse predominantemente a estudios retrospectivos. Lazarus y colaboradores han llamado la atención sobre otro tipo de sucesos de menor impacto o menos sobresalientes pero mucho más frecuentes , de ocurrencia diaria o casi diaria, son molestias cotidianas, pequeños contratiempos, etc. También se han denominado «microeventos» o sucesos menores, en inglés hassles (fastidios, contrariedades o sucesos negativos).
por sí mismo deba ser evitado, puede estar asociado tanto a experiencias o estímulos desagradables como agradables. Cuando se afirma que un individuo sufre de estrés significa que éste es excesivo, es decir, implica un sobreesfuerzo del organismo al sobreponerse al nivel de resistencia de éste. En sus trabajos más recientes redefine el estrés enfatizando que se trata de respuestas inespecíficas del organismo a las demandas hechas sobre él. En algunos aspectos, asume Selye, cada demanda hecha sobre el organismo es única, es decir, específica. El calor, el frío, las drogas, el ejercicio muscular, etc., provocan ciertas respuestas altamente específicas; p. ej., el calor produce sudoración, el ejercicio produce activación muscular y cardíaca, etc. Todos estos agentes, sin embargo, poseen una cosa en común: incrementan la demanda de ajuste del organismo (necesidad de reequilibrarse). Según esta teoría, cualquier estímulo puede ser estresor siempre que provoque en el organismo la respuesta inespecífica de necesidad de reajuste o estrés. La teoría de Selye ofrece una definición operativa del estrés basada en la acción de dos tipos de fenómenos, el estresor y la respuesta de estrés. Un estresor es cualquier demanda que evoca el patrón de respuesta de estrés. Un estresor no es únicamente un estímulo físico, puede ser psicológico, cognitivo o emocional (p. ej., miedo, ira, amor, pensamientos, etc.). Por su parte, la respuesta de estrés está constituida por tres fases que Selye denomina Síndrome General de Adaptación (SGA). Es un síndrome estereotipado que se produce cuando la respuesta de estrés persiste en el tiempo. El desarrollo completo del síndrome incluye las tres etapas siguientes:
- Reacción de alarma. Reacción del organismo cuando es expuesto repentinamente a diversos estímulos a los que no está adaptado. Respuesta inicial del organismo que representa una llamada general a las fuerzas defensivas del organismo. Se producen una serie de RR fisiológicas. Esta etapa tiene dos fases, choque y contrachoque. La fase de choque constituye la reacción inicial e inmediata al agente nocivo. Son síntomas típicos de esta fase la taquicardia, la pérdida del tono muscular y la disminución de la temperatura y la presión sanguínea. La descarga de adrenalina, corticotrofina (ACTH) y corticoides son reacciones primarias de defensa que empiezan durante esta fase, pero que se hacen más evidentes en la siguiente fase. La fase de contrachoque es una reacción de rebote (defensa contra el choque) caracterizada, en general, por signos opuestos a los de la fase de choque, es decir, hipertensión, hipoglucemia, diuresis, hipertermia, etc. Muchas de las enfermedades asociadas a estrés agudo corresponden a estas dos fases de la reacción de alarma.
- Etapa de resistencia. Ningún organismo puede mantenerse constantemente en un estado de alarma. Si el agente estresor es muy intenso y se mantiene, el organismo puede morir durante la reacción de alarma en pocas horas o días. Si sobrevive, la fase inicial de alarma es necesariamente seguida por la «fase de resistencia». En esta etapa se produce adaptación del organismo , una resistencia aumentada al estresor junto con la consecuente mejora o desaparición de los síntomas. La mayoría de los cambios morfológicos y bioquímicos presentes durante la reacción de alarma desaparecen durante este período y en algunos casos se invierten.
3. Etapa de agotamiento. Si el organismo continúa expuesto al estresor prolongadamente o si el estresor es muy intenso, pierde la adaptación adquirida en la fase anterior entrando en la tercera fase o fase de agotamiento. Reaparecen los síntomas característicos de la reacción de alarma y esto puede significar enfermedades graves o incluso la muerte del organismo. RESPUESTAS DE ESTRÉS A NIVEL FISIOLÓGICO Y EMOCIONAL
- Incremento de la tasa cardíaca y presión sanguínea.
- Aceleración de la respiración por dilatación bronquial, facilitando una más rápida absorción de oxígeno.
- Disminución del flujo sanguíneo periférico (manos y pies fríos).
- Tensión muscular e incremento de la sudoración.
- Incremento de la secreción de adrenalina y noradrenalina.
- Incremento de sentimientos de tensión, inquietud, ansiedad, irritabilidad, miedo, depresión. En circunstancias de estrés agudo es frecuente sentir ansiedad/miedo; cuando el estrés se cronifica predomina la experiencia de estado de ánimo depresivo (“agotamiento” del SNC). A NIVEL COGNITIVO Y CONDUCTUAL
- Dificultad para concentrarse y para analizar objetivamente la situación.
- Temblores, tics, paralización, tartamudeo, hiperactividad, desorganización general de movimientos.
- Esfuerzos por evitar o escapar de la situación y sus consecuencias emocionales. TRASTORNOS ASOCIADOS AL ESTRÉS TRASTORNOS FÍSICOS
- Debilita el sistema inmunológico: cáncer, sida, reacciones alérgicas, catarro, gripe, trastornos dermatológicos, artritis reumatoide, infecciones en general.
- Aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas.
- Enfermedades gastrointestinales: úlceras, estreñimiento, síndrome de intestino irritable, diarrea,...
- Asma, diabetes, síndromes de dolor crónicos.
- Distorsiona el ciclo normal de sueño.
- Contribuye al desarrollo de disfunciones sexuales. TRASTORNOS PSICOSOCIALES
- Ansiedad
- Depresión
- Sensación general de insatisfacción
- Deterioro de las relaciones interpersonales.
- Sensación de cansancio intenso A la teoría de Selye, no obstante, se le han puesto varias objeciones. Una primera es que no establece las condiciones para que un estímulo pueda ser considerado estresor independientemente de sus efectos. Como vimos, Selye define el estresor de forma redundante, es decir, un estresor es un estímulo que produce estrés. Un segundo
estrés. En cambio, en la perspectiva interaccional se especifica que el estrés se origina a través de las relaciones particulares entre la persona y su entorno. Basándose en esta idea de interacción, R.S. Lazarus y Folkman (1984), autores de la principal teoría de esta perspectiva, definen el estrés como un conjunto de relaciones particulares entre la persona y la situación , siendo ésta valorada por la persona como algo que «grava» o excede sus propios recursos y que pone en peligro su bienestar personal. La idea central de la perspectiva interaccional, o mejor aproximación mediacional cognitiva (Lazarus, 1993), se focaliza en el concepto cognitivo de evaluación (appraisal). La evaluación es definida por este autor como el mediador cognitivo de las reacciones de estrés (elemento mediador de las respuestas personales de estrés a los estímulos relevantes). La evaluación cognitiva es un proceso universal , mediante el cual las personas valoran constantemente la significación de lo que está ocurriendo, relacionado con su bienestar personal. La persona no es un elemento pasivo sino que interacciona con su entorno. La teoría de Lazarus distingue tres tipos de evaluación: primaria (percepción del sujeto del estímulo) , secundaria (recursos de afrontamiento que pone en marcha) y reevaluación. La evaluación primaria se produce en cada encuentro o transacción con algún tipo de demanda externa o interna. Es el primer mediador psicológico del estrés y puede dar lugar a cuatro modalidades de evaluación:
- Amenaza: Anticipación de un daño que, aunque aún no se ha producido, su ocurrencia parece inminente.
- Daño-pérdida: Se refiere a un daño psicológico que ya se ha producido (p. ej., una pérdida irreparable).
- Desafío: Hace referencia a la valoración de una situación que implica a la vez una posible ganancia positiva y una amenaza. Resulta de demandas difíciles, ante las que el sujeto se siente seguro de superarlas siempre que se movilice y emplee adecuadamente sus recursos de afrontamiento.
- Beneficio: Este tipo de valoración no induce reacciones de estrés. Las 3 primeras formas de evaluación inducen 3 tipos distintos de estrés. Otra consecuencia derivada de la diversidad de la valoración primaria es que el estrés no es un fenómeno unitario , esto llevó a Lazarus a desterrar definitivamente la idea de que el estrés es meramente una forma de activación. Los dos tipos restantes de evaluación ocurren temporalmente después de la primaria. La evaluación secundaria se refiere a la valoración de los propios recursos para afrontar la situación. Se sugiere que la reacción del estrés depende sustancialmente de la forma en que el sujeto valora sus propios recursos de afrontamiento. La valoración de los recursos personales determina en gran proporción que el individuo se sienta asustado, desafiado u optimista. Los recursos de afrontamiento incluyen las propias habilidades de afrontamiento (p. ej., habilidades de solución de problemas), el apoyo social y los recursos materiales. Determina en gran medida que la persona se sienta asustada, desafiante u optimista. Finalmente, la reevaluación implica los procesos de feedback que acontecen a medida que se desarrolla la interacción entre el individuo y las
demandas externas o internas. La reevaluación permite que se produzcan correcciones sobre valoraciones previas (p. ej., tras ser valorados los recursos de afrontamiento, una demanda puede reevaluarse con mucho menor grado de amenaza). Lo que diferencia al modelo mediacional cognitivo de Lazarus de los dos enfoques antes analizados es la gran relevancia que se asigna a la evaluación cognitiva. En gran parte, es el factor determinante de que una situación potencialmente estresante llegue o no a producir estrés en el sujeto. Esto supone, por otra parte, enfatizar la importancia de la persona como algo activo, interactuando con el medio. No se trata por tanto, ni de un modelo situacional ni organísmico, sino interaccionista. El estrés es un proceso interaccional, es una relación particular entre la persona y la situación que se produce cuando la persona valora que las demandas gravan o exceden sus recursos de ajuste y hacen que peligre su bienestar (Lazarus y Folman, 1984). Una definición equivalente es sugerida por DeLongis, Lazarus y Folkman (1988) cuando dicen que el estrés en sí mismo no es una variable simple, sino un sistema de procesos interdependientes, incluidos la evaluación y el afrontamiento, que median en la frecuencia, intensidad, duración y tipo de las respuestas psicológicas y somáticas.
de los recursos personales para superarla, es decir, si la persona percibe que el suceso supera o grava sus recursos (afrontamiento, apoyo social, etc.).
- Respuesta de estrés. Incluye en primer lugar el complejo de respuestas fisiológicas, tales como las neuroendocrinas y las asociadas al sistema nervioso autónomo. A esta tercera fase incorporamos también las respuestas psicológicas que contribuyen a constituir la «respuesta de estrés», tales como las respuestas emocionales. Aparte de estas últimas, existen también componentes cognitivos y motores, muchas veces difíciles de separar de los emocionales. No obstante, al definir la respuesta de estrés, los autores suelen estar totalmente de acuerdo en lo que respecta a las reacciones fisiológicas, pero no tanto con las reacciones psicológicas.
- Estrategias de afrontamiento (coping). Se refiere a los esfuerzos conductuales y cognitivos que emplea el sujeto para hacer frente a las demandas concretas valoradas como «excesivas», así como también para suprimir el estado emocional del estrés. En realidad, ésta es la última etapa del proceso del estrés propiamente dicho. Estas cuatro fases, no obstante, interaccionan constantemente en un proceso dinámico. Así, p. ej., un afrontamiento eficaz del estrés podría influir por feedback negativo sobre la valoración cognitiva de la situación, así como sobre la propia situación psicosocial. Una relación muy estrecha ocurre entre el afrontamiento y los componentes psicológicos y fisiológicos de la respuesta de estrés. De hecho, en ciertas circunstancias resulta difícil separar una reacción emocional o cognitiva y un proceso de afrontamiento.
- Variables disposicionales. Incluye todo un conjunto de variables que pueden influir sobre las cuatro etapas anteriores. Pertenecen a este nivel variables como los tipos de personalidad, los factores hereditarios en general, el sexo, la raza, etc.
- Apoyo social. Se considera un factor importante asociado al estrés. El apoyo social puede amortiguar el efecto de las demandas estresantes sobre las respuestas de estrés. También parece que puede actuar directamente sobre la salud.
- Estatus de salud. Más que una fase del proceso del estrés se trata de un resultado del mismo. Este estado de salud, tanto psicológico como fisiológico, depende del funcionamiento de las fases anteriores. Un afrontamiento inapropiado (p. ej., fumar, autoaislamiento, reducción del ejercicio físico, etc.) puede ser nocivo para la salud. En definitiva, la psicopatología del estrés trata de explicar los mecanismos del estrés en sus diferentes niveles de actuación, relacionados con la alteración de la salud. Al abordarse este problema, generalmente cada investigador, aunque trate de integrar en mayor o menor grado los diferentes componentes del estrés, principalmente se centra en un aspecto o fase del proceso del estrés. Así, nos encontramos con autores que ponen el mayor énfasis en los Acontecimientos Vitales Estresantes, otros desarrollan modelos a partir de las variables de personalidad, algunos se centran en el afrontamiento (p. ej., activo o pasivo), y no pocos en las reacciones emocionales (p. ej., ira, depresión, desesperanza, etc.). 5. El afrontamiento del estrés En términos generales, actualmente se entiende el afrontamiento (coping) como los esfuerzos, tanto cognitivos como conductuales, que hace el individuo para hacer frente al estrés, es decir, para «manejar» tanto las demandas externas o internas
generadoras del estrés, como el estado emocional desagradable vinculado al mismo (Lazarus, 1993). En psicofisiología el término afrontamiento ha sido usado en un sentido bastante restringido, habitualmente para denotar formas de orientar la conducta hacia estresores de laboratorio. Se considera afrontamiento pasivo cuando el sujeto nada puede hacer para controlar el estímulo estresor y, por el contrario, afrontamiento activo cuando el sujeto evita de forma activa el estresor. En diversos estudios de laboratorio se ha observado que las respuestas cardiovasculares al estrés varían según se trate de una situación experimental de afrontamiento pasivo o activo. Durante condiciones de afrontamiento pasivo se ha constatado un incremento notable en la presión sanguínea diastólica, pero no en frecuencia cardíaca o presión sistólica. En contraste, el afrontamiento activo inducía elevación de la tasa cardíaca y de la presión sistólica (Obrist, 1981). Algunos investigadores han sugerido que los efectos fisiológicos que acompañan al afrontamiento activo pueden ser importantes en el desarrollo de la cardiopatía coronaria y la hipertensión (p. ej., Kratitz y Martuck, 1984). Desde otra perspectiva, no todos los investigadores han coincidido al definir el concepto de afrontamiento, para algunos puede ser considerado como un estilo personal de afrontar el estrés, lo cual significa que es relativamente estable, mientras otros lo entienden como un proceso. En la teoría psicoanalítica se introdujo el concepto de defensas del yo para referirse a los mecanismos psicológicos defensivos que emplea el sujeto para hacer frente a los agentes que atentan contra su integridad y que se asociaban a formas psicopatológicas específicas. P. ej., se asumía que la paranoia se producía por el mecanismo de proyección y la obsesión-compulsión por la intelectualización. Estas ideas influyeron en algunas teorías posteriores que han enfocado el afrontamiento como un posible estilo personal. Los modelos de estrés en animales definen afrontamiento como aquellas conductas que contribuyen a la supervivencia ante un peligro que constituye una amenaza vital. Pueden ser de dos tipos: reacción de evitación o escape , provocada por el miedo; reacción de confrontación o ataque, inducida por la ira. Los estilos de afrontamiento se han formulado partiendo de la base de que se trata de disposiciones personales para hacer frente a las distintas situaciones estresantes. Son formas estereotipadas de R al estrés, un estilo personal de afrontar el estrés. Uno de los modelos diferencia entre estilos represor/sensibilizador. Byrne (1964) sugirió que la estrategia defensiva de los individuos al estrés puede localizarse en algún punto de la dimensión bipolar represión/sensibilización, en un extremo se sitúan las personas altamente sensibilizadoras y en el otro las muy represoras. El estilo represor tiende a la negación y evitación, mientras el sensibilizador es más vigilante y expansivo. Los represores informan que experimentan baja ansiedad ante situaciones de estrés; sin embargo, emiten elevadas respuestas fisiológicas. Lo contrario ocurre con los sensibilizadores, es decir, tienden a informar de mayor grado de ansiedad que el reflejado a través de los registros fisiológicos. Se ha sugerido que represores y sensibilizadores utilizan códigos defensivos opuestos; los primeros niegan psicológicamente la ansiedad (p. ej., en un cuestionario), y los segundos la
problemas) pero también interferirse (p. ej., minimizar la relevancia de un suceso puede inhibir las actividades dirigidas al afrontamiento problema) Siguiendo a Lazarus, la consideración del afrontamiento como un proceso implica asumir los siguientes principios:
- El término de afrontamiento se emplea indistintamente de que el proceso sea adaptativo o inadaptativo, eficaz o ineficaz. El afrontamiento, por tanto, debe separarse de los resultados (puede ser adaptativo o no). No existen procesos de afrontamiento universalmente buenos o malos, ello depende de múltiples factores, como la persona, el tipo específico de encuentro (relación entre la persona y el estresor), etc.
- El afrontamiento depende del contexto, la persona utilizará una estrategia u otra según la situación específica a la que se enfrente.
- Unas estrategias de afrontamiento son más estables o consistentes que otras a través de las situaciones estresantes. En este sentido, Lazarus ha obtenido datos que indican más estabilidad para la estrategia «reevaluación positiva» que para la «búsqueda de apoyo social». La teoría del afrontamiento como proceso diferencia dos tipos básicos de afrontamiento, el focalizado en el problema y el centrado en la emoción. El afrontamiento focalizado en el problema es cambiar la relación ambiente-persona actuando sobre el ambiente o sobre sí mismo, se trata de manejar o alterar la fuente generadora de estrés. La función del afrontamiento focalizado en la emoción es cambiar el modo en que se trata (p. ej., evitación) o interpreta (p. ej., negación) lo que está ocurriendo, para mitigar el estrés, se trata de regular la respuesta emocional del estrés. Ambas formas de afrontamiento pueden en la práctica facilitarse mutuamente, p. ej., la reducción previa de estados emocionales como la ansiedad o ira suele facilitar las actividades de solución de problemas (facilita el afrontamiento focalizado en el problema); y viceversa, un afrontamiento focalizado en el problema puede llevar a la reducción de la respuesta emocional. Sin embargo, también pueden interferirse, p. ej., minimizando la relevancia de un suceso puede inhibir las actividades dirigidas al afrontamiento-problema. Además, el afrontamiento depende de la evaluación respecto a que pueda o no hacerse algo para cambiar la situación. Si la valoración dice que puede hacerse algo (que la condición estresante puede ser controlable por la acción), predomina el afrontamiento focalizado en el problema. Si la valoración dice que no puede hacerse nada, entonces predomina el afrontamiento focalizado en la emoción. Lazarus y su grupo han elaborado instrumentos psicométricos basados en entrevistas o autoinformes para evaluar el afrontamiento. Sus escalas de evaluación fueron construidas sobre la base de descripciones de lo que la gente piensa y hace en sus esfuerzos para hacer frente a las transacciones de estrés. Para uno de sus procedimientos más empleados, el Ways of Coping Questionnaire (WCQ), Folkman y Lazarus (1988) han descrito ocho dimensiones. ESTRATEGIAS CENTRADAS EN LA EMOCIÓN: van dirigidas a disminuir o al menos a controlar el grado de trastorno emocional.
- Autocontrol: esfuerzos por regular y controlar los propios sentimientos y actos. Guardar los problemas para uno mismo, procurar no precipitarse, etc.
- Distanciamiento/Minimización: esfuerzos por mantenerse alejado del problema. Tratar de olvidar el problema, negarse a tomarlo en serio
- Evitación/Negación/Pensamiento mágico: deseos e intentos de escapar o evitar el problema fantaseando o negándolo. Esperar a que ocurra un milagro, evitar el contacto con la gente, tomar alcohol o drogas
- Reevaluación positiva: buscar posibles aspectos positivos en la situación. La experiencia enseña, hay gente buena, cambié y maduré como persona, etc.
- Autoinculpación: aceptar la responsabilidad del problema y proponerse hacerlo mejor en el futuro. Disculparse, criticarse a sí mismo, reconocerse causante del problema, etc. ESTRATEGIAS CENTRADAS EN EL PROBLEMA: se dirigen a resolver los problemas o a hacer algo que altere la fuente del estrés.
- Confrontación: esfuerzos agresivo por cambiar la situación. Acciones directas dirigidas a la situación.
- Búsqueda de información: esfuerzos por encontrar información que permita paliar o solucionar el problema.
- Búsqueda de apoyo social: esfuerzos por encontrar apoyo material o emocional. Pedir consejo o ayuda a un amigo, hablar con personas que puedan hacer algo, etc.
- Búsqueda de soluciones: análisis de las distintas alternativas de solución, análisis de las consecuencias, elaboración y realización de un plan para solucionar el problema. Establecer un plan de acción y seguirlo, cambiar algo para que las cosas mejoren, etc. Como puede observarse, existen dimensiones que corresponden al afrontamiento focalizado en el problema (confrontación y planificación de solución de problemas). Otras son del tipo localizado en la emoción (distanciamiento, autocontrol, aceptación de la responsabilidad, escape-evitación y revaloración positiva). La restante dimensión, esto es, búsqueda de apoyo social, posee componentes de ambos tipos de focalización (problema y emoción), por lo que puede ser considerada como una modalidad de afrontamiento intermedio. El uso exclusivo de ESTRATEGIAS FOCALIZADAS EN LA EMOCIÓN correlaciona positivamente con la ansiedad y la depresión mientras que la utilización de estrategias focalizadas en el problema correlaciona negativamente. La Planificación de solución de problemas y la Reevaluación positiva suelen asociarse a resultados positivos; por el contrario, la Confrontación y el Distanciamiento se han relacionado con resultados negativos. Las restantes estrategias, es decir, autocontrol, búsqueda de apoyo social, aceptación de la responsabilidad y escape-evitación, ofrecen datos menos discriminativos en este sentido, tal vez porque varían más en razón a las demandas contextuales y al tipo de transacción. Lazarus concluye que el tipo de afrontamiento está determinado tanto por la situación (p. ej., controlabilidad) como por la persona (personalidad).
características. También suelen ocurrir, aunque no necesariamente siempre, respuestas de malestar emocional (respuestas emocionales negativas). Además de las respuestas emocionales, pueden darse otras respuestas psicológicas asociadas (respuestas cognitivas y conductuales).
- Incremento de la tasa cardíaca y presión sanguínea.
- Aceleración de la respiración por dilatación bronquial, facilitando una más rápida absorción de oxígeno.
- Disminución del flujo sanguíneo periférico (manos y pies fríos).
- Tensión muscular e incremento de la sudoración.
- Incremento de la secreción de adrenalina y noradrenalina.
- Incremento de sentimientos de tensión, desasosiego, ansiedad, irritabilidad, miedo, depresión e inquietud. En circunstancias de estrés agudo es frecuente la experiencia subjetiva de ansiedad/miedo; cuando el estrés se cronifica predomina la experiencia de estado de ánimo depresivo (“agotamiento” del NC). Las respuestas fisiológicas asociadas al estrés fueron establecidas inicialmente por Selye, el cual implicó prioritariamente a la activación de los sistemas neuroendocrinos hipotálamohipófiso-corticosuprarrenal y médulo-suprarrenal, así como también a la activación del sistema nervioso autónomo simpático. Una característica del sistema neuroendocrino es precisamente la gran sensibilidad a los diferentes estímulos con propiedades emocionales (p. ej., amenaza externa). Posiblemente no existe una sola hormona que no se vea modificada ante el estrés, aunque no todas las respuestas hormonales al estrés son de tipo activador. El tipo de respuesta puede variar en función del sistema neuroendocrino de que se trate. Algunos sistemas responden incrementando la liberación hormonal (suprarrenales, tiroideas,…), por el contrario otros responden frenando la secreción hormonal (hormonas sexuales y la insulina). Las respuestas fisiológicas asociadas al estrés no se reducen, por supuesto, a la activación/inhibición de las variables neuroendocrinas y del sistema nervioso, sino que implican a múltiples componentes del organismo. El estrés afecta a un conjunto amplio de variables psicofisiológicas (p. ej., respuestas asociadas al sistema cardiovascular ) y metabólicas, así como también a diversos órganos. Estos cambios en su mayor parte son secundarios a las alteraciones producidas sobre la actividad neuroendocrina. P. ej., el incremento de hormonas del tiroides produce elevación de la frecuencia cardíaca y del metabolismo en general; el incremento de cortisol eleva la producción de glucosa y la liberación de ácidos grasos libres, y reduce la eficacia de los mecanismos inmunológicos; la elevación de catecolaminas plasmáticas aumenta la presión sanguínea, la tensión muscular, los niveles plasmáticos de colesterol, triglicéridos y ácidos grasos libres, y reduce el aporte sanguíneo al riñón. No obstante, la principal respuesta psicológica asociada al estrés es de tipo emocional. Por tanto, un fenómeno que suele ser común en la respuesta de estrés es la sensación subjetiva de malestar emocional o tensión (en la terminología anglosajona distress). El tipo de emociones que suelen acompañar a la experiencia de estrés son emociones negativas, como p. ej., ansiedad, miedo, ira, depresión, etc., en contraste con las emociones positivas que no suelen darse con el estrés, como la alegría o el placer. Las emociones, por tanto, acompañan y determinan en gran medida los procesos del
estrés. Bajo ciertas condiciones de estrés pueden existir unas emociones u otras, dependiendo de las circunstancias del individuo y de la situación (valoración de la amenaza, estrategias de afrontamiento empleadas, etc.). Se ha sugerido, por otra parte, que los componentes emocionales asociados al estrés también pueden variar en función de la dimensión agudo/crónico. En circunstancias de estrés agudo es frecuente la experiencia subjetiva de ansiedad/miedo; cuando el estrés se cronifica predomina la experiencia de estado de ánimo depresivo. Esto se ha explicado en términos de «agotamiento» en los mecanismos neurotransmisores del sistema nervioso central por haber ocurrido un estado sostenido de activación neurofisiológica durante el estrés prolongado. Esto explicaría, p. ej., el paso de un síndrome de ansiedad a un cuadro de tipo depresivo. Además de las respuestas emocionales, el organismo puede mostrar respuestas cognitivas y conductuales al estrés que suelen constituir modos de afrontamiento, ya que éste consiste en esfuerzos cognitivos y conductuales ante la experiencia del estrés (emocional-fisiológica). Por otra parte, como se sabe, la emoción posee también componentes cognitivos y conductuales, además de la propia experiencia emocional. La preocupación, la pérdida de control percibido y la negación son, p. ej., tres tipos de respuesta cognitiva de estrés señalados frecuentemente. Sin embargo, propiamente hablando, la preocupación es un componente cognitivo de la emoción (ansiedad), la sensación de pérdida de control es una faceta de la reevaluación cognitiva, y la negación es una estrategia de afrontamiento. Otras respuestas cognitivas, más que componentes de la respuesta del estrés, son resultados desadaptativos. Son ejemplos de este tipo las alteraciones vinculadas al estrés y observadas en facetas cognitivas como, p. ej., los bloqueos mentales, la pérdida de memoria, la sensación de irrealidad, etc. Algo parecido ocurre con las respuestas conductuales (o motoras). P. ej., el uso de sustancias psicoactivas como alcohol o drogas y la conducta agresiva (p. ej., expresión emocional de la ira) son teóricamente dos formas de respuesta del estrés. Sin embargo, ambas son más apropiadamente consideradas como modos de afrontamiento, el primero de tipo escape-evitación y el segundo del tipo descarga emocional. La expresión de la ira, por otra parte, podría ser conceptuada como la forma conductual de una emoción, la ira. Al igual que con las respuestas cognitivas, la respuesta conductual del estrés se ha confundido a veces con estados desadaptativos comportamentales, como p. ej., con la tartamudez y otros desajustes del lenguaje, la drogadicción, las conductas compulsivas, etc.
7. El apoyo social Como recurso de afrontamiento, ha sido definido en términos de los recursos aportados por otras personas. Flouse (1981) señala que el apoyo social es una transacción interpersonal que incluiría una de estas cuatro categorías: 1. Apoyo emocional (muestras de empatía, amor y confianza). 2. Apoyo instrumental (conductas directamente dirigidas a solucionar el problema de la persona receptora). 3. Apoyo informativo (recibir información útil para afrontar el problema). 4. Apoyo valorativo (información relevante para la autoevaluación o las comparaciones sociales).