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Platon Libro Republica, Exámenes de Filosofía

Apuntes Platón Libro Republica

Tipo: Exámenes

2018/2019

Subido el 01/12/2019

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PLATÓN, República, Libro VI, 504 e - 511 e; Libro VII 514a-517c (Trad. C.Eggers
Lan). Madrid, Gredos, 1992, pp. 326-432.
Libro VI
[…]
508 b Bien sabes que los ojos, cuando se los vuelve sobre objetos cuyos
colores
no están ya iluminados por la luz del día sino por el resplandor de la
luna,
ven débilmente, como si no tuvieran claridad en la vista.
- Efectivamente.
- Pero cuando el sol brilla sobre ellos, ven nítidamente, y parece como si
estos mismos ojos tuvieran la claridad.
- Sin duda.
d - Del mismo modo piensa así lo que corresponde al alma: cuando ja su
mirada en objetos sobre los cuales brilla la verdad y lo que es, intelige,
conoce y parece tener inteligencia; pero cuando se vuelve hacia lo
sumergido en la oscuridad, que nace y perece, entonces opina y
percibe
débilmente con opiniones que la hacen ir de aquí para allá, y da la
impresión
de no tener inteligencia.
- Eso parece, en efecto.
- Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al
que
conoce el poder de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por
ser
causa de la ciencia y de la verdad, concíbela como cognoscible; y aun
siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos
correctamente el asunto, tendremos a la idea del Bien por algo distinto
y
más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz
y a
la vista por anes al sol pero que sería erróneo creer que son el sol,
análogamente ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y
la
509 a ciencia, son anes al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra
fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de
estima.
- Hablas de una belleza extraordinaria, puesto que produce la ciencia y
la
verdad, y además está por encima de ellas en cuanto a hermosura. Sin
duda,
no te reeres al placer.
- ¡Dios nos libre! Más bien prosigue examinando nuestra comparación.
b - ¿De qué modo?
- Pienso que puedes decir que el sol no sólo aporta a lo que se ve la
propiedad de ser visto, sino también la génesis, el crecimiento y la
nutrición,
sin ser él mismo génesis.
- Claro que no.
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PLATÓN, República , Libro VI, 504 e - 511 e; Libro VII 514a-517c (Trad. C.Eggers Lan). Madrid, Gredos, 1992, pp. 326-432.

Libro VI […]

508 b Bien sabes que los ojos, cuando se los vuelve sobre objetos cuyos colores no están ya iluminados por la luz del día sino por el resplandor de la luna, ven débilmente, como si no tuvieran claridad en la vista.

  • Efectivamente.
  • Pero cuando el sol brilla sobre ellos, ven nítidamente, y parece como si estos mismos ojos tuvieran la claridad.
  • Sin duda. d - Del mismo modo piensa así lo que corresponde al alma: cuando fija su mirada en objetos sobre los cuales brilla la verdad y lo que es, intelige, conoce y parece tener inteligencia; pero cuando se vuelve hacia lo sumergido en la oscuridad, que nace y perece, entonces opina y percibe débilmente con opiniones que la hacen ir de aquí para allá, y da la impresión de no tener inteligencia.
  • Eso parece, en efecto.
  • Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el poder de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y de la verdad, concíbela como cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos correctamente el asunto, tendremos a la idea del Bien por algo distinto y más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y la 509 a ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de estima.
  • Hablas de una belleza extraordinaria, puesto que produce la ciencia y la verdad, y además está por encima de ellas en cuanto a hermosura. Sin duda, no te refieres al placer.
  • ¡Dios nos libre! Más bien prosigue examinando nuestra comparación. b - ¿De qué modo?
  • Pienso que puedes decir que el sol no sólo aporta a lo que se ve la propiedad de ser visto, sino también la génesis, el crecimiento y la nutrición, sin ser él mismo génesis.
  • Claro que no.
  • Y así dirás que a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, sino también de él les llega el existir y la esencia, aunque el Bien no sea esencia, sino algo que se eleva más allá de la esencia en cuanto a dignidad y a potencia.

c XX. -Y Glaucón se echó a reír:

  • ¿Por Apolo!, exclamó. ¿Qué elevación demoníaca!
  • Tú eres culpable, repliqué, pues me has forzado a decir lo que pensaba sobre ello.
  • Está bien; de ningún modo te detengas, sino prosigue explicando la similitud respecto del sol, si es que te queda algo por decir.
  • Bueno, es mucho lo que queda.
  • Entonces no dejes de lado ni lo más mínimo.
  • Me temo que voy a dejar mucho de lado; no obstante, no omitiré lo que en este momento me sea posible.
  • No, por favor. d - Piensa entonces, como decíamos, cuáles son los dos que reinan: uno, el del género y ámbito inteligibles; otro, el del visible, y no digo `el del cielo' para que no creas que hago juego de palabras. ¿Captas estas dos especies, la visible y la inteligible?
  • Las capto. e - Toma ahora una línea dividida en dos partes desiguales; divide nuevamente cada sección según la misma proporción, la del género de lo que se ve y otra la del que se intelige, y tendrás distinta oscuridad y claridad relativas; así tenemos primeramente, en el género de lo que se ve, una sección de

510 a imágenes. Llamo `imágenes' en primer lugar a las sombras, luego a los reflejos en el agua y en todas las cosas que, por su constitución, son densas, lisas y brillantes, y a todo lo de esa índole. ¿Te das cuenta?

  • Me doy cuenta.
  • Pon ahora la otra sección de la que ésta ofrece imágenes, a la que corresponden los animales que viven en nuestro derredor, así como todo lo que crece, y también el género íntegro de cosas fabricadas por el hombre.
  • Pongámoslo.
  • ¿Estás dispuesto a declarar que la línea ha quedado divida, en cuanto a su verdad y no verdad, de modo tal que lo opinable es a lo cognoscible como la copia es a aquello de los que es copiado?

imitados, y que habían sido conjeturados y estimados como claros respecto de los que eran sus imitaciones. b - Comprendo que te refieres a la geometría y a las artes afines.

  • Comprende entonces la otra sección de lo inteligible, cuando afirma que en ella la razón misma aprehende, por medio de la facultad dialéctica, y hace de los supuestos no principios sino realmente supuestos, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo, que es no supuesto, y tras aferrarse a él, ateniéndose a las cosas que de él dependen, desciende hasta una conclusión, sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a través c de Ideas y en dirección a Ideas hasta concluir en Ideas.
  • Comprendo, aunque no suficientemente, ya que creo que tienes en mente una tarea enorme: quieres distinguir lo que de lo real e inteligible es estudiado por la ciencia dialéctica, estableciendo que es más claro que lo estudiado por las llamadas artes’, para las cuales los supuestos son principios. Y los que los estudian se ven forzados a estudiarlos por medio d del pensamiento discursivo, aunque no por los sentidos. Pero a raíz de no hacer el examen avanzando hacia un principio sino a partir de supuestos, te parece que no poseen inteligencia acerca de ellos, aunque sean inteligibles junto a un principio. Y creo que llamaspensamiento discursivo' al estado mental de los geómetras y similares, pero no inteligencia'; como si elpensamiento discursivo' fuera algo intermedio entre la opinión y la inteligencia.
  • Entendiste perfectamente. Y ahora aplica a las cuatro secciones estas cuatro afecciones que se generan en el alma; inteligencia, a la suprema; pensamiento discursivo, a la segunda; a la tercera asigna la creencia y la e cuarta la conjetura; y ordénalas proporcionadamente, considerando que cuanto más participen de la verdad tanto más participan de la claridad.
  • Entiendo, y estoy de acuerdo en ordenarlas como dices.

Libro VII

514 a I. -Después de eso proseguí compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están

desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden b girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.

  • Me lo imagino. c - Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en

515 a piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.

  • Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
  • Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? b - ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
  • Indudablemente.
  • Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?
  • Necesariamente.
  • Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
  • ¡Por Zeus que sí! c - Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
  • ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?
  • Es de toda necesidad.
  • Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y

c - Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.

  • Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
  • Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
  • Por cierto.
  • Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los d objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida? e - Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
  • Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
  • Sin duda.
  • Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las

517 a cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?

  • Seguramente.

III. - Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por

b medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, c es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.

  • Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.