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Platón esquema resumen libro República dialogos
Tipo: Apuntes
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1. La filosofía de Platón no es un “cuento chino”
Platón es conocido en el mundo filosófico por la denominada teoría de las ideas o de las formas. Esa teoría para el que se acerca a ella por primera vez da la sensación de ser un cuento, simplemente eso, quizás porque el mismo Platón estaba acostumbrado a expresar muchas de sus grandes intuiciones a través de “mitos” (cuentos diríamos hoy día).
Pero no te dejes llevar por esa sensación, te aseguramos que la filosofía de Platón es una apuesta por comprender la totalidad de la realidad. Abarca absolutamente todos los problemas de la filosofía e intenta resolverlos porque la reflexión filosófica no es un “conjunto de cuentos chinos” que no tienen nada que ver entre sí; es reflexión profunda e intento por comprender la unidad de todo lo real. Y Platón es un auténtico maestro porque su teoría de las Ideas es un intento muy serio y muy profundo de comprender esa unidad que nos alumbra y nos deslumbra – si miramos atentamente- a cada momento.
Te invitamos, por tanto, a que te acerques a su pensamiento y a que lo saborees.
2. ¿De dónde parte Platón?
Platón pretende hacer, como él mismo dice en la Carta VII, una segunda navegación.
Ésta era la que se realizaba cuando faltaba el viento necesario para la primera navegación, entonces, había que echar mano de los remos y con mucho esfuerzo iniciar esa segunda navegación para llegar a buen puerto.
Tras esta metáfora náutica se encuentran los dos puntos de partida del pensamiento platónico: la primera navegación y los remos.
a. La primera navegación presocrática
Los filósofos presocráticos, como ya sabes, se plantearon el problema de encontrar el fundamento inmutable de la cambiante naturaleza ( physis ).
Sus soluciones, interesantes pero quizás rudimentarias, se mueven dentro del nivel físico o material (cómo diríamos hoy en día) quizás porque, entre otras cosas, no habían distinguido nítidamente esos dos planos que nosotros distinguimos claramente – al menos a nivel terminológico- : el plano material y el plano espiritual.
El primer filósofo presocrático que se da cuenta de la necesidad de apuntar en esta dirección es Parménides pero su solución es una aporía : el fundamento inmutable (de naturaleza racional) es la única realidad y la cambiante naturaleza (de naturaleza sensible) es mera apariencia y, por tanto, no es real. Así, la solución al problema presocrático lleva a la negación de tal problema sin duda por un mal uso por parte de Parménides del principio de contradicción.
Los filósofos posteriores a Parménides (Anaxágoras, Empédocles y los atomistas Leucipo y Demócrito) intentan solucionar dicha aporía pero no lo lograrán aunque Anaxágoras es el que más se acerca al distinguir dos principios explicativos de la physis : la hylé (materia) y el nóus (inteligencia) que, lejos de excluirse, se interrelacionan entre sí. El único problema es que el nóus sigue siendo material; aunque sea la más sutil de las materias.
Ésta es la primera navegación. Aquí se acabó el viento. Platón ve con claridad que el problema presocrático tiene que ser resuelto en la dirección parmenídea pero superando su solución aporética y quizás mediante la intuición de Anaxágoras pero distinguiendo nítidamente entre dos niveles de realidad: sensible (material) e inteligible (espiritual).
b. Los remos socráticos
Es hora de emplear los remos y emplearlos con gran esfuerzo. Y los remos hacen referencia la mayeútica socrática.
Sócrates es el primero que acuñó un estricto método filosófico: la mayeútica o “arte de dar a luz”. Dicho método consiste fundamentalmente en el empleo de preguntas adecuadas que ayuden a que los implicados en la discusión – incluido Sócrates- puedan llegar al conocimiento de la verdad del asunto tratado.
Este método tiene claramente dos fases:
Una primera irónica que intenta que el interlocutor sea consciente de su ignorancia puesto que quien cree saberlo todo, ¿qué puede saber? y quien cree que no se puede saber nada, ¿acaso reconoce su ignorancia? Ambos, dogmáticos y escépticos, están lejos de la verdad de las cosas. Para poder acercarse a la verdad hay que alejarse de ambos extremos reconociendo que uno no sabe nada. “Sólo sé que no sé nada”- repetía Sócrates con insistencia.
La segunda fase del método es la que, desde el reconocimiento de la propia ignorancia, puede avanzar en el proceso mayeútico mediante el diálogo interrogativo hasta alumbrar la verdad que va más allá de cualquier opinión porque es en sí (absolutamente cierta, igual para todos, universal).
Platón, fiel discípulo de Sócrates, utiliza este método y lo usa como instrumento necesario de toda reflexión filosófica. Así en sus obras escritas dio lugar a un nuevo género literario, el diálogo , en el que se recrea la mayeútica socrática. Pero el diálogo es mucho más que un artificio literario; es la forma, la única forma, de hacer filosofía, de avanzar en el conocimiento de la verdad.
c. El remero: Platón.
Pero la segunda navegación no se puede iniciar sólo con lo dicho. Hace falta el remero y éste es Platón.
La originalidad del pensamiento platónico está en el uso sin igual de los remos. Quizás se podría decir que Platón supera al propio Sócrates en el uso de la mayeútica llegando a alumbrar nuevas posibilidades para dicho método.
Esas posibilidades son:
Pero si somos observadores, nos damos cuenta de que si Platón acabara aquí, su solución sería insuficiente porque las cosas del mundo sensible son muchas pero las ideas del mundo sensible también. Es decir, no se ha explicado adecuadamente el fundamento de la multiplicidad. Dicho, de forma más sencilla, ¿cuál es el fundamento de las ideas?
Platón responde afirmando que el principio supremo es el Bien o Uno. Éste es el fundamento último de la realidad y del que todo participa. Al igual que el sol cubre con su luz todas las cosas, la idea de Bien ( Uno ) es la que hace que todo sea (tanto las ideas como las cosas del mundo sensible).
Pero aparece otro problema, ¿cómo lo Uno puede dar origen a lo múltiple? Nuestro filósofo postula que esto es debido a que lo Uno genera desde siempre otro co-principio que denomina Díada (dualidad indefinida o dualidad de grande y pequeño). Este principio es la “materia” (sustrato) amorfa de la multiplicidad que el Uno debe determinar dando lugar a las ideas número que constituyen la estructura sintética de la unidad en la multiplicidad que determina el ser en todos los niveles. Desde aquí “generan” todas las ideas que aunque sean muchas co-participan de la eterna unidad del Bien (Uno).
Resumiendo: Bien (Uno) que determina la Díada dando lugar a las ideas número que recogen la estructura unitaria y múltiple de toda la realidad comenzando por la Ideas.
Ahora bien, ¿cómo las ideas se encarnan en el mundo sensible? Según Platón a través de unas realidades intermedias entre lo inteligible y lo sensible que son los entes matemáticos. Son intermedios porque son “eternos” (inteligibles) pero al mismo tiempo múltiples: hay muchos triángulos, muchos cuadrados, muchos unos, muchos doses... (Recordamos que las ideas son únicas: hay una por cada naturaleza común).
Bien, éste es el punto arquimédico, pues si no, ¿cómo lo inteligible puede saltar hacia lo sensible? ¿Cómo lo Uno puede encarnarse en lo múltiple? ¿Cómo lo inmóvil puede estar presente en lo móvil? ¿Cómo lo eterno pude estar presente en lo perecedero?
Así, los entes matemáticos son los instrumentos mediante los cuales las ideas pueden estar presentes en las cosas sensibles y éstas pueden ser copias (participar) de aquellas.
c. El cosmos sensible y su origen demiúrgico.
Esta compleja descripción del cosmos inteligible no puede acabar sin hablar, aunque sea brevemente, del origen del cosmos sensible.
Platón parte de una afirmación básica -que no expresa en estos términos, pero nuestra formulación nos parece adecuada con el fin de hacer comprender fácilmente su postura-: La materia (chora) es eterna.
Afirmar que hay un substrato material eterno es afirmar su necesidad. Es decir, lo eterno ha sido, es y tiene que ser por siempre.
Pero claro, lo material (sensible) es lo contrario a lo inteligible y por lo tanto no debe ser inteligible. Es decir, debe de ser caótico, desordenado, por su propia naturaleza.
Sin embargo, el mundo sensible, como ya hemos visto, muestra inteligibilidad, está ordenado, es un cosmos. Esa inteligibilidad, orden, procede de otro mundo. Pero, ¿cómo se puede introducir lo inteligible dentro de lo no inteligible ordenándolo, convirtiéndolo es un cosmos?
Evidentemente para ello hace falta, según Platón, de un ser que sea al mismo tiempo inteligencia y voluntad. Es decir, que pertenezca al mundo inteligible y tenga el poder de copiar, al modo del artista, el orden inteligible que conoce usando una materia caótica ( chora ) y así dando lugar al mundo sensible. Ese ser es lo que Platón llama Demiurgo ( artesano).
d. Los niveles de inteligibilidad.
Según Platón, a cada nivel de realidad le corresponde un grado de inteligibilidad. Así como sea su realidad, así podrá ser conocido, comprendido, entendido. Para Platón el problema gnoseológico es dependiente (vicario) del problema ontológico. Lo primero es la realidad y la ésta -y sus niveles- hace posible y determina el conocimiento – y sus niveles-.
Lo expresa admirablemente al final del libro VI de República a través de lo que se ha denominado símil o analogía de la línea.
Al mundo sensible por su naturaleza cambiante y, por tanto, insegura le corresponde un conocimiento inseguro. Éste es la opinión ( doxa ).
Pero dentro de la doxa hay dos grados:
Al mundo inteligible de naturaleza inmutable y, por tanto, segura le corresponde un conocimiento seguro. Éste es la ciencia ( episteme ). (Una aclaración: La palabra ciencia para un griego quiere decir conocimiento verdadero y, por tanto, no tiene el sentido que hoy día le atribuimos, cuando con tal palabra entendemos sólo el conocimiento que nos proporcionan las ciencias empíricas : biología, química, física... )
el alma es inmortal y, por tanto, eterna. (Para Platón inmortalidad y eternidad van siempre de la mano). Este problema lo abordará en el diálogo Fedón y esgrimirá tres argumentos:
Por lo tanto, si el hombre es ante todo un ser inteligible, eterno, inmutable, el cuerpo es algo accidental y malo ya que le corta las alas y no le permite volver al mundo de las ideas. Pero, ¿por qué está el hombre aquí? Y, ¿puede volver al mundo de las ideas?
La primera pregunta es difícil de responder y la respuesta a ella Platón la limita al mito. El mito para Platón es también una explicación racional, aunque quizás supraracional, que nos enfrenta directamente frente al misterio. El mito, por tanto, es también filosofía, otro modo de acercarnos a la comprensión de lo real. Para referirse a este problema Platón hace referencia a dos mitos: el mito del carro alado en Fedón y el mito de Er en República.
El primero de ellos nos habla de que el alma ha caído en el cuerpo debido a una culpa (no dice cual) que ha alterado su naturaleza. En el mito de Er se da a entender que la caída en el cuerpo es una necesidad cíclica. (¿Interpretaciones opuestas o complementarias? Te invitamos a que leas estos mitos).
La segunda pregunta tiene una respuesta afirmativa: sí, el hombre puede retornar al mundo de las ideas si se dedica al conocimiento de las ideas (a la filosofía) si no, tendrá que pasar por una serie de reencarnaciones (doctrina de la transmigración de las almas o metempsicosis ) hasta que pueda ascender a la verdad inteligible.
f. El ascenso a la verdad.
Por lo tanto, el hombre debe recordar ( anamnesis) en su prisión sensible y ascender por el camino de la verdad como indica el principio del libro VII de República en el conocido mito de la caverna que te recomendamos leer.
Pero, ¿cómo se asciende?
Platón propone tres caminos, no excluyentes, sino complementarios:
La dialéctica tiene dos momentos: Dialéctica ascendente mediante la cual "se asciende" desde nuestro trato con las realidades sensibles (respecto a las cuales sólo cabe opinión o doxa ) a la contemplación de las auténticas realidades o ideas -iríamos desde lo particular a lo más general- y dialéctica descendente (diairesis) en la que se descomponen las ideas más generales en ideas cada vez más particulares hasta llegar a la contemplación de los primeros principios y al más supremo de todos el Bien (Uno).
g. El cosmos ético-político: la búsqueda del orden en el caos.
Como hemos visto la situación del hombre es caótica en el orden sensible creado por el Demiurgo y al que no pertenece. Así la aventura del ser humano (intelectiva, tendencial y moral) es una aventura política. Para Platón, como para todo ateniense de su época el sujeto moral es sujeto político. Es decir, ser hombre es ser ciudadano ( politai ) ya que la vida del hombre es inseparable de la polis (ciudad) y de sus leyes. Como decía Píndaro expresando esta idea: “La ley se convierte en rey”.
Para comprender esta unidad ético-política debemos volver al mito del carro alado de Fedro. A través de ese mito Platón afirma que en el alma del hombre hay tres apetitos: el apetito concupiscible (deseo de placeres), el apetito racional (deseo de verdad y dominio de los placeres) y un tercer apetito que no es razón porque es pasional y que no es deseo porque a menudo choca contra éste ( apetito irascible ).
Según nuestro filósofo en el hombre deberían funcionar adecuadamente cada uno de estos apetitos guiados por su correspondiente virtud: templanza para el apetito concupiscible, fortaleza para el irascible y prudencia para el racional.
Además todas ellas deberían relacionarse armónicamente de tal forma que el apetito racional controlase a los otros dos. La virtud regulativa que se encargaría del buen funcionamiento del todo sería la justicia.
Pues, así como es el hombre así debe ser la polis. Es un hecho que el ser humano, encerrado en el cuerpo no puede ascender hasta el mundo de las ideas si el apetito racional no restablece el orden perdido controlando a los otros dos y, en especial, al apetito concupiscible.
Para ello y puesto que el hombre es un ser político, es necesario constituir un cierto orden en el caos que le ayude a retornar al mundo inteligible. Ese es el Estado platónico.