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practica 9 lecturas de la transicion, Apuntes de Historia

practica 9 lecturas de la transicion

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 16/09/2019

jorge-gamez-barrera
jorge-gamez-barrera 🇪🇸

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LECTURAS DE LA TRANSICIÓN Gregorio Alonso
¿El cambio político se produjo por un movimiento obrero organizado, movimientos
estudiantiles y asociaciones de vecinos? ¿o más bien por un pacto entre las elites franquistas y
demócratas?
El proceso democrático en España es un claro ejemplo de transición pacífica y negociada que
podría exportarse a otros países. El caso español es curiosos porque no se fija en ningún otro
proceso democrático anterior, debido a las condiciones en las que se da (muerte del dictador en
la cama). El asesinato de Carrero Blanco solo dos años antes, la transformación socioeconómica
que se venía dando desde los años sesenta, la renovación de las elites y la expansión inédita de
las clases medias; establecieron las condiciones necesarias para la transición.
La reestructuración de la sociedad civil y la emergencia de prácticas y creencias democráticas
sentaron las bases de la transición posterior y de la exitosa consolidación democrática.
La elecciones del 76 fueron un claro reflejo de que la sociedad española apostaba por caras
nuevas y trataba de evitar a toda costa agrupaciones que recordaran a conflictos pasados, como
el partido comunista o la derecha ultraconservadora postfranquista. Con estos nuevos partidos
(PSOE Y UDC) se marcaria la hoja de ruta para el cambio a la democracia, lo cual se vería
reflejado en nuestra constitución.
El liderazgo de las élites y la acción colectiva
En este punto se abre el debate de si esta transición fue una negociación cerrada entre las
antiguas élites franquistas y las nuevas élites demócratas, o más bien fue la importancia de los
movimientos sociales y demandas de la población de la época o que impulsó el proceso
democrático hacia el puerto donde atracó.
En primer lugar, ninguna negociación entre las élites puede entenderse sin un marco histórico y
social en el que transcurre, por lo tanto, resulta prácticamente imposible que la sociedad
española influyera poco o nada en lo que fue el proceso democrático de la transición, por mucho
que se tratase de pactos elitistas llevados bajo la más rigurosa confidencialidad.
De todas formas, debemos analizar el peso real que pudieron tener las presiones sociales sobre
el proceso democrático, y a esto hay que decir que aunque la movilización popular mantuvo a
raya a las élites dirigentes, también se debe señalar que, con los datos en la mano, las huelgas y
las manifestaciones no determinaron el contenido concreto de los pactos alcanzados. Un papel
importante lo jugo el sindicato de comisiones obreras, quien se encargó de ser el representante
de lo que demandaban los trabajadores.
Las consecuencias de aquel doble proceso de desmovilización y coaptación de líderes sociales
han sido claramente negativas para la democracia española. Salvo las todopoderosas
asociaciones profesionales y de negocios, encabezadas por la Confederación Española de
Organizaciones Empresariales, la sociedad civil española presenta desde mediados de los años
ochenta un panorama bastante desolador. Los niveles de asociación a partidos políticos y
sindicatos se encuentran entre los más bajos de Europa occidental desde entonces. Tal es el
problema que algunos autores han llegado a la conclusión de que «la anemia cívica parece ser
endémica en España»
El pasado en la transición
Jorge Gámez Barrera
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LECTURAS DE LA TRANSICIÓN Gregorio Alonso

¿El cambio político se produjo por un movimiento obrero organizado, movimientos estudiantiles y asociaciones de vecinos? ¿o más bien por un pacto entre las elites franquistas y demócratas?

El proceso democrático en España es un claro ejemplo de transición pacífica y negociada que podría exportarse a otros países. El caso español es curiosos porque no se fija en ningún otro proceso democrático anterior, debido a las condiciones en las que se da (muerte del dictador en la cama). El asesinato de Carrero Blanco solo dos años antes, la transformación socioeconómica que se venía dando desde los años sesenta, la renovación de las elites y la expansión inédita de las clases medias; establecieron las condiciones necesarias para la transición.

La reestructuración de la sociedad civil y la emergencia de prácticas y creencias democráticas sentaron las bases de la transición posterior y de la exitosa consolidación democrática.

La elecciones del 76 fueron un claro reflejo de que la sociedad española apostaba por caras nuevas y trataba de evitar a toda costa agrupaciones que recordaran a conflictos pasados, como el partido comunista o la derecha ultraconservadora postfranquista. Con estos nuevos partidos (PSOE Y UDC) se marcaria la hoja de ruta para el cambio a la democracia, lo cual se vería reflejado en nuestra constitución.

El liderazgo de las élites y la acción colectiva

En este punto se abre el debate de si esta transición fue una negociación cerrada entre las antiguas élites franquistas y las nuevas élites demócratas, o más bien fue la importancia de los movimientos sociales y demandas de la población de la época o que impulsó el proceso democrático hacia el puerto donde atracó.

En primer lugar, ninguna negociación entre las élites puede entenderse sin un marco histórico y social en el que transcurre, por lo tanto, resulta prácticamente imposible que la sociedad española influyera poco o nada en lo que fue el proceso democrático de la transición, por mucho que se tratase de pactos elitistas llevados bajo la más rigurosa confidencialidad.

De todas formas, debemos analizar el peso real que pudieron tener las presiones sociales sobre el proceso democrático, y a esto hay que decir que aunque la movilización popular mantuvo a raya a las élites dirigentes, también se debe señalar que, con los datos en la mano, las huelgas y las manifestaciones no determinaron el contenido concreto de los pactos alcanzados. Un papel importante lo jugo el sindicato de comisiones obreras, quien se encargó de ser el representante de lo que demandaban los trabajadores.

Las consecuencias de aquel doble proceso de desmovilización y coaptación de líderes sociales han sido claramente negativas para la democracia española. Salvo las todopoderosas asociaciones profesionales y de negocios, encabezadas por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, la sociedad civil española presenta desde mediados de los años ochenta un panorama bastante desolador. Los niveles de asociación a partidos políticos y sindicatos se encuentran entre los más bajos de Europa occidental desde entonces. Tal es el problema que algunos autores han llegado a la conclusión de que «la anemia cívica parece ser endémica en España»

El pasado en la transición

Jorge Gámez Barrera

Uno de los pilares importantes para llevar a cabo una negociación durante la transición, fue el dejar fuera de debate la Guerra Civil y la naturaleza represiva de la Dictadura. Las consecuencias de ese silencio acordado y tolerado sobre la vida política nacional son aun motivo de encendidas controversias. Muchas y muy variadas han sido las iniciativas y propuestas de ajustar cuentas con el pasado desde el año 2000. Un nuevo movimiento cívico liderado por la «generación de los nietos» comenzó entonces a exigir la reparación moral y la compensación económica que juzgaban merecer por la muerte o la represión de sus ancestros. Este nuevo movimiento vio la luz gracias a la paulatina desaparición natural de los abuelos militantes y al efecto galvanizador de dos acontecimientos de muy distinta naturaleza.

Jorge Gámez Barrera