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Práctica Artículo Opinión, Ejercicios de Periodismo

Asignatura: Proyecto de comunicación en prensa, Profesor: Gobantes Maite, Carrera: Periodismo, Universidad: UniZar

Tipo: Ejercicios

2016/2017

Subido el 22/11/2017

usuario desconocido
usuario desconocido 🇪🇸

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El jardinero fiel Artículo de opinión Ibrahim Bachir Limam
Proyecto de comunicación en prensa 2017 Grupo: LUNES
El jardinero fiel
Corría el año 2011 y para entonces ver aquella debacle era, hasta cierto punto, tan
triste como poético. Vivíamos tiempos convulsos. La economía iba muy mal lo de-
cían los economistas neoliberales pero también los socialdemócratas y la prima de
riesgo se disparó. El déficit público rozaba el cien por cien del PIB y Bruselas llamaba a
la puerta. «Hay que recortar gasto público» decía la más de las veces. «Hay que reducir
la deuda pública para atraer la inversión extranjera» insistía en otras ocasiones. A lo
que, en España, Don Mariano siempre respondía saliendo de poda con su garrocha en la
mano.
Y, como un cirujano un lunes de buena mañana, bien duchado, afeitado y con la
suficiente cafeína en sangre como para flotar a medio metro del suelo, no le temblaba el
pulso a la hora de meter bisturí aquí y allá. Si esta rama del conocimiento le resultaba
incómoda, podaba. Si eso de la educación no servía para nada, podaba. Si eso de la cul-
tura era una pérdida de tiempo, podaba. Si nadie se había muerto por estar dos años en
una lista de espera, podaba tres doctores más… Y así se pasaba los días: podando entra-
do el alba y podando antes de dormir.
Al cabo de dos años había podado tanto que el suelo de todas las calles de las
grandes ciudades de España había quedado entero oculto bajo mareas de diversos colo-
res: marea blanca, marea verde, marea granate… Y claro, eso acabó en una verdadera
revolución. Pero la revolución de las ramas caídas nunca fue suficiente pues el resto del
árbol acabó presa del pánico, se atrincheró en los pocos «privilegios» que le quedaban
por perder y no salió a la calle a defender sus derechos y los del resto de caídos. Y ahí
perdimos todos: sin educación, sin sanidad, sin cultura… Sin Estado del Bienestar.
Don Mariano, nuestro queridísimo jardinero y presidente del gobierno, hizo del
serrucho, las tijeras podadoras y la garrocha sus armas de guerra. Subía cada miércoles a
lo alto del estrado del Congreso, anunciaba nueva ristra de recortes con una motosierra
en una mano y un discurso eufemístico en la otra y ganaba una nueva batalla. Ganaba
porque nos minaba la moral vendiéndonos que esa vía era nuestra única salida. Nos
vencía cada vez un poquito más. Nos vejaba. Nos denigraba. No arrebataba lo nuestro
semana tras semana. Despacio, como el psicópata que quiere ver sufrir lenta y angustio-
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El jardinero fielProyecto de comunicación en prensa 2017 – Artículo de opinión Ibrahim Bachir LimamGrupo: LUNES

El jardinero fiel

Corría el año 2011 y para entonces ver aquella debacle era, hasta cierto punto, tan triste como poético. Vivíamos tiempos convulsos. La economía iba muy mal —lo de- cían los economistas neoliberales pero también los socialdemócratas— y la prima de riesgo se disparó. El déficit público rozaba el cien por cien del PIB y Bruselas llamaba a la puerta. «Hay que recortar gasto público» decía la más de las veces. «Hay que reducir la deuda pública para atraer la inversión extranjera» insistía en otras ocasiones. A lo que, en España, Don Mariano siempre respondía saliendo de poda con su garrocha en la mano.

Y, como un cirujano un lunes de buena mañana, bien duchado, afeitado y con la suficiente cafeína en sangre como para flotar a medio metro del suelo, no le temblaba el pulso a la hora de meter bisturí aquí y allá. Si esta rama del conocimiento le resultaba incómoda, podaba. Si eso de la educación no servía para nada, podaba. Si eso de la cul- tura era una pérdida de tiempo, podaba. Si nadie se había muerto por estar dos años en una lista de espera, podaba tres doctores más… Y así se pasaba los días: podando entra- do el alba y podando antes de dormir.

Al cabo de dos años había podado tanto que el suelo de todas las calles de las grandes ciudades de España había quedado entero oculto bajo mareas de diversos colo- res: marea blanca, marea verde, marea granate… Y claro, eso acabó en una verdadera revolución. Pero la revolución de las ramas caídas nunca fue suficiente pues el resto del árbol acabó presa del pánico, se atrincheró en los pocos «privilegios» que le quedaban por perder y no salió a la calle a defender sus derechos y los del resto de caídos. Y ahí perdimos todos: sin educación, sin sanidad, sin cultura… Sin Estado del Bienestar.

Don Mariano, nuestro queridísimo jardinero y presidente del gobierno, hizo del serrucho, las tijeras podadoras y la garrocha sus armas de guerra. Subía cada miércoles a lo alto del estrado del Congreso, anunciaba nueva ristra de recortes con una motosierra en una mano y un discurso eufemístico en la otra y ganaba una nueva batalla. Ganaba porque nos minaba la moral vendiéndonos que esa vía era nuestra única salida. Nos vencía cada vez un poquito más. Nos vejaba. Nos denigraba. No arrebataba lo nuestro semana tras semana. Despacio, como el psicópata que quiere ver sufrir lenta y angustio-

El jardinero fielProyecto de comunicación en prensa 2017 – Artículo de opinión Ibrahim Bachir LimamGrupo: LUNES

samente a sus víctima. Nos susurraba maquiavélicamente que éramos suyos y que, por ende, iba a hacer con nosotros lo que le viniera en gana.

Hoy Don Mariano sigue ahí, en lo alto del monte del destino, afilando su garrocha muy consciente de que, por los cambios acontecidos recientemente en el panorama polí- tico, él podría ser la próxima rama en caer. Sin embargo, tengan ustedes bien claro que no abandonará su cargo sin cumplir con su principal objetivo: dejar tras de sí un país de bárbaros: desprovistos de cultura, de enfermos: sin sanidad alguna, de ignorantes: pri- vados de educación y, sobre todo, sobradamente obsoleto: sin rastro de investigación ni desarrollo.

Tras su poda, a este país le quedarán claramente dos opciones: dejar su proceso de reculturización , regeneración democrática y del Estado del Bienestar en manos del ente político entrante, o seguir el consejo del director de cine John Whater, que decía que «tenemos que hacer que los libros vuelvan a gustar. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles».

Veremos qué elige este país, si no follar con quien desprecia la cultura o despre- ciarla y dejar que nos follen los que de verdad la desprecian.