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Asignatura: Psicopatologia in, Profesor: Mª Carmen Vives Montero, Carrera: Psicología, Universidad: UGR
Tipo: Ejercicios
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Está es una organización solidaria, pública, que abre sus puertas en España en 1984. La provincia de Granada dispone de 3 centros de proyecto hombre, uno en la ciudad de Granada, otro en Motril y el último en Guadix. Sin embargo esta fundación dispone de otros muchos en toda España. PROGRAMA DE PREVENCIÓN. I. ROMPECABEZAS II. El programa de prevención selectiva ROMPECABEZAS va dirigido a grupos susceptibles de encontrarse en riesgo; más concretamente, a un colectivo que generalmente ha fracasado en los circuitos escolares habituales, o bien no se ha integrado en la educación reglada y que el propio sistema deriva a otras alternativas educativas como son: o Formación ocupacional/pre-laboral (casas de oficio, escuelas taller) o Garantía social o Educación de adultos o Destinatarios Jóvenes entre 16 y 21 años prioritariamente, que participan en los programas de formación o pre-laborales, con las siguientes características: o Dificultades de adaptación en el ámbito educativo y/o con experiencias anteriores de fracaso escolar. o Con frecuencia provenientes de familias con un importante grado de desestructuración. o Dificultades de integración en el mercado laboral. o Consumidores de drogas legales sin llegar al criterio de abuso según el DSM-IV y que inicien la experimentación de drogas ilegales. o Que estén en situación de riesgo por tener amigos consumidores, el tipo de ocio, etc. o Con déficits en habilidades sociales. o Equipos docentes, educadores, monitores y todos los profesionales de la educación que trabajen en la Formación ocupacional y pre-laboral.
La familia es uno de los ámbitos que mejor puede y debe colaborar a la hora de frenar el consumo, pero a la vez es una tarea que sobrepasa a muchos padres: o Por el desconocimiento y desinformación sobre drogas. o Por la dificultad para relacionarse con sus hijos. Este programa consta de un manual para el formador y otro para la familia. Objetivo Formación de aquellas familias preocupadas por el consumo de alcohol y otras drogas de sus hijos aportando los instrumentos, herramientas, conocimientos y habilidades para manejar estas situaciones. Destinatarios Familiares de jóvenes con el siguiente perfil: o Menores de edad que consumen drogas legales sin llegar al criterio de abuso del DSM IV. o Que inicien la experimentación de sustancias ilegales. o Estén en situación de riesgo. o Integrados en grupos de amigos que presenten signos de consumo de drogas. o Que realicen actividades de ocio cercanas al consumo. o Muestren baja motivación y rendimiento escolar. Metodología: 7 unidades didácticas para realizar sesiones formador-familia. MÉTODO El programa de Proyecto Hombre tiene un enfoque biopsicosocial, que consiste en aprender a vivir de manera autónoma y sin ningún tipo de dependencia. Una persona que comienza un programa de Proyecto Hombre inicia un proceso terapéutico cuyo objetivo consiste en que la persona recupere su autonomía, su sentido de la responsabilidad, y su capacidad para tomar decisiones y volver a ser un miembro activo de la sociedad. La variedad de programas de Proyecto Hombre es la respuesta a las demandas que se reciben diariamente en nuestros centros, a la evolución de los nuevos tipos de dependencias y en consecuencia, al perfil de los usuarios atendidos. Todos los centros de la Asociación comparten la misma metodología aunque la estructura y duración de los programas varía según las demandas sociales, la problemática personal y la realidad sociocultural de la zona. Esta metodología integra elementos clave de la psicología humanista, sistémica, cognitivo conductual y logoterapia, entre otros. Su línea terapéutica promueve la dinámica de autoayuda como medio para facilitar un cambio de vida. En definitiva, propone un modelo de rehabilitación e integración social plena donde la clave del
proceso está en identificar el problema existencial y trabajarlo desde un marco terapéutico- educativo. PROGRAMA DE INTERVENCIÓN. La intervención se realiza en función de las sustancias. I. PROGRAMA DE REHABILITACIÓN PARA PERSONAS CON ADICCIÓN A OPIÁCEOS. Éste es el primer programa que Proyecto Hombre puso en marcha en 1984, como respuesta a los problemas derivados del consumo de heroína que se vivieron en España a partir de los años
El Centro Provincial de Drogodependencias junto con los Centros de Tratamiento Ambulatorio (Motril, Almuñecar, Iznalloz, Loja, Guadíx, Baza, Cois Norte, Equipo de Apoyo en Instituciones Penitenciarias y Centros de Día), forman el Servicio Provincial de Drogodependencias, como recurso especializado de segundo nivel, en la intervención de los problemas de drogodependencias. Funcionalmente es la estructura periférica de la Dirección General de Drogodependencias y Adicciones, asignándole el II Plan Andaluz sobre drogas y adicciones, las competencias en la planificación, coordinación, seguimiento del Plan Provincial de drogas y adicciones. PROGRAMAS DE PREVENCIÓN El Departamento de Prevención del Servicio Provincial de Granada, tiene la función de coordinar, asesorar, orientar y gestionar los programas, actividades y campañas de prevención que se desarrollan en el marco geográfico de la provincia, en los ámbitos Familiar, Educativo, Laboral, Medios de Comunicación y Comunitario. Para ello sigue las directrices del II Plan Andaluz sobre Drogas y Adicciones (PASDA II), Estrategia Nacional sobre Drogas y Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías (OEDT). Los objetivos que se pretenden conseguir con la aplicación de los diferentes programas preventivos son:
y mejorar la respuesta a la oferta de drogas y de otras actividades adictivas especialmente en contextos de alto riesgo.
cumplimiento de los fines sociales de la Asociación Betel. La ADPAB está inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones del Ministerio del Interior con el número 102838 y en el Registro Provincial de Asociaciones de la Delegación del Gobierno en Madrid con el número 11583. En el marco de la ADPAB se presta apoyo a los familiares de personas ingresadas en los centros de acogida de Betel, realizando con carácter regular la llamada “Cena de Padres y Amigos” con la exposición de conferencias de interés general así como el intercambio de testimonios para la ayuda mutua. De esta forma también se potencian espacios de encuentro familiar, muy deteriorados por la marginación social.
hábitos y actitudes alterados, por otros que mejoran la calidad de vida del paciente y favorezcan su integración en el entorno familiar, laboral y social. Rehabilitación La rehabilitación tiene como objetivo la recuperación de las habilidades perdidas o no desarrolladas por el paciente a causa del consumo. La herramienta fundamental del proceso es la terapia grupal e individual. La terapia se complementa con otras actividades encaminadas al control de impulsos, reducción de ansiedad, control de horarios y mejora de las habilidades personales y sociales del paciente. Reinserción Durante el tratamiento y muy especialmente en las últimas semanas que el paciente pasa en el centro, se prepara minuciosamente la vuelta a su entorno familiar y social. La reinserción del paciente en su entorno y el desarrollo normalizado de su vida es el objetivo final de todo el proceso. Para ello el seguimiento médico y terapéutico del paciente continuará tras la salida del centro hasta alcanzar este objetivo plenamente.
Tratamiento de adicciones
ADOLESCENCIA: CONSUMO DE ALCOHOL Y OTRAS DROGAS José P. Espada, Xavier Méndez, Kenneth W. Griffin** y Gilbert J. Botvin** * Universidad de Murcia. ** Universidad de Cornell, Nueva York
Los factores relacionados con el inicio del consumo de drogas en la adolescencia han sido estudiados por numerosos investigadores y desde diversas disciplinas durante los últimos años. Estas variables o factores de riesgo pueden agruparse en función de distintos criterios; siguiendo a Botvin y Botvin (1992), distinguiremos entre factores individuales y factores sociales. Los factores individuales están centrados "en el individuo", se refieren tanto a las características del sujeto como a los procesos internos, y determinan una mayor o menor susceptibilidad o vulnerabilidad a las influencias sociales que favorecen el consumo de este tipo de sustancias. Los factores sociales son complejos, interactivos y difíciles de separar. Dentro de este grupo diferenciaremos el nivel microsocial y macrosocial. El nivel microsocial se refiere a aquellos contextos más inmediatos en los que el sujeto participa directamente; por ejemplo la familia, el grupo de iguales, la escuela. Englobaría las relaciones con los demás, los modelos de comportamiento a que debe ajustarse el individuo, etc.. El nivel macrosocial agruparía los factores de riesgo externos al individuo, de carácter socioestructural, socioeconómico, sociocultural, que condicionan la calidad de vida e influyen en la conducta adictiva convirtiéndola en un proceso no estático. La influencia de dichos factores opera a un nivel más amplio. A continuación vamos a referirnos a algunos de estos factores. Factores individuales Con respecto a la dimensión personal, se ha encontrado que la edad es una variable fuertemente relacionada con el consumo de drogas; y la precocidad en el uso de sustancias uno de los principales predictores del abuso en la adolescencia. Las frecuencias de consumo más altas coinciden, generalmente, con una mayor antigüedad en el inicio del consumo. Según Bailey y Hubbard (1991), la probabilidad de iniciarse en el consumo de drogas se incrementa entre 6º y 8º. Existe un considerable aumento del consumo en el período de transición de la enseñanza primaria a la enseñanza secundaria, pudiendo ser ésta una etapa vulnerable para la iniciación (García-Señorán, 1994). La edad crítica en el inicio del consumo de drogas podemos situarla entre los 11-12 y los 15-16 años, aproximadamente, y varía en función de la sustancia. La relación entre los patrones de consumo y la edad se describe en términos de una función curvilínea -aumenta con la edad, alcanzando su punto máximo entre los 18-24 años y posteriormente desciende-. En cuanto al sexo , en algunas investigaciones se aprecian diferencias en el uso de sustancias (García-Señorán, 1994; Kumpfer y Turner, 1991; Novacek, Raskin y Hogan, 1991), generalmente los varones son más precoces y presentan un mayor consumo habitual. Sin embargo debemos destacar que estas desigualdades han ido descendiendo a lo largo del tiempo y para algunas sustancias el sexo ya no es una variable discriminante en el consumo pues las diferencias no alcanzan el nivel de significatividad (García-Señorán, 1994).
relacionado con la necesidad real de una mayor estimulación (derivada de factores bio- fisiológicos) que caracteriza a estos sujetos. Mezzich, Tarter, Giancola, Lu, Kirisci y Parks (1997) señalan otros aspectos como la desregulación comportamental, la afectividad negativa y la victimización infantil relacionados al uso de sustancias. Desde el enfoque individual o psicológico, el análisis del consumo de sustancias en la adolescencia se centra en las motivaciones que dan lugar al acercamiento a las drogas (curiosidad, intentos de evasión, desinhibición, búsqueda de afectos positivos, presión del grupo, desafío, ansiedad, etc.) y en los sentimientos de los adolescentes: la angustia y el malestar; la experiencia de duelo o pérdida afectiva que lleva a buscar estímulos externos placenteros; la búsqueda de identidad y de diferenciación radical de los otros (Mesa y León- Fuentes, 1996). Algunos trabajos, también han estudiado los factores cognitivos y orécticos (Botvin y Botvin, 1992; García-Señorán, 1994). En este grupo se incluyen conocimientos, creencias, actitudes y expectativas relacionadas con el comportamiento en cuestión. Conocimientos. Las investigaciones parecen coincidir en que las personas más conscientes de los efectos dañinos de las drogas son menos tolerantes con el uso de sustancias y es menos probable que desarrollen la adicción. Sin embargo, no debemos olvidar que los conocimientos sobre los daños ocasionados por las drogas jugarán un papel poco significativo en el adolescente, si posee un bajo autoconcepto y siente la necesidad de usar drogas para realzar su posición en el grupo. En la adolescencia, a pesar de las advertencias de padres, profesores y profesionales de la salud, tiende a ignorarse las consecuencias adversas relacionadas con el uso de sustancias y a sobreestimar las capacidades para hacer frente a la destrucción personal que conlleva el uso de drogas. Con frecuencia, los jóvenes creen que pueden controlar dicho comportamiento y abandonarlo en el momento que lo deseen. Creencias. Las creencias se van conformando a lo largo de todo el ciclo vital y se verán influidas por las características de la fuente de información, la naturaleza de la comunicación y las características del receptor. La conducta de los individuos está regulada, al menos en gran parte, por su sistema de creencias y valores. Actitudes. Aunque diversas investigaciones experimentales sobre la relación entre la actitud y la conducta no muestran una correspondencia biunívoca entre las actitudes expresadas y el comportamiento posterior, sí cabe afirmar que existe un estrecho vínculo entre las actitudes hacia las drogas y su consumo ya que es posible encontrar correlaciones entre unas y otras (Lignell y Davidhizar, 1991; Botvin y Botvin, 1992; García-Señorán, 1994). Para Fishbein y Ajzen (1975), las actitudes -que representarían la evaluación global de la acción por parte del individuo- y las normas subjetivas -que representarían la percepción de las expectativas de otras personas, importantes para el individuo, en relación con esa conducta en
concreto- son los principales predictores de las intenciones comportamentales, que a su vez son las responsables de que se produzca o no una conducta. Los autores señalan que si se desea cambiar una conducta es necesario influir en las intenciones, lo que exige a su vez, intervenir y cambiar las actitudes hacia la conducta y, la norma subjetiva. Expectativas. Existe una relación funcional entre las expectativas y el uso de drogas; aquellos individuos que abusan de las drogas tienen unas expectativas diferentes a los que no las utilizan respecto a los efectos de dichas sustancias (Novacek, Raskin y Hogan, 1991). En la medida en que las expectativas son más positivas y el individuo espera conseguir resultados más satisfactorios puede observarse un mayor consumo. Y por último, dentro de este apartado nos referiremos a los factores comportamentales , que representan el grado de implicación en diversos problemas conductuales así como en conductas desaprobadas socialmente. Para algunos autores, el uso de sustancias forma parte de un conjunto de problemas comportamentales y obedece a leyes similares (Eggert, Seyl y Nicholas, 1990; Botvin y Botvin, 1992). Luengo et al. (1990) señalan que la involucración del individuo en otro tipo de conductas desviadas distintas a las relacionadas con el consumo es otro factor de riesgo al que no se le ha prestado demasiada atención. "Las conductas problemáticas" a edades tempranas son un buen predictor del consumo de drogas en la adolescencia y juventud, es más frecuente que los consumidores de drogas estén implicados en actividades delictivas que los no consumidores. Por otra parte, el uso de una droga es un buen predictor del uso de cualquiera de las otras. Factores sociales Nivel Microsocial Influencias parentales****. La familia ejerce una gran influencia sobre el consumo de drogas en sus miembros, puede actuar elicitando, neutralizando o inhibiendo tales conductas (Denton y Kampfe, 1994). Según Bailey y Hubbard (1991) existen diferencias desde el punto de vista evolutivo que influyen en la iniciación del consumo de drogas. Los padres tienen mayor influencia en la niñez y en los adolescentes más jóvenes, ésta disminuirá progresivamente conforme aumenta la edad. En la última década han sido muchas las líneas de investigación dirigidas al estudio del consumo de drogas intentando determinar la posible contribución de la familia tanto en el inicio como en el mantenimiento del mismo. ESTRUCTURA Y COMPOSICIÓN FAMILIAR Muchos estudios han señalado que tanto la ausencia de uno de los padres del seno familiar como el hecho de que uno de los padres vuelva a casarse (Needle, Su y Doherty, 1990; Comas, 1990; Polaino, 1991; Ruiz, Lozano y Polaino, 1994), podrían conceptualizarse como factores de riesgo que permitirían predecir el consumo futuro de tóxicos por parte de los hijos. DISCIPLINA FAMILIAR La variable control o seguimiento paterno ha sido asociada a la etiología del abuso de drogas en la adolescencia. Kandel y Andrews (1987) encontraron que factores como la ausencia de implicación maternal, la ausencia o inconsistencia de la disciplina parental y bajas aspiraciones de los padres sobre la educación de sus hijos, predecían su iniciación en el uso de drogas. RELACIONES AFECTIVAS Y COMUNICACIÓN (a) Afecto/Vínculo afectivo paterno filial. La mayoría de los estudios coinciden en que las interacciones padres-hijo caracterizadas por la ausencia de conexión (Brook et al., 1990; Pons,
similaridad del comportamiento entre los miembros de un grupo o pandilla. La mayoría de los adolescentes que consumen drogas son introducidos en el consumo por sus amigos, bien porque sus compañeros los presionan o porque necesitan sentirse aceptados por su grupo. Por ello tratarán de desarrollar las actividades valoradas por sus compañeros, sean éstas admitidas socialmente o no. Una serie de investigaciones detectaron la influencia de los amigos como el más claro predictor del consumo de drogas en el adolescente (Brook et al., 1989; Bailey y Hubbard, 1991; Epstein, Botvin, Diaz y Schinke, 1995; García-Pindado, 1993; García-Señorán, 1994). Existe una relación altamente significativa entre la interacción del adolescente con amigos consumidores y su propio consumo. Se ha demostrado que un adolescente que consume drogas es más probable que tenga amigos consumidores que un no consumidor. También existe una fuerte interrelación entre la percepción del consumo de los amigos y el consumo propio. Cuando se producen cambios en dichas percepciones también se producen variaciones en el consumo (Epstein et al., 1995). El proceso mediante el que los adolescentes son influidos por sus iguales incluye diferentes mecanismos: el modelado o aprendizaje social parece ser el más importante; destaca también el refuerzo selectivo de ciertas conductas del individuo por parte de sus compañeros. Es probable que los adolescentes manifiesten un comportamiento acorde a las normas establecidas y expresadas por el grupo, el grupo establece sus propias normas y el sujeto que pertenece a él debe adaptarse a ellas. El aceptar y poner en práctica sugerencias de amigos podría actuar de forma indirecta en el comportamiento del adolescente afectando la formación de sus propias actitudes y preferencias. Por otra parte, la reciprocidad es el corazón de la amistad e implica unas normas, los participantes del grupo deben colaborar entre sí. Las drogas pueden transformarse en un símbolo del grupo. Las relaciones amistosas implicarán unos determinados comportamientos que serán vistos como elecciones personales en vez de como una influencia social, por tanto, la influencia de los compañeros se hace más sutil y difícil de definir. Factores Escolares. Las variables escolares que se relacionan de forma más significativa con el consumo de drogas son: las características de la escuela, la insatisfacción escolar, un nivel más bajo de compromiso con las actividades académicas, un mayor nivel de absentismo escolar y una peor ejecución académica. Todos estos factores también inciden en el fracaso escolar. En algunas ocasiones, cuando el adolescente no puede alcanzar el mismo nivel de logro que sus compañeros, por unas causas u otras, aumenta la probabilidad de que presente conductas problemáticas en el aula. Esta desadaptación podría inducirle a unirse con compañeros no convencionales. Se ha detectado que en algunas escuelas las tasas de comportamientos desviados son más bajas; estas escuelas procuran que las clases sean relevantes e interesantes para los alumnos; a los estudiantes se le reconocen sus avances; las relaciones entre los alumnos y profesores son satisfactorias. Todo ello mejora el rendimiento académico, acrecienta la autoestima y mejora el control de los alumnos sobre sí mismos. El clima escolar influye notablemente sobre el logro académico y el comportamiento del escolar. La escuela puede ser vivida como la primera experiencia de fracaso social generando un proceso de ruptura con el mundo de los adultos y compañeros, llevando al joven a buscar su autoestima y satisfacción en otros ambientes, muchas veces en la calle (Hualde, 1990). Nivel Macrosocial
Influencia de los medios de comunicación****. Los medios de comunicación juegan un importante papel en el aprendizaje de cuestiones relacionadas con el tema de las drogas en los adolescentes, y son percibidos por los jóvenes como una fuente fidedigna de información. Una revisión de nuestros "mass media" podría sugerir que potencian el consumo de drogas; si se observan los mensajes enviados podrá advertirse que rara vez predomina una información objetiva. Es curioso que dos productos, tabaco y alcohol, altamente nocivos para nuestro bienestar se nos intenten presentar siempre con imágenes y mensajes sugestivos de salud, seguridad, encanto, atractivo, éxito social y sexual. Muchos eslogans publicitarios sugieren representaciones ideales, nostalgias e ídolos de los jóvenes y con ello estimulan los deseos en la dirección deseada. Es natural que los supuestos y esfuerzos realizados por la Organización Mundial de la Salud, así como por otros organismos y entidades, para promover una estrategia de salud para todos, queden diluidos en todo este alud de potencia financiera, económica y de manipulación. Los adolescentes son el primer objetivo del mercado para la industria del tabaco, pues muchos fumadores están muriendo a causa de su hábito y un creciente número de ellos se están esforzando por dejarlo; por tanto, es necesario mantener el número de fumadores a fin de conservar los beneficios de la industria; de ahí que se utilicen atractivas y persuasivas imágenes que sirven para minar la credibilidad de las campañas de educación contra el tabaco. Por otra parte los continuos anuncios publicitarios de medicamentos pueden formar la creencia errónea, tanto en niños como adolescentes, de que es imposible funcionar en nuestra sociedad sin la ayuda de algún fármaco y que todos los problemas se resuelven consumiendo algún medicamento. Por lo que respecta a la influencia de los medios de comunicación sobre el consumo de drogas ilegales, es muy difícil de establecer, pues existe una falta de control sobre la exposición a dichos mensajes, por lo que sería necesario una situación experimental donde se controlase la cantidad e intensidad de dichos mensajes y la forma en que repercute sobre el individuo. Contexto social. Las toxicomanías como un problema de salud más, tienen que ver fundamentalmente con los estilos de vida que una población posee. Dichos estilos de vida están condicionados por contextos económico-sociales y presentan unas características que condicionan modelos de consumo y de respuesta social. La influencia de los modelos sociales parece crucial en la iniciación al consumo de drogas. Ciertos hábitos y estilos de vida se muestran como conductas de prestigio social y expresiones de placer a imitar por los adolescentes. Otro aspecto digno de mencionarse es la "sociedad consumista" que nos rodea, nuestro ambiente forma parte y está fuertemente enraizado en una sociedad de consumo. Los adolescentes no son ajenos al bombardeo consumista; a pesar de su dependencia económica hoy en día la adolescencia posee un poder adquisitivo mediatizado que nunca tuvo, de hecho, un sector cada vez más importante del mercado se dirige a ellos casi en exclusiva, pues constituyen una especie de grupo o clase social. En este contexto debe situarse también el consumo de drogas; como señala Hualde (1990, p. 79):