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Prehistoria Universal II, Apuntes de Prehistoria

Apuntes de Prehistoria Universal II

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 12/12/2017

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blanca-gomez-1 🇪🇸

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TEMARIO DE PREHISTORIA UNIVERSAL II.
Tema 1. Las primeras sociedades productoras: El
Neolítico
Modelos interpretativos sobre el origen de la domesticación.
Diferentes focos de domesticación de plantas y animales, con especial
atención a Próximo Oriente.
Cambios medioambientales, económicos y sociales de la introducción de
la agricultura y la ganadería.
Hasta el inicio del Holoceno toda sociedad existente se dedicaba a la caza y recolección, es
decir, eran cazadores recolectores. A continuación procederemos a responder una serie de
preguntas acerca de por qué estas ciertas sociedades comenzaron a producir sus propios
alimentos. Además conoceremos qué sociedad emprendieron este avance, ya que a pesar
de tener unas sociedad climáticas semejantes otras sociedad como las de Europa
suroccidentales o los indígenas de Asia, América... en denitiva, hay que conocer que las
sociedades del Creciente Fértil (Próximo Oriente) fueron las primeras productoras hacia el
año 8500 a.C.
Ideas y conceptos erróneos sobre los orígenes de la
producción alimentaria:
En primer lugar, hay que saber que el paso a la producción alimentaria no fue un
descubrimiento, ya que los primeros pueblos que adaptaron esta forma de subsistencia no
estaban realizando una elección consciente ni siquiera tenían como objetivo el nacimiento
de la agricultura pues no conocían esta actividad y no tenían medio de saber a qué se
parecía. Por lo tanto, no realizaron una elección consciente entre la recolección y caza o la
producción alimentaria. En denitiva, la producción de alimentos evolucionó derivada de
una serie de decisiones tomadas sin tener en cuenta sus consecuencias. La cuestión que
hemos de plantear es por qué evolucionó la producción alimentaria, por qué evolucionó en
algunas zonas pero no en otras, por qué en épocas diferentes en distintos lugares y por
qué no en fechas anteriores o posteriores.
Otra idea equivocada es que existe por necesidad una distinción precisa entre cazadores-
recolectores nómadas y productores sedentarios de alimentos. Aunque con frecuencia
hacemos tal comparación, los cazadores-recolectores de algunas áreas fértiles, como la
costa del Pacíco septentrional en América del Norte y probablemente el sureste de
Australia, se hicieron sedentarios, pero nunca llegaron a ser productores de alimentos.
Otros cazadores-recolectores, en Palestina, o en costas de Perú y Japón, se hicieron
sedentarios en un principio y adoptaron la producción alimentaria mucho después. Es
probable que los grupos sedentarios representaran una proporción mucho mayor entre los
cazadores-recolectores de hace 15.000 años, cuando todas las partes habitadas del mundo
(con inclusión de las áreas más productivas) estaban todavía ocupadas por cazadores-
recolectores, que entre los actuales, dado que hoy los pocos cazadores-recolectores que
quedan sobreviven sólo en áreas improductivas en donde el nomadismo es la única opción.
A la inversa, existen grupos de productores de alimentos que se desplazan ( algunos
nómadas modernos de las llanuras de los lagos de Nueva Guinea realizan talas en la
jungla, plantan bananas y papayas, se ausentan durante unos meses para vivir como
cazadores-recolectores, regresan para vigilar sus cultivos, limpian de maleza las huertas si
comprueban que las plantas crecen, se van otra vez a cazar, vuelven unos meses más
tarde para una nueva comprobación y se quedan durante algún tiempo a cosechar y comer
si su huerta les ha dado algún producto, por ejemplo). Así, el paso de la recolección de
caza a la producción alimentaria no siempre coincide con un paso del nomadismo a la vida
sedentaria.
Otra supuesta dicotomía que la realidad desmiente es una distinción entre los productores
de alimentos como gestores activos de sus tierras y los cazadores-recolectores como
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TEMARIO DE PREHISTORIA UNIVERSAL II.

Tema 1. Las primeras sociedades productoras: El

Neolítico

Modelos interpretativos sobre el origen de la domesticación.

Diferentes focos de domesticación de plantas y animales, con especial

atención a Próximo Oriente.

Cambios medioambientales, económicos y sociales de la introducción de

la agricultura y la ganadería.

Hasta el inicio del Holoceno toda sociedad existente se dedicaba a la caza y recolección, es decir, eran cazadores recolectores. A continuación procederemos a responder una serie de preguntas acerca de por qué estas ciertas sociedades comenzaron a producir sus propios alimentos. Además conoceremos qué sociedad emprendieron este avance, ya que a pesar de tener unas sociedad climáticas semejantes otras sociedad como las de Europa suroccidentales o los indígenas de Asia, América... en definitiva, hay que conocer que las sociedades del Creciente Fértil (Próximo Oriente) fueron las primeras productoras hacia el año 8500 a.C.

Ideas y conceptos erróneos sobre los orígenes de la

producción alimentaria:

En primer lugar, hay que saber que el paso a la producción alimentaria no fue un descubrimiento, ya que los primeros pueblos que adaptaron esta forma de subsistencia no estaban realizando una elección consciente ni siquiera tenían como objetivo el nacimiento de la agricultura pues no conocían esta actividad y no tenían medio de saber a qué se parecía. Por lo tanto, no realizaron una elección consciente entre la recolección y caza o la producción alimentaria. En definitiva, la producción de alimentos evolucionó derivada de una serie de decisiones tomadas sin tener en cuenta sus consecuencias. La cuestión que hemos de plantear es por qué evolucionó la producción alimentaria, por qué evolucionó en algunas zonas pero no en otras, por qué en épocas diferentes en distintos lugares y por qué no en fechas anteriores o posteriores. Otra idea equivocada es que existe por necesidad una distinción precisa entre cazadores- recolectores nómadas y productores sedentarios de alimentos. Aunque con frecuencia hacemos tal comparación, los cazadores-recolectores de algunas áreas fértiles, como la costa del Pacífico septentrional en América del Norte y probablemente el sureste de Australia, se hicieron sedentarios, pero nunca llegaron a ser productores de alimentos. Otros cazadores-recolectores, en Palestina, o en costas de Perú y Japón, se hicieron sedentarios en un principio y adoptaron la producción alimentaria mucho después. Es probable que los grupos sedentarios representaran una proporción mucho mayor entre los cazadores-recolectores de hace 15.000 años, cuando todas las partes habitadas del mundo (con inclusión de las áreas más productivas) estaban todavía ocupadas por cazadores- recolectores, que entre los actuales, dado que hoy los pocos cazadores-recolectores que quedan sobreviven sólo en áreas improductivas en donde el nomadismo es la única opción. A la inversa, existen grupos de productores de alimentos que se desplazan ( algunos nómadas modernos de las llanuras de los lagos de Nueva Guinea realizan talas en la jungla, plantan bananas y papayas, se ausentan durante unos meses para vivir como cazadores-recolectores, regresan para vigilar sus cultivos, limpian de maleza las huertas si comprueban que las plantas crecen, se van otra vez a cazar, vuelven unos meses más tarde para una nueva comprobación y se quedan durante algún tiempo a cosechar y comer si su huerta les ha dado algún producto, por ejemplo). Así, el paso de la recolección de caza a la producción alimentaria no siempre coincide con un paso del nomadismo a la vida sedentaria. Otra supuesta dicotomía que la realidad desmiente es una distinción entre los productores de alimentos como gestores activos de sus tierras y los cazadores-recolectores como

simples acopiadores del producto natural de la tierra. En realidad, algunos cazadores- recolectores gestionan intensivamente sus tierras. Por ejemplo, los aborígenes australianos, que nunca llegaron a cultivar ñames ni plantas de semilla, anticiparon sin embargo varios elementos de la agricultura. Gestionaban el campo quemándolo, con el fin de estimular el crecimiento de plantas de semilla comestibles que brotaban después de los incendios. Al recolectar los ñames silvestres, cortaban la mayor parte del tubérculo comestible, pero devolvían al terreno los pedúnculos y partes superiores de esos tubérculos para que se reprodujeran. Su labor de cavar para extraer el tubérculo removía y aireaba el suelo y favorecía el nuevo crecimiento. Todo lo que tendrían que haber hecho para poder definirlos como agricultores era llevarse a casa los tubérculos enteros, con pedúnculo, y volver a plantar algunos en sus terrenos. En conclusión, la producción alimentaria evolucionó por etapas a partir de esos precursores que ya la practicaban: los cazadores-recolectores. No todas las técnicas necesarias fueron desarrolladas en un corto intervalo de tiempo, y no todas las plantas silvestres y los animales salvajes que con el tiempo fueron adaptados en determinada zona lo fueron simultáneamente. Incluso en los casos de más rápido desarrollo en solitario de la producción de alimentos a partir de un estilo de vida de cazadores-recolectores, llevó miles de años pasar de una total dependencia de alimentos silvestres a una dieta con muy pocos de tales alimentos. En las primeras etapas de la producción alimentaria, la gente cosechaba alimentos silvestres al mismo tiempo que se dedicaba al cultivo de otros, y varios tipos de actividades recolectoras perdieron importancia en épocas diversas conforme aumentaba la confianza en los cultivos. La razón básica de que esta transición fuese tan parsimoniosa es que los sistemas de producción de alimentos evolucionaron como resultado de muchas decisiones singulares de dedicarle tiempo y trabajo. Los humanos y los animales forrajeros, aunque sólo sea por instinto, están constantemente eligiendo qué les es prioritario y tomando decisiones de localización. Dedican sus primeros esfuerzos a los alimentos que prefieren, o a los que más sacian su hambre. Si no los consiguen, pasan a alimentos cada vez menos apetitosos. Como ya hemos observado, los primeros campesinos de cada continente no podían haber elegido la agricultura de manera consciente, porque no tenían cerca de ellos otros agricultores de quienes aprender. En cambio, una vez iniciada la producción alimentaria en determinada parte de un continente, los cazadores-recolectores de las vecindades podían observar los resultados y tomar decisiones conscientes. Dependiendo de los casos, los cazadores-recolectores adoptaban el sistema de producción alimentaria del vecino casi sin modificaciones, otros seleccionaban únicamente ciertos elementos del mismo y había otros que rechazaban por completo la producción de alimentos y preferían seguir siendo cazadores-recolectores. Algunos ejemplos arqueológicos: Los cazadores-recolectores de algunas regiones del sureste de Europa adoptaron rápidamente los cultivos de cereales y legumbres y la ganadería del suroeste de Asia de una sola vez hacia 6.500 a.C. El neolítico se expandió asimismo con rapidez a través de Europa central. La adopción de la producción alimentaria pudo haber sido rápida y completa en Europa suroriental y central debido a que el estilo de los cazadores-recolectores era en estas regiones menos productivo y menos competitivo. Por el contrario, la producción de alimentos fue adoptada poco a poco en Europa suroccidental (sur de Francia, España e Italia). La adopción de una producción intensiva de alimentos a partir de Asia continental fue también muy lenta y sin sistema fijo en Japón, probablemente porque en ese país era muy productivo el estilo de vida de los cazadores-recolectores basado en pescado y productos vegetales locales. A lo largo de este proceso, la casuística puede ser muy variada: así del mismo modo que una forma de vida de cazadores-recolectores puede ser intercambiada de diferentes maneras por otra de producción de alimentos, un sistema de producción de alimentos puede asimismo ser intercambiado poco a poco por otros (ejemplos arqueológicos: Los

sin que germinasen y fosos de almacenaje subterráneo. Ésta evolución acumulativa constituyó la primera etapa no intencionada de adaptación de plantas.

  1. Un cuarto factor fue el doble vínculo entre el incremento de la demografía y el aumento de la producción alimentaria. En todas las partes del mundo en donde existe una evidencia adecuada, se hallan pruebas de densidades de población en aumento asociadas con el inicio de la producción alimentaria. En principio, se supone que la producción alimentaria tiende a hacer que aumente la densidad de población porque da más nutrientes calóricos por hectárea que la caza-recolección. Por otra parte, las densidades de población humana fueron de todos modos creciendo a lo largo del Pleistoceno, gracias a mejoras de tecnología humana en la recogida y tratamiento de alimentos silvestres. Con el aumento de esas densidades, la producción de alimentos se vio favorecida en gran manera porque aportaba los rendimientos alimentarios más elevados necesarios para nutrir a todas esas gentes. En conjunto, estos cuatro primeros factores nos ayudan a entender por qué la transición a la producción en el Creciente Fértil dio comienzo hacia 8.500 a.C. y no antes de 18.500 o de 28.500 a.C. En las dos últimas épocas, la caza-recolección era todavía mucho más remuneradora que una producción alimentaria incipiente porque: A- Todavía eran abundantes los mamíferos salvajes; B- Los cereales silvestres aún no lo eran; C- Los humanos no habían desarrollado todavía los inventos necesarios para realizar de forma eficiente las cosechas, el procesamiento y el almacenaje de grano D- Las densidades demográficas no eran aún bastante altas como para que se dedicara un esfuerzo grande a la extracción de más calorías por hectárea. Factores que inclinaron la ventaja competitiva a favor de la producción alimentaria
  2. El último factor fue decisivo en los límites geográficos entre cazadores-recolectores y productores de alimentos. Las poblaciones mucho más densas de productores de alimentos les permitían a éstos absorber, expulsar o dar muerte a los cazadores-recolectores cuyo número era mucho menor, y ello sin hablar de las restantes ventajas asociadas con la producción de alimentos (entre las que cabe citar la tecnología, las semillas y los soldados profesionales). En las regiones en donde en un principio había solamente cazadores- recolectores, los grupos de éstos que adoptaron la producción alimentaria superaron a los que no lo hicieron. En consecuencia, en la mayoría de zonas del mundo idóneas para la producción alimentaria, los cazadores-recolectores se encontraban ante una de dos condiciones adversas: o eran desplazados por vecinos productores de alimentos, o conseguían sobrevivir únicamente adoptando tal producción ellos mismos. En lugares en donde ya eran numerosos o en donde la geografía retrasaba la inmigración de productores de alimentos, los cazadores-recolectores de la región tuvieron tiempo de adoptar la agricultura en épocas prehistóricas, subsistiendo así como campesinos. Aculturación, puede que sea esto lo que haya acontecido en el suroeste de Estados Unidos, Mediterráneo occidental, en la costa atlántica de Europa y en zonas de Japón. Sin embargo, en Indonesia, Asia suroriental tropical, casi toda el África subecuatorial y probablemente en partes de Europa los cazadores-recolectores fueron reemplazados por campesinos en épocas prehistóricas, y una sustitución parecida ha tenido lugar en tiempos modernos en Australia y gran parte del oeste de Estados Unidos. (Sustitución de Poblaciones) Sólo allí donde barreras geográficas o ecológicas de especial relevancia hicieron muy difícil la inmigración de productores de alimentos, o la aplicación de técnicas de producción alimentaria adecuadas a la región, pudieron los cazadores-recolectores subsistir hasta los tiempos modernos en áreas idóneas para la producción de alimentos. Ésas pocas gentes que seguían viviendo como cazadores-recolectores hasta el siglo XX escaparon a su expulsión por productores de alimentos porque estaban confinados a regiones no aptas para la producción alimentaria, en especial desiertos y áreas árticas. Pero ya en el siglo actual, incluso éstos habrán sido seducidos o atraídos por la civilización, o colonizados por la actividad de burócratas o misioneros, si no han sucumbido ya víctimas de gérmenes.

La domesticación de plantas.

La domesticación (o aclimatación) de una planta puede definirse como su cultivo, y con ello, intencionadamente o no, producir un cambio genético de su antepasado silvestre de forma que la hagan más idónea para los consumidores humanos. El desarrollo de cultivos es hoy una tarea consciente, de alta especialización, que llevan a cabo científicos profesionales. Estos tienen ya noticia de cientos de cultivos existentes y no obstante se ponen a trabajar en uno más. Para lograr este objetivo, plantan muchas semillas o raíces distintas, seleccionan la mejor progenie y plantan sus semillas, aplican conocimientos de genética al desarrollo de buenas variedades que se reproduzcan con fidelidad, e incluso puede ser que apliquen las últimas técnicas de ingeniería genética para transferir genes de utilidad específica. Pero la adaptación de plantas se remonta a más de 10.000 años. Los primeros agricultores no aplicaban técnicas de genética molecular ni siquiera disponían de cultivos ya existentes que les sirvieran de modelo para el desarrollo de nuevas variedades. Los tiempos necesarios para la adaptación varían en gran manera incluso para los cultivos más valiosos: por ejemplo, los guisantes se adaptaron a su cultivo hacia 8.000 a.C., el olivo alrededor de 4.000 a.C., las fresas no antes de la Edad Media y las pacanas no hasta 1846. Muchas plantas silvestres valiosas que dan alimentos muy apreciados por millones de personas, como las encinas que son buscadas en muchas partes del mundo por sus bellotas comestibles, siguen sin que ni siquiera en nuestros días hayan podido ser adaptadas al cultivo. Podemos considerar la adaptación al cultivo desde el punto de vista de las plantas: Los humanos no somos sino una más de los miles de especies animales que inconscientemente “domestican” plantas. Al igual que todas las especies, las plantas han de expandir sus vástagos a áreas en las que puedan desarrollarse adecuadamente. Los animales jóvenes se dispersan andando o volando, pero las plantas no poseen esa opción, por lo que las semillas han de recurrir a una especie de «autostop»: - Transporte por el viento - Por flotación en el agua, - Transporte animal, enredándose en el pelo - Transporte animal, envolviendo las semillas en frutos sabrosos y dando a conocer la madurez de éstos por su aspecto u olor. El animal hambriento arranca y come el fruto, se aleja andando o volando y luego escupe o defeca las semillas en algún lugar lejos de la planta progenitora. De esta forma es posible trasladar semillas a miles de kilómetros. Las semillas de las plantas son capaces de aguantar la digestión en estómago e intestinos y germinar una vez expulsadas con las heces. Así, nuestras escupideras y nuestros vertederos se unieron a las letrinas para formar los primeros “laboratorios” de investigación agrícola. Cualquiera que fuese el «laboratorio» de tal clase en donde acabaran las semillas, éstas solían proceder de sólo ciertas especies de plantas comestibles, aquellas que preferíamos comer por un motivo u otro. Con el tiempo, al empezar los primeros agricultores a sembrar semillas de manera consciente, sin lugar a dudas lo hacían con las de plantas que antes habían elegido recoger, aun cuando no entendieran el principio genético de que las bayas grandes contienen semillas que luego crecerán hasta convertirse en arbustos que den más bayas grandes. Es decir, inconscientemente (respecto a la domesticación de plantas), elegimos las plantas y arbustos que parecen más ricos en fruto, si creemos que vale la pena. Estos criterios inconscientes son: 1 Tamaño. Se prefieren y seleccionan las semillas, bayas y frutos grandes. Esto aporta parte de la explicación de por qué la mayor parte de plantas cultivadas dan frutos mucho más grandes que sus antepasados silvestres. Desde sus inicios lo que llamamos agricultura empezó automáticamente a contribuir a incrementos del tamaño medio de semillas y frutos generación tras generación. 2 Sabor. Otra diferencia obvia entre las semillas que ahora se siembran y muchos de sus antepasados silvestres es el amargor. Algunas semillas silvestres evolucionaron a ser amargas, de mal sabor o incluso venenosas, a fin de impedir que los animales las comieran. Así, la selección natural actúa de forma opuesta en semillas y frutos. De lo contrario, el animal masticaría la semilla, con lo que la inutilizaría.

fallidos, que podían obtener rendimientos más elevados labrando y regando el terreno para luego sembrar semillas. Con ello, las semillas que brotaban de inmediato crecían hasta convertirse en plantas cuyas semillas se recogían y sembraban al año siguiente, pero muchas de las semillas silvestres no brotaban al momento y no daban cosecha alguna. Entre las plantas silvestres, algunos ejemplares mutantes esporádicos carecían de inhibidores de la germinación. Tales mutantes brotaban todos sin demora y daban semillas mutantes de cosecha. El ciclo siembra / crecimiento / cosecha / siembra, habría realizado de forma inmediata e inconscientemente la selección de mutantes. Al igual que los cambios en los sistemas de dispersión de semillas, estos cambios en la inhibición de la germinación son característicos del trigo, la cebada, los guisantes y otros muchos cultivos en comparación con sus antepasados silvestres. Cambios en la reproducción de las plantas. El último tipo de cambio importante imperceptible por los primeros agricultores implicaba la reproducción de la planta. Como hemos visto, un problema general en el desarrollo de un cultivo es que los tipos esporádicos de plantas mutantes son los más útiles para los humanos (por ejemplo, debido al mayor tamaño o menor amargor de las semillas) que los tipos normales. Si esos mutantes deseables procedieran a entremezclarse con plantas normales, la mutación se desvanecería o perdería al momento. ¿Bajo qué circunstancias se conservaron las mutaciones para los primeros cultivos? En plantas que se reproducen a sí mismas, el mutante se conservaría de manera automática. Esto es cierto para plantas que se reproducen de modo vegetativo (a partir de un tubérculo o raíz de la planta madre), o especies hermafroditas capaces de autofertilizarse. Pero la inmensa mayoría de plantas silvestres no se reproducen de esa forma. Son, bien hermafroditas incapaces de autofertilizarse que se ven obligadas a aparearse con otras hermafroditas (la parte masculina de una fertiliza la parte femenina de otra, y viceversa), bien se trata de plantas de características sexuales claramente definidas, masculinas o femeninas. Las primeras se denominan hermafroditas autoincompatibles; las segundas, especies dioicas. Ambas representaron malas novedades para los agricultores primitivos, que podrían con ellas haber perdido mutantes favorables sin entender el porqué. La solución Implicaba otro tipo de cambio invisible. Numerosas mutaciones de plantas afectan al propio sistema reproductor -Algunos tipos mutantes dieron frutos incluso sin necesidad de polinización (ej: plátanos, uvas, naranjas y pomelos sin semillas). -Algunos mutantes hermafroditas perdieron su autoincompatibilidad y fueron capaces de fertilizarse a sí mismos (ej: frutales como el ciruelo, el manzano, y el cerezo). -Algunas mutantes que normalmente habrían consistido en plantas de sexo masculino o femenino por separado, se convirtieron asimismo en hermafroditas autofertilizantes (ej: vides) Por todos estos motivos, los antiguos agricultores, que no entendían la biología reproductiva de las plantas, acababan no obstante logrando cultivos útiles que se desarrollaban bien y valía la pena volver a plantar, en lugar de mutantes de inicios esperanzadores cuya progenie sin valor estaba destinada al olvido. Los agricultores realizaban su selección entre varias plantas basándose no sólo en cualidades perceptibles como el tamaño y el sabor, sino también según características imperceptibles como los mecanismos de diseminación, la germinación inhibida y la biología reproductiva. En consecuencia, se seleccionaban plantas diferentes por rasgos distintos e incluso opuestos.

La domesticación de animales.

Los grandes mamíferos domésticos fueron decisivos para las sociedades humanas que los domesticaron o los adquirieron. Como aspectos más destacados, proporcionaban carne, productos lácteos, fertilizantes, transporte terrestre, cuero, ventaja militar, tiro para el arado y lana. La importancia de los mamíferos domesticados reside en un número sorprendentemente escaso de grandes herbívoros terrestres. Si por «grande» entendemos «que pesa más de 45 kg», sólo catorce de esas especies fueron domesticadas antes del siglo XX. De esas catorce antiguas, nueve se convirtieron en ganado importante para el ser humano únicamente en zonas limitadas del planeta: el camello, el dromedario, la llama/ alpaca, el asno, el reno, el búfalo acuático, el yak, el banteng y el gaur. Sólo cinco especies se generalizaron y adquirieron importancia en todo el mundo. Ésas «cinco grandes» de la domesticación de los mamíferos son la vaca, la oveja, la cabra, el cerdo y el caballo. Las catorce especies antiguas de grandes mamíferos domésticos herbívoros Las cinco grandes (Actualmente en todo el mundo):

  1. Oveja. Antepasado salvaje: el muflón asiático de Asia occidental y central.
  2. Cabra. Antepasado salvaje: la cabra de bezoar de Asia occidental.
  3. Vaca. Antepasado salvaje: el ya extinguido uro, en otros tiempos presente en toda Eurasia y el norte de África.
    1. Cerdo. Antepasado salvaje: el jabalí, presente en toda Eurasia y el norte de África. En realidad es omnívoro (come regularmente alimentos animales y vegetales), mientras que los otros trece antiguos son más estrictamente herbívoros.
  4. Caballo. Antepasado salvaje: caballos salvajes ya extinguidos del sur de Rusia. Las nueve menores:
  5. Dromedario (con una giba). Antepasado salvaje: ya extinguido, vivía en Arabia y zonas adyacentes. Se lo encuentra básicamente en Arabia y el norte de África, aunque también vive asilvestrado en Australia.
  6. Camello (con dos gibas). Antepasado salvaje: ya extinguido, vivía en Asia central. Se lo encuentra básicamente en Asia central.
  7. Llama y alpaca. Antepasado salvaje: el guanaco de los Andes. Se las encuentra básicamente en los Andes, aunque algunas son criadas como bestias de carga en América del Norte.
  8. Asno. Antepasado salvaje: el asno salvaje del norte de África y antes quizá de la Zona adyacente del suroeste de Asia. Presente en un principio como animal doméstico en el norte de África y el oeste de Eurasia, en épocas más recientes se lo usó también en otros lugares.
  9. Reno. Antepasado salvaje: el reno del norte de Eurasia. Presente sobre todo como animal doméstico en esa zona, aunque ahora también se lo usa en Alaska.
  10. Búfalo acuático. El antepasado salvaje vive en el sureste de Asia. Sigue siendo Utilizado como animal doméstico principalmente en esa zona, aunque también se usan muchos en Brasil y otros se han asilvestrado en Australia y otros lugares.
  11. Yak. Antepasado salvaje: el yak salvaje del Himalaya y la meseta de Tíbet. Se lo encuentra sobre todo como animal doméstico en esa zona.
  12. Vaca de Bali. Antepasado salvaje: el banteng (un pariente del uro) del sureste de Asia. Se la encuentra sobre todo como animal doméstico en esa zona.
  13. Mithan. Antepasado salvaje: el gaur (otro pariente del uro) de India y Birmania. Se lo encuentra sobre todo como animal doméstico en esa zona. Existen algunas omisiones en la tabla ya que se trata de especies salvajes que han sido capturadas y domadas pero nunca domesticadas, no fueron criadas en cautividad. Por animal domesticado entendemos un animal criado selectivamente en cautividad y, por tanto, modificado a partir de sus antepasados salvajes, para su uso por el ser humano, que controla la reproducción y el suministro alimentario del animal. La domesticación implica la transformación del animal salvaje en algo más útil para el ser humano. Los animales
  1. La rápida aceptación de las especies domésticas de Eurasia por los pueblos no Eurasiáticos. Cuando los «cinco grandes» mamíferos domésticos de Eurasia llegaron al África subsahariana, fueron adoptados por los pueblos africanos más diversos siempre que las condiciones lo permitieron. De ese modo, aquellos ganaderos africanos lograron una enorme ventaja sobre los cazadores-recolectores africanos y rápidamente los desplazaron. La misma pauta se repitió en otros lugares del mundo, siempre que los pueblos que carecían de especies de mamíferos salvajes autóctonos aptos para la domesticación tuviesen finalmente la oportunidad de adquirir animales domésticos eurasiáticos. Así pues, entre los miles de pueblos autóctonos culturalmente diversos de Australia, América y África, ningún tabú cultural universal impidió la domesticación de animales. Es indudable que si alguna especie de mamífero salvaje local de esos continentes hubiera sido domesticable, algunos pueblos australianos, americanos y africanos los habrían domesticado y habrían obtenido una gran ventaja gracias a ellos, del mismo modo que se beneficiaron de los animales domésticos eurasiáticos a los que adoptaron inmediatamente cuando tuvieron la oportunidad de adquirirlos. Todos estos datos indican que la explicación de la falta de domesticación de mamíferos autóctonos fuera de Eurasia reside en los propios mamíferos salvajes disponibles en cada zona, no en los pueblos de esas zonas.
    1. La propensión humana universal a tener animales domésticos y/o domados Tener animales salvajes como mascotas, y domarlos, constituye una etapa inicial de la domesticación y se tiene noticia de la existencia de animales domésticos de este tipo en prácticamente todas las sociedades humanas tradicionales de todos los continentes. La variedad de animales salvajes domados de este modo es mucho mayor que la variedad de los domesticados finalmente, e incluye algunas especies que nos costaría trabajo imaginar como animales domésticos. La mayoría de estos animales cautivos se consumen finalmente como alimento, aunque algunos se tienen exclusivamente como mascotas. Así pues, muchas especies de animales salvajes alcanzaron la primera etapa de la secuencia de las relaciones entre animales y humanos que condujo a la domesticación, pero sólo unos pocos llegaron al otro extremo de esa secuencia como animales domésticos.
  2. La rápida domesticación de las «catorce especies antiguas». Las fechas de domesticación ofrecen una tercera línea de prueba que confirma que los primeros pueblos ganaderos domesticaron rápidamente todas las especies de grandes mamíferos aptas para ser domesticadas. Todas las especies de las que disponemos de pruebas arqueológicas relativas a su fecha de domesticación fueron domesticadas aproximadamente entre 8. a.C. y 2.500 a.C. La época de domesticación de grandes mamíferos comenzó con la oveja, la cabra y el cerdo, y terminó con los camélidos. Desde 2500 a.C. no se ha incorporado ninguna especie significativa a esta lista. Es cierto que, naturalmente, algunos pequeños mamíferos fueron domesticados por vez primera mucho después de 2.500 a.C. Por ejemplo, el conejo no fue domesticado para ser aprovechado como alimento hasta la Edad Media, el ratón y la rata para la investigación de laboratorio hasta el siglo XX, y el hámster como mascota hasta el decenio de 1930. El constante desarrollo de los pequeños mamíferos domesticados no es sorprendente, porque existen literalmente miles de especies salvajes como candidatas, y porque eran de muy poco valor en las sociedades tradicionales como para merecer el esfuerzo de criarlos. Pero la domesticación de grandes mamíferos terminó hace prácticamente 4.500 años. En esa fecha, la totalidad de las 148 grandes especies candidatas del mundo debieron haberse probado en innumerables ocasiones, con el resultado de que sólo un número reducido de ellas superó la prueba y no quedó ninguna otra apta.
    1. Las reiteradas domesticaciones independientes de algunas de ellas. Una cuarta línea de prueba de que algunas especies de mamíferos son mucho más aptas que otras nos la ofrecen las reiteradas domesticaciones independientes de las mismas especies.
  3. Los éxitos limitados de los intentos modernos de llevar a cabo nuevas domesticaciones. El hecho de que los intentos modernos no hayan proporcionado un tipo de prueba definitivo de los casos de no domesticación de grandes especies candidatas salvajes tiene su origen en inconvenientes de esas especies, y no en inconvenientes de los humanos de

la antigüedad. En los siglos XIX y XX, grandes mamíferos como eland (mayor antílope africano), el alce, el buey almizclero, la cebra o el bisonte han sido objeto de proyectos bien organizados que pretendían su domesticación, y que han sido realizados por criadores y científicos expertos en genética animal modernos. Sin embargo, estas iniciativas modernas sólo han logrado éxitos muy limitados. Así pues, ni los ganaderos autóctonos con acceso a especies candidatas durante miles de años, ni los expertos en genética modernos han logrado fabricar especies domésticas útiles de grandes mamíferos más allá de las «catorce antiguas», que fueron domesticadas hace al menos 4500 años. ¿Por qué? Razones del fracaso de la domesticación: Para ser domesticada, una especie salvaje candidata debe tener muchas características distintas. La falta de cualquiera de las características requeridas condena al fracaso los esfuerzos de domesticación Factores biológicos: Dieta. Cada vez que un animal come una planta o a otro animal, la conversión de la biomasa alimentaria en biomasa del consumidor supone una eficiencia de mucho menos del 100%: típicamente, del orden del 10%. Como consecuencia de esta ineficiencia fundamental, ningún mamífero carnívoro ha sido domesticado jamás para ser aprovechado como alimento. Lo más cercano a una excepción es el perro, domesticado originariamente como centinela y compañero de caza, pero se han desarrollado y criado razas de perro para utilizarlos como alimento Ritmo de crecimiento. Para que merezca la pena criarlos, los animales domésticos deben crecer también rápidamente. Ésta norma elimina a muchos animales (como por ejemplo el gorila y el elefante), aun cuando sean vegetarianos con preferencias alimentarias admirablemente poco exigentes y representen una buena cantidad de carne.

Factores etológicos: Problemas de reproducción en cautividad Muchas especies de animales potencialmente valiosas inhiben el comportamiento sexual en cautividad, de ahí los fallidos intentos de domesticación hasta nuestros días. Ello está provocado por que necesitan largos y complejos rituales de cortejo antes de aparearse. Mala disposición. Prácticamente cualquier especie de mamífero que sea suficientemente grande es capaz de matar a un ser humano. Cerdos, caballos, camellos y vacas han matado a personas. Sin embargo, algunos grandes animales tienen disposiciones mucho más desagradables y son más incurablemente peligrosos que otros. La tendencia a matar seres humanos ha descalificado a muchos candidatos aparentemente ideales para la domesticación. Tendencia al pánico. Las especies de grandes mamíferos herbívoros reaccionan ante el peligro proveniente de predadores o humanos de distinta manera. Unas especies son nerviosas, rápidas y están programadas para la huida instantánea cuando perciben una amenaza. (ciervos y antílopes, con la notoria excepción del reno) Otras especies son más lentas, menos nerviosas, buscan la protección en manadas, permanecen inmóviles cuando se sienten amenazadas y no corren hasta que es necesario. (oveja y la cabra) Es difícil mantener en cautividad a las especies nerviosas. Estructura social. Casi todas las especies de grandes mamíferos domesticados resultan ser aquellas cuyos antepasados salvajes comparten tres características sociales: 1- Viven en manadas 2- Mantienen una jerarquía de dominación bien desarrollada entre los miembros del grupo 3- Las manadas ocupan territorios que se superponen parcialmente en vez de territorios mutuamente excluyentes. Ésa estructura social es ideal para la domesticación, porque en realidad los humanos asumen la jerarquía de dominación. En cambio, los miembros de la mayoría de las especies animales territoriales y solitarias no pueden ser conducidos en manada ya que no se toleran unos a otros, no asumen la impronta humana, y no son sumisos instintivamente. Aunque la mayoría de las especies territoriales solitarias no han sido domesticadas, no es

Las causas que dieron lugar a la aparición de la economía productora son uno de los aspectos y de los procesos históricos más interesantes de la Prehistoria, y ha suscitado grandes polémicas y propuestas explicativas desde el siglo XIX, cuándo este paso se veía como una consecuencia lógica y natural dentro del progreso humano, cuyo objetivo era alcanzar la civilización (Evolucionismo unilineal). Teoría del Oasis (V.G. Childe). El primero en proponer una hipótesis científica sobre las causas que motivaron el cambio económico fue el arqueólogo australiano V. Gordon Childe en la década de 1930. Para proponer su hipótesis se basó en los cambios climáticos que se produjeron tras el Pleistoceno y, especialmente, en los efectos que este cambio climático conllevó en el Próximo Oriente (Creciente fértil), que es el sitio en el que ya se sospechaba que primero se manifestaron estas transformaciones económicas. Según Childe, la "Revolución Neolítica", definición que él mismo acuñó para este periodo por el cambio tan radical que protagonizaron los grupos humanos en sus hábitos y en sus costumbres, fue una consecuencia directa del cambio climático que se produjo con la definitiva retirada de los hielos hacia el norte y con el deshielo en general. Según esta teoría, el clima fue haciéndose cada vez más seco excepto en los valles de los ríos y en los oasis de los desiertos. Dada la sequedad del clima, sería en estos lugares donde los hombres se refugiaron para poder seguir viviendo cómodamente y dónde, lógicamente, los animales y las plantas también se refugiaron. La proximidad tan acentuada entre hombres, animales y plantas conllevó un contacto más directo entre ellos y un mayor conocimiento por parte de los seres humanos de las especies tanto animales como vegetales, y pronto se dieron cuenta de que había especies de animales que proporcionaban mejores alimentos y empezaron a protegerlas de los animales depredadores y otro tanto ocurrió con los cereales, produciéndose finalmente, la domesticación animal y el cultivo plantas. Actualmente la “teoría del oasis” está totalmente desfasada por tres razones principales: 1- No era la primera vez que se producía un cambio climático como este, puesto que ya había habido varios periodos interglaciares, durante los cuales los hielos se retiraron hacia el norte y no se dio este cambio en la economía de los grupos humanos. 2- Los resultados de los estudios arqueobotánicos realizados posteriormente demostraron que no hubo tal desecación drástica en la región, sino que existían grandes extensiones de bosques y un alto grado de humedad. 3- No fue precisamente en los oasis ni en los valles de los ríos donde se encuentran las primerísimas huellas de grupos con economía productora, sino que aparecen en las laderas de las montañas del suroeste asiático. No obstante, hay que destacar que aunque la teoría está totalmente en desuso, V.G. Childe formuló esta hipótesis antes de que tuviésemos conocimiento detallado acerca de la Prehistoria del Próximo Oriente. “Área nuclear” (Braidwood). Esta hipótesis fue propuesta por Robert J. Braidwood en la década de 1960, indicando que fue la madurez cultural de los grupos cazadores- recolectores especializados lo que desembocó en la producción artificial de alimentos. Organizó un equipo interdisciplinar (prehistoriadores, geólogos, arqueobotánicos, zoólogos...) y realizó una serie de excavaciones en Irak (1954-55), Irán (1959-69) y Turquía (1963-64), zonas donde aún se encuentran las especies silvestres de trigo y cebada y de cabras y ovejas, para tratar de conocer cómo y por qué se llegó a la producción artificial de alimentos. Gracias a este equipo interdisciplinar se pudo determinar que el cambio climático en el Próximo Oriente no fue un proceso drástico sino lento. Braidwood definió la existencia de "áreas núcleo" como zonas o regiones con un medio natural que incluye una variedad de plantas y animales salvajes susceptibles de domesticar, desarrollándose en estas zonas los primeros cultivos y los primeros animales domésticos, y esto se produjo porque los grupos humanos habían alcanzado el suficiente nivel de desarrollo cultural como para domesticar a los cereales a los animales presentes en esas zonas. El creciente fértil fue el escenario de una de estas "áreas núcleo", y este área núcleo comprende las faldas montañosas de Irán, Irak,

Turquía, Siria y Palestina, que reciben abundantes precipitaciones anuales y donde se encuentran, incluso actualmente, el trigo y la cebada silvestres, así como ovejas, cabras y cerdos salvajes susceptibles de domesticación. Braidwood sostiene que los grupos humanos dedicados a la recogida sistemática de trigo y cebada silvestres, así como a la caza de animales jóvenes pertenecientes a ovejas y cabras, fueron adquiriendo los conocimientos necesarios respecto a estos animales y a estas plantas, gradualmente, hasta llegar al cultivo y a la domesticación cuando estuvieron maduros culturalmente. Esta teoría determina dónde y cómo se produce el paso de la economía cazadora- recolectora a la productora, pero no explica el por qué, puesto que sostiene que el cambio se produjo cuando los seres humanos estuvieron culturalmente maduros. En contra de esta hipótesis se indica que los cazadores-recolectores desarrollados no eran menos maduros culturalmente que los cazadores-recolectores especializados. Teoría de las "áreas marginales“ A finales de la década de los '60, con la corriente denominada "Nueva Arqueología", investigadores como Binford y Flannery indican que las causas que dieron lugar a la aparición de la economía productora están más relacionadas con el desequilibrio que se produjo entre los recursos y la población, teoría que ha recibido el nombre de teoría del desequilibrio o de las áreas marginales. Frente a lo sostenido por Braidwood, indicaban que si en las áreas nucleares había recursos abundantes, la agricultura y la ganadería no aparecerían allí, por no ser tan necesarias. Según esta hipótesis, el patrón de crecimiento durante el Pleistoceno fue estable, de manera que había suficientes recursos disponibles para todos y los radios de acción anuales no tenían que modificarse, pero cuando la población fue creciendo, los grupos se dividieron en otros y los territorios que explotaban cada grupo se tuvieron que restringir al aumentar la población. Esta reducción del territorio de cada grupo conllevó la escasez de los recursos en las zonas periféricas, es decir en las zonas que rodean a los sectores en los que los vegetales y los animales eran abundantes. Esta escasez de recursos en las zonas periféricas con un medio menos favorable desembocó en la transformación económica. De manera que ante presión demográfica, los grupos humanos se vieron en la necesidad de adoptar la alternativa de la producción artificial de alimentos, llegándose, de este modo a la economía productora. Según la hipótesis de las “áreas marginales”, la domesticación no es ya el resultado de una innovación tecnológica, ni tampoco se produce como consecuencia del cambio cultural que resulta de la adaptación. Hipótesis demográfica de Cohen (1977). Mark Nathan Cohen, autor del libro “La crisis alimentaria en la Prehistoria”, planteó a finales de los 70 un modelo universal tratando de explicar el paso de la economía predadora a la productora a nivel mundial, ya que este fenómeno que se produce en todo el planeta en un espacio de tiempo de varios milenios de diferencia. Su teoría se basa en el aumento demográfico que acabaría desembocando en una presión demográfica. Cohen indica que aunque el aumento demográfico durante todo el Pleistoceno estaba muy próximo al crecimiento cero, lo cierto es que al final de ese período geológico ya se habían colonizaron todas las áreas habitables de la Tierra. El patrón demográfico durante el Pleistoceno fue extensivo, es decir, que se mantenía una densidad de población estable a costa de la expansión territorial de los grupos que iban aumentando lentamente en número de individuos. Los grupos con economía predadora tienen eficaces medios para mantener el crecimiento de la población por debajo de los recursos, puesto que su modo de vida itinerante favorece que entre un parto y otro transcurra más tiempo, tienen altas tasas de mortalidad infantil y una lactancia más prolongada, entre otros medios. Según Cohen, a finales del Pleistoceno y comienzos del Holoceno ese patrón demográfico extensivo se cambió por un patrón intensivo, como lo demuestra la menor movilidad de los grupos cazadores-recolectores desarrollados y, sobre todo, de los grupos cazadores- recolectores especializados. Estos grupos tenían ya una red de ocupación del territorio demasiado densa como para permitir la emigración de la población en aumento y, ante esta situación estos grupos recurren a explotar unos recursos que antes eran

constata la presencia de campamentos estacionales dedicados a actividades específicas, como puede ser la caza. Entre los poblados destaca el de Jericó, en el que se construyó una muralla con una torre, lo que supone una labor colectiva, comunal y, esto, a su vez, una organización social algo más compleja que dirigiese ese trabajo colectivo. En cuanto a la tecnología, aparecen las primeras puntas de flecha foliáceas, las hachas para el trabajo de la madera y las azadas para roturar los campos, y aumentan los elementos de hoz. Hay que destacar la aparición de unas figurillas femeninas que se identifican como representaciones de la diosa madre, en directa relación con la agricultura, que posteriormente se constatarán en todo el ámbito mediterráneo. La economía se basa en el cultivo de cereales y la caza de especies salvajes, complementada con la recogida de otros recursos vegetales. Neolítico Precerámico B. Esta segunda fase tiene lugar entre el 9.600 y el 8. BP, (PPNB). Es una continuación de la etapa iniciada anteriormente, sólo que se ahora se consolida la economía de producción, iniciándose la ganadería de ovejas y cabras, en primer lugar y, posteriormente de bóvidos y cerdos. Los poblados pasan ahora a tener viviendas de planta rectangular, y estas viviendas serán pluricelulares: compartimentadas interiormente, y como materiales constructivos destacan el yeso y la cal. La tecnología es la misma que la de la fase anterior y en cuanto a la economía no subsistencial, hay que decir que se incrementa la circulación de materias primas y objetos manufacturados. En lo que al ritual funerario se refiere, lo más significativo es el tratamiento diferenciado que se le asigna al cráneo, que se separa del resto del esqueleto. Los cráneos se recubren de arcilla y se depositan en las viviendas en lugares destacados, mientras que el resto del esqueleto se entierra debajo del suelo de las casas. Uno de los asentamientos mejor conocidos de esta segunda fase es el de Çatal Hüyük, en Anatolia. Este poblado cuenta con una desarrollada economía agrícola, para la se plantea el uso de la irrigación para sostener el cultivo de cebada y de trigo que requieren más agua de la que las precipitaciones aportaban, un comercio de materias primas procedentes de lejanas zonas, y una producción artesanal, La arquitectura es muy sofisticada y se organiza a base de casas de planta rectangular sin compartimentar, pero con una distribución interna del espacio, habiéndose documentado una zona destinada a dormir, otra al almacenamiento de los alimentos, otra al hogar, otra al horno, etc. Estas viviendas están apiñadas y no hay calles o callejones entre unas y otras, de manera que el acceso se realizaba por el techo mediante escaleras. Junto a estas casas, existen otros edificios de carácter sobresaliente que, por los restos encontrados en su interior y por las pinturas que presentan sus paredes, con leopardos, buitres, bucráneos, etc., que se interpretan como templos. Çatal Hüyük fue unos de los centros mayores de toda esta fase y por todas las características anteriores se plantea que su organización social era más compleja que la sociedad segmentaria, puesto que debieron ser necesarios unos mecanismos que regulasen todas esas actividades económicas tan desarrolladas. Neolítico cerámico. La tercera fase en el proceso de consolidación de la economía productora, que tiene lugar hacia el 8.500 BP, se caracteriza por el abandono de los antiguos asentamientos y la instalación de la población en nuevos poblados, muchos de los cuales estarán muy próximos a los abandonados. Los nuevos poblados son aún más extensos y presentan una mayor ordenación en su estructura, constatándose la existencia más o menos generalizada de sistemas defensivos que rodean y protegen al poblado. La economía se caracteriza por una base agropecuaria totalmente desarrollada, iniciándose el cultivo del lino y la domesticación de los bóvidos, en lo que se refiere al caso concreto de la agricultura asistimos a la realización de canales de

irrigación que se inician en las montañas próximas a los poblados o bien parten de los ríos, como el Tigris. En cuanto a la tecnología, lo más destacado es la aparición de la cerámica. Todo esto parece indicar un nivel de organización social más desarrollado, complejizándose la sociedad, que podría estar próxima a las jefaturas. Desarrollo del Neolítico en el Próximo Oriente ( Creciente Fértil). El neolítico del Próximo Oriente se extiende por cuatro grandes zonas: el Levante, los Montes Zagros, Anatolia y Mesopotamia. PPNA en el Levante. Como hemos visto, uno de los yacimientos más importantes de esta fase es Jericó, en Palestina, y se caracteriza por la continuidad que se aprecia en las industrias con respecto a los conjuntos mesolíticos del Natufiense. La industria lítica cuenta con geométricos, aunque ahora serán menos abundantes, abundando los elementos de hoz. Aparecen las puntas de flecha y también se encuentran hachas, azuelas, azadas, picos, cinceles y que ponen de manifiesto el trabajo de la tierra y de la madera. Junto a estos materiales realizan una industria ósea muy desarrollada a base de espátulas dentadas y otros objetos. Si bien no cuentan con vasijas de arcilla, aparecen en algunos yacimientos figurillas de arcilla como las encontradas en Mureybet. Los yacimientos se distribuyen principalmente por las mismas zonas ocupadas durante el Natufiense, pero comienzan a aparecer nuevos asentamientos más al interior. Con carácter general son de tamaño pequeño, unos 650 m2 en Nahal Oren y 1 hectárea en Tell Aswad) excepto el de Jericó, que abarca 4 hectáreas. Las casas que integran estos poblados siguen siendo de planta circular, semiexcavadas en el suelo y con alzado bien de piedra o bien de arcilla, como las del Natufiense, y los enterramientos se siguen realizando debajo del suelo de las casas, en posición contraída y continúan con la tradición de enterrar cráneos aislados. En Jericó destaca la construcción de grandes murallas con un alzado conservado de casi 5 m. y una torre de 10 m. de diámetro y 8'5 m. de altura y con una escalera en su interior de 22 peldaños, además hay un foso, de manera que estamos ante las primeras obras públicas o de uso común. Ante la presencia de esta muralla de Jericó, M. Kenyon supuso la existencia de tensiones o determinados conflictos entre estos grupos humanos y otros nómadas, que lucharían por controlar los productos comerciales de intercambio. Sin embargo, en el registro arqueológico no se documenta la existencia de conflictos ni de desigualdades sociales, ya que los ajuares de los enterramientos son muy uniformes y no se puede pensar en una división de clases, sino en todo lo contrario, en una sociedad relativamente igualitaria. Actualmente, se piensa que las murallas de Jericó se levantaron para proteger al poblado de las inundaciones periódicas de la llanura sobre la que se asienta, inundaciones que, si bien, eran buenas para la agricultura, eran un peligro para las construcciones que se encontraban en las pendientes del poblado. La economía de estos grupos humanos se basa, a diferencia de la de los Natufienses, en el cultivo de trigo, cebada, guisantes y lentejas, aprovechándose también determinados recursos naturales, como la pesca y la caza de gacelas, que cazaron selectivamente, y de cerdos, toros y cabras, animales que no presentan ningún rasgo de domesticación. Cuentan con un floreciente comercio a base de los productos como la sal del Mar Muerto, el betún, el asfalto o la obsidiana de Anatolia. Durante el PPNA se comienza a constatar un aumento en el tamaño de los asentamientos debido a la unión de varios grupos que se establecen en estos poblados y también a cierto aumento demográfico. Los análisis polínicos documentan una aridez

Las casas son de adobe (ladrillos crudos), y presentan varias habitaciones para vivienda y almacenamiento y con un patio cerrado y el hogar estaba rodeado de piedras. La industria de piedra es muy variada y cuenta con morteros, molinos de mano, hachas, anillos, brazaletes de mármol y alabastro algunos de ellos decorados mediante incisiones, aparecen también paletas para moler ocre, cuencos y platos de piedra, etc. La industria en sílex se compone de hojas, raspadores, geométricos, etc. Los geométricos se utilizaban como los dientes de las hoces. Las hoces que se han conservado son de madera, curvas y en su interior se introducían los geométricos que, además, se pegaban a las hoces con asfalto. En hueso se hacen punzones, agujas, espátulas, anillos, cuentas de collar, figurillas femeninas más o menos esquemáticas y también figurillas de animales. Cabe destacar que durante esta época, los grupos ocupan tanto las zonas bajas como las laderas de los Zagros, dándose en estos últimos sitios una mayor importancia de las labores relacionadas con el pastoreo que en los asentamientos de las zonas más bajas. Conforme avanza el tiempo, parece ser que el ritual funerario cambia y los cadáveres se entierran fuera del poblado, pero existen muy pocos restos conservados y pocos casos conocidos como para asegurarlo tajantemente. PPN en Anatolia En Anatolia el Neolítico Precerámico presenta unas características similares. En esta zona destacan los yacimientos de Hacilar y Cayönü. Hacilar es el yacimiento más antiguo con economía agrícola de esta zona y en el asentamiento se han documentado hasta siete niveles de construcciones. Las casas de estos grupos humanos que viven en poblados estables, son de planta rectangular y bien compartimentadas interiormente a base de pequeñas celdas, cuyas paredes se adosaban a las de las viviendas vecinas, lo que hace suponer que se accedía a las casas por el techo. Existen ciertos rasgos que ponen de manifiesto contactos culturales con la zona de Palestina (Levante), como por ejemplo, la acumulación de cráneos junto a los hogares. Igualmente se mantenían relaciones de intercambio entre Anatolia y Palestina (Jericó) basados en materiales como la obsidiana para la fabricación de útiles de industria lítica tallada. La economía de estos grupos humanos se basaba en la cría de animales domésticos (cabras y ovejas y perros) y en el cultivo de cereales (trigo, cebada y lentejas, y se continúa recogiendo algunos cereales silvestres). Dentro de su economía destaca el papel más preponderante de la cría de animales domésticos, documentándose en esta zona a una domesticación de animales bastante temprana. En estas primeras fases de Hacilar la cultura material se compone de cuencos de mármol pulido, hachas pulidas y para la industria lítica tallada cuentan con calcedonia de color rojo y gris y con obsidiana. PPN en Mesopotamia En Mesopotamia la primera fase se conoce a través de pequeños poblados, como el de Ali Kosh, que están formados por estructuras rectilíneas de muchas dependencias que terminan transformándose en casas separadas por patios. Estos grupos humanos, cuya economía se basa en el cultivo, también pastoreaban animales practicando la transhumancia, según parecen demostrar la distribución y estacionalidad de algunos yacimientos. Como en tras zonas, los muertos se entierran debajo del suelo de las casas, pudiendo aparecer individuos solos o en grupo, y como ajuar aparecen cuentas de collar de materias locales y de materias importadas, como la turquesa y cuentas de collar de cobre nativo previas a los inicios de la metalurgia. Neolítico Cerámico. En líneas generales, el Neolítico Cerámico del Próximo Oriente (Neolítico Antiguo o Neolítico 3), se caracteriza por la convivencia de unos poblados más pequeños, en los que viven sólo unos centenares de habitantes (en Jericó vivían unas 2.000 personas en PPN), con algunos otros poblados (casi ciudades) más escasos y urbanísticamente organizados. La

economía es plenamente productora y salvo excepciones no se advierten aún diferencias sociales marcadas. Las casas de los poblados son todas muy similares tanto en tamaño como en forma y se detectan algunos santuarios (Çatal Hüyük). Las casas se superponen temporalmente, reconstruyéndose en el mismo emplazamiento con diferentes técnicas de construcción como tapial o adobe, y dan lugar a los denominados Tells. Los difuntos siguen enterrándose generalmente debajo de las casas. Aparece la cerámica, en la que se observan agrupaciones regionales e interacciones grupales, es decir estilos comunes a varios grupos y exclusivos de otros grupos o zonas geográficas. Neolítico Cerámico en el Levante. Hacia mediados del VII milenio hacen su aparición los productos de alfarería en el Neolítico Antiguo de Levante (Palestina), realizándose vasijas de formas globulares sin decoración o decoradas mediante motivos impresos con concha, incisos y, a veces, pintados, destacando algunas vasijas de Biblos por las impresiones de cuerda que parecen imitar a los trabajos de cestería. Las casas siguen siendo rectangulares y con el suelo de cal o de yeso (con excepciones que siguen siendo circulares), y como rasgo más sobresaliente destaca, además, de la presencia de la cerámica, la diversificación cultural que se produce, existiendo pequeñas culturas locales. La economía es la misma, a base del cultivo de cereales y leguminosas y la cría de animales domésticos, junto con la caza como complemento alimenticio. Esta tendencia continuará durante el Neolítico Evolucionado, que se desarrolla entre el 5.000 y el 3.750 BC. A partir de este momento, en determinadas áreas (como la de Tell Halaf) puede hablarse ya de una Edad del Cobre o Calcolítico. Neolítico Cerámico en los Montes Zagros En los Zagros, el Neolítico Antiguo y Evolucionado sigue prácticamente las mismas pautas que en el periodo anterior, pero ya con productos de alfarería. Los poblados aumentan tanto en número como en extensión, y aunque son totalmente estables, no por eso se deja de practicar la trashumancia ganadera, estrategia que se adapta muy bien al terreno montañoso de la zona. Neolítico cerámico en Anatolia El Neolítico Antiguo más investigado y mejor conocido del Próximo Oriente se encuentra en Turquía (Anatolia), donde destacan los yacimientos de Çatal Hüyük que está fechado entre el 6.500 y el 5.400 BC. y el de Hacilar. Çatal Hüyük es un poblado de unos 5.000 habitantes situado al amparo de una suave ladera. Las casas están estandarizadas, de manera que casi todas cuentan con una misma distribución. Son de planta rectangular y se accedía a ellas por la azotea, donde había un hueco que servía también para la salida del humo del hogar, que se situaba en el centro, debajo del espacio que hacía las veces de trasiego de los habitantes y de salida de humos. En el interior, las casas disponían de una despensa y bancos para dormir y trabajar. Los suelos estuvieron cubiertos mediante esteras y las paredes se enlucían periódicamente. Las casas se construyen unas junto a otras pero dejando, a veces, un espacio libre formado por una casa no reedificada y los poblados carecen de calles propiamente dichas, formando una especie de piña o de gran manzana que no necesitaba de sistemas defensivos, como una muralla. Los santuarios son prácticamente iguales que las casas, pero se diferencian de ellas por la decoración de sus paredes. En el Çatal Hüyük las paredes de los santuarios se decoraron mediante escenas de buitres devorando cadáveres y con prótomos de animales (toros y cabras) hechos en arcilla pero a los que se incrustan los cuernos naturales de los animales. Estos santuarios, como las casas, se construían mediante adobe, madera y ramaje. Los enterramientos se siguen realizando en el interior de las casas y en los santuarios. Se trata de enterramientos secundarios que se enterraban en el interior de las casas cuando la carne había desaparecido en un pudridero por acción de agentes naturales o bien por acción de las aves carroñeras (buitres). Cuando estaban desprovistos de