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La Represión: El Proceso Psíquico en la Psicología Psicoanalítica de Freud, Resúmenes de Psicoanálisis

Este documento de cátedra explora el concepto de la represión en la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud. La represión se define como un proceso en el que una fuerza psíquica se opone a la expresión de un deseo en la conciencia, resultando en una lucha entre inconsciente y conciencia. El documento discute la importancia de la represión en el desarrollo teórico del psicoanálisis y su relación con la sexualidad, la defensa y la angustia.

Tipo: Resúmenes

Antes del 2010

Subido el 13/07/2022

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Documento de cátedra
Psicología Psicoanalítica
Prof. Ma Cecilia López Querbes
La represión
Freud caracteriza la represión como un proceso en el cual una fuerza psíquica se opone a la expresión de
un deseo en la conciencia. Por eso lo llama: esfuerzo de desalojo. Posteriormente agrega que esta fuerza
opositora no resulta suficiente, sino que, además, debe existir una fuerza que parte del inconsciente y
que atrae como un imán al deseo que intenta expresarse. Función que califica como: esfuerzo de dar
caza. Resulta claro que en la represión dos fuerzas opuestas entran en conflicto, una lucha entre
inconsciente y conciencia; la represión no está desde el origen del aparato pero, su rol es sobresaliente
en la estructuración del psiquismo.
Represión primaria /originaria Represión secundaria/ Represión propiamente dicha
Tiempo subjetivo: Primera infancia, Complejo de Edipo Tiempo subjetivo: Ej. pubertad
1°Primer núcleo inconsciente 2°Une a la atracción una repulsión (instancias
(Esfuerzo de desalojo y suplantación) superiores)
Retorno de lo reprimido (síntomas, sueños, actos fallidos, lapsus, chistes)
Introducción
La represión es uno de los pilares fundamentales sobre el cual descansa toda la elaboración
teórica del psicoanálisis. Nos referimos al proceso que conduce a Freud a pensar, en la
existencia del inconsciente. Las explicaciones que Freud brinda sobre el fenómeno
entremezclan la importancia de la sexualidad, la moral y el desarrollo biológico del ser
humano. En términos generales la represión refiere a un mecanismo psíquico mediante el cual
se excluyen de la conciencia cuestiones que son inaceptables para el sujeto. Pero la exclusión
de lo que causa dolor no es una solución plenamente efectiva. La energía excluida
desencadena un conflicto en el psiquismo. Lo excluido siempre pugna por expresarse.
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Documento de cátedra

Psicología Psicoanalítica

Prof. Ma Cecilia López Querbes

La represión

Freud caracteriza la represión como un proceso en el cual una fuerza psíquica se opone a la expresión de un deseo en la conciencia. Por eso lo llama: esfuerzo de desalojo. Posteriormente agrega que esta fuerza opositora no resulta suficiente, sino que, además, debe existir una fuerza que parte del inconsciente y que atrae como un imán al deseo que intenta expresarse. Función que califica como: esfuerzo de dar caza. Resulta claro que en la represión dos fuerzas opuestas entran en conflicto, una lucha entre inconsciente y conciencia; la represión no está desde el origen del aparato pero, su rol es sobresaliente en la estructuración del psiquismo. Represión primaria /originaria Represión secundaria/ Represión propiamente dicha Tiempo subjetivo: Primera infancia, Complejo de Edipo Tiempo subjetivo: Ej. pubertad 1°Primer núcleo inconsciente 2°Une a la atracción una repulsión (instancias (Esfuerzo de desalojo y suplantación) superiores) 3° Retorno de lo reprimido (síntomas, sueños, actos fallidos, lapsus, chistes) Introducción La represión es uno de los pilares fundamentales sobre el cual descansa toda la elaboración teórica del psicoanálisis. Nos referimos al proceso que conduce a Freud a pensar, en la existencia del inconsciente. Las explicaciones que Freud brinda sobre el fenómeno entremezclan la importancia de la sexualidad, la moral y el desarrollo biológico del ser humano. En términos generales la represión refiere a un mecanismo psíquico mediante el cual se excluyen de la conciencia cuestiones que son inaceptables para el sujeto. Pero la exclusión de lo que causa dolor no es una solución plenamente efectiva. La energía excluida desencadena un conflicto en el psiquismo. Lo excluido siempre pugna por expresarse.

  1. Hallazgo del mecanismo: El encuentro de Freud con la represión surge a partir del trabajo clínico con sus pacientes histéricas. El fenómeno se presenta a través de la resistencia en el tratamiento; y la resistencia comienza a manifestarse a partir del abandono de la hipnosis como método terapéutico. Al respecto Freud (1914) expresa: “La doctrina de la represión es ahora el pilar fundamental sobre el que descansa el edificio del psicoanálisis, su pieza más esencial. Sin embargo, no es más que la expresión teórica de una experiencia que puede repetirse a voluntad toda vez que se emprenda el análisis de un neurótico sin auxilio de la hipnosis. Es que entonces se llega a palpar una resistencia que se opone al trabajo analítico y pretexta una falta de memoria para hacerlo fracasar. El empleo de la hipnosis ocultaba, por fuerza, esa resistencia; de ahí que la historia del psicoanálisis propiamente dicho sólo empiece con la innovación técnica de la renuncia a la hipnosis” (pp. 15-16). De esta manera, Freud supone que los síntomas histéricos son sustitutos de una satisfacción pulsional denegada. Son resultado de un proceso represivo. Consecuentemente, la primera vez que Freud utiliza el término represión es en la obra: “Sobre el mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos: comunicación preliminar”, escrita junto a Breuer entre los años 1893-

En las primeras elucidaciones teóricas, el término represión es utilizado junto al término defensa, empleando estas palabras de manera intercambiable. Por ejemplo, en el prólogo a la primera edición de los Estudios sobre la histeria se equiparan ambos conceptos: “la sexualidad desempeña un papel principal (...) como motivo de la ‘defensa’, de la represión (desalojo) de representaciones fuera de la conciencia” (Freud, 1893-95, p. 23). De manera todavía más explícita, al comienzo de su segundo trabajo sobre Las neuropsicosis de defensa (1896), Freud habla del “proceso psíquico de la ‘defensa’ o la ‘represión’” (p. 163). En un momento posterior al periodo de Breuer el término represión comienza a predominar sobre el término defensa (alrededor de 1897). Finalmente, en Inhibición, síntoma y angustia (1926) Freud confiesa que ha decidido retomar la expresión ‘proceso defensivo’ la cual había sido sustituida por el término represión. Afirma que el término defensa designa algo más amplio que la represión, refiere a los mecanismos que utiliza el yo contra los conflictos que podrían llevar a la neurosis (mecanismos de defensa). El término represión, en cambio, se utiliza para designar un tipo particular de defensa. Si bien Freud emplea al comienzo de su teoría los términos defensa y represión prácticamente como sinónimos, luego distingue ambos mecanismos y deja defensa como un mecanismo general y represión como un tipo particular de defensa. En el Proyecto de psicología y en el Manuscrito K que datan de los años 1895 y 1896, Freud distingue este tipo de defensa. Brinda una explicación en términos físicos en el Proyecto donde describe que el aparato psíquico se defiende del aumento de excitación. Concibe en primera instancia un aparato psíquico compuesto por materia (neuronas) y cantidades (energía) que se encuentra regulado por lo que llama principio de inercia neuronal. Según este principio, el dispositivo está destinado a contrarrestar la recepción de cantidad que provienen desde el exterior y descargar la energía interna que proviene de los propios elementos somáticos. En otras palabras, el aparato tiene dos funciones: recibir estímulos desde el exterior y descargar cantidades endógenas. Dado que existe una tendencia natural a la descarga, existe una defensa normal contra el aumento de energía en el interior del dispositivo. En términos cualitativos el aumento de cantidad es sentido como displacer y la reducción de

considerar la importancia que se atribuye a las tendencias morales del yo como fuerzas impulsoras de represión. Freud establece que son la vergüenza, la moral y el asco las fuerzas represoras (constituidas como diques de lo anímico al atravesar el Complejo de Edipo).

  1. Explicaciones teóricas: una definición conceptual de la represión En términos generales, la esencia de la represión consiste en rechazar algo de la conciencia y mantenerlo alejado de ella. En sus primeras conceptualizaciones sobre la represión Freud describe el mecanismo como un esfuerzo de desalojo: se pretende desalojar de la consciencia una representación que resulta intolerable (provoca displacer). ¿Cómo se logra desalojar una representación? El proceso consiste en sustraerle energía a la representación. Cabe preguntarse entonces, ¿de dónde se sustrae la energía y hacia donde se desplaza? En Tópica y dinámica de la represión Freud (1915) intuye que debido a que la representación reprimida sigue teniendo capacidad de acción dentro del sistema inconsciente, debe haber conservado la energía de este sistema, por lo tanto, la energía que se sustrae debe pertenecer al sistema preconsciente. Lo que ocurre es una mudanza de investidura que conlleva un cambio de estado. Lo que se intenta reprimir es la expresión de una pulsión. Pero no conocemos las pulsiones de manera directa sino a través de sus representantes. Las pulsiones no solo están representadas en el interior del sistema consciente sino también en lo inconsciente. Por lo tanto, sus representantes son inervados con energía en ambos sistemas. Aclara Freud (1915) “Si la pulsión no se adhiriera a una representación ni saliera a la luz como un estado afectivo, nada podríamos saber de ella” (p. 173). La represión no le impide a la agencia representante de la pulsión (idea, pensamiento) seguir existiendo en lo inconsciente. Sigue formando retoños y procurando conexiones. “En realidad, la represión sólo perturba el vínculo con un sistema psíquico: el de lo consciente” (Freud, 1915, p. 144). A raíz de esto, Freud sugiere que existen dos tipos de represión: una primaria y otra secundaria. Ahora la represión secundaria es definida como esfuerzo de dar caza. Por lo tanto, el proceso de sustracción de energía resulta válido para el caso de la represión secundaria pero no para el caso de la represión primaria. Lo que sucede en este último caso, es que la representación inconsciente aún no ha recibido investidura del sistema preconsciente (no ha sido traducida) por lo tanto, no se le puede sustraer la energía. La represión primordial debe contar con un mecanismo propio. Se trata de una contrainvestidura que se ejerce desde el sistema preconciente para protegerse de la expresión de la representación inconsciente. Esto implica mantener el equilibrio por medio de una contrapresión incesante. Sintetiza Freud (1915): “La contrainvestidura es el único mecanismo de la represión primordial; en la represión propiamente dicha (el esfuerzo de dar caza) se suma la sustracción de la investidura preconciente. Y es muy posible que precisamente la investidura sustraída de la representación se aplique a la contrainvestidura” (p. 178).
  2. Fases de la represión

Freud puntualiza que la mayoría de las represiones que emergen en el trabajo terapéutico son casos de represiones secundarias, pero que detrás de éstas se encuentran represiones primordiales que ejercen una atracción sobre la situación reciente. En Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia de 1910 y en La represión de 1915, se desarrolla la idea de que el proceso de represión consta de tres fases: en la primera fase ocurre una fijación de la libido en un estadio del desarrollo. Esto quiere decir que la pulsión no recorre el desarrollo previsto como normal y queda inhibida en un estadio infantil (modos de auto satisfacción de la infancia). De esta fijación surge la represión primordial, en la cual se deniega el acceso a la consciencia a la agencia representante de la pulsión. A partir de la fijación la agencia representante y la pulsión quedan ligadas y esta fijación pasa a ser precursora y condición de cada represión. En tales fijaciones reside la predisposición a enfermar y el determinismo para el desenlace de la tercera fase de la represión. En la segunda fase se desarrolla la represión propiamente dicha o esfuerzo de dar caza. Surge cuando los retoños psíquicos de la agencia representante reprimida en la primera fase florecen produciendo un conflicto ante el yo o determinados pensamientos han entrado en vinculación con éstas representaciones inconscientes y por eso experimentan el mismo destino que lo reprimido primordial. Esta represión secundaria parte de los sistemas del yo más elevados, susceptibles de consciencia. Es un proceso activo en contraposición a la fase de fijación que se presenta como un retardo pasivo (Freud, 1911). En este segundo momento ya contamos con dos fuerzas que actúan en el mismo sentido para consumar la represión: la repulsión desde lo consciente y la atracción desde lo inconsciente (efecto de imán). Se da una atracción y una repulsión de aquellos retoños que no pudieron ser reprimidos eficazmente. Expresa Freud (1915): “Probablemente, la tendencia a la represión no alcanzaría su propósito si estas fuerzas de atracción y repulsión no cooperasen, si no existiera algo reprimido desde antes, puesto a recoger lo repelido por lo consciente” (p. 143). La tercera fase implica el fracaso de la represión y el retorno de lo reprimido. Se produce una regresión de la libido hasta el lugar de la fijación y un retorno de lo reprimido con las características de la etapa en la cual la libido quedó fijada (Freud, 1911). Lo reprimido retorna con toda la fuerza de sus orígenes debido a que siempre estuvo activo y presto a pasar la barrera de la represión. El quantum de energía que adquiere lo reprimido es vital para la represión pierda efectividad. Culmina en un compromiso entre el deseo y la defensa, instaurándose el síntoma como símbolo del conflicto psíquico. O, dicho de otra manera: se envía dentro de la conciencia una formación sustitutiva, desfigurada y vuelta irreconocible de lo reprimido, a la que pronto se anudan las mismas sensaciones de displacer que el sujeto procuró ahorrarse mediante la represión. Esa formación sustitutiva de la idea reprimida es inmune a los ataques del yo defensor. Ej: síntomas, chistes, lapsus, fallidos, sueños.

  1. Un camino posible hacia el origen de la represión La idea freudiana, siempre presente es que la represión parte del yo. Hasta el momento hemos discernido que la represión corresponde a un tipo particular de defensa y que se constituye a partir de una fijación que se establece en la primera infancia y que determina desde rasgos de carácter hasta modos de enfermar. Freud propone en varias ocasiones que es el yo el que lleva a cabo la represión. Al comienzo, el yo todavía endeble no logra resistirse al dominio pulsional, todavía no ha desarrollado las herramientas necesarias. Su manera de defenderse de los estímulos exteriores

Freud atribuye especial valor a la sexualidad y la conciencia moral como promotoras de la represión. Otro factor que tiene en cuenta tardíamente es la cuestión de la angustia. Este factor se tiene en cuenta de manera tardía en relación a la represión porque Freud en un comienzo consideraba que era la represión la que promovía la angustia. Pero sucede que cuando escribe sobre la angustia en 1926 revierte la situación y propone que la angustia es promotora de la represión. La angustia del yo surge ante las exigencias de la libido. “En ellas, la actitud angustiada del yo es siempre lo primario, y es la impulsión para la represión” (Freud, 1926, p. 104).

  1. La represión ¿como defensa normal o patológica? Expresa Freud (1940) “Las exigencias pulsionales de adentro, así como las excitaciones del mundo exterior, ejercen en tal caso el efecto de unos ‘traumas’ , en particular si son solicitadas por ciertas predisposiciones” (p. 185). Ningún ser humano queda exento de estas experiencias traumáticas y de las represiones que generan. Más adelante propone en relación a los caracteres infantiles de la sexualidad que lo normal (la norma) resulta de la represión de ciertas pulsiones parciales y de la subordinación de los mismos bajo el primado de las zonas genitales al servicio de la reproducción. Finalmente, la neurosis resulta de una represión excesiva de las aspiraciones libidinosas (Freud, 1906). Conclusión La Represión como uno de los pilares y conceptos principales de la teoría psicoanalítica es un mecanismo complejo, el cual llevo a Freud a constantes interrogantes. Lo observó al comienzo como una resistencia que se presentaba en el tratamiento de sus pacientes histéricas, las que se mostraban renuentes a recordar, repetían y actuaban permanentemente. A Freud, le llevó tiempo identificar de dónde provenía tal resistencia y tomar conciencia del obstáculo que se le presentaba en el tratamiento de sus pacientes. Progresivamente fue desanudando los síntomas y rastreando el núcleo patógeno que producía el sufrimiento psíquico, buscando la causa de los síntomas. En un primer momento la represión se vincula a un tipo de defensa que se eleva contra una vivencia sexual prematura. Un rechazo voluntario que ejerce el yo contra una representación que genera displacer. A su vez, el extrañamiento que percibe el yo hacia la representación se debe a la fuerza represora que posee la moral. En este momento Freud podía identificar, junto a las enfermas, el momento en que se producía la relación de incompatibilidad entre un deseo sexual que quería expresarse y una prohibición moral que lo interrumpía. Posteriormente descubre que el hecho de hacer conscientes las vivencias sexuales infantiles y la remoción de los síntomas no bastaban para cancelar la eficacia de eso reprimido que pujaba constantemente por manifestarse. Así llega a considerar que debe existir una especie de represión primordial que es anterior a la represión secundaria con la que trataba en su consultorio. Debe existir un momento mítico en la constitución del sujeto en el cual se produce una fijación de la libido en una etapa del desarrollo; fijación que produce una ligazón entre la agencia representante de la pulsión y la energía pulsional.

Las condiciones que instauran la represión se vinculan a la indefensión de un yo prematuro, la perturbación que produce la sexualidad en la infancia, la realidad fantaseada y las prohibiciones morales vinculados al desarrollo cultural del individuo. En un principio el factor que cobra mayor relevancia es la sexualidad. Freud afirma que nadie puede evitar la incidencia prematura de la sexualidad y los traumas que genera. Esto se conjuga con las restricciones que ejercen las pautas culturales. Posteriormente, adquiere relevancia la angustia, como afecto displacentero producido por el yo, considerado uno de los principales motores de la represión. Quizá el más originario. Todos los elementos dan lugar al establecimiento de la represión en el aparato psíquico. La represión no cumple un rol fundamental para la estructuración de las instancias psíquicas, Freud nos dice que se constituye cuando el aparato psíquico ya está formado. En todo caso , es fundamental este proceso para la constitución del ser humano como sujeto de cultura. Referencias Freud, S. & Breuer, J. (1992). Estudios sobre la histeria. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 2, pp. 1-314). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1893). Freud, S. & Breuer, J. (1992). Sobre el mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos: comunicación preliminar. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 2, pp. 27-44). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1893). Freud, S. (1991). Las neuropsicosis de defensa. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 3, pp. 41-68). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1894). Freud, S. (1991). Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 3, pp. 157-184). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1896). Freud, S. (1991). Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 12, pp. 1-74). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1910). Freud, S. (1992). A propósito de un caso de neurosis obsesiva (caso del “hombre de las ratas”). En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 10, pp. 119-250). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1909). Freud, S. (1992). Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 14, pp. 1- 64). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1914). Freud, S. (1992). El yo y el ello. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 19, pp. 1- 66). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1923). Freud, S. (1992). Esquema del psicoanálisis. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 23, pp. 133-209). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1938). Freud, S. (1992). Inhibición síntoma y angustia. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 20, pp. 71-164). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1926). Freud, S. (1992). La represión. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 14, pp. 135-152). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1915). Freud, S. (1992). Manuscrito K. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 1, pp. 260-288). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1896). Freud, S. (1992). Mi tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de la neurosis. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 7, pp. 259-272). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo original publicado 1905). Freud, S. (1992). Proyecto de una psicología para neurólogos. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud, (Vol. 1, pp. 323-441). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu. (Trabajo