





Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Fundamentos de Psicobiología, Profesor: psicologia del trabajo y las organizaciones, Carrera: Psicología, Universidad: UHU
Tipo: Apuntes
1 / 9
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!






Lewin creó dos institutos para combinar investigación y aplicación de la psicología social, tanto en relación a los prejuicios como en relación a los grupos. Aunque tras su muerte no continuaron estos proyectos, otros psicólogos han puesto en marcha aplicaciones similares de las investigaciones realizadas. Destacan las aplicaciones de Allport y Dashiell.
Esta atención a las aplicaciones, que se constata fácilmente en este periodo inicial de la disciplina, se iba a mantener, e incluso a incrementar, en la etapa posterior, que comienza hacia 1950 y se extiende hasta 1978 aproximadamente, coincide con la expansión de la Psicología Social y se conoce como el periodo clásico. Pese a ello, la cuestión de las aplicaciones psicosociales se convirtió en objeto de un intenso debate entre los psicólogos sociales.
En este periodo aumentó el número de aplicaciones y mejoró su calidad. La prueba la proporcionan las dos ediciones del Handbook of Social Psychology promovido por Lindzey con la intención de convertirlo en el libro fuente por excelencia de la disciplina de Psicología Social y su principal referencia. Lindzey rompe así de manera explícita con la tradición iniciada por Murchison en su primer Handbook y se aleja de ella.
En el Handbook de 1954, y en la segunda edición (Lindzey y Aronson), se dedican varios capítulos (nueve, en concreto, en el de Lindzey y Aronson) a la exposición de las aplicaciones psicosociales realizadas en ese periodo. Se aprecia la aparición, por primera vez, de ámbitos de aplicación específicos y centrales para la vida de las personas, como la salud, la educación, el trabajo, la conducta política, la economía y las relaciones interpersonales.
Se constata también un activismo de muchos psicólogos sociales a favor de la desegregación racial en los Estados Unidos de Norteamérica, que es paralelo a una amplia colección de estudios sobre autoritarismo y dogmatismo. Como muestra de la eficacia de este activismo cabe citar la contribución de los psicólogos sociales a la Resolución del Tribunal Supremo de los Estados Unidos sobre desegregación racial, destacando el papel del matrimonio Clark.
En resumen, la actividad de los psicólogos sociales en el ámbito aplicado es muy elevada en este periodo. No ha dejado de crecer desde la etapa anterior, abarca cada vez más campos y representa de forma más fiel la investigación psicosocial. Esta conexión entre los ámbitos de investigación y aplicación se aprecia en la incorporación de las nuevas teorías que se formulan en este periodo, como la teoría de la atribución, de Schachter y Singer, la teoría de las comunicaciones persuasivas, o la teoría de la acción razonada de Fishbein y Ajzen.
En este momento surge un debate en torno a las aplicaciones de la disciplina en el seno de lo que se conoce como la «crisis» de la Psicología Social. Acusaban algunos autores a la Psicología Social de escasa atención a las aplicaciones y deducían de esta acusación una falta de “relevancia” es decir, una cierta despreocupación de los asuntos que afectan a las personas en sus vidas cotidianas.
El debate consiguió poner de manifiesto la gran importancia de la cuestión de las aplicaciones para la disciplina, al mismo tiempo que la necesidad de profundizar en su significado como medio para alcanzar una comprensión más cabal del papel que les corresponde desempeñar frente a la investigación y la teorización.
Este es el momento en que se produce el primer encuentro de psicólogos sociales para el estudio de las aplicaciones. Tuvo lugar en Mallorca en 1973 y fue el germen del volumen editado por Deutsch y Hornstein, que se debe considerar el primer manual de Psicología Social Aplicada en sentido estricto.
Se produjo a continuación una auténtica eclosión de manuales de Psicología Social Aplicada, entre los que destacan los de Fisher (1982), Rodrigues (1983), Oskamp (1984) y Weyant (1986). Por primera vez se incluyó en el Handbook de Lindzey y Aronson (su tercera edición) un capítulo específico sobre la Psicología Social Aplicada. Y, para completar este panorama, apareció en 1980 la revista « Basic and Applied Social Psychology», que se unió a la primera revista con contenido aplicado, el « Journal of Applied Social Psychology». Todos estos cambios implican una modificación profunda en el acercamiento de los psicólogos sociales al mundo de las aplicaciones.
3.1. UN NUEVO ENFOQUE
Con todos esos cambios, se puede señalar que hacia 1980 surge un nuevo enfoque, caracterizado por:
Entender los modelos de relación entre aplicación, teoría e investigación, cuyo desarrollo se dirige a integrar estas tres actividades de la disciplina para crear una auténtica y verdadera “Psicología Social Aplicada”, es esencial para entender el significado y nuevo enfoque de las aplicaciones psicosociales.
Los tres que han gozado de mayor aceptación y que han perdurado en el tiempo son: el modelo de “investigación-acción” de Lewin; el de “ciclo completo” de Cialdini; y el de “psicología social aplicable” de Mayo y LaFrance.
Este modelo, propuesto por Mayo y Lafrance, es el más complejo de los formulados hasta el momento. Y ofrece dos novedades importantes. La primera es que introduce el concepto de calidad de vida, que para las autoras es el motor de la aplicación. Esta debe arrancar siempre de un intento de mejorar la calidad de vida de las personas.
La segunda es la introducción del concepto de adaptadores , que recogería todas aquellas actividades que permitirán a los psicólogos sociales unir en un todo armonioso las distintas fases de cualquier aplicación, y en concreto, las que se describen en el modelo. Si queremos elevar la calidad de vida de un determinado grupo, esto sólo será eficaz según estas autoras, si lo hace desde un conocimiento psicosocial válido. Para ello tendrá que “definir el problema” (primer adaptador) al que se enfrenta con la ayuda de algún “método previamente seleccionado” (segundo adaptador). Ambos adaptadores vincularían la búsqueda de la calidad de vida y la construcción del conocimiento adecuado.
Por tanto la secuencia de este modelo comienza por la “calidad de vida”, pasa por la “construcción del conocimiento adecuado” y termina con la “utilización e intervención”. Los adaptadores facilitan el pase de una fase a la siguiente. También es cíclico, como los anteriores, ya que el resultado de la intervención se analiza para comprobar si se ha mejorado realmente la calidad de vida y vuelve a poner el proceso en marcha.
Este modelo es de carácter normativo, es decir, un ideal a perseguir pero difícil de alcanzar por dos razones. La primera es la extrema complejidad derivada del número de pasos necesarios para llevar a cabo la aplicación, ya que aparte de las tres grandes fases señaladas, es necesario recurrir a adaptadores, seis en total, dos en cada tránsito entre fases. La segunda razón es el desafío que constituye la incorporación de esos seis adaptadores, que cada uno de ellos exigen un análisis de muchos factores diferentes (imaginaos todo lo que habría que analizar para analizar por ejemplo por qué una persona tiene mala alimentación y consume drogas: relaciones familiares, los grupos que frecuentan, las tiendas que van, leyes que regulan, puntos de venta de droga….)
Por tanto llevar a la práctica este modelo supondría cerrar una aplicación casi perfecta. Su mérito es haber convencido a muchos psicólogos sociales de que puede ser útil para adentrarse en el mundo aplicado.
ADAPTADOR 1 DEFINIR EL PROBLEMA
ADAPTADOR 2 ELECCIÓN DEL MÉTODO
ADAPTADOR 3 ANALISIS DEL SISTEMA
ADAPTADOR 4 UTILIZACIÓN E^ DEFINICIÓN DEL ROL INTERVENCIÓN
ADAPTADOR 5 EVALUACIÓN
ADAPTADOR 6 INTERPRETACIÓN
Según Sánchez Vidal, se puede hablar de definiciones “implícitas” y “explícitas” de Psicología Social Aplicada. Son implícitas las que hay que deducir de la obra de aquellos autores que analizan las propiedades y características de la Psicología Social Aplicada sin llegar a proporcionar una definición directa. Un ejemplo de este tipo es la de Argyle: “ la Psicología Social Aplicada es la adopción, en situaciones de la vida real, de prácticas nuevas o modificadas basadas en la investigación, los métodos o las ideas de la Psicología Social ”. Esta definición apunta a los cuatro parámetros básicos de la psicología social aplicada:
Entre las características, destaca como una de las más relevantes el ambio de rol del psicólogo, que se involucra en la aplicación. Mientras que en la teorización o investigación se actúa en un rol científico, enfrentarse a la realidad que intenta modificar requiere adoptar el rol de aplicador. Este presenta facetas nuevas: lo plantea Lewin cuando habla de la necesidad de “análisis de una realidad concreta”, Cialdini cuando exige comprobar “el poder y la generalidad” y Mayo y LaFrance al introducir el adaptador de analizar el sistema social en el que se va a actuar. Además al implicarse en una actividad de diferente naturaleza a la científica, se establece una “relación contractual” con los sujetos, y tendrá que rendir cuentas y responder a nuevas exigencias. Sanchez Vidal propone estos roles que puede asumir el psicólogo social:
Activista: toma partido por su cliente y asume sus reivindicaciones. Abogado: promueve la causa de sus clientes, generalmente en contra de sus adversarios. Mediador: trabaja para poner de acuerdo a dos partes en conflicto. Investigador aplicado : se centra en el análisis de la situación que demanda modificación y trata de distanciarse de los puntos de vista tradicionales. Ejecutor: lleva a su término los acuerdos a los que se ha llegado.
El desarrollo reciente de la Psicología Social Aplicada ha dado lugar a nuevos modelos de relación entre aplicación, teoría e investigación psicosociales, entre los que destaca el modelo PATH , propuesto por Buunk y Van Vugt. Estos autores señalan que, a menudo, las teorías desarrolladas desde la Psicología Social se encuentran notablemente alejadas de los problemas que aquejan a la sociedad. Sin embargo, muchos de esos problemas, como la violencia o el racismo por ejemplo, contienen aspectos que podrían ser, no sólo investigados, sino también tratados desde un enfoque psicosocial. Con ese fin, estos autores propusieron un modelo centrado en la resolución de problemas sociales , la metodología PATH. Su objetivo fundamental es utilizar el conocimiento psicosocial para llegar al diseño de un programa de intervención a través de una serie de pasos sucesivos que se conectan coherentemente entre sí por medio de una utilización sistemática y estratégica de las aportaciones de la disciplina.
Se llevó a cabo una intervención psicosocial en la universidad de California con el fin de reducir la percepción de amenaza que puede afectar a los estudiantes recién llegados a la universidad, especialmente si pertenecen a una minoría étnica. Este estudio, publicado en la prestigiosa revista Science, muestra cómo una breve intervención psicosocial de apenas una hora de duración puede mejorar los resultados académicos, el bienestar y la salud de un grupo negativamente estereotipado en el ámbito educativo: los estudiantes afroamericanos.
Walton y Cohén, sus autores, señalan que las diferencias socioeconómicas entre grupos marginados y no marginados se mantienen por la existencia de numerosos factores estructurales. Ahora bien, como investigadores, sólo pueden actuar sobre variables psicológicas, como el sentimiento de pertenencia social. Este es un motivo social humano fundamental, definido como la necesidad de establecer relaciones positivas con otros. Su no satisfacción puede generar problemas en múltiples ámbitos, como la salud, la adaptación social, el bienestar o incluso el rendimiento intelectual.
Los miembros de grupos socialmente estigmatizados, como los afroamericanos, presentan mayor incertidumbre que los grupos no estigmatizados respecto a su pertenencia social a distintas instituciones, como la escuela o el trabajo. Los miembros de grupos negativamente estereotipados tienden a sentirse inseguros sobre la posibilidad de desarrollar relaciones sociales positivas en estos escenarios. La intervención sobre esa incertidumbre en el proceso de transición a un nuevo escenario, la universidad, podría generar amplios y diversos beneficios.
Su intervención sobre los nuevos estudiantes de la universidad trata de evitar las interpretaciones de falta de pertenencia social, derivadas de los frecuentes contratiempos que pueden surgir, y fomentar significados no amenazantes de las experiencias adversas que se van a encontrar. Asimismo, la intervención pretende que ese cambio perceptivo en la codificación de la experiencia social perdure a lo largo del tiempo. Para ello, los efectos a corto plazo deben traducirse en efectos a largo plazo a través de un «círculo virtuoso recurrente» en el que las mejoras iniciales en el rendimiento de los estudiantes favorezcan su sentimiento de pertenencia a la universidad y este sentimiento de pertenencia, a su vez, potencie todavía más su rendimiento, su salud y su bienestar.
La intervención se llevó a cabo con dos grupos de estudiantes estadounidenses: 49 afroamericanos y 43 de origen europeo, en su primer año de universidad. Los participantes tuvieron que completar diariamente un cuestionario sobre sus respuestas psicológicas a distintos problemas durante la semana siguiente a la intervención. Para evaluar los efectos de la intervención sobre el sentimiento de pertenencia, la salud y el bienestar a largo plazo, los participantes completaron un cuestionario tres años después, cuando se encontraban a punto de terminar sus estudios.
Los participantes eran asignados aleatoriamente a la condición de tratamiento (recibían intervención) o a la de control (no la recibían). La intervención consistía en presentarles los resultados de un estudio supuestamente realizado con estudiantes de cursos superiores. Los resultados mostraban que la mayoría de esos estudiantes habían estado preocupados por su pertenencia social durante el primer año de universidad, si bien, con el tiempo, esas preocupaciones dejaron paso a una mayor seguridad. El mensaje instaba a interpretar los problemas propios del primer año de universidad no como déficits personales o derivados de su pertenencia étnica, sino como aspectos habituales y transitorios del proceso de adaptación a la universidad. Con el fin de favorecer esa interpretación alternativa, se presentaban extractos de varios testimonios de estudiantes de cursos superiores.
Los resultados de los registros diarios tomados durante la semana siguiente a la intervención sugirieron que el tratamiento amortiguaba las reacciones de los afroamericanos ante los problemas cotidianos, de modo que su sentimiento de pertenencia social no variaba de un día para otro, sino que se mantenía estable. Por el contrario, el sentimiento de pertenencia de los afroamericanos en la condición de control era más voluble y aumentaba o disminuía según las experiencias acontecidas cada día.
A largo plazo, tras tres años, la intervención aumentó el rendimiento académico de los estudiantes afroamericanos en comparación con el grupo control y redujo significativamente la brecha con respecto al grupo de estudiantes blancos. La intervención también tuvo efectos positivos sobre la salud y el bienestar de los participantes afroamericanos. Se obtuvieron resultados similares con respecto al bienestar: los participantes afroamericanos en la condición de tratamiento se sentían más felices que los participantes afroamericanos en la condición de control, y la brecha entre estudiantes negros y blancos se anulaba en la condición de tratamiento.
Este estudio demuestra experimental y longitudinalmente que una intervención breve sobre el sentimiento de pertenencia social puede generar efectos significativos a largo plazo en ámbitos importantes como el rendimiento académico, la salud y el bienestar. Asimismo, estos resultados sugieren que las diferencias entre grupos marginados y no marginados emanan no sólo de factores estructurales, sino también de factores psicológicos como la preocupación por la pertenencia social. La solución pasa por una intervención psicosocial que permita modificar el significado negativo que los estudiantes normalmente confieren a los problemas de adaptación a la universidad. Por último, cabría señalar que este tipo de intervención no puede utilizarse en contextos abiertamente hostiles. Dado que el tratamiento se basa en el cambio de interpretación de eventos ambiguos no podría ser efectivo en entornos en los que el significado de los eventos es claro y negativo.
Esta intervención podría encajar dentro del modelo de Mayo y LaFrance, que enfatiza la necesidad de poner el conocimiento psicosocial al servicio de la mejora de la calidad de vida de las personas. Emplean los adaptadores que permiten conectar la preocupación por la calidad de vida con la construcción del conocimiento: definen el problema y eligen un método apropiado. Además conocen bien el sistema sobre el que van a actuar (adaptador de análisis del sistema) y el rol que van a adoptar interviniendo como investigadores (adaptador de definición del rol). Cierran el ciclo con la utilización e intervención, que se comprueba después evaluándolo e interpretándolo, en esta intervención lo realizan en dos momentos diferentes, a la semana siguiente y tres años después.
6.2. LUCHA CONTRA EL PREJUICIO HACIA LAS PERSONAS OBESAS
Las personas obesas sufren discriminación en la sanidad, en el contexto escolar, en las relaciones interpersonales, en los medios de comunicación y en el ambiente de trabajo, entre otros. Por ello, algunos psicólogos sociales se han planteado qué puede hacer su disciplina para mejorar aquellos aspectos de la calidad de vida de las personas aquejadas por esta enfermedad que guardan relación con la discriminación de la que son objeto.
Dos profesoras de la Universidad de Hawai, Ciao y Latner intentaron aplicar las ideas de Lewin sobre la investigación-acción para incrementar el bienestar de la población obesa por medio de la reducción del prejuicio que sufren los miembros de este colectivo. En concreto, estas investigadoras recurrieron a la teoría de la disonancia cognitiva de Festinger para intentar mejorar la visión que se tiene de las personas obesas. La idea nuclear de Festinger (Capítulo 6) es que la disonancia (la existencia simultánea de cogniciones incongruentes) genera malestar en la persona, y que esta hará todo lo posible para eliminar dicho estado y orientará sus cogniciones en un intento de lograr el anhelado equilibrio.