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Orientación Universidad
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psicobiologia, Apuntes de Psicología

Asignatura: Fundamentos de Psicobiologia I, Profesor: , Carrera: Psicología, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 01/12/2015

susana_gracia
susana_gracia 🇪🇸

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68 INVESTIGACION Y CIENCIA, diciembre, 2010
Cuando amanece en el Parque Na-
cional de Gombe, en Tanzania, el
sol tarda algún tiempo en despuntar
sobre la cordillera situada al este
y alcanzar con sus rayos cálidos el
bosque que hay debajo. Allí, una cuadrilla de
chimpancés se va despertando. Uno tras otro,
se desperezan, observan el cielo matutino y
poco a poco vuelven a la actividad. Cada uno
se halla sentado en la rama que sostiene su
nido y orina en silencio sobre el suelo, situado
varios metros más abajo. En cada árbol hay
uno o dos nidos; un árbol altísimo del género
Chrysophyllum alberga varios de ellos. En pocos
minutos, la silenciosa banda desciende para
sentarse sobre la colina, como si de grandes
piedras se tratara.
Después, como si obedeciera a una señal,
uno de los machos más viejos se levanta y
empieza a andar. Sale del área de descanso
y se dirige hacia el norte. Varios machos lo
siguen, pero dos orientan sus pasos hacia un
lago situado al oeste. Una madre y su hijo
se encaminan hacia el sur, solos. Un par de
machos jóvenes permanecen en el lugar; más
tarde se dirigirán hacia el este subiendo por
las abruptas colinas. Los 26 chimpancés que
anidaban juntos al alba se han dividido ahora
en al menos cinco grupos, de uno a ocho
individuos cada uno, a punto de iniciar un
día lleno de decisiones y encuentros sociales
complicados.
Al otro lado del mundo, el alba empieza a
iluminar la costa de la península del Yucatán,
en México. Con la precisión de un reloj, un
grupo de delfines pasa en este momento frente
al destartalado muelle de pescadores. Gordo,
un macho regordete de delfín mular con una
muesca profunda y clara en su aleta dorsal,
aparece el primero en la niebla matutina. Se
abre camino lentamente hacia el oeste a lo
largo de la costa; el resto del grupo le sigue
a unos 100 metros de distancia. Al brillar el
sol, van desfilando ante el embarcadero un
cuerpo gris oscuro tras otro, hasta un total de
14 delfines: una hembra con su cría y otros
12. Unos veinte metros más allá del muelle,
se reúnen junto a un colorido conjunto de
barcas atracadas. Algunos bucean, otros se
arremolinan en la superficie.
En pequeños grupos, los delfines exploran
sin prisa el fondo arenoso, mientras otros van
llegando de la dirección opuesta para unirse
a ellos. Ahora suman 23, entre ellos dos crías
junto a sus madres, todos congregados en una
zona de agua oscura que tal vez esconda una
buena pitanza. De repente, el círculo se des-
pliega en dos hileras: cinco animales se retiran
de manera uniforme hacia el embarcadero en
una procesión casi monacal; los demás desa-
parecen rápidamente hacia el oeste. El sol se
sitúa ya sobre el horizonte. Lo que durante
un momento pareció una formación singular
y cohesionada se ha reorganizado y separado
en grupos, dispuestos a las complejas tareas
e interacciones que constituirán su actividad
cotidiana.
CONCEPTOS BA SICOS
nPrimates y cetác eos
están dotad os de un gran
tamaño cerebral, asociado
a un elevado cocient e de
encefalización, y d e una
inteligencia parecida
a la humana.
nLos datos demue stran que
esa inteligencia responde
a una evolución conver-
gente de esas especies
respecto a ese rasgo.
La capacidad c erebral
les ha otorgado ha bilida-
des de comunicación
y sociales complej as, una
adaptación evolutiva que
ha favorecido en ellas la
supervivencia y la repro-
ducción.
nNumerosas pruebas
indican que simios y
delfines poseen capacidad
de lenguaje, y adem ás se
reconocen a sí mismo s
como individuos.
Tamaño cerebral
e inteligencia
Observaciones en chimpancés y delfines refuerzan la hipótesis de la existencia
de una inteligencia parecida a la humana en otras especies
Maddalena Bearzi y Craig Stanford
1. CHIMPANCES Y DELFINES parecen tener
poco en comú n. Pero ambos poseen u n cerebro
relativamente grande y la inteligencia necesaria
para medrar e n ambientes sociales c omplejos y
fluidos. En la f otografía superior, chi mpancés en
Tanzania se reú nen alrededor de un mac ho alfa y
le solicita n compartir la car ne de corzo que éste
sujeta. En la fotografía inferior, delfines comunes
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zan juntos e n aguas de Baja Califo rnia.
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C

uando amanece en el Parque Na- cional de Gombe, en Tanzania, el sol tarda algún tiempo en despuntar sobre la cordillera situada al este y alcanzar con sus rayos cálidos el bosque que hay debajo. Allí, una cuadrilla de chimpancés se va despertando. Uno tras otro, se desperezan, observan el cielo matutino y poco a poco vuelven a la actividad. Cada uno se halla sentado en la rama que sostiene su nido y orina en silencio sobre el suelo, situado varios metros más abajo. En cada árbol hay uno o dos nidos; un árbol altísimo del género Chrysophyllum alberga varios de ellos. En pocos minutos, la silenciosa banda desciende para sentarse sobre la colina, como si de grandes piedras se tratara. Después, como si obedeciera a una señal, uno de los machos más viejos se levanta y empieza a andar. Sale del área de descanso y se dirige hacia el norte. Varios machos lo siguen, pero dos orientan sus pasos hacia un lago situado al oeste. Una madre y su hijo se encaminan hacia el sur, solos. Un par de machos jóvenes permanecen en el lugar; más tarde se dirigirán hacia el este subiendo por las abruptas colinas. Los 26 chimpancés que anidaban juntos al alba se han dividido ahora en al menos cinco grupos, de uno a ocho individuos cada uno, a punto de iniciar un día lleno de decisiones y encuentros sociales complicados. Al otro lado del mundo, el alba empieza a iluminar la costa de la península del Yucatán, en México. Con la precisión de un reloj, un grupo de delfines pasa en este momento frente al destartalado muelle de pescadores. Gordo, un macho regordete de delfín mular con una muesca profunda y clara en su aleta dorsal,

aparece el primero en la niebla matutina. Se abre camino lentamente hacia el oeste a lo largo de la costa; el resto del grupo le sigue a unos 100 metros de distancia. Al brillar el sol, van desfilando ante el embarcadero un cuerpo gris oscuro tras otro, hasta un total de 14 delfines: una hembra con su cría y otros

  1. Unos veinte metros más allá del muelle, se reúnen junto a un colorido conjunto de barcas atracadas. Algunos bucean, otros se arremolinan en la superficie. En pequeños grupos, los delfines exploran sin prisa el fondo arenoso, mientras otros van llegando de la dirección opuesta para unirse a ellos. Ahora suman 23, entre ellos dos crías junto a sus madres, todos congregados en una zona de agua oscura que tal vez esconda una buena pitanza. De repente, el círculo se des- pliega en dos hileras: cinco animales se retiran de manera uniforme hacia el embarcadero en una procesión casi monacal; los demás desa- parecen rápidamente hacia el oeste. El sol se sitúa ya sobre el horizonte. Lo que durante un momento pareció una formación singular y cohesionada se ha reorganizado y separado en grupos, dispuestos a las complejas tareas e interacciones que constituirán su actividad cotidiana.

CONCEPTOS BASICOS

n Primates y cetáceos están dotados de un gran tamaño cerebral, asociado a un elevado cociente de encefalización, y de una inteligencia parecida a la humana.

n Los datos demuestran que esa inteligencia responde a una evolución conver- gente de esas especies respecto a ese rasgo. La capacidad cerebral les ha otorgado habilida- des de comunicación y sociales complejas, una adaptación evolutiva que ha favorecido en ellas la supervivencia y la repro- ducción.

n Numerosas pruebas indican que simios y delfines poseen capacidad de lenguaje, y además se reconocen a sí mismos como individuos.

Tamaño cerebral

e inteligencia

Observaciones en chimpancés y delfines refuerzan la hipótesis de la existencia de una inteligencia parecida a la humana en otras especies

Maddalena Bearzi y Craig Stanford

1. CHIMPANCES Y DELFINES parecen tener poco en común. Pero ambos poseen un cerebro relativamente grande y la inteligencia necesaria para medrar en ambientes sociales complejos y fluidos. En la fotografía superior, chimpancés en Tanzania se reúnen alrededor de un macho alfa y le solicitan compartir la carne de corzo que éste sujeta. En la fotografía inferior, delfines comunes costeros, entre ellos una cría muy pequeña, avan- zan juntos en aguas de Baja California.

anup shah/nature picture library (

arriba

); mark carwardine/nature picture library (

abajo

)/American Scientist

American Scientist

3. DELFINES Y CHIMPANCES exhiben en la naturaleza con- ductas inteligentes parecidas, como las que se ilustran aquí. Averiguar las complejidades de la organización social y de los comportamientos de delfi- nes y chimpancés ha llevado un tiempo. La investigación en esos campos continúa arrojando nuevos resultados.

Coaliciones Los machos colaboran para aislar a las hembras y evitar que escapen

Coaliciones Los machos forman grupos para proteger el territorio y raptar a hembras jóvenes de otras comunidades

Utensilios Se ha visto a delfines protegiéndose el rostro mientras buscan comida o excavan en el fondo marino

Utensilios Los chimpancés fabrican útiles para obtener insectos

Caza cooperativa Las estrategias consisten en rodear y reunir cardúmenes de peces, y comer por turnos

Caza cooperativa Los grupos evalúan y atacan a las presas en un asalto organizado

Grupos sociales variables De manera impredecible se hacen y deshacen subgrupos provisionales, o bandos: el tamaño y la composición de los mismos dependen de la presencia de alimento y de hembras fértiles

Grupos sociales variables De manera impredecible se hacen y deshacen subgrupos provisionales, o bandos: el tamaño y la composición de los mismos dependen de la presencia de alimento y de hembras fértiles

DELFINES CHIMPANCES

Maddalena Bearzi es presidenta y cofundadora de la Sociedad para la Conservación de los Océanos y periodista especiali- zada en naturaleza. Se doctoró en biología por la Universidad de California en Los Angeles. Duran- te más de 20 años ha estudiado delfines y ballenas en California y en otras partes del mundo. Craig Stanford es profesor de antropo- logía y biología en la Universidad de California del Sur y codirector del Centro de Investigación Jane Goodall. Se doctoró en antro- pología por la Universidad de California en Berkeley. Viene reali- zando investigaciones de campo sobre los grandes simios de Africa desde hace más de 15 años. © American Scientist Magazine.

Los autores

son distintivas la girificación neocortical, o replegamiento de la corteza cerebral (que en los delfines sobrepasa al de cualquier primate) y la presencia de neuronas de Von Economo, de forma alargada, que en los humanos se ha relacionado con la habilidad social y la capacidad de percibir el pensamiento de los demás. Esas neuronas se han descrito hace muy poco en los delfines mulares. Pero, ¿por qué un cerebro voluminoso y complejo constituye una ventaja? Los dino- saurios poseían un cerebro diminuto, pero prosperaron durante millones de años. La in- teligencia representa una adaptación, pero no necesariamente la única ni la más provechosa. Lo que funciona mejor para un organismo depende de su contexto ambiental. Algunos apenas han evolucionado desde hace millones de años. Otras estirpes, como los primates y los cetáceos, han experimentado cambios espectaculares y un gran aumento del tamaño cerebral en menos tiempo. La selección natu- ral ha favorecido la inteligencia cuando ésta aumentaba la supervivencia y la reproducción y cuando confirmaba rasgos determinados ge- néticamente. La capacidad cerebral ha dotado a delfines y simios de habilidades de comunicación y sociales complejas que sólo ahora empezamos a entender. A diferencia de la mayoría de los animales, simios y delfines viven en sociedades fluidas donde las relaciones se basan en el recuerdo de quién es amigo y quién debe un favor a quién. Forman alianzas sociales que

van cambiando en función de sus necesidades. Los grandes simios poseen un intelecto que a menudo se califica de maquiavélico. Recuerdan favores que se les deben y deudas en las que han incurrido, y operan en una “economía de servicios” en la que intercambian funciones [ véase “Así negocian los animales”, por Frans B. M. De Waal; Investigación y ciencia, ju- nio de 2005]. Los chimpancés macho forman cuadrillas de vigilancia y cuadrillas de caza. También modifican sus alianzas en beneficio propio. Actúan con un grupo para obtener acceso sexual a una hembra y con otro para derrocar a un macho alfa. Antes se pensaba que algunas de esas alianzas se basaban en el parentesco; sin embargo, Anthony Goldberg y Richard Wrangham demostraron hace algunos años que no necesariamente era así. Algunos delfines forman también coalicio- nes de machos con el fin de forzar sexual- mente a las hembras. En fecha reciente, Da- vid Lusseau, de la Universidad de Aberdeen, observó que esos grupos cooperan, además, para vencer a otras coaliciones de machos. Se realizan así “acuerdos” complejos entre machos del mismo banco, que trabajan en parejas y tripletes para secuestrar a hembras en estro. En otros contextos, los delfines practican in- cluso el engaño y la impostura, conductas que exigen una teoría de la mente: la capacidad de percibir estados mentales en uno mismo y en los demás. El equipo de Stan Kuczaj, de la Universidad de Mississippi del Sur, ob- servó el engaño intencionado en Kelly, un

delfín hembra en cautividad. Al igual que sus compañeros de aljibe, Kelly había aprendido a recuperar objetos de la piscina a cambio de pescado. Pero en una ocasión, Kelly apareció en la superficie con algunos objetos de origen desconocido con la esperanza de obtener más pescado. Después de buscar en la piscina, el adiestrador descubrió un escondite donde, día tras día, el delfín había ocultado los objetos que los turistas dejaban caer inadvertidamente, para usarlos después como moneda de cambio

con sus adiestradores. Al observarla con más atención, se comprobó que Kelly evitaba traer nuevos objetos a su escondite o sacarlos de él en presencia de otros delfines. Los grandes simios también parecen practi- car el engaño. En Tanzania, uno de los autores (Stanford) observó que un chimpancé macho de jerarquía baja, llamado Beethoven, utiliza- ba el engaño para aparearse con una hembra a pesar de la presencia de Wilkie, el macho alfa. Una banda de chimpancés se hallaba en un calvero del bosque y Beethoven realizó una exhibición de carga por todo el grupo; su pelo completamente erizado y su postura arqueada indicaban una bravata. Al tratarse de un macho de rango bajo, Wilkie interpretó esa acción como una insubordinación. Cuando Beethoven pasó ante Wilkie y se adentró en la densa espesura, éste lo persiguió al tiempo que hacía su propia exhibición, arrastrando ramas, golpeando los troncos de árboles con los pies y, en general, intentando impresionar al máxi- mo. Con Wilkie abstraído en su exhibición de dominancia, Beethoven retornó furtivamente al calvero y copuló con una hembra que lo esperaba ansiosa.

Inteligencia y empleo de utensilios Cada vez se conoce con mayor profundidad la manera en que chimpancés y delfines aplican su inteligencia para servirse de instrumentos. Jane Goodall y otros demostraron hace decenios que los chimpancés empleaban varitas para recolectar insectos. En 2007, la primatóloga Jill Pruetz publicó las observaciones que realizó su equipo en Senegal: un chimpancé utilizaba una ramita que había pelado y afilado para cazar a otro mamífero, algo que antaño sólo se había visto en humanos. El chimpancé introdujo el palo en cavidades de árboles hasta hallar y extraer con el mismo un gálago del Senegal, un primate del tamaño de una ardilla. Aunque no era exactamente una lanza, la varita constituía una prueba de que el chimpancé había previsto inmovilizar y extraer la presa que pretendía, y había ingeniado una solución. Los delfines carecen de manos para mani- pular utensilios, pero las hembras de delfines mulares que viven en libertad en el océano Indico son los primeros cetáceos en los que se ha verificado el “empleo de útiles”. El equipo de la bióloga marina Rachel Smolker observó a principios de los ochenta que las hembras llevaban, a modo de máscara, una gran esponja de forma cónica en la punta de su hocico alar- gado, o rostro. Esa especie de “mitones nasales” servían de protección contra organismos urti- cantes o la abrasión de la arena, o para extraer presas del fondo marino. En una publicación de 2005, el grupo de Michael Krützen, de la cortes

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arriba

);

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abajo

)/American Scientist

**4. LuCHA DE DELFINES. Esta fotografía singular se tomó en 1983, en un enfrentamien- to entre alianzas de delfines de las bahías de Sarasota y de Tampa, en la costa de Florida. Los delfines muerden, hacen chocar su cuerpo contra los oponentes y golpean fuertemente con su cola. Este encuentro dejó a varios delfines con el rostro y las aletas ensangrentados. Los delfines macho forman alianzas principalmente para secuestrar a hembras, pero nuevos datos indican que también lo hacen para vencer a otras alianzas.

  1. LOS MACHOS DE CHIMPANCES forman grupos para merodear por los límites de sus territorios. Si se topan con individuos de otros grupos sociales, los persiguen o los atacan, a veces de manera brutal. La fotografía fue tomada en 1962 en el Parque Na- cional de Gombe, en Tanzania, por el fotógrafo holandés Hugo van Lawick, el primer marido de la primatóloga Jane Goodall.**

social en los delfines es la transmisión cultural vertical de especializaciones de búsqueda y obtención de alimento y de dialectos voca- les. John Ford describió así lo que denominó “mimetismo de llamadas entre manadas” en la naturaleza y demostró que las orcas realizan un aprendizaje vocal.

Construcción del lenguaje Los científicos discrepan sobre si los delfines poseen capacidad de lenguaje. Pero las pruebas indican que sí la tienen, en función de cómo se defina el lenguaje. El grupo de Louis Her- man, del Laboratorio de mamíferos marinos del Acuario de Kewalo, en Honolulu, diseñó en los años ochenta dos lenguajes artificiales

que enseñó a los delfines mulares de sus ins- talaciones. Los lenguajes no se parecían a la conversación humana, pero ambos estaban basados en un conjunto de reglas gramaticales. Uno era generado por ordenador e incluía palabras estridentes; el otro era un lenguaje de signos transmitido por los adiestradores mediante señales con las manos y brazos. En una clase subacuática se enseñó varias frases a dos delfines, Ake y Phoenix. Consistían en órdenes que describían cómo tomar un disco volador ( frisbee ) a través de una anilla o cómo nadar alrededor de otro delfín. Se observó, asimismo, que los delfines podían identificar las frases sin sentido. De este modo, cuando un adiestrador pronunciaba una orden que carecía de significado en los lenguajes creados, Ake la ignoraba. A lo largo de decenios se han ido recopi- lando pruebas sobre la capacidad de lenguaje en los simios, incluido el lenguaje de signos. Quizá la prueba más persuasiva proceda de la primatóloga Sue Savage-Rumbaugh, quien durante 30 años ha trabajado en el Centro de Investigación del Lenguaje de la Universidad estatal de Georgia. Savage-Rumbaugh demos- tró que Kanzi, un macho de bonobo, había aprendido a comunicarse tocando símbolos de un tablero léxico y comprendía el lenguaje hablado. La primatóloga estimaba que Kanzi podía emitir 300 palabras y comprender más de 1000 palabras habladas. El trabajo de Savage-Rumbaugh y de otros investigadores ha zanjado dos cuestiones que se planteaban acerca del lenguaje de los simios. En primer lugar, demostró que los simios com- prendían y empleaban el concepto de referen- cia y utilizaban palabras como símbolos para representar cosas de su alrededor. En segundo lugar, verificó que los primates combinaban esas palabras para hacer peticiones, dar in- formación y realizar observaciones sobre su entorno. Si de verdad existe una diferencia entre lo que entiende Kanzi y un niño de un año de edad, los científicos todavía no lo han descubierto. También hay indicios de que delfines y chimpancés se identifican a sí mismos como individuos. Ante el espejo, los chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes, así como los delfines mulares, no sólo se reconocen, sino que se dan cuenta de las manchas de pintura realizadas sobre su cuerpo durante experi- mentos. Aunque ello no demuestra que los animales posean una conciencia comparable a la humana, sí indica, al igual que su com- portamiento en la naturaleza, que cuentan con funciones intelectuales. De igual modo, puede que el gran tamaño del cerebro ayude a esos animales a obtener imagen obtenida a partir de un video de investigacion, cortesia de

louis

herman,

instituto del

delfin,

hawai (

arriba

);

cortesia de la

fundacion

gran

simio (

abajo

)/American Scientist

**8. uN DELFIN MuLAR, Akeakamai (Ake), se sitúa frente a un adiestrador como parte de unos experimentos sobre lenguaje realizados por el equipo de Louis Herman, del Labo- ratorio de mamíferos marinos del Acuario de Kewalo, en Honolulu. El adiestrador está realizando los cinco gestos que corresponden a la orden de cinco palabras: “left basket right frisbee in” (introducir disco derecho en cesto izquierdo). Para ejecutarla correcta- mente, Ake debe procesar los componentes semánticos y sintéticos del mensaje.

  1. uN MACHO DE BONOBO, llamado Kanzi, del Centro de Investigación del Lenguaje de la universidad estatal de Georgia, empezó a aprender lexigramas, símbolos abstractos que representan palabras, a una edad temprana. La primatóloga Savage- Rumbaugh estimó que Kanzi acabó por aprender más de 1000 palabras habladas y emitir unas 300 utilizando lexigramas. Demostró así que los simios pueden com- prender y emplear el concepto de referencia.**

alimentos. La disponibilidad de éstos responde a una enorme variabilidad espacial y tempo- ral. Numerosas especies de delfines persiguen cardúmenes de peces; los chimpancés aprove- chan la aparición efímera de frutos maduros en las copas de los árboles. Predecir el lugar y momento apropiados para obtener alimentos constituye todo un reto. Los chimpancés, dota- dos de una enorme memoria espacial, hacen el seguimiento de árboles frutales concretos en las semanas anteriores a la maduración. Alcanzada ésta, retornan un día tras otro al lugar adecuado hasta consumir todos los frutos. Los delfines deben acometer una tarea aún más difícil: loca- lizar bancos de peces que se desplazan rápida- mente, sin hitos para orientarse como árboles, ríos y montañas. Para ello utilizan el sonar, un sistema extraordinariamente evolucionado que sólo hace poco los humanos han logrado reproducir para su propio uso. Pero además de sus adaptaciones meramente sensoriales, los delfines hacen buen uso de su inteligencia y su memoria para encontrar peces. Los chimpancés se alimentan sobre todo de frutos, pero, como los delfines, también cazan. Y su caza es social. Atacan a grupos de monos que descubren durante sus paseos en busca de frutos en los bosques africanos. La persecución, captura y muerte de las pre- sas son impresionantes, a menudo horribles y siempre ilustrativas de la naturaleza social de los chimpancés. Para un león, la cebra a la que persigue representa una pitanza, pero para un chimpancé, la posibilidad de matar y com- partir la presa no sólo constituye un acto de nutrición, sino también de importancia social. Se ha demostrado que los machos utilizan la carne para negociar nuevas alianzas, provocar a antiguos rivales y asegurarse el nivel social. Los machos adultos y adolescentes realizan la mayor parte de la caza; en Gombe, alrededor del 90 por ciento. Las hembras también cazan, pero con mayor frecuencia reciben una parte de la carne que el macho ha conseguido, ya sea cazando o robándosela a otro. Aunque los chimpancés, machos o hembras, a veces cazan por su cuenta, la mayor parte de las cacerías son sociales. Para muchas especies de delfines, la caza constituye también una tarea social. Los del- fines son depredadores eficientes que utilizan agilidad e inteligencia para capturar su presa. Las orcas, los delfines de mayor tamaño, exhi- ben una de las prácticas de caza más coope- rativas. Situadas en la cúspide de la cadena trófica, las orcas transeúntes se alimentan de mamíferos marinos pequeños, como focas que descansan en la playa o en témpanos de hielo. En el litoral de la Patagonia se ha observado que las orcas se coordinan para hacer caer al

agua a esos animales. En ocasiones, la captura de un pinnípedo representa una lección para la cría, que empleará la misma técnica durante toda su vida. Grupos de orcas atacan también a ballenas de mayor tamaño que ellas, sin miedo o vacilación, con una elevada eficacia depredadora. La habilidad cazadora de los delfines los convierte en un activo muy apreciado por otros habitantes del océano. En las aguas costeras de Los Angeles, uno de los autores (Bearzi) ha observado con frecuencia a otarios o leones de mar en la proximidad de delfines durante su búsqueda de alimentos. Ambas especies depredadoras se desplazan y alimentan juntas, sin hostilidad ni competencia evidentes. Los leones de mar sacan partido de la capacidad de ecolocación de los delfines comunes para obtener sus propias presas. Las diversas estra- tegias de caza descritas en las sociedades de delfines y simios reflejan de forma excelente su complejidad social y refuerzan la idea de la interconexión entre complejidad cerebral, social y ecológica.

Mejor conocidos, peor conservados El mayor conocimiento de la inteligencia de los grandes simios y los delfines se está pro- duciendo al tiempo que aumenta la amenaza sobre esos animales en todo el mundo. Al adentrarnos cada vez más en las selvas tropi- cales en busca de madera, tierras de cultivo y espacio para viviendas, alteramos el hábitat de los simios. La continua caza de esos animales está también haciendo estragos. Y cuando uti- lizamos los océanos como vertederos, estamos degradando el hábitat de los delfines. La pesca accidental de especies sin valor comercial en la actividad pesquera industrial, lo que se conoce como captura accesoria, representa uno de los problemas principales a los que se enfrentan esos animales. Muchos conservacionistas creen que dentro de un siglo los grandes simios vivirán únicamente en unos pocos santuarios protegidos o en cautividad. Las poblaciones de delfines son menos visibles que las de los grandes simios, pero sobre ellas se ciernen amenazas también insidiosas. En la actuali- dad, varias especies de delfines se hallan en situaciones difíciles de conservación: en peligro crítico, en peligro, amenazadas o en estado de conservación desconocido. Tras varios años de estudiar delfines y simios en la naturaleza, los autores han llegado a la misma conclusión: si esas especies y los ecosis- temas donde viven no se conservan y protegen, no sobrevivirán hasta el próximo siglo. Lamen- tablemente, esta previsión llega justo cuando empezamos a conocer mejor sus complejas cortesia de diana reiss/ capacidades e interacciones sociales.

American Scientist

10. ESTE DELFIN del Acuario de Nueva York, en Brooklyn, pasó mucho más tiempo mirándose en un espejo subacuático des- pués de haber sido marcado con tinta temporal que cuando se simuló marcarlo o no se marcó. El delfín dio varias vueltas sobre sí mismo para poder ver una aleta que los investigadores habían simulado marcar. En otra ocasión, el delfín abrió la boca frente al espejo después de que le hubieran marcado la lengua, un comportamiento que no se había visto antes. La capacidad de reconocerse ante un espejo, un signo distintivo de la con- ciencia, se consideraba antes exclusiva de los humanos.

SPONGE CARRYING BY DOLPHINS (DELPHINIDAE, TURSIOPS SP.): A FORAGING SPECIALIZATION INVOLVING TOOL USE? R. Smolker et al. en Ethology, vol. 103, págs. 454-465; 1997.

CULTURES IN CHIMPANZEES. A. Whiten et al. en Nature, vol. 399, págs. 682-685; 1999.

MIRROR SELF-RECOGNITION IN THE BOTTLENOSE DOLPHIN: A CASE OF COGNITIVE CONVER- GENCE. D. Reiss y L. Marino en Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 98, págs. 5937-5942; 2001.

APES OF THE IMPENETRABLE FO- REST. C. Stanford. Prentice Hall (Primate Field Studies Series); Upper Saddle River, NJ., 2007.

BEAUTIFUL MINDS: THE PARALLEL LIVES OF GREAT APES AND DOLPHINS. M. Bearzi y C. B. Stanford. Harvard Univer- sity Press; Cambridge, 2008.

PARA SABER MAS