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CONSTITUCION SUBJETIVA DEL NIÑO
Tipo: Apuntes
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¿Qué nos hace sujetxs? ¿Cuál es la función del lenguaje? ¿Qué es la función simbólica? Que significa la expresión: El docente debe hacer un ofrecimiento de sentido ¿Qué significa que el cuerpo es una condición necesaria pero no suficiente? ¿Qué es el proyecto identificatorio y la historización? ¿Cuál es la función del campo social? ¿Cómo es posible el conocimiento? ¿Cómo se presenta lo social? 1 - Las condiciones mínimas y necesarias que permiten que un niño piense, fantasee, represente o simbolice lleva implícita la siguiente afirmación: “No existe un sujeto dado desde los orígenes”. Ser sujeto, es algo más que ser un cuerpo biológico. El bebé deberá pasar por un complejo proceso para constituir su psiquismo, para transformarse en un sujeto cognosciente. La subjetividad, entendida como singularidad y modo de existencia, se constituye básicamente a partir de la relación consigo mismo y con el otro. Este Otro que nutre, asiste, arrulla, mima, toca, abriga, habla, imagina a su bebé, acompaña el cuidado de sus necesidades básicas como sólo otro ser humano con una subjetividad constituida puede hacerlo. En esta asistencia de lo autoconservativo, el “Otro” introduce algo radicalmente distinto de lo biológico, que será el motor de la complejización psíquica. Retornemos la idea de contacto, de aquello que el semejante instaura en el psiquismo incipiente del cachorro. Los primeros tiempos en la vida de un niño dependen de estos contactos con su madre o con quien ejerza esa función, y transcurren a partir de ellos. El mundo se presenta por contacto; hemos visto anteriormente las consecuencias de la falta de ese contacto para el futuro desarrollo del niño (casos de marasmos, hospitalismos y lo que la literatura no La presencia de estos Otros Significativos que cumplen esos roles (más allá del vínculo biológico), insertos en un espacio de Palabra, cultural, le aportan provisión material para sus necesidades (alimento, higiene, abrigo), simbólica (provisión de sentidos que propician la significación del sí mismo y el mundo por parte del niño) y de afectos (la libido) con que los padres, en especial la madre con sus cuidados, invisten al cuerpo del recién nacido haciendo que ese cuerpo trascienda su naturaleza biológica
Todo esto le permitirá constituirse en Sujeto, es decir comenzar a construir su espacio psíquico, su mundo interior y su singularidad en relación con el entorno, con el mundo exterior. Así, desde este Ser naciente comenzará a surgir el Yo, como instancia del discurso (como “ser hablante”) desde la que cada uno se reconoce y reconoce a los otros, se diferencia y se relaciona con otros, y que cumple la función de equipar al individuo para operar en la realidad.
Esta consideración nos introduce en un tema fascinante y constitutivo en el sujeto, que es la posibilidad de historizarse El yo sólo puede pensarse a partir de las categorías de tiempo y de historia, de un tiempo historizado, de un saber sobre un pasado, sobre su pasado, que le permita al sujeto la proyección sobre un futuro, que le haga posible la enunciación de un “proyecto identificatorio”. Cuando decimos que el yo se constituye en un “tiempo historizado”, estamos haciendo referencia a un saber acerca de un pasado que posibilite la proyección del sujeto en un futuro, que permita la enunciación de un “proyecto identificatorio” para ese sujeto. Proyecto que es autoconstrucción permanente del yo por el yo, que permite un continuo movimiento, del cual depende la propia existencia del yo. La ausencia de este relato fundante deja al sujeto en formación expuesto a graves peligros en lo que respecta a las posibilidades de la constitución de su yo. 7 La posibilidad de enunciar un proyecto identificatorio está fuertemente imbricada con la posibilidad de una salida al mundo exogámico, con el lugar que la “cultura” y el “campo social” tienen como estructurantes en la subjetividad del niño. El sujeto puede constituirse sólo a partir de que lo social se inscribe en él, y él se inscribe en lo social. El individuo social se constituye en la medida en que las cosas y los individuos sean para él significativos, posibles de ser cargados libidinalmente. Esto está relacionado con el proceso de sublimación: proceso de socialización de la psique, con la sustitución de objetos privados cargados libidinalmente por objetos públicos que sean soportes de placer para el sujeto, y que valen por su La sublimación implica un modo de sustitución, de pasaje de una forma de satisfacción a otra. No se desexualiza la pulsión, sino su objeto. La cultura es fundante en la estructura psíquica. No es sólo la intromisión sexualizante del Otro, sino que esa intromisión se produce en el marco de la cultura. La cultura define al Otro. En la asistencia que la madre brinda a su bebé se hacen presentes las marcas de su propia subjetividad y de su medio
sociocultural de referencia. De su sistema de valores y creencias, de las ofertas de objetos del mundo exterior que realiza como valores o subvalorados para abrir la salida al mundo exogámico de ofertas sustitutivas. La función paterna está comprometida en la oferta de objetos del mundo social. 8 La sublimación, en tanto destino de la pulsión, implica un modo de sustitución, de pasaje de una forma de satisfacción a otra. Es imposible aproximarse a la temática del conocimiento sin dar cuenta del proceso de la sublimación; mencionado anteriormente Por otro lado, aparece la idea de “sustitución” para el sujeto, la exigencia del alejamiento de las figuras parentales como únicos y exclusivos referentes identificatorios. El conocimiento será posible en la medida en que el sujeto pueda alejarse de las figuras de base y encontrar en el discurso social objetos (cuando hablamos de objetos nos referimos a ideas, emblemas o creencias) que le hagan posible enunciar un proyecto futuro, y que éstos sean objetos de placer 9 “Lo social” no se presenta como algo homogéneo en este fin de siglo. Como señala Elliott, los significados no aparecen fijados de una vez para siempre, sino que son negociados en forma permanente. Éstas no son épocas de certezas, sino de incertidumbres. Lo cual no necesariamente nos lleva a una posición de pesimismo irremediable, tan de moda en estos tiempos , sino a volver a pensar la complejidad y el modo en que se constituyen emblemas y referentes identificatorios, tanto para los niños como para los adultos. No es que no los haya, sino que los códigos en los que se manifiestan representan un desafío para su comprensión.