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Orientación Universidad
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relaciones internacionales tema 13, Apuntes de Relaciones Internacionales

Asignatura: Relaciones Internacionales, Profesor: Rafael Calduch, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 10/09/2013

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Capítulo 6 (equivale a TEMA 13)
El Estado, el Pueblo y la Nación.
1. El estado como actor internacional: una aproximación critica al
concepto.
Los Estados siguen constituyendo una categoría, dentro de los actores
internacionales, fundamental para una adecuada comprensión de la Sociedad
Internacional.
Podemos afirmar que el Estado y su papel como sujeto activo de la realidad
internacional, ha seguido dos tendencias: una corriente formalista y una corriente
materialista.
La corriente formalista se caracteriza por la consideración del Estado como una
entidad jurídica, política y social dotada de personalidad propia, independiente,
neutral y desprovista de historicidad. También es común el establecimiento de una
radical separación entre el Estado y la sociedad (se desconectan las dimensiones
político-institucionales, atribuidas al Estado, de la dinámica socio-económica
propia de la sociedad). Por último, también se establece una separación, más o
menos radical, entre los fenómenos nacionales y los fenómenos internacionales,
siendo el Estado el instrumento de conexión y vinculación entre ambos.
Esta corriente que considera al Estado como expresión centralizada e
institucionalizada implica la existencia de una sociedad unificada y estable, en la
que el conflicto y la contestación social se mantiene de forma marginal, dentro de
los límites jurídicos y organizativos sobre los que se fundamenta la propia
existencia estatal. Sin embargo, esta premisa no se corresponde con la realidad
social que presentan la gran mayoría de los estados que componen el mundo
internacional, ya que la mayor parte de los estados que conforman la periferia del
sistema internacional, incluso algunos de los estados del centro, se encuentran
establecidos en un marco social inestable y conflictivo en el que lo característico
es la existencia de grandes sectores de la población sometidos a formas de
explotación alienantes; económica y culturalmente
Además, una parte importante de los internacionalistas que siguen esta
corriente, introducen un segundo elemento consistente en asociar el Estado a la
nación para dar paso al concepto de Estado-nación. Lo cual resulta inadecuado ya
que la nación hace referencia a una realidad sociocultural bien delimitada que,
aunque relacionada con el Estado, no puede quedar restringida a su ámbito. En
efecto, en la actualidad existen grupos nacionales que se encuentran repartidos
entre diferentes estados
Frente a las visiones simplistas y alienantes de la corriente formalista encontramos
la corriente materialista, que arranca de los trabajos y aportaciones de MARX y
ENGELS.
Para MARX únicamente a partir de la vinculación societaria (la económico-
productiva y la político-social) cabe llegar a comprender al Estado capitalista.
Esta idea induce a MARX a afirmar que el Estado constituye la forma de
organización política de la sociedad, acorde con los intereses de la clase
dominante.
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Capítulo 6 (equivale a TEMA 13)

El Estado, el Pueblo y la Nación.

1. El estado como actor internacional: una aproximación critica al concepto.

Los Estados siguen constituyendo una categoría, dentro de los actores internacionales, fundamental para una adecuada comprensión de la Sociedad Internacional. Podemos afirmar que el Estado y su papel como sujeto activo de la realidad internacional, ha seguido dos tendencias: una corriente formalista y una corriente materialista.

La corriente formalista se caracteriza por la consideración del Estado como una entidad jurídica, política y social dotada de personalidad propia, independiente, neutral y desprovista de historicidad. También es común el establecimiento de una radical separación entre el Estado y la sociedad (se desconectan las dimensiones político-institucionales, atribuidas al Estado, de la dinámica socio-económica propia de la sociedad). Por último, también se establece una separación, más o menos radical, entre los fenómenos nacionales y los fenómenos internacionales, siendo el Estado el instrumento de conexión y vinculación entre ambos.

Esta corriente que considera al Estado como expresión centralizada e institucionalizada implica la existencia de una sociedad unificada y estable, en la que el conflicto y la contestación social se mantiene de forma marginal, dentro de los límites jurídicos y organizativos sobre los que se fundamenta la propia existencia estatal. Sin embargo, esta premisa no se corresponde con la realidad social que presentan la gran mayoría de los estados que componen el mundo internacional, ya que la mayor parte de los estados que conforman la periferia del sistema internacional, incluso algunos de los estados del centro, se encuentran establecidos en un marco social inestable y conflictivo en el que lo característico es la existencia de grandes sectores de la población sometidos a formas de explotación alienantes; económica y culturalmente

Además, una parte importante de los internacionalistas que siguen esta corriente, introducen un segundo elemento consistente en asociar el Estado a la nación para dar paso al concepto de Estado-nación. Lo cual resulta inadecuado ya que la nación hace referencia a una realidad sociocultural bien delimitada que, aunque relacionada con el Estado, no puede quedar restringida a su ámbito. En efecto, en la actualidad existen grupos nacionales que se encuentran repartidos entre diferentes estados

Frente a las visiones simplistas y alienantes de la corriente formalista encontramos la corriente materialista , que arranca de los trabajos y aportaciones de MARX y ENGELS.

Para MARX únicamente a partir de la vinculación societaria (la económico- productiva y la político-social) cabe llegar a comprender al Estado capitalista.

Esta idea induce a MARX a afirmar que el Estado constituye la forma de organización política de la sociedad, acorde con los intereses de la clase dominante.

Esto sirve tanto para conceptualizar al Estado capitalista como al Estado socialista, según que la clase dominante sea la burguesía o el proletariado. MARX, además subrayará la necesidad de comprender cómo en el seno mismo de cada formación estatal se encuentra el germen antagónico que conducirá a la superación de dicha formación estatal por otra superior, hasta llegar a la sociedad comunista en la que el Estado desaparece como tal realidad institucional de poder.

Entre las principales aportaciones realizadas por el materialismo con relación al Estado vamos a referirnos particularmente a dos de ellas: El concepto defor mación social y el concepto de sistema deformaciones sociales.

Un Estado viene definido y condicionado por la conjunción de su base de producción y de su sistema político. La existencia de una formación social como elemento fundamental del Estado permite, a su vez, la generación de vínculos interestatales desarrollados a partir de idénticas o similares formaciones sociales entre varios estados. De este modo se ha expuesto y desarrollado el concepto de sistema deformaciones sociales para poder explicar las vinculaciones, pero también las diferencias, que el panorama internacional presenta, respecto del panorama intraestatal.

En general, podemos definir al Estado como: toda comunidad humana establecida sobre un territorio y con capacidad para desarrollar sus funciones políticas y económicas, mediante la generación y organización de relaciones simultáneas de poder y de solidaridad que institucionaliza en su interior y proyecta hacia el exterior.

De esta definición se desprende que el Estado debe contemplarse a partir de la conjugación de cuatro series de variables que convergen y se oponen mutuamente. Una primera serie de variables viene determinada por la correlación entre el poder (dominación) y la, solidaridad (cooperación). En segundo término, las que se refieren a las relaciones políticas y a las relaciones económicas. Un tercer lugar lo ocupan las actuaciones internas del Estado y sus actividades exteriores. Por último, la realidad estatal debe contemplarse también desde el juego recíproco , entre la dimensión territorial y la dimensión funcional que debe desempeñar.

Ante todo, cabe decir que la génesis de todo Estado está asociada a la existencia de una población establecida sobre un territorio definido, por lo que toda sociedad territorial global organizada desde la perspectiva política, constituye un Estado que adquiere así una doble dimensión: por una parte, en tanto que realidad territorial, y por otra, en tanto que entidad política.

Por lo que se refiere a la primera de estas dos dimensiones, las potencialidades económicas y demográficas de cada país están condicionadas por la extensión y naturaleza de su territorio. Además, la base espacial contribuye a definir las fronteras.

Pero por importante que sea la dimensión territorial del Estado, no se agota en ella la realidad estatal, puesto que una parte apreciable de las competencias estatales se orienta al desempeño de ciertas funciones básicas para la subsistencia de la sociedad.

Por último, debemos hacer mención de la interdependencia existente entre la política interior y exterior de cada Estado, en virtud de la cual las actuaciones de ambas repercuten tanto en el ámbito internacional como en la vida interior de las comunidades estatales. Destacar también que durante los dos últimos siglos se constata un fenómeno que podemos calificar como: efecto descompensación, el cual opera en favor de un peso creciente de lo internacional sobre lo intraestatal.

2. Los conceptos de Pueblo y Nación.

Las dos formas fundamentales de agrupación humana, de sociedad, de las que emana el Estado y sobre las que éste opera, son los pueblos y las naciones.

En efecto, tanto el pueblo como la nación son términos que responden a realidades sociales distintas y con desigual capacidad de actuación en el ámbito internacional. En términos generales podemos establecer tres etapas en la evolución del concepto de pueblo:

Primera etapa: El pueblo como entidad jurídico-política En esta primera fase, que se desarrolla durante la Revolución Francesa el pueblo afirma la idea de igualdad y libertad entre todos los ciudadanos que integran una colectividad con unos límites histórico-geográficos comunes (nación) y una organización política propia (Estado). En este sentido, cada individuo adquiere significación jurídica (Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 26 de agosto de 1789) y política (soberanía popular). Esta visión ocultaba, a su vez, una nueva forma de dominación concreta e histórica: la dominación política de la clase burguesa, cuya expresión más evidente será el establecimiento de la democracia por voto censitario. Pero el término pueblo contiene también una segunda connotación: el pueblo en tanto que realidad socio-política sólo existe en toda su plenitud cuando logra consolidarse como nación y como Estado.

Segunda etapa. El pueblo como unidad cultural La segunda fase destacada por AMENGUAL se desarrolla durante la primera mitad del siglo (Romanticismo). En esta etapa se destaca la dimensión cultural propia del pueblo, en tanto que principal vínculo de unificación e integración entre todos los individuos libres e iguales que constituían un pueblo. El pueblo aparece como una realidad social diferenciada y viva a la vez que en clara tensión con la estructuración formalista y despersonalizada del Estado, cada vez más centralista y burocratizado. Esta visión del pueblo desarrolla su dinámica propia a partir de la conjugación de ciertos elementos objetivos (comunidad étnica, lingüística, religiosa, etc.) o subjetivos («espíritu del pueblo»).

Tercera etapa. El pueblo como masas populares Aquí la clase social marginada irrumpe en la escena política, social y económica de forma conflictiva en gran medida por su oposición a la burguesía. La teoría marxista clásica permitirá el desarrollo de una nueva concepción del término pueblo.

El marxismo parte de la consideración del pueblo como realidad social integrada, fundamentalmente, por el proletariado a las que hay que agregar todos aquellos grupos que aun perteneciendo a la burguesía apoyan directa y objetivamente al proletariado (artistas, intelectuales, etc.). Así, el pueblo se identifica con las masas populares trabajadoras, las auténticas forjadoras del desarrollo histórico de las sociedades. Es desde esta perspectiva del pueblo desde donde deben interpretarse algunos términos acuñados en la doctrina marxista, tales como dictadura del proletariado, democracia popular.

A la luz de estas consideraciones, podemos decir que un pueblo es aquel grupo social que ha desarrollado unos vínculos de agregación colectiva entre sus miembros como resultado de su conciencia de identidad política común y de la actuación orientada a traducirla en una entidad estatal propia o independiente.

Lo propiamente definidor del concepto de pueblo es la conjunción de tres elementos básicos:

a) Su configuración como grupo social organizado y diferenciado de otro tipo de agrupaciones sociales menores a las que puede comprender y en las que puede apoyarse (clases sociales, tribus, grupos étnicos, lingüísticos, religiosos, etc.)

b) El desarrollo de una conciencia política propia como núcleo ideológico de vinculación entre sus miembros.

c) La acción, en ocasiones armada y violenta, destinada a consagrar la existencia del pueblo a través de su tendencia a convertirse en Estado en el que el pueblo vea reconocidos sus intereses y derechos políticos y económicos.

Junto a los pueblos cabe apreciar también en el panorama internacional y en el mundo de los estados la existencia de las naciones : aquella colectividad que ha alcanzado la integración cultural entre sus miembros, en el transcurso de un proceso histórico común, y gracias a la cual goza de una capacidad de actuación y relación con otras colectividades internacionales, así como de una autonomía funcional, interna garantizada por la identificación entre los individuos y la nación.

Hay que señalar también que en el transcurso de ese proceso de gestación de la nación que, eventualmente, no se ha culminado plenamente, nos encontramos con una forma de agrupación social en la que los vínculos culturales no están plenamente desarrollados, pero que, sin embargo, permiten un cierto grado de organización, estabilidad y actuación colectiva; tales grupos constituyen lo que denominamos nacionalidades, que pueden ser definidas como naciones en proceso de formación histórica.

La nación, por tanto, no puede ser analizada más que desde la consideración de su doble naturaleza, social y cultural, que no implica una relación de necesidad con la existencia de otras formas de organización social, como puede ser el Estado.

3. La relación entre el Pueblo, la Nación y el Estado.

Cuando en el seno de un grupo nacional se dan las condiciones que propician el desarrollo de un sentimiento nacionalista, éste tiende a ser capitalizado políticamente por un grupo, partido político o movimiento de liberación nacional, que tratará de ocupar y monopolizar las nuevas estructuras de poder estatal apoyándose y movilizando al grupo nacional. En este sentido el papel de los movimientos nacionalistas es muy similar al de las colectividades populares. Pero los movimientos nacionalistas son grupos políticos que actúan también potenciando la discriminación nacional una vez logran constituir el Estado-nación independiente respecto de todos aquellos grupos culturales minoritarios que comparten o coexisten con el grupo nacional mayoritario en el seno de dicho Estado.

Los estados con una organización centralista propiciaron esta tendencia a la dominación del grupo nacional que lograba el control del aparato estatal. Se fue generalizando una dominación cultural orientada a implantar la cultura de la nación dominante como la cultura oficial del Estado plurinacional.

Por el contrario; la organización descentralizada del Estado favorece la coexistencia de una diversidad de grupos nacionales en el seno de un mismo marco estatal.

Finalmente, cabe decir que existe también una relación entre las colectividades populares y nacionales. Un pueblo puede llegar a configurarse como una nación en la medida en que su existencia histórica como colectividad le posibilite ir generando unos vínculos de integración cultural propios que transciendan el marco limitado de las relaciones políticas y económicas. Por el contrario también puede generarse mediante un proceso de desintegración o pérdida de la identidad cultural propia, la transformación de una nación en una colectividad popular.

4. Elementos fundamentales del Estado.

Tales elementos podemos agruparlos en dos categorías:

1. Elementos materiales o sociológicos a) Una población. b) Un territorio definido. c) Una organización político-económica.

  1. Elementos formales o jurídicos a) La soberanía estatal. b) El reconocimiento como sujeto internacional.

La población

Los rasgos que más afectan a la estructura estatal vienen determinados por la existencia de uno o varios grupos populares y de uno o varios grupos nacionales. Para llegar a alcanzar la cualidad de gran potencia o de superpotencia, un Estado debe contar con una población elevada que permita garantizar un poderío militar y económico. También es importante la calidad de la población, es decir, el grado de desarrollo cultural y científico, la cualificación técnica y la capacidad productiva. Conviene conocer además su distribución territorial (densidad de población, grado de concentración urbana, etc.), así como sus características psicosociales (valores e ideologías predominantes), Finalmente, los movimientos de emigración o inmigración de mano de obra inciden muy directamente en las relaciones básicas de un Estado.

El territorio El marco espacial de un Estado lo podemos dividir en tres subespacios:

  • el espacio terrestre -el espacio aéreo
  • el espacio marítimo

Respecto del espacio terrestre, el Estado ejerce su soberanía y competencias sobre todo el territorio específicamente delimitado por sus fronteras y también sobre el subsuelo y cuantos recursos mineros y energéticos contenga.

Aunque esto presenta algunas excepciones: los denominados enclaves o exclaves (según se contemplen desde el punto de vista del Estado en el que están establecidos o del Estado al que pertenecen) que son zonas geográficas que perteneciendo a un Estado se hallan situadas en el territorio de otro Estado diferente. Ejemplos de enclaves lo constituyen Gibraltar en el territorio español; Ceuta y Melilla en el territorio de Marruecos.

Más problemática resulta la situación de aquellos estados divididos territorialmente por la interposición de un territorio estatal diferente, como por ejemplo el caso de Pakistán o Alaska.

También se dan otras situaciones como por ejemplo la de aquellos estados que gozando de la plena soberanía sobre su territorio conceden unos derechos preferentes de utilización y/o explotación de ciertas parcelas de su espacio terrestre a otros estados o entidades privadas extranacionales.

Otra cuestión importante la constituye la denominada plataforma continental, es decir el lecho marino que desde la costa se adentra en las aguas marítimas adyacentes. En la actualidad se ha adoptado la decisión de considerar que la soberanía estatal sobre la plataforma continental se extiende hasta las 200 millas marinas cuando la plataforma continental geológica goza de una extensión igual o inferior a esta distancia.

Respecto al espacio aéreo , la soberanía de todo Estado es «completa y exclusiva» sobre su espacio aéreo atmosférico.

Por último, el espacio marítimo se puede sintetizar en cuatro zonas:

Se distinguen así entre las grandes potencias «de facto» y las grandes potencias «de iure». La base de esta distinción reside en el hecho de que toda gran potencia ya consagrada termina imponiendo en la estructura (formal y/o funcional) de la sociedad internacional tanto sus valores e ideología como su ordenamiento político-económico interior.

Elementos que deben concurrir para la conversión de un Estado en una gran potencia internacional.

  1. La potencialidad material o fuerza potencial. Todos aquellos recursos humanos-materiales y organizativos de que dispone cada potencia. Entre ellos destacan:

a) La riqueza material b) Recursos demográficos c) Desarrollo político-administrativo y tecnológico d) Capacidad militar disuasoria e) Autonomía y control económico significativos internacionalmente:

2. Una potencia activa o una fuerza actual La movilización efectiva de las capacidades de un Estado para intervenir en el panorama internacional con objeto de alcanzar los objetivos por la política exterior de dicho Estado. 3. La voluntad política o movilización la utilización adecuada de todos los recursos disponibles para alcanzar y mantener una posición hegemónica y dominante en el panorama internacional.

Las superpotencias: concepto, caracteres generales y formación

Se cree que el término superpotencia se acuñó tras la Segunda Guerra Mundial. Podemos afirmar que el concepto de superpotencia se corresponde con el de unas g randes potencias cualificadas en sus elementos y surgidas en unas condiciones históricas singulares.

Por superpotencia entendemos que es aquel Estado con capacidad y voluntad de ejercer una hegemonía, absoluta en el marco de una sociedad mundial mediante la disponibilidad de un poderío militar de naturaleza nuclear susceptible de provocar una guerra de destrucción masiva y simultánea, capaz de poner en peligro la existencia de toda la Humanidad, así como de una potencialidad económica y técnica que permita mantener e incrementar dicho poderío militar nuclear al objeto de garantizar su capacidad disuasoria.

Se diferencian de las grandes potencias ya que, ante todo, las superpotencias disponen de una potencialidad militar muy cualificada, a saber: un armamento nuclear estratégico cuya utilización provocaría el desencadenamiento de un conflicto bélico, cuya dimensión mundial derivaría no de la participación

mayoritaria de los estados como beligerantes, sino de los efectos que toda la Humanidad tendría que soportar.

Sólo cabe atribuir la categoría de superpotencia a dos estados del actual sistema internacional: los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Los restantes países que poseen un limitado arsenal nuclear (Francia, la R. P. China, Reinó Unido, India, etc.) se encuentran muy lejos de poder competir.

Apuntar que la naturaleza misma del conflicto bélico nuclear total y de los efectos que se derivarían de su desencadenamiento debilita y limita la voluntad política de utilización del potencial militar nuclear de que disponen.

Entre las características generales que podemos apreciar en las superpotencias, cabe señalar las siguientes:

  1. Extensión territorial de dimensiones continentales
  2. Importantes recursos demográficos
  3. Dominio o control de significativos recursos económicos y tecnológicos
  4. Una cohesión y estabilidad político-ideológica interior
  5. La acumulación de un potencial nuclear, tanto estratégico como táctico, y convencional

Las potencias medias: potencias regionales y potencias sectoriales.

Estos estados son calificados como potencias con intereses particulares o limitados. Son estados que dependiendo de las grandes potencias y superpotencias mundiales gozan de una cierta capacidad de hegemonía y dominación respecto de otros países.

Podemos definir a las potencias regionales como: aquellos estados que carecen de la capacidad y/o voluntad de ejercer su hegemonía a escala mundial, pero intervienen, económica, política, ideológica y militarmente de modo eficaz en un área geopolíticamente más restringida.

Por otra parte podemos afirmar que las potencias sectoriales son: aquellos estados cuya capacidad de influencia y hegemonía se limita a un número restringido y definido de sectores de las relaciones internacionales.

En efecto, la función característica de estas potencias medias (regionales o sectoriales) no es la de actuar como elementos de estabilidad o amortiguación entre las superpotencias o las grandes potencias y el resto de los demás estados del sistema mundial, sino que contribuyen a desarrollar la conflictividad inherente al orden internacional impuesto por las grandes potencias y/o las superpotencias.