Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


resumen discapacidad, Resúmenes de Discapacidad de Aprendizaje

resumen de la catedra atencion al sujeto con discapaciad

Tipo: Resúmenes

2018/2019

Subido el 29/03/2022

orne-3
orne-3 🇦🇷

1 documento

1 / 14

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
Unidad 1.
Introducción
Introducir es dar entrada, es dar cabida a alguien en algún nuevo lugar.
Introducirnos en la lectura de un libro implica siempre inaugurar un espacio y un
tiempo diferentes. Toda lectura genera y produce interrogantes.
Es el sujeto, quien permanece perdido en la mirada del técnico, el que nos
interpela a mirarlo, leerlo y escucharlo desde el registro simbólico. Es él quien se
introduce en la clínica psicomotriz luego de un sinuoso y arduo recorrido.
Este verdadero desafío nos introduce en la búsqueda, en la que el mismo sujeto
participa, de lo que no se representó de ese cuerpo en el encadenamiento
simbólico.
Es el sujeto con su sufrimiento en juego encapsulado en su síntoma psicomotor el
que inaugura y da cabida a este espacio clínico. Son precisamente los niños los
que en la dinámica psicomotriz arman y conquistan nuevos espacios, movimientos
y cuerpos, que reclaman ser leídos e interpretados fuera de los presupuestos, de
los prejuicios ya establecidos por un saber absolutista.
Es en este espacio donde surge la pregunta por el sujeto. Él, nos hace recurrir al
psicoanálisis. El psicoanálisis posibilita diferenciar el cuerpo en lo real, en lo
simbólico y en lo imaginario. Que el cuerpo humano en tanto tal es un real, el cual
es simbolizable y en consecuencia susceptible de representación imaginaria.
Todos los órganos, componentes y sistemas del cuerpo, están tomados por una
estructura que subvierte y modifica el equilibrio homeostático del cuerpo; esta
particular estructura es el lenguaje.
Para que una vivencia corporal se constituya, necesariamente tendrá que pasar
por el lenguaje, y, por ello, dejará de ser sólo vivencia-cuerpo todo junto. El cuerpo
no es el organismo, y el dialécticamente el organismo biológico no es el cuerpo.
La inclusión del psicoanálisis en el campo psicomotor produce como efecto otra
forma de comprender a un niño que en su cuerpo y en su motricidad da a ver su
padecimiento, donde lo psico de la motricidad no está ya dado por los hábitos, la
memoria, los patrones de conducta, los afectos, las fusiones, la sensibilidad, la
percepción, entre otros, sino que se constituye y se instala desde el lugar del Otro,
del lenguaje, del significante. Espacio simbólico que no es constituido sino
constituyente del sujeto y con él de su cuerpo y de su movimiento. Es por eso que
el Psico de la psicomotricidad no proviene más de la Psicología, sino del
psicoanálisis.
El otro no es un estímulo ni un estimulante, sino la instancia que, desde su mirada,
organiza en el niño su autoimagen corporal y, desde su discurso, recorta, en el
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9
pfa
pfd
pfe

Vista previa parcial del texto

¡Descarga resumen discapacidad y más Resúmenes en PDF de Discapacidad de Aprendizaje solo en Docsity!

Unidad 1. Introducción Introducir es dar entrada, es dar cabida a alguien en algún nuevo lugar. Introducirnos en la lectura de un libro implica siempre inaugurar un espacio y un tiempo diferentes. Toda lectura genera y produce interrogantes. Es el sujeto, quien permanece perdido en la mirada del técnico, el que nos interpela a mirarlo, leerlo y escucharlo desde el registro simbólico. Es él quien se introduce en la clínica psicomotriz luego de un sinuoso y arduo recorrido. Este verdadero desafío nos introduce en la búsqueda, en la que el mismo sujeto participa, de lo que no se representó de ese cuerpo en el encadenamiento simbólico. Es el sujeto con su sufrimiento en juego encapsulado en su síntoma psicomotor el que inaugura y da cabida a este espacio clínico. Son precisamente los niños los que en la dinámica psicomotriz arman y conquistan nuevos espacios, movimientos y cuerpos, que reclaman ser leídos e interpretados fuera de los presupuestos, de los prejuicios ya establecidos por un saber absolutista. Es en este espacio donde surge la pregunta por el sujeto. Él, nos hace recurrir al psicoanálisis. El psicoanálisis posibilita diferenciar el cuerpo en lo real, en lo simbólico y en lo imaginario. Que el cuerpo humano en tanto tal es un real, el cual es simbolizable y en consecuencia susceptible de representación imaginaria. Todos los órganos, componentes y sistemas del cuerpo, están tomados por una estructura que subvierte y modifica el equilibrio homeostático del cuerpo; esta particular estructura es el lenguaje. Para que una vivencia corporal se constituya, necesariamente tendrá que pasar por el lenguaje, y, por ello, dejará de ser sólo vivencia-cuerpo todo junto. El cuerpo no es el organismo, y el dialécticamente el organismo biológico no es el cuerpo. La inclusión del psicoanálisis en el campo psicomotor produce como efecto otra forma de comprender a un niño que en su cuerpo y en su motricidad da a ver su padecimiento, donde lo psico de la motricidad no está ya dado por los hábitos, la memoria, los patrones de conducta, los afectos, las fusiones, la sensibilidad, la percepción, entre otros, sino que se constituye y se instala desde el lugar del Otro, del lenguaje, del significante. Espacio simbólico que no es constituido sino constituyente del sujeto y con él de su cuerpo y de su movimiento. Es por eso que el Psico de la psicomotricidad no proviene más de la Psicología, sino del psicoanálisis. El otro no es un estímulo ni un estimulante, sino la instancia que, desde su mirada, organiza en el niño su autoimagen corporal y, desde su discurso, recorta, en el

ojo, en la boca, en cada “agujero” del niño, la sombra de un objeto inexistente que, por ello, será incesantemente buscado. Es el sujeto al que pretendemos rescatar, su singularidad. Es el deseo que alude en el cuerpo a una falta, que hace de él un recorte respecto al cual sólo puede informar una repetición significante. La operación clínica en el campo psicomotor es efecto de esta red transferencial, que se transforma en uno de los ejes centrales del tratamiento, ya que el cuerpo adquiere su consistencia en relación con lo simbólico, con la ley (la prohibición), que introduce en la castración en el cuerpo, y con ella la hiancia por donde emerge el deseo. Es válido aclarar que consideramos lo inconsciente tal como lo definió Lacan en su retorno a Freud: lo inconsciente es estructurado como un lenguaje. La realidad y el cuerpo se construyen en relación al Otro. Son una realidad y un cuerpo conformados por historias, demarcaciones, mitos, deseos, representaciones, que se relacionan indefectiblemente con el discurso que les da origen. El psicomotricista se interesa por el cuerpo y la motricidad de un sujeto en sus diferentes viables: privilegia la mirada. El psicoanalista, en cambio, se ocupa de escuchar el discurso de un sujeto fundamentalmente en sus fallidos, sueños, olvidos, lapsus, etc, donde emerge el inconsciente: privilegia la escucha. Para apropiarse del cuerpo, un niño tendrá que realizar sucesivamente importantes conquistas, en relación con su espacio, sus movimientos, sus posturas, sus gestos, sus tiempos; tenemos un cuerpo que, como lo dice la expresión: “el propio cuerpo”, tendrá que ser de alguien para propiamente ser un cuerpo y no una pura carne. Por las fallas e interferencias en esta ardorosa conquista, surge la clínica psicomotriz. Se propone esta nueva mirada psicomotriz de un sujeto, pretendemos provocar en ella un sesgo diferente, produciendo así una apertura. Se trata del cuerpo y la motricidad de un sujeto. Se plantea aquí un itinerario, un desmontaje del saber ya establecido y constituido; no con la finalidad de instalar otro saber absoluto y verdadero, sino para abrir un espacio diferente que desemboque en la reflexión, discusión y transmisión teórico-clínicas de las que hasta ahora carecíamos. Capítulo 1: Historia de la psicomotricidad. Históricamente el término “psicomotricidad” aparece a partir del discurso médico, más precisamente neurológico, cuando fue necesario, a fines del siglo XIX, nombrar las zonas de la corteza cerebral situadas más allá de las regiones “motoras”. La historia de la psicomotricidad comienza desde que el hombre es

El objetivo de una terapéutica psicomotora será no solo modificar el fondo tónico e influir en la habilidad, la posición y la rapidez, sino sobre la organización del sistema corporal, modificando el cuerpo en conjunto, el modo de percibir y de aprehender las aferencias emocionales. Con estos nuevos aportes, la psicomotricidad se diferencia de otras disciplinas, y adquiere su propia especificad y autonomía. Se perfecciona el examen o el balance psicomotor y se establece un método y un diagnóstico destinados a delimitar el trastorno psicomotor y sus características, y a orientar las modalidades de intervención del terapeuta. Así, se establece un examen psicomotor tipo y una programación de sesiones de acuerdo con las categorías de los disturbios motores que el sujeto presenta. Ya en la década del 70 distintos autores definen la psicomotricidad como “una motricidad en relación”. Los orígenes de la psicomotricidad en la Argentina se relacionan estrechamente con la creación de los primeros institutos de reeducación para deficientes mentales de diversos grados. Uno de los primeros fue fundado en 1946/47 por la doctora Tobar García, y se llamó Instituto Argentino de la Reeducación. En 1949 se crean 3 escuelas diferenciales más y durante un par de décadas son las únicas escuelas estatales en funcionamiento. En su reglamento se plantea la generación de un área de psicomotricidad. Pero, es solo en la década de 1970, cuando la psicomotricidad clínica va a registrar sus comienzos fuera del campo específicamente educativo, partiendo de la influencia de la psicomotricidad francesa. EN esos momentos las respuestas técnicas se basaban en ejercicios programados previamente y en evaluaciones muy bien estructuradas y definidas. La actividad lúdrica, generalmente, se subdividía en una normación de juego libre, y en otra de juego orientado y dirigido, donde transcurría lo esencial de la sesión terapéutica. Son fundamentalmente estas propuestas de trabajo las que marcan el verdadero origen de la terapia psicomotriz en la Argentina. En la Argentina, durando los años 70, se crea en la ciudad de Córdoba el profesorado doctor Domingo Cabred, que desde esa época es el único que posee una carrera de psicomotricidad autorizada oficialmente, otorgándose el título de Profesor en educación psicomotriz. En 1974 imprime el que sería el primer y único número de los Cuadernos de terapia psicomotriz. En el 1977 se crea la Asociación Argentina de Psicomotricidad y a partir de 1980 la difusión y extensión de la psicomotricidad en la Argentina se acrecienta y

propaga, aunque aún sin un reconocimiento que legalice su práctica. El auge del psicoanálisis en la Argentina, son los que en los últimos años han tenido mayor influencia en nuestro campo. Los cortes epistemológicos Históricamente, desde el año 1900 hasta la fecha, el recorrido y la evolución del campo psicomotor se despliega de acuerdo con diferentes cortes que van modificando y delineando un accionar clínico específico. Primer corte epistemológico Encontramos las prácticas reeducativas determinadas por el concepto del paralelismo mental-motor. Primer corte epistemológico que intenta superar el dualismo cartesiano a través de esta relación y correspondencia. Segundo corte epistemológico Con los nuevos aportes del ámbito psicológico en especial de la psicología genética, ubicamos un pasaje de lo motor al cuerpo, en donde éste se transforma en un instrumento de construcción de la inteligencia humana. Segundo corte epistemológico donde el acento pasa de lo motor al cuerpo como productor en su acción de la vida intelectiva. La mirada estará puesta ya no en lo motor sino en un cuerpo en movimiento. Tercer corte epistemológico En tercer término, con el aporte de la teoría psicoanalítica, surge un giro conceptual fundamental, que es el que se expone en los próximos capítulos, y que ya no centra su mirada en un cuerpo en movimiento, sino en un sujeto con su cuerpo en movimiento. Ya no se trataría entonces de una “globalidad”, de una “totalidad”, sino de un sujeto dividido, escindido, con un cuerpo real, imaginario y simbólico; este tercer corte epistemológico fundaría una clínica psicomotriz centrada en el cuerpo de un sujeto deseante, y no ya en una terapéutica basada en objetivos y técnicas. Resumiendo, a lo largo de la historia psicomotriz se pueden precisar diferentes pasajes: de lo motor al cuerpo y de éste al sujeto con un cuerpo en movimiento. Ya no es posible confundir el cuerpo con el sujeto, o el sujeto con el cuerpo. No son sinónimos, ni tampoco equivalentes, y es justamente porque tampoco son desanudable que la psicomotricidad es nombrada, y, por ende, existe. Estos cortes y pasajes son pasajes lógicos y no cronológicos, que no responden a una lógica determinada sustentada en una concepción en particular acerca del sujeto, lo que trae aparejadas diferentes respuestas teóricas, clínicas y éticas.

El otro antecedente es la Psicodinamia. Tissié se opone a la educación física militarizada y plantea una educación por el movimiento. El papel de la neuropsiquiatría infantil comienza a imponer la necesidad de incluir técnicas que resuelvan los problemas práxicos-motores que no tenían solución, y para los que no se encontraba una correspondencia puntual con una localización cerebral. Así se crean distintos listados de operaciones técnicas tendientes a reparar y evaluar el déficit instrumental-funcional. La psicomotricidad surge con respuestas técnicas y uniformes por la demanda propiciada básicamente por la neuropsiquiatría de principios de siglo. De allí que en la primera práctica psicomotriz que instrumento Guilman se proponía como objetivo: reeducar la actividad tónica, mejorar la actividad de relación, desenvolver el control motor. Así surge en 1935, con este verdadero plan de ejercicios, la reeducación psicomotriz. Costallar es quien introduce la práctica psicomotriz en la Argentina y plantea que para cada edad motriz le corresponde un plan de reeducación; que se adecuan a diferentes ítems. Desde esta concepción reeducativa se instrumentan las técnicas graduadas y clasificadas de acuerdo con la edad motriz. Esta reeducación psicomotriz responde a una concepción de sujeto que trae aparejado el concepto del cuerpo como una máquina de músculos que no funcionan y, por lo tanto, hay que reparar, y al hacerlo mejorarían “paralelamente” la inteligencia y el carácter del infante, aunque de este modo ya sabemos que lo que se pierde como el resto es el cuerpo de un sujeto deseante. La terapia psicomotriz centra su mirada, a partir de la comunicación y la expresión del cuerpo, en el intercambio y el vinculo corporal, en la relación corporal entre la persona del terapeuta y la persona del paciente, en el diálogo y la empatía tónica. El pasaje de la terapia a la clínica psicomotriz implica ocuparnos del sujeto y ya no de la persona, ocuparnos de la transferencia y no de la empatía, el vinculo o la comunicación corporal. La clínica psicomotriz es aquella donde el eje es la transferencia y, en ella, el cuerpo real, imaginaria y simbólico se da a ver a la mirada del psicomotricista. El sujeto dice con su cuerpo, con su motricidad, con sus gestos y por lo tanto espera ser mirado y escuchado en la transferencia desde un lugar simbólico. Nuestra clínica se ocupa de los problemas psicomotores del niño, si bien hay experiencias clínicas en adultos y adolescentes. La psicomotricidad es una praxis en el doble sentido que tenía para los griegos esa palabra. Por un lado, como un quehacer y por el otro en su vertiente ética. La

clínica psicomotriz implica estos dos sentidos, conformando el quehacer y los interrogantes en los que hoy estamos sumergidos. Capítulo dos. El cuerpo y el otro. El cuerpo en apertura El enfoque y el encuadre psicomotor compuesto de tres dimensiones de funcionamiento constituyen el concepto de “globalidad psicomotriz” Los tres niveles, delinean fenómenos del orden de la conciencia. Tanto el nivel instrumental como el cognitivo son observables, evaluables, medibles, testeables. El nivel tónico-emocional es también del orden de lo consciente, ya que la emoción, como bien dice Freud, es una descarga en percepción. A lo inconsciente no se lo discrimina del nivel emocional, se lo engloba dentro de un mismo paquete, que es la “globalidad”. El concepto de globalidad remite a la idea de un globo, de un circulo cuyas líneas se cierran y encierran estos niveles. Lo inconsciente opera como efecto de estructura, que basta con afirmar que se lo considera, sino que para considerarlo en nuestro acto clínico hay que analizarlo, operando, interviniendo en la transferencia. Es decir, el hacer, la experiencia psicomotriz, da cuenta de un discurso donde opera el inconsciente de cada sujeto. AL incluir lo inconsciente, el concepto de globalidad, de totalidad, queda caducado ya que el incluirlo implica el desconocimiento de sí mismo por parte del sujeto. El deseo implica búsqueda, que algo ha caído, que falta y que faltará como causa de su deseo. En el fenómeno psicomotor estarán en juego, por un lado, lo instrumental-cognitivo que privilegia el funcionamiento motor y los procesos cognitivos relativos al propio cuerpo. Dentro de la mirada psicomotriz incluimos lo instrumental y lo cognitivo, pero no como un hecho aislado e independiente, sino como parte del decir corporal de un sujeto. En esta dimensión psíquica la que en la clínica psicomotriz no puede seguir ignorándose.

Así, nos ocupamos de la historia del sujeto con su cuerpo y del recorrido y la ubicación del cuerpo, o de lo corporal en el mito familiar. Lo que no es otra cosa que el pasaje de lo carnal a la letra. El cuerpo se construye, se constituye, a partir de una historia que comienza y se desarrolla sin que el niño pueda elegir nada de ella, está en su origen, lo constituye, lo hace humano. El cuerpo: su superficie y el Otro. No nacemos con un cuerpo constituido, él mismo debe constituirse. El cuerpo humano depende para su subsistencia de otro ya que cuando nace, el niño nacerá inmaduro, prematuro, sin mielinización de las vías nerviosas y sin el Otro no se podrá constituir en un cuerpo subjetivado. A tal punto que, si no hay otro, el bebe puede perder el reflejo de succión, cosa que no ocurre si hay otro que lo desee y estimule para ello. El Otro, de quien depende, tiene la función de presentarle el cuerpo al niño. Es el Otro el que va creando en ese puro cuerpo “cosa”; agujeros, bordes, protuberancias, tatuando de este modo un mapa corporal producto del deseo del Otro, que lo erogeniza, lo pulsionaliza, es decir, le crea en el cuerpo una falta, una manera, una forma de faltarle algo. Estas faltas primordiales generan la caída de ese cuerpo “cosa”, “carne”, puro real, que al caerse se reencuentra sujeto al Otro. Estas marcas, estas maneras de faltarle algo en el cuerpo, lo transforman en un cuerpo erógeno y simbólico. Lo que no está mielinizado son las áreas de asociación, por lo tanto, no puede coordinar, ni integrar la respuesta corporal. El problema se presenta en el desfasaje entre lo que el niño al nacer recibe y en lo que tiene que responder, por eso depende de los ojos y el toque del otro para organizar su respuesta. La madre le presenta el cuerpo y el mundo, mientras que el niño determina en la mujer una nueva condición, su posición como madre. Es él el que al ser nombrado como hijo la nombra a ella como madre. Para que esto ocurra, debe haber otro personaje: la función paterna. El niño conoce en primer lugar a su cuerpo. Pero que lo pueda conocer o no, no es algo que dependa de él, ya que, para crecer, conocerse y conocer, dependen de otro al que algo le falta, lo que determina que al niño también le falte, creando en su cuerpo una discontinuidad. La necesidad, el puro perdido del niño se transforma, al pasar por el otro, en demanda. El estado de necesidad, lo puramente biológico en su cuerpo, cae, se pierde y se transforma en cuerpo del lenguaje, tomado y transformado por él. De allí en más lo que retoma constantemente no es ya el cuerpo de la necesidad, sino lo que un sujeto desea a través de su cuerpo.

El cuerpo es un significante, lo cual no quiere decir que no sea material; por el contrario, es un material visible y audible. Todo lo que pertenece al orden de lo corporal está regido e incluido en la cadena simbólica. Es a partir de los cortes, de las marcas, de las inscripciones que irá realizando el otro, que el cuerpo subjetivado se constituirá y no al revés como se entiende habitualmente en el campo psicomotor. Para que el niño diferencia yo-no yo, dentro-afuera, continente-contenido, interno- externo-, se tiene que producir una transformación por la cual el sujeto asumirá una imagen como suya. El cuerpo en lo imaginario, en lo real y en lo simbólico. La imagen corporal narcisista tiene como precursor el rostro materno. Es Winnicott quien afirma que el niño mira a su madre, se ve reflejado en ella en la mirada de ella. No es en su organicidad biológica que el niño reconoce a su cuerpo como forma entera, como unidad, sino que se reconoce en es imagen que viene de afuera y que la madre desea. Este es un proceso mental que se produce por identificación con una forma que no está en el cuerpo del niño, pero que le da la posibilidad de ser uno. El niño es esa imagen y así posee la imagen unida de su cuerpo. Lacan ubica ese estadio alrededor de los 6 a los 18 meses. Momento fundante a partir del cual el niño podrá ser uno y así se podrá diferenciar de otros. Ser uno para otro, diferente a otros. Antes de ese momento fundante, el niño, por el grado de insuficiencia constitucional con que nace no puede unificar e integrar sus sensaciones corporales. Por lo tanto, no puede a partir de sus sensaciones y experiencias corporales llegar a formar una imagen unida de su cuerpo. Es el poder de la imagen el que anticipa en el niño esa unidad que no puede conquistar por su prematuridad corporal, es este proceso mental del pequeño el que se anticipa al dominio corporal que todavía no puede ejercer. Desde un primer momento el niño reconoce su deseo a través del deseo materno. El reconocerse como cuerpo solo es posible porque los otros tienen también un cuerpo. El cuerpo ocupa así una posición de referente y de diferencia. Por lo tanto, para que se produzca esta anticipación y fascinación por la imagen, tiene que haber Otro que libidinice esta imagen, que la desee, para que el niño pueda identificarse con ella. La condición para que uno se vea es que haya un ideal, uno se ve desde allí donde supone que es visto de alguna u otra forma, desde el Otro, que hace imaginar la condición de unidad del cuerpo.

los llamados reflejos arcaicos, ligados a la estructura neurológica y madurativa del sistema nervioso. La dirección céfalo-caudal implica que la maduración y el crecimiento van desde la cabeza a los pies. La dirección próximo-distal es desde el eje del cuerpo hacia la periferia. Así, el niño dominará primero los movimientos del cuello y cabeza que la postura de sentarse. Y adquirirá, el dominio de la motricidad gruesa antes que el de la motricidad fina. La dirección del desarrollo se da entonces de lo simple a lo complejo y de lo homogéneo a lo heterogéneo. El niño por sí mismo no puede ponerse un nombre, no puede darse un ser, no puede tener un cuerpo. Pero habiendo recibido cuerpo y un nombre del otro, puede ser; es decir ser diferente de las cosas y por eso nombrarlas y nombrarse. El cuerpo en el discurso El cuerpo de un niño se metaforiza en el lenguaje, esta es la condición del cuerpo humano. La madre decodifica una acción, pero esto no sólo basta. Si la madre toma esa acción unívocamente, es decir que para ella significa siempre lo mismo, el llanto se transforma en signo de una misma idea; así, cada vez que llore le dará de comer- Esta certeza materna de la acción de su hijo no permite el deslizamiento discursivo quedando congelada en un signo, sin posibilitar un encadenamiento significante que dé curso a un acto de articulación simbólica. En esta certeza materna no hay lugar para la duda, para la falta. Cuando la madre decodifica la acción y se pregunta sobre lo que a su hijo lo lleva a llorar, lo hace a través del lenguaje, o sea que lo puramente carnal, corporal, empieza a tener significación y palabras en un principio para la madre y esto es lo que permite que también tenga un sentido y una significación para el niño. El lenguaje significa la experiencia corporal, le da un sentido y una forma. Esta es la condición de todo cuerpo humano. Imagen y esquema corporal El esquema corporal es la imagen tridimensional que todo el mundo tiene de sí mismo, podemos llamar a esta imagen, “imagen corporal”. Definir el esquema corporal lo confunde con la imagen y a esta con el esquema, y le da un carácter dinámico de constante “autoconstrucción y destrucción interna”. El esquema corporal es lo que uno puede decir o representarse acerca de su propio cuerpo. La representación que tenemos del mismo.

Dentro del esquema corporal se encuentran las nociones de propioceptividad, interoceptividad y exteroceptividad. En la evolución psicomotriz del niño se irá construyendo el esquema corporal. La imagen corporal es constituyente del sujeto deseante y como tal, es un misterio, no es en absoluto del orden de lo evolutivo, se va constituyendo en el devenir histórico de la experiencia subjetiva. El esquema corporal puede ser explicado, en una parte responde a una generalidad de la especie humano. EL esquema corporal puede ser trabajo; es susceptible de ser medido, de ser comparado con otros. La imagen corporal es inconsciente, el esquema corporal es preconsciente. Se hace consciente en nuestro cuerpo por medio de un dolor, del frío, etc. La imagen corporal se da “a ver” en el esquema corporal, es decir, que ambos conceptos se diferencian, pero también se correlacionan. El esquema corporal de un niño autista se encuentra seguramente perturbado, pero no es por una falla en el esquema corporal, sino que la ausencia, la carencia de ese otro que no inscribió, no contorneó ese cuerpo, no generó deseo, imágenes, que para ser generados necesitarán de otro que se imagine que allí hay un sujeto y no una “cosa”. Así el niño podrá reflejarse en esas imágenes en el otro que da así la posibilidad de constituir un esquema y una imagen corporal.