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Prometeo Encadenado, Edipo Rey, Electra.
Tipo: Resúmenes
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Prometeo Encadenado Prometeo encadenado es conducido hasta una roca a la que lo sujeta Hefesto por orden de Zeus. Las Oceánides llegan a solidarizarse con él. Ante sus preguntas, les cuenta que tras ayudar a Zeus a derrocar a Crono, aquel no le dio ningún beneficio a los hombres, por el contrario, quería exterminarlos. Prometeo fue el único en oponerse a esta decisión, por esto su castigo. Llega Océano e insta a Prometeo a que se someta a la voluntad de Zeus, el nuevo jefe de los dioses. Prometeo le pide que se mantenga alejado del asunto, no sea que sea víctima de la ira del Crónida. Las Oceánides lloran por Prometeo y este les cuenta cómo sacó de la ignorancia a los hombres y les enseñó todas las artes. Llega Ío y se sorprende al escuchar que Prometeo sabe quién es su padre y conoce su desdicha. Las Oceánides piden que Ío les cuente la historia de su infortunio por designio de Hera. Ellas se lamentan al escuchar tales desgracias y Prometeo les anuncia que todavía es mucho el sufrimiento que Ío tiene que soportar. Le describe su futuro próximo y las calamidades que deberá enfrentar. Ío se lamenta por esto y dice que preferiría morir. Prometeo le dice que esa sería una liberación para él, que es inmortal, porque sus males no tendrán fin hasta que Zeus caiga. Ío, sorprendida, lo interroga al respecto y Prometeo le anuncia que un descendiente de ella lo soltará, y le advierte sobre las Fórcides, las Gorgonas y otros peligros que encontrará hasta llegar a la boca del Nilo, donde Zeus la dejará encinta. Muy importante que esto pase porque un descendiente de Ío lo liberará. Dolida y abrasada por la picadura del tábano, Io se marcha precipitadamente. Las Océanides se horrorizan ante la idea de las desgracias que trae ser el objeto de los amores de Zeus. Prometeo comenta que ahora el Crónida puede ser arrogante, pero en el futuro será humilde pues por una boda será derrocado, y él es el único dios que le puede decir cómo escapar de esto. Llega Hermes y, por orden de Zeus, le pide que le diga a Prometeo cuál es la boda que lo derrocará. Prometeo dice que no hablará y Hermes se mofa de su intransigencia. Prometeo se mantiene en su posición y Hermes le anuncia nuevas desgracias. Prometeo las acepta. Hermes ordena a las Océanides que se marchen, pero ellas dicen que se quedarán con Prometeo. Hermes se marcha. Luego de anunciar que las desgracias anunciadas se hacen realidad, Prometeo y el Coro desaparecen entre truenos y relámpagos. Edipo Rey La peste se ha desatado sobre Tebas y el pueblo está muriendo. En su desesperación, todos acuden al ágora para pedir la intervención de Edipo Rey. A fin de comprender la causa y remedio de tan terrible flagelo, Edipo solicita la ayuda de Creonte, hermano de su esposa Yocasta. Tras consultar el oráculo de Delfos, Creonte le informa que la peste es el castigo de los dioses por el asesinato de Layo, el antiguo rey de Tebas a quien Edipo no llegó a conocer. Por lo tanto, hasta que el responsable no expíe sus culpas, la peste seguirá azotando a la ciudad. Edipo ordena una investigación y exhorta al pueblo a entregar al culpable. Entre tanto, el rey consulta al ciego Tiresias por consejo de Creonte. Tiresias le hace saber que él es el asesino de Layo, y que además vive en incesto con su madre, Yocasta. Edipo, que se tiene por hijo de Pólibo,
rey de Corinto, y Mériba de Doria, concluye que Creonte se ha confabulado con Tiresias para destronarlo. Creonte y Edipo discuten acaloradamente, hasta que se hace presente Yocasta. Con el propósito de disipar las preocupaciones de Edipo, Yocasta le hace saber que Layo murió en manos de unos bandidos en el cruce de tres caminos. Asimismo, le anima a no temer de las profecías del oráculo, ya que en tiempos pasados el oráculo predijo que Layo y ella tendrían un hijo que mataría a su padre y se desposaría con su madre. Para evitarlo, se deshicieron de la criatura. Una profecía semejante había recibido Edipo en su juventud, razón por la cual se exilió de Corinto para evitar su suerte. Edipo recuerda que en su exilio mató a alguien en el cruce de tres caminos, pero lo hizo por sí mismo y no en grupo. Aun así, comienza a temer que él sea el asesino de Layo. Un mensajero aparece para anunciar que Pólibo ha muerto y que este debe ir a tomar su cargo como sucesor. En la conversación, Edipo descubre que no es hijo de sangre de Pólibo, ya que el mismo mensajero le explica que lo recibió de un pastor cuando era niño y lo entregó al rey de Corinto. Inmediatamente, hacen comparecer al pastor quien, finalmente, confiesa que ese niño se trataba del hijo de Layo, y que este se lo había confiado para que lo matara. Sin embargo, tuvo piedad de la criatura y lo entregó al mensajero confiado de que se lo llevaría lejos de allí. Ante la terrible verdad, Yocasta se suicida. Edipo, consternado, decide romper sus ojos con los broches del vestido de Yocasta, de modo que cuando muera no pueda mirar a sus padres a los ojos en el Hades. Ciego, le pide a Creonte que lo exilie, de modo que Edipo se condena a vivir para siempre como un extranjero, desprovisto de todo poder, afecto y consideración. Electra Luego que Agamenón, rey de Argos, había regresado a casa después de la guerra de Troya, su esposa, Clitemnestra junto a su amante, Egisto, lo asesinaron a sangre fría durante la celebración de su victorioso retorno. Posteriormente los cómplices del crimen se casaron, y Egisto se convirtió en rey. Conociendo las intenciones del nuevo monarca de eliminar cualquier posibilidad de venganza en el futuro, un familiar cercano envió a Orestes, hijo menor de Agamenón, a Fócida; mientras que su hermana mayor, Electra, fue obligada a casarse con un viejo campesino (quien nunca tuvo contacto carnal con ella), para evitar la posibilidad de que se casara con un guerrero lo suficientemente fuerte como para vengar la muerte del padre de ella, o para evitar que tuviera prole «noble». Varios años después siendo ya un adulto, Orestes regresó disfrazado junto a su mejor amigo, Pílades, a buscar a su hermana que vivía con su esposo en una granja. Estando cerca la escucharon cantar una lamentación por el azaroso destino de ella, por el destierro de su hermano y por la muerte de su padre. Un mensajero interrumpió su lamento anunciando que un festival se llevaría a cabo en honor de la diosa Hera y que todas las doncellas argives estaban invitadas a asistir. Electra respondió que prefería permanecer en la granja lejos de los ojos lastimeros de la gente de Argos. El mensajero le recomendó rendir honor a los dioses y clamar su ayuda. Percatándose de la presencia de los dos recién llegados, Electra pensó (al no reconocerlos) que eran amigos de su hermano y les contó la historia de su dolor, remarcando su vehemente deseo de que Orestes vengase la muerte de Agamenón y el maltrato que él y ella habían recibido. Entretanto, Egisto había ofrecido una recompensa por la muerte de Orestes ya que temía su retorno. Habiendo hecho venir al anciano que había llevado lejos de Argos a Orestes, éste fue reconocido por una cicatriz en la frente; por tanto, hermano y hermana fueron dados a conocer el uno al otro, y de inmediato pasaron a planear la concreción de su venganza. Siguiendo consejo del sabio anciano, Orestes decidió acudir a una fiesta de sacrificio sobre la cual Egisto presidiría; en tanto que Electra envió a su marido a comunicarle a Clitemnestra la falsa noticia que había dado a luz a un bebé, considerando que era la única manera de hacerla venir inmediatamente. Ambos hermanos invocaron la ayuda de los dioses en su empresa para vengar la muerte de su amado padre y procedieron a la acción. Orestes y Pílades fueron saludados por Egisto cuando pasaban a un lado del jardín. Ellos le dijeron que eran de Tesalia y estaban en camino a hacer un sacrificio a Zeus. Egisto, por su parte, les informó de que se disponía a hacer un sacrificio a las ninfas y les invitó a quedarse un rato, a lo que ellos gustosamente accedieron. Durante el sacrificio de un ternero, Orestes clavó un cuchillo en la espalda a Egisto, mientras éste examinaba las entrañas del animal. Enseguida Orestes condujo el cadáver de su víctima a la vivienda de Electra, donde lo ocultó.