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Resumen del texto de Ferreira en sociología económica
Tipo: Resúmenes
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Grado en Sociología, Grupo 4. Sociología Económica Profesor: Miguel Ángel Ferreira Alumno: Adrian Catalin Vatamanu LO SOCIAL COMO PROCESO: LA TRANSDUCTIVIDAD ONTOGENÉTICA DE LAS PRÁCTICAS SOCIALES La concepción de lo social a partir de las interacciones prácticas hace emerger el concepto de reflexividad. No obstante, dicho concepto ha sido objeto, a nuestro entender, de un uso abusivo en el ámbito de la teoría sociológica y por ello, para marcar un distanciamiento crítico proponemos el concepto de transductividad. Su fundamentación teórica se inscribe en las propuestas ontogénicas de Simodon. En primer lugar, debemos desposeernos de la pretensión de cientificidad propia de las ciencias naturales, buscar como camino el que han trazado los métodos positivos de las ciencias naturales significaría hipotecar nuestra acción a las operaciones propias de la epistemología clásica. Como sujetos sociales, carecemos —en nuestro pensar actuante en el mundo que es «hacer sociología»— de los patrones de excelencia de los que presumen dichas ciencias: nuestro conocimiento es directo heredero de nuestro estar en la sociedad. Aceptar esa nuestra condicionalidad social a la hora de producir sociología nos liberará, además, de ciertas ataduras, No pretendiendo ser científicos al uso de las ciencias naturales evitaremos la sempiterna discusión que nos sitúa, frente a ellas, como un saber «minoritario»), menos científico, porque no podemos cumplir los requisitos impuestos por la epistemología clásica. como sujetos sociales, nos enfrentamos a la tarea de entender, actuando en ella, a la sociedad, que retroactúa a su vez sobre nosotros constituyéndonos como sujetos de conocimiento, sujetos de un conocimiento activo que interfiere y modifica a la realidad social y, como consecuencia inevitable, al propio sujeto actuante.
hemos de reivindicar un modelo alternativo de cientificidad. No se trata de abandonar la tarea científica, sino de dejar de lado lo que ésta supone para quienes secundan el modelo positivista clásico. La ciencia de lo social se constituye como tal en virtud de su propia socialidad. Sólo así podemos integrar la dimensión reflexiva en nuestra tarea de conocimiento. La ciencia de lo social no puede sino ser una práctica inscrita en la propia realidad a la que trata de acceder y que la condiciona como tal: nuestro conocimiento sociológico prescinde de la neutralidad objetivista clásica. Recurrir a la tradición conlleva la pérdida de la inscripción fundamentalmente práctica que supone el conocimiento sociológico, la pérdida de la reflexividad al apostar por una teoría muerta. decantarse del lado de la novedad radical implicaría la crítica constante de las ortodoxias epistemológicas (gestos teóricos reiterados), la búsqueda de singularidades, la persecución de esa interacción recíproca entre sujeto y objeto de la que resulta su mutua constitución; significaría la apuesta por la invención creativa, amplificando constantemente la información existente, modificando constantemente las reglas, Seguiríamos desvinculados de la práctica social que nos constituye como sujetos reflexivos, al cerrar la posibilidad de la constitución de patrones de referencia simbólicos sobre los que actualizar nuestras prácticas. Entre ambas posibilidades, la naturaleza de la tarea sociológica se habrá de generar por tensión, una tensión que apuntaría hacia la reproducción iterativa por implicación con la naturaleza cognitiva que le presuponemos a nuestra labor, pero que tendería a la persecución itinerante en tanto que dicha labor está inmersa en una práctica constituida por la incertidumbre. La transición entre ambos niveles, el cognitivo y el práctico, supone un salto en el vacío, un «ir más allá» de los métodos propios del modelo clásico, implica trans-ducción: «El camino transductivo es una (re)construcción permanente del método o meta camino a lo largo del camino, por un sujeto en proceso que sigue al ser en su génesis, en su incesante producción de nuevas estructuras» (Ibáñez, 1985: 264) El sujeto social portador de ese saber, atrapado en esa dualidad, vive como tal sujeto, necesitado de patrones cognitivos de referencia y así, actúa transductivamente saltando de un nivel al otro sin asidero firme, generando prácticas inscritas en la novedad derivada de su incertidumbre reflexiva sin garantías cognitivas, produciendo representaciones del mundo sin referente material definitivo y estable. En principio, no cabe formalización alguna de esta dimensión fronteriza del sujeto/ objeto social que denominamos transductividad: es práctica inscrita en el conocimiento y conocimiento aplicado en la práctica; es novedad que produce regularidades y regularidad de la que emerge novedad... es el agujero negro que nos hace seres humanos: seres socialmente constituidos y constructores de la sociedad que nos constituye; actores reflexivos abocados a la incertidumbre y agentes cognitivos portadores de certezas transitorias que nos orientan en esa práctica reflexiva; sujetos/ objetos fragmentarios que se redefinen permanentemente a sí mismos en la reflexividad social de la que participan y que los constituye.
actualizamos, modificamos y reintroducimos como elementos prácticos de nuestra convivencia. Nuestras reflexiones no son sólo reflexiones, son «reflexividades». Hemos agregado que en el caso de la transducción un sentido que se altera y que por ello supone interpretación. Esa alteración del sentido informacional será la que nos permita reintroducir la dimensión social de la acción transductiva. Incorporar la transducción como premisa interpretativa de la reflexividad constitutiva, supone considerar que hay un «algo» transductivo en la práctica efectiva en la que dicha reflexividad se encarna. Lo transductivo incide en la apertura creativa de toda acción reflexiva, en el hecho de que esa conjugación práctico-cognitiva que supone la reflexividad constitutiva se traduce en una vivencia en la que, ni los cierres pragmáticos ni los formales pueden sustentarse. Situados en esa transductividad, agencial, activa, creativa, interpretativa, no formalizable, en tanto que sujetos partícipes de un proceso, hemos de ser consecuentes con la premisa transductiva y proyectarla sobre nuestras reconstrucciones de sentido actuales: hemos de localizar la génesis de un sujeto social inscrito en la «lógica» de lo transductivo, lo cual requiere una revisión de las categorías asociadas a nuestra concepción de lo real, cuya jerarquía ontológica sitúa al «ser social» desprovisto de dicha lógica. Simondon ha propuesto el concepto de transducción para interpretar la categoría «individuo» desde una perspectiva crítica respecto de las concepciones tradicionales pues otorgan un «privilegio ontológico al individuo ya constituido», da por presupuesto al individuo, este presupuesto condiciona la necesidad de explicar el proceso que conduce a él como resultado. Hemos de invertir nuestro modo de ver las cosas, abandonar ese privilegio ontológico y centrar nuestra atención en el proceso mismo que conduce al individuo como conclusión. Para rescatar ese sentido, habremos de desvelar las condiciones fundamentales de su constitución, los parámetros a partir de los cuales situarnos en la plena comprensión de su génesis. Las hemos anticipado ya; ahora tratamos de reconstruirlas desde esta perspectiva ontogenética. Esas condiciones nos revelan a un individuo que es sujeto- agente, pues piensa y actúa de manera simultánea e indisociable, alterando recíproca y constantemente esa su doble constitución cognitivo-activa El ser vivo ya no puede ser entendido como producto evolutivo de una herencia genética previa, sino que se modifica a sí mismo mediante la invención de nuevas estructuras internas. La combinación del substrato biológico y del psicológico determinan un individuo en proceso permanente de individuación, implicado en una práctica procesual, dotado de un interior creativo que genera soluciones novedosas derivando nuevas estructuras (de pensamiento y de acción), a partir de las que determinan la problemática a resolver. Pero la reflexividad social requiere de un colectivo de sujetos en proceso, todos ellos implicados en ese particular proceso de individuación; este requerimiento, además, puede considerarse una condición necesaria de cada proceso de individuación particular,
pues el nivel psíquico, de modo aislado, no es suficiente para garantizar la resolución como individuo del proceso. Desde esta perspectiva ontogenética, el colectivo adopta un doble papel constituyente: con lo que, tradicionalmente, podría considerarse como contexto de desarrollo.