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Asignatura: Filosofía Política I, Profesor: , Carrera: Doble Grado en Derecho y Filosofía, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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San Agustín (Tagaste, 13 de noviembre de 354 – Hipona, 28 de agosto de 430) es un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Físicamente beréber pero culturalmente romano. Sus padres le facilitan estudiar retórica en Madaura y Cartago. Es un tipo precoz y dotado, muy joven ocupa cátedras en retórica, llevándole a Roma y más tarde se traslada a Milán. Influye en el Cicerón. En el año 386 d.C se convierte al cristianismo y comienza su nueva fe cristiana aplicarla a todo. Se ve envuelto en muchas cuestiones doctrinales enfrentándose a distintas herejías de la época. En la gestación de su pensamiento de detectan varias influencias:
considerándolos en sí mismos como valiosos sino atendiendo a la contribución de la conservación de realidades de otro orden. Valora X como contribución a que se desarrolle o conserve la realidad Y. Se juzga X en la medida en que encaje o contribuya a Y.
La religión a la que uno se suscribe no por pretensión de verdad de sus dogmas sino atendiendo a los beneficios que da distintos a la religión en sí misma, sería un (Ej. Calmar la angustia) punto de vista funcionalista de la religión. Cabe en religión, como en todos los campos, que la gente que no sea funcionalista sino que abrace por el valor de ella en sí mismo. El totalitarismo ha visto mal que este punto de vista de Compromiso a ciertas causas sea valioso para alguien en sí mismo y no funcional.
Su Tesis fundamental será que la religión cristiana en Roma era una religión funcionalista. El culto público era un culto meramente externo; la religión daba consistencia a la sociedad siendo así un gran servicio para el estado. La religión no estaba valoraa en sí misma sino que era funcionalista. El deseo de San Agustín será romper la unidad entre de religión-política; intentará quebrar esta unión funcionalista. Acusa tanto a la religión, la política de esta unión San Agustín sostienen que el reino divino no es de este mundo en contraposición a la idea de Cicerón de que Roma representa lo divino. Éste funcionalismo no es compatible, pues la concepción del mundo de ambas posturas es contradictoria. Son dos visiones tan opuestas, la visión romana-pagana con la visión cristiana que no pueden convivir. (V.17) Ciudad de Dios Y así como todo lo que he puesto por ejemplo no explica, antes oscurece, así es este punto, todo lo demás; pues conforme los lleva y arroja el ímpetu de su opinión errónea, así se abalanzan a esto y dejan aquello; tanto, que el mismo Varrón primero quiso dudar de todo que afirmar cosa alguno; porque habiendo concluido el primer libro de los tres últimos que hablan de los dioses ciertos, empezando tratar de los dioses inciertos, dice : No porque en este libro tenga por dos las opiniones que hay acerca de los dioses debo ser reprendido, porque al que le pareciere que conviene y puede resolverse, lo podrá hacer cuando le hubiere leído : Yo, respecto de mí, más fácilmente me persuadiré a que lo que dije en el primer libro lo tenga por dudoso, que no que lo que hubiere de escribir en esté lo resuelva todo como cierto indubitable. Y así hizo incierto no sólo este libro de los dioses inciertos, sino igualmente aquel de los ciertos, y en este tercero, relativo a los dioses escogidos, después que hizo su preámbulo, tomando para ello lo que le pareció de la teología natural, habiendo de comenzar a tratar de las vanidades y desarregladas ficciones de la teología civil, a cuyo examen imparcial no sólo no le dirigía ni encaminaba la verdad sencilla, sino que también lo hacía grande fuerza y violencia la autoridad de sus antepasados: De los dioses públicos- dice -del pueblo romano, escribiré en este libro, a quienes dedicaron templos y los hicieron notorios, adornando los con muchas estatuas; más, como escribe Jenófanes de Colofón, pondré lo que imagino y no lo que, como cierto, defiendo; porque de hombres es el dudar sobre estas cosas, y de Dios el saberlas. Así que m habiendo de tratar de las instituciones hechas por los hombres con temor y recelo, promete exponer, no sucesos que están ignorados y no se les da crédito, sino máximas sobre las que hay opinión y razón de dudar, porque no del mismo modo que sabía que había mundo, que había cielo y tierra y veía el cielo resplandeciente y adornado de estrellas, y la tierra fértil y poblada de semillas, y todo lo demás en esta conformidad, ni de la misma manera que creía cierta y fimemente que toda esta máquina y naturaleza se regía y gobernaba por una cierta virtud indivisible y muy poderosa, así en los propios términos podía confirmar de Jano que era el mundo, o averiguar de Saturno como era padre de Júpiter, como vino a ser su súbdito y vasallo reinando Júpiter, y todo lo demás correspondiente a este asunto. San Agustín aquí presenta un desinterés por lo político o el régimen que lo domine. Cosa que nos va a sorprender y hacer ver cuál es la causa en su concepción política que le lleva a pensar así.
Se trata de una obra Apologética de la fe cristiana hacia la acusación de que el Cristianismo es la causa de la caída del Imperio romano. Podemos dividir la obra en dos secciones: