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Sieyes, Apuntes de Historia del Pensamiento Político

Asignatura: Historia del Pensamiento Politico Contemporaneo, Profesor: MARGARITA MARQUEZ PADORNO, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 04/11/2013

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Al contrario que en otros lugares, en Francia la imagen de la Nación está
implantada en la representación colectiva, algo que se ha visto esforzado por la
acción centralizadora de la monarquía.
La sociedad francesa de la época se caracteriza por ser rica y numerosa, a pesar
de las carencias políticas y la pobreza endémica.
Es esta situación la que va a dar lugar a que las fuerzas políticas provoquen las
primeras grandes convulsiones.
A diferencia de cómo ocurrió en EEUU, en Francia se tiende a legalizar los actos
políticos.
Pocos regímenes, al menos no tanto como este, le han dado tanta importancia a
hacer valer su acción y enunciar “la buena nueva”. Es así como la publicidad se
convierte en un arma contra el enemigo declarado, la tiranía.
Una de las primeras tomas de posición importantes viene por parte de Sieyés,
miembro de la Asamblea Constituyente de la Convención, del Directorio, y
artífice del golpe que llevaría a Bonaparte al poder.
Su folleto “¿Qué es el tercer Estado?” tuvo una influencia determinante en los
primeros momentos del movimiento revolucionario y en él se abordan temas
como el voto por persona y no por estamento, o que haya el doble de
representantes para el tercer estado.
No obstante, Sieyés ha sido objeto de interpretaciones reduccionistas [CITA]
Sieyés considera a La Nación como una circunstancia anterior a todo acto
político o legislativo.
Para él, La Nación está formada por individuos libres e independientes, pero
unidos por las necesidades comunes a la naturaleza humana y por la voluntad de
vivir en común. Sin esta voluntad los individuos son incapaces de resistir las
acciones de pillos y charlatanes.
Es por esta razón por la que La Nación es concebida como “soberana, una e
invisible”.
Para él el ser real de La Nación es el tercer estado, que reúne a la inmensa
mayoría de la población. Es por eso que todos los poderes emanan de la nación,
pero esta no reina como tal, pues el ejercicio de la soberanía nacional pasa por la
elaboración de una constitución que defina los órganos de legislación y gobierno,
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Al contrario que en otros lugares, en Francia la imagen de la Nación está implantada en la representación colectiva, algo que se ha visto esforzado por la acción centralizadora de la monarquía.

La sociedad francesa de la época se caracteriza por ser rica y numerosa, a pesar de las carencias políticas y la pobreza endémica.

Es esta situación la que va a dar lugar a que las fuerzas políticas provoquen las primeras grandes convulsiones.

A diferencia de cómo ocurrió en EEUU, en Francia se tiende a legalizar los actos políticos.

Pocos regímenes, al menos no tanto como este, le han dado tanta importancia a hacer valer su acción y enunciar “la buena nueva”. Es así como la publicidad se convierte en un arma contra el enemigo declarado, la tiranía.

Una de las primeras tomas de posición importantes viene por parte de Sieyés, miembro de la Asamblea Constituyente de la Convención, del Directorio, y artífice del golpe que llevaría a Bonaparte al poder.

Su folleto “¿Qué es el tercer Estado?” tuvo una influencia determinante en los primeros momentos del movimiento revolucionario y en él se abordan temas como el voto por persona y no por estamento, o que haya el doble de representantes para el tercer estado.

No obstante, Sieyés ha sido objeto de interpretaciones reduccionistas [CITA]

Sieyés considera a La Nación como una circunstancia anterior a todo acto político o legislativo.

Para él, La Nación está formada por individuos libres e independientes, pero unidos por las necesidades comunes a la naturaleza humana y por la voluntad de vivir en común. Sin esta voluntad los individuos son incapaces de resistir las acciones de pillos y charlatanes.

Es por esta razón por la que La Nación es concebida como “ soberana, una e invisible”.

Para él el ser real de La Nación es el tercer estado, que reúne a la inmensa mayoría de la población. Es por eso que todos los poderes emanan de la nación, pero esta no reina como tal, pues el ejercicio de la soberanía nacional pasa por la elaboración de una constitución que defina los órganos de legislación y gobierno,

las autoridades judiciales que realizarán y garantizarán la libertad e igualdad de los ciudadanos, y la plenitud de los derechos naturales.

***Es el conjunto de normas que los seres humanos deducimos o establecemos a partir de nuestra propia conciencia y que son los que priman y se determinan como justicia en un momento histórico determinado.

Ahora bien, para que este poder pueda ser eficaz, debe seguir el principio de representación, si este se cumple, se concede un mandato general. Solo con esta condición puede participar útilmente en la elaboración de la voluntad nacional.

En resumen, la encarnación del pueblo en el cuerpo del rey es sustituida por la representación de la Nación en los cuerpos instituidos.

Todo esto se va a ver reflejado en la DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO, votada por la Asamblea Constituyente el 26 de agosto de 1789. Esta precedida de varios proyectos, entre ellos la Exposición Razonada de Sieyés, influenciada por referencias históricas, como las declaraciones americanas, y filosóficas, con claras influencias de Locke y Rousseau.

Está declaración está marcada por un optimismo heredado de la Ilustración, que tiende en muchas formulaciones, a convertir a la sociedad en una prolongación inmediata de la naturaleza y hace que las relaciones sociales sean la consecuencia espontánea del encuentro de las libertades individuales. Esta concepción se dota de una referencia insistente a la ley, lo que deja entrever que el Derecho Natural no ofrece las suficientes garantías y apela al Derecho Positivo, que es considerado como el productor de la igualdad de los ciudadanos ante la ley.

Es así como nos encontramos tres ambivalencias. La primera se da pues en un principio la libertad estaba definida por los individuos, pero se asignan unas fronteras y un espacio limitado por la ley que trata de protegerla. La segunda ambivalencia surge porque la declaración considera que los derechos de los hombres son <<derechos prepolíticos que ningún gobierno tiene derecho a modificar>> (H.Arendt), sin embargo, también deja entrever otra lógica, la que haría de los derechos del hombre el objeto mismo del gobierno dejando a la voluntad política la capacidad de darle un contenido. Por último, la ambivalencia política, ya que la Declaración hace que sea posible una interpretación en