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Asignatura: Criminologia, Profesor: x x, Carrera: Criminologia, Universidad: UV
Tipo: Ejercicios
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En la actualidad se ha mostrado un importante crecimiento en el empleo de sustancias psicoactivas con la finalidad de perpetrar agresiones sexuales y delitos económicos, sobre todo. Pero el problema reside en la escasez de estudios al respecto, lo que impide que nos hagamos una idea fidedigna del alcance que dicho fenómeno tiene en la sociedad (Navarro Escayola & Vega Vega, 2013). Una de las principales causas de que siga siendo nuestro gran desconocido es la falta de denuncias interpuestas por las víctimas, bien por vergüenza o bien por falta de información, así como la dificultad de identificar dichas sustancias en el organismo de las jóvenes que acuden con indicios de sospecha. Es por ello que hemos visto necesario profundizar al respecto para, así, lograr comprender hasta qué punto se está instaurando esta nueva modalidad delictiva en nuestro país y, en caso de ser víctimas directas o ser conocedores de algún delito de ésta índole, tener la capacidad de poder ayudar y asesorar gracias al estudio de los protocolos de actuación más abajo analizados.
El término sumisión química (soumission chimique) fue acuñado por primera vez en 1982 por Poyen, Rodor, Jouve, Galland, Lots y Jouglard y se emplea para referirse a la administración de sustancias psicoactivas a una persona sin su conocimiento ni su consentimiento, con el fin de provocar una modificación en su grado de vigilancia, su estado de consciencia o su capacidad de juicio. Ya que la mayoría de casos estaban relacionados con delitos de índole sexual, se empezó a hablar también de drogas que facilitan el asalto sexual (Drug facilitated sexual assault) para hacer referencia a aquellas agresiones sexuales que habían tenido lugar bajo el consumo de alguna sustancia psicoactiva, independientemente de que la víctima la hubiera tomado de forma voluntaria o no (Payne-James, J. & Rogers, D., 2002). La diferencia principal que podemos encontrar entre una víctima de agresión sexual, violación o abuso y una víctima de agresión sexual por sumisión química es que en las últimas se da una pérdida de poder y control sobre la situación debido al efecto provocado por las sustancias consumidas, hecho que es aprovechado por el agresor. Pero, aunque inicialmente la sumisión química se empleara solamente para hacer referencia a las agresiones que tenían lugar tras la administración subrepticia de alguna sustancia, actualmente se ha ampliado dicho concepto y se contemplan 3 situaciones diferentes (Le Beau & Mozayani, 2001):
La mayoría de ellas se caracterizan por ser sustancias fáciles de conseguir, ya sea de forma legal o
ilegal, por presentar un aspecto incoloro, ser insípidas e inodoras (lo que facilita que la víctima no se de cuenta), solubles en un medio acuoso, de acción rápida y de corta duración, y por provocar los efectos deseados a dosis bajas. Generalmente se administran añadiéndolas a la bebida o a la comida de la víctima, la cual no se percata de que está siendo drogada.
Casi todas las mujeres que sospechan haber sido víctimas de sumisión química presentan una serie de síntomas comunes (Cruz-Landeira, Quintela-Jorge, López-Rivadulla, 2008), que son amnesia anterógrada, sedación, deshinibición, pérdida de la conciencia, confusión, percepciones distorsionadas y problemas para hablar, entre otros.
La presencia de estos síntomas, unidos a las características que poseen las drogas empleadas, contribuyen a que el diagnóstico sea muy complicado. Primero, porque muchas de las víctimas no recuerdan lo ocurrido, incluso llegan a sentir vergüenza ante la sospecha de haber podido ser drogadas y abusadas y por ello lo ocultan y no denuncian. Y segundo, por la tardanza con la que acuden a los centros a solicitar ayuda, lo que dificulta muchas veces que se practique la recogida de muestras biológicas, y es que dadas las características de las drogas empleadas, cuanto más tiempo pase, menos posibilidades habrá de detectar las sustancias implicadas.
Por último, en cuanto a las características que presentan las víctimas, y según hemos podido saber gracias a los estudios consultados (García-Caballero, Cruz-Landeira y Quintela, 2014, Navarro Escayola & Vega Vega, 2013), casi la totalidad de las mismas son mujeres, teniendo la mayoría edades comprendidas entre los 14 y los 37, siendo el grupo de mayor riesgo las más jóvenes. Muchas de ellas señalaban haber consumido alcohol previamente al episodio y después no recordar nada, también indicaban haberse despertado en un lugar desconocido y con signos de haber mantenido relaciones sexuales no consentidas. Así mismo, señalar que en la mayoría de las ocasiones el agresor era una persona conocida de la víctima.
Butler, B. & Welch, J. (2009). Drug-facilitated sexual assault. CMAJ, 180(5), 493-494. doi: 10.1503/cmaj.