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Estudio de Caso: Tiendas Piogor - Un Modelo de Negocio Familiar, Ejercicios de Emprendimiento

Ejercicios ligados a aspectos empresariales

Tipo: Ejercicios

2020/2021

Subido el 07/07/2021

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UNIVERSIDAD DEL MAGDALENA
CÁTEDRA EMPRENDEDORA
Estudio de caso
Pío Gordillo, comerciante desde hace 40 años, es el propietario de la cadena de Tiendas PIOGOR, compuesta
por 10 supermercados ubicados en los más populosos barrios de estrato socioeconómico medio de la
ciudad de Bonanza, la cual tiene dos millones de habitantes. Su familia está compuesta por su esposa Josefa;
Juana, la hija mayor de 32 años; Maximiliano de 28 años y Epaminondas de 24 años. A los muchachos desde
muy pequeños le llaman Max y Epi, denominaciones por las cuales se les conoce en el barrio y entre sus
compañeros de actividad.
Don Pío se inició en la actividad comercial vendiendo víveres y abarrotes en los mercados de las seis
ciudades vecinas a su sitio de residencia las cuales tenían como característica la celebración de una feria o
mercado semanal, un día fijo a la semana. Estas ciudades tenían diez mil habitantes en promedio y están
ubicadas a 60 kilómetros de distancia de su sede principal, distribuidas geográficamente en los cuatro
puntos cardinales. Para la época, 1960, el desarrollo vial del país era muy incipiente y, por lo tanto, el
transporte era un factor crítico de éxito para el suministro de los víveres a aquellas localidades. Entonces
Don Pío adquiere un camión de 5 toneladas de capacidad, con el cual surte las tiendas más importantes de
esas poblaciones, mediante un sistema de pre-venta que realiza vía telefónica el día anterior al mercado.
Adicionalmente instalaba un mercado móvil en la plaza del pueblo el día de la feria, para vender víveres y
alimentos manufacturados al detal a los campesinos que acudían a su negocio. Don Pío es el canal de
distribución de los alimentos industrializados que producen las fábricas de su ciudad y que él se encarga de
suministrar a consumidores y comerciantes intermediarios. Aprovechando que el día de feria hay
intercambio comercial, no sólo vende alimentos procesados sino que compra las cosechas que los
campesinos ofertan cada semana, las cuales vende a empresas procesadoras de su ciudad.
Es considerado el mayor comprador de maíz, fríjol y sorgo de la zona, productos que son luego
comercializados para empacadoras, grandes supermercados y fábricas de alimentos concentrados para
animales.
Durante veinticinco años, de lunes a viernes hacía su correría por estos mercados; el sábado y el domingo
lo destinaban para atender personalmente una gran tienda y su bodega mayorista en la ciudad de Bonanza.
Todo este esquema comercial le permitió acumular experiencias y un gran conocimiento del negocio, pero
desde hace diez años decidió reconvertir su esquema de operación, porque ocurrieron algunos hechos que
se relacionan a continuación:
_ El mejoramiento vial y de telecomunicaciones hizo que los tenderos de los pueblos que él atendía
buscaran ganarse el margen de intermediación que don Pío obtenía, lo cual realizaron mediante
desplazamientos, algunas veces a la ciudad de Bonanza.
_ Los productores de alimentos procesados que distribuía don Pío organizan su propia red de distribución
y empiezan un mercadeo de puerta a puerta.
Este nuevo entorno en el negocio de los víveres y alimentos, estimuló a los tenderos a constituirse en
compradores directos de los productores y a don Pío a abandonar la actividad mayorista y especializarse en
la venta al detal. En este momento su cuenta de resultados señala que el 60% de sus ventas corresponden
a la actividad de intermediación que debe abandonar, y el 40% a las ventas al detal que realiza en su tienda
principal de la ciudad de Bonanza.
Entonces, progresivamente, don Pío fue estableciendo sucursales de su negocio en los barrios distantes de
la plaza de mercado de la ciudad de Bonanza, los cuales visita personalmente cada día. Sus ventas hoy
suman U.S. $10 millones de dólares al mes. Los conocedores de este sector, estiman que los comerciantes
detallistas de supermercados tienen un margen neto entre el 1% y 10%, dependiendo de la rotación de los
productos. Al hacer la mezcla de las diferentes referencias que vende Piogor, puede establecerse un
promedio del 4% de utilidades netas mensuales.
Don Pío cree que debe seguir creciendo, y se encuentra en la coyuntura de decidir si debe construir locales
propios. Siempre se le ha escuchado decir: «Yo prefiero pagar arriendo y no congelar recursos de capital de
trabajo en activos fijos improductivos». La consideración de la alternativa de construir sus propios
supermercados se fundamenta en línea de crédito a veinte años con una tasa del 10% anual. Todo su
montaje comercial funciona con 40 personas, más la labor permanente de Josefa, Juana y Epi.
La estructura tipo de una de sus tiendas es de dos cajeras y dos vendedoras de mostrador. Las cajeras son
de su entera confianza y responden por el funcionamiento del negocio. Todos los días, don Pío recoge los
dineros en cada tienda, y retira la cinta de la registradora, que se convierte en el soporte contable para la
información que lleva Juana en su libro de ingresos y gastos, discriminado por cada sucursal.
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UNIVERSIDAD DEL MAGDALENA

CÁTEDRA EMPRENDEDORA

Estudio de caso Pío Gordillo, comerciante desde hace 40 años, es el propietario de la cadena de Tiendas PIOGOR, compuesta por 10 supermercados ubicados en los más populosos barrios de estrato socioeconómico medio de la ciudad de Bonanza, la cual tiene dos millones de habitantes. Su familia está compuesta por su esposa Josefa; Juana, la hija mayor de 32 años; Maximiliano de 28 años y Epaminondas de 24 años. A los muchachos desde muy pequeños le llaman Max y Epi, denominaciones por las cuales se les conoce en el barrio y entre sus compañeros de actividad. Don Pío se inició en la actividad comercial vendiendo víveres y abarrotes en los mercados de las seis ciudades vecinas a su sitio de residencia las cuales tenían como característica la celebración de una feria o mercado semanal, un día fijo a la semana. Estas ciudades tenían diez mil habitantes en promedio y están ubicadas a 60 kilómetros de distancia de su sede principal, distribuidas geográficamente en los cuatro puntos cardinales. Para la época, 1960, el desarrollo vial del país era muy incipiente y, por lo tanto, el transporte era un factor crítico de éxito para el suministro de los víveres a aquellas localidades. Entonces Don Pío adquiere un camión de 5 toneladas de capacidad, con el cual surte las tiendas más importantes de esas poblaciones, mediante un sistema de pre-venta que realiza vía telefónica el día anterior al mercado. Adicionalmente instalaba un mercado móvil en la plaza del pueblo el día de la feria, para vender víveres y alimentos manufacturados al detal a los campesinos que acudían a su negocio. Don Pío es el canal de distribución de los alimentos industrializados que producen las fábricas de su ciudad y que él se encarga de suministrar a consumidores y comerciantes intermediarios. Aprovechando que el día de feria hay intercambio comercial, no sólo vende alimentos procesados sino que compra las cosechas que los campesinos ofertan cada semana, las cuales vende a empresas procesadoras de su ciudad. Es considerado el mayor comprador de maíz, fríjol y sorgo de la zona, productos que son luego comercializados para empacadoras, grandes supermercados y fábricas de alimentos concentrados para animales. Durante veinticinco años, de lunes a viernes hacía su correría por estos mercados; el sábado y el domingo lo destinaban para atender personalmente una gran tienda y su bodega mayorista en la ciudad de Bonanza. Todo este esquema comercial le permitió acumular experiencias y un gran conocimiento del negocio, pero desde hace diez años decidió reconvertir su esquema de operación, porque ocurrieron algunos hechos que se relacionan a continuación: _ El mejoramiento vial y de telecomunicaciones hizo que los tenderos de los pueblos que él atendía buscaran ganarse el margen de intermediación que don Pío obtenía, lo cual realizaron mediante desplazamientos, algunas veces a la ciudad de Bonanza. _ Los productores de alimentos procesados que distribuía don Pío organizan su propia red de distribución y empiezan un mercadeo de puerta a puerta. Este nuevo entorno en el negocio de los víveres y alimentos, estimuló a los tenderos a constituirse en compradores directos de los productores y a don Pío a abandonar la actividad mayorista y especializarse en la venta al detal. En este momento su cuenta de resultados señala que el 60% de sus ventas corresponden a la actividad de intermediación que debe abandonar, y el 40% a las ventas al detal que realiza en su tienda principal de la ciudad de Bonanza. Entonces, progresivamente, don Pío fue estableciendo sucursales de su negocio en los barrios distantes de la plaza de mercado de la ciudad de Bonanza, los cuales visita personalmente cada día. Sus ventas hoy suman U.S. $10 millones de dólares al mes. Los conocedores de este sector, estiman que los comerciantes detallistas de supermercados tienen un margen neto entre el 1% y 10%, dependiendo de la rotación de los productos. Al hacer la mezcla de las diferentes referencias que vende Piogor, puede establecerse un promedio del 4% de utilidades netas mensuales. Don Pío cree que debe seguir creciendo, y se encuentra en la coyuntura de decidir si debe construir locales propios. Siempre se le ha escuchado decir: «Yo prefiero pagar arriendo y no congelar recursos de capital de trabajo en activos fijos improductivos». La consideración de la alternativa de construir sus propios supermercados se fundamenta en línea de crédito a veinte años con una tasa del 10% anual. Todo su montaje comercial funciona con 40 personas, más la labor permanente de Josefa, Juana y Epi. La estructura tipo de una de sus tiendas es de dos cajeras y dos vendedoras de mostrador. Las cajeras son de su entera confianza y responden por el funcionamiento del negocio. Todos los días, don Pío recoge los dineros en cada tienda, y retira la cinta de la registradora, que se convierte en el soporte contable para la información que lleva Juana en su libro de ingresos y gastos, discriminado por cada sucursal.

Don Pío siempre está dispuesto a atender sus negocios, inicia actividad todos los días a las 5 a.m., cuando se traslada al mercado central a informarse de las novedades en materia de cosechas, precios, demanda de artículos y todo indicio que le permita decidir en sus negocios. Siempre almuerza en una de sus tiendas, junto con sus empleados, actividad que hace rotatoria, para compartir con todos sus colaboradores. El horario de atención al público es de 6 a.m. a 6 p.m. en jornada continua de lunes a sábado; el domingo atiende hasta el mediodía. A partir de la experiencia vivida cuando los productores deciden incursionar en el mercado de la intermediación que manejaba don Pío en las localidades vecinas, la familia Gordillo reflexiona sobre la circunstancia de tener una clientela permanente en sus supermercados y la posibilidad de desarrollar sus propias marcas de productos. Entonces Josefa y Juana aprenden a fabricar artesanalmente salsa de tomate, mayonesas, mermeladas y jugos, empezando a introducir estos productos en sus tiendas, aprovechando una muy buena relación personal entre consumidores y vendedores dado que para la época no utilizaban el sistema de autoservicio. Aquello que comenzó como una actividad casera, hoy se ha convertido en una industria integrada al negocio de las tiendas. Todo lo que se produce se vende a través de los diez puestos de venta, y su marca, «Conservas Piogor», está tan acreditada como sus tiendas. Epi observa que su padre compra víveres empacados en presentación de quinientos y mil gramos que suministra una comercializadora de bolsas. Entonces indaga sobre tecnologías para empacado y en la feria industrial de la ciudad contacta un fabricante italiano, con quién hace la negociación de una máquina de capacidad moderada teniendo como garante el negocio de don Pío. Para esa época Epi cursaba tercer semestre de Administración de Empresas en la universidad y toma la decisión de establecer un negocio de proveeduría unido a la cadena del valor de Tiendas Piogor. Por su actividad empresarial don Pío es un reconocido comerciante y el año anterior fue designado Presidente del Gremio que aglutina a los hombres de empresa de la ciudad; es además galardonado con una de las distinciones que se imparten a quienes se han destacado en la actividad industrial y comercial. En el acto de premiación se desarrolló una entrevista periodística. En uno de sus apartes le preguntaron: « ¿Don Pío, de dónde viene su espíritu de empresa?» Él respondió: «Mi padre fue comerciante en café y otros víveres, creo que fue uno de los pioneros en el transporte organizado en la región, cuando no existían los automotores; contaba con una organización de mulas y arrieros y su negocio consistía en la compraventa de víveres y el transporte de mercancías a flete. Fui el menor de tres hermanos y desde mi más corta infancia vi a mí alrededor, a mis padres, a mis tíos o a mis primos, conversando sobre la realización de diversos negocios. Cada uno era independiente, todos ellos tenían sus problemas y siempre hablaban de hacer esto o aquello para salir adelante; pero no recuerdo ninguna persona de mi familia que alguna vez haya sido asalariado. Encontrar un trabajo consistía en preguntarse: ¿Qué hay para comprar o vender?» Juana su hija mayor, terminó bachillerato hace 14 años, pero como se incorporó tanto en el negocio, no atendió las sugerencias de su padre para estudiar Ingeniería Industrial. Don Pío ha manifestado públicamente : «Quiero que mis hijos estudien a nivel superior para incorporarle tecnología al negocio». El pragmatismo de Juana la induce a tomar cursos cortos sobre temas contables y ahora sobre procesamiento de alimentos. Max, su otro hijo, estudió y se graduó como economista de la más prestigiosa escuela de la capital del país. En la universidad se destacó por ser una persona analítica y con gran capacidad de expresión oral y escrita, por lo cual fue invitado a participar en un programa de formación docente. Desde el tercer año de carrera, fue auxiliar docente del más connotado profesor de finanzas que hay en la facultad (Goyo Van Horte). Colaboró en la coautoría del libro «Análisis del Concepto de Riesgo Financiero», el cual ha tenido un gran éxito como texto para economistas y administradores. Max estudió su bachillerato en una localidad distante 400 Km. Al sur de la ciudad, y regresaba por las vacaciones junto a sus padres. En ese tiempo libre, se matriculaba en clases de piano, lo que le permitió adquirir una gran disciplina musical. Se le reconoce por su exquisitez en la ejecución de este instrumento. Hace dos años regresó a la ciudad de Bonanza, porque le fue ofrecido y aceptó el cargo de Analista Financiero del Banco Monetario, del cual es asesor el doctor Van Horte. De otra parte, Epi hoy estudiante de último semestre en la Universidad de Bonanza, desarrolla un trabajo de grado para expansionar y modernizar la administración de las tiendas Piogor incorporando los conceptos de negocios en red. Desde cuando estudiaba en el colegio, sus vacaciones y tiempo libre lo pasa en los negocios del padre, y es quien apoya y supervisa la implementación de los cambios en las tiendas. Lee cuanta revista y folleto está a su disposición y se le ve frecuentemente observando lo que ocurre a su alrededor. Siempre le ha gustado aprender lo que puedan enseñarle, no tiene distinción y prejuicios temáticos. A través de su práctica profesional ha logrado incorporar a los negocios de PIOGOR novedosos sistemas de merchandising , estrategias promocionales y sistemas de costeo y fijación de precios.