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TARTESSOS I, Apuntes de Arqueología

Asignatura: Arqueología de la Edad del Hierro, Profesor: Mariano Torres, Carrera: Arqueología, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 08/08/2013

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TEMA 14 – TARTESSOS I
INTRODUCCIÓN
Marco geográfico.
El documento más antiguo en el que hay referencias a Tartessos es el poema Ora
Maritima, de Rufo Festo Avieno, compuesto alrededor del año 400 a.C. En esta obra se
hace referencia a la ciudad de Tartessos, ubicada en una isla entre dos brazos que
formaba la desembocadura del Guadalquivir. El poema afirma en la obra hic terminus
quondam stetit Tartessiorum al referirse a la ciudad de Herna y a un río que se
encuentra en sus inmediaciones y que se identifica con el Vinalopó o el Segura. Esta
cita ha servido para que algunos investigadores defiendan la extensión de la cultura
tartésica desde la desembocadura del Guadiana (donde sitúa Avieno el punto extremo
de Tartessos) hasta este punto de la costa levantina mediterránea. Este es uno de los
puntales sobre los que se asienta la hipótesis de un gran imperio tartésico.
Sin embargo, hay fuentes griegas (Hecateo, Herodoro y Avieno) que proponen un
marco mucho más reducido. Hecateo, a fines del siglo VI a.C. habla de una no presencia
tartésica en la Andalucía Oriental al otro lado de la costa del Estrecho. Además, habla
de Tartessos como un territorio, ya que menciona Elibirge, ciudad de Tartessos e Ibiia,
ciudad de Tartesia, ambas en el valle del Guadalquivir.
Herodoro, en el siglo V a.C., sitúa a los tartesios entre otros pueblos de iberia como los
Cinetes, los Gletes, los Elbisinios, los Mastienos y los Celcianos, todos habitando en
las costas del Estrecho, en el valle del Guadalquivir.
Avieno recoge los nombres de varios pueblos en relación con los tartesios, al este del
río Hibero, y en el mimo área que los Cilbicenos, los Etmaneos y los Ileates. De la
similitud de los topónimos se deduce que todos ellos reflejan el conocimiento
geográfico que a finales del siglo VI se tenia del sur peninsular, estableciendo que
Tartessos era una de las comarcas que lo constituían, la más importante, y que su centro
debe colocarse en el Guadalquivir, lo que también sugiere la evidencia arqueológica.
Los restos arqueológicos que mejor definen el área tartésica son las cerámicas con
decoración bruñida tanto interna como externa y las estelas decoradas del Sudoeste.
Algunos investigadores definen el área tartésica a partir de la distribución de las
cerámicas con decoración de retícula bruñida internada y de las pintadas de estilo
Carambolo y las pintadas con decoración orientalizante tipo Lora del río, lo que dejaría
el sur de Portugal como un área periférica al centro del mundo tartésico.
En el Bronce final precolonial, el área nuclear tartésica se centraba en las cuencas de los
ríos Tinto y Odiel, el valle del Guadalquivir hasta el Genil y el sur de la actual
Extremadura, aunque existen proyecciones que alanzan el alto Guadalquivir, las
depresiones intrabéticas granadinas, la costa levantina peninsular, e incluso, el sur de la
actual provincia de Ciudad Real. Las cerámicas con decoración bruñida externa y
algunas estelas del sudoeste incluirían el sur de Portugal dentro del área tartésica, pero
de forma periférica.
En época orientalizante, las cerámicas de retícula bruñida y las sucesoras de las de estilo
Carambolo alcanzan la alta Andalucía, lo que puede hablarnos de la colonización del
valle alto y medio del Guadalquivir por parte de las poblaciones cercanas a su
desembocadura o de una mayor cantidad e intensidad de relaciones en el valle a partir
del sigo VIII a.C.
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TEMA 14 – TARTESSOS I

INTRODUCCIÓN

Marco geográfico.

El documento más antiguo en el que hay referencias a Tartessos es el poema Ora Maritima , de Rufo Festo Avieno, compuesto alrededor del año 400 a.C. En esta obra se hace referencia a la ciudad de Tartessos, ubicada en una isla entre dos brazos que formaba la desembocadura del Guadalquivir. El poema afirma en la obra hic terminus quondam stetit Tartessiorum al referirse a la ciudad de Herna y a un río que se encuentra en sus inmediaciones y que se identifica con el Vinalopó o el Segura. Esta cita ha servido para que algunos investigadores defiendan la extensión de la cultura tartésica desde la desembocadura del Guadiana (donde sitúa Avieno el punto extremo de Tartessos) hasta este punto de la costa levantina mediterránea. Este es uno de los puntales sobre los que se asienta la hipótesis de un gran imperio tartésico. Sin embargo, hay fuentes griegas (Hecateo, Herodoro y Avieno) que proponen un marco mucho más reducido. Hecateo, a fines del siglo VI a.C. habla de una no presencia tartésica en la Andalucía Oriental al otro lado de la costa del Estrecho. Además, habla de Tartessos como un territorio, ya que menciona Elibirge , ciudad de Tartessos e Ibiia , ciudad de Tartesia, ambas en el valle del Guadalquivir. Herodoro, en el siglo V a.C., sitúa a los tartesios entre otros pueblos de iberia como los Cinetes, los Gletes, los Elbisinios, los Mastienos y los Celcianos, todos habitando en las costas del Estrecho, en el valle del Guadalquivir. Avieno recoge los nombres de varios pueblos en relación con los tartesios, al este del río Hibero, y en el mimo área que los Cilbicenos, los Etmaneos y los Ileates. De la similitud de los topónimos se deduce que todos ellos reflejan el conocimiento geográfico que a finales del siglo VI se tenia del sur peninsular, estableciendo que Tartessos era una de las comarcas que lo constituían, la más importante, y que su centro debe colocarse en el Guadalquivir, lo que también sugiere la evidencia arqueológica. Los restos arqueológicos que mejor definen el área tartésica son las cerámicas con decoración bruñida tanto interna como externa y las estelas decoradas del Sudoeste. Algunos investigadores definen el área tartésica a partir de la distribución de las cerámicas con decoración de retícula bruñida internada y de las pintadas de estilo Carambolo y las pintadas con decoración orientalizante tipo Lora del río, lo que dejaría el sur de Portugal como un área periférica al centro del mundo tartésico. En el Bronce final precolonial, el área nuclear tartésica se centraba en las cuencas de los ríos Tinto y Odiel, el valle del Guadalquivir hasta el Genil y el sur de la actual Extremadura, aunque existen proyecciones que alanzan el alto Guadalquivir, las depresiones intrabéticas granadinas, la costa levantina peninsular, e incluso, el sur de la actual provincia de Ciudad Real. Las cerámicas con decoración bruñida externa y algunas estelas del sudoeste incluirían el sur de Portugal dentro del área tartésica, pero de forma periférica. En época orientalizante, las cerámicas de retícula bruñida y las sucesoras de las de estilo Carambolo alcanzan la alta Andalucía, lo que puede hablarnos de la colonización del valle alto y medio del Guadalquivir por parte de las poblaciones cercanas a su desembocadura o de una mayor cantidad e intensidad de relaciones en el valle a partir del sigo VIII a.C.

Por tanto, de forma arqueológica se puede definir Tartessos como centrado en el bajo Guadalquivir, entendiendo como tal la antigua desembocadura del río, la Tierra Llana de Huelva y las campiñas gaditanas, con un área de colonización ya en el Bronce Final en el sur de Extremadura, en las ricas tierras agrícolas del valle del Guadiana y en la penillanura meridional extremeña. Como áreas periféricas podríamos definir el alto Guadalquivir, el valle del Genil y las depresiones intrabéticas de Ronda y Granada. Además de estas comarcas, también el centro y sur de Portugal, desde la península de Lisboa hasta el Algarve, se incluirían en la periferia de Tartessos. El área ocupada por la cultura tartésica fue uno de los grandes condicionantes del comportamiento de estos grupos. La caracterización geográfica de la cultura tartésica tiene varias zonas especialmente significativas:

  • Valle del Guadalquivir: es el centro, y en él se documentan con mayor intensidad los procesos que se analizan.
  • Sierra Morena: al norte del valle del Guadalquivir. Hay mineralizaciones de cobre y plata que van a explotar las poblaciones tartésicas desde el Bronce Final precolonial hasta el Periodo Orientalizante. Además, es una zona de paso para llegar a las vegas extremeñas del Guadiana.
  • Vegas extremeñas del Guadiana: hay evidencias de una colonización de esta zona desde el valle del Guadalquivir desde el Bronce Final. También llegan materiales orientalizantes más allá del valle del Guadiana por toda la provincia de Cáceres, llegando incluso al occidente de la Meseta norte a través de la Vía de la Plata.
  • Sur de Portugal, desde el Tajo a los Algarves. Forma otra área periférica del principal núcleo tartésico del Bajo Guadalquivir, pero con el que se encuentra relacionad desde finales de la Edad del Bronce, según atestiguan evidencias materiales.

Marco cronológico.

Hay dos posturas acerca de desde cuándo se puede hablar de Tartessos de manera propiamente dicha. Algunos investigadores creen que sólo puede hablarse de Tartessos a partir del contacto de las poblaciones autóctonas del Sudoeste peninsular con los colones fenicios y, posteriormente, con los griegos de Focea. Una visión puntualizada es la que afirma que no puede hablarse de Tartessos desde el primer momento de contacto con los fenicios, sino sólo cuando, tras un lapso temporal, la interacción entre ambas poblaciones ha culminado en el proceso de aculturación que cristaliza en el Periodo Orientalizante Tartésico. Otros investigadores (como Almagro-Gorbea) retrotraen la cultura tartésica al Bronce Final precolonial, concretamente al horizonte de las cerámicas de retícula bruñida y las pintadas de estilo Carambolo. La ventaja de esta visión es que permite ver con mayor claridad el proceso por el que las poblaciones indígenas del Sudoeste peninsular pasan de ser sociedades tribales organizadas por el principio del parentesco a otras de tipo urbano con estratificación social que emulan, aunque con sus rasgos distintivos, a sus coetáneas en el Mediterráneo Oriental y Occidental.

o La forma B es también abierta. Se denomina “copa” o “taza” y caracteriza por ser de menor tamaño que las cazuelas, poseyendo también paredes muy finas. Igualmente tendió a perder la carena bajo el borde. o La tercera forma abierta es la C, que se corresponde con los “cuencos”. Se caracteriza por su perfil de casquete esférico, presentando el borde diversas variantes. Se va haciendo más abundante a medida que se avanza hacia la etapa Orientalizante. o En el tipo D se incluyen los denominados soportes, tipo cerámico caracterizado por su forma de dos elementos troncocónicos unidos por su extremo, estando esta unión resaltada al exterior con frecuencia por un baquetón, al menos en los ejemplares de cronología más antigua. o La forma E la componen los grandes vasos cerrados de almacenamiento en sus distintas variedades. Entre ellos destaca un gran vaso de cuerpo ovoide y cuello acampanado conocido como caso chardón. Con respecto a su cronología, las producciones de esta cerámica más antiguas se documentan en contextos anteriores a las primeras importaciones fenicias de Andalucía occidental. Esto supone que esta cerámica se fabrica en el siglo IX a.C. El final del uso de esta cerámicas hay que fijarlo a fines del siglo VII a.C. o, como mucho, a inicios del VI. El núcleo donde esta cerámica se documenta por primera vez es la Tierra Llana de Huelva y el bajo Guadalquivir. El análisis de dispersión e estas cerámicas muestra cómo se concentran en el Bajo Guadalquivir, aunque alcanzan por el norte la actual provincia de Cáceres y por el este llegan incluso hasta Alicante, mostrando la amplitud de contactos existente ya en el Bronce Final.

  • La cerámica pintada de estilo Carambolo. Su origen se vincula con el horizonte de cerámicas geométrica que se extiende por el Mediterráneo a comienzos del primer milenio antes de la era. A través de su análisis estilístico se pueden observar semejanzas en técnica compositiva con las producciones griegas del Geométrico Antiguo y Medio. Las formas cerámicas que presentan decoración de estilo Carambolo son muy concretas y corresponden a cazuelas carenadas, a pequeños vasos bicónicos, a grandes vasos cerrados y a los soportes mencionados arriba. Para la cronología de esas cerámicas hay dos posiciones. La primera aboga por una cronología baja centrada en la segunda mita del siglo VIII a.C. por asociarse con cerámicas a torno halladas en algunos yacimientos. La segunda, en función de los contextos estratigráficos de las cerámicas y su comparación con las producciones griegas del Geométrico, aboga por una cronología más alta, centrada en el siglo IX y la primera mitad del VIII a.C. La asociación de estas cerámicas a tipos de cerámica a mano, entre ellos la cerámica con decoración retícula, propios del Bronce Final precolonial parecen confirmar la cronología precolonial de estas producciones, lo que en fechas calibradas nos lleva a los siglos X-IX a.C. La mayor parte de los hallazgos se documenta en el Bajo Guadalquivir. Sin embargo también aparece en la campiña gaditana, en los alrededores

de Sevilla, o Huelva. Los análisis atestiguan que no son producciones del área onubense, sino importaciones. Estas cerámicas aparecen principalmente en contextos domésticos. Sin embargo, se propone que su decoración deriva de ricos tejidos de procedencia oriental, que enfatizan también su papel como producto de lujo y cuya dispersión por la mitad sur relacionan con movimientos trashumantes del ganado. Su cuidada factura implica que tuvieron un uso que trascendía el puramente doméstico y que habría que vincular con ceremonias religiosas o sociales de cierta importancia para el grupo familiar o la comunidad. Además se asocia con el consumo de bebidas alcohólicas.

  • Las cerámicas con decoración de incrustaciones. Fueron documentadas por primera vez en el año 1973 en el teatro romano de Medellín. Sólo se documentan tres formas con esta decoración, dos de ellas de tradición del Bronce Final y una tercera que imita una forma bien conocida en el mundo fenicio. La primera forma es la típica cazuela carenada del Bronce Final precolonial. La segunda es el vaso bicónico, en sus dos tamaños. La tercera imita la forma de un oinochoe de boca de seta fenicio. En lo que respecta a la cronología, todas las piezas con esta decoración se documentan en contextos del Bronce Final precolonial. El mayor número de hallazgos se concentra en el valle medio del Guadalquivir, valle del Genil y Vega de Granada, y no se menciona su presencia en z y Sevilla, por lo que se cree que se trata de una decoración característica Guadalquivir medio. La mayoría de los hallazgos están hechos en superficie o encontrados en contextos domésticos, aunque se han encontrado algunas piezas (pocas) en contextos funerarios. Se cree que eran contenedores de alimentos o líquidos, aunque de cierto prestigio.

Producciones del Periodo Orientalizante.

La alfarería de época Orientalizante se caracteriza por la generalización de la cerámica a torno, primero importaciones del ámbito colonial y, posteriormente, la adopción de dicha tecnología y producción de clases cerámicas puramente tartésicas. Esto no significa la desaparición de las cerámicas de mano, que van a seguir en esta fase para rarificarse enormemente a partir del siglo VI a.C.

 La cerámica a torno.

La adopción del torno de alfarero es el hecho más destacado de la producción alfarera del Periodo Orientalizante. Desde el Calcolítico ya se han documentado importaciones de cerámica hecha a torno. Sin embargo, esta tipología no se generaliza hasta los inicios de la colonización fenicia.

  • Cerámica gris tartésica. Es la cerámica más característica del Orientalizante tartésico, estando presente en prácticamente todos los yacimientos atribuidos a este horizonte cultural. Se caracteriza por el uso de una cocción reductora, a alta temperatura, cociéndola y enfriándola lentamente. Los colores son oscuros y no demasiado uniformes. Las superficies normalmente se bruñen sobre torno de alfarero, por lo que queda un acabado perfecto.

Las formas y motivos decorativos de esta cerámica van a servir de punto de arranque de la serie alfarera, que caracterizará al mundo ibérico y en la que encontramos , además de la ya mencionada decoración de bandas, otros motivos, como los frisos de círculos concéntricos, las líneas de agua, etc. que empezarán a documentarse ya en la etapa final del Periodo Orientalizante. Los principales formas de este tipo de cerámica son:  El vaso a chardón. Es un vaso cerrado con un cuerpo globular y cuello alto troncocónico o cilíndrico exvasado en las cercanías de la boca. Su uso se documenta desde el siglo VIII a.C.  Urna tipo Cruz del Negro. Se trata de un recipiente cerrado de cuerpo globular u ovoide, con cuello cilíndrico o troncocónico, que presenta un baquetón del que nacen dos asas geminadas que apoyan sobre el hombro de la pieza. Su uso empieza a documentarse como recipiente funerario a fines del siglo VIII a.C. en algunas necrópolis. En el siglo VII a.C. estas urnas se caracterizan por ser de menor altura que en la centuria siguiente, poseer cuerpo globular y cuello cilíndrico de tendencia vertical. En el siglo VI a.C., el tipo evoluciona hacia formas con cuerpos más alargados de tendencia ovoide y cuello exvasado.  Pithos. Los primeros ejemplares de este tipo parecen estar ya en uso a finales del siglo VIII a.C. En el siglo VII, esta forma se caracteriza por tener una carena que separa el hombro del cuello del recipiente, que es bastante corto y de tendencia vertical, además de poseer un borde bastante pronunciado. En el siglo VI se produce un alargamiento y estrechamiento progresivo del cuerpo, un cuello más exvasado y bordes de tendencia menos apuntada. Empiezan a documentarse en los poblados orientalizantes de Andalucía coincidiendo con la parición de las colonias fenicias en el litoral meridional de la Península Ibérica durante el siglo VIII a.C., aunque es bastante probable que estas producciones siguieran el camino abierto por las ánforas y otros contenedores de finalidad comercial, llegando poco después de los mismos. Estas producciones van a continuar hasta la segunda mitad del siglo VI a.C. Han aparecido en la totalidad de los asentamientos orientalizantes del sur peninsular, de Portugal y del área levantina, vinculándose tanto a las actividades comerciales fenicias como tartésicas. Han aparecido tanto en ambientes puramente domésticos como funerarios. Por tanto, nos encontramos ante unas producciones que adquieren diversas funciones y significados en función de su contexto de amortización.

  • Ánforas. Ramón realizó una tipología de ánforas fenicias arcaicas del Mediterráneo centro-occidental:  Ramón 10.1.1.1. Es el tipo más antiguo documentado del ánfora paleopúnica. Se trata de un ánfora de espalda muy alta y hemiesférica, borde muy alto y alargado que suele presentar en su parte inferior un escalón o acanaladura, y cuerpo de perfil ojival o redondeado muy acusado. Este tipo se fecha en el siglo VIII a.C., llegando hasta el primer ciclo del VII.

Ramón 10.1.2.1. Es el resultado de la evolución y diversificación del tipo anterior. Se caracteriza por la aparición de los labios engrosados en los bordes, aunque todavía con una marcada tendencia rectilínea, evolucionando la forma de las espaldas desde los perfiles rectos del tipo anterior a otros de tendencia convexa, además de desplazare el diámetro máximo de la pieza a su miad o tercio inferior. Este tipo se produjo entre el 650 y el 550 a.C., diversificándose sus centros de producción. Los contextos de este tipo de ánfora en los siglos VII-VI a.C. son muy numerosos. Otros tipos de ánforas fenicias del siglo VI a.C., aunque poco documentadas en contextos tartésicos, son los Ramón 1.2.1.1. y Ramón 10.2.2.1., en los que se aprecia ya una evolución Durante el siglo VI a.C. se documenta en algunos yacimientos indígenas la presencia de gran cantidad de ánforas griegas. Se ha documentado un circuito comercial que incluía todo el Sudoeste peninsular en el que circulaban este tipo de producciones, cuyos centros de fabricación parecen ser tanto las colonias fenicias como los centros indígenas.

  • Cerámica griega. Dentro de estas cerámicas se distinguen varias fases cronológicas:  Época geométrica. En el mundo tartésico solo se han encontrado muestras de cerámica geométrica en Huelva, y ninguno de los yacimientos posee un buen contexto estratigráfico. La importación más antigua es un fragmento de borde de la segunda mitad del siglo IX a.C.  Fase I (fines s.VII/580 a.C.). Es en esta etapa cuando tienen lugar las primeras navegaciones griegas al sur peninsular, que dejan su huella en el registro arqueológico.  Fase II (590/580-560 a.C.). En este periodo hay un gran aumento de las importaciones griegas en Huelva, que corresponden a la institucional de las actividades comerciales focenses en la Península Ibérica. Hay importaciones áticas, corintias, laconias y de Grecia del Este. Se trata principalmente de vasos, copas, morteros, ánforas y cálices. Destaca la presencia de un taller caracterizado por su pasta de color verdoso amarillento, clara y con abundantes puntos negros, y por el uso de un barniz poco adherente que podría identificarse con la propia Focea.  Fase III (560- 540 - 530 a.C.). Hay un notable descenso en las importaciones griegas llegadas a Huelva, y se nota un descenso en las importaciones originarias de Grecia del Este, mientras que las áticas experimentan un importante incremento. Desaparecen las importaciones laconias.  Fase IV (540/530-500 a.C.). Es la última etapa del comercio fóceo con Tartessos. Las cerámicas griegas arcaicas muestran una notable concentración en los yacimientos costeros. La mayor parte de las piezas se han hallado en Huelva, aunque también destacan los conjuntos excavados en Málaga y hay también presencia en el interior peninsular. Se ha documentado una distribución más o menos generalizada entre la población, como demuestra su dispersión por todo el asentamiento de Huelva. La concentración de estas importaciones en una parte bien definida de la ciudad fijaría la ubicación de la colonia griega en Huelva, población que explican como

Son piezas fabricadas con pastas muy depuradas con desgrasantes finos que son sometidas a cocción reductora. Posteriormente, la decoración es grabada con un punzón o buril siguiendo patrones geométricos que recuerdan a las cerámicas pintadas. Es pequeña la variedad de formas que muestran ese tipo de decoración, ya que la misma siempre se documenta bajo el labio de copas de carena alta. Estas cerámicas quedan perfectamente encuadradas cronológicamente entre los comienzos de la colonización fenicia a finales del siglo IX a.C. y finales de la centuria siguiente. Prácticamente todas las piezas encontradas están en las campiñas que se extienden entre el sur de la ciudad Sevilla y el sur de Cádiz. Hay que destacar que se han encontrado cerámicas de esta decoración datadas entre VIII y VII a.C. en Cartago.

2. Toréutica. Uno de los aspectos más destacados por el que Tartessos fue conocido en su antigüedad era su riqueza en metales. Además de la abundancia en oro y plata, en el Cinturón Pirítico Ibérico se localizan también las mayores reservas de cobre del mundo. A efectos de exposición, los materiales se dividen en dos periodos: el Bronce Final precolonial y el Periodo Orientalizante y, dentro de ellos, por categorías funcionales: elementos de banquete, objetos de cuidado y adorno personal y estatuaria. Todos estos objetos aparecen por primera vez con la cultura tartésica ya que, hasta ese momento, no se conocían elementos de banquete ni de vestimenta fabricados en metal. El uso de fíbulas y broches implica la adopción de modas orientales por todo el Mediterráneo. En el Periodo Orientalizante observamos la llegada de objetos de claro carácter oriental, con paralelos en Chipre y en el corredor siro-palestino.

La toréutica del Bronce Final.

  • El vaso de Berzocana. Prueban los contactos con el Mediterráneo oriental con anterioridad al comienzo de la colonización fenicia de la Península. Se fecha entre los siglos XII y XI. Su uso se ha vinculado a la introducción de nuevas prácticas de consumo de alimentos por parte de las élites.
  • Asadores articulados. También prueban relaciones entre el mundo Atlántico y el Mediterráneo oriental en el tránsito del II al I milenio a.C. Sin embargo, sólo se han encontrado tres en el área tartésica. Se ha inferido que estas piezas comenzaron a fabricarse a finales del segundo milenio y estuvieron en uso hasta finales del siglo IX a.C. Al considerarse el consumo de carne un proceso ritual llevado a cabo por las élites, a estos asadores se les ha asignado una función ritual, asociada a banquetes.
  • Broches de cinturón. Son muy escasos en el Bronce Final en la Península Ibérica, y se sitúan cronológicamente entre los siglos X y IX a.C. Se trata de piezas morfológicamente muy simple cuya forma varía dependiendo de la zona. Su aparición puede asociarse a la utilización de vestiduras de lujo.
  • Fíbulas de codo de tipo Cassibile II-III. Estas son las fíbulas de las que derivan las fíbulas de tipo Ría de Huelva. Se han documentado en áreas muy limitadas.

Su significado puede ser el mismo que el de los broches: la utilización para sujetar vestiduras de lujo por parte de la élite.

  • Fíbulas de codo de tipo Huelva. Tienen un origen peninsular, aunque es evidente que derivan de ejemplares sicilianos de la fase Pantalica II. No se asocian a importaciones coloniales fenicias, lo que demuestra su anterioridad. Se han fechado entre los siglos X y IX a.C. Se distribuyen principalmente en Andalucía, tanto en la occidental como en la oriental. Sin embargo, se encuentran áreas secundarias en Extremadura y en la zona oriental de la Meseta Norte.

La Toréutica de época Orientalizante.

  • Jarros (oinochoai) de bronce. Se documenta alguna pieza en el Bronce Final, pero se generalizan a partir del Periodo Orientalizante. En sus diferentes tipos, remiten a producciones fenicias, griegas y etruscas.  Jarros piriformes. Se caracterizan por tener un perfil piriforme, con cuello recto. Los primeros son del siglo VII y, a medida que pasa el tiempo se van haciendo más grandes. La mayor concentración se encuentra en el bajo del Guadalquivir. Desde ahí, hay una expansión hacia el valle medio del Guadiana. Después, siguiendo la vía de la Plata, a su entrada en la Meseta también hay. Se vinculan a la aristocracia, siendo utilizados como marcadores de status. Esto es significativo, a que supone la adopción por parte de las élites tartésicas de elementos de la cultura material fenicia junto con parte de los rituales funerarios asociados a ella.  Jarros rodios. Las evidencias Arqueológicas los sitúan en el último tercio del siglo VII a.C. Se han encontrado tres piezas: dos en Huelva y una en Granada. Es probable, por el nombre, que provengan de relaciones comerciales con Grecia, pero no se ha contrastado. Al haber sido encontradas en contextos funerarios, se ha interpretado que tienen un carácter ritual, y habrían sustituido a los jarros piriformes.  Jarros etruscos o etrusquizantes. Se trata de piezas cuya procedencia es discutida: por un lado se cree que son etruscas por las similitudes con piezas encontradas en Etruria pero, por otro lado, por el peso del cuerpo y el modo de fundición, se cree que están fabricadas en la Península Ibérica siguiendo técnicas tartésicas aunque con influencias de modelos itálicos. Con respecto a la cronología, se sitúan entre el último cuarto del siglo VI a.C. y finales del siguiente.
  • Recipientes rituales con soporte de asa de manos (braserillos). Son recipientes poco profundos con fondo plano o ligeramente cóncavo y borde horizontal, con una o dos asas con los extremos doblados sobre si mismos. Hay dos subtipos.  Subtipo 1a. Los soportes de asa llevan brazos largos con sus manos, lo que obliga a sujetarlos con cinco remaches.  Subtipo 1b. los soportes no tienen brazos. Las anillas están junto a las manos, y llevan sólo tres remaches. Pueden tener una o dos asas. Se fechan en los siglos VII y VI a.C. y su distribución se centra en el cuadrante sudoccidental de la Península. Se piensa que proceden de Egipto por algunos elementos, como los soportes de asas de manos y las asas en omega. Sin embargo, también hubo de haber algún

Se extienden por el sudoeste peninsular, formando un triángulo con vértices en la región lisboeta, el golfo de Cádiz y el alto Guadalquivir.

  • Fíbulas. Este elemento de cultura material se introdujo en el Bronce Final precolonial, y se generalizaron en el Periodo Orientalizante.  Fíbula de doble resorte. Se diferencian en función de las variaciones en la morfología y sección del puente, la longitud del pie y el numero de espiras. La cronología de estas fíbulas se extiende desde el siglo VIII hasta el siglo VI en el sur peninsular y hasta el V a.C. en algunos lugares de La Meseta. Su función era ajustar vestimentas que, seguramente, debieron ser de lujo y servir como elemento de status social que normalmente acompañará al difunto en su sepultura, ya que es mayoritariamente en necrópolis donde se han documentado estos objetos.  Fíbula de tipo Alcores. Se clasifican en función a la forma del puente (simple o bífido). Se han encontrado muy pocas en buen contexto, por lo que es difícil situarlas cronológicamente, pero se cree que pertenecen al siglo VII a.C. Se distribuyen principalmente por el valle del Guadalquivir, pero también se proyectan hacia Extremadura, la Meseta Sur, y el Levante.  Fíbula de tipo Acebuchal. Son una derivación de las fíbulas hallstátticas centroeuropeas con resorte bilateral. De esta zona alcanzarían la Península ya en función del comercio greco-focense. Esta hipótesis tiene detractores que afirman que son más antiguas las fíbulas de la Península. Se desarrollaron a partir de finales del siglo VII a.C. en el valle del Guadalquivir, la costa portuguesa, Albacete y Alicante.  Fíbula de tipo Bencarrón. Se sitúan entre finales del siglo VII y principios del VI a.C., como las de tipo Acebuchal. Además, también se concentran en la baja Andalucía, y de ahí se extienden por todo el sudoeste, alcanzando el litoral portugués.  Fíbula anular hispánica. Se caracterizan por tener forma de circunferencia con un alfiler que recorre el diámetro. Comenzaron a producirse a finales del siglo VII a.C. para hacerse cada vez más corrientes a lo largo del siglo VI y convertirse en mayoritarias a partir del V. Aparecen en Andalucía occidental a finales del siglo VII a.C., debiéndose su expansión a las actividades comerciales tartésicas hasta el siglo V, cuando llegan a la Meseta.
  • Broches de cinturón. Son, junto a las fíbulas, el otro elemento más importante del Periodo Orientalizante tartésico.  Broches de cinturón tartésicos. Las primeras piezas pueden datarse en los últimos años del siglo VII a.C. Con respecto a la localización, la mayor parte de los hallazgos se han realizado en el bajo Guadalquivir, en las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Sin embargo, también se extienden a lo largo de todo el valle y la campiña del Guadalquivir, la vega de Granada, las depresiones intrabéticas y la baja Extremadura.  Broches de cinturón de tipología céltica. Hay dos tipos: Acebuchal y Cerdeño DIII3-Lorrio B3B3. Los primeros se extienden sobre todo por la Celtiberia, aunque también se conocen algunos

procedentes de toda la fachada occidental de la península. Los segundos se han encontrado sólo en la Alta Andalucía.

  • Figuras de bronce. Estos objetos se clasifican en diferentes grupos: estatuillas de divinidades, carros votivos, estatuillas de animales, muebles y apliques de otros objetos. El grupo más numeroso es el de las divinidades. Dentro del grupo de las divinidades, el subgrupo más numeroso lo constituyen las imágenes del smiting god. Otro grupo lo constituirían los carros votivos. Estas piezas se situarían justo en el tránsito entre dos sistemas ideológicos diferentes: los reyes sacros, mejor representados por las estatuillas e los simiting god y otras divinidades, y las élites ecuestres de tipo heroico, a las que se ajustarían mejor las representaciones equinas. Un tercer grupo de pieza lo constituirían los animales, principalmente ciervas y toros. Por último quedarían as piezas de muebles o aquellas aplicadas en otros objetos, muestras evidentes del uso de bronce en el mobiliario y la decoración de objetos de lujo. 3. Orfebrería. Junto con la toréutica, la orfebrería constituye la otra gran manifestación artesanal del mundo tartésico, con una larga tradición que se extiende del Bronce Final precolonial al Periodo Orientalizante. En la primera etapa, la orfebrería da muestras de gran dinamismo. Las nuevas técnicas de orfebrería fenicia van incidiendo, como la soldadura, el granulado y la filigrana, surgiendo una situación de cohabitación tecnológica. Posteriormente, durante el periodo Orientalizante, se observa tanto el desarrollo de tipos de joyas de creación tartésica, pro usando nuevas técnicas orientales, conformando un complejo sistema de interacción comercial y producción local.

El Bronce Final.

Es muy pequeño el registro arqueológico de este tipo en el valle del Guadalquivir; hay más en las áreas periféricas.

  • La orfebrería Sagradas-Berzocana. Este tipo de orfebrería se encuentra en la periferia del área tartésica, y en el núcleo sólo se ha encontrado un fragmento. Está relacionada con piezas del Bronce Final atlántico europeo y con los Campos de Urnas ceontroeuropeos. A partir de los contextos arqueológicos se puede concluir que el comienzo de estas producciones podría retrotraerse al menos, al siglo XIII a.C. El final de este tipo de producciones de puede fechar hacia el siglo IX a.C., ya que se han encontrado piezas junto con metalurgia del Bronce Atlántico que se puede fechar en esos momentos. Por tanto, nos encontramos ante una tradición de orfebrería que ha podido extenderse alrededor de medio milenio entre Sierra Morena y el Duero aproximadamente y que no muestra ningún tipo de solapamiento con la dispersión de tipo Villena-Estremoz. Este tipo de orfebrería probablemente era utilizado como torques y, debido a su pequeño tamaño, debieron ser portados por mujeres. El hecho de pertenecer a mujeres,

loto, halcones, etc. El cierre de las piezas se hace mediante un alambre articulado, completándose la suspensión de la pieza mediante una cadena de oro que pasaría por encima de la oreja e impediría que el peso de la joya rasgara el lóbulo de la misma.  Arracadas triangulares. En estas piezas la crestería se ha simplificado mucho, convirtiéndose ahora en simples cilindros. En la parte inferior del aro que forma el cuerpo de la arracada se ha soldado una pieza triangular de oro.  Arracadas de racimo. Se caracterizan por la sustitución de la cestería por un colgante de forma rectangular fabricado mediante gránulos, mostrando la pieza central de la arracada una decoración de filigrana y granulado muy profusa.  Brazaletes. Se han encontrado dos piezas gemelas de 66mm de diámetro y 20 de anchura máxima con decoración calada de espirales que se enlazan unas con otras, montadas sobre dos varillas circulares que son las que dan solidez a la pieza. Los extremos de ambos brazaletes están rematados por palmetas repujadas sobre chapa de oro en cuyos espacios vacíos se añade decoración de granulado.  Placas rectangulares o trapezoidales. Son placas de oro de forma rectangular o trapezoidal, algunas de las cuales llevan soldadas en su parte superior un cilindro hueco que serviría para articularlas con otras piezas con características similares. Sus superficies se encuentran decoradas con diversos motivos realizados mediante el repujado, la filigrana y el granulado.  Cinturones laminares. El cinturón se organiza en tres bandas. La central está formada por una única cinta continua que muestra como decoración cuatro líneas incisas. Las bandas inferior y superior estaban formadas por múltiples placas repujadas en las que se representan grifos, un hombre luchando con un león rampante y palmeras invertidas. Por su parte, las hebillas están formadas por elementos superpuestos soldados por sus bordes y contenidos en un marco común. El motivo decorativo de los registros superior e inferior vuelve a ser el del hombre luchando con el león, estando ambos frisos enmarcados por palmetas. La decoración de las hebillas está hecha mediante repujado, rellenándose el resto del espacio mediante granulado.

  • Importaciones. Muchos de los objetos de orfebrería de Tartessos constituyen importaciones procedentes del ámbito colonial fenicio. Estas importaciones son pequeñas joyas que suelen estar asociadas a elementos de glíptica y suelen tener un importante valor religioso.  Anillos signatarios. Pueden ser de sello o giratorios.  Estuches portaamuletos. Su función era contener una pequeña lámina de metal precioso.  Colgantes con motivos iconográficos fenicios.
  • La función social del oro. El oro tiene en época tartésica una gran importancia tiene mucha importancia tanto como medio de integración, como para señalar las posiciones de status dentro de una misma sociedad. Es un buen instrumento a la hora de establecer alianzas. 4. Eboraria.

En el Bronce Final ya comienzan a documentarse piezas de marfil en la Península Ibérica, aunque con menos importancia que en el Periodo Orientalizante.

Peines de marfil precoloniales.

Ya estaban presentes en el Bronce Final, antes de la llegada de las formas orientales, en el sur de la Península. Se ha avalado una cronología de entre los siglos X y IX a.C. Su uso se ha asociado a los guerreros élites a partir de representaciones identificadas en estelas extremeñas. Por tanto, su fundón debe estar en relación con el culto a la imagen de estos guerreros a la hora de presentarse en sociedad.

Los marfiles orientalizantes.

La eboraria está mucho más desarrollada en el periodo Orientalizante. Además, cuenta con una variedad mayor de formas, ya que además de peines hay muebles, objetos de tocador, etc. Estas son las más abundantes:

  • Peines con decoración en zig-zag. Se caracterizan por su forma rectangular o trapezoidal, con una hilera de púas y asidero enmarcado por una orla decorada con líneas en zig-zag. Ambas caras del asidero están decoradas mediante incisión con leones, cérvidos, esfinges y grifos que forman diversas escenas. Están datados a lo largo de todo el siglo VIII, principalmente en la primera parte.
  • Peines con decoración en cable en el borde. Al igual que los anteriores, presentan asideros rectangulares, escotaduras rectangulares y una única hilera de púas. Por ello se les asigna la misma cronología. Se han documentado en un santuario, por lo que se les asigna connotaciones religiosas.
  • Peines de estilo acebuchal. Se caracterizan por tener asidero rectangular macizo decorado por ambas caras con motivos orientales o geométricos. Que estos peines se asocien reiteradamente a inhumaciones, rito que toma cierto auge en el mundo tartésico a finales del siglo VII y durante todo el VI a.C., les sitúa en esta cronología.
  • Placas rectangulares. Se han considerado paneles de revestimiento de muebles o tabiques para su compartimentación interior, aunque algunas piezas pueden haber pertenecido a otros objetos, como peines. Se atribuyen también a una cronología de finales del siglo VII y del VI a.C.
  • Placas con decoración geométrica. Se incluyen dentro de las anteriores, y se caracterizan por tener decoraciones geométricas. Se sitúan en un momento específico entre los siglos VI y V a.C.
  • Paletas para cosméticos. Es una placa de marfil de forma más o menos rectangular en cuyo centro se ha practicado una cazoleta circular en la cual se mezclarían o diluirían los cosméticos. También se les ha dado fechas entre los siglos VII y VI a.C.
  • Cajas. Eran muy comunes los pequeños muebles o cajitas que portaban decoración de origen oriental. Se han dado fechas para diferentes piezas entre los siglos VII, VI y V a.C.
  • Pyxides. Son cajas de marfil cilíndricas y con decoración. Las dataciones son también de los siglos VII y Vi.
  • Cucharas. Se han encontrado en contexto sacro asociadas a pithoi con decoración figurada orientalizante. La datación es la misma que en los objetos anteriores.

La caballería, que está bien documentada en Oriente, está poco presente en el mundo tartésico. Sin embargo, en Cancho Roano se ha confirmado la existencia de caballeros al encontrarse un bocado de caballo. Existían los carros. En el carro deberían viajar el auriga y una o dos personas más, una de las cuales iría armada con un arco. Había fortificaciones, que normalmente se utilizaban para defender cerros amesetados de cierta superficie por sus flancos más vulnerables, no existiendo ningún tipo de obra defensiva en sus sectores más escarpados. Estas murallas están formadas por dos lienzos paralelos de muro de mampostería unidos entre sí cada cierto tiempo por tirantes transversales, rellenándose toda la obra de piedras y tierra. El conjunto era por una superestructura de adobe de considerable altura. Para asaltar estas fortificaciones era necesaria la existencia de máquinas de asalto, como el ariete. Sin embargo, que existieran es sólo una suposición, ya que no se han encontrado evidencias arqueológicas que lo confirmen. Los ejércitos estarían formados principalmente por una mezcla de milicias gentilicias con urbanas, formadas por individuos sin lazos clientelares. Después estarían los ya citados caballeros, lanceros y arqueros.

ECONOMÍA Como en toda sociedad preindustrial, la base económica la constituían principalmente las actividades agropecuarias, que proporcionaban los medios necesarios para la subsistencia. El cultivo de cereales era la principal fuente calórica, y se complementaba con el aporte proteínico de la ganadería, sobre todo de bóvidos. Dentro del marco agropecuario, es muy importante la introducción de nuevos cultivos y especies animales introducidos por los fenicios, como el almendro, el asno, la gallina, etc. En un segundo bloque estarían las actividades minero-metalúrgicas y comerciales. La riqueza del sudoeste peninsular en oro, plata, cobre y estaño constituyó la base de los intercambios con la fachada atlántica peninsular y el Mediterráneo central durante el Bronce Final y la época orientalizante, con comerciantes fenicios y griegos. La extracción de metales y su intercambio durante el Bronce Final era esporádica. Sin embargo, durante el periodo orientalizante éstas adquieren un carácter plenamente industrial que se inserta en un marco de relaciones coloniales con sus dinámicas de centro y periferia. En la artesanía se adoptan novedades tecnológicas de griegos y fenicios, como el torno de alfarero, el granulado y la filigrana. En conjunto, se puede apreciar en época tartésica la consolidación de una economía agropecuaria que permite la plena estabilización de las poblaciones en el territorio y el crecimiento demográfico, el desarrollo a gran escala de las actividades metalúrgicas y artesanales y la plena inserción del sur peninsular dentro de los círculos comerciales del Mediterráneo a través de los contactos con fenicios y griegos. Gracias a esto, aparece una sociedad plenamente urbanizada en el sudoeste de la Península Ibérica durante la primera mitad del primer milenio antes de Cristo. Agricultura. Hasta el periodo Orientalizante, la agricultura a base de productos autóctonos era la principal fuente de alimentos. Sin embargo, a partir de este momento se observa el impacto de nuevos cultivos llegados como consecuencia de la colonización fenicia, como las formas domesticadas de la vid y el olivo. Aunque existen evidencias de cultivo de vid en Huelva desde el Calcolítico, no parece que sea hasta la colonización fenicia cuando empezaron a cultivarse para la extracción de vino y aceite. Hay un paso desde una producción destinada básicamente a la subsistencia a otra en que el prestigio y el factor comercial empiezan a tener relevancia. Esto llega a su máximo desarrollo en época turdetana.  Cultivos. La base agrícola principal se basaba en el cultivo de cereales como el trigo y la cebada, predominando uno u otro dependiendo de las características medioambientales del entorno. En el Bronce Final hay una gran novedad: la introducción del cultivo del haba. Este alimento tiene un gran valor energético y además nitrogena la tierra, lo que permite una regeneración más rápida de la misma y la disminución de los periodos de barbecho y, por tanto, una explotación continuada de los mismos terrenos, lo que favorece a la fijación de la población en el territorio, con todo lo que ello implica. La implantación fenicia en el sur peninsular supone la generalización de cultivos como la vid y el olivo, atribuyéndoseles también la introducción de nuevos cultivos arbóreos, como el almendro.